desde donde estés también lanzarás el txupinazo

Te despiertas temprano, algo más de lo normal y casi de hurtadillas empiezas a moverte por las redes, intentando que los nervios se distraigan. De repente alguien deja de disimular y lanza un mensaje por Whatsapp… “Llevo desde las 5.30 despierta!”. Inmediatamente contesta otra que ella ayer a las dos estaba despierta y que lleva un rato sin dormir y el otro dice que está casi preparado. No es un día más. Hoy comienzan los Sanfermines, las fiestas de Iruñea, esas fiestas que para conocerlas hay que vivirlas de noche y de día, participando en tradiciones centenarias y creando las nuevas cada día. Unas fiestas que tenemos el empeño que sean fiestas seguras para las mujeres, porque en esta ciudad las mujeres llevan luchando décadas para que eso ocurra, en fiestas y fuera de ellas.

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Este 6 de julio es especial, como todos los años y diferente a todos. Es la tercera vez que las vecinas y vecinos hemos elegido quién queríamos que lanzase el txupinazo. Atrás quedaron aquellos fastos en la casa consistorial, con más de 400 invitados, la mayoría dirigentes y pesebreros. Hoy el acto queda reducido a algo más de la mitad de aquellos 400 y quienes asisten son las gentes de Iruñea, aparte de representantes forales. Ya no hay militares, jueces, policías, empresarios, obispos y demás. Este año los integrantes de la Mesa de la Diversidad serán los invitados preferentes a este acto. Más color y más representatividad en el comienzo de la fiesta más universal. Pero sin duda, si alguien va a ser protagonista hoy, van a ser los integrantes de Motxila 21, grupo musical integrado por unas personas que, más allá de una etiqueta científica que señala que portan el cromosoma 21 por triplicado, en vez de los dos habituales, son personas como el resto, con sus buenos y malos días, altas y bajas, rubias y castañas, pero en este caso músicas. Ese cromosoma de más que tienen les da la capacidad de ver el mundo de una manera diferente, sin duda de manera más cercana, abriendo los ojos a lo que de verdad importa: las personas. Hoy, estoy seguro, va a haber mucho cariño en el acto del txupinazo, porque las personas con Síndrome de Down tienen tanto amor que se empeñan en ofrecerlo indistintamente a todas las personas que quieran recibirlo.

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Yo todo esto lo aprendí de mi prima, en realidad prima de la ama, Aitziber Aranburu Urtasun. Una mujer excepcional que me enseñó muchas cosas. La sensibilidad en la vida no depende de un número de cromosomas, el esfuerzo y la lucha no tienen relación con las supuestas oportunidades que te “da” un médico cuando naces, y el amor y cariño que das no depende de lo más o menos especial que puedas ser. Todo eso depende de cada persona. Dos o tres cromosomas no te impiden, ni te ofrecen vivir la vida con más o menos sensibilidad. La capacidad de salir adelante depende de las ganas de luchar que tengas y si es acompañado, mejor. Y ofrecer amor y cariño solo lo puedes dar si la persona se tiene amor y cariño a sí misma. Aitziber era una artista, en la danza, en el teatro, en la pintura. Era capaz de expresar todo con una cara, un gesto, una risa. Cuando nació no le dieron mucha esperanza, pero luchó, y lo hizo con su ama y su aita, con sus hermanas y su hermano y salió adelante, abriendo esos ojos curiosos a la vida. Y sobre todo, Aitziber dio mucho amor, nos lo dio a todas y todos.

Aitziber nos dejó hace algunas semanas, justo el día que se anunció que Motxila 21 lanzaría el txupinazo. Nos vamos a acordar de ella, mucho. Y nos emocionaremos recordándola. Pero sobre todo sonreiremos pensando que ella, esté donde esté, también habrá lanzado el cohete y habrá bailado un aurresku o vete a saber si habrá bailado el zortziko de Altsasu, el pueblo de su ama. Estoy también seguro que mañana, día de San Fermín, con las primeras luces de la mañana, cantará con el tío Maxi y el resto de la familia la aurora a la que su aita puso letra, la Aurora de San Fermín. Y yo me uniré a todos ellos deseando “que sean estas, de gozo y paz”.

Al nacer dijeron de ti que eras “muy poca cosa”. Y en realidad fuiste mucho para muchas y muchos. Eskerrik asko, maitia.

Gora San Fermin!!!!!

STOP a la exclusión en Iruñea

La exclusión de EH Bildu, a través del grupo municipal de Bildu, en el lanzamiento del txupinazo de los Sanfermines 2014 es un ejemplo más de la estrategia y las formas cortijeras y sectarias de UPN. No es el único ejemplo, ni, desde luego, el más importante, pero quizás si, el más claro.

UPN sigue empeñada en una política que margina a gran parte de la ciudad. No es una estrategia para apartar de la vida social y política a una coalición como EH Bildu. No se trata de imposibilitar la participación legítima de quienes votaron a las fuerzas que hoy día conforman EH Bildu. La política de Apartheid que lleva a cabo UPN, con la ayuda de PP y de PSN en diferentes ocasiones, está dirigida a un sector de la sociedad de Iruñea más amplio que los votantes de EH Bildu, si bien, en el ayuntamiento el punto de mira está permanentemente situado encima de los y las representantes de la coalición soberanista.

