sin caretas

Gracias a Eguzki Irratia y a la colaboración que hago todos los meses para su escotilla tengo oportunidad de reflexionar en voz alta, de compartir con quien quiera escuchar, pensamientos, sentimientos e ideas que pasan por esta cabeza. Y esto es lo principal, que, pese a quien pese, hay que seguir haciendo lectura de la realidad, analizar lo que sucede, por qué sucede, a quién le interesa que eso suceda y sobre todo hay que seguir intentando obtener una interpretación propia más allá de la que les interesa que tengamos.

Parece ser que algunos están empeñados en mirar con nostalgia hacia atrás y si a principios de mes volvíamos de repente a los tiempos de las macro operaciones policiales, con los uniformados ocupando las calles de nuestras ciudades y pueblos deteniendo a militantes por los derechos de los presos y presas, terminamos el mes con la resaca de una sentencia en favor de los derechos humanos que, desde Europa, ha hecho caer las caretas al fascismo ideológico imperante en la política española. Este pasado domingo, en un hecho sin precedentes, los partidos en el gobierno, tanto español como navarro, participaron en primera línea en la puesta en escena de ese ultranacionalismo español que siempre ha estado más o menos latente. Que un gobierno que, con ocasión de las imputaciones por cobros irregulares en la CAN, mostraba un conveniente respeto por los procesos judiciales y la presunción de inocencia se manifieste, ahora en la calle, contra la decisión del más alto tribunal de derechos humanos europeo es un escándalo mayúsculo que no tiene igual en Europa. Pero esta gente anda desatada, con rabia, con afán de venganza. Hace tiempo que dejaron de gestionar las instituciones pensando en el bien general, en el bien común. Quizás, mucho me temo, nunca gobernaron para toda la ciudadanía y entraron desde un principio como señoritos en cortijo. Y ahora que el día que se les eche de sus cortijos está cada vez más cerca han pasado del nerviosismo a la histeria y son capaces de quitarse las caretas sin nigún rubor.

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Caretas que se quitaron para tratar de regalar unos terrenos municipales al Opus costase lo que costase. El caso de Donapea es un caso que forma parte del propio ideario de UPN. En la dictadura franquista el propio régimen se encargó de que el ayuntamiento de Iruñea regalase al Opus los terrenos para construir su universidad. Conforme pasaron los años quedó al descubierto que el Opus, al igual que el Diario golpista o el mismo UPN, forma parte de ese poder, en la sombra en muchos casos, de esas cien familias de la oligarquía navarra cuyo objetivo principal es seguir manteniendo un régimen político y económico acorde a sus propios intereses. Y es en estas donde aparece Donapea, pues resulta que esa colina aparece como un champiñón en un lateral del campus opusiano. UPN, a costa de la mayoría de la ciudad y del pleno, a costa del bien y del interés general, a costa de la propia educación ha intentado, por todos los medios, regalar ese terreno al Opus para que siga su expansión colonizadora en Iruñea. Pero resulta que se ha topado con la movilización de una sociedad cada vez más escandalizada y harta de los tejemanejes que Barcina, Maya y compañía acostumbran a hacer. Más allá de los oscuros movimientos, y de verdad que son oscuros, algún día verán la luz, más allá de esos oscuros movimientos que se han realizado en torno a este asunto y en el que no solo ha participado UPN, ha sido la movilización de la ciudadanía, de la mayoría social y política de Iruñea y de la propia comunidad educativa la que ha obligado al propio Opus ha salir públicamente desistiendo, de momento, de su intención de construir tres centros de investigación en los terrenos de Donapea. Y que nadie se despiste, pues raras son las veces en que el Opus sale públicamente hablando de sus propios intereses inmobiliarios. Y que nadie eche las campanas al vuelo pues ni el Opus, ni UPN, ni Diario de Navarra (y los tres están en el ajo), son de los que aceptan perder, ni mucho menos perder a causa de una victoria popular.

Y hablando de victoria popular, ese fue el sentimiento de miles y miles de iruindarras cuando el 6 de julio se desplegaba una ikurriña gigante en la Plaza del Ayuntamiento para consternación del fascio. La persecución ideológica que supone la Ley de Símbolos, creada ad hoc por UPN y PSN, fue superada con creces por unas personas que llevaron adelante su compromiso con un símbolo de esta ciudad, como es la ikurriña, y los cortijeros, todos ellos, se llevaron las manos a la cabeza clamando venganza. Y así fue como en este octubre veraniego 6 personas fueron detenidas acusadas de colocar una ikurriña en una plaza de esta ciudad. Y para semejante despropósito utilizaron todos los medios posibles, medios que no se utilizan para dejar al descubierto los chanchullos que están acostumbrados a realizar. Huellas dactilares, pruebas de ADN, seguimiento de tarjetas de crédito, teléfonos intervenidos… todo, por colocar una ikurriña. Y ya lo ha avisado un ex-juez del Tribunal Supremo, que la justicia y los medios de ésta no están para bobadas y razón no le falta al señor aunque, mucho me temo, las cosas serias de la justicia seguirán esperando en el limbo hasta el día del juicio final. Y como les faltaba señalar al enemigo, a su verdadero problema, llamaron a declarar en calidad de imputada a una concejala de EH Bildu, porque tenía llamadas de teléfono con uno de los detenidos. Y poco importaba que supiesen que esas llamadas eran por motivo de una moción presentada en el último pleno antes de sanfermines. La cuestión era y es señalar y despistar al personal, desviando las miradas y la atención de lo que verdaderamente nos importa a la ciudadanía.

