la ikurriña en iruñea. construyendo

Sorprende que, en un artículo de opinión, miembros de Izquierda/Ezkerra de Iruñea hablen de la necesidad de una mirada más creativa y respetuosa con la pluralidad para hablar de un símbolo de esta ciudad como es la ikurriña. Y decimos sorprende porque, desde los partidos que conformamos Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, ese es desde hace tiempo el punto de partida para encontrar la solución a la actual persecución e invisibilización que una parte importante de la ciudadanía sentimos al imposibilitarse que nuestros símbolos estén presentes en igualdad de condiciones en las instituciones de la ciudad, y del conjunto de Nafarroa.

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La ikurriña en su estelar aparición en el txupinazo de 2013

Son más las coincidencias que tenemos ante lo que exponen en ese artículo, en la idea de que todas las sensibilidades estén igualmente atendidas y respetadas desde las instituciones, que las diferencias, en algunos casos meros matices, por otro lado, enriquecedores en este debate. Pero no queremos sin embargo entrar a exponer nuestra tesis de que este camino lo podemos y debemos hacer juntos, sin responder a la afirmación de que estamos en uno de los extremos de este debate.

En la guerra del 36 y en la posterior dictadura fascista fueron muchas y muchos los iruindarras que tuvieron que esconder sus sentimientos de identidad, su lengua, el euskera, sus ideales y símbolos. A algunos y algunas no les fue posible y pagaron con su vida. El resto tuvo que vivir en el silencio impuesto durante 40 años. Nuestro más firme reconocimiento a todos ellos. Muerto el dictador, hubo un tiempo en el que la posibilidad de vivir y desarrollar en libertad los ideales de cada cual pareció poder hacerse realidad, representada incluso en la presencia de la ikurriña en el mástil del Ayuntamiento de Iruñea. Pero fue un espejismo. Terminada la década de los 70, los poderes fácticos de Nafarroa y del propio Estado imposibilitaron, desde la prohibición y la persecución, o de facto, la presencia de símbolos de la ciudadanía como la ikurriña. Posteriormente, en el marco del régimen de colaboraciones entre UPN y PSN en Nafarroa, se prohibió en todo el herrialde mediante la Ley de Símbolos de 2003 hoy vigente, que impide, bajo sanción de inhabilitación, la presencia de la enseña vasca en todas las instituciones navarras. Por tanto, y en estas condiciones hablar de «dos extremos» en este debate es falso, ya que para que haya dos extremos es del todo necesaria una igualdad de condiciones entre todas las posiciones y proyectos, una equidad y libertad que, a todas luces, hoy en día no existe. Por eso no comprendemos que, desde posiciones de izquierda, se quiera transmitir una posición de cierta neutralidad ante la injusticia, y se equiparen discursos, actuaciones y legitimidades, como si esa persecución del franquismo contra un símbolo y un proyecto no se diera en estos tiempos.

La ikurriña presente en el balcón del ayuntamiento en el txupinazo de 1979
La ikurriña presente en el balcón del ayuntamiento en el txupinazo de 1979

El «fuego cruzado» al que se alude en el artículo lo es entre UPN y una parte cada vez más importante de la ciudadanía. UPN se empeña, día a día, en perseguir y reprimir, a base de prohibiciones, de leyes realizadas al efecto, cualquier idea, sentimiento o proyecto que ponga en riesgo sus intereses económicos y políticos. Y también, desde luego, los símbolos que no se ajustan a la imagen que quieren imponer de una Navarra de derechas, exponente del pensamiento único que campa a sus anchas en el Estado, y piedra angular de la sacrosanta unidad española. Por eso la ikurriña es perseguida, pero también en mayor o menor medida lo son otros símbolos como pueda ser la bandera republicana, enseña que nosotras y nosotros también respetamos.

Detrás de las banderas hay emociones, sí, pero también proyectos políticos de comunidades políticas y personas que en estos momentos ven imposibilitadas sus legítimas aspiraciones de llevar a cabo democráticamente esos proyectos. Esa es la verdadera y única imposición que existe hoy día. Y por eso creemos que el trabajo y la colaboración entre diferentes, y sobre todo, entre la izquierda debe ser uno de los objetivos que marquen nuestra práctica política. Las banderas y los símbolos nunca deberían ser objeto de imposición.

Fue UPN quien presentó una moción para condenar la presencia de una ikurriña en la Plaza del Ayuntamiento durante el txupinazo del 6 de julio. En ese acto, parte de esa ciudadanía cuyos símbolos son perseguidos hasta la obsesión, en una muestra de creatividad y de una manera totalmente pacífica, logró que la ikurriña estuviese presente. Nuestro aplauso para ellos. Nos sentimos orgullosos de que, mientras nuestros símbolos no puedan estar en igualdad de condiciones en los mástiles de la casa consistorial, haya personas que se comprometan a velar por los derechos y el respeto a los sentimientos de parte de la ciudad. Fueron las y el representante de Bildu en el Ayuntamiento y las personas a las que invitó al acto quienes sufrieron los insultos, golpes y acoso por parte de UPN, incluso por parte de miembros de la Corporación de este partido y también por parte de miembros de Juventudes Navarras. Y eso es lo que hay que denunciar.

El día 6 de julio fueron, un año más, decenas de personas, que únicamente pretendían ondear la ikurriña pacíficamente por las calles del Casco Viejo, las que sufrieron la represión de las diferentes policías en su único objetivo de impedir la presencia de la ikurriña (no de cualquier bandera). Es eso lo que hay que denunciar. Fueron otros los representantes políticos que tuvieron que recibir asistencia médica tras recibir golpes y porrazos. De la misma manera tenemos muy presentes a los 13 jóvenes que el próximo 18 de noviembre se enfrentarán a peticiones de cárcel, por querer empezar los sanfermines ondeando la ikurriña.

Por cierto, sucesos acaecidos por la represión y actuación totalmente desproporcionada de la Policía municipal. Nuestra solidaridad y apoyo a todos estos jóvenes. Y ante la represión sufrida por parte de la ciudadanía, no hay término medio. Ante esta realidad, nosotras y nosotros, desde luego, nos situamos en un extremo, en el de la defensa de la parte perseguida, reprimida y golpeada, en definitiva, en la defensa íntegra de los derechos de la ciudadanía de Iruñea.

