la romanza de un sordo

Nada más comenzado el siglo XIX, el bueno de Ludwig, se encontraba enamorado de una alumna llamada Giulietta y con una sordera cada vez más profunda, para desesperación del músico alemán. Al cabo de unos meses el Romeo músico tuvo que admitir que su Giulietta pasaba de su genialidad, ya que ésta prefería la estabilidad económica y el supuesto pedigrí de la sangre azul de un conde músico amateur, y que su sordera le iba a privar del sentido, en principio, más importante para un músico y compositor. Es en esta situación cuando decidió publicar una obra para violín que destila sentimiento y lirismo por los cuatro costados. Os cuento.

Ludwing frecuentaba mucho, parece ser que demasiado, las tabernas de Bonn...
Ludwig frecuentaba mucho, parece ser que demasiado, las tabernas de Viena…

Como he dicho eran los comienzos del XIX , más concretamente 1803. Ludwig vivía en Heiligenstadt, una zona entonces extramuros de la capital austríaca y hoy parte del elegante distrito 19 (Döbling). Durante los dos años anteriores, había estado enamorado perdidamente de la hija del conde Guicciardi, un señor que en, primavera de 1800, había sido trasladado a Viena como consejero de la Cancillería de Bohemia. La cuestión es que esta familia estaba emparentada con los Brunswick, que eran muy amigos de Beethoven. La chavala empezó rápidamente a asistir a las clases del músico y ya se sabe, entre solfeo, claves de sol, dame un si bemol e interpreta esta partitura, la alumna y el profesor se enamoraron, a pesar de la diferencia de edad, pues ella tenía 17 años y él 30. Pero, ¿quién no se ha enamorado alguna vez de su profesor o profesora? Pues eso, que la confianza fue a más, Beethoven dedicó una de las piezas más famosas de piano a su alumna, la Sonata nº 14, “Claro de luna”, y en estas estaban cuando, en 1802, la familia, advertida de la relación, cortó por lo sano y comunicó al enamorado profesor que desistiese de sus intenciones, pues era del todo imposible que un profesor de música y una joven de familia aristocrática pudiesen casarse. Si estos Guicciardi hubiesen sabido en quién se iba a convertir Beethoven para la historia de la música, quizás hubiesen tenido otra actitud. O no. Que los condes y marqueses siempre han sido muy suyos. Unido al final de esta relación, la sordera había avanzado rápidamente y es entonces cuando, en plena depresión con ideas suicidas, el compositor escribió el famoso Testamento de Heiligenstadt, una carta dirigida a sus hermanos donde les hacía partícipes de su sordera. Esta carta, en principio, era para ser leída después de su muerte.

Pues bien, es en este momento de inquietud y desesperación, mientras desarrolla su 3ª Sinfonía, “Eroica”, cuando se publican dos romanzas para violín compuestas unos años atrás. Según la Wikipedia se denomina romanza a una pieza musical de carácter sentimental escrita para una sola voz o un instrumento, que se distingue por su estilo melódico y expresivo. El caso es que el rechazado Beethoven había compuesto dos de estas piezas, en este caso para violín. Una de ellas fue escrita en 1798 y la otra cuatro años después, en 1802. Pero resulta que esta segunda romanza fue publicada en 1803 y la primera en 1805, con lo que la llamada Romanza nº 1 para violín es en realidad la segunda y al revés. Yo, en este caso, me voy a referir a la Romanza nº 2, la escrita en 1798 y publicada en 1805. Fue compuesta en Fa mayor y con la numeración 50 dentro de su opus y escrita con acompañamiento de flauta y dos oboes, dos fagotes y dos trompas y cuerdas. La duración es de unos ocho minutos, pero el compositor no dejó ninguna indicación de tempo, con lo que esta puede variar. Beethoven escribió individualmente estas dos piezas, de eso no hay duda, pero hay quien afirma que podrían haber sido compuestas pensando en que fuesen o formasen parte del primer movimiento de un concierto para violín, escrito en Do mayor, del que se desconoce esta primera parte. Sea como fuere, esta romanza nº 2 es de una sensibilidad y una belleza enormes. De mayor dificultad que su hermana, suele ser más interpretada en los conciertos. Estas dos romanzas se suelen grabar acompañando al Concierto para violín en Re mayor, Op. 61 y como he señalado, la duración media es de unos ocho minutos, aunque existen diferencias. La más corta que he encontrado está interpretada por Katarina Andreasson y la Swedish Chamber Orchestra Örebro, dirigidos por Thomas Dausgaard y dura 7 minutos y 4 segundos. La más larga, por el contrario, es una antigua grabación interpretada por David Oistrakh y la Orquesta estatal de la Unión Soviética, dirigidos por Kirill Kondrashin y que dura la friolera de 10 minutos y 46 segundos. Una diferencia entre ambas de 3’39”, ahí es nada. La diferencia es notable, como podréis comprobar en la lista de Spotify. Antes de hacer referencia a algunas versiones, os dejo con el vídeo de una de las que más me gustan. El violinista berlinés, Kolja Blacher, junto a la Berliner Philharmoniker, dirigidos por el desaparecido Claudio Abbado, en un concierto ofrecido el 1 de mayo de 1996 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Blacher era, en ese momento, primer concertino de la famosa orquesta. En esta ocasión tiene una duración de 8 minutos y 19 segundos, es decir, en la media.

Hay muchas versiones de esta romanza, algunas maravillosas y otras sin más. De mis preferidas, aparte de la de Blacher (que no está en disco), me quedo con tres versiones ejecutadas por tres mujeres. La primera de Patricia Kopatchinskaja con la Champs Elysees Orchestra dirigidos por el gran Philippe Herreweghe, sin duda una grabación extraordinaria que a mi me encanta. La segunda es de Rachel Barton Pine, con la Göttinger Symphonie Orchester, dirigidos por Christoph-Mathias Mueller, deliciosa. La tercera es de la diva del violín, Anne-Sophie Mutter, con la New York Philharmonic Orchestra, dirigidos por Kurt Masur. Aparte hay versiones trasladadas a otros instrumentos. De estas me quedo con dos, una al violonchelo, de Daniel Müller-Schott con la Australian Chamber Orchestra y otra al contrabajo interpretada por Frantisek Posta con Josef Hala al piano.

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Y aquí tenéis la lista de Spotify. Aparte de las mencionadas hay un par o tres que están muy bien. El resto son pasables e incluso podréis escuchar interpretaciones con guitarra, flauta y hasta flauta de pan… Para gustos los colores.

https://open.spotify.com/user/1111910413/playlist/4v16Z0T5X0ldoVeJaIxynC&theme=white

Written by dslegi

Bizitza aurrera eramaten. Mucho por decir y todo por escuchar.

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