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UPN está anclada en parámetros afortunadamente superados por la mayoría social de este país y aparece obsesionada en continuar con las políticas que intentaron anular, por activa y por pasiva, siguiendo el modelo de la Sudáfrica racista y xenófoba, a un sector político comprometido con la resolución del propio conflicto que vivimos en Euskal Herria. Esas políticas excluyentes no sirvieron en Sudáfrica más que para alimentar día a día las ansias de libertad de todo un pueblo. Esa políticas de Apartheid no sirvieron más que para fortalecer al sector independentista y soberanista en este país. Esas mismas políticas son las que están logrando una cada vez mayor identificación con las propuestas encaminadas a conseguir hacer real una Alternativa Ciudadana que de lugar al cambio político y social en nuestra ciudad. Y si no, tiempo al tiempo.

UPN lleva años poniendo en marcha una estrategia cuya consecuencia más clara es la realidad palmaria de una ciudadanía de primera y otra de segunda, todo ordenado desde el propio ayuntamiento convertido en cortijo y chiringuito. Partiendo de la base de que no todo es blanco o negro y de que hay una gama muy amplia de grises, y desde el convencimiento de que lo que esta ciudad tiene es toda la gama del arcoiris, con mayor o menor intensidad, la ciudadanía de primera es la del Diario de Navarra, la del Opus, esa que sale en procesión el día del Corpus y se sigue pintando la cara de negro con betún en la cabalgata de Reyes. La ciudadanía de segunda es la que ve el derecho de ser euskaldun en su propia ciudad ninguneado sistemáticamente, la que asiste a la persecución obsesiva de los colectivos de la ciudad, esa a la que le censuran la organización de sus propias fiestas, la misma que tiene que pedir permiso para poder utilizar la calle como si fuese el coto privado de UPN. Es esa ciudadanía a la que pretenden imponer una historia mientras le prohiben investigar y debatir la suya propia, una ciudadanía a la que le cierran poco a poco el comercio de barrio y cercano, esa a la que pretenden hacer vivir en la desinformación y la manipulación que UPN y el Régimen llevan a cabo regularmente. Una ciudadanía que no puede llevar a sus hijos e hijas desde los 0 años a Escuelas en euskera, la que es continuamente sospechosa para esa Policía Pretoriana a la que UPN ha convertido a la Policía Municipal con un militar intransigente al frente.

Y no solo somos las vecinas y vecinos de Iruñea los excluidos, porque en el Ayuntamiento las cosas no están mucho mejor. Todos los grupos de la oposición, salvo PP y PSN en ocasiones, sufren el desprecio contínuo de UPN, desprecio que se traduce en falta de información, malos modos y cualquier cosa que pueda obstaculizar el trabajo que los grupos municipales tienen que desarrollar en el ayuntamiento. Esta actitud se agudiza con los grupos de EH Bildu, en especial con el grupo municipal de Bildu. Hoy es el día en que la mayoría de las veces UPN ignora a este grupo para contestar siquiera a las peticiones de información, y cuando lo hace es tras agotar el tiempo legal para hacerlo. La actitud pública y privada de UPN, de todos y cada uno de sus concejales, especialmente de Elizale, Alonso, Maya, Polo o Prieto, es de una falta de respeto y de desprecio propio del caciquismo, algo que es extensible a la ciudadanía a la que EH Bildu representa. A día de hoy el grupo municipal de Bildu está excluído de los organismos municipales en los que UPN ha podido marginarlos, ya que en otros por ley tienen que estar representados. La actitud prepotente y caciquil llega a tal extremo que se ha llegado incluso a no extender la invitación de un organismo externo al conjunto del ayuntamiento para participar en un acto oficial, léase la invitación que anualmente realiza el Ayuntamiento de Baiona al Ayuntamiento de Iruñea para participar en un acto institucional en las Fiestas de la capital labortana. Por eso cuando se dice que UPN ha convertido al ayuntamiento iruindarra en su cortijo, en su corrala, no es una figura retórica o literaria. Es la triste realidad que Iruñea vive en estos momentos.

Por lo tanto, la exclusión de EH Bildu en el lanzamiento del txupinazo es otro ejemplo más, un ejemplo, eso sí, con mucho significado. Este acto ha sufrido, como ninguno, los efectos del expolio ideológico y material del Régimen actual, heredero del franquismo vencedor a base de cavar cunetas por toda Navarra. El lanzamiento de cohetes para anunciar el comienzo de las fiestas es algo que se realiza desde finales del siglo XIX y más regularmente desde 1931, año en que un trabajador municipal llamado Etxepare empezó a lanzarlo. Este acto, que entonces se realizaba en la Plaza del Castillo, se interrumpió a partir del año 36, con el golpe militar fascista. Es en ese año 1936 cuando Etxepare, republicano e iruindarra de pro, fue fusilado, como tantos otros, en el comienzo de la barbarie. Esa fue, desgraciadamente, la primera exclusión del txupinazo en esta ciudad. Pero esta historia, dramática como muchas otras que se han vivido aquí, no se encuentra en la historiografía oficial porque el Régimen se encargó de esconderla totalmente. En la mayoría de libros y páginas Web leeremos que los “creadores” del txupinazo fueron Ilundain y Pérez Salazar, a la sazón, miembros del franquismo en la ciudad, vencedores a base de cunetas y terror. Es entonces cuando se decidió trasladar el acto al balcón del Ayuntamiento.

