#altsasukoakaske

El martes estuve casi una hora con dos madres y un padre de los chavales de Altsasu. La reunión era para poder hablar antes del pleno que se celebra esta tarde, en donde se debatirá, y previsiblemente aprobará, una declaración apoyando la manifestación que el 14 de abril recorrerá Iruñea pidiendo justicia para los acusados altsasuarras.

La intención de Aritz y yo no era más que la de escuchar a la gente que viniese. Llevaban toda la mañana de reunión en reunión por la casa consistorial, contando a todo el que quisiese escuchar su rutina desde hace casi 500 días, desde que en medio de un montaje mediático-político-judicial, sus hijos e hijas fuesen detenidos y encarcelados por una bronca en un bar, en la noche de ferias. Rutina que consiste en contar a todo el mundo la injusticia que están viviendo, los ocho jóvenes, las ocho familias, las cuadrillas de los ocho, los conocidos de los ocho y de sus familias y sus amigos, un pueblo entero.

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Más allá del discurso que recoge el relato de los sucedido, más allá de escuchar esa parte ya conocida por nosotros, más allá de recibirles, algo que también hizo esa mañana el representante del PSN para poder mostrarles la mayor de las frialdades posibles ante su caso, me interesaba saber cómo estaban ellos personalmente. Es fácil imaginar lo qué puede sentir una madre o un padre cuando su hijo está sufriendo esta injusticia, pero aún y todo quería escucharlo de sus propios labios.

“Tenemos la sensación de estar viviendo una pesadilla, una pesadilla que andaban buscando hace tiempo y casualmente nos ha tocado a nosotros”. La certidumbre de que esta situación era algo buscado es algo que tienen más o menos claro en todo el pueblo. No fue algo casual. Casual fue la riña en el bar, pero las consecuencias no. Eso estaba más o menos preparado y lo aprovecharon.

“Vivíamos tranquilamente, cada vez más. El ambiente estaba cada vez más reposado, los miedos se iban alejando. La gente más joven, la última generación de gente joven, no vivió los años duros de la represión. Todo eso se truncó de repente. El miedo, la tensión, las ansiedades volvieron de un día para otro. Retrocedimos veinte años en el tiempo”. Un pueblo constantemente represaliado y perseguido, ya desde que se declaró fiel con la República en el 31, con la tasa más alta de encarcelados por la insumisión, con un atosigamiento constante. Todo aquello se iba superando poco a poco, la convivencia se iba rehaciendo y de repente todo aquello se esfumó. Y se esfumó porque así quisieron que pasara.

 

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Un pueblo cada vez más comprometido con el euskera, con la cultura, con formas de emprender y encarar la vida. Un pueblo que en las dos últimas legislaturas ha tenido ayuntamiento abertzale. Un pueblo que sonreía y aún sonríe al futuro. “Nos la tenían guardada, no podían permitir que empezásemos a construir en vez de simplemente resistir”.

“Siguen sin entender porqué les está pasando todo esto. Salieron una noche de fiesta y ya no volvieron. Una bronca en un bar se convirtió en un hecho para ejemplarizar a todo un pueblo, a todo el valle, a todos esos pueblos que desde la rebeldía quieren construir su futuro”. Chavales de alrededor de 20 años, con peticiones fiscales de hasta 62 años. Saberte objeto de una venganza desmedida tiene que ser una losa muy pesada encima de ti, quizás demasiado pesada. Pero no están solos.

“En este tiempo hemos conocido a personas maravillosas. Gente que nos ha dejado dormir en sus casas cuando hemos salido a contar el caso. Una solidaridad inmensa y creciente que cada día nos fortalece y nos impulsa a seguir luchando”. Qué duda cabe que la solidaridad tiene esa función. Arropar, apoyar, impulsar, estar ahí, acompañar.

