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En estos últimos días me he dedicado, en ratos sueltos, a repensar el pequeño ecosistema de blogs del que disponía, a todas luces excesivo para mi. Comencé hace años escribiendo en un blog, bajo seudónimo, porque por aquel entonces pensaba que no tenía gran cosa que ofrecer al mundo escribiendo en un blog. Después llegó el día en que decidí que el blog era, en primer lugar, y se que suena un poco egoísta, para mi. Iba a utilizar el blog para escribir para mi. Evidentemente lo hacía de manera pública de tal manera que, llegado el caso, pudiese servir como un ejercicio de debate, contraste y cambio de opiniones con otras personas que escribiesen comentarios. Pero quizás este hecho ha sido posible combinando el blog con las redes sociales, especialmente el Facebook.

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Image by Nick de Partee

Este primer blog, que en un primer momento se llamó iruindarra y posteriormente dslegi, tuvo un componente mayoritariamente político y social, haciendo hincapié en los movimientos que se daban en Iruñea para llegar al ansiado cambio. Y el cambio llegó y los artículos y entradas siguieron. Durante ese tiempo surgieron otros dos blogs dedicados  a la música. Por un lado a la música clásica en el cine y por otro a mi banda sonora. Dos blogs con los que aprendí mucho sobre las obras que escribía y con los que tuve oportunidad de descubrir esta música a otras personas. Y aparte, en estos dos últimos años, inicié otro blog más íntimo, alojado en otro servidor, en este caso Medium, en el que escribía de lo que llevaba dentro. En estos años he tenido, así mismo otros cinco blogs, tres con pseudónimo, uno de entradas cortas de cultura que tuvo cierto éxito, otro dedicado a la música de Bach con el que aprendí mucho, otro como un cuaderno de ejercicios de meditación y otros dos dedicados a Shakespeare y a la música irlandesa que fueron un fracaso, principalmente porque los blogs hay que alimentarlos.

El caso es que en estos momentos disponía de cinco blogs y decidí que había llegado el momento de juntarlos todos en uno. Y ese uno no podía ser otro que dslegi. Este blog es, ahora mismo, buena parte de lo que soy. Militante político y social, si, pero también aficionado a la música y la literatura. Así que, ¿por qué no juntar todo esto en uno que soy yo mismo?

A partir de hoy en este blog seguiré escribiendo artículos sobre la vida municipal de Iruñea, la política de nuestra ciudad, de Nafarroa y Euskal Herria, de las luchas que tenemos que seguir llevando adelante, de las denuncias que seguiremos haciendo, de lo que nos duele y de lo que nos enorgullecemos. Y también aparecerán entradas dedicadas a la literatura, al cine, a la música, desde luego, a la cultura. También tendrá su cuaderno de ejercicios de meditación. Y por último también tendrán su hueco esas entradas más íntimas que de vez en cuando vomito desde mi interior.

He limpiado, en cierta manera el blog, lo he dejado más luminoso. Las entradas dedicadas a literatura, música y las que están en el blog de Medium las he dejado agrupadas en la cabecera. Tengo que dar un repaso a todas las entradas publicadas hasta ahora porque con la migración de los blogs en dslegi.com ha habido ciertos desajustes. Tiempo al tiempo. Espero contar con vuestras aportaciones. Eskerrik asko.

libres y cultos

En Semana Santa, días de descanso, lectura y paseos, estuve viendo una serie en Filmin que merece mucho la pena. Life in Squares.

La serie nos cuenta, en tres capítulos de una hora de duración, la historia del llamado Círculo o Grupo de Bloomsbury a través de algunos de sus integrantes más significados. Las hermanas Stephen, conocidas posteriormente como Virginia Woolf, escritora, y Vanessa Bell, pintora, el pintor Duncan Grant, el crítico de arte Clive Bell, el editor Leonard Woolf, Lytton Strachey, escritor o el economista John Maynard Keynes. Otros miembros del grupo que no aparecen en la serie fueron el filósofo Bertrand Russell, el novelista E. M. Forster, la escritora Katherine Mansfield y la pintora Dora Carrington.

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Este grupo intelectual, que tomó el nombre por el barrio de Londres donde se encuentra el Museo Británico y donde vivían la mayor parte de ellos, incluidas las hermanas Stephen en cuya casa se reunían, abogó, a principios del XX, con las costumbres victorianas todavía presentes en Londres e Inglaterra, por un pensamiento libre en la vida y la creación. El grupo tuvo en común un gran desprecio por la religión. Objetores de conciencia en la 1ª Guerra Mundial, defensores de la libertad sexual, promotores de la igualdad de la mujer y el hombre… Se consideraban miembros de una élite intelectual ilustrada, de ideología liberal y humanista. Parte de sus orígenes intelectuales están en el Trinity College, de Cambridge y el King´s College, de Londres, donde estudiaron la mayoría de ellos. El grupo obtuvo una temprana relevancia en los medios cuando en 1910, miembros del círculo llevaron a cabo el Engaño del Dreadnought, una broma en la que se hicieron pasar por representantes de la realeza abisinia para ser recibidos en el acorazado HMS Dreadnought con honores de estado y que, debido a su repercusión en los medios, puso en ridículo a la Royal Navy. En el terreno artístico tuvieron influencias de Paul Gauguin, Vincent Van Gogh y especialmente Paul Cézanne.

