perseguidos, detenidos, encarcelados… Libres!

Durante este año se ha conmemorado el 60 aniversario del Informe Wolfenden, que en el Reino Unido supuso el comienzo de la despenalización de la homosexualidad. Hasta entonces las personas acusadas de homosexualidad eran investigadas, perseguidas y detenidas por la policía, acusadas y juzgadas por un tribunal y en la mayoría de los casos encarceladas. Los delitos eran sodomía y escándalo obsceno. El “delito” podía ser perpetrado en espacio público o en el interior de un edificio, incluso en la misma vivienda particular, en un espacio íntimo.

Los británicos decidieron que este aniversario era un buen momento para celebrarlo y así el Movimiento LGTBQI británico ha estado durante todo el año recordando el momento e impulsando diferentes dinámicas en favor de los derechos para las personas LGTBQI. Y una de las formas en que lo han hecho ha sido mediante el cine. En Filmin he tenido ocasión de ver dos productos dedicados a esta conmemoración. Los dos diferentes, los dos necesarios.

Stonewall_uprising01

Against the Law (Contra la Ley), es una película en la que se relata, precisamente, el hecho de una investigación policial y detención, juicio y encarcelamiento de tres hombres homosexuales. Dos de ellos eran de la alta sociedad, uno aristócrata y el otro su primo y el tercero periodista. El caso es que el periodista se liga a un aviador, mantienen una relación de dos años, asisten a fiestas y demás, etc. En un momento dado el aristócrata es detenido y juzgado, pero la falta de pruebas hacen imposible su encarcelación. Y es que, como en todo, la clase social determinaba también las posibilidades de ser encarcelado. De hecho, en la aristocracia, si se practicaba con discreción, la homosexualidad era consentida, aunque no admitida. Un tío de la reina Isabel era homosexual reconocido, aunque se casó con una mujer, como mucha otra gente. Finalmente, los tres hombres son detenidos y encarcelados. El periodista, tras pasar un año en prisión, comparece ante un comité del Parlamento británico que estaba estudiando la homosexualidad y la legislación referente a la misma. Peter Wildeblood, que así se llamaba, fue el único gay reconocido en testificar ante el comité y parece ser que fue determinante en el fallo final. En la película hay una escena que me impactó, que es el momento de la detención de Wildeblood en el que la policía entra en su casa para detenerle y empieza a buscar “pruebas”, como fotografías de hombres, etc. La otra es el periodista testificando ante el comité y categorizando en tres tipos a los homosexuales: “las reinas, que son muy escandalosas y empañan la imagen de todos los homosexuales, los pederastas y los discretos, que son gente normal que vive su sexualidad sin escandalizar a nadie y siempre de manera privada”, una frase que hoy en día está fuera de lugar. Sea como fuere, el comité dictaminó que “el comportamiento homosexual en privado y consentido entre dos hombres adultos, no debe ser considerado delito”. Estas recomendaciones no fueron puestas en práctica hasta 10 años después, con la Ley de delitos sexuales de 1967 que despenalizaba la homosexualidad, atención, siempre que fuera practicada de manera privada, entre adultos mayores de edad, que en ese momento eran los 21 años. En 1994 la edad se rebajó a los 18 años y en 2000 a 16. En 2003 se hizo una revisión general y se hizo desaparecer del texto  la penalización, por ejemplo, de la práctica sexual entre dos o más personas. En fin, un camino tortuoso. Por cierto, la ley de 1967 solo fue de aplicación en Inglaterra y Gales, mientras que en Escocia la homosexualidad fue despenalizada en 1979 y en Irlanda del Norte en 1982. La película está salpicada de testimonios reales de hombres que en esa época fueron encarcelados. Uno de ellos, Roger Lockyer, falleció hace un mes a la edad de 89 años.

La otra película es una serie de televisión de dos capítulos titulada Man in the Orange Shirt y en ella se cuenta, de una manera más edulcorada que la película anteriormente comentada, la historia de amor de dos hombres tras la II Guerra Mundial y otros dos en la actualidad. En el primer caso se hace hincapié en el hecho de vivir una segunda vida paralela que muchos homosexuales utilizaban (y utilizan) para esconder su realidad. Uno de los dos hombres decide casarse con una mujer, con consecuencias para la relación con el otro hombre. En el segundo caso vemos a un joven, que vive con su abuela, y que liga de manera regular por medio de APPs de contactos. De hecho, no sabe mantener relaciones si no es a través de una de esas aplicación. Otra buena reflexión para los gays de hoy en día.

