caprice de dieux

image by Jez Timms

Recuerdo cuando el abuelito Gregorio llegaba de Burdeos, de esos viajes que hacía con el orfeón, que a mi, entonces, me parecía que era como irse tremendamente lejos y se sentaba en la mesa de la cocina, con la maleta todavía en la cama, medio abierta, y mientras la abuelita hacía una sopa de verduras él, medio silbando, abría un paquete envuelto en papel de periódico y sacaba un queso que olía como cien pies sucios y que se llamaba “caprí de dié”, así me decía el abuelito. Y me explicaba que este caprice de dieux significaba capricho de dioses, porque ese queso era de lo mejor que había, y yo me maravillaba con los gustos tan raros que tenían los dioses. Y tras la sopa -de la que le quitaba un par de cucharadas, hasta que conseguía que la abuelita me pusiese un plato para mí-, acompañado de un vaso de tinto y un trozo de pan, mientras el canario cantaba en su jaula, el abuelito Gregorio se daba ese placer que compartía con los mismísimos dioses.

Hoy, tras la última reunión, he vuelto a casa casi silbando, oteando en el horizonte las torres de San Cernin, en el ocaso de un día que, sin saber porqué, me ha llenado de vida. Y me he sentado en la cocina, con un poco de pan, algo de queso y un trago de vino y he vuelto a sonreír pensando en esos placeres, a la vez sencillos y exquisitos, que Gregorio nos enseñó mientras silbaba y cantaba por la vida, con su pelo blanco, como el propio Sha de Persia.

Written by dslegi

Bizitza aurrera eramaten. Mucho por decir y todo por escuchar.

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