Dijo la representante de Izquierda-Ezkerra en el pleno del 5 de septiembre que había que buscar soluciones a este tema. Así lo pensamos también nosotras y nosotros. Bildu hizo una propuesta clara en este sentido: la modificación de la Ley de Símbolos de manera que todos, en igualdad de condiciones, sean respetados en las instituciones, tomando medidas para impedir toda persecución policial y judicial en contra de los derechos de la ciudadanía. De la misma manera, es del todo necesario abordar la realidad identitaria de nuestra ciudad, «corrigiendo la actual situación y abogando por la convivencia de identidades en el respeto mutuo», algo que nosotras y nosotros vamos a promover con todos nuestros medios a la vez que defenderemos el derecho a materializar democráticamente nuestro proyecto.

Artículo de opinión enviado a la prensa y escrito en colaboración con Iban Maia, Javier Ayesa y Ainhoa Arano.

les traeremos a casa

El lunes las garras del estado fascista español nos golpearon de nuevo, y lo hicieron en donde más nos duele, en la solidaridad, en los derechos humanos y en el deseo de este Pueblo, machacado hasta la saciedad, de superar el conflicto político.

La macro-operación policial contra el movimiento Herrira nos dejó a todos, en un primer momento, noqueados, desencajados. Posteriormente, conforme íbamos conociendo el alcance de la operación y el discurso en el que se basaba fuimos conscientes de qué suponía y cuál era el objetivo de este golpe directo a toda Euskal Herria.

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El estado español tiene en estos momentos un problema de grandes dimensiones que ni sabe, ni quiere, ni es capaz de solucionar. El gobierno del PP, en plena caída libre a cuenta de la corrupción, la nefasta gestión de la crisis económica y la incapacidad de solucionar su propia organización estatal, con una Catalunya que se va y una Euskal Herria que sigue construyendo las bases de lo que un día será el Estado Vasco, está inmerso en un momento en el que tiene que ganar réditos para seguir respirando, aunque sea a base de bocanadas de aire en medio del cataclismo que vive. Ese es pues uno de los motivos por los que el lunes, en un empeño de demostrar que siguen anclados en parámetros del pasado, decidieron golpear el movimiento por los derechos de las presas y presos vascos.

En este contexto a nadie se le escapa que el proceso de normalización política pasa por un estado de inercia permanente que el PP y los poderes del estado se empeñan en mantener de cara a reforzar su actual posición ante los sectores más rancios y ultras españoles. De esos sectores dependen en gran medida las escasas posibilidades de que el partido de Rajoy pueda volver a gobernar con la intención de seguir controlando y beneficiándose de las migajas que la Unión Europea y los bancos les dejan. Mirando a casa, en Euskal Herria un PNV en alianza con el PSE deja al PP en una posición más cómoda que hace unas semanas, con un margen de maniobra peligroso. No ocurre lo mismo en Nafarroa cuya gestión (por llamarle de alguna manera) por parte de su filial UPN está en grave peligro. Es en este contexto donde el PP ha decidido, contrariamente a lo que un partido en el poder de cualquier otro lugar hubiese hecho, dar un golpe de timón en su posición ante el proceso de normalización política. De no hacer nada, de una pasividad manifiesta, ha pasado a utilizar todas sus fuerzas para descarrilar el proceso.

Herrira se encuentra en estos momentos llevando adelante una potente dinámica que no tiene otro objetivo que hacer que la grave situación de las presas y presos sea asumida por la amplia mayoría social y política vasca. Hay una serie de elementos en esta situación, como las personas a las que se les ha aplicado una doctrina injusta y siguen en la cárcel a pesar de tener que estar en la calle desde hace tiempo, o las personas que se encuentran en prisión pese a sus graves enfermedades o la propia política de dispersión que se aplica a todos y cada uno de los integrantes del Colectivo de Presas y Presos Vascos (EPPK), que en cuanto se solucionen acelerarían irremediablemente otros nudos del proceso de paz y normalización. En ello estaban las 18 personas detenidas el lunes. Conozco a varias de ellas y solo puedo decir que el esfuerzo de Imanol, Jon, Eneko, Fran o Sergio por socializar esta gran dinámica en favor de los derechos de presas y presos era y es digno de todo elogio. Por eso les han detenido, por eso pretenden seguir amordazando la voz de las presas y presos e impidiendo el avance del proceso que Euskal Herria ha decidido poner en marcha.

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Es el momento de responder como Pueblo. No hay otra, pues es la propia posibilidad que tenemos como Pueblo de avanzar, la que se encuentra en peligro. Las fuerzas políticas, sindicales y sociales tendrán que ser responsables y asumir el papel que tienen que jugar. En estos días que han pasado desde las detenciones estamos viendo de nuevo cuáles son las responsabilidades de algunos, sacando a su policía para dar cobertura a la Guardia Civil y para golpear, una vez más, a la ciudadanía que protestaba en la calle. Tenemos que ser conscientes  y somos conscientes de ello, pero más allá de las posiciones que uno u otro partido puedan tomar será la sociedad la que debamos marcar el ritmo en el camino emprendido por estos 18 militantes de los derechos y la solidaridad. De nuevo nos toca a la ciudadanía, a las personas trabajadoras y a estudiantes tomar el compromiso de llevar adelante el trabajo que barrio a barrio, pueblo a pueblo Herrira viene desarrollando en favor de los derechos de las presas y presos vascos. Somos nosotras y nosotros los que les tenemos que traer de vuelta a casa.

Por ellos, por las presas y presos y, sobre todo, por Euskal Herria, seamos responsables y asumamos nuestro papel. El papel de la sociedad. Nos vemos en las movilizaciones, nos vemos en los barrios, en las asambleas, nos vemos en el compromiso que tenemos que asumir. Porque todos somos Herrira. Porque Euskal Herria lo necesita.

