muy agradecido

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Photo by Alessio Lin on Unsplash

Quiero agradecer todas las muestras de cariño y felicitaciones que muchísimas personas me hicieron ayer en persona, por teléfono, Whatsapp, redes sociales, etc. Que una persona emplee parte de su tiempo en acordarse de mí, o aunque Facebook se lo recuerde, en dedicarme un recuerdo, es algo que tiene mucho valor. Intenté responder a todas las personas que lo hicieron y si me olvidé de alguna fue sin querer.

El caso es que he llegado a los 45 años, que aparte de tener alguna rima curiosa, es algo que me sorprende. Estoy ya en esa edad que enfila la quinta década, una edad en la que algunas personas te dicen qué joven eres, otras te miran como un señor y tú no das crédito. El caso es que es una edad en la que estoy disfrutando de la serenidad que te da esa experiencia de la vida que empiezas a tener, una edad en la que tengo todavía casi todo por descubrir y aprender, una edad en la que redescubres las cosas sencillas que casi tenías olvidadas. Estoy en esa edad en la que le das más importancia al ser que al estar, una edad en donde comienzas a escuchar y escucharte, en esa edad en la que consigues entender que la vida consiste en vivirla en el momento.

Muchas gracias a todas y todos los que hacéis posible todo esto. Milesker, bene-benetan.

gracias, seguimos adelante

Lo primero de todo, quiero agradecer públicamente a todas esas personas que en estos días, especialmente desde ayer, se han puesto en contacto conmigo de una u otra manera para mandarnos ánimos, mostrarnos su solidaridad y expresarnos su cariño, a toda la familia y a mi directamente. Gracias, gracias, gracias. Eskerrik asko. En estos momentos en que un parlamentario foral te señala impunemente en un artículo de “opinión” con una serie de falsedades en base a una noticia fabricada y manipuladora, los abrazos, aunque sean virtuales, tienen mucho valor. Por eso, de nuevo, gracias, mila esker.

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Photo by Chang Duong on Unsplash

El personaje acusador lo conocemos en mi familia desde hace muchos años, por el propio puesto de trabajo del aita, porque fue nuestro vecino, porque nos mandó a mi hermano y a mi a la Audiencia Nacional, donde nos juzgaron y absolvieron. El resto de nuestros conocimientos sobre su persona es el que tiene todo el mundo. Fue concejal de Iruñea varios años, era la mano derecha de Barcina, le gustaba disfrazarse con su jefa durante Sanfermines, fue portavoz de aquel gobierno constantemente respondido en la calle y que logramos derrotar, sigue de parlamentario foral aunque desconocemos si ni siquiera asiste a las comisiones porque trabajar parece que trabaja poco. Pese a ser parlamentario y cobrar sueldo como tal, sigue cobrando la cesantía a la que los miembros del  gobierno foral tienen derecho. Últimamente hemos conocido la relación de su familia con la familia de Maravillas Lamberto. Siempre he pensado que esta persona tenía muchos complejos y sobre todo me daba pena. Esa sensación se ha acrecentado con su artículo. Un tipo que para llamar la atención necesita hacer un artículo de esa índole, con esa bajeza ética, no puede ser alguien feliz. Quizás piense que lo que no consiguió cuando fuimos juzgados en Madrid, lo consigue ahora de esta manera. Lo siento por él, porque no ha conseguido nada. Seguiremos cruzándonos en ese barrio donde ambos vivimos. Imagino que seguirá mirándome fijamente con los ojos como platos, sin pestañear, para que no se le cierren, como suele hacer. Por mi parte intentaré sonreírle, porque esa va a ser mi única manera de responder a su obsesión.

