Protegido: todo un año de libros – 2018 (privado)

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la segunda jornada en Bruselas

El caso es que, casi sin darme cuenta, el despertador sonó, de nuevo, a las seis y media de la mañana. Una ducha rápida, sin afeitar y a desayunar en el bufete del hotel. ¡Amo los bufetes de hotel y soy un auténtico desatado en los bufetes de hotel! Si de normal desayuno una taza de achicoria y dos tostadas con aceite, ¿por qué voy a tener que desayunar como si estuviese en casa? pues no, claro que no, el Dani se puso hasta el culo (el lunes retomo la dieta sana, prometido) y se metió entre pecho y espalda lonchas de pavo por doquier, quesos varios, jamón de York, bollería variada, zumos y un té. Y tras este ligero comienzo de día, naturalmente, al baño. Cepillado de dientes, maleta y al metro.

A las ocho de la mañana, por lo menos en la estación en donde cogimos nuestro tren, el metro era un lugar de personas en silencio absoluto y todas mirando al móvil. Un transbordo y para las ocho y cuarto estábamos de nuevo en el Parlamento europeo. Si el día anterior hablamos y debatimos sobre la austeridad impuesta por Europa, en esta ocasión el tema iba a ser el drama humanitario de las y los refugiados en Europa y la responsabilidad política que tenemos para detener este horror. El punto de vista feminista estuvo muy presente en varias de las intervenciones. Muchas veces, por no decir casi siempre o siempre, los y las que formamos parte de esta sociedad capitalista y consumista que es esta Europa al servicio del capital y que nos autodenominamos el mundo occidental (parte de él) no somos conscientes de la situación específica de las mujeres en toda este drama de refugiados y refugiadas. Son, una vez más, la parte más sensible de esta rueda de horror e incluso, desde posiciones de Izquierda, muchas veces, caemos en el paternalismo desde la posición de poder de ese Occidente “civilizado”. ¿Por qué siempre pensamos que las mujeres migrantes y refugiadas son incapaces de pensar, organizarse y movilizarse por sí mismas? ¿Por qué somos tan ciegos que solo vemos la presión a la que se ven sometidas las mujeres musulmanas y no nos da por pensar que las mujeres cristianas también tienen presión? La deshumanización de toda situación hace mucho más visible la invisibilidad a la que, desde nuestra propia sociedad, sometemos a la mayor gravedad en la realidad de todas estas mujeres.

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Miren Larrion, concejala de EH Bildu en el Ayuntamiento de Gasteiz, contó una historia que nos dejó a todos y todas con un buen elemento sobre el que pensar. En una reunión de mujeres empezaron a contar lo qué era el machismo para cada una de ellas. Entre todas se encontraban mujeres de muy diferente procedencia, raza, cultura, etc. Una migrante angoleña decidió dar su definición:

Machismo es cuando te atan a un árbol delante de tu padre y te violan entre 8 hombres.

Poco después, Natalia, la compañera de Iruñea ciudad de acogida, denunció duramente la actitud de las instituciones europeas. En la mente de la mayoría de las y los presentes estaba claro que esta situación podrá cambiar el día que la ciudadanía europea así lo decida. Mientras tanto, seguiremos siendo rehenes de las políticas que los intereses económicos y financieros decidan poner en marcha. Mucho me temo que el mayor drama que se está dando es el humanitario, es así, pero este drama humanitario tiene dos vertientes. Una, la de las miles y miles de personas desplazadas a lo largo y ancho de Europa. La otra, la de los millones de europeos y europeas que asistimos impasibles y sin capacidad de reacción ante semejante horror.