La serie, de la BBC, solo con eso es ya un aliciente para verla, está grabada con una exquisitez extraordinaria. El tratamiento de la luz y el color es casi pictórico y de una delicadeza impresionante. Los tres protagonistas principales, Vanessa Bell, Virginia Woolf y Duncan Grant están interpretados en los dos primeros capítulos, los años jóvenes, digamos, por Phoebe Fox, Lydia Leonard y James Norton. En el último capítulo los interpretan Eve Best, Catherine McCormack y Rupert Penry-Jones.

Lo dicho, merece la pena, y mucho, verla. Con la cantidad de bodrio presente en la TV, una serie como esta se convierte en una auténtica joya.


callejeando por Londres con Virginia Woolf

Falta todavía mes y medio para que parta a conocer in situ la capital inglesa, una de esas ciudades que existen en el mundo que, aunque no hayas estado jamás físicamente, se podría decir que conoces muchas de sus calles, historias y personajes. No existen muchas de estas ciudades, New York, Roma y París. Y para de contar. No llegan a los dedos de una mano. Londres es, desde luego, la que completa completa el cuarteto.

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El caso es que cuando voy a algún sitio de viaje, aunque sea un fin de semana largo, me gusta leer sobre el lugar, más allá de las guías al uso. La literatura alberga muchas obras que te acercan al lugar que vas a visitar, antes de emprender el viaje, o que refuerzan lo vivido tras terminar la aventura. En cuanto a Londres, aparte de haber gozado con un libro de la editorial Taschen titulado 36 hours, Londres y otros destinos, me he ido decantando por algunas obras “londinenses”. Y si hay una escritora londinense por antonomasia, es Virginia Woolf. La obra, más bien obrita, se titula Sin rumbo por las calles: una aventura londinense. Ayer, en una visita a Deborahlibros, acabé comprándolo y me fui a leerlo tranquilamente en un banco de la Media Luna, lo bastante protegido del viento que empezaba a moverse y lo suficiente expuesto al sol para disfrutar del momento.

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Virginia escribió en 1927 este breve relato que no sobrepasa las 90 páginas y que el editor José J. de Olañeta publicó en castellano en 2015, dentro de la colección Centellas. El relato, que aunque sea corto es un torrente de excelencia literaria, lo escribió “para contar cómo la ciudad toma el relevo de tu propia vida personal y la prolonga sin el menor esfuerzo”. En él describe un paseo por Londres, a la hora del té, con la excusa de comprar un lápiz. El caso es que la excusa es totalmente válida para dar un paseo por el Londres de finales de los años 20 del siglo pasado, imaginar el interior de las ventanas iluminadas de Mayfair, visitar una librería de viejo en Charing Cross, atravesar el puente de Waterloo y llegar, de nuevo, a Bloomsbury.


Quien quiera una guía en la que señale la hora del cambio de guardia o cuál es el mejor puesto de comida pakistaní a orillas del Támesis, es evidente que este no es su libro. Pero para quien necesite algo más y quiera ver Londres con otros ojos, aunque sea camino del puesto de comida rápida pakistaní, este libro le va a demostrar que, callejeando por una ciudad, propia o extraña, se puede vivir una aventura que siempre se recordará. Quizás me lo lleve al viaje para releerlo tumbado en un parque londinense, después de haber comido la delicia pakistaní. Y tras volver a leerlo, una siesta con Virginia Woolf.

aita

Image by Catt Liu

No soy, la verdad, de celebrar mucho los días del Corte Inglés, pero hoy, por la mañana, con esto del día del padre, me ha dado por pensar y la verdad es que, por lo menos mi aita, se merece un reconocimiento. Lo tiene todos los días, no cabe duda, pero el reconocimiento va, siempre, mezclado con el día a día, con sus visicitudes y demás. Y por lo tanto se diluye. En tu caso, aita, es tanto lo que tengo, lo que tenemos, por agradecer, que en un escrito de estas características quedaría hasta ridículo… O no, no. Aita has sido nuestro sostén y luego has dejado ir. Se te fue la otra parte de tu partenidad, la ama, pero supiste, con todo el sufrimiento que puede haber, sacarnos adelante. Hemos discutido, reído, llorado, aceptado y vivido. Pero sobre todo hemos sido. Aita, eres ya aitona, andas por la vida con un bastón, con un ir y venir que nos puede parecer monótono, pero que sin ti esto no existiría. Sigues siendo el motor y por eso, aunque no haga falta decirlo, te quiero, te queremos, con toda mi-nuestra alma. Somos porque eres y has sido. Mila esker, aita.