Por eso, en un momento dado, más allá de sentir muy adentro el sufrimiento de esas madres y padres, pude sentir el orgullo de estar delante de personas que con gestos muy pequeñitos se están enfrentando a un gigante desbocado y lleno de ira. Y no tengo duda que con nuestros pequeños gestos, el de cada una de nosotras y nosotros, conseguiremos un día que el gigante empiece, siquiera, a replantearse su odio. Las grandes victorias, esas que no salen en los libros de historia, porque son victorias que las consiguen la gente de la calle, son victorias conseguidas paso a paso. Por eso es importante que hoy en el pleno de Iruñea, a pesar de UPN y pese a PSN, se apruebe una declaración en solidaridad con los encausados de Altsasu. Por eso es tan importante en esta lucha, que todas y todos participemos en la manifestación del 14 de abril, para gritar una vez más #AltsasukoakAske!!!!!!!

tarde de domingo en libertad

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Después de un año, de aquel aciago domingo en que llegamos a un pueblo, Altsasu, tomado militarmente, después de un año en el que varios jóvenes del pueblo han vivido prisioneros de una política vengativa y obsesiva, hemos vuelto a las ferias, con Amaiur ya con 15 meses, siendo una bocanada de aire fresco en nuestra rutina y viva imagen de la inocencia y el descubrimiento. Caballos y yeguas, vacas del Pirineo, ovejas latxas, queso, miel, pan recién horneado en leña, pasteles vascos, talos de harina de maíz, euskera, vermuth, comida, una buena conversación, una hospitalidad hecha desde el cariño y agradecida con sinceridad y vuelta a la vieja Iruñea. Y mientras tanto, durante todo este día de libertad, gentes de muy lejos, física y mentalmente, gentes que no pueden entender nada de lo que yo hoy he vivido, han estado mandando mensajes a mi Twitter, mensajes de odio, insultos y amenazas. Nada del otro mundo, últimamente es lo general desde España. Y mientras escucho la suite francesa nº 1 de Bach, mientras el sonido de la danza se adentra en mi ser, mientras la música serena la tarde, ocho jóvenes no saben lo que les deparará el futuro en manos de esa “justicia” español y tres siguen encarcelados. Nubes negras. Me adentro en Bach y disfruto de una libertad que ese odio tuitero no me quita y que esa gente que vomita por las redes sociales no podrá tener jamás. Mañana más y mejor.

recuperando a Eladio

Hoy, 16 de septiembre de 2017, por fin se empieza a saldar una deuda con Eladio Zilbeti, co-fundador de Osasuna, que parece ser fue quien le puso el nombre euskaldun al club, militante de ANV y fusilado en el frío invierno de 1937, seis meses después de que los fascistas diesen el golpe militar a la República. Todo el honor y la memoria para ti, Eladio.

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Han tenido que pasar 80 años para que la sociedad empiece a recuperar su memoria de manera oficial. Hace unos años afortunadamente hubo quien empezó a rescatarla mediante artículos, como el periodista Ivan Giménez. Sea como fuere, seguidores del club rojillo, englobados en Sadar Bizirik, pidieron a la junta osasunista que solicitara al Ayuntamiento que pusiese el nombre de Eladio Cilveti Azparren a una de las calles que rodean el estadio del Sadar, concretamente a la que da a las oficinas del club y que hasta hoy tenía como nombre la continuación de la calle que le da la vuelta, la calle Ana de Velasco. Dicho y hecho. El alcalde, de quien depende las competencias para nombrar calles, elevó a la Junta de Gobierno la propuesta osasunista y esta fue aprobada hace dos semanas.

Zilbeti, uno de los fundadores de Osasuna allá por noviembre de 1920 y quien dicen que le puso el nombre, el único de los grandes clubs vascos que lleva el nombre en euskera, era también militante de Acción Nacionalista Vasca (ANV). Por ese motivo fue fusilado, asesinado, no en el impulso de los primeros días tras el golpe militar impulsado desde Iruñea por el general Mola, si no seis meses después, en Etxauri, junto a decenas de compañeros por las libertades. Seguramente, entre los fusilados junto a Zilbeti, se encontrarían militantes republicanos, socialistas, abuelos de aquéllos otros socialistas que impulsaron, junto al PP en el que hay muchos nietos de los que fusilaban, la ilegalización de ANV en su desesperada guerra contra el independentismo vasco. Esa es la desgracia de esos nietos. Otros nietos pueden tener la cabeza bien alta, con orgullo y desde luego con más coherencia que ellos.