Artículo en base a una colaboración en el programa La escotilla, de Eguzki Irratia.

mis sanfermines

Herri sanferminak

Me gusta despertarme a las cinco de la mañana del seis de julio con el estómago lleno de nervios, como si tuviese veinte años menos, intentar dormir de nuevo y descubrir a los diez minutos que estás sonriendo pensando en lo que viene. No me gusta que nadie me diga cuando tengo que empezar las fiestas, pero lo llevo dentro y lo acato y hasta las doce en punto no me pongo el pañuelico. No me gusta la gente que se pone el pañuelo antes de tiempo o en otro momento del año. Esto es totalmente ridículo, lo asumo, pero no me gusta. Me gusta salir de casa a las nueve de la mañana y ver a gente vestida de blanco, algunos con bolsas de bebida, otros encontrándose con la cuadrilla y me gusta mirar a las ventanas para ver a la gente asomada y sonriendo, pero no suelo ver a nadie. Me gusta colocar la ikurriña, la bandera de Navarra y el Arrano Beltza en los mástiles del local de dantzas, antes del almuerzo, mientras va llegando la gente y me pone de muy mala hostia la noche que algún gilipollas decide romper el mástil y llevarse alguna de ellas. Me gusta el almuerzo de huevos con jamón y tomate a las nueve y media, algo, por otro lado impensable en cualquier otro día del año y no me gusta cuando cae la primera mancha de tomate, algo inevitable y que es eso, precisamente, la primera mancha. Tampoco me gusta la gente que piensa que para divertirse el seis de julio es necesario manchar al de al lado. Definitivamente son imbéciles. Me gusta cuando empiezo a ver a los gaiteros de Baigorri pasando hacia el ayuntamiento antes de las doce. Me gusta cuando queda una hora y te tomas el café tranquilamente y no me gusta la gente que se escaquea de recoger las mesas del almuerzo. Me gustan los críos de mis amigos y amigas que te miran con cara de estáis locos, me gusta cuando encendemos la tele en el sótano y ves que en la plaza hay espacio para la reivindicación. No me gusta la violencia que las diferentes policías utilizan contra parte de esta ciudad para que no llegue la ikurriña a la plaza. Me gusta y emociona cuando unos barbudos cuelgan una enorme ikurriña en las narices de los cortijeros y corruptos del Régimen que ponen cara de no poder creérselo. Ajo y agua. ¡Si no quieres taza, taza y media! Aborrezco cuando esa gente, que se cree dueña y señora de nuestra Iruñea, pretende hacer que pidamos perdón porque un símbolo aceptado y querido por casi la mitad de las y los iruindarras ha hecho acto de presencia en el comienzo de las fiestas. Yo no tengo nada por lo que pedir perdón. Ellos si. Ellos que nos han robado económica, política y sentimentalmente. Me gusta cuando la plaza a rebosar les recuerda lo ladrones que son y les pide que se vayan. Me gusta ponerme el pañuelo a las doce, no cuando a un chiringuitero le apetece tirar el txupinazo. Me gusta la Biribilketa de Gaintza en el zaguán consistorial poco antes de que se abran las puertas del ayuntamiento. Me gusta brindar por todas aquéllas y aquéllos que no pueden estar en Iruñea en fiestas, pero que viven con intensidad y emoción este día y estos momentos desde las cárceles españolas y francesas. No me gusta cuando una Audiencia extranjera pretende prohibir que nos acordemos de ellas y ellos. Me pone los pelos de punta el aplauso unánime a la ikurriña al comienzo del festival de dantzas de la Plaza de los Fueros, me gustan los grupos de dantza de Iruñerria haciendo el saludo a la ikurriña en agintariena y me chiflan las dantzas. Me gusta Larraindantza a las dos y media de la tarde del seis de julio. Me gustan los abrazos y besos del día seis, como si no nos hubiésemos besado nunca, entre el sudor, la emoción, las risas, los primeros bailes. No me gusta, me parte la fiesta y me enerva, enfurece y me da asco cuando algún imbécil decide sacar el machista heteropatriarcal que lleva dentro y agrede verbal o físicamente a una mujer por el mero hecho de ser mujer. No me gusta cuando los del Régimen, que tan molestos se sienten por un símbolo de esta ciudad, asisten impasibles y por lo tanto cómplices a esta vejación de las mujeres. Me gusta cuando las mujeres deciden auto-organizarse y deciden defenderse. Me gusta que algunos hombres las tengamos como modelo de lucha y compromiso. Me gustan la gente que viene de fuera y se adapta a lo que aquí vivimos, intentando hacerse un hueco en esta fiesta, porque hay sitio para todo el mundo. Me disgusta cuando los y las guiris desembarcan como si esto fuese la ciudad sin ley donde todo es posible. Me da asco porque esto es lo que les venden desde algunos despachos del ayuntamiento. Me apasiona cuando le cantan al santo por tres veces en el comienzo del encierro y cada vez se oye más cantar en euskera. Me gusta ver a Xabi corriendo en Santo Domingo, como antes lo hizo Iosu, como los del Cabestro, gente de Iruñea, que no necesitan cámaras ni televisiones para vivir preciosas carreras delante de los toros. Me disgusta ver a gente haciendo el pata delante de los morlacos como si fuesen vacas. Aborrezco las camisetas de colores en el encierro, las camisetas de equipos de fútbol y la gente que para tener 3 segundos de “gloria” necesita distinguirse con colores, cuando en realidad son parte de ese gris del espectáculo mediático.