El txupinazo debe volver a tener un concepto más popular que el que ahora mismo tiene y esto lo tienen que acordar todos los grupos presentes en el Ayuntamiento, o por lo menos, los grupos que apuestan por un cambio en las formas y en el contenido que dé lugar a un nuevo modelo de ciudad. Esa es el quid de la cuestión. Y para ello hay muchas fórmulas. Simplemente con acordar un Reglamento que trate sobre la representación oficial del Ayuntamiento, los honores y reconocimientos o el propio protocolo a seguir en diferentes momentos, quedaría todos resuelto. En estos momentos el problema reside en la voluntad de quien gobierna para decidir este tipo de cosas, y la voluntad de UPN la conocemos y la sufrimos constantemente.

Hay que poner fin a la exclusión en Iruñea.

Artículo para colaboración con Ahotsa.info

ikurriña, la iruñea que quieren silenciar

Inevitablemente el lunes me acordé de mi abuela Pilar y de su familia que tuvieron que esconder su sentimiento vasco en su propia ciudad, que tuvieron que callarse durante 40 años en donde se negó a base de cunetas, prohibiciones, persecución y silencio la lengua, el pensamiento, los símbolos y hasta la propia identidad. Eran una familia de Iruñea, como cualquier otra, con una zapatería, con afición a la música, con apego a sus tradiciones y con un inmenso amor por su ciudad, Iruñea. Pero eran nacionalistas.

77 años después a sus nietos y nietas, junto con gran parte de esta ciudad, también se nos persigue y se nos castiga con multas por ser vascos en la capital de Euskal Herria. Y también uno de nuestros símbolos, como es la ikurriña, hoy en día, en esta no-democracia de pacotilla, está perseguida con una obsesión como solo la puede tener UPN. Y es entonces cuando uno se pregunta porqué, siendo como soy de Iruñea, se me niega la posibilidad de que el símbolo que me representa pueda estar en igualdad de condiciones. Y pienso… y voy obteniendo respuestas.

El lunes seis personas eran detenidas acusadas de “desórdenes públicos” por colgar una ikurriña de grandes dimensiones en la Plaza del Ayuntamiento en el transcurso del txupinazo del día 6 de julio. ¿Qué desórdenes puede ocasionar este hecho en una plaza que en esos momentos es el desorden personificado? ¿Para quién puede suponer esta imaginativa acción un desorden en su orden particular? ¿Qué se esconde detrás de la histérica reacción del binomio UPN-PSN principalmente? Más preguntas que la reflexión intenta aclarar intentando ver más allá de un hecho concreto.

A última hora de la tarde del mismo día, cuando Patri, concejala de Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, me llamó para decirme que le habían citado al día siguiente para declarar como imputada por “los desórdenes del 6 de julio” tuve una primera reacción natural de rabia e indignación ante ese atropello. Conforme pasaron las horas el análisis fue acelerándose en los resultados. ¿Qué motivación puede tener esta UPN moribunda para impulsar que se impute a una representante de la ciudadanía por la colocación de un símbolo querido y que visualiza a casi la mitad de la ciudadanía?

Barbudos Irunea Txupinazo

La obsesión del Régimen, más allá de una bandera es lo que representa esa bandera. La ikurriña en tiempos de mi abuela Pilar fue perseguida porque representaba justamente lo contrario que los golpistas liderados por Franco y Mola. Esa bandera empezaba a simbolizar por ejemplo las miles de navarras y navarros que se plantaron ante la Gamazada en 1893 y 1894, o, tal y como recoge Jimeno Jurío en su libro Navarra jamás dijo no al estatuto vasco, la ola de reivindicaciones autonomistas que recorría Navarra a finales de la década de 1910, aquella bandera empezaba a ser reflejo de aquella Asamblea Municipal de 1931 en donde se aprobó el Esatuto Vasco-Navarro, aquél estatuto que mediante importantes irregularidades no pudo ser refrendado en la Asamblea de 1932 (me remito de nuevo al trabajo de Jurío). Eso es lo que persiguieron incansablemente los cuneteros golpistas que, no lo olvidemos, comenzaron su peregrinaje de totalitarismo en aquélla Iruñea en ebullición del 18 de julio de 1936.