Refugees-Europe

La jornada de trabajo terminó, comimos en la ciudad dentro de la ciudad que son los edificios del Parlamento, visitamos el hemiciclo e hicimos la típica compra de chocolate belga. Un último paseo por el centro de la ciudad, unas patatas fritas, una cerveza y un taxi para llegar al aeropuerto. Si a la llegada sorprendía la escasa gente que había en el aeropuerto, para salir hicimos uso de la terminal dispuesta en una carpa que suple la terminal destruida por las mochilas bomba. Controles militares férreos y estrictos que no son si no la imagen de una Europa cada vez más deshumanizada. El avión se retrasó más de hora y media. Los y las miles de refugiadas ven como la solución a la situación que viven se retrasa minuto a minuto. ¿Sine die? En nuestra mano está.

gigantada

Ayer Alde Zaharra era un hervidero de gente y sobre todo, de silletas. Dentro de los actos organizados para festejar el Día Internacional del Autismo había preparada una concentración de alrededor de 120 gigantes de toda Nafarroa que, desde la mañana, hicieron el recorrido por Carlos III hasta la Plaza del Castillo. A eso de la una de la tarde, cuando iba hacia allí, la sensación de estar en un día de Sanfermines, sin ropa de blanco ni pañuelos al cuello, fue creciendo conforme me acercaba. En Estafeta fue, poco a poco, avanzando el Iruñean kantuz que todos los primeros sábados de mes cantan las viejas y antiguas canciones y coplas en euskera. El buen tiempo y el vino y los vermuts, propiciaron un ambientazo con el sonido de las gaitas, de algún txistu y de la txaranga que tocaba con la última comparsa del desfile.

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Y terminado el paso de toda la gigantada por la Estafeta la gente volvió a tomar el centro de la calle despejada ya de silletas, críos, madres y padres, pero con el buen ambiente presente. Y en estas estábamos cuando me encontré con un conocido que iba con su madre y mira por dónde, que la señora en cuestión era la última hija de Pedro Trinidad, aquel legendario portador de los gigantes de Iruñea que, sobre todo, se hizo famoso por su gracia bailando la europea. Tan bueno fue en este cometido el carpintero de oficio que, al morir en 1947, el Ayuntamiento acordó una pensión anual a su familia por valor de 3.000 pesetas. En medio del vermut, con ganas de hablar que estábamos todos, la señora me contó también que en su día, su padre, estando por la Magdalena, vio que unos chavales estaban en apuros en el río y le dijo a uno de los carabineros que se encontraban al cuidado de la ribera del Arga que hiciese algo, que se lanzase a sacarlos de allí o iba a haber alguna tragedia. Y resulta que aquel señor carabinero en concreto le contestó que él poco podía hacer ya que no sabía nadar. Así que el bueno de Trinidad, en mitad de su digestión, se lanzó al agua y sacó a los seis chavales que estaban a media lucha con las aguas del río. Y por eso, el bailador de la europea recibió la Cruz de Beneficiencia por tan heroico salvamento. Eran otros tiempos, sin duda, pero tiempos que conviene no olvidar porque guardan parte de nuestra propia idiosincrasia y manera de ser.

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Y hablando y hablando, llegó la segunda parte de esta señora que, con cierta amargura, me contó que Pedro tenía un hermano, Juanito, que era zapatero, que era un buen hombre que no cobraba los arreglos en los zapatos a la gente necesitada y que su zapatería de la calle del Carmen era un lugar donde esta gente sabía que podía contar con la generosidad de Juanito. Y me dijo, también, que a Juanito cuando bebía sus txikitos se le soltaba la lengua y que de vez en cuando le daba por gritar a la parroquia del bar de turno un “¡Que se muera Franco y Viva la República!” Ahí es nada. No estaban los tiempos para esas sinceridades. Y la hija del portador de la europea me dijo que un día, en verano, su tío Juanito se fue a Donostia a pasar el día y ya nunca se supo nada más de él. Y es que resulta que en esos tiempos a Paca la Culona (mote con el que uno de sus generales llamaba al dictador) le gustaba pasar unos días en la capital guipuzcoana y se puede imaginar cualquiera la cantidad de policías, secretas y matarifes que en esos días se dedicaban a meter su puto morro en cualquier txoko donostiarra y, desde luego, también en las tabernas. Así que la familia piensa que, seguramente, en una de esas rondas txikiteras de Juanito, se le habría soltado la lengua, con tan poca fortuna de hacerlo delante de quien no debía hacerlo. ¿Dónde habría acabado Juanito? La familia preguntó en muchos sitios sin nada de suerte. ¿Aparecerán algún día sus restos en algún paraje cercano a Donostia? ¿O quizás, como me decía el conocido, se lo habrían llevado en barca mar adentro y lo soltaron con unas buenas piedras amarradas a su cuerpo? ¿Qué fue del bueno de Juanito, el zapatero de la gente pobre?