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Es momento de agradecer, de seguir agradeciendo, el inmenso trabajo que han realizado y realizan las asociaciones memorialistas, algunos periodistas comprometidos y en este caso concretamente a todos esos seguidores rojillos que se han empeñado en recuperar la memoria, en este caso, de Osasuna. Otro día será momento de hablar de las vergüenzas del Régimen con este club al que intentaron, sin éxito, sumar a su chiringuito.

Hoy a las diez de la mañana, cuando el alcalde de Iruñea, joseba Asiron, descubra la placa con el nombre de la calle de Eladio Zilbeti, la que da a la entrada a las oficinas del club, sonará el himno de Osasuna en el corazón de muchas y muchos y en la memoria de aquellos que ya no están. Por ellos y por ellas. Gora Osasuna!!!

¿somos conscientes?

El miércoles acompañé al alcalde de Iruñea, Joseba Asiron, a Gasteiz, a participar en una jornada organizada por las compañeras y compañeros de EH Bildu de la capital alavesa. Una jornada que llevaba como título Dictadura franquista: impunidad o justicia y que ahondó en el modelo emprendido en Iruñea de cara a recuperar la memoria en este periodo. Las más de 100 personas que se reunieron en la Plaza de la Provincia, frente a las Juntas alavesas, escucharon y agradecieron el recorrido que el alcalde hizo al respecto.

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Iruñea, ciudad de 200.000 habitantes, y que en el 36 contaba con 40.000, cuna de fraguas, cálculos y preparaciones del golpe militar contra un gobierno democrático y que, pese a no tener un frente de guerra en los años siguientes al golpe, asesinó a 300 vecinos fusilándolos y golpeó mediante la represión directa a más de 5000 vecinas y vecinos. Pasaron 40 años de represión y otros 40 de silencio, porque, pese a la mal llamada Transición, estos asesinatos y persecuciones ideológicas no tuvieron, en casi 80 años, ningún tipo de reparación por parte de instituciones y gobiernos. Y Joseba ahondó en la necesidad de avanzar hacia la reconciliación y la convivencia en una ciudad que había visto morir violentamente a 300 vecinos por parte de la Dictadura franquista, 27 por parte de ETA y 4 por parte de fuerzas policiales.

Y es que la convivencia ha sido la base en todo movimiento emprendido desde el Ayuntamiento del cambio. Ese es el objetivo principal en el cambio de denominación de la antigua Plaza de Conde Rodezno a Plaza de la Libertad, porque era inconcebible que en esta segunda década del siglo XXI todavía existiese una calle dedicada al primer ministro de Justicia franquista, que firmó más de 50.000 ejecuciones en el tiempo en el que desempeñó su cargo. La convivencia fue también el leitmotiv para la exhumación de los generales golpistas e ideólogos de su dureza y represión, Mola y Sanjurjo. Una exhumación que se hizo con el respeto que todavía hoy miles de fusilados no han tenido y siguen esperando en las cunetas y fosas por todo el Estado. Y la convivencia fue, junto a la memoria y la justicia, el objetivo principal en la creación de la Oficina de Víctimas que estuvo abierta varios meses recogiendo las declaraciones de personas represialadas y los testimonios de familiares de fusilados. El alcalde dio especial importancia al convenio de colaboración firmado con la UPNA y el equipo de trabajo del historiador Emilio Majuelo.

Posteriormente fue el turno de Carlos Otxoa, antiguo concejal en Iruñea por Euskal Herritarrok y miembro destacado del movimiento memorialista de Nafarroa. Porque si algo ha quedado claro es que para que ocurriese lo que acababa de contar Joseba Asiron tuvieron que darse dos circunstancias y un hecho. La primera circunstancia fue la llegada de un Ayuntamiento del cambio formado por un gobierno municipal de fuerzas progresistas y la segunda, aunque primera, sin duda, en importancia, el trabajo realizado durante décadas por las organizaciones que trabajan la Memoria Histórica, porque sin ellas todo eso habría sido imposible de realizar. El hecho fue la necesaria colaboración entre estos colectivos y el Ayuntamiento.

