una Iruñea de todas

Finalizamos ya este año, el año del cambio, el año en el que pudimos escenificar en las instituciones la realidad de la calle, una calle harta de cortijos, corrupciones, desigualdades y regímenes manipuladores. En este año el transatlántico ha comenzado a girar, poco a poco, porque mover este monstruo tiene lo suyo, y por mucho que haya alguien que esté sosteniendo el timón, si los marineros no trabajan conjuntamente para desplegar velas, el barco, en cada necesario movimiento, puede llegar incluso a zozobrar por los malos vientos, el oleaje que golpea furiosamente y los cañonazos que le siguen lanzando desde diferentes lugares. Nadie teníamos dudas que esta travesía iba a ser larga, más lenta de lo que quisiéramos y llena de ataques. Por eso este viaje necesita que cada golpe de timón que se de, se haga con el apoyo de toda la tripulación, una tripulación que debe estar alerta, siempre, para corregir el trayecto o para ayudar en todo lo posible cuando los vientos sean favorables.

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Lo ocurrido la semana pasada en torno a una exposición recoge totalmente la situación en la que nos encontramos. Por un lado, el gobierno municipal del cambio, que tiene que velar por los derechos fundamentales de todas las vecinas y vecinos, incluido el de la libertad de expresión, a la vez que fomenta e impulsa la convivencia en la ciudad. Y por otro el Régimen, que no duda en utilizar cualquier medio, dentro de su estrategia desestabilizadora, aún a riesgo de crear enfrentamiento en la sociedad. El sector más ultra de esta sociedad, esa minoría que en las pasadas décadas siempre ha estado sosteniendo y participando en el Corralito, decidió salir a la calle incluso amenazando de muerte al Alcalde Asiron, en una concentración en la que participaron destacados miembros de UPN, junto a integrantes de colectivos ultraderechistas, como Comunión Tradicionalista Carlista, especímenes de niñatos opusianos que pasean su gomina por el campus universitario y supervivientes casposos y rancios de la España una, grande y libre. Tras una supuesta protesta por una exposición, se concentraron para gritar que el cambio político y social que se está dando no les gusta, y con sus gritos de “Asiron ejecución” y “Viva Cristo Rey” expresaron cual es su modelo de sociedad. Quien no les apoye para poder seguir sosteniendo su cortijo y sus negocios (porque no se trata de otra cosa), no merece participar en esta sociedad. Eso es lo que nos gritaban con aquéllas amenazas. Esa gente no tiene, ni ha tenido nunca, ningún problema en apartar a quien no piensa como ellos.

Ante esta amenaza a la libertad y la convivencia, ciudadanos y ciudadanas de Iruñea salieron también a la calle para gritar alto y claro aquello de “No pasarán”, y se manifestaron a favor del cambio político y social, a favor de la convivencia y contra los fundamentalismos. La manifestación que recorrió las calles de Pamplona fue la expresión del compromiso de toda esa gente por seguir trabajando por una Iruñea diversa, en convivencia, más igualitaria, justa y solidaria en donde las expresiones fundamentalistas no tienen cabida. Fue un aviso de que al menor intento de ir contra el cambio, la ciudadanía no tendrá ninguna duda en salir a la calle a defenderlo.

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Por eso este cambio hay que seguir trabajándolo en equipo. Si pensamos que ya lo hemos conseguido porque en el Ayuntamiento hay una mayoría que está a favor del mismo, estamos errando. Hoy más que nunca necesitamos que las personas comprometidas sigan haciéndolo desde los colectivos, plataformas, asociaciones, de manera colectiva e individual. Hay que seguir trabajando en la calle para que los derechos de las personas euskaldunes estén en igualdad de condiciones que los de las personas castellano hablantes. Hay que continuar luchando por la paridad entre mujeres y hombres y para que ninguna mujer más muera a manos del patriarcado machista asesino. Nos tenemos que seguir movilizando para defender los derechos de las personas migrantes y de las personas que buscan refugio en nuestras tierras. Seguir peleando por una educación pública, euskaldun y de calidad y para que ninguna persona pueda ser desahuciada por este sistema capitalista en donde la vivienda no es tomada como un derecho básico. Y porque la cultura sea un derecho básico para todas las personas, un derecho que recoja también la libertad de creación artística. El Alcalde y las y los concejales del cambio necesitan que sigamos reivindicando y construyendo en la calle para que el cambio, que se trasladó de la calle a las urnas, siga asentándose en valores profundos y firmes.

Si hay quien piensa que este cambio va a sucumbir ante expresiones fundamentalistas, todavía no conoce esta ciudad. Porque no hay duda que Iruñea saldrá a la calle cada vez que alguien intente quitarnos lo que durante tantos años hemos estado trabajando para conseguir. Porque nos queda mucho por construir, lo defenderemos siempre que sea necesario, allá donde haga falta.

Written by dslegi

Bizitza aurrera eramaten, Iruñea nire zaletasuna, euskara nire ametsa, Euskal Herria oraingoa eta etorkizunean. Mucho por decir y todo por escuchar.

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