Más allá de esta obsesión personal, está claro que el objetivo principal es el Ayuntamiento del cambio. Por eso, aprovecho para pediros a todo el mundo que sigamos apostando por ese cambio, que sigamos apoyando sus políticas sociales y su apertura; que sigamos criticando lo que tengamos que criticar, porque sin crítica no se puede avanzar; que sigamos creando en las calles y en los barrios, que es donde se hace ciudad; que sigamos construyendo la utopía para seguir haciéndola realidad; y que sigamos sonriendo porque estamos haciendo, entre todas y todos, la Iruñea sostenible, la Iruñea social, la Iruñea feminista y la Iruñea de todas y todos, de los diferentes y de los que no pensamos igual, porque la diversidad nos enriquece y nos hace más fuertes.

Eskerrik asko, bihotz bihotzez.

yo compro en lo viejo

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Tras la campaña de algunos comercios del Casco Antiguo criticando duramente al Ayuntamiento la política de amabilización del tráfico llevada a cabo en el I Ensanche, mostré públicamente mi pena y rechazo a la misma, por sus formas y por la dureza de algunos carteles. Lo hice desde la perspectiva de una persona que cree al 100% en el papel fundamental que el pequeño comercio tiene a favor de un modelo de ciudad para las personas. Entiendo que una campaña pública está expuesta a las críticas públicas y de la misma manera, soy consciente que mis palabras también están sujetas a posibles críticas, tanto a favor, como en contra de lo dicho.

Parto del derecho básico que tiene cualquier persona a mostrar públicamente su opinión ante cualquier tema, y eso por eso que quiero señalar la manipulación interesada que mis palabras han tenido en un medio concreto afín a UPN.

Ayer UPN y PSN pretendieron censurar mi libertad para hacer esas críticas y hoy mismo UPN sale públicamente señalándome como instigador de una supuesta campaña de “presión y amenazas” hacia los comerciantes que pusieron en sus escaparates esos carteles, tal y como manipula dicho medio. Es falso absolutamente. Es más, asumiendo la libertad que cada persona tenemos en hacer nuestras compras donde decidamos, no comparto ningún tipo de boikot organizado hacia ninguno de los comercios que han participado en dicha campaña.

No conozco que se hayan podido utilizar por parte de nadie amenazas a estos comercios. Por mi parte el lunes por la mañana tuve ocasión de hablar diez minutos con una de las dueñas de una tienda de la que soy cliente habitual, que había puesto en un primer momento los carteles y luego los había retirado. Lo hice porque me apetecía mostrar mi apoyo a su negocio, señalar la pena que me había producido los carteles en su escaparate y mostrar mi colaboración para poder seguir hablando entre todas y todos, como se ha hecho hasta ahora, buscando soluciones a las diferentes situaciones que se están dando.

Más allá de los movimientos interesados de la oposición, seguiré participando en el impulso del debate social y el diálogo en este y otros asuntos. En concreto, estoy dispuesto a seguir trabajando a favor de un Casco Viejo más amable, accesible para todas las personas, con más comercios y sobre todo que mejore la calidad de vida para las vecinas y vecinos y cualquier persona que se acerque al barrio. Así mismo seguiré apostando por la mejora de la convivencia en este y todos los barrios de Iruñea. Continuaré, de igual manera, mostrando mi apoyo al pequeño comercio y sobre todo haciendo mis compras en el mismo, como he hecho siempre.

Dani Saralegi Aristu

necesitamos más humanidad

Ayer un compañero me sorprendió con un correo en el que nos felicitaba al grupo municipal de EH Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea por la gestión del mandato del pleno para poner unas placas en recuerdo a las víctimas de ETA. No me sorprendió la felicitación en sí, sino la referencia a la humanidad y la compasión, en su término budista de hacer tuyo el sufrimiento del otro. Ya lo señalé en un anterior artículo, pero quiero resaltar una vez más la indispensable humanidad y empatía que ha caracterizado el sincero comienzo de esta gestión y que debería ser el elemento principal de la misma.