La suerte de muchos Juanitos es todavía una incógnita que, en muchos casos, será difícil que se aclare y no sabremos nunca la verdad, por mucho que la podamos imaginar. En 2016 todavía hay familias que lo único que saben es que un día su familiar salió y ya no volvió nunca más. La victoria fascista se había producido años atrás. Corrían los años 40 y estas desapariciones estaban a la orden del día. Escalofríos. Y memoria. Que nunca se nos olvide lo qué pasó. Por mucho que algunos pretendan pasar página rápidamente. Aún hay personas que siguen buscando a su gente desde la negritud de aquellos tiempos.

cocina japonesa en manga

Lo bueno de estar esta semana de fiesta es que puedes hacer cosas que de normal no haces. Yo he aprovechado para pintar una habitación y para ser la primera vez no me ha salido nada mal a juzgar por los comentarios de mi hermana y mi hermano. El caso es que también he aprovechado para ver una serie inglesa que me ha parecido la bomba y de la que os hablaré en otro momento y para leerme un manga, ya sabéis, un cómic japonés, en este caso sobre cocina japonesa.

Oishinbo es un manga sobre cultura gastronómica que va desgranando es sus siete números todo lo que hay que saber sobre cocina japonesa. El guión, de Tetsu Kariya, se desarrolla en el periódico Touzai Shinbun que está dirigido por un gourmet de pro. El caso es que en el periódico, en la sección de Cultura, trabajan dos periodistas, Shiro Yamaoka y Yuko Kurita, con los cuales iremos haciendo un paseo por lo mejor y más importante de la cocina japonesa.

Si os pensáis que la cocina japonesa consiste únicamente en arroz y sushi, o que el pescado es cuestión de comerlo crudo y punto, o que el té es echar una bolsa al agua hirviendo, o quizás pensáis que las algas son esas cosas que vienen en bolsas transparente y se echan al agua para que se hinche y poder comerlas con sopa y fideos, este manga os va a dejar con la boca abierta. No es una enciclopedia de cocina, pero de una manera divertida te sumerge en la cocina, la forma de preparar los menús y los modales en la mesa que se utilizan en Japón.

Este primer número que he leído es, digamos, la introducción a la cocina japonesa. Después vienen otros seis números que iré leyendo tranquilamente dedicados a el sake, el ramen y gyoza, el pescado, sushi y sashimi, las verduras, el arroz o el izakaya. El dibujo es de Akira Hanasaki y está editado por Norma Editorial.

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elogio de la sombra y paseo por el malecón

El cuerpo humano es sabio, mucho más de lo que a veces pensamos, y está hecho a hábitos, por eso, a pesar de no poner el despertador, tu alarma interna suena a la misma hora de siempre. Esto, unido a que la edad va avanzando y no precisa tantas horas de sueño, hace que me despierte a la misma hora que si fuese a ir al bulego. Son las seis y media, abro el ojo, lo intento cerrar y decido quedarme un rato más. A los diez minutos aceptó que es misión imposible y abro el libro. El buen señor japonés sigue con su elogio a la manera de pensar y vivir en el país nipón. Las sombras, la naturaleza, el tacto, esa cultura milenaria que ha vivido décadas tras la II Guerra Mundial obligada a ser lo que no es. Consecuencias, otras más, de aquellas dos bombas atómicas.

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A las nueve de la mañana había quedado para desayunar con las dos amigas con las que voy a Japón. Un desayuno de lujo: fresas, piña, pan tostado con queso fresco y queso de untar, bizcocho, mantequilla y mermelada casera, todo esto con un buen té. Y mientras, hemos ido dibujando muy por encima el plan de viaje, para ir avanzando en los preparativos. Del aeropuerto de Tokio directos a Kioto, Tokio lo dejaremos por el final y visitaremos también Nara, haremos algún recorrido andando, subiremos el monte Fuji, nos relajaremos en un olsen (baño termal), beberemos té, iremos a un combate de sumo… Y nos sorprenderemos, seguramente, en más ocasiones de las que pensamos.