Aunque son producciones que exclusivamente se centran en relaciones homosexuales entre hombres, sin tener en cuenta el resto de realidades, creo que deberían ser emitidas en las escuelas e institutos, como instrumento para concienciar contra la LGTBQIfobia. Hacer ver a la gente joven que la homosexualidad esta penalizada hasta hace bien poco dará argumentos para luchar entre todas y todos por los derechos de todas las personas, independientemente de la realidad que tengan dentro de la diversidad de genero y afectivo-sexual. Hay que recordar que gran parte de las agresiones LGTBQIfóbicas se producen en ambientes jóvenes y menores de edad. Tenemos que rescatar los héroes y heroínas que, en otros tiempos y actualmente, luchan contra la discriminación a las personas LGTBQI y en favor de los derechos para este colectivo. En el Reino Unido lo hicieron hace 60 años, por aquí se tardó un poco más, pero fueron ellas y ellos las que abrieron y abren el camino para que cualquiera de nosotras y nosotros vivamos nuestra sexualidad en libertad. Hay que seguir luchando, aquí y en muchas otras partes del mundo.

de un tirón

¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que ocultamos verdades amargas? ¿Acaso porque en semejante situación no se puede ser feliz? Y, sin embargo, ¡éramos felices! A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque solo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?

El lector, de Bernhard Schlink, es uno de esos libros que, quien más, quien menos, ha oído hablar alguna vez. Un libro que, normalmente, lo ponen bastante bien. Para colmo, es una obra que fue versionada para el cine con bastante éxito, siendo una de sus protagonistas, la titánica Kate Winslet, ganadora de varios premios, entre ellos el Oscar y el Globo de Oro, a la mejor actriz. Y en estas estamos cuando el otro día, visitando la tienda de Katixa, alias @Deborahlibros, lo vi en el estante de los Delicatessen, esos libros que, según la librera, le supieron a gloria. Como el fin de semana era largo y no tenía ninguna intención de salir de casa, me lo llevé junto al otro que había ido a comprar, del cual ya os hablé el otro día en esta entrada.

FC12_G

Las poco más de 200 páginas las leí en una tarde de esas con manta, velas y luz invernal tras la ventana, en la primera parte del puente foral… Es una buena lectura para la segunda parte, la de este fin de semana largo. La colección Edición Limitada, con tapa dura y sobre cubierta, que Anagrama ha hecho con unos cuantos títulos, entre los que se encuentra la obra del escritor alemán (aunque no aparece en su página web), es una gozada, por los títulos que contiene y por el maravilloso precio de 10€ que cuesta cada uno de ellos. Merece la pena, mucho. El caso es que la historia de la obra en cuestión, te engancha fácilmente y su lectura rápida, llena de unos magníficos silencios, te atrapa sin darte cuenta y de repente finalizas su lectura de un tirón.

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens… El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó… Bernhard Schlink ha escrito una deslumbrante novela sobre el amor, el horro y la piedad; sobre las heridas abiertas de la historia; sobre una generación de alemanes perseguida por un pasado que no vivieron directamente, pero cuyas sombras se ciernen sobre ellos.

Una lectura en la que aparece el poder de los sentimientos, el amor y la culpa, el revisionismo alemán en la posguerra y la condena a toda una generación, la pasividad de una sociedad ante los crímenes del nazismo, el descubrimiento sexual y la necesidad de leer clásicos.

Una novela para quienes se han enamorado alguna vez de alguien mucho mayor, o para quienes se enamoran sin querer de gente mucho más joven. Para quienes quieran recordar su despertar sexual y para esas personas que creen que la lectura es una puerta abierta a historias inimaginables, hasta que caen en la cuenta que su propia historia puede tener mucho de libro. Para quienes estudian Derecho y así poder entender que, más allá de leyes y normas, las personas pueden tener mil y un motivos para cometer un crimen. Por mal que esté cometer un crimen…

 

GuardarGuardar

un ruiseñor catalán

De crío formaba parte de un coro, los Niños cantores de Navarra, que si bien no tenían la fama de los de Viena, fueron para mí la base desde la que me aficioné a la música clásica. Cantábamos música seria, mi tía decía que canciones igual un poco tristes, pero para quienes las cantábamos eran músicas parte de nuestra vida. Descubrí a Bach, el cancionero de palacio, una misa alemana, a un tal Nicolette que le puso música el vasco Ravel, varios cánones y una canción catalana que, desde el principio, me llegó al alma. Cuenta la historia de una muchacha, encarnada en ruiseñor, a la que su padre ha casado con un pastor en Francia… Y claro, ella no quiere ese casamiento obligado.