Me gusta el almuerzo del día siete, medio de resaca y contando la víspera, lo que nos acordamos de ella. Me gusta el vermuth del día de San Fermín. Me gusta ver a mis concejales en la procesión y poder aplaudirles. Me disgusta la proliferación de cruces y curas en ella. Me disgusta que algunos se crean que este acto sólo es de ellos. Me gusta El asombro de Damasco y después de oírlo lo tarareo un buen rato. Me gusta la Pamplonesa en las dianas y no me gustan los divinos de las dianas. Me gusta encontrarme con la familia en el vermuth del día siete. Me gusta y me pone los pelos de punta acordarme de la ama ese día riendo, cantando y bailando. Me gusta la comida familiar del siete y me gustan los brindis por quienes ya no están, los cantos, las risas de los nuevos miembros de la familia. Me gusta el comienzo del Te Deum de Charpentier al principio de cada corrida aunque casi nadie sepa que es una melodía del XVII. Me gusta la pitada al alcalde en la plaza de toros el día siete. Me gusta cuando los de sombra, por vez primera, no aplauden. Me gusta la merienda del siete. Me disgustan los anormales que se dedican a tirar de todo desde andanada. Me gusta la salida de las peñas y me encanta salir a mi aire, sin un recorrido fijo, perdiéndome en mi propia fiesta. Me gustan la cervezas con mis tías y tíos. Me gusta encontrarme con una mirada en medio de un bar, rozarnos con los ojos y decir “lo siento” cuando las respectivas cuadrillas deciden cambiar de bar. Me dan náuseas los putos graciosos que tienen que decir algo pretendidamente gracioso a las mujeres que están en nuestro grupo. Me gusta cantar Dolü gabe con la gente de Iparralde, no me gusta cuando los gabachos deciden practicar el rugby en un bar lleno de gente. Me gusta cuando la gente de fuera hace el esfuerzo de pedir en euskera o cuando te dicen agur y no me gusta la gente que viene aquí como si fuesen las tropas del Duque de Alba. Me gusta ver el jai gune de Gora Iruñea lleno de gente a todas horas, me gusta la pequeña victoria popular que eso ha supuesto y no me gusta que alguien se crea que ese es el objetivo, porque tenemos mucho todavía en qué avanzar para que estas fiestas recuperen su caracter popular, participativo, paritario y euskaldun que nunca debieron perder. Me gusta encontrarme con un amigo que está de gaupasa y que me diga con una sonrisa que es que ha ligado, no me gusta el agobio que algunos llevan encima porque no ligan… quizás si no tuviesen ese agobio ligarían algo más. Me gusta la gente del resto de Euskal Herria cuando viene con sus pañuelos de Piratas de Donostia, de comparsas de Bilbo, con los pañuelos de Iparralde y con los de los y las blusas de Gasteiz. Me da bastante asco cuando la gente viene y no respeta, y mea en cualquier sitio como si esto fuera su caseta de ferias. Me gusta la txozna del Oinez y no me gusta que Gora Iruñea y el Oinez estén fuera del espacio festivo mientras las casetas regionales, sin concurso ni nada que se les parezca, están en el cogollo de la fiesta. Me gustan las dianas de txistularis y gaiteros. Me gusta Braulia dando vueltas al son del txistu y no me gusta cuando se cae y se rompe el cuello. Me gustan los zaldikos, las txarangas de las peñas y uno que toca el violín en una esquina… ese, me encanta. Lo siento, no me gustan las batucadas, pero me gusta el Struendo de Iruña. Me gusta la elektrotxaranga y el bailoteo con ella. Me gusta la espontaneidad de la fiesta y aborrezco el programa cerrado. Me gustan los ritos de la fiesta y me disgustan las tradiciones sin sentido. Me emociono con el vermuth familiar del día catorce, con La Dominguera del catorce en la Plaza del Ayuntamiento, me encantan los vermuths que se alargan sin querer, me gusta la foto familiar del catorce y me encanta que mi tío haga como que no le gusta, me gustan los “amigos” de unas horas y me gusta reencontrarme con amigos que no he visto en todas las fiestas, porque estas fiestas son así, para vivirlas en libertad. Me gusta terminar las fiestas cuando a mi me da la gana, sin que me diga nadie desde su púlpito del ayuntamiento, cuando tengo que terminarlas. Me gusta quedarme con el pañuelo al cuello hasta que llego a casa el último día y me disgustan las lecciones de gente que me dice que me lo tengo que quitar. Me pone frenético la tontería de anudar pañuelos en puertas de iglesia o ayuntamientos, es más, me parece una imbecilidad. Me gusta llegar a casa el día catorce, o el quince a la mañana, poner una lavadora con la ropa y dormirme pensando que ya falta menos.

Estos son mis sanfermines, incomprensibles, sentidos, incongruentes, difíciles de explicar, ni tampoco lo pretendo. Lo mejor es vivirlos, cada uno a su manera, pero vivirlos desde dentro y dejándote llevar por ellos. Nueve días en 365, pero nueve días que también marcan una manera de vivir la ciudad el resto del año.

los sentimientos no se pueden prohibir ni reprobar

Huevos con jamón, tomate y patatas (magras con jamón que decía el otro), tinto con gaseosa, así, a las nueve y media de la mañana, con un cuerpo que se resiste a entrar de buenas a primeras en el torbellino de caldos, sangrías, sorbetes, cervezas y demás con el que va a ser regado en los próximos días y tu cabeza te dice que si, que es seis de julio y que en poco más de dos horas empezarán los casi nueve días de fiesta y tradiciones, de nuevas experiencias y sentimientos viejos, de abrazos entre el sudor y abrazos sudados, de recuerdos a quienes no están y reencuentros con quienes vuelven a Iruñea, la ciudad vascona que se convierte en ciudad mundial por unos días.

Hamaiketakoa

Y entre vaso y vaso y untada de tomate, un café y mis compañeros se van al ayunta, con los invitados de Bildu Iruñea, presencia necesaria en los balcones del edifico rococó, ahí donde se supone que vigilan, como estatuas de piedra que son, impertérritas, la Justicia y la Prudencia, esas señoras representadas en piedra y cada vez más ausentes en la realidad municipal, burlada día a día su vigilancia. Felipe, Eneko, Iosu y Maitagarri, invitadas e invitados que nos recuerdan que se sigue desahuciando, que la lista del puto Inem, aquí Inem a la navarra, es cada vez más larga, que en este Pueblo nuestro sigue habiendo personas juzgadas y condenadas por su militancia política y que el modelo de fiestas y de ciudad avanza con un espacio a orillas del Arga para seguir su camino. Invitados al piso de abajo, ellos y ellas con Miren y Bakartxo, de Bildu Nafarroa y nuestra representatividad municipal al segundo piso, con el resto de ediles.

Bildu eta gonbidatuak

Y mientras se acerca el momento me sumerjo en los sotanos propios y en los de Iruña Taldea y los sentimientos empiezan a aflorar, recuerdos de quienes ya no están, de otras sonrisas y otros tiempos que se topan con la realidad de las criaturas que amigas y amigos se han empeñado en soltar en este mundo, con estos primeros txupinazos que les acompañarán hasta que otros comienzos de fiesta los sustituyan. Con la piel de pollo y una de esas criaturas en brazos enciendo la tele, que ni es de plasma ni falta que hace para utilizarla de año en año, a media voz, con el volúmen de nuestro propio local de dantzas convertido en plaza consistorial particular y en estas estamos cuando, de repente, se desliza por delante de la fachada del ayuntamiento uno de los símbolos de gran parte de las y los iruindarras, una bandera que la obsesión y totalitarismo se empeñaron, hace tiempo, en prohibir a toda costa en la ciudad y en ese comienzo de fiestas que es suyo, claro que si, pero también nuestro, desde luego. Porque todavía siguen sin comprender que, pese a que la sigan tratando de enseña maldita, habrá miles y miles de hijas e hijos de esta ciudad cuyas gargantas quedarán entrecortadas por la emoción al ver, un año más, el símbolo de nuestra libertad, de nuestra ciudad, de nuestra convivencia y de nuestro respeto al diferente como recuerdo presente de la dignidad, el sentimiento y el propio ser de gran parte de esta vieja ciudad vascona, medieval, unida a base de privilegios, conquistada, afrancesada, despojada de sus derechos, provinciana, escarmentada a base de fusilamientos, silenciada, “democratizada”, euskalduna, protagonista del cambio por llegar. Porque esa historia, la misma que dice que en el Café Iruña se dibujó por vez primera la ikurriña, también es nuestra historia, la de esta ciudad, por mucho que se empeñen en desterrarla y manipularla.