Ya en la dictadura la ikurriña se convirtió en símbolo de la batalla por las libertades, en la imagen de la lucha contra el franquismo y todo lo que representaba y en los años finales del régimen dictatorial vino a simbolizar el renacer cultural, social y político de Euskal Herria. Muerto Franco, y tras un tiempo en que las fuerzas políticas se resituaron, se abordó una nueva estrategia contra la bandera legalizándola en parte de los territorios de la Euskal Herria peninsular y dejándola en el limbo legal en el gran territorio que es Nafarroa. En 1982, en ese Amejoramiento que nunca hemos refrendado, se excluyó la bandera tricolor de las instituciones navarras hasta que en 2003 el Régimen (UPN-PSN y aledaños) se dotó de una ley con la que continuar su particular guerra contra la ikurriña en Nafarroa. Pero no nos quedemos exclusivamente con la persecución a una bandera. La Ley de Símbolos, al igual que otras leyes promulgadas en Nafarroa, como la del Euskera, tienen un objetivo claro y principal: eliminar toda referencia a la identidad vasca de Navarra.

En esta última década y más en los últimos años las banderas han sido la excusa que el Régimen ha tomado para posicionarse y actuar contra cualquier proyecto que vaya contra sus intereses económicos y políticos. La ikurriña les molesta porque es, como en el franquismo, un símbolo de la lucha por las libertades y por un modelo diferente de sociedad en Euskal Herria. En este caso, UPN reconoce en la centenaria bandera el sentimiento de gran parte de esta ciudad por construir un modelo diferente para Iruñea. Ese y no otro es el quid de la cuestión, ese es el nudo del debate. Por eso es necesaria una lectura política que vaya más allá en un esfuerzo porque los árboles no nos impidan ver el bosque. Es imprescindible trabajar conjuntamente entre diferentes para derogar una ley que margina a gran parte de la ciudadanía y, sobre todo, margina e intenta anular el proyecto político y social de esa ciudadanía. La ikurriña, al igual que otros símbolos y banderas, debe tener la misma visibilidad y debe gozar de los mismos derechos. Pero sobre todo es urgente y necesario ponerse a trabajar conjuntamente para ir construyendo la Iruñea integradora que la ciudadanía necesita. Esa construcción debe empezar ya en las calles, en los barrios, en los centros de enseñanza y desde los puestos de trabajo y tiene que llevarse a cabo también desde el propio ayuntamiento.

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La estrategia del Régimen pasa por silenciar, como hace 77 años, a gran parte de las vecinas y vecinos de Iruñea y por eso debemos ser conscientes de que estos ataques no pueden, de ninguna de las maneras, condicionar el ilusionante trabajo de construir una Iruñea donde la ciudadanía sea protagonista indiscutible. Responderemos puntualmente a estos ataques, a estas agresiones, naturalmente, y volveremos a utilizar la imaginación en esa respuesta, pero la mejor respuesta es renovar nuestro compromiso por ese nuevo modelo de ciudad. Debemos continuar nuestra labor en los barrios y en los colectivos sociales de Iruñea y, desde luego, en el ayuntamiento de Iruñea, trabajando codo con codo, debatiendo y llevando adelante propuestas constructivas que materialicen, de una vez por todas, una Iruñea en donde los derechos de todas y todos sean respetados y en donde todos los proyectos tengan las mismas oportunidades.

P.D.1 Pasadas las 11.30 Patri salió tras declarar ante el juez y después de comunicarle que no estaba imputada. Parece ser que le querían acusar, y por ahora no lo han hecho, de ser la autora intelectual de la acción de la ikurriña gigante. A las dos y cuarto de la tarde salieron los seis detenidos con la obligación de presentarse mensualmente en comisaría a firmar y con cargos de “desórdenes públicos”.

P.D.2 Es esclarecedor que en estos momentos, en donde el llamamiento a construir entre diferentes el nuevo modelo de ciudad es una de las bases de EH Bildu, la teniente de alcalde Elizalde salga a la palestra con la siguiente declaración: “solicitaremos el rechazo de «la actitud de quienes aprovechan su cargo público para amparar o apoyar el incumplimiento de las normas y la imposición de su proyecto político”. Curioso que desde UPN se hable de aprovechamiento del cargo público, esclarecedor que hable, no de la ikurriña, sino de proyecto político. Silencio ante su propia imposición, desde el Amejoramiento a la Ley de Símbolos pasando por su empeño diario en anular en Iruñea cualquier sentimiento político, social y cultural que no sea el suyo propio. Eso que se llama totalitarismo señora Elizalde y que ustedes y los suyos practican desde tiempos de mi abuela.