Rossinyol, que vas a França,
rossinyol,
encomana’m a la mare,
rossinyol,
d’un bell boscatge
rossinyol d’un vol.

Encomana’m a la mare,
rossinyol,
i a mon pare no pas gaire,
rossinyol,
d’un bell boscatge
rossinyol d’un vol.

Años después, cuando descubrí aquella película que relataba la fuga de Segovia, la volví a escuchar en boca de Ovidi Montllor encarnando al preso catalán Oriol Solé Sugranyes, anarquista y militante del Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate. En la escena, mientras comen en el comedor de la cárcel, los vascos y el catalán, Oriol empieza a cantar la canción y le sigue el preso vasco de al lado, haciéndose el silencio, hasta que finalmente es celebrada y aplaudida por todos con un grito de Visca Catalunya.

Catalunya tampoco quiere el casamiento obligado con el Estado español y más pronto que tarde, tomará su camino. Ojalá los vascos y vascas estemos, también, a su lado.

Os dejo una lista de Spotify con diferentes versiones de la canción. por cierto, salen los niños cantores de Viena. Pues para mí, que nosotros lo cantábamos mejor. 🙂 Por cierto, nos dirigía el padre Goikoetxea, José María Goikoetxea Aizkorbe, de Bera, uno de los grandes compositores de Navarra del siglo XX, recientemente fallecido.

amistad con un halcón

Después, ladeando las alas, se deslizó de costado unos cuantos metros, aleteó una vez más y comenzó a cernirse sobre lo que quiera que fuera de nuevo.

Kes es una obra de Barry Hines, hasta ahora inédita en castellano, publicada por Impedimenta, que es conocida porque fue llevada a la gran pantalla por Ken Loach, el director de cine social, autor de películas maravillosas como Tierra y Libertad, Agenda oculta o una de mis favoritas, El viento que agita la cebada, ganadora de la Palma de Oro de Cannes en 2006.

Esta novela fue la segunda de su autor, y su título original no era Kes, como la película del director independiente, sino A Kestrel for a Knave, algo así como Un cernícalo para un pilluelo. El pilluelo al que hace referencia el título original es Billy Casper, un chaval de los suburbios de una ciudad media inglesa, que vive con su madre separada y con su hermano mayor, minero, borracho y violento. La historia se desarrolla en la gris Inglaterra previa al Tatcherismo, cuando todavía las minas estaban abiertas y los obreros llevaban un mísero jornal semanal a su casa. Una historia en esa profunda Inglaterra, en la que el fracaso escolar era pan de cada día en las escuelas públicas, con las casas de apuestas como parte de esa cotidianidad, el alcoholismo presente en casi todas las familias como vía de escape del duro trabajo y el rigor y castigo pilar de la educación inglesa.

978841654298

Y en medio de este marco oscuro, Billy Casper, un pre-chav (imprescindible leer a Owen Jones), en el límite de la delincuencia, inmerso en su mundo imaginario, se lleva de su nido a un polluelo de halcón y con la ayuda de un libro de cetrería lo adiestra y enseña. Esta rapaz es para Billy, que es por otro lado uno de los personajes con más fuerza que he leído, un ejemplo de fuerza silenciosa, el elemento de donde extrae la confianza, el amor y la pasión que no encuentra en su entorno. Una luz que en su lluviosa sociedad es vital para seguir adelante. Los pasajes en donde describe su entrenamiento con el halcón son impresionantes.

Una novela para quienes echan en falta una relación sin aditivos con la naturaleza, para quienes piensan que no pueden hacer algo, para quienes están faltos de fuerza y para quienes opinan que lo diferente es un valor y una riqueza.

vida, al estilo de Zorba

Sentí una vez más lo sencillo que puede ser alcanzar la felicidad: un vaso de vino, unas castañas asadas, una mísero brasero, el sonido de la mar… Y nada más. Y todo lo que se necesita para sentirlo aquí y ahora es un corazón sencillo, frugal.