2013ko uztailaren 6a

Y en estas estamos cuando faltan dos minutos para las doce y no se asoma nadie a los balcones, no hay invitados en la balconada, ni siquiera los timbaleros han salido para tocar la “Llamada a la ciudad” y le digo a un amigo que no van a lanzar el txupinazo a las doce. No hace falta que nadie me lo diga, porque cualquiera que haya seguido el txupinazo año tras año sabe que el rito tiene una serie de pasos que no se están dando. Y dan la doce y las puertas de los balcones siguen sin abrirse y es entonces cuando un amigo me dice que tengo mala cara y es que me estoy intentando imaginar el panorama adentro, sobre todo el panorama para nuestros concejales, porque se está convirtiendo ya en una tradición que sean objeto de insultos por parte de concejales e invitados de UPN. Es lo que tiene el fascio, que aunque no se da cuenta que lo es, actua como tal. Y en ese sótano sin cobertura soy testigo de los dieciocho minutos más imprudentes, temerarios e irresponsables de un seis de julio protagonizados por un alcalde imputado por corrupción, por su grupo municipal, con un concejal delegado de cultura que no tiene conocimiento de la misma, y varios miembros de los diferentes grupos de la oposición, con mayor o menor fortuna, y todo ello con miles y miles de personas en medio de una marea que podría haber causado unas cuantas desgracias.

La realidad dentro del ayuntamiento se acerca bastante a lo que me estaba imaginando. Nuestros invitados son insultados por los cachorros de UPN, unas juventudes que se autodenominan navarras, encabezadas por un parlamentario experto en esperpentos tuiteros, gente que tendría que tener otro nivel como representantes públicos, acompañados por una corte de fanboys que se dedican a ladrar, de esos que son capaces de hacer lo que sea con una simple seña del jefe, gente cuyo respeto por la gente desahuciada y desempleada queda al descubierto a base de insultos que ni las juventudes hitlerianas en sus hogueras de libros, esa gente que no respeta ni a personas que quieren y trabajan, legítimamente, por un modelo más abierto de fiestas, esa gentuza que se empeña en seguir persiguiendo, juzgando y encarcelando a militantes políticos. En el piso superior el panorama, lejos de mejorar, se parece cada vez más a un ring en donde el golpe y el puñetazo toman forma de insulto, otra vez. La desinformación es el arma utilizada desde el primer momento. Tras verse sorprendidos por la ikurriña se avisa al alcalde y al lanzador del txupinazo de este año. En dos minutos su odio y obsesión hacia una de las banderas de este Pueblo da paso a la decisión de que no se tirará el txupinazo hasta que no la quiten. Esa es la cuestión desde el principio, pero durante los primeros minutos, con una balconada cuyas puertas están cerradas a cal y canto, deciden informar a los miembros de los otros grupos que la ikurriña imposibilita lanzar el txupinazo, algo que a todas luces, por lo menos desde fuera, y por lo que me dicen, desde dentro, era totalmente falso. Y alternativas, en todo caso, antes que retrasar el acto, había unas cuantas. Esa es la realidad del momento. A la vez es el propio alcalde, el máximo representante de la ciudad, ese que tendría que haber dimitido hace tiempo por probables prácticas corruptas, el que se dedica a pedir cuentas a Eva, Peio y Patri, como si hubiesen sido ellos quienes habrían colgado la bandera, es este señor el que, olvidando su papel en la ciudad, se dedica a insultar a miembros de la corporación, de Bildu, claro está, fuera de si. Ahí van al ataque, en medio de esa mezcla de informaciones sesgadas, algunos de los periodistas presentes en el salón, algunos de ellos auténticos voceros del Régimen, algunos de ellos emulando a Garcilasos e Iribarrenes. Y entonces hace su aparición el que se supone gestiona la cultura en esta ciudad, una persona cuyo nivel 0 es el elemento principal para ser representante de la ciudad en el Ayuntamiento. Iruñea no se lo merece. Ahí están sus tuits, para siempre guardados, repitiendo en la red lo que ha insultando directamente. Hay tuits que traen otros, como el que recibió Bakartxo Ruiz amenazándole de muerte y cuyo perfil fue borrado rapidamente (el del amenazante, se entiende).

Desgraciadamente no son los únicos que se dedican a repartir leña a Bildu y algunas actitudes diciendo que la ikurriña ha estropeado el comienzo de las fiestas quedarán para siempre en la memoria colectiva de mucha, mucha gente. Quien hace esas declaraciones llega a reprochar a nuestros concejales que “la ikurriña está sufriendo un abucheo histórico”. Otra mentira. El grito mayoritario fue contra UPN y el abucheo contra el retraso del txupinazo. Finalmente se retira la ikurriña, con un municipal esperpéntico alzando el puño en señal de victoria después de semejante hazaña cuya acción ha quedado a ras de suelo y entre gritos de UPN kanpora! Y salen el alcalde y el lanzador y se dedican durante un minuto a gritar aquello de “¡San Fermín , San Fermín!”, convertido últimamente en grito oficial para muchas cosas, y no hace falta irse muy lejos en los años para ver a qué punto ha llegado su manipulación. Un grito que, escondiéndose en el icono que representa el de Amiens, significa fuera lo que no gusta, lo que no entiende y lo que me molesta al poder actual, poder en todas sus vertientes. Grito esperpéntico en un acto esperpéntico, chsssss, PUM! Y toma cohete que tiro a la gente que está abajo, como si no hubiesen sufrido poco ya, y para adentro, que el señor alcalde ha llamado a los y las portavoces a una reunión de urgencia cuyo tiro les sale por la culata, a esa pareja cómica, imputado y el del exploto, que eso no fue txupinazo ni nada que se le pareciese, y a quiénes intentaron situarse “entre el bien y el mal” solicitando la reprobación por colgar una ikurriña. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Los “vasquistas” pidiendo la reprobación por hacer presente la enseña vasca. Y ahí se quedaron, unos sin declaración institucional, y otros sin reprobación que les diese el titular de su periódico.