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Photo by Kira auf der Heide on Unsplash

Muchas veces me he preguntado qué es lo que generalmente falla en la política, en las personas que dedican, o dedicamos, un tiempo de nuestra vida, a ejercer la política desde un partido concreto o en una institución. En esa reflexión no incluyo a las personas que ejercen la política desde movimientos sociales, porque creo que, afortunadamente, se mueven en otros parámetros. La cuestión es que creo que a este tipo de militancia política visible y conocida, le faltan grandes dosis de humanidad y empatía. No creo en la afirmación de “todos los políticos son iguales”, porque es una aseveración interesada de quien pretende hacer creer, para excusar su falta, que todas las personas que se dedican a la política son corruptas, sólo miran por sus intereses y no tienen problema alguno en pasar por encima de las personas para lograr sus objetivos. En el tiempo que me he dedicado a la política de manera casi “exclusiva”, me he encontrado personas de ese tipo, pero afortunadamente también he compartido espacios, debates y proyectos con personas que piensan primero en las personas, intentan empatizar con ellas y ejercen una política desde el prisma de una ética impregnada de humanidad. Pero, desgraciadamente, este tipo de personas no son mayoría en el conjunto de mujeres y hombres que están en política. La política es, o debiera ser ante todo, un compromiso con las personas, para lograr la mejora y el bienestar de todas ellas. Y para lograr esto es indispensable ponerte en lugar del otro, de todas y de todos y escuchar, siempre escuchar, sobre todo a la persona que no piensa como tu.

Por eso es necesario agradecer a ese compañero el correo mandado y el toque de atención. Necesitamos que nos recuerden constantemente que la política es, según la RAE, la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Y lo público es lo referido a la colectividad, esto es, de todas y de todos.

Echo en falta, no lo he encontrado en ningún diccionario, una referencia a la sensibilidad con las otras personas que debe regir esa actividad. Ejercer esta humanidad debiera ser la idea principal que guiase el ejercicio de la política en cualquier ámbito.

La referencia que incluía el compañero en su correo era la siguiente frase:

“El ser compasivos, el sentir que podemos aliviar el sufrimiento de los otros es una poderosa fuente de felicidad. El ayudar a los demás y ver cómo aplacamos su sufrimiento nos proporciona una gran alegría y nos hace extraordinariamente felices”.

Vicente Simón

 

el año del silencio

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Después de una temporada de festejos y jaleo, esto es, salida del orden necesario, me surge la necesidad de retomar ese orden. Hasta ahí creo que es algo bastante común con muchas otras personas. O quizás será algo que va unido a la edad, vete a saber. Lo que no sé si está tan extendido es la búsqueda de silencio en la que me encuentro inmerso. Y cuando me refiero a silencio no es el silencio externo que tanto echo en falta en estos tiempos. Aunque también. Vivimos en una época en la que casi no existe el silencio, por lo menos no en las ciudades. Nos despertamos con una alarma, desayunamos escuchando la radio mientras contestamos whatsapps acompañados de su correspondiente sonido, en la calle sabemos que la vida retoma su andadura por el ruido de los coches circulando, hablamos por teléfono decenas de veces al día, creemos aislarnos del ruido exterior poniéndonos auriculares a tope con música o episodios de podcasts, la televisión suena cuando llegas a casa, durante la comida continúa el ruido de electrodomésticos, si hay siesta suena la casa, los pisos de al lado, los coches de la calle, por la tarde se repite el barullo y por la noche el sonido de la vida que se refugia en las casas acompaña esos momentos. Ese ruido exterior en una ciudad es inevitable. Es verdad que podemos amortiguarlo. Existen los parques para intentar encontrar un ambiente más tranquilo. Se pueden poner los teléfonos en modo silencio (yo lo hago), aunque el ruido muchas veces es una simple vibración. Podemos apagar la televisión, la radio. Pero ese ruido externo genera ruido interno y ese es el que por todos los medios intento calmar. El silencio que busco es el silencio interior, el silencio de la mente, el silencio de la actividad. Y para eso no hay nada mejor que sentarse un rato para escuchar tu propio silencio. O para intentarlo. No se trata de que la mente deje de pensar. Eso no existe. La mente se dedica precisamente a eso. Se trata de que ese pensamiento produzca el menor ruido posible. Y yo la única manera que conozco para lograrlo, o para intentarlo siquiera, es sentarme, respirar, ser consciente de ese momento. Y de verdad que al final, el ruido externo y el interno se calman. Personalmente he decidido nombrar este año 2018 como el Año del Silencio. El mío, evidentemente. Ya os iré contando cómo nutro el año con libros, películas y actividades para acompañar y guiar este recorrido personal.

¡Feliz Año del Silencio!

2018

 

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Bajo la intensa lluvia que casi da al traste con unas cuantas sansilvestres, decidí tomarme un par de vinos, aunque igual fueron tres, qué más da, con un tío y una tía. Estafeta estaba llena de gabachos que en los últimos años deciden pasar la última o mejor dicho, la primera noche del año en Iruñea. El caso es que para las siete de la tarde ya estaban bastante pasados. Parece ser que en algunas personas, nuestra querida ciudad tiene un poder de atracción equivalente al número de cubatas que se toman en una hora, como si tuviesen que batir un récord. Con el paladar saboreando la última copa nos encaminamos hacia el Ensanche y nos felicitamos el año con los parroquianos del bar de la esquina, ese bar que, sin ser el más moderno y el más comentado, te ofrece una atención familiar día a día, cariño en sus platos y unas olivas sin que las pidas. La cena transcurrió con la normalidad que tienen este tipo de eventos. Los hijos pequeños de los primos descubriendo una noche mágica, la gente mayor disfrutando de la compañía, los más jóvenes pensando en la noche y el resto recordando, riendo y mandando mensajes. Y las doce campanadas pasaron con doce gajos de mandarinas, que en nuestra familia las uvas no se estilan y en medio de los gritos y casi a la par del comienzo de la programación-bodrio que se daba en todos los canales, tuve tiempo para pensar qué pedía al nuevo año. Y me sorprendí agradeciendo todo lo que me ha dado el 17, a todas esas personas que he conocido y con quienes he compartido, trabajado, luchado, protestado y hablado. Fue el momento de pedir perdón a quien he faltado y el único deseo que solicité fue tener la oportunidad de ser siempre yo mismo, con salud y libertad y con respeto al resto de personas. Al día siguiente Ricardo Muti se encargó de recordarme, a ritmo de valses, que la vida hay que vivirla y sentirla en el momento. Es lo bueno que tiene.

Urte berri on!

todo un año de libros – 2017

Repasar el año es un ejercicio necesario solo desde el punto de vista de poder seguir avanzando, de constatar ese avance y de mantener esa vista hacia adelante, siempre viviendo el presente. Hay muchas maneras de hacerlo y de todas se puede aprender. En el ejercicio saludable que esto representa, hay una parte con la que disfruto mucho. El repaso a los libros leídos durante el año, rememorando, recordando los momentos de disfrute, constatando el fracaso de algún título y apuntando algún otro, irremediable consecuencia de lo leído.

Cuarenta y nueve libros entre narrativa y ensayo con géneros de todo tipo, desde novela a cuentos, pasando por literatura epistolar. Diecisiete mujeres y treinta hombres. Una escritora, Virginia Woolf, de quien he leído cuatro obras. Autores y autoras de Inglaterra, Estados Unidos, Euskal Herria, Irlanda, Alemania, Grecia, Estado español, Noruega, Austria, Francia, Italia y Japón, mucho Japón. Vivos y muertos. Y entre todas las obras, seis que me han causado, por diferentes causas, un placer máximo, llegando, incluso, con alguno de ellos, al éxtasis.

Hay títulos que han estado y siguen estando en la mesilla de noche, de esos que los coges y los dejas, de los que lees poco a poco, a sorbos y de los que necesitan que cada frase pose tranquilamente. Ahí siguen y continúo con la Iliada de Homero, los Sonetos de Shakespeare, un ensayo filosófico de Châtelet, una guía literaria de Berthoud y un ensayo sobre nuestro futuro como planeta de Dion. Quizás 2018 vea el final de sus páginas o, quién sabe, sea testigo de su relectura.

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Estos son los libros que he leído y terminado en este 2017:

Hygge, de Louisa Thomsen Brits. ♥♥♥

La meditación y el arte de la jardinería, de Ark Redwood. ♥♥♥♥

Mi Londres, de Simonetta Agnello Hornby. ♥♥♥

Los casos de Horace Rumpole, abogado, de John Mortimer. ♥♥♥

Stoner, de John Williams. ♥♥♥

Nosotros en la noche, de Kent Haruf. ♥♥♥♥

Los búfalos de Broken Heart, de Dan O’Brien. ♥♥♥♥

Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli. ♥♥♥

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Un cuarto propio, de Virginia Woolf. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Sin rumbo por las calles, una aventura londinense, de Virginia Woolf. ♥♥♥♥

Mansfield Park, de Jane Austen. ♥♥♥♥

Las aventuras agrícolas de un cockney, de Virginia Woolf. ♥♥♥♥

El eterno viaje: cómo vivir con Homero, de Adam Nicolson. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Londres, de Virginia Woolf. ♥♥♥♥

Drácula, de Bram Stoker. ♥♥♥♥

Zorba el griego, de Nikos Kazantzakis. ♥♥♥♥

Claudio Monteverdi. “Lamento della Ninfa”, de Ramón Andrés.♥♥♥

La amiga estupenda, de Elena Ferrante. ♥♥♥♥

El amigo del desierto, de Pablo d’Ors.♥♥♥♥

Siddhartha, de Hermann Hesse.♥♥♥♥

Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness.♥♥♥♥

La luz de los lejanos faros, de Carlos García Gual. ♥♥♥♥

Siempre. La leyenda de la pecosa de ojos verdes, de Jairo Berbel. ♥♥

La tierra de los abetos puntiagudos, de Sarah Orne Jewett. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Hôzuki, la librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki. ♥♥♥

Cartas de una pionera, de Elinore Pruitt Stewart.♥♥♥♥

Verde agua, de Marisa Madieri. ♥♥♥♥

Un lugar pagano, de Edna O’Brien. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Kes, de Barry Hines. ♥♥♥♥

Entre todas las mujeres, de John McGahern. ♥♥♥

Medio planeta, de Edward O. Wilson. ♥♥♥♥

Entusiasmo, de Pablo d’Ors. ♥♥♥♥

El silencio en la era del ruido, de Erling Kagge. ♥♥♥

Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell. ♥♥♥♥

Banzai, de Zofia Fabjanowska-Micyk. ♥♥♥

El club de los gourmets, de Junichiro Tanizaki. ♥♥♥♥

Amistad, de Saneatsu Mushanokoji. ♥♥♥

Cerezos en la oscuridad, de Higuchi Ichiyō. ♥♥♥♥

Algo que brilla como el mar, de Hiromi Kawakami. ♥♥♥♥

Musashino, de Doppo Kunikida. ♥♥♥♥

Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero, de Eduardo Gil Bera. ♥♥♥♥

La tumba del tejedor, de Seumas O’Kelly. ♥♥♥♥

El lector, de Bernhard Schlink. ♥♥♥♥

Clásicos para la vida, de Nuccio Ordine. ♥♥♥♥

El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Invierno en Viena, de Petra Hartlieb. ♥♥♥

El grillo del hogar, de Charles Dickens. ♥♥♥♥

Historias de la palma de la mano, de Yasunari Kawabata. ♥♥♥

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