Si ayer fuimos hacia Lapurdi, hoy tocaba Gipuzkoa, Zarautz, la villa de donde parte de mi familia proviene. Zarautz es para mí verano, pero mucho más que eso. Es otoño, invierno y primavera. Es familia, txakoli con mi abuelo, 325A, pintxos, recuerdos, paseos, botas katiuskas, primeros amores, partidas de cartas, resacas que había que disimular, olas, lectura tranquila, reencuentro, risas, botxas, playa, escapadas, Euskal Jaia, paraguas, txikiteo, amistad, salitre, azoka, euskera, pertenencia… Y más.

Hoy ha sido día de comida, y antes de ella, de vermut con trikitixas de fondo. Luego un menú del día con un buen vino blanco. Paseo por el malecón y observar a los surfistas cogiendo olas, esas olas que tienen la tranquilidad de la primavera y el frío del invierno. Mucha gente paseando por la tarde, una última mirada al Ratón de Getaria y vuelta a Iruñea, con Benito rasgando con su voz coplas antiguas y yo, mientras, aprovechando para los diez minutos de siesta que no había podido echar antes.

Ya en casa aprovecho para terminar ese libro delicioso que os comentaba al principio, estoy, ya sabéis, japonizándome. El elogio de la sombra es la contemplación silenciosa del mundo que le rodea al escritor japonés, un mundo que, poco a poco va desapareciendo. En él relata porqué en Japón ven belleza en las sombras, en la vejez, en la oscuridad o en las paredes de papel. Y es que es en la sombra donde permanece la esencia misma de la belleza. Es ahí donde vas dándote cuenta de la diferencia entre el pensamiento oriental y el occidental. Mientras aquí lo basamos todo en la luminosidad, en el brillo y en la claridad, allí su propio pensamiento y manera de ser, la propia idiosincrasia, consiste en un juego de claroscuros, de imaginar, de ver más allá de lo que se percibe y de hacerlo apreciando el paso de los años, el silencio y la serenidad. Es, desde luego, una exquisitez que, seguramente, quedará cerca de la cama, para releer en esos momentos en los que, a pesar de no haber programado alarma alguna, tu cuerpo ha hecho sonar tu propio despertador.

Qué a gusto. Qué bien.

un intenso día normal de fiesta

Despertarte, abrir un ojo, no ha sonado el despertador, media vuelta y volver a cerrarlo hasta que caes en la cuenta que hoy no sonará y tranquilamente vas moviéndote y te levantas. Miras el teléfono y recuerdas que ayer en una hora se te agotó la tarifa de datos sin haber utilizado el puto móvil. ¡Maldita seas Movistar! El sábado iré a protestar a la tienda y les contaré lo mismo que hice ayer por teléfono, pero por lo menos les veré la cara y quien me atienda se fijará en mi ceja subida nada más entrar por la puerta. Como el enfado en esos momentos no va a solucionar nada, me siento en el cojín para hacer mi sesión matinal de meditación. Estoy aquí, esta es mi respiración que sucede sin que normalmente me de cuenta y en este momento soy consciente de ello. ¡Mierda! Me he ido a otro pensamiento. Vuelta a la respiración. Suena la campana y agradezco estos poco más de diez minutos dedicados a mí y a estar presente. Desayuno, ducha y al coche.

Hace un día de lujo, de esos en donde la primavera avisa que ya está aquí. A eso de las once de la mañana paramos en Etxalar para echar un pintxo. Iba pensando en uno de txistorra, pero me dicen que no hay pintxo de txistorra, solo de tortilla de txistorra, no entiendo nada. Si hay txistorra para tortilla de txistorra habrá para pintxo de txistorra, ¿no? Pues no, en este caso no. Sonrío, me cojo el pintxo, mi caña, un café y me lo como todo tan a gusto. Agur. Agur bai.