Aunque no se haya visto la película, quien más, quien menos, recuerda la escena de Anthony Quinn con un joven que casi nadie sabe que se llamaba Alan Bates bailando al son de la música de Mikis Theodorakis un sirtaki en medio de una playa cretense. Ese es el final de la película, pero, como en muchas ocasiones ocurre, no es el final del libro que dio origen a la película ganadora de tres Oscar.

zorba-the-greek-9781476782812_hr

Nikos Kazantzakis, fue un escritor y filósofo griego que se dedicó a la poesía, las novelas y los libros de viaje. En 1946 escribió Zorba el griego. Vida y aventuras de Alexis Zorbas, una novela que cuenta la historia de un joven intelectual, aburrido, cuya única manera de vivir la vida es a través de los libros, a través de otras vidas, hasta que se encuentra con Zorba, un hombre alegre y bullicioso que se dice experto en hacer sopas de todo tipo, minero capaz de abrir las vetas más hermosas para la tierra, tañedor del sandouri, ese santur consistente en cuerdas metálicas que son golpeadas con un palo logrando sacar sonidos hermosos. Zorba ha sido un poco de todo y cuenta historias, muchas, y las que no sabe contar con su voz las baila, porque Zorba es capaz de contar lo que siente por medio de la danza.

El caso es que el patrón, nombre por el que conoceremos al joven intelectual, narrador de la historia, queda prendido con la vitalidad de ese hombre de ojos profundos, que es capaz de asombrarse con las estrellas como si las viese por primera vez, que da importancia a la vida misma, esa que es necesario vivir en presente, sin estar pendiente de lo que hiciste, ni de lo que harás. En esta historia de amistad se cruzan otros personajes, mujeres que en su día fueron musas de hasta cuatro almirantes de cuatro potencias navales diferentes, mujeres que viven la vida con pasión, sin dar importancia al qué dirán, hombres pretendidamente santos, popes griegos, que son en realidad seres ruines y míseros.

Si estás siendo víctima del agotamiento de este final de curso, o vives la vida con el aburrimiento de la monotonía, sin dar importancia a las cosas sencillas, sin ser consciente de la belleza de una planta, aunque esté muerta de sed, si no sientes dentro de ti el olor a vida que desprende una ensalada de tomate con ajo, si has perdido la capacidad de beber una copa de vino con los amigos como si ese vino fuese la amistad misma, si crees que la vida consiste únicamente en leer las vidas de otros, si no eres capaz de sonreír con el descubrimiento diario de un niño, si has dejado de ser hace tiempo ese niño que descubría la vida, esta novela es tu novela. Zorba, el griego, que en realidad es macedonio, te contagiará su alegría por la vida, por esa vida que está delante nuestra y que la mayoría de las veces no vemos. Una novela para este verano recién comenzado.

El libro ha sido editado por Acantilado en una nueva traducción de Selma Ancira que, de verdad, es una auténtica maravilla. La traductora ha sido capaz de captar en su totalidad la vitalidad y el goce instantáneo de Zorba. Os dejo con el famoso sirtaki de Theodorakis. Bailadlo y dejaros atrapar por la danza. Hablad a través de ella, como Zorba.

GuardarGuardar

ser parte de la naturaleza

Hace dos semanas vi una película que me encantó. De hecho, aprovechando que era fin de semana, la vi dos veces seguidas. Una película de animación, esto es, de dibujos animados, es más, con tres personajes y sin diálogos. ¿Cómo? Os lo cuento, para que no dejéis de verla.

Si eres un friki lo sabrás. Si tienes afición a los cómics, también. Se sientes pasión por Japón y su cultura, lo que seguramente significa que seas friki y que te gusten los cómics, también lo sabrás. Igual el resto no sabéis qué es Guibli. Pues nada, os lo cuento. Resulta que Ghibli es un estudio de animación japonés, vamos, que hace películas de dibujos animados que principalmente suelen ver los adultos. Lo fundaron en 1985 el director Hayao Miyazaki y su colega Isao Takahata. La música de Joe Hisaishi forma parte de muchas de las películas de este estudio, estudio que, por cierto, tras la retirada de Miyazaki en 2013, decidió entrar en un proceso de reestructuración.