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El caso es que, en mitad de ese pretendido despiste, UPN aprobó en el pleno del día 18 con los votos de Geroa Bai, PSN y PP las tasas y precios públicos para el año 2014. Esto es, aprobó lo que nos van a cobrar a las vecinas y vecinos para llevar adelante su presupuesto. Desde EH Bildu se llevó un propuesta en donde se apuesta por congelar las tasas que nos afectan a todas y todos, por ajustar las puntuales, por un aumento de la progresividad, esto es, para que los que más cobran paguen más, en estos tiempos en donde las desigualdades sociales son cada vez más agudas  se apuesta por implementar unas bonificaciones sociales de hasta un 95% y por actualizar los precios de la zona azul dentro de un nuevo modelo de movilidad. UPN presentó una propuesta totalmente contraria a esto. Y eso es lo que apoyaron Geroa Bai y PSN.

Seguiremos apostando por construir un nuevo modelo de ciudad entre diferentes, porque precisamente eso es lo que no quieren los de las caretas.

Artículo en base a una colaboración en el programa La escotilla, de Eguzki Irratia.

Por cierto, la infografía de EH Bildu Iruñea muy buena y sobre todo clarificadora. Para ver la infografía más grande pinchar sobre la misma:

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ikurriña, la iruñea que quieren silenciar

Inevitablemente el lunes me acordé de mi abuela Pilar y de su familia que tuvieron que esconder su sentimiento vasco en su propia ciudad, que tuvieron que callarse durante 40 años en donde se negó a base de cunetas, prohibiciones, persecución y silencio la lengua, el pensamiento, los símbolos y hasta la propia identidad. Eran una familia de Iruñea, como cualquier otra, con una zapatería, con afición a la música, con apego a sus tradiciones y con un inmenso amor por su ciudad, Iruñea. Pero eran nacionalistas.

77 años después a sus nietos y nietas, junto con gran parte de esta ciudad, también se nos persigue y se nos castiga con multas por ser vascos en la capital de Euskal Herria. Y también uno de nuestros símbolos, como es la ikurriña, hoy en día, en esta no-democracia de pacotilla, está perseguida con una obsesión como solo la puede tener UPN. Y es entonces cuando uno se pregunta porqué, siendo como soy de Iruñea, se me niega la posibilidad de que el símbolo que me representa pueda estar en igualdad de condiciones. Y pienso… y voy obteniendo respuestas.

El lunes seis personas eran detenidas acusadas de “desórdenes públicos” por colgar una ikurriña de grandes dimensiones en la Plaza del Ayuntamiento en el transcurso del txupinazo del día 6 de julio. ¿Qué desórdenes puede ocasionar este hecho en una plaza que en esos momentos es el desorden personificado? ¿Para quién puede suponer esta imaginativa acción un desorden en su orden particular? ¿Qué se esconde detrás de la histérica reacción del binomio UPN-PSN principalmente? Más preguntas que la reflexión intenta aclarar intentando ver más allá de un hecho concreto.

A última hora de la tarde del mismo día, cuando Patricia, concejala de Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, me llamó para decirme que le habían citado al día siguiente para declarar como imputada por “los desórdenes del 6 de julio” tuve una primera reacción natural de rabia e indignación ante ese atropello. Conforme pasaron las horas el análisis fue acelerándose en los resultados. ¿Qué motivación puede tener esta UPN moribunda para impulsar que se impute a una representante de la ciudadanía por la colocación de un símbolo querido y que visualiza a casi la mitad de la ciudadanía?

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La obsesión del Régimen más allá de una bandera, es lo que representa esa bandera. La ikurriña en tiempos de mi abuela Pilar fue perseguida porque representaba justamente lo contrario que los golpistas liderados por Franco y Mola. Esa bandera empezaba a simbolizar por ejemplo las miles de navarras y navarros que se plantaron ante la Gamazada en 1893 y 1894, o, tal y como recoge Jimeno Jurío en su libro Navarra jamás dijo no al estatuto vasco, la ola de reivindicaciones autonomistas que recorría Navarra a finales de la década de 1910, aquella bandera empezaba a ser reflejo de aquella Asamblea Municipal de 1931 en donde se aprobó el Esatuto Vasco-Navarro, aquél estatuto que mediante importantes irregularidades no pudo ser refrendado en la Asamblea de 1932 (me remito de nuevo al trabajo de Jurío). Eso es lo que persiguieron incansablemente los cuneteros golpistas que, no lo olvidemos, comenzaron su peregrinaje de totalitarismo en aquélla Iruñea en ebullición del 18 de julio de 1936.