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Carlos se refirió y ahondó en la presentación de la Querella contra los crímenes franquistas, conocida también a veces como Querella argentina, que fue presentada en marzo por el propio Ayuntamiento. Esto supuso situar a Iruñea como referencia internacional en la dinámica por recuperar, no solo la memoria, si no la justicia debida a todas las personas represaliadas y en el camino hacia la reparación de todas ellas.

Pero Carlos hizo una referencia que me dio pie a la reflexión y a la certidumbre en la necesidad de que nunca se olvide lo sucedido. Carlos dijo si éramos conscientes de lo que había supuesto la represión franquista, concepto que, si no se ahonda, corre el riesgo de quedarse en una expresión más, sin matices que le doten de humanidad. La represión franquista supuso 300 asesinados en Iruñea, fusilados muchos de ellos contra los muros de la Ciudadela iruindarra, más de 5000 represialados directos, desaparecidos, personas que fueron torturadas, encarceladas, despedidas de sus trabajos, humilladas públicamente, como todas aquellas mujeres que fueron obligadas a pasear por la Plaza del Castillo después de haberles obligado a beber aceite de ricino y mientras se cagaban piernas abajo para disfrute de todas las personas que asistían al espectáculo. Hubo personas que perdieron sus negocios, requisados, esto es, robados, por los vencedores golpistas, hubo, desde luego, quien enfermó y murió a causa de esa represión, quien tuvo que abandonar a sus hijos, quien tuvo que dejar la escuela porque había que trabajar para llevar unas pesetas a casa, quien se quedó en casa, sin salir, durante años. Hubo personas obligadas a hacer trabajos forzados, como esclavos, y hubo personas, muchas, que fueron obligadas a callar, a guardar silencio y a compartir la vida con quienes en realidad se la habían arrancado de cuajo. Todas ellas eran personas, con familias, con sentimientos, con vidas, que iban a jugar a cartas, que compraban en la plaza, que jugaban en los parques de la ciudad y que sufrían para ganarse el sueldo. Personas. ¿Somos conscientes de eso?

La verdad, la justicia y la reparación son necesarias para recuperar una parte de nuestra historia, desde luego, pero son, sobre todo, imprescindibles para recuperar la dignidad de muchas vidas, individuales y colectivas, que en un momento, a partir de julio de 1936, fueron borradas, tachadas y silenciadas. Por todas ellas y ellos y por nosotras y nosotros, por la convivencia, es necesario seguir trabajando en favor de la memoria y la justicia. En Gasteiz lo van a hacer. En Iruñea tenemos que seguir haciéndolo.

ataque al cambio

Ayer, tras el último ataque al euskera, el segundo de esta semana tras el corte de emisiones de ETB deribadas de una denuncia, el enésimo en un día a día en el que las personas euskaldunes vemos ninguneados nuestros derechos, mantuve un debate sobre cuál era el objetivo de todo esto.

Por un lado, el Régimen en toda su complejidad, tiene claro, al igual que quienes sostenemos el cambio, que el euskera es, o debería ser, una de las bases del nuevo tiempo que vivimos. Lo es, porque es parte principal del modelo político y social que algunas de esas fuerzas que forman parte del cambio impulsan-impulsamos. Y no, no se trata de imponer el euskera en todos los rincones de Nafarroa, si no de dar posibilidad real de que el euskera llegue a todos los txokos de Nafarroa. En Iruñea, ciudad con dos idiomas, donde el 30% de la escolarización es en modelo D y en donde el 37,7% de madres y padres quieren ese modelo para el servicio de Escuelas Infantiles, no solo se trata de presentar al euskera como una imposición, si no se trata de que el euskera no recupere espacio ni mucho menos avance en la ciudad. De ahí la lógica de intentar impedir por todos los medios posibles la implantación de dos nuevas escuelas infantiles en euskera. Cuantas menos escuelas infantiles en euskera, menos matriculación en el modelo D habrá en los años posteriores. Cuanto menos modelo D, menos euskera. Sencillo.