Eran más de las dos de la tarde cuando me tomé mi primera caña, cuando disfruté de los primeros compases de la fiesta, entre amigos y con uno de ellos literalmente aporreado por forales y munipas que se dedicaron, esos si, a joder el comienzo de la fiesta en la calle Chapitela. Pero eso no les interesa que se sepa.

Continua la fiesta. Con la ikurriña en cientos y cientos de balcones de Iruñea.

Zapia

el Escarmiento

Después de leer la última de Sánchez-Ostiz, El Escarmiento, no me queda otra que romper mi costumbre de titular las entradas de este blog en minúsculas. No pretendo condicionar el posible debate y la reflexión con un título en mayúsculas, quitando espacio al pensamiento, pero en este caso no hay manera de dejar el título en letra pequeña, pues enorme fue el Escarmiento que algunos se empeñaron en dar a sus vecinos y vecinas que creían en la libertad y la igualdad de condiciones para todo el mundo, para obreros y empresarios, para mujeres y hombres, para republicanos, nacionalistas y foralistas… Y en esas seguimos. Cada vez hay menos gente que apoya seguir pagando las cacerías de nadie, cada vez hay más gente que cree que la única salida es poder decidir soberanamente cómo hacer frente a la crisis (económica, social e institucional, se dice ahora), y cada vez hay menos gente, de aquellos foralistas, que se acuerda de lo que eran o son los fueros (lo poco que han dejado). Las consecuencias de aquél Escarmiento siguen vigentes.

He leído la novela con ansia, poniendo cara a la tragedia de aquéllos días, recordando palabras cercanas que me decían que después, los que quedaron, tuvieron que vivir en silencio, sin mencionar, sin recordar, pero sin poder olvidar. Y es entonces cuando esas preguntas que hoy en día hacen los que siguen dando Escarmiento, desde el periódico golpista, o desde el Palacio de Navarra, o en la extinta Caja Navarra o desde iglesias y palacios arzobispales, intentando mantener el orden que consiguieron a base de cunetas, es entonces, digo, cuando esas preguntas me revuelven las tripas. La pregunta es siempre la misma, “¿para qué queréis remover nada?, “es mejor pasar página” “todos aquéllos ya están muertos”. Y después viene lo de la reconciliación, la convivencia, patatín, patatán, cuando en realidad (¡qué claro lo dice Sánchez-Ostiz!) quieren decir olvido, para seguir manejando el cotarro, para seguir metiendo la mano y robando, bien sea el poco dinero que queda, bien sea la memoria de un Pueblo o la propia esperanza que parece renacer.

Esta obra nos golpea con una realidad bestial, una realidad que, si bien se vivió hace más de 75 años, es actual en muchas de sus caras, no porque estén vivas (la mayoría han desaparecido) sino porque son el original de muchas de esas caras que hoy día siguen por Iruñea y en el conjunto de Nafarroa, caras de los vencedores y también de los vencidos. Apellidos, familias, motes, de ayer y de hoy. Emilio Mola, general sublevado, cabeza pensante de aquélla sublevación, apodado El Director, y sobre todo autor de las directrices secretas que establecían los métodos de represión contra el bando contrario, entendiendo el bando contrario con la acepción más amplia posible. Nacionalistas, socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos, pensadores, maestras, labradores, cargos públicos de la República, militares y civiles, camareros, obreros, aprendices, burgueses, madres, hijos, jóvenes y ancianos, niñas (Maravillas, florecica de Larraga)… Todo aquél y aquélla sobre la que caía la sospecha de simpatizar con las ideas republicanas y nacionalistas y también quienes sufrieron la venganza personal por envidias y riñas de vecinos, sufrieron, de una u otra manera, el Escarmiento de una persona que, al decir de quiénes le conocieron, sólo pensaba en matar. Esa persona cuya tumba sigue en la cripta de un edificio que sigue teniendo en su frontis, convenientemente tapado (obligados), la inscripción Navarra a sus muertos en la cruzada.

Y junto a Mola estuvieron otros. Garcilaso, director del Diario de Navarra, que no sólo se dedicó a escribir loas hacia el bando fascista, y que fue parte activa en la preparación y ejecución de aquél Escarmiento. Un periódico que estuvo, como hoy mismo, en el meollo de la cuestión. Victor Eusa, arquitecto y miembro de la Junta Central Carlista de Navarra, al que las actuales autoridades siguen homenajeando, José María Iribarren, escritor y secretario particular de Mola, Angel María Pascual, periodista y destacado miembro de la Falange, Moreno, el del Hotel la Perla. Lugares como el Casino Principal, lugar donde se reunían los conspiradores, ese mismo lugar que cuelga todavía en sus balcones, en días señalados, banderas españolas y en donde se celebra el baile de la alpargata, el Diario de Navarra, ese periódico que anunció la declaración del estado de guerra con un Viva España! y que sigue siendo vocero de aquéllos mismos, el Fuerte de San Cristóbal, entonces cárcel militar y el último lugar que vieron en vida muchos de los fusilados en cunetas, parajes y apartados, el Palacio de Capitanía (antiguo Palacio Real, hoy Archivo General de Navarra), sede desde donde Mola dirigió su estrategia aniquiladora, la sede del periódico La Voz de Navarra, actualmente sede del PNV, y tras la sublevación lugar desde donde se publicó el periódico Arriba España, la Plaza del Castillo, escenario principal antes y durante la guerra… Y luego lugares que no tienen nombre, porque todavía muchos no se conocen, simas, cunetas, parajes apartados, corrales, caminos, tapias, huertos que se convirtieron en cementerios de fusilados, en cementerios de una memoria que poco a poco se va rescatando.