Ya en la dictadura, la ikurriña se convirtió en símbolo de la batalla por las libertades, en la imagen de la lucha contra el franquismo y todo lo que representaba y en los años finales del régimen dictatorial vino a simbolizar el renacer cultural, social y político de Euskal Herria. Muerto Franco, y tras un tiempo en que las fuerzas políticas se resituaron, se abordó una nueva estrategia contra la bandera legalizándola en parte de los territorios de la Euskal Herria peninsular y dejándola en el limbo legal en el gran territorio que es Nafarroa. En 1982, en ese Amejoramiento que nunca hemos refrendado, se excluyó la bandera tricolor de las instituciones navarras hasta que en 2003 el Régimen (UPN-PSN y aledaños) se dotó de una ley con la que continuar su particular guerra contra la ikurriña en Nafarroa. Pero no nos quedemos exclusivamente con la persecución a una bandera. La Ley de Símbolos, al igual que otras leyes promulgadas en Nafarroa, como la del Euskera, tienen un objetivo claro y principal: eliminar toda referencia a la identidad vasca de Navarra.

En esta última década y más en los últimos años las banderas han sido la excusa que el Régimen ha tomado para posicionarse y actuar contra cualquier proyecto que vaya contra sus intereses económicos y políticos. La ikurriña les molesta porque es, como en el franquismo, un símbolo de la lucha por las libertades y por un modelo diferente de sociedad en Euskal Herria. En este caso, UPN reconoce en la centenaria bandera el sentimiento de gran parte de esta ciudad por construir un modelo diferente para Iruñea. Ese y no otro es el quid de la cuestión, ese es el nudo del debate. Por eso es necesaria una lectura política que vaya más allá en un esfuerzo porque los árboles no nos impidan ver el bosque. Es imprescindible trabajar conjuntamente entre diferentes para derogar una ley que margina a gran parte de la ciudadanía y, sobre todo, margina e intenta anular el proyecto político y social de esa ciudadanía. La ikurriña, al igual que otros símbolos y banderas, debe tener la misma visibilidad y debe gozar de los mismos derechos. Pero sobre todo es urgente y necesario ponerse a trabajar conjuntamente para ir construyendo la Iruñea integradora que la ciudadanía necesita. Esa construcción debe empezar ya en las calles, en los barrios, en los centros de enseñanza y desde los puestos de trabajo y tiene que llevarse a cabo también desde el propio ayuntamiento.

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La estrategia del Régimen pasa por silenciar, como hace 77 años, a gran parte de las vecinas y vecinos de Iruñea y por eso debemos ser conscientes de que estos ataques no pueden, de ninguna de las maneras, condicionar el ilusionante trabajo de construir una Iruñea donde la ciudadanía sea protagonista indiscutible. Responderemos puntualmente a estos ataques, a estas agresiones, naturalmente, y volveremos a utilizar la imaginación en esa respuesta, pero la mejor respuesta es renovar nuestro compromiso por ese nuevo modelo de ciudad. Debemos continuar nuestra labor en los barrios y en los colectivos sociales de Iruñea y, desde luego, en el ayuntamiento de Iruñea, trabajando codo con codo, debatiendo y llevando adelante propuestas constructivas que materialicen, de una vez por todas, una Iruñea en donde los derechos de todas y todos sean respetados y en donde todos los proyectos tengan las mismas oportunidades.

P.D.1 Pasadas las 11.30 Patricia salió tras declarar ante el juez y después de comunicarle que no estaba imputada. Parece ser que le querían acusar, y por ahora no lo han hecho, de ser la autora intelectual de la acción de la ikurriña gigante. A las dos y cuarto de la tarde salieron los seis detenidos con la obligación de presentarse mensualmente en comisaría a firmar y con cargos de “desórdenes públicos”.

P.D.2 Es esclarecedor que en estos momentos, en donde el llamamiento a construir entre diferentes el nuevo modelo de ciudad es una de las bases de EH Bildu, la teniente de alcalde Elizalde salga a la palestra con la siguiente declaración: “solicitaremos el rechazo de «la actitud de quienes aprovechan su cargo público para amparar o apoyar el incumplimiento de las normas y la imposición de su proyecto político”. Curioso que desde UPN se hable de aprovechamiento del cargo público, esclarecedor que hable, no de la ikurriña, sino de proyecto político. Silencio ante su propia imposición, desde el Amejoramiento a la Ley de Símbolos pasando por su empeño diario en anular en Iruñea cualquier sentimiento político, social y cultural que no sea el suyo propio. Eso que se llama totalitarismo, señora Elizalde, y que ustedes y los suyos practican desde tiempos de mi abuela.

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Sorprende que, en un artículo de opinión, miembros de Izquierda/Ezkerra de Iruñea hablen de la necesidad de una mirada más creativa y respetuosa con la pluralidad para hablar de un símbolo de esta ciudad como es la ikurriña. Y decimos sorprende porque, desde los partidos que conformamos Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, ese es desde hace tiempo el punto de partida para encontrar la solución a la actual persecución e invisibilización que una parte importante de la ciudadanía sentimos al imposibilitarse que nuestros símbolos estén presentes en igualdad de condiciones en las instituciones de la ciudad, y del conjunto de Nafarroa.

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La ikurriña en su estelar aparición en el txupinazo de 2013

Son más las coincidencias que tenemos ante lo que exponen en ese artículo, en la idea de que todas las sensibilidades estén igualmente atendidas y respetadas desde las instituciones, que las diferencias, en algunos casos meros matices, por otro lado, enriquecedores en este debate. Pero no queremos sin embargo entrar a exponer nuestra tesis de que este camino lo podemos y debemos hacer juntos, sin responder a la afirmación de que estamos en uno de los extremos de este debate.