mis sanfermines

Herri sanferminak

Me gusta despertarme a las cinco de la mañana del seis de julio con el estómago lleno de nervios, como si tuviese veinte años menos, intentar dormir de nuevo y descubrir a los diez minutos que estás sonriendo pensando en lo que viene. No me gusta que nadie me diga cuando tengo que empezar las fiestas, pero lo llevo dentro y lo acato y hasta las doce en punto no me pongo el pañuelico. No me gusta la gente que se pone el pañuelo antes de tiempo o en otro momento del año. Esto es totalmente ridículo, lo asumo, pero no me gusta. Me gusta salir de casa a las nueve de la mañana y ver a gente vestida de blanco, algunos con bolsas de bebida, otros encontrándose con la cuadrilla y me gusta mirar a las ventanas para ver a la gente asomada y sonriendo, pero no suelo ver a nadie. Me gusta colocar la ikurriña, la bandera de Navarra y el Arrano Beltza en los mástiles del local de dantzas, antes del almuerzo, mientras va llegando la gente y me pone de muy mala hostia la noche que algún gilipollas decide romper el mástil y llevarse alguna de ellas. Me gusta el almuerzo de huevos con jamón y tomate a las nueve y media, algo, por otro lado impensable en cualquier otro día del año y no me gusta cuando cae la primera mancha de tomate, algo inevitable y que es eso, precisamente, la primera mancha. Tampoco me gusta la gente que piensa que para divertirse el seis de julio es necesario manchar al de al lado. Definitivamente son imbéciles. Me gusta cuando empiezo a ver a los gaiteros de Baigorri pasando hacia el ayuntamiento antes de las doce. Me gusta cuando queda una hora y te tomas el café tranquilamente y no me gusta la gente que se escaquea de recoger las mesas del almuerzo. Me gustan los críos de mis amigos y amigas que te miran con cara de estáis locos, me gusta cuando encendemos la tele en el sótano y ves que en la plaza hay espacio para la reivindicación. No me gusta la violencia que las diferentes policías utilizan contra parte de esta ciudad para que no llegue la ikurriña a la plaza. Me gusta y emociona cuando unos barbudos cuelgan una enorme ikurriña en las narices de los cortijeros y corruptos del Régimen que ponen cara de no poder creérselo. Ajo y agua. ¡Si no quieres taza, taza y media! Aborrezco cuando esa gente, que se cree dueña y señora de nuestra Iruñea, pretende hacer que pidamos perdón porque un símbolo aceptado y querido por casi la mitad de las y los iruindarras ha hecho acto de presencia en el comienzo de las fiestas. Yo no tengo nada por lo que pedir perdón. Ellos si. Ellos que nos han robado económica, política y sentimentalmente. Me gusta cuando la plaza a rebosar les recuerda lo ladrones que son y les pide que se vayan. Me gusta ponerme el pañuelo a las doce, no cuando a un chiringuitero le apetece tirar el txupinazo. Me gusta la Biribilketa de Gaintza en el zaguán consistorial poco antes de que se abran las puertas del ayuntamiento. Me gusta brindar por todas aquéllas y aquéllos que no pueden estar en Iruñea en fiestas, pero que viven con intensidad y emoción este día y estos momentos desde las cárceles españolas y francesas. No me gusta cuando una Audiencia extranjera pretende prohibir que nos acordemos de ellas y ellos. Me pone los pelos de punta el aplauso unánime a la ikurriña al comienzo del festival de dantzas de la Plaza de los Fueros, me gustan los grupos de dantza de Iruñerria haciendo el saludo a la ikurriña en agintariena y me chiflan las dantzas. Me gusta Larraindantza a las dos y media de la tarde del seis de julio. Me gustan los abrazos y besos del día seis, como si no nos hubiésemos besado nunca, entre el sudor, la emoción, las risas, los primeros bailes. No me gusta, me parte la fiesta y me enerva, enfurece y me da asco cuando algún imbécil decide sacar el machista heteropatriarcal que lleva dentro y agrede verbal o físicamente a una mujer por el mero hecho de ser mujer. No me gusta cuando los del Régimen, que tan molestos se sienten por un símbolo de esta ciudad, asisten impasibles y por lo tanto cómplices a esta vejación de las mujeres. Me gusta cuando las mujeres deciden auto-organizarse y deciden defenderse. Me gusta que algunos hombres las tengamos como modelo de lucha y compromiso. Me gustan la gente que viene de fuera y se adapta a lo que aquí vivimos, intentando hacerse un hueco en esta fiesta, porque hay sitio para todo el mundo. Me disgusta cuando los y las guiris desembarcan como si esto fuese la ciudad sin ley donde todo es posible. Me da asco porque esto es lo que les venden desde algunos despachos del ayuntamiento. Me apasiona cuando le cantan al santo por tres veces en el comienzo del encierro y cada vez se oye más cantar en euskera. Me gusta ver a Xabi corriendo en Santo Domingo, como antes lo hizo Iosu, como los del Cabestro, gente de Iruñea, que no necesitan cámaras ni televisiones para vivir preciosas carreras delante de los toros. Me disgusta ver a gente haciendo el pata delante de los morlacos como si fuesen vacas. Aborrezco las camisetas de colores en el encierro, las camisetas de equipos de fútbol y la gente que para tener 3 segundos de “gloria” necesita distinguirse con colores, cuando en realidad son parte de ese gris del espectáculo mediático.