Plaza del Castillo 1936-2011

Y vas leyendo las páginas de la novela e inevitablemente trasladas al presente personajes y lugares, porque los hijos andan por aquí y los lugares siguen aquí. Y es entonces cuando te entra la angustia al pensar el manto de silencio que cubrió esta ciudad y Navarra entera. Silencio obligado para los muertos, fusilados, silencio para las familias de aquéllos desaparecidos que no tuvieron ni una triste tumba sobre la que llorar, silencio para una población que fue testigo del horror, pero sobre todo te entra la angustia al ser consciente que era vox populi lo que estaba ocurriendo. Desaparecían los vecinos y ya no los volvían a ver, se llevaban a concejales y alcaldes sabiendo que los iban a matar, veían los camiones subir Ezkaba hacia el Fuerte, escuchaban los tiros en la noche, olían el humo de las hogueras cuando quemaban piras de libros peligrosos, a una de la calle le rapaban el pelo y le daban aceite de ricino y luego la paseaban, cagándose, por la Plaza del Castillo para mofa generalizada, el Diario de Navarra daba cuenta de asesinatos que entonces no los llamaban así, había señoritas que antes de ir a misa iban a la Vuelta del Castillo, nerviosas, para ver por vez primera un fusilamiento, los curas hablaban, mucho, e impartían bendiciones a quien iba al frente, ese frente lejano, sí, pero también a quien tenía que quedarse poniendo orden en el santuario de la sublevación, Iruñea. Fue un silencio obligado, sí, pero un silencio al que muchos, la mayoría, se tuvieron que agarrar  para poder sobrevivir, digo yo. Otros, también, impusieron ese silencio. Y lo siguen imponiendo.

Ese es el mismo silencio que todavía los herederos de aquéllos sublevados quieren imponer a toda costa. Un silencio que significa olvido. Un silencio que impida conocer la verdad, una verdadera justicia y la reparación de la memoria de los que tuvieron que sufrir aquél silencio, todos. Sánchez-Ostiz ha hecho un trabajo extraordinario. Un trabajo que todavía hoy, más allá de posicionamientos políticos (que también), sigue siendo incómodo en esta ciudad en la que nos conocemos la mayoría. Así que estoy totalmente agradecido a Sánchez-Ostiz por el golpe en crudo que nos ha soltado en toda nuestra cara, por contárnoslo sin pelos en la lengua, haciéndonos oler la mierda que supuso aquello y ayudándonos a comprender que el tufo actual es el hedor de entonces.

Tras El Escarmiento vino El botín, que será la continuación de la novela de Miguel Sánchez-Ostiz. A la espera quedo.

#resisturtza

Son casi las seis de la mañana y me despierto pensando en toda la gente que ha pasado la noche construyendo el muro popular en Ondarru, me acuerdo de Urtza y con el presentimiento que ayer teníamos al acostarnos de que esta noche el PNV iba a mandar la Ertzaintza a cumplir las órdenes de la Audiencia Nacional, entro en Twitter para saber qué es lo que ha pasado. Desde Twitter escucho la sirena de Ondarru, voz del mar que avisa que esa policía, sumisa al inmovilismo del PP, está llegando… Vienen desde Mutriku, por tierra y mar… Casi cuarenta furgonetas y patrols y varias lanchas patrulleras están en camino. El muro popular empieza a formarse , parece que llueve, pero el ánimo está bastante animado. Llegan a la Alameda de Ondarru desde todas partes del pueblo, vecinas, vecinos que quieren formar parte de ese muro popular. En Twitter empiezan a llegar mensajes desde toda Euskal Herria.

zubi-harresia

A ti te han despertado de ese duermevela bastante antes. Te han avisado en la vigilia en la que cientos de personas han convertido la noche, una noche que puede traer fantasmas y demonios. Pero los malos sueños, esta vez, llegan al despertar, llegan en veloces barcas, llegan en una interminable fila de carros, con el único objetivo de volver a detener y volver a encarcelar a alguien de este Pueblo, un Pueblo que, pese al ejército que los señores y jauntxos se empeñan en hacer caer sobre él, sigue adelante, construyendo su futuro, desobedeciendo, rebelándose y creando un muro popular en todo el País, un muro de dignidad y compromiso.

Mientras me preparo el desayuno sigo leyendo a @iontelleria, @ander_prz o @larbelaitz. Nos cuentan que el puente peatonal, símbolo de esta resistencia, ha ido llenándose poco a poco, formando ese muro popular, ese muro solidario y ese muro desobediente. Eutsi gogor!!! Los mensajes de solidaridad recorren las redes sociales, los watshaap se llenan de avisos para decir que vienen. Hay quien desconfía de Internet. Hay quien dice que Internet a deshumanizado la propia comunicación personal y no le falta razón seguramente, aunque siempre nos queda la decisión personal de cómo utilizar ese instrumento. En este caso somos miles las personas que estamos formando en esos momentos el muro popular de la dignidad, un muro que se está formando en Ondarru, que ya lo hizo en Donostia y que sigue en cada una y cada uno de nosotros.

Tu, mientras los agentes del orden español en suelo vasco ya han llegado, has subido al puente con otros cientos de personas, estáis cansados, pero la fuerza de la solidaridad y, sobre todo, de la dignidad os empuja a seguir dando ejemplo de lo que este Pueblo es capaz de hacer por defender su futuro en libertad. El puente ha quedado bloqueado con un mar de abrazos. Ahí está la juventud, verdadero motor de esta dinámica rebelde, junto a ellos y ellas, amonas, aitonas, representantes políticos de EH Bildu que nos demuestran que no todos los políticos son iguales y que hay otra forma de hacer política con y junto a la ciudadanía. Llueve sobre Ondarru, pero es lluvia que limpia nuestras conciencias, que las une entre si creando una conciencia de Pueblo. Unos ojos os miran tras los cascos rojos y os miran con incredulidad, con la incredulidad de quien solo sabe cumplir órdenes sin preguntarse nada más y con la incredulidad de quien al llegar a casa prefiere que ésta duerma ya para no tener que responder con mentiras a las preguntas. Algunos preferirían no estar ahí, no tener que esconder su cara de vergüenza tras una malla negra y no tener que arrastrar la resistencia de jóvenes, mayores, mujeres y ancianos por el suelo de su propia impotencia. Es su suelo ético, dicen.