La muga con Lapurdi está hasta arriba. Los gendarmes, armados hasta los dientes, vigilan la entrada en el territorio de la “Republique”. Bruselas presente. Me acuerdo de los que siguen llegando y ahogándose en las costas europeas. Sus lloros hacen uno con quienes han perdido esta semana a su gente en la capital belga. Esta locura que han puesto en marcha quienes gobiernan al ritmo del sonido de las armas vendidas y quienes con esas armas compradas han decidido alterar ese ritmo a golpe de bombazo, nos tiene atrapados al resto. A unos, todavía ingenuos creyendo que eso no va con nosotros y a otros entre el barro y el desamparo más absoluto detrás de unas alambradas esperando la expulsión de esta Europa hipócrita y desmemoriada.

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Llegamos a Donibane Lohizune, recorremos esa calle Mayor atiborrada de tiendas a cada lado, una iglesia medio vacía, que aquí la religión imperante es la de las baratijas, las firmas y los trapos, lo importante y el credo que debes recitar hasta aprender es el que está grabado en la tarjeta de crédito, que hay que pasear convenientemente si no quieres terminar apartado de la fe oficial. La playa y el paseo nos da un respiro que celebramos con una caña en terraza, bajo un sol de marzo que se esfuerza en calentar. Hora de comer. A mí también me gusta comer pronto. Ni tan mal. Pido una sopa de pescado que resulta ser como para tres, lo que creía que eran unas hamburguesas y que resulta ser una especie de carne guisada con poca gracia y pastel vasco. Así que después hay que pasear. Tomamos la playa y llegamos hasta el final, subimos la pequeña colina de Santa Bárbara, nos deleitamos con la costa recortada, respiramos el mar, escuchamos la voz de ese mar que vemos de vez en cuando y que a veces creemos conocer. No le entendemos nada y seguimos paseando por la colina, disfrutando del sol de media tarde, de la brisa fresca de este final de marzo y de la hierba fresca y verde, casi virgen, que con su esponjosidad es la antítesis de la dureza de esa costa, cuyo ramo de flores puesto por una madre nos avisa que es implacable.

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Deshacemos el camino y nos adentramos de nuevo en las calles del pueblo labortano, con esas casas blancas llenas de contraventanas de madera pintadas, unas de rojo y otras de azul. Reencuentro con quienes se han quedado disfrutando de la terraza y el patxaran, una entrada en una tienda de ropa infantil y es que la llegada de mi sobrino Amaiur en julio viene avisada con tiempo. Ya le hemos abierto los brazos de par en par. Vuelta al coche, regreso sin contratiempos y a casa. Pijama y descanso, que este Jueves Santo que se viene repitiendo en los últimos años nos ha dejado el cuerpo molido. Porque una simple excursión, vivida con la intensidad de las cosas normales, deja un buen sabor, algo cansado, pero con sonrisa en la boca.

maravillosa

Me acabo de enterar que sufriste un accidente el martes, en tu Irlanda natal, que las consecuencias fueron tremendas para ti, que estás en coma. Me he enterado que en realidad no te llamabas Black, que incluso con tu verdadero nombre has publicado varios álbumes y algún libro de poesía. He sabido que estás casado, que tienes más de cincuenta años, que vas a ser abuelo. Todo esto lo he sabido hoy. Y me he acordado de mi tío Iosu, tumbado en la cama de al lado y diciéndome que me callara y escuchara tu canción, porque era de las mejores canciones que nunca nadie había hecho. Me decía que era una pasada y yo escuchaba y me maravillaba con tu voz. Y Iosu me decía que era la hostia, y que hablaba de lo maravillosa que era la vida. Yo no entendía la letra, pero la música sí y la verdad es que esa canción me contaba, me cantaba, lo maravillosa que era la vida. Y sonreía y miraba a mi tío tumbado en la cama que sonreía también. Y hoy, después de enterarme de tu accidente me he acordado de Iosu, de su sonrisa, de lo mucho que le echo de menos y a pesar de todo, de lo maravillosa que puede ser la vida.