Me gusta el almuerzo del día siete, medio de resaca y contando la víspera, lo que nos acordamos de ella. Me gusta el vermuth del día de San Fermín. Me gusta ver a mis concejales en la procesión y poder aplaudirles. Me disgusta la proliferación de cruces y curas en ella. Me disgusta que algunos se crean que este acto sólo es de ellos. Me gusta El asombro de Damasco y después de oírlo lo tarareo un buen rato. Me gusta la Pamplonesa en las dianas y no me gustan los divinos de las dianas. Me gusta encontrarme con la familia en el vermuth del día siete. Me gusta y me pone los pelos de punta acordarme de la ama ese día riendo, cantando y bailando. Me gusta la comida familiar del siete y me gustan los brindis por quienes ya no están, los cantos, las risas de los nuevos miembros de la familia. Me gusta el comienzo del Te Deum de Charpentier al principio de cada corrida aunque casi nadie sepa que es una melodía del XVII. Me gusta la pitada al alcalde en la plaza de toros el día siete. Me gusta cuando los de sombra, por vez primera, no aplauden. Me gusta la merienda del siete. Me disgustan los anormales que se dedican a tirar de todo desde andanada. Me gusta la salida de las peñas y me encanta salir a mi aire, sin un recorrido fijo, perdiéndome en mi propia fiesta. Me gustan la cervezas con mis tías y tíos. Me gusta encontrarme con una mirada en medio de un bar, rozarnos con los ojos y decir “lo siento” cuando las respectivas cuadrillas deciden cambiar de bar. Me dan náuseas los putos graciosos que tienen que decir algo pretendidamente gracioso a las mujeres que están en nuestro grupo. Me gusta cantar Dolü gabe con la gente de Iparralde, no me gusta cuando los gabachos deciden practicar el rugby en un bar lleno de gente. Me gusta cuando la gente de fuera hace el esfuerzo de pedir en euskera o cuando te dicen agur y no me gusta la gente que viene aquí como si fuesen las tropas del Duque de Alba. Me gusta ver el jai gune de Gora Iruñea lleno de gente a todas horas, me gusta la pequeña victoria popular que eso ha supuesto y no me gusta que alguien se crea que ese es el objetivo, porque tenemos mucho todavía en qué avanzar para que estas fiestas recuperen su caracter popular, participativo, paritario y euskaldun que nunca debieron perder. Me gusta encontrarme con un amigo que está de gaupasa y que me diga con una sonrisa que es que ha ligado, no me gusta el agobio que algunos llevan encima porque no ligan… quizás si no tuviesen ese agobio ligarían algo más. Me gusta la gente del resto de Euskal Herria cuando viene con sus pañuelos de Piratas de Donostia, de comparsas de Bilbo, con los pañuelos de Iparralde y con los de los y las blusas de Gasteiz. Me da bastante asco cuando la gente viene y no respeta, y mea en cualquier sitio como si esto fuera su caseta de ferias. Me gusta la txozna del Oinez y no me gusta que Gora Iruñea y el Oinez estén fuera del espacio festivo mientras las casetas regionales, sin concurso ni nada que se les parezca, están en el cogollo de la fiesta. Me gustan las dianas de txistularis y gaiteros. Me gusta Braulia dando vueltas al son del txistu y no me gusta cuando se cae y se rompe el cuello. Me gustan los zaldikos, las txarangas de las peñas y uno que toca el violín en una esquina… ese, me encanta. Lo siento, no me gustan las batucadas, pero me gusta el Struendo de Iruña. Me gusta la elektrotxaranga y el bailoteo con ella. Me gusta la espontaneidad de la fiesta y aborrezco el programa cerrado. Me gustan los ritos de la fiesta y me disgustan las tradiciones sin sentido. Me emociono con el vermuth familiar del día catorce, con La Dominguera del catorce en la Plaza del Ayuntamiento, me encantan los vermuths que se alargan sin querer, me gusta la foto familiar del catorce y me encanta que mi tío haga como que no le gusta, me gustan los “amigos” de unas horas y me gusta reencontrarme con amigos que no he visto en todas las fiestas, porque estas fiestas son así, para vivirlas en libertad. Me gusta terminar las fiestas cuando a mi me da la gana, sin que me diga nadie desde su púlpito del ayuntamiento, cuando tengo que terminarlas. Me gusta quedarme con el pañuelo al cuello hasta que llego a casa el último día y me disgustan las lecciones de gente que me dice que me lo tengo que quitar. Me pone frenético la tontería de anudar pañuelos en puertas de iglesia o ayuntamientos, es más, me parece una imbecilidad. Me gusta llegar a casa el día catorce, o el quince a la mañana, poner una lavadora con la ropa y dormirme pensando que ya falta menos.