118184

El caso es que, mientras se reestructuran, se han metido en la primera coproducción internacional, en este caso con un ilustrador holandés llamado Michaël Dudok de Wit. El resultado de esa colaboración ha sido un largometraje extraordinariamente delicado que se titula La tortuga roja. La película cuenta la historia de un náufrago del cual no conocemos nombre ni procedencia, que llega a una isla desierta que no sabemos dónde está. En la isla encuentra su lugar en el mundo cuando comprende que es parte absoluta de la naturaleza y que la naturaleza es él mismo. Un poco zen, ¿no? Mientras, se encuentra con una tortuga, conoce a la compañera de su vida, tiene un hijo y demás. Es verdad que hace defensa de la familia, pero entendiéndose ésta como un núcleo desde el que avanzar, desde el que acompañar en el crecimiento y desde el que vivir en libertad. Ese mensaje me ha gustado. No hay rastro del encorsetamiento que muchas veces puede producir la familia. En esta cinta el mensaje principal es el de la libertad, el de vivir desde la sencillez y el de vivir la pequeñez de las cosas, como es un cangrejo avanzando por la arena. Por otro lado es un canto a la naturaleza, como parte de la persona.

El dibujo nada tiene que ver con el manga japonés. Es una película realizada según la tradición del cómic franco-belga. El trazo fino de los dibujos posiblemente os recuerde a Tintín. Una película que, como he señalado, no contiene diálogo alguno. Los personajes no hablan. Eso sí, tiene una música espectacular compuesta por Laurent Perez del Mar que se funde a la perfección con esos encuadres grandiosos que empequeñecen hasta al espectador.

Yo la vi en Filmin y si tenéis oportunidad no os la perdáis. Una película delicada, como he dicho, profunda y bella. Una perfecta alegoría del ciclo de la vida. Serenidad para una meditación perfecta.

GuardarGuardar

búsqueda

Para terminar esta semana, voy a hablar y recomendar una película que me ha parecido muy buena, por la historia que narra, por el mensaje que ofrece y sobre todo por la humanidad que desborda. Lion cuenta la historia real de un  niño indio que se pierde, adoptado por una pareja australiana y la búsqueda de su familia natural tras más de veinte años perdido.

La película, realizada en 2016, nos cuenta la historia de Saroo, uno de los 80.000 niños que anualmente se pierden en ese inmenso país que es la India. Vive con su madre, su hermano mayor y su pequeña hermana en un poblado del norte, en la extrema pobreza. Su madre se dedica a recoger piedras en una cantera y su hermano y él mismo roban carbón en los trenes. El caso es que Saroo, un fatídico día, se pierde en una estación y por un accidente acaba a miles de kilómetros de su hogar. Pasa penalidades en la calle, escapando de mafias y siendo recluido en una especie de orfanato, hasta que una pareja australiana lo adopta. Veinticinco años después emprende la búsqueda hacia sus orígenes, ayudado de sus recuerdos y con la sola ayuda del nombre del poblado donde vivía. Nombre que no aparece en Google.

Es una película bella, con unos paisajes rurales y urbanos que nos llevan a la inmensidad humana que es la India. La actuación del pequeño Saroo, por Sunny Pawar, es extraordinaria, un niño capaz de transmitir todo con su cara y sus ojos negros. Y la interpretación del joven Saroo es maravillosa, con Dev Patel que, otra vez, me sorprende con su capacidad para comunicar, en este caso la propia búsqueda. Pero más allá de interpretaciones, paisajes y música, esta cinta atrae por la historia y el significado de la búsqueda.

Vivimos en una sociedad en la que hemos dejado, en gran medida, de buscar. Lo tenemos todo, o casi todo, dado. Cualquier duda que tengamos nos es dada la respuesta después de un sencillo click. Ya no preguntamos, ya no investigamos. Y esto se repite en la propia búsqueda personal. La mayoría de la sociedad se conforma con la vida que le toca vivir, sin pararse a pensar que seguramente sea una vida que no ha sido elegida. Es muy poca la gente que busca qué tipo de vida le gustaría vivir. Mirar al interior de uno mismo es incómodo y en una sociedad edificada en base a las comodidades es algo residual. Porque en realidad, la película nos cuenta la historia de una búsqueda personal a través de la búsqueda de una madre perdida. Una búsqueda que tiene sus interrogantes, sus consecuencias, su camino, su tiempo y su/sus respuesta/s. Una búsqueda que es como la vida misma.

Totalmente recomendable. Una historia de búsqueda bellamente humana. Una historia esperanzadora. Una historia sobre qué significa no rendirse.