En la guerra del 36 y en la posterior dictadura fascista fueron muchas y muchos los iruindarras que tuvieron que esconder sus sentimientos de identidad, su lengua, el euskera, sus ideales y símbolos. A algunos y algunas no les fue posible y pagaron con su vida. El resto tuvo que vivir en el silencio impuesto durante 40 años. Nuestro más firme reconocimiento a todos ellos. Muerto el dictador, hubo un tiempo en el que la posibilidad de vivir y desarrollar en libertad los ideales de cada cual pareció poder hacerse realidad, representada incluso en la presencia de la ikurriña en el mástil del Ayuntamiento de Iruñea. Pero fue un espejismo. Terminada la década de los 70, los poderes fácticos de Nafarroa y del propio Estado imposibilitaron, desde la prohibición y la persecución, o de facto, la presencia de símbolos de la ciudadanía como la ikurriña. Posteriormente, en el marco del régimen de colaboraciones entre UPN y PSN en Nafarroa, se prohibió en todo el herrialde mediante la Ley de Símbolos de 2003 hoy vigente, que impide, bajo sanción de inhabilitación, la presencia de la enseña vasca en todas las instituciones navarras. Por tanto, y en estas condiciones hablar de «dos extremos» en este debate es falso, ya que para que haya dos extremos es del todo necesaria una igualdad de condiciones entre todas las posiciones y proyectos, una equidad y libertad que, a todas luces, hoy en día no existe. Por eso no comprendemos que, desde posiciones de izquierda, se quiera transmitir una posición de cierta neutralidad ante la injusticia, y se equiparen discursos, actuaciones y legitimidades, como si esa persecución del franquismo contra un símbolo y un proyecto no se diera en estos tiempos.

La ikurriña presente en el balcón del ayuntamiento en el txupinazo de 1979
La ikurriña presente en el balcón del ayuntamiento en el txupinazo de 1979

El «fuego cruzado» al que se alude en el artículo lo es entre UPN y una parte cada vez más importante de la ciudadanía. UPN se empeña, día a día, en perseguir y reprimir, a base de prohibiciones, de leyes realizadas al efecto, cualquier idea, sentimiento o proyecto que ponga en riesgo sus intereses económicos y políticos. Y también, desde luego, los símbolos que no se ajustan a la imagen que quieren imponer de una Navarra de derechas, exponente del pensamiento único que campa a sus anchas en el Estado, y piedra angular de la sacrosanta unidad española. Por eso la ikurriña es perseguida, pero también en mayor o menor medida lo son otros símbolos como pueda ser la bandera republicana, enseña que nosotras y nosotros también respetamos.

Detrás de las banderas hay emociones, sí, pero también proyectos políticos de comunidades políticas y personas que en estos momentos ven imposibilitadas sus legítimas aspiraciones de llevar a cabo democráticamente esos proyectos. Esa es la verdadera y única imposición que existe hoy día. Y por eso creemos que el trabajo y la colaboración entre diferentes, y sobre todo, entre la izquierda debe ser uno de los objetivos que marquen nuestra práctica política. Las banderas y los símbolos nunca deberían ser objeto de imposición.

Fue UPN quien presentó una moción para condenar la presencia de una ikurriña en la Plaza del Ayuntamiento durante el txupinazo del 6 de julio. En ese acto, parte de esa ciudadanía cuyos símbolos son perseguidos hasta la obsesión, en una muestra de creatividad y de una manera totalmente pacífica, logró que la ikurriña estuviese presente. Nuestro aplauso para ellos. Nos sentimos orgullosos de que, mientras nuestros símbolos no puedan estar en igualdad de condiciones en los mástiles de la casa consistorial, haya personas que se comprometan a velar por los derechos y el respeto a los sentimientos de parte de la ciudad. Fueron las y el representante de Bildu en el Ayuntamiento y las personas a las que invitó al acto quienes sufrieron los insultos, golpes y acoso por parte de UPN, incluso por parte de miembros de la Corporación de este partido y también por parte de miembros de Juventudes Navarras. Y eso es lo que hay que denunciar.

El día 6 de julio fueron, un año más, decenas de personas, que únicamente pretendían ondear la ikurriña pacíficamente por las calles del Casco Viejo, las que sufrieron la represión de las diferentes policías en su único objetivo de impedir la presencia de la ikurriña (no de cualquier bandera). Es eso lo que hay que denunciar. Fueron otros los representantes políticos que tuvieron que recibir asistencia médica tras recibir golpes y porrazos. De la misma manera tenemos muy presentes a los 13 jóvenes que el próximo 18 de noviembre se enfrentarán a peticiones de cárcel, por querer empezar los sanfermines ondeando la ikurriña.

Por cierto, sucesos acaecidos por la represión y actuación totalmente desproporcionada de la Policía municipal. Nuestra solidaridad y apoyo a todos estos jóvenes. Y ante la represión sufrida por parte de la ciudadanía, no hay término medio. Ante esta realidad, nosotras y nosotros, desde luego, nos situamos en un extremo, en el de la defensa de la parte perseguida, reprimida y golpeada, en definitiva, en la defensa íntegra de los derechos de la ciudadanía de Iruñea.