Estos son mis sanfermines, incomprensibles, sentidos, incongruentes, difíciles de explicar, ni tampoco lo pretendo. Lo mejor es vivirlos, cada uno a su manera, pero vivirlos desde dentro y dejándote llevar por ellos. Nueve días en 365, pero nueve días que también marcan una manera de vivir la ciudad el resto del año.

los sentimientos no se pueden prohibir ni reprobar

Huevos con jamón, tomate y patatas (magras con jamón que decía el otro), tinto con gaseosa, así, a las nueve y media de la mañana, con un cuerpo que se resiste a entrar de buenas a primeras en el torbellino de caldos, sangrías, sorbetes, cervezas y demás con el que va a ser regado en los próximos días y tu cabeza te dice que si, que es seis de julio y que en poco más de dos horas empezarán los casi nueve días de fiesta y tradiciones, de nuevas experiencias y sentimientos viejos, de abrazos entre el sudor y abrazos sudados, de recuerdos a quienes no están y reencuentros con quienes vuelven a Iruñea, la ciudad vascona que se convierte en ciudad mundial por unos días.

Hamaiketakoa

Y entre vaso y vaso y untada de tomate, un café y mis compañeros se van al ayunta, con los invitados de Bildu Iruñea, presencia necesaria en los balcones del edifico rococó, ahí donde se supone que vigilan, como estatuas de piedra que son, impertérritas, la Justicia y la Prudencia, esas señoras representadas en piedra y cada vez más ausentes en la realidad municipal, burlada día a día su vigilancia. Felipe, Eneko, Iosu y Maitagarri, invitadas e invitados que nos recuerdan que se sigue desahuciando, que la lista del puto Inem, aquí Inem a la navarra, es cada vez más larga, que en este Pueblo nuestro sigue habiendo personas juzgadas y condenadas por su militancia política y que el modelo de fiestas y de ciudad avanza con un espacio a orillas del Arga para seguir su camino. Invitados al piso de abajo, ellos y ellas con Miren y Bakartxo, de Bildu Nafarroa y nuestra representatividad municipal al segundo piso, con el resto de ediles.

Bildu eta gonbidatuak

Y mientras se acerca el momento me sumerjo en los sotanos propios y en los de Iruña Taldea y los sentimientos empiezan a aflorar, recuerdos de quienes ya no están, de otras sonrisas y otros tiempos que se topan con la realidad de las criaturas que amigas y amigos se han empeñado en soltar en este mundo, con estos primeros txupinazos que les acompañarán hasta que otros comienzos de fiesta los sustituyan. Con la piel de pollo y una de esas criaturas en brazos enciendo la tele, que ni es de plasma ni falta que hace para utilizarla de año en año, a media voz, con el volúmen de nuestro propio local de dantzas convertido en plaza consistorial particular y en estas estamos cuando, de repente, se desliza por delante de la fachada del ayuntamiento uno de los símbolos de gran parte de las y los iruindarras, una bandera que la obsesión y totalitarismo se empeñaron, hace tiempo, en prohibir a toda costa en la ciudad y en ese comienzo de fiestas que es suyo, claro que si, pero también nuestro, desde luego. Porque todavía siguen sin comprender que, pese a que la sigan tratando de enseña maldita, habrá miles y miles de hijas e hijos de esta ciudad cuyas gargantas quedarán entrecortadas por la emoción al ver, un año más, el símbolo de nuestra libertad, de nuestra ciudad, de nuestra convivencia y de nuestro respeto al diferente como recuerdo presente de la dignidad, el sentimiento y el propio ser de gran parte de esta vieja ciudad vascona, medieval, unida a base de privilegios, conquistada, afrancesada, despojada de sus derechos, provinciana, escarmentada a base de fusilamientos, silenciada, “democratizada”, euskalduna, protagonista del cambio por llegar. Porque esa historia, la misma que dice que en el Café Iruña se dibujó por vez primera la ikurriña, también es nuestra historia, la de esta ciudad, por mucho que se empeñen en desterrarla y manipularla.

2013ko uztailaren 6a

Y en estas estamos cuando faltan dos minutos para las doce y no se asoma nadie a los balcones, no hay invitados en la balconada, ni siquiera los timbaleros han salido para tocar la “Llamada a la ciudad” y le digo a un amigo que no van a lanzar el txupinazo a las doce. No hace falta que nadie me lo diga, porque cualquiera que haya seguido el txupinazo año tras año sabe que el rito tiene una serie de pasos que no se están dando. Y dan la doce y las puertas de los balcones siguen sin abrirse y es entonces cuando un amigo me dice que tengo mala cara y es que me estoy intentando imaginar el panorama adentro, sobre todo el panorama para nuestros concejales, porque se está convirtiendo ya en una tradición que sean objeto de insultos por parte de concejales e invitados de UPN. Es lo que tiene el fascio, que aunque no se da cuenta que lo es, actua como tal. Y en ese sótano sin cobertura soy testigo de los dieciocho minutos más imprudentes, temerarios e irresponsables de un seis de julio protagonizados por un alcalde imputado por corrupción, por su grupo municipal, con un concejal delegado de cultura que no tiene conocimiento de la misma, y varios miembros de los diferentes grupos de la oposición, con mayor o menor fortuna, y todo ello con miles y miles de personas en medio de una marea que podría haber causado unas cuantas desgracias.