Urtza Alkorta

Las imágenes empiezan a llegar. Las imágenes de cientos de personas unidas para proteger a una sola. Las imágenes de todo un Pueblo desobedeciendo de forma pacífica. Las imágenes de mil personas rodeadas por cientos de policías cantando Lepoan hartu eta segi aurrera! Y se nos pone la carne de gallina. Y se me hace un nudo en la garganta. Porque esas imágenes me producen dos sensaciones muy diferentes. Me producen orgullo por lo que ahí se está haciendo, porque estoy seguro que estamos siendo testigos de una página muy importante de nuestra historia, de una página que está marcando un antes y un después. Dentro de unos años se hablará de la época del muro popular y se dirá lo qué significó en la resolución del conflicto y en la propia construcción de Euskal Herria. Recordaremos que aquello empezó en Donostia, continuó en Ondarru y siguió en muchos pueblos, barrios y ciudades de toda Euskal Herria. Y nos llegan también las otras imágenes. Las de esa policía del PNV empleando sus impecables métodos para romper el muro popular de solidaridad y resistencia. Y vemos a un señor con casco amenazando a una señora parlamentaria, y vemos a un señor de negro con la cara tapada pisando los dedos de un joven para que se suelte de ese muro humano, y vemos a tres policías arrastrando a un señor de setenta años para echarlo del muro, y vemos a ese señor aguantando y con una dignidad que los cipayos que le llevan no llegan a comprender, y vemos a un grupo de mujeres negándose a abandonar a sus hijos, nietas, a sus hermanas y a sus compañeros y enfrentándose a unos tipos armados y sin razones. Y es por eso que se me mezclan los dos sentimientos contradictorios que antes decía. Uno es, ya lo he dicho, de orgullo. Pero el otro es de tristeza. Tristeza al ver que todavía en este Pueblo seguimos sufriendo y porque hay quien prefiere ser sumiso a la inmovilidad de todo un Estado en vez de sumarse a una resistencia pacífica que ahonde en los pasos que la mayoría de ese mismo Pueblo ha decidido dar en la búsqueda de una solución al conflicto político que vivimos desde hace ya demasiados años.

Los agentes del orden español llegan por fin hasta donde tu estás y en ese momento te levantas y se te escucha pedir calma a quienes están contigo sentados resistiendo y, sobre todo, calma a quienes están deteniendo a esas personas tratándolas, en muchos casos, como si fueran bestias. Y llegan, te cogen, entre tres, te agarran del cuello, no vaya a ser que se te ocurra gritar nada más, y se te ocurre. Gritas que no es tiempo de detenciones y gritas un eskerrik asko Euskal Herria! que llega hasta el txoko más perdido de este pequeño País. Te llevan, a empujones, pero con la cabeza bien alta, antes de introducirte en la furgona vuelves a gritar jo ta ke! y con ese grito nos quedamos, un grito que pasa de la resistencia a seguir luchando por este Pueblo. Y seguiremos trabajando, claro que si Urtza.

Poco a poco la Alameda se va despejando. El puente se ha quedado vacío. Se van las gentes armadas. Unos siguen provocando, pero nada han conseguido. Otros se van mirando al suelo, incapaces de mantener la mirada a todo un Pueblo, ni siquiera tras el pasamontañas y escondida en el casco. Y se queda la gente, en una asamblea cuyo mensaje final es un mensaje de esperanza: se han llevado a Urtza, pero hemos ganado. Y es que Euskal Herria ha vuelto a dar hoy un paso de gigante en su determinación por seguir buscando una solución democrática y humana al conflicto. Llegarán nuevos muros populares que volverán a ser nuevas llamas encendidas en el camino a seguir para lograr un futuro en paz y libertad, para todas y todos, sin excepciones. Y quedarán para siempre en nuestra memoria colectiva e individual.

Urtza, no se dónde estás ahora, si estás en una celda sola o con alguna compañera, si mañana te llevarán lejos de Euskal Herria o qué harán. Pero tengo muy claro que esta noche vas a dormir con una sonrisa en la boca, la sonrisa que muchos y muchas por todo el País tendremos, pese a que se nos haya quedado un nudo en la garganta, porque, una vez más, habéis demostrado, has demostrado, hemos demostrado, este Pueblo ha demostrado, que el futuro se construye paso a paso y se construye desde el hoy, desde el ahora y que, pese a órdenes y mandatos, vengan de donde vengan, siempre hay y habrá un espacio para la rebeldía, para la solidaridad, para la lucha, para la insumisión, para el compromiso y para la esperanza.

Muxu haundi bat Urtza, benetan niretzako eredu laztana izan zarelako. #resisturtza! #eutsiurtza!!!

simbología

Las pintadas de ideología fascista, nazi, xenofobas y racistas aparecidas en las paredes de un céntrico instituto de Iruñea nos ofrecen una oportunidad inmejorable para reflexionar sobre simbología de corte fascista en la ciudad. La gravedad de las pintadas realizadas en el exterior de un centro educativo con la protección de la noche, pero, no lo olvidemos, en una ciudad plagada de cámaras tanto públicas como privadas y en una zona suficientemente transitada, a la vuelta de una plaza con buena visibilidad y a escasas dos manzanas del cuartel de la Guardia Civil (¿casualidad?), me hacen pensar que, desgraciadamente, no son fruto de la casualidad ni algo aislado.

pintada fascista

En una ciudad en la que, a pesar de la existencia de leyes de memoria histórica y a pesar de las constantes denuncias populares, persisten diferentes elementos de simbología franquista en edificios públicos (ahí tenemos la laureada en el frontis del Palacio de Navarra), calles dedicadas a elementos de la dictadura franquista, e incluso escuelas públicas que llevan el nombre de dirigentes franquistas (como Victor Pradera, diputado tradicionalista y defensor de Fernando el Católico en su conquista del Reyno de Navarra) resulta que unas pintadas son borradas con rapidez por parte de UPN en el ayuntamiento tras la denuncia de Bildu, pero en cambio ese mismo partido, UPN, sigue negándose a retirar los restos de simbología fascista que quedan en la ciudad y el resto del herrialde. Una ciudad gobernada por el mismo partido que mantiene un edificio en memoria de los muertos “por Dios y su cruzada” (convenientemente disimulado), en cuya cripta todavía hoy se celebran misas por el alma de asesinos como Emilio Mola, una ciudad en la que los concejales de la República fusilados durante el golpe fascista no tienen más que un discretísimo reconocimiento en una esquina del zaguán de la casa consistorial conseguido gracias a la labor y el compromiso de los colectivos en favor de la memoria histórica.

Es en esta ciudad en donde se dan las “condiciones” para que pintadas de tipo fascista, nazi y racista se realicen en un instituto, para que una pareja homosexual reciba una paliza en un parque de Iruñea y para que una laureada franquista siga presidiendo la fachada principal del Palacio de Navarra.

Es obligación de los gobernantes y dirigentes de Iruñea trabajar en favor de la verdad, la justicia y la reparación de la memoria histórica, de eliminar cualquier símbolo fascista, pero también están obligados a crear las condiciones y fomentar actitudes que favorezcan la convivencia en la ciudad, sin medias tintas.

* Por la tarde me entero que también en la sede del sindicato ELA, en el ensanche iruindarra, sufrió el ataque de los fascistas con pintadas de esvásticas en su fachada.