Dijo la representante de Izquierda-Ezkerra en el pleno del 5 de septiembre que había que buscar soluciones a este tema. Así lo pensamos también nosotras y nosotros. Bildu hizo una propuesta clara en este sentido: la modificación de la Ley de Símbolos de manera que todos, en igualdad de condiciones, sean respetados en las instituciones, tomando medidas para impedir toda persecución policial y judicial en contra de los derechos de la ciudadanía. De la misma manera, es del todo necesario abordar la realidad identitaria de nuestra ciudad, «corrigiendo la actual situación y abogando por la convivencia de identidades en el respeto mutuo», algo que nosotras y nosotros vamos a promover con todos nuestros medios a la vez que defenderemos el derecho a materializar democráticamente nuestro proyecto.

Artículo de opinión enviado a la prensa y escrito en colaboración con Iban Maia, Javier Ayesa y Ainhoa Arano.

les traeremos a casa

El lunes las garras del estado fascista español nos golpearon de nuevo, y lo hicieron en donde más nos duele, en la solidaridad, en los derechos humanos y en el deseo de este Pueblo, machacado hasta la saciedad, de superar el conflicto político.

La macro-operación policial contra el movimiento Herrira nos dejó a todos, en un primer momento, noqueados, desencajados. Posteriormente, conforme íbamos conociendo el alcance de la operación y el discurso en el que se basaba fuimos conscientes de qué suponía y cuál era el objetivo de este golpe directo a toda Euskal Herria.

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El estado español tiene en estos momentos un problema de grandes dimensiones que ni sabe, ni quiere, ni es capaz de solucionar. El gobierno del PP, en plena caída libre a cuenta de la corrupción, la nefasta gestión de la crisis económica y la incapacidad de solucionar su propia organización estatal, con una Catalunya que se va y una Euskal Herria que sigue construyendo las bases de lo que un día será el Estado Vasco, está inmerso en un momento en el que tiene que ganar réditos para seguir respirando, aunque sea a base de bocanadas de aire en medio del cataclismo que vive. Ese es pues uno de los motivos por los que el lunes, en un empeño de demostrar que siguen anclados en parámetros del pasado, decidieron golpear el movimiento por los derechos de las presas y presos vascos.

En este contexto a nadie se le escapa que el proceso de normalización política pasa por un estado de inercia permanente que el PP y los poderes del estado se empeñan en mantener de cara a reforzar su actual posición ante los sectores más rancios y ultras españoles. De esos sectores dependen en gran medida las escasas posibilidades de que el partido de Rajoy pueda volver a gobernar con la intención de seguir controlando y beneficiándose de las migajas que la Unión Europea y los bancos les dejan. Mirando a casa, en Euskal Herria un PNV en alianza con el PSE deja al PP en una posición más cómoda que hace unas semanas, con un margen de maniobra peligroso. No ocurre lo mismo en Nafarroa cuya gestión (por llamarle de alguna manera) por parte de su filial UPN está en grave peligro. Es en este contexto donde el PP ha decidido, contrariamente a lo que un partido en el poder de cualquier otro lugar hubiese hecho, dar un golpe de timón en su posición ante el proceso de normalización política. De no hacer nada, de una pasividad manifiesta, ha pasado a utilizar todas sus fuerzas para descarrilar el proceso.

Herrira se encuentra en estos momentos llevando adelante una potente dinámica que no tiene otro objetivo que hacer que la grave situación de las presas y presos sea asumida por la amplia mayoría social y política vasca. Hay una serie de elementos en esta situación, como las personas a las que se les ha aplicado una doctrina injusta y siguen en la cárcel a pesar de tener que estar en la calle desde hace tiempo, o las personas que se encuentran en prisión pese a sus graves enfermedades o la propia política de dispersión que se aplica a todos y cada uno de los integrantes del Colectivo de Presas y Presos Vascos (EPPK), que en cuanto se solucionen acelerarían irremediablemente otros nudos del proceso de paz y normalización. En ello estaban las 18 personas detenidas el lunes. Conozco a varias de ellas y solo puedo decir que el esfuerzo de Imanol, Jon, Eneko, Fran o Sergio por socializar esta gran dinámica en favor de los derechos de presas y presos era y es digno de todo elogio. Por eso les han detenido, por eso pretenden seguir amordazando la voz de las presas y presos e impidiendo el avance del proceso que Euskal Herria ha decidido poner en marcha.

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Es el momento de responder como Pueblo. No hay otra, pues es la propia posibilidad que tenemos como Pueblo de avanzar, la que se encuentra en peligro. Las fuerzas políticas, sindicales y sociales tendrán que ser responsables y asumir el papel que tienen que jugar. En estos días que han pasado desde las detenciones estamos viendo de nuevo cuáles son las responsabilidades de algunos, sacando a su policía para dar cobertura a la Guardia Civil y para golpear, una vez más, a la ciudadanía que protestaba en la calle. Tenemos que ser conscientes  y somos conscientes de ello, pero más allá de las posiciones que uno u otro partido puedan tomar será la sociedad la que debamos marcar el ritmo en el camino emprendido por estos 18 militantes de los derechos y la solidaridad. De nuevo nos toca a la ciudadanía, a las personas trabajadoras y a estudiantes tomar el compromiso de llevar adelante el trabajo que barrio a barrio, pueblo a pueblo Herrira viene desarrollando en favor de los derechos de las presas y presos vascos. Somos nosotras y nosotros los que les tenemos que traer de vuelta a casa.