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Por otro lado este ataque a dos escuelas infantiles supone una agresión directa al cambio que la ciudadanía, mayoritariamente, decidió que se diese en Iruñea. Hace un año, en las elecciones municipales, más allá de los partidos del cambio que cada persona pudiese votar, hubo un voto a favor del cambio en sí. En los días posteriores a las elecciones el mensaje fue claro. Haced lo que queráis, pero hacedlo para que el próximo Ayuntamiento de Iruñea esté gobernado por el cambio. Y así se hizo. El Régimen, lo que no consiguió por las urnas, lo que no ha conseguido jamás en la calle, lo quiere conseguir con la ayuda de decisiones judiciales. Lo que aquí está en juego es el propio cambio. Con estos ataques pretenden dar la sensación de que no se gestiona bien, cuando está claro que en este año se ha avanzado en Iruñea más que en los últimos 14. Obvian que esta gestión, a diferencia de la suya, tiene como pilar fundamental la defensa del interés general y de los servicios públicos. Y claro que sí, este modelo de gestión tiene un damnificado que no es otro que el propio modelo de cortijo, chiringuito y corralito impulsado por el propio Régimen. Otra de las consecuencias de estos ataques es presentar a Iruñea como una ciudad donde la convivencia está en peligro. Se confunden de lleno y olvidan que el Alcalde Asiron y el resto del gobierno municipal firmaron un acuerdo en el que el primer objetivo era y es impulsar la convivencia en la ciudad, una convivencia seriamente dañada tras años de gobiernos del Régimen. En un año el clima de convivencia en esta ciudad ha ido saliendo de los nubarrones en los que el Régimen la había llevado.

¿Es un ataque al euskera y a los derechos de las personas euskaldunas? Evidente. ¿Es un ataque al modelo de ciudad y de gestión de esta ciudad que impulsa el cambio? También. ¿Es un ataque a la convivencia en Iruñea, base del cambio? Absolutamente. Nos encontramos, por lo tanto, ante una agresión orquestada contra el cambio en Iruñea. Que no nos confundan. El Régimen quiere recuperar, como sea, los privilegios que la ciudadanía, en su mayoría, les arrebató en mayo de 2015. Unos privilegios que desaparecieron, con el cambio, dando el protagonismo a los derechos de toda la ciudadanía.

Ante estos ataques, la única manera de defender lo que queremos es saliendo a la calle, trabajando todavía más desde los agentes sociales y colectivos de la ciudad y fomentando la sinergia entre la ciudadanía y el ayuntamiento para llevar adelante los cambios que hay que seguir poniendo en marcha.

gigantada

Ayer Alde Zaharra era un hervidero de gente y sobre todo, de silletas. Dentro de los actos organizados para festejar el Día Internacional del Autismo había preparada una concentración de alrededor de 120 gigantes de toda Nafarroa que, desde la mañana, hicieron el recorrido por Carlos III hasta la Plaza del Castillo. A eso de la una de la tarde, cuando iba hacia allí, la sensación de estar en un día de Sanfermines, sin ropa de blanco ni pañuelos al cuello, fue creciendo conforme me acercaba. En Estafeta fue, poco a poco, avanzando el Iruñean kantuz que todos los primeros sábados de mes cantan las viejas y antiguas canciones y coplas en euskera. El buen tiempo y el vino y los vermuts, propiciaron un ambientazo con el sonido de las gaitas, de algún txistu y de la txaranga que tocaba con la última comparsa del desfile.

