como si la ciudad fuese suya

El problema de la derecha y en el caso más particular que nos toca, de UPN, es que se han llegado a creer que la ciudad, Pamplona, nunca Iruñea, en todo caso la vieja Iruña, es de ellos (y de ellas). A ver si me explico.

Esta gente sectaria gobierna (ya les queda poco para que dejen de hacerlo) una ciudad que han convertido en dos, la buena, que evidentemente es la suya y la mala, que es la de quien no comulga con sus intereses. A la Pamplona buena le han dado el carácter de la ciudad. Oficialmente esa es la ciudad, la que UPN exporta al exterior, la ciudad que ellos gobiernan y gestionan para sus intereses. Esa Pamplona de toda la vida (como si el resto hubiésemos estado en otro sitio), la que respeta las tradiciones (las suyas), la de la “gente de bien” (esto lo repiten constantemente y significa nada más y nada menos que votan a UPN, por eso son “gente de bien”) es la que aparece en sus periódicos, televisiones, en sus recepciones y en sus ordenanzas. La otra, la Iruñea, la Iruña, la Pamplona-Iruñea, la Pamplona rebelde también, esa ciudad digo, es la que ha sido excluida sistemática y regularmente en los 20 años de Barcinato, como dice Joseba Asirón, entendiéndose este periodo como el conjunto de años en los que la derecha navarra y aledaños han gobernado la ciudad de manera sectaria y chiringuitera.

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Así su ciudad es la que recibe oficialmente en el Ayuntamiento a los Reyes Magos, la que en los plenos ordena a la policía municipal retirar unas flores porque son la imagen de algo que les molesta, la que pasea tras la Dolorosa después de haberle lavado la cara por 15.000 euros, la que va a la ópera al Baluarte, aunque no tenga ni idea de qué se va a representar, la que reza un padrenuestro ante el pocico de San Cernin un 7 de julio, la que festeja un acontecimiento político como es el Privilegio de la Unión con una misa, la que cree que los Sanfermines son un baile de salón, aunque éste sea con alpargata, la que se ha empeñado en hacer de lo Viejo y de otros barrios parques temáticos, la que reza en cuerpo de ciudad otro padrenuestro delante del mausoleo de Sarasate, la que se divierte en castillos hinchables de centros comerciales, la que se toma el vermouth en el Mo y la que se pasea en familia por el campus de la Universidad de Navarra.

Y mira, va a ser que si, que eso es Pamplona, que es la ciudad, pero no toda, porque resulta que hay otra parte, ¡qué digo!, hay muchas más caras de esta ciudad que se llama Pamplona, pero también Iruñea, Iruña o como cada cual quiera llamarla. En mi ciudad, que es esa que ellos creen como única, hay otros matices.  Es la ciudad que recibe con los brazos abiertos a los Reyes Magos mientras critica el betún de un señor pasado de rosca, la que se emociona en la cabalgata, pero también la que ve pasar a Olentzero y echa su pasta en las cestas porque la subvención este año ha sido bastante menor. Es la que lleva otras realidades a los plenos, la que vota a favor del debate de todas las mociones, sin miedo a debatir, a hablar y a dialogar, es la que respeta expresiones religiosas en la calle pero pide respeto también para otras expresiones, incluso ateas, es la que se echa las manos a la cabeza por esos 15.000 euros que la Dolorosa recibe en calidad de ayuda para un acto “cultural”. Es la que le cuesta pagar la entrada en Baluarte o Gayarre, pero disfruta con el espectáculo las veces que merece la pena, y también es la que acude a las funciones de la Escuela Navarra de Teatro que UPN quiere cerrar, la que lleva a sus hijos al conservatorio, la que no puede ir a las bibliotecas públicas porque están cerradas. Es la ciudad que se emociona con la jotica al santo y también con el Agur Jaunak, con  la comitiva de gigantes, kilikis y cabezudos, con los txistularis del ayunta y también la que vive de fiesta con el paso de la procesión por Zapatería, Mercaderes o Curia. Pero también es la que pasa de procesiones y curas y la que cree que los toros ni son fiesta ni son nada. Es la que quiere celebrar festejos civiles con actos civiles y no excluyentes, la que vive los Sanfermines en la calle, o en salones, o en el Jaigune, dándole a la espontaneidad el máximo protagonismo porque entiende que tan sanferminero es un chocolate con churros de la Mañueta después del encierro, como un caldico en el baile de la alpargata, un almuerzo en una peña o un kebab en la esquina de cualquier calle en mitad de la gaupasa. Es la que disfruta con el Juevintxo y con el ambientico de calle en Alde Zaharra o la que pasea a gusto por Carlos III, pero también es la que cree que un barrio no es ni puede ser solo eso, que los barrios están hechos por personas, no por bares o comercios de Inditex. Es la que visita el cementerio de vez en cuando, la que mira incrédula esa parte reservada todavía hoy a los muertos “por la Cruzada” y es también la que cada año recuerda a los fusilados en la Ciudadela, la que mira el Ezkaba con respeto y memoria y la que sonríe con ironía al ver a la corporación rezando delante de un violinista que se tuvo que ir de su ciudad (la de ellos) por ser gay. Es la que juega en los parques de la ciudad, la de la chavalería que va ocupando las plazas de los barrios, es la que se toma el bermut en el Monasterio de toda la vida y que ahora se llama el Mo y la que ni se despierta a tomarlo porque acaba de llegar a casa, o simplemente porque no le llega ni para comer. Es la que pasea por el campus de la universidad del Opus sabiendo que eso el Régimen de siempre, ese sí de toda la vida, lo robó a la ciudad para dárselo a ellos mismos, al Régimen, llámese éste Opus, Diario de Navarra o lo que sea.

navarra

Porque esa otra ciudad y muchas más existen y son todas la misma, la de ellos, la de los otros, la nuestra y la de quienes ni la sienten como su ciudad. Porque si algo tiene Iruñea, o Pamplona o como quieran llamarla, es que es una ciudad diversa, con muchos colores y con muchos matices y tonalidades de cada color, tantos como personas estamos aquí. Y sí, señores y señoras de UPN, esta también es la ciudad, nuestra ciudad y la vuestra, por mucho que no os guste. Quizás no sea la ciudad oficial, por ahora, pero es, desde luego, la ciudad real, la que trabaja, lucha, sufre y festeja. Por eso estoy cada día más convencido de que vuestro sectarismo y exclusión tienen los días contados. En ello estamos, por lo menos el resto de colores, matices y tonalidades, que por cierto, también somos de Pamplona de toda la vida, de Iruñea de los y las de siempre o recién llegados, pero con los mismos derechos que los de vuestra ciudad gris y sectaria. Y nuestra ventaja es nuestra libertad para vivirla y sentirla así, como nos sale de ahí mismo. Vosotros, UPN, no tenéis esa libertad. El día que queráis tenéis vuestro hueco en esta paleta de colores que es Iruñea (o como queráis llamarla).

Written by dslegi

Bizitza aurrera eramaten, Iruñea nire zaletasuna, euskara nire ametsa, Euskal Herria oraingoa eta etorkizunean. Mucho por decir y todo por escuchar.

2 comentarios

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