Por ellos, por las presas y presos y, sobre todo, por Euskal Herria, seamos responsables y asumamos nuestro papel. El papel de la sociedad. Nos vemos en las movilizaciones, nos vemos en los barrios, en las asambleas, nos vemos en el compromiso que tenemos que asumir. Porque todos somos Herrira. Porque Euskal Herria lo necesita.

Artículo en base a una colaboración en el programa La escotilla, de Eguzki Irratia.

el Escarmiento

Después de leer la última de Sánchez-Ostiz, El Escarmiento, no me queda otra que romper mi costumbre de titular las entradas de este blog en minúsculas. No pretendo condicionar el posible debate y la reflexión con un título en mayúsculas, quitando espacio al pensamiento, pero en este caso no hay manera de dejar el título en letra pequeña, pues enorme fue el Escarmiento que algunos se empeñaron en dar a sus vecinos y vecinas que creían en la libertad y la igualdad de condiciones para todo el mundo, para obreros y empresarios, para mujeres y hombres, para republicanos, nacionalistas y foralistas… Y en esas seguimos. Cada vez hay menos gente que apoya seguir pagando las cacerías de nadie, cada vez hay más gente que cree que la única salida es poder decidir soberanamente cómo hacer frente a la crisis (económica, social e institucional, se dice ahora), y cada vez hay menos gente, de aquellos foralistas, que se acuerda de lo que eran o son los fueros (lo poco que han dejado). Las consecuencias de aquél Escarmiento siguen vigentes.

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He leído la novela con ansia, poniendo cara a la tragedia de aquéllos días, recordando palabras cercanas que me decían que después, los que quedaron, tuvieron que vivir en silencio, sin mencionar, sin recordar, pero sin poder olvidar. Y es entonces cuando esas preguntas que hoy en día hacen los que siguen dando Escarmiento, desde el periódico golpista, o desde el Palacio de Navarra, o en la extinta Caja Navarra, intentando mantener el orden que consiguieron a base de cunetas, es entonces, digo, cuando esas preguntas me revuelven las tripas. La pregunta es siempre la misma, “¿para qué queréis remover nada?, “es mejor pasar página”, “todos aquéllos ya están muertos”. Y después viene lo de la reconciliación, la convivencia, patatín, patatán, cuando en realidad (¡qué claro lo dice Sánchez-Ostiz!) quieren decir olvido, para seguir manejando el cotarro, para seguir metiendo la mano y robando, bien sea el poco dinero que queda, bien sea la memoria de un Pueblo o la propia esperanza que parece renacer.

Esta obra nos golpea con una realidad bestial, una realidad que, si bien se vivió hace más de 75 años, es actual en muchas de sus caras, no porque estén vivas (la mayoría han desaparecido) sino porque son el original de muchas de esas caras que hoy día siguen por Iruñea y en el conjunto de Nafarroa, caras de los vencedores y también de los vencidos. Apellidos, familias, motes, de ayer y de hoy. Emilio Mola, general sublevado, cabeza pensante de aquélla sublevación, apodado El Director, y sobre todo autor de las directrices secretas que establecían los métodos de represión contra el bando contrario, entendiendo el bando contrario con la acepción más amplia posible. Nacionalistas, socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos, pensadores, maestras, labradores, cargos públicos de la República, militares y civiles, camareros, obreros, aprendices, burgueses, madres, hijos, jóvenes y ancianos, niñas (Maravillas, florecica de Larraga)… Todo aquél y aquélla sobre la que caía la sospecha de simpatizar con las ideas republicanas y nacionalistas y también quienes sufrieron la venganza personal por envidias y riñas de vecinos, sufrieron, de una u otra manera, el Escarmiento de una persona que, al decir de quiénes le conocieron, sólo pensaba en matar. Esa persona cuya tumba sigue en la cripta de un edificio que sigue teniendo en su frontis, convenientemente tapado (obligados), la inscripción Navarra a sus muertos en la cruzada.

Y junto a Mola estuvieron otros. Garcilaso, director del Diario de Navarra, que no sólo se dedicó a escribir loas hacia el bando fascista, y que fue parte activa en la preparación y ejecución de aquél Escarmiento. Un periódico que estuvo, como hoy mismo, en el meollo de la cuestión. Victor Eusa, arquitecto y miembro de la Junta Central Carlista de Navarra, al que las actuales autoridades siguen homenajeando, José María Iribarren, escritor y secretario particular de Mola, Angel María Pascual, periodista y destacado miembro de la Falange, Moreno, el del Hotel la Perla. Lugares como el Casino Principal, lugar donde se reunían los conspiradores, ese mismo lugar que cuelga todavía en sus balcones, en días señalados, banderas españolas y en donde se celebra el baile de la alpargata, el Diario de Navarra, ese periódico que anunció la declaración del estado de guerra con un ¡Viva España! y que sigue siendo vocero de aquéllos mismos, el Fuerte de San Cristóbal, entonces cárcel militar y el último lugar que vieron en vida muchos de los fusilados en cunetas, parajes y apartados, el Palacio de Capitanía (antiguo Palacio Real, hoy Archivo General de Navarra), sede desde donde Mola dirigió su estrategia aniquiladora, la sede del periódico La Voz de Navarra, actualmente sede del PNV, y tras la sublevación lugar desde donde se publicó el periódico Arriba España, la Plaza del Castillo, escenario principal antes y durante la guerra… Y luego lugares que no tienen nombre, porque todavía muchos no se conocen, simas, cunetas, parajes apartados, corrales, caminos, tapias, huertos que se convirtieron en cementerios de fusilados, en cementerios de una memoria que poco a poco se va rescatando.