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Y terminado el paso de toda la gigantada por la Estafeta la gente volvió a tomar el centro de la calle despejada ya de silletas, críos, madres y padres, pero con el buen ambiente presente. Y en estas estábamos cuando me encontré con un conocido que iba con su madre y mira por dónde, que la señora en cuestión era la última hija de Pedro Trinidad, aquel legendario portador de los gigantes de Iruñea que, sobre todo, se hizo famoso por su gracia bailando la europea. Tan bueno fue en este cometido el carpintero de oficio que, al morir en 1947, el Ayuntamiento acordó una pensión anual a su familia por valor de 3.000 pesetas. En medio del vermut, con ganas de hablar que estábamos todos, la señora me contó también que en su día, su padre, estando por la Magdalena, vio que unos chavales estaban en apuros en el río y le dijo a uno de los carabineros que se encontraban al cuidado de la ribera del Arga que hiciese algo, que se lanzase a sacarlos de allí o iba a haber alguna tragedia. Y resulta que aquel señor carabinero en concreto le contestó que él poco podía hacer ya que no sabía nadar. Así que el bueno de Trinidad, en mitad de su digestión, se lanzó al agua y sacó a los seis chavales que estaban a media lucha con las aguas del río. Y por eso, el bailador de la europea recibió la Cruz de Beneficiencia por tan heroico salvamento. Eran otros tiempos, sin duda, pero tiempos que conviene no olvidar porque guardan parte de nuestra propia idiosincrasia y manera de ser.

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Y hablando y hablando, llegó la segunda parte de esta señora que, con cierta amargura, me contó que Pedro tenía un hermano, Juanito, que era zapatero, que era un buen hombre que no cobraba los arreglos en los zapatos a la gente necesitada y que su zapatería de la calle del Carmen era un lugar donde esta gente sabía que podía contar con la generosidad de Juanito. Y me dijo, también, que a Juanito cuando bebía sus txikitos se le soltaba la lengua y que de vez en cuando le daba por gritar a la parroquia del bar de turno un “¡Que se muera Franco y Viva la República!” Ahí es nada. No estaban los tiempos para esas sinceridades. Y la hija del portador de la europea me dijo que un día, en verano, su tío Juanito se fue a Donostia a pasar el día y ya nunca se supo nada más de él. Y es que resulta que en esos tiempos a Paca la Culona (mote con el que uno de sus generales llamaba al dictador) le gustaba pasar unos días en la capital guipuzcoana y se puede imaginar cualquiera la cantidad de policías, secretas y matarifes que en esos días se dedicaban a meter su puto morro en cualquier txoko donostiarra y, desde luego, también en las tabernas. Así que la familia piensa que, seguramente, en una de esas rondas txikiteras de Juanito, se le habría soltado la lengua, con tan poca fortuna de hacerlo delante de quien no debía hacerlo. ¿Dónde habría acabado Juanito? La familia preguntó en muchos sitios sin nada de suerte. ¿Aparecerán algún día sus restos en algún paraje cercano a Donostia? ¿O quizás, como me decía el conocido, se lo habrían llevado en barca mar adentro y lo soltaron con unas buenas piedras amarradas a su cuerpo? ¿Qué fue del bueno de Juanito, el zapatero de la gente pobre?

La suerte de muchos Juanitos es todavía una incógnita que, en muchos casos, será difícil que se aclare y no sabremos nunca la verdad, por mucho que la podamos imaginar. En 2016 todavía hay familias que lo único que saben es que un día su familiar salió y ya no volvió nunca más. La victoria fascista se había producido años atrás. Corrían los años 40 y estas desapariciones estaban a la orden del día. Escalofríos. Y memoria. Que nunca se nos olvide lo qué pasó. Por mucho que algunos pretendan pasar página rápidamente. Aún hay personas que siguen buscando a su gente desde la negritud de aquellos tiempos.

alcaldes por la excarcelación de presos y presas enfermas

Hoy los alcaldes de Donostia, Eneko Goia, Iruñea, Joseba Asiron, Gasteiz, Gorka Urtaran y Errenteria, Julen Mendoza, han hecho pública una carta en la que piden la excarcelación de las presas y presos enfermos y para quienes tienen más de setenta años.

Si bien es verdad que el fin de las medidas de excepción que se aplican a las presas y presos políticos vascos vendrá a través de la movilización y el compromiso popular, no es menos cierto que una declaración firmada por cuatro alcaldes de Hego Euskal Herria, siendo dos del PNV y dos de EH Bildu, tiene un eco mediático importante. Sirve, en primer lugar, para dar a conocer y socializar la situación de estas personas presas, y lo segundo, para, políticamente, impulsar el compromiso social para la solución de esta situación y finalmente para situar la necesidad urgente de terminar con la política vengativa e inhumana del Estado español contra las presas y presos vascos en la agenda de este pueblo.