La realidad dentro del ayuntamiento se acerca bastante a lo que me estaba imaginando. Nuestros invitados son insultados por los cachorros de UPN, unas juventudes que se autodenominan navarras, encabezadas por un parlamentario experto en esperpentos tuiteros, gente que tendría que tener otro nivel como representantes públicos, acompañados por una corte de fanboys que se dedican a ladrar, de esos que son capaces de hacer lo que sea con una simple seña del jefe, gente cuyo respeto por la gente desahuciada y desempleada queda al descubierto a base de insultos que ni las juventudes hitlerianas en sus hogueras de libros, esa gente que no respeta ni a personas que quieren y trabajan, legítimamente, por un modelo más abierto de fiestas, esa gentuza que se empeña en seguir persiguiendo, juzgando y encarcelando a militantes políticos. En el piso superior el panorama, lejos de mejorar, se parece cada vez más a un ring en donde el golpe y el puñetazo toman forma de insulto, otra vez. La desinformación es el arma utilizada desde el primer momento. Tras verse sorprendidos por la ikurriña se avisa al alcalde y al lanzador del txupinazo de este año. En dos minutos su odio y obsesión hacia una de las banderas de este Pueblo da paso a la decisión de que no se tirará el txupinazo hasta que no la quiten. Esa es la cuestión desde el principio, pero durante los primeros minutos, con una balconada cuyas puertas están cerradas a cal y canto, deciden informar a los miembros de los otros grupos que la ikurriña imposibilita lanzar el txupinazo, algo que a todas luces, por lo menos desde fuera, y por lo que me dicen, desde dentro, era totalmente falso. Y alternativas, en todo caso, antes que retrasar el acto, había unas cuantas. Esa es la realidad del momento. A la vez es el propio alcalde, el máximo representante de la ciudad, ese que tendría que haber dimitido hace tiempo por probables prácticas corruptas, el que se dedica a pedir cuentas a Eva, Peio y Patri, como si hubiesen sido ellos quienes habrían colgado la bandera, es este señor el que, olvidando su papel en la ciudad, se dedica a insultar a miembros de la corporación, de Bildu, claro está, fuera de si. Ahí van al ataque, en medio de esa mezcla de informaciones sesgadas, algunos de los periodistas presentes en el salón, algunos de ellos auténticos voceros del Régimen, algunos de ellos emulando a Garcilasos e Iribarrenes. Y entonces hace su aparición el que se supone gestiona la cultura en esta ciudad, una persona cuyo nivel 0 es el elemento principal para ser representante de la ciudad en el Ayuntamiento. Iruñea no se lo merece. Ahí están sus tuits, para siempre guardados, repitiendo en la red lo que ha insultando directamente. Hay tuits que traen otros, como el que recibió Bakartxo Ruiz amenazándole de muerte y cuyo perfil fue borrado rapidamente (el del amenazante, se entiende).

Desgraciadamente no son los únicos que se dedican a repartir leña a Bildu y algunas actitudes diciendo que la ikurriña ha estropeado el comienzo de las fiestas quedarán para siempre en la memoria colectiva de mucha, mucha gente. Quien hace esas declaraciones llega a reprochar a nuestros concejales que “la ikurriña está sufriendo un abucheo histórico”. Otra mentira. El grito mayoritario fue contra UPN y el abucheo contra el retraso del txupinazo. Finalmente se retira la ikurriña, con un municipal esperpéntico alzando el puño en señal de victoria después de semejante hazaña cuya acción ha quedado a ras de suelo y entre gritos de UPN kanpora! Y salen el alcalde y el lanzador y se dedican durante un minuto a gritar aquello de “¡San Fermín , San Fermín!”, convertido últimamente en grito oficial para muchas cosas, y no hace falta irse muy lejos en los años para ver a qué punto ha llegado su manipulación. Un grito que, escondiéndose en el icono que representa el de Amiens, significa fuera lo que no gusta, lo que no entiende y lo que me molesta al poder actual, poder en todas sus vertientes. Grito esperpéntico en un acto esperpéntico, chsssss, PUM! Y toma cohete que tiro a la gente que está abajo, como si no hubiesen sufrido poco ya, y para adentro, que el señor alcalde ha llamado a los y las portavoces a una reunión de urgencia cuyo tiro les sale por la culata, a esa pareja cómica, imputado y el del exploto, que eso no fue txupinazo ni nada que se le pareciese, y a quiénes intentaron situarse “entre el bien y el mal” solicitando la reprobación por colgar una ikurriña. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Los “vasquistas” pidiendo la reprobación por hacer presente la enseña vasca. Y ahí se quedaron, unos sin declaración institucional, y otros sin reprobación que les diese el titular de su periódico.

Eran más de las dos de la tarde cuando me tomé mi primera caña, cuando disfruté de los primeros compases de la fiesta, entre amigos y con uno de ellos literalmente aporreado por forales y munipas que se dedicaron, esos si, a joder el comienzo de la fiesta en la calle Chapitela. Pero eso no les interesa que se sepa.

Continua la fiesta. Con la ikurriña en cientos y cientos de balcones de Iruñea.

Zapia