Plaza del Castillo 1936-2011

Y vas leyendo las páginas de la novela e inevitablemente trasladas al presente personajes y lugares, porque los hijos andan por aquí y los lugares siguen aquí. Y es entonces cuando te entra la angustia al pensar el manto de silencio que cubrió esta ciudad y Navarra entera. Silencio obligado para los muertos, fusilados, silencio para las familias de aquéllos desaparecidos que no tuvieron ni una triste tumba sobre la que llorar, silencio para una población que fue testigo del horror, pero sobre todo te entra la angustia al ser consciente que era vox populi lo que estaba ocurriendo. Desaparecían los vecinos y ya no los volvían a ver, se llevaban a concejales y alcaldes sabiendo que los iban a matar, veían los camiones subir Ezkaba hacia el Fuerte, escuchaban los tiros en la noche, olían el humo de las hogueras cuando quemaban piras de libros peligrosos, a una de la calle le rapaban el pelo y le daban aceite de ricino y luego la paseaban, cagándose, por la Plaza del Castillo para mofa generalizada, el Diario de Navarra daba cuenta de asesinatos que entonces no los llamaban así, había señoritas que antes de ir a misa iban a la Vuelta del Castillo, nerviosas, para ver por vez primera un fusilamiento, algunos curas hablaban, mucho, e impartían bendiciones a quien iba al frente, ese frente lejano, sí, pero también a quien tenía que quedarse poniendo orden en el santuario de la sublevación, Iruñea. Fue un silencio obligado, sí, pero un silencio al que muchos, la mayoría, se tuvieron que agarrar  para poder sobrevivir, digo yo. Otros, también, impusieron ese silencio. Y lo siguen imponiendo.

Ese es el mismo silencio que todavía los herederos de aquéllos sublevados quieren imponer a toda costa. Un silencio que significa olvido. Un silencio que impida conocer la verdad, una verdadera justicia y la reparación de la memoria de los que tuvieron que sufrir aquél silencio, todos. Sánchez-Ostiz ha hecho un trabajo extraordinario. Un trabajo que todavía hoy, más allá de posicionamientos políticos (que también), sigue siendo incómodo en esta ciudad en la que nos conocemos la mayoría. Así que estoy totalmente agradecido a Sánchez-Ostiz por el golpe en crudo que nos ha soltado en toda nuestra cara, por contárnoslo sin pelos en la lengua, haciéndonos oler la mierda que supuso aquello y ayudándonos a comprender que el tufo actual es el hedor de entonces.

Tras El Escarmiento vino El botín, que será la continuación de la novela de Miguel Sánchez-Ostiz. A la espera quedo.

simbología

Las pintadas de ideología fascista, nazi, xenofobas y racistas aparecidas en las paredes de un céntrico instituto de Iruñea nos ofrecen una oportunidad inmejorable para reflexionar sobre simbología de corte fascista en la ciudad. La gravedad de las pintadas realizadas en el exterior de un centro educativo con la protección de la noche, pero, no lo olvidemos, en una ciudad plagada de cámaras tanto públicas como privadas y en una zona suficientemente transitada, a la vuelta de una plaza con buena visibilidad y a escasas dos manzanas del cuartel de la Guardia Civil (¿casualidad?), me hacen pensar que, desgraciadamente, no son fruto de la casualidad, ni algo aislado.

pintada fascista

En una ciudad en la que, a pesar de la existencia de leyes de memoria histórica y a pesar de las constantes denuncias populares, persisten diferentes elementos de simbología franquista en edificios públicos (ahí tenemos la laureada en el frontis del Palacio de Navarra), calles dedicadas a elementos de la dictadura franquista, e incluso escuelas públicas que llevan el nombre de dirigentes franquistas (como Victor Pradera, diputado tradicionalista y defensor de Fernando el Católico en su conquista del Reyno de Navarra) resulta que unas pintadas son borradas con rapidez por parte de UPN en el ayuntamiento tras la denuncia de Bildu, pero en cambio ese mismo partido, UPN, sigue negándose a retirar los restos de simbología fascista que quedan en la ciudad y el resto del herrialde. Una ciudad gobernada por el mismo partido que mantiene intocable un edificio en memoria de los muertos “por Dios y su cruzada” (convenientemente disimulado), en cuya cripta todavía hoy se celebran misas por el alma de asesinos como Emilio Mola, una ciudad en la que los concejales de la República fusilados durante el golpe fascista no tienen más que un discretísimo reconocimiento en una esquina del zaguán de la casa consistorial conseguido gracias a la labor y el compromiso de los colectivos en favor de la memoria histórica.