Más allá de las críticas que se puedan hacer a alguno de los partidos de los que forman parte los alcaldes firmantes, la virtud de esta carta es la sinergia desde posiciones políticas diferentes para buscar solución a una situación que no puede alargarse más en el tiempo.

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Esta es la carta íntegra:

POR LA APLICACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS PERSONAS PRIVADAS DE LIBERTAD GRAVEMENTE ENFERMAS

Los que suscribimos el presente escrito lo hacemos desde una firme convicción que compartimos: la defensa de todos los derechos humanos de todas las personas. Derechos de los que todas las personas somos titulares, también aquellas privadas de libertad.

Además, nos une a los cuatro alcaldes de diferente ideología el hecho circunstancial de contar en nuestros municipios con personas presas que se encuentran gravemente enfermas, o aquellas otras que ya han superado los 70 años de edad. Son estas circunstancias, y el hecho de que sus derechos no están siendo respetados, las que nos llevan, en ejercicio de nuestra responsabilidad y desde una óptica estrictamente humanitaria, a trasladar nuestra posición y a solicitar la excarcelación de estas personas, así como de cuantas otras se pudieran encontrar en la misma situación.

Cuatro son las razones que nos llevan a sostener esta posición: la primera, el respeto a la dignidad de las personas, incluida la de aquellas que se encuentran en una situación de privación de libertad. Creemos en una sociedad donde los poderes públicos sean los veladores del respeto a la dignidad humana de todas las personas, porque creemos que una sociedad que vulnera el principio máximo de la dignidad humana es una sociedad quebrada en lo humano y con enormes carencias democráticas. El mantenimiento en prisión de una persona gravemente enferma e incurable sin las debidas condiciones para el tratamiento de su enfermedad atenta contra la dignidad de esa persona.

La segunda de las razones reside en nuestra posición firmemente contraria a la aplicación de penas inhumanas, no solamente en su establecimiento o fijación, sino también en el devenir de su ejecución. La permanencia de una persona gravemente enferma e incurable en una situación de privación de libertad no solo supone romper el principio del respeto a la dignidad humana, sino también supone en muchos casos una doble pena sobre la persona, porque el sufrimiento, y por ende el castigo sobre esta persona privada de libertad, crece exponencialmente en comparación con cualquier otra persona recluida.

La tercera, el estricto cumplimiento de la legalidad aplicable a estas situaciones, y que en estos casos no se está produciendo por consideraciones que exceden el ámbito de lo estrictamente jurídico.

Y por último, creemos que la denegación de la excarcelación de una persona presa gravemente enferma e incurable rompe el principio de la resocialización de la pena privativa de libertad. La memoria anual de la Fiscalía General del Estado de 1991 señalaba que en los supuestos de enfermedad grave e incurable «las penas privativas de libertad ya no pueden cumplir su fin primordial de procurar la reinserción social del penado». Solo la función punitiva y de castigo de la pena puede explicar la presencia en prisión en situación de preagonía, carece de sentido orientar a la reinserción a quien solo hubiera de salir de prisión para agonizar y morir.

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Dicho esto, este principio de resocialización adquiere todavía una mayor dimensión en una situación de construcción de la paz y de la convivencia en la sociedad vasca. Sin duda alguna, y desde una perspectiva política, porque ayuda a la consolidación de la paz y elimina sufrimiento innecesario que solo hace dificultar la construcción de una nueva sociedad.

Pero también, y desde una perspectiva jurídica, porque han desaparecido las razones que la Administración del Estado pudiera entender de riesgo para la seguridad ciudadana, y porque el derecho no puede abstraerse de esa nueva realidad social, y se ha de interpretar de acuerdo a ella. Por tanto, no debiera existir impedimento político ni legal alguno para la excarcelación de las personas presas con enfermedades graves e incurables y aquellas que han cumplido los 70 años de edad.

Finalizamos manifestando nuestro firme compromiso por seguir trabajando no solamente por la defensa de todos los derechos humanos para todas las personas, sino también por responder a ese anhelo de la sociedad de construir un nuevo escenario democrático, de paz y convivencia.