impresionante pasión

Más allá de creencias, la pasión de Jesucristo es el relato de un hombre que después de cenar con la cuadrilla es traicionado por uno de sus amigos, acusado sin pruebas, detenido, maltratado, juzgado sin posibilidad de defensa, torturado y finalmente ajusticiado de una manera cruel e inhumana. Poner música a esta historia no es, ni mucho menos, empresa fácil, pero Bach consigue algo asombroso. La Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach, es una obra monumental, de casi tres horas de duración, compuesta para un servicio religioso del Leipzig luterano del siglo XVIII y que es capaz de bajar esa historia, sagrada para millones de personas, al ámbito de los sentimientos humanos. Bach pone música al drama de esa historia, pasando por el dolor, la angustia, el odio, la tristeza o desesperación, pero dejando espacio a la esperanza, la dulzura, el amor o la amistad.

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Ayer en Baluarte todas las personas que llenamos su sala principal fuimos testigos de esta pasión bachiana y estuvimos presentes en el que, posiblemente, desde luego sí para mí, sea uno de los mejores conciertos de música clásica que se hayan escuchado nunca en Iruñea. John Eliot Gardiner es capaz de controlar todos estos matices del sentimiento humano que emana de esta obra y además lo hace, no solo en grabaciones, si no, diría yo que, principalmente, en actuaciones en vivo. Su conocimiento de esta obra cumbre de la música fueron patentes en el concierto de ayer, controlando absolutamente todos los elementos, desde la fuerza y tiempos, los dos coros y orquestas, la Escolanía del Orfeón Pamplonés (impresionante) o las propias arias solistas, creando un conjunto que, muy pocas veces, es posible escuchar y ver en directo.

No soy, ni mucho menos, principalmente por desconocimiento, un crítico musical, pero ayer en el descanso de la obra solo se escuchaban comentarios de gente maravillada por lo que, hasta entonces, habían presenciado. El silencio total que se hizo en Baluarte durante las casi tres horas del concierto, yo no lo había presenciado nunca en la multitud de conciertos a los que he asistido. Hubo un momento en el que se escuchaba hasta el aire de la calefacción. No hubo las típicas toses, ni papeles de caramelos. Hubo un momento en el que sonó en el palco un teléfono rápidamente acallado y al comienzo de la segunda parte dos señoras, tremendamente maleducadas, que se levantaron para irse en mitad del Erbarme dich, mein Gott, una de las arias más conocidas de la Pasión. A estas dos señoras directamente les vetaría la entrada para el resto de sus vidas. Los English Baroque Soloists demostraron que son una orquesta sublime y no solo un grupo de grandes instrumentistas. El conjunto lo demostró en todas y cada una de las partes de la obra. El coro Monteverdi me dejó estupefacto, sinceramente. Un empaste absoluto, unos diálogos entre los dos coros tremendamente vivos y sinceros y una profesionalidad general que, unida a la juventud de muchos de sus componentes, hacen de este coro un ejemplo de virtuosismo.

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Entre los y las solistas me voy a referir a los tres que más me llamaron la atención. Sin lugar a dudas, la estrella de la noche fue el tenor Mark Padmore, que en su papel de Evangelista volvió a demostrar porqué es, para muchos, el mejor Evangelista de todos los tiempos. Si alguna vez queréis deleitaros con esta interpretación podéis escucharlo y verlo, pues se trata de una interpretación semiescenificada, en la Pasión dirigida por Rattle, junto a la Berliner Philharmoniker. Su voz aguda y la fuerza en el escenario fueron lo mejor de la tarde-noche. Otro de los protagonistas de la noche fue el contratenor Reginald L. Mobley, con una voz delicada y una figura portentosa que, a tenor de la ovación que recibió al final de la función, encandiló a todo el público. Al cantar transmitía una tranquilidad apabullante. Entre los instrumentistas, con permiso del oboe (espectacular), me impresionó sobremanera la viola de gamba, Reiko Ichise, con una fuerza y viveza espectaculares. Estos son los tres que quiero resaltar, pero todos y cada uno de los solistas del coro, algunos de ellos bastante jóvenes, merecen un punto y aparte.

Salí del concierto con el espíritu sereno, la impresión de haber presenciado un concierto histórico y la gratitud de por vida al cantor de Leipzig, Johann Sebastian Bach. Lo celebramos cenando tarde en un japonés. Os dejo con el coro final.

Written by dslegi

Bizitza aurrera eramaten, Iruñea nire zaletasuna, euskara nire ametsa, Euskal Herria oraingoa eta etorkizunean. Mucho por decir y todo por escuchar.

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