Es en esta ciudad en donde se dan las “condiciones” para que pintadas de tipo fascista, nazi y racista se realicen en un instituto, para que una pareja homosexual reciba una paliza en un parque de Iruñea y para que una laureada franquista siga presidiendo la fachada principal del Palacio de Navarra.

Es obligación de los gobernantes y dirigentes de Iruñea trabajar en favor de la verdad, la justicia y la reparación de la memoria histórica, de eliminar cualquier símbolo fascista, pero también están obligados a crear las condiciones y fomentar actitudes que favorezcan la convivencia en la ciudad, sin medias tintas.

* Por la tarde me entero que también en la sede del sindicato ELA, en el ensanche iruindarra, sufrió el ataque de los fascistas con pintadas de esvásticas en su fachada.

es necesario recuperar la memoria

Es un domingo tranquilo, de esos en los que estás descansado, de los que te levantas a las siete y media de la mañana sonriente y con la sola pretensión de desayunar tranquilamente en una cafetería mientras lees la prensa en papel, sin prisas, sin clicar los enlaces a las noticias, pasando las hojas mientras el té infusiona su hoja en la taza. El desayuno no es todo lo tranquilo que deseo. La XXXII Media Maratón de Iruñea sale a pocos metros de la cafetería en poco más de una hora y una avalancha de corredores llena el local para tomarse un último café, visitar al baño para quitarse los nervios y hablar de tiempos, calentamientos y tramos de la carrera. No es un ambiente tranquilo, pero tampoco me importa. Es una gozada ver una Iruñea tan vital el domingo por la mañana, y lo reconozco con bastante envidia, me da por tocarme la rodilla izquierda, tan machacada después de diecisiete años de dantzas, saltos, entresakas y cabriolas y me hago la promesa de visitar a un amigo fisio para que me de unos consejos que me permitan empezar a correr, sin mayor pretensión que dar una vuelta por la Media Luna. Entre las voces de los corredores logro leer la entrevista que el Noticias hace a José Miguel Nuin y aunque hay aspectos en los que no coincido hay muchos otros pensamientos que son coincidentes y me alegro. Esas son las coincidencias en las que hay que ahondar para hacer posible ese cambio político, económico y social que necesita Nafarroa.

viudas de navarra

Pasando las hojas del periódico llego a cultura y leo a María Bayo diciendo que la cultura es lo único que nos queda y sonrío porque la cultura, querida María, es lo primero que siempre nos van a intentar despojar, porque un Pueblo sin cultura es un Pueblo sumiso, es un Pueblo sin capacidad de pensamiento y es un Pueblo dormido. Por eso, María, tenemos que seguir sacando la cultura a la calle, y expresando nuestra cultura, la que tenemos cada uno y cada una dentro, y seguir leyendo, disfrutando del teatro y volviendo a maravillarnos con Don Giovanni cuando canta eso de È aperto a tutti quanti, Viva la libertà! (Está abierto a todo el mundo, Viva la libertad!). Y con el aria en mi mente llego al artículo que habla del nuevo trabajo de Miguel Sánchez Ostiz, El Escarmiento, una novela que trata sobre la obsesión de Mola, el golpista y asesino, en dar a los vascos un Escarmiento, con mayúsculas, una medida que tenga igual dimensión que el odio que nos tuvo el matón de Franco. La novela relata la preparación de ese Escarmiento, preparación en la que ese hombre, que al decir de quienes le conocieron solo pensaba en matar, tuvo la ayuda de diferentes personas, militares y civiles, entre ellos, ¡cómo no!, el entonces director del Diario de Navarra, Raimundo García “Garcilaso”. Pero nos habla no solo de los preparativos si no de las consecuencias de aquéllas acciones ejecutadas bajo la orden de “se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta…”

Se lamenta Sánchez Ostiz que quizás sea tarde para recuperar la memoria que nos lleve hacia la verdad (seguramente parte de ella), a hacer justicia y a ofrecer reparación. Nunca es tarde para eso. Quizás estén desapareciendo los testigos directos de aquellas cunetas y de esa tumbas anónimas que van tomando el nombre de los fusilados, pero no es tarde para ir sacando a la luz el horror de aquéllos días y de los que vinieron. Y buen ejemplo es la novela de Sánchez Ostiz.  Las consecuencias, en cambio están presentes hoy en día, desde las paredes de Diputación con una laureada todavía presente hasta los nombres de calles y plazas, escuelas, placas en cementerio y paredes de iglesias glorificando aquella cruzada contra la libertad. Las consecuencias son el día a día de Nafarroa. No hay más que ver quiénes siguen gobernando y robando desde sus sillones y cuál es el periódico que, a veces desde la sombra y otras veces somando sus fauces rabiosas, sigue dibujando con trazo grueso el pensamiento político de los herederos de Mola. El futuro hay que escribirlo pensando en la convivencia que tenemos que construir, pero esa convivencia tendrá que estar basada en la verdad, la justicia y la reparación. El olvido no puede ser base de esa convivencia.

Salgo de la cafetería y vuelvo a sonreír. La Media Maratón de Iruñea sale y de los altavoces del coche que abre la carrera sale a todo volumen la canción de Vendetta titulada Gora Iruñea! ¡Iruñea, despierta, hay mucho por hacer!