se acabó la mascarada

Desde esta ciudad que UPN se empeña en convertir en dos, la blanca y la negra, la buena y la mala, cuando día tras día cada vez es más la gente que reconoce quién es el corrupto, poltronero y maleante que, tras quitarse la careta, ha dejado ver su verdadera cara fascista, esa que, algunos, no hemos dejado de ver jamás; desde esta ciudad, digo, vuelvo al necesario ejercicio de reflexión para poder ir más allá de la arremetida fascista y poder ver cuáles son las intenciones de esta bestia herida.

Los que han estado robando durante años, los que han hecho de Navarra su cortijo, esos que hundieron la CAN, los mismos que se han dedicado a la política del ladrillo construyendo circuitos y trenes que no van a ninguna parte, los que, como aquéllos reyes absolutistas, se empeñaron en hacer su pabellón de arena y que sin inaugurarlo lo único que recoge es podredumbre, tanta como son capaces de darle los corruptos, señal inequívoca de que ese castillo de naipes lleno de poltronas empieza a desmoronarse; esos que, mientras se dedican a desnaturalizar las fiestas pretender meter las mismas en un museo que nadie quiere y que nos ha costado, solo la idea, seis millones de euros en esta tierra con 50.000 personas sin empleo. Los mismos que se empeñaron en regalar terrenos de la ciudad al Opus, ese hermano de colegio mayor que se dedica a salvaguardar desde la sombra, mediante un adoctrinamiento disfrazado de intelectualidad, los intereses de la Navarra rancia, corrupta y mangante. Esa que, no lo olvidemos, es la Navarra del 36, la cunetera, la que llenó sus tercios a costa de amenazas, de ignorancia y de falsa beatitud; la Navarra del 78, la que asesinó a tiros en las calles de esta ciudad; la Navarra que encarceló insumisos, la que creó leyes para marginar su propia lengua, la que persiguió con saña y criminalizó a la juventud comprometida; esa Navarra que condena a dos años de cárcel por tirar tartas y se alía con los del Duque de Ahumada para atacar mediante mentiras y falsos informes un modelo público de la educación. Esa es la Navarra que estos días se quita la careta con chulería, como solo lo pueden hacer los matones.

Campando a sus anchas

En Nafarroa el viento del cambio lucha por llegar a todos los txokos de esta tierra saqueada. Algunas y algunos ya hemos abierto nuestras ventanas de par en par para que la alternativa real y transformadora vaya impregnando con ilusión y optimismo hasta los rincones más escondidos. Porque existen posibilidades más que reales de conseguir desalojar a esos que de la noche a la mañana hicieron creer que pasaban de cuneteros a demócratas, los mismos que de un día para otro hicieron ver que se conformaban con pasar del “ordeno y mando” al “acepto la mayoría”, aquéllos que cambiaron los cuarteles por parlamentos. Pero esa gente nunca, jamás, creyeron ni aceptaron la posibilidad de una verdadera democracia para esta tierra. Ni para esta, ni para ninguna. La democracia como expresión de la libre decisión del pueblo es algo que ni quieren ni aceptan. Esa expresión en donde podamos participar de lo que se decida, hablando y debatiendo entre vecinas y vecinos, colaborando en auzolan u organizando un referéndum. Pero ese concepto de democracia es un concepto que para esa gente es sinónimo de rojos, obreros, republicanos, nacionalistas o abertzales. Esa no es su democracia. La suya es la que, por un puñado de votos cada cuatro años, les permita seguir robando, cobrando dietas y engordando sus bolsillos a costa de nuestro dinero. Navarra tierra de chorizos.

Hoy más que nunca la mafia del régimen ve peligrar seriamente sus rentas. ¿Qué pasará el día que doña Barcina no esté en el Palacio de Diputación? ¿Por dónde empezará a salir el olor nauseabundo de las alcantarillas forales? ¿Qué pasará con ese Diario golpista que se mantiene a fuerza de subvenciones y propaganda gubernamental? ¿Qué harán todos los que viven gracias al pesebre que les dan? ¿A dónde irán a hacer el besamanos toda esa corte empresarial que han engordado a costa de proyectos faraónicos entre canapé y canapé de las recepciones?

Todo eso y más, mucho más, porque estoy seguro que no nos podemos ni imaginar lo que hay ahí, todo eso es lo que esa gente va a perder en muy poco tiempo. Es mucho lo que pierden. Y van a intentar, utilizando todos los medios y quitándose las caretas de “demócratas de toda la vida”, impedirlo.

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Es más, han empezado ya. Ahora son el profesorado de la enseñanza pública del modelo D, ese modelo que recibe premios a la calidad, ese modelo que una y otra vez UPN ha intentado desprestigiar a base de argucias legales, a base de no potenciar la propia opción de enseñanza en ese modelo. Pero esos eran otros tiempos. Eran los tiempos de la careta. Ahora son los tiempos de “agárrate a la poltrona y sigue chupando”, y en estos tiempos no hay caretas que valgan. Por eso acuden, una y otra vez, al único tema que les ha servido para mantenerse tantos años de mangantes. El todo es ETA sigue en pie. Pero el tema ya no está y siguen empeñados en hacer como que sí. Es lo mismo, les da igual. Tienen los medios de siempre, los que durante años hicieron creer que 40 años del silencio de los paredones habían sido “40 años de paz”; los que en el 36 saludaron a las cunetas con un “Viva España”; los mismos que entonces confeccionaban listas negras de maestros y maestras y hoy se dedican a mentir una y otra vez diciendo que las escuelas de modelo D son un nido de violencia; los mismos que se dedican a hablar de boicots al txupinazo cuando en realidad quieren decir persecución ideológica y conculcación de derechos; esos mismos que ponen en un gran titular que el paro ha descendido en 200 personas un mes para meter entre líneas que es alrededor de un 18% de la población la que está sin trabajo.

¿Y qué nos queda a nosotras y nosotros? ¡Nos queda todo! Nos queda la ilusión por cambiar esta podredumbre por aire fresco; nos queda seguir trabajando para tener mejores condiciones laborales; nos queda seguir con el compromiso de impulsar los derechos de las y los euskaldunes; nos queda seguir colaborando entre diferentes para lograr una sociedad que conviva desde el respeto; nos queda trabajar para que las instituciones sean verdadera voz del pueblo y no la cueva de Alí-Babá; nos queda cambiar esta sociedad para que mujeres y hombres tengamos las mismas oportunidades en igualdad de condiciones; nos queda una ingente labor por cuidar y revivir esta tierra contaminada que ya no puede mantenerse por si misma; nos queda paralizar y debatir sobre nuestras infraestructuras futuras; nos queda decidir qué queremos para nuestro futuro. Nos queda, sobre todo, seguir ilusionando a más y más personas para que participen en la construcción de esta alternativa de cambio que es un hecho.

Y todo esto pese al totalitarismo del 36, del 78 y del 13.

sin caretas

Gracias a Eguzki Irratia y a la colaboración que hago todos los meses para su escotilla tengo oportunidad de reflexionar en voz alta, de compartir con quien quiera escuchar, pensamientos, sentimientos e ideas que pasan por esta cabeza. Y esto es lo principal, que, pese a quien pese, hay que seguir haciendo lectura de la realidad, analizar lo que sucede, por qué sucede, a quién le interesa que eso suceda y sobre todo hay que seguir intentando obtener una interpretación propia más allá de la que les interesa que tengamos.

Parece ser que algunos están empeñados en mirar con nostalgia hacia atrás y si a principios de mes volvíamos de repente a los tiempos de las macro operaciones policiales, con los uniformados ocupando las calles de nuestras ciudades y pueblos deteniendo a militantes por los derechos de los presos y presas, terminamos el mes con la resaca de una sentencia en favor de los derechos humanos que, desde Europa, ha hecho caer las caretas al fascismo ideológico imperante en la política española. Este pasado domingo, en un hecho sin precedentes, los partidos en el gobierno, tanto español como navarro, participaron en primera línea en la puesta en escena de ese ultranacionalismo español que siempre ha estado más o menos latente. Que un gobierno que, con ocasión de las imputaciones por cobros irregulares en la CAN, mostraba un conveniente respeto por los procesos judiciales y la presunción de inocencia se manifieste, ahora en la calle, contra la decisión del más alto tribunal de derechos humanos europeo es un escándalo mayúsculo que no tiene igual en Europa. Pero esta gente anda desatada, con rabia, con afán de venganza. Hace tiempo que dejaron de gestionar las instituciones pensando en el bien general, en el bien común. Quizás, mucho me temo, nunca gobernaron para toda la ciudadanía y entraron desde un principio como señoritos en cortijo. Y ahora que el día que se les eche de sus cortijos está cada vez más cerca han pasado del nerviosismo a la histeria y son capaces de quitarse las caretas sin nigún rubor.

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Caretas que se quitaron para tratar de regalar unos terrenos municipales al Opus costase lo que costase. El caso de Donapea es un caso que forma parte del propio ideario de UPN. En la dictadura franquista el propio régimen se encargó de que el ayuntamiento de Iruñea regalase al Opus los terrenos para construir su universidad. Conforme pasaron los años quedó al descubierto que el Opus, al igual que el Diario golpista o el mismo UPN, forma parte de ese poder, en la sombra en muchos casos, de esas cien familias de la oligarquía navarra cuyo objetivo principal es seguir manteniendo un régimen político y económico acorde a sus propios intereses. Y es en estas donde aparece Donapea, pues resulta que esa colina aparece como un champiñón en un lateral del campus opusiano. UPN, a costa de la mayoría de la ciudad y del pleno, a costa del bien y del interés general, a costa de la propia educación ha intentado, por todos los medios, regalar ese terreno al Opus para que siga su expansión colonizadora en Iruñea. Pero resulta que se ha topado con la movilización de una sociedad cada vez más escandalizada y harta de los tejemanejes que Barcina, Maya y compañía acostumbran a hacer. Más allá de los oscuros movimientos, y de verdad que son oscuros, algún día verán la luz, más allá de esos oscuros movimientos que se han realizado en torno a este asunto y en el que no solo ha participado UPN, ha sido la movilización de la ciudadanía, de la mayoría social y política de Iruñea y de la propia comunidad educativa la que ha obligado al propio Opus ha salir públicamente desistiendo, de momento, de su intención de construir tres centros de investigación en los terrenos de Donapea. Y que nadie se despiste, pues raras son las veces en que el Opus sale públicamente hablando de sus propios intereses inmobiliarios. Y que nadie eche las campanas al vuelo pues ni el Opus, ni UPN, ni Diario de Navarra (y los tres están en el ajo), son de los que aceptan perder, ni mucho menos perder a causa de una victoria popular.

Y hablando de victoria popular, ese fue el sentimiento de miles y miles de iruindarras cuando el 6 de julio se desplegaba una ikurriña gigante en la Plaza del Ayuntamiento para consternación del fascio. La persecución ideológica que supone la Ley de Símbolos, creada ad hoc por UPN y PSN, fue superada con creces por unas personas que llevaron adelante su compromiso con un símbolo de esta ciudad, como es la ikurriña, y los cortijeros, todos ellos, se llevaron las manos a la cabeza clamando venganza. Y así fue como en este octubre veraniego 6 personas fueron detenidas acusadas de colocar una ikurriña en una plaza de esta ciudad. Y para semejante despropósito utilizaron todos los medios posibles, medios que no se utilizan para dejar al descubierto los chanchullos que están acostumbrados a realizar. Huellas dactilares, pruebas de ADN, seguimiento de tarjetas de crédito, teléfonos intervenidos… todo, por colocar una ikurriña. Y ya lo ha avisado un ex-juez del Tribunal Supremo, que la justicia y los medios de ésta no están para bobadas y razón no le falta al señor aunque, mucho me temo, las cosas serias de la justicia seguirán esperando en el limbo hasta el día del juicio final. Y como les faltaba señalar al enemigo, a su verdadero problema, llamaron a declarar en calidad de imputada a una concejala de EH Bildu, porque tenía llamadas de teléfono con uno de los detenidos. Y poco importaba que supiesen que esas llamadas eran por motivo de una moción presentada en el último pleno antes de sanfermines. La cuestión era y es señalar y despistar al personal, desviando las miradas y la atención de lo que verdaderamente nos importa a la ciudadanía.

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El caso es que, en mitad de ese pretendido despiste, UPN aprobó en el pleno del día 18 con los votos de Geroa Bai, PSN y PP las tasas y precios públicos para el año 2014. Esto es, aprobó lo que nos van a cobrar a las vecinas y vecinos para llevar adelante su presupuesto. Desde EH Bildu se llevó un propuesta en donde se apuesta por congelar las tasas que nos afectan a todas y todos, por ajustar las puntuales, por un aumento de la progresividad, esto es, para que los que más cobran paguen más, en estos tiempos en donde las desigualdades sociales son cada vez más agudas  se apuesta por implementar unas bonificaciones sociales de hasta un 95% y por actualizar los precios de la zona azul dentro de un nuevo modelo de movilidad. UPN presentó una propuesta totalmente contraria a esto. Y eso es lo que apoyaron Geroa Bai y PSN.

Seguiremos apostando por construir un nuevo modelo de ciudad entre diferentes, porque precisamente eso es lo que no quieren los de las caretas.

Artículo en base a una colaboración en el programa La escotilla, de Eguzki Irratia.

Por cierto, la infografía de EH Bildu Iruñea muy buena y sobre todo clarificadora. Para ver la infografía más grande pinchar sobre la misma:

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ikurriña, la iruñea que quieren silenciar

Inevitablemente el lunes me acordé de mi abuela Pilar y de su familia que tuvieron que esconder su sentimiento vasco en su propia ciudad, que tuvieron que callarse durante 40 años en donde se negó a base de cunetas, prohibiciones, persecución y silencio la lengua, el pensamiento, los símbolos y hasta la propia identidad. Eran una familia de Iruñea, como cualquier otra, con una zapatería, con afición a la música, con apego a sus tradiciones y con un inmenso amor por su ciudad, Iruñea. Pero eran nacionalistas.

77 años después a sus nietos y nietas, junto con gran parte de esta ciudad, también se nos persigue y se nos castiga con multas por ser vascos en la capital de Euskal Herria. Y también uno de nuestros símbolos, como es la ikurriña, hoy en día, en esta no-democracia de pacotilla, está perseguida con una obsesión como solo la puede tener UPN. Y es entonces cuando uno se pregunta porqué, siendo como soy de Iruñea, se me niega la posibilidad de que el símbolo que me representa pueda estar en igualdad de condiciones. Y pienso… y voy obteniendo respuestas.

El lunes seis personas eran detenidas acusadas de “desórdenes públicos” por colgar una ikurriña de grandes dimensiones en la Plaza del Ayuntamiento en el transcurso del txupinazo del día 6 de julio. ¿Qué desórdenes puede ocasionar este hecho en una plaza que en esos momentos es el desorden personificado? ¿Para quién puede suponer esta imaginativa acción un desorden en su orden particular? ¿Qué se esconde detrás de la histérica reacción del binomio UPN-PSN principalmente? Más preguntas que la reflexión intenta aclarar intentando ver más allá de un hecho concreto.

A última hora de la tarde del mismo día, cuando Patricia, concejala de Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, me llamó para decirme que le habían citado al día siguiente para declarar como imputada por “los desórdenes del 6 de julio” tuve una primera reacción natural de rabia e indignación ante ese atropello. Conforme pasaron las horas el análisis fue acelerándose en los resultados. ¿Qué motivación puede tener esta UPN moribunda para impulsar que se impute a una representante de la ciudadanía por la colocación de un símbolo querido y que visualiza a casi la mitad de la ciudadanía?

Barbudos Irunea Txupinazo

La obsesión del Régimen más allá de una bandera, es lo que representa esa bandera. La ikurriña en tiempos de mi abuela Pilar fue perseguida porque representaba justamente lo contrario que los golpistas liderados por Franco y Mola. Esa bandera empezaba a simbolizar por ejemplo las miles de navarras y navarros que se plantaron ante la Gamazada en 1893 y 1894, o, tal y como recoge Jimeno Jurío en su libro Navarra jamás dijo no al estatuto vasco, la ola de reivindicaciones autonomistas que recorría Navarra a finales de la década de 1910, aquella bandera empezaba a ser reflejo de aquella Asamblea Municipal de 1931 en donde se aprobó el Esatuto Vasco-Navarro, aquél estatuto que mediante importantes irregularidades no pudo ser refrendado en la Asamblea de 1932 (me remito de nuevo al trabajo de Jurío). Eso es lo que persiguieron incansablemente los cuneteros golpistas que, no lo olvidemos, comenzaron su peregrinaje de totalitarismo en aquélla Iruñea en ebullición del 18 de julio de 1936.

Ya en la dictadura, la ikurriña se convirtió en símbolo de la batalla por las libertades, en la imagen de la lucha contra el franquismo y todo lo que representaba y en los años finales del régimen dictatorial vino a simbolizar el renacer cultural, social y político de Euskal Herria. Muerto Franco, y tras un tiempo en que las fuerzas políticas se resituaron, se abordó una nueva estrategia contra la bandera legalizándola en parte de los territorios de la Euskal Herria peninsular y dejándola en el limbo legal en el gran territorio que es Nafarroa. En 1982, en ese Amejoramiento que nunca hemos refrendado, se excluyó la bandera tricolor de las instituciones navarras hasta que en 2003 el Régimen (UPN-PSN y aledaños) se dotó de una ley con la que continuar su particular guerra contra la ikurriña en Nafarroa. Pero no nos quedemos exclusivamente con la persecución a una bandera. La Ley de Símbolos, al igual que otras leyes promulgadas en Nafarroa, como la del Euskera, tienen un objetivo claro y principal: eliminar toda referencia a la identidad vasca de Navarra.

En esta última década y más en los últimos años las banderas han sido la excusa que el Régimen ha tomado para posicionarse y actuar contra cualquier proyecto que vaya contra sus intereses económicos y políticos. La ikurriña les molesta porque es, como en el franquismo, un símbolo de la lucha por las libertades y por un modelo diferente de sociedad en Euskal Herria. En este caso, UPN reconoce en la centenaria bandera el sentimiento de gran parte de esta ciudad por construir un modelo diferente para Iruñea. Ese y no otro es el quid de la cuestión, ese es el nudo del debate. Por eso es necesaria una lectura política que vaya más allá en un esfuerzo porque los árboles no nos impidan ver el bosque. Es imprescindible trabajar conjuntamente entre diferentes para derogar una ley que margina a gran parte de la ciudadanía y, sobre todo, margina e intenta anular el proyecto político y social de esa ciudadanía. La ikurriña, al igual que otros símbolos y banderas, debe tener la misma visibilidad y debe gozar de los mismos derechos. Pero sobre todo es urgente y necesario ponerse a trabajar conjuntamente para ir construyendo la Iruñea integradora que la ciudadanía necesita. Esa construcción debe empezar ya en las calles, en los barrios, en los centros de enseñanza y desde los puestos de trabajo y tiene que llevarse a cabo también desde el propio ayuntamiento.

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La estrategia del Régimen pasa por silenciar, como hace 77 años, a gran parte de las vecinas y vecinos de Iruñea y por eso debemos ser conscientes de que estos ataques no pueden, de ninguna de las maneras, condicionar el ilusionante trabajo de construir una Iruñea donde la ciudadanía sea protagonista indiscutible. Responderemos puntualmente a estos ataques, a estas agresiones, naturalmente, y volveremos a utilizar la imaginación en esa respuesta, pero la mejor respuesta es renovar nuestro compromiso por ese nuevo modelo de ciudad. Debemos continuar nuestra labor en los barrios y en los colectivos sociales de Iruñea y, desde luego, en el ayuntamiento de Iruñea, trabajando codo con codo, debatiendo y llevando adelante propuestas constructivas que materialicen, de una vez por todas, una Iruñea en donde los derechos de todas y todos sean respetados y en donde todos los proyectos tengan las mismas oportunidades.

P.D.1 Pasadas las 11.30 Patricia salió tras declarar ante el juez y después de comunicarle que no estaba imputada. Parece ser que le querían acusar, y por ahora no lo han hecho, de ser la autora intelectual de la acción de la ikurriña gigante. A las dos y cuarto de la tarde salieron los seis detenidos con la obligación de presentarse mensualmente en comisaría a firmar y con cargos de “desórdenes públicos”.

P.D.2 Es esclarecedor que en estos momentos, en donde el llamamiento a construir entre diferentes el nuevo modelo de ciudad es una de las bases de EH Bildu, la teniente de alcalde Elizalde salga a la palestra con la siguiente declaración: “solicitaremos el rechazo de «la actitud de quienes aprovechan su cargo público para amparar o apoyar el incumplimiento de las normas y la imposición de su proyecto político”. Curioso que desde UPN se hable de aprovechamiento del cargo público, esclarecedor que hable, no de la ikurriña, sino de proyecto político. Silencio ante su propia imposición, desde el Amejoramiento a la Ley de Símbolos pasando por su empeño diario en anular en Iruñea cualquier sentimiento político, social y cultural que no sea el suyo propio. Eso que se llama totalitarismo, señora Elizalde, y que ustedes y los suyos practican desde tiempos de mi abuela.

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Sorprende que, en un artículo de opinión, miembros de Izquierda/Ezkerra de Iruñea hablen de la necesidad de una mirada más creativa y respetuosa con la pluralidad para hablar de un símbolo de esta ciudad como es la ikurriña. Y decimos sorprende porque, desde los partidos que conformamos Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, ese es desde hace tiempo el punto de partida para encontrar la solución a la actual persecución e invisibilización que una parte importante de la ciudadanía sentimos al imposibilitarse que nuestros símbolos estén presentes en igualdad de condiciones en las instituciones de la ciudad, y del conjunto de Nafarroa.

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La ikurriña en su estelar aparición en el txupinazo de 2013

Son más las coincidencias que tenemos ante lo que exponen en ese artículo, en la idea de que todas las sensibilidades estén igualmente atendidas y respetadas desde las instituciones, que las diferencias, en algunos casos meros matices, por otro lado, enriquecedores en este debate. Pero no queremos sin embargo entrar a exponer nuestra tesis de que este camino lo podemos y debemos hacer juntos, sin responder a la afirmación de que estamos en uno de los extremos de este debate.

En la guerra del 36 y en la posterior dictadura fascista fueron muchas y muchos los iruindarras que tuvieron que esconder sus sentimientos de identidad, su lengua, el euskera, sus ideales y símbolos. A algunos y algunas no les fue posible y pagaron con su vida. El resto tuvo que vivir en el silencio impuesto durante 40 años. Nuestro más firme reconocimiento a todos ellos. Muerto el dictador, hubo un tiempo en el que la posibilidad de vivir y desarrollar en libertad los ideales de cada cual pareció poder hacerse realidad, representada incluso en la presencia de la ikurriña en el mástil del Ayuntamiento de Iruñea. Pero fue un espejismo. Terminada la década de los 70, los poderes fácticos de Nafarroa y del propio Estado imposibilitaron, desde la prohibición y la persecución, o de facto, la presencia de símbolos de la ciudadanía como la ikurriña. Posteriormente, en el marco del régimen de colaboraciones entre UPN y PSN en Nafarroa, se prohibió en todo el herrialde mediante la Ley de Símbolos de 2003 hoy vigente, que impide, bajo sanción de inhabilitación, la presencia de la enseña vasca en todas las instituciones navarras. Por tanto, y en estas condiciones hablar de «dos extremos» en este debate es falso, ya que para que haya dos extremos es del todo necesaria una igualdad de condiciones entre todas las posiciones y proyectos, una equidad y libertad que, a todas luces, hoy en día no existe. Por eso no comprendemos que, desde posiciones de izquierda, se quiera transmitir una posición de cierta neutralidad ante la injusticia, y se equiparen discursos, actuaciones y legitimidades, como si esa persecución del franquismo contra un símbolo y un proyecto no se diera en estos tiempos.

La ikurriña presente en el balcón del ayuntamiento en el txupinazo de 1979
La ikurriña presente en el balcón del ayuntamiento en el txupinazo de 1979

El «fuego cruzado» al que se alude en el artículo lo es entre UPN y una parte cada vez más importante de la ciudadanía. UPN se empeña, día a día, en perseguir y reprimir, a base de prohibiciones, de leyes realizadas al efecto, cualquier idea, sentimiento o proyecto que ponga en riesgo sus intereses económicos y políticos. Y también, desde luego, los símbolos que no se ajustan a la imagen que quieren imponer de una Navarra de derechas, exponente del pensamiento único que campa a sus anchas en el Estado, y piedra angular de la sacrosanta unidad española. Por eso la ikurriña es perseguida, pero también en mayor o menor medida lo son otros símbolos como pueda ser la bandera republicana, enseña que nosotras y nosotros también respetamos.

Detrás de las banderas hay emociones, sí, pero también proyectos políticos de comunidades políticas y personas que en estos momentos ven imposibilitadas sus legítimas aspiraciones de llevar a cabo democráticamente esos proyectos. Esa es la verdadera y única imposición que existe hoy día. Y por eso creemos que el trabajo y la colaboración entre diferentes, y sobre todo, entre la izquierda debe ser uno de los objetivos que marquen nuestra práctica política. Las banderas y los símbolos nunca deberían ser objeto de imposición.

Fue UPN quien presentó una moción para condenar la presencia de una ikurriña en la Plaza del Ayuntamiento durante el txupinazo del 6 de julio. En ese acto, parte de esa ciudadanía cuyos símbolos son perseguidos hasta la obsesión, en una muestra de creatividad y de una manera totalmente pacífica, logró que la ikurriña estuviese presente. Nuestro aplauso para ellos. Nos sentimos orgullosos de que, mientras nuestros símbolos no puedan estar en igualdad de condiciones en los mástiles de la casa consistorial, haya personas que se comprometan a velar por los derechos y el respeto a los sentimientos de parte de la ciudad. Fueron las y el representante de Bildu en el Ayuntamiento y las personas a las que invitó al acto quienes sufrieron los insultos, golpes y acoso por parte de UPN, incluso por parte de miembros de la Corporación de este partido y también por parte de miembros de Juventudes Navarras. Y eso es lo que hay que denunciar.

El día 6 de julio fueron, un año más, decenas de personas, que únicamente pretendían ondear la ikurriña pacíficamente por las calles del Casco Viejo, las que sufrieron la represión de las diferentes policías en su único objetivo de impedir la presencia de la ikurriña (no de cualquier bandera). Es eso lo que hay que denunciar. Fueron otros los representantes políticos que tuvieron que recibir asistencia médica tras recibir golpes y porrazos. De la misma manera tenemos muy presentes a los 13 jóvenes que el próximo 18 de noviembre se enfrentarán a peticiones de cárcel, por querer empezar los sanfermines ondeando la ikurriña.

Por cierto, sucesos acaecidos por la represión y actuación totalmente desproporcionada de la Policía municipal. Nuestra solidaridad y apoyo a todos estos jóvenes. Y ante la represión sufrida por parte de la ciudadanía, no hay término medio. Ante esta realidad, nosotras y nosotros, desde luego, nos situamos en un extremo, en el de la defensa de la parte perseguida, reprimida y golpeada, en definitiva, en la defensa íntegra de los derechos de la ciudadanía de Iruñea.

Dijo la representante de Izquierda-Ezkerra en el pleno del 5 de septiembre que había que buscar soluciones a este tema. Así lo pensamos también nosotras y nosotros. Bildu hizo una propuesta clara en este sentido: la modificación de la Ley de Símbolos de manera que todos, en igualdad de condiciones, sean respetados en las instituciones, tomando medidas para impedir toda persecución policial y judicial en contra de los derechos de la ciudadanía. De la misma manera, es del todo necesario abordar la realidad identitaria de nuestra ciudad, «corrigiendo la actual situación y abogando por la convivencia de identidades en el respeto mutuo», algo que nosotras y nosotros vamos a promover con todos nuestros medios a la vez que defenderemos el derecho a materializar democráticamente nuestro proyecto.

Artículo de opinión enviado a la prensa y escrito en colaboración con Iban Maia, Javier Ayesa y Ainhoa Arano.

les traeremos a casa

El lunes las garras del estado fascista español nos golpearon de nuevo, y lo hicieron en donde más nos duele, en la solidaridad, en los derechos humanos y en el deseo de este Pueblo, machacado hasta la saciedad, de superar el conflicto político.

La macro-operación policial contra el movimiento Herrira nos dejó a todos, en un primer momento, noqueados, desencajados. Posteriormente, conforme íbamos conociendo el alcance de la operación y el discurso en el que se basaba fuimos conscientes de qué suponía y cuál era el objetivo de este golpe directo a toda Euskal Herria.

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El estado español tiene en estos momentos un problema de grandes dimensiones que ni sabe, ni quiere, ni es capaz de solucionar. El gobierno del PP, en plena caída libre a cuenta de la corrupción, la nefasta gestión de la crisis económica y la incapacidad de solucionar su propia organización estatal, con una Catalunya que se va y una Euskal Herria que sigue construyendo las bases de lo que un día será el Estado Vasco, está inmerso en un momento en el que tiene que ganar réditos para seguir respirando, aunque sea a base de bocanadas de aire en medio del cataclismo que vive. Ese es pues uno de los motivos por los que el lunes, en un empeño de demostrar que siguen anclados en parámetros del pasado, decidieron golpear el movimiento por los derechos de las presas y presos vascos.

En este contexto a nadie se le escapa que el proceso de normalización política pasa por un estado de inercia permanente que el PP y los poderes del estado se empeñan en mantener de cara a reforzar su actual posición ante los sectores más rancios y ultras españoles. De esos sectores dependen en gran medida las escasas posibilidades de que el partido de Rajoy pueda volver a gobernar con la intención de seguir controlando y beneficiándose de las migajas que la Unión Europea y los bancos les dejan. Mirando a casa, en Euskal Herria un PNV en alianza con el PSE deja al PP en una posición más cómoda que hace unas semanas, con un margen de maniobra peligroso. No ocurre lo mismo en Nafarroa cuya gestión (por llamarle de alguna manera) por parte de su filial UPN está en grave peligro. Es en este contexto donde el PP ha decidido, contrariamente a lo que un partido en el poder de cualquier otro lugar hubiese hecho, dar un golpe de timón en su posición ante el proceso de normalización política. De no hacer nada, de una pasividad manifiesta, ha pasado a utilizar todas sus fuerzas para descarrilar el proceso