tres cromosomas 21

Image by Matthew Henry

Paseo de Sarasate, más o menos a la altura de San Nicolás. Has entrado en la villavesa, la 4, esa que acerca a tantos visitantes a los hospitales, esa que, sin darnos cuenta la mayoría de veces, lleva esperanzas, miedos, sufrimientos, tristezas y alegrías. Has pasado la tarjeta y te has ido hasta el final del autobús. A esa hora de la mañana casi todos los asientos estaban ocupados. Un sitio libre y hasta tres personas han insistido para que te sentases. A las tres has dicho que no y has dado las gracias. Y poco después ha llegado tu padre, con bastón y le has indicado el sitio vacío que tu mismo le guardabas. Y tranquilamente te has quedado mirando el resto del viaje por la ventanilla. Seguramente si no hubieses sido una persona con Sindrome de Down, nadie te habría indicado que había un sitio libre, como si no lo hubieses visto ya. Con toda seguridad, si no hubieses tenido ese cromosoma 21 por triplicado, en vez de los dos habituales, nadie habría sentido la necesidad de indicarte el asiento. Y es que, más allá de ese cromosoma extra, las personas como tu sois como el resto de personas, unas tímidas y otras más sociables, unas morenas y otras rubias, con ojos verdes y castaños, alegres y con mal genio, tenéis buenos y malos días, os enamoráis y sufrís la soledad, estudiáis, trabajáis y estáis en el paro. Y ese cromosoma de más os da, estoy seguro, esa capacidad de querer y acoger que tenéis la mayoría de vosotras y vosotros. Pero para esas tres personas, sin duda con buena voluntad, solo eras un chico que necesitabas que te indicasen el asiento vacío que todos y todas veíamos. A mi, como espectador de lo ocurrido, me has dado una lección. Eskerrik asko.

sueños con música

Image by Thong Vo

Un cine en las afueras. La primera escena con una bella coreografía que recuerda al West Side Story, quizás a Grease. Optimismo en medio de un atasco. Mi primo, a mi lado, emocionado y medio bailando con los hombros. Mi tía casi aplaudiendo y yo con una sonrisa contagiada por la música. Una historia de amor, si, pero sobre todo un mensaje de que los sueños, si se trabajan, son posibles. Aunque eso signifique que la historia no sea completa. Es lo mismo. La vida no es una película de amor perfecta y los sueños, por mucho que se logren, no siempre se hacen realidad tal y como los habíamos pensado. Una ciudad con estrellas, como todas las que conozco. Solo hay que ver esas estrellas que tenemos cubriéndonos la cabeza. Miramos, pero no vemos, porque la mayoría de las veces no creemos en los sueños. Termina el musical y nuestras caras sonríen entre nosotros. Salimos bailando del cine, aprovechando que nos hemos quedado los últimos. Sobre nuestra ciudad han vuelto a salir las estrellas. Están ahí, solo es cuestión de verlas. La La Land.

Ciudad de las estrellas

¿Estás brillando sólo para mí?

Ciudad de las estrellas

Nunca has brillado con tanta fuerza

luz de luna

Image by Anders Jildén

Moonlight, luz de luna, un niño sensible, un barrio de negros, una madre enganchada al crack y un camino personal duro. Una película extraordinaria para una tarde lluviosa que me ha sorprendido con una escena de partido de fútbol con las Vísperas solemnes mozartianas de fondo y una mirada triste y asustada como la que tantos niños, negros y de cualquier otro color, han tenido y tienen por la marginalidad a la que son condenados a causa de amar y querer a otros niños. Tres momentos impresionantes a la luz de la luna. Un hombre que dice al niño que cada cual tiene que ser lo que quiera, no lo que digan los demás. Una madre colocada que le ordena gritando que no la mire, porque esa mirada es dolorosa y duele en sus preguntas. Y dos amigos descubriéndose, sintiéndose y besándose de una manera tan espontánea como la vida misma. Y por fin, una última frase de la película, dura y sin anestesia, que te deja un nudo en la garganta y la necesidad de que la lluvia te refresque del sufrimiento que emana. Y sales y recuerdas a la buena de Chavela cantando las historias de tantos y tantos niños con mirada triste y asustada.

Yo quiero luz de luna
para mi noche triste,
para sentir divina
la ilusión que me trajiste,
para sentirte mía, mía tú
como ninguna,
pues desde que te fuiste
yo no he tenido luz de luna,
pues desde que te fuiste
yo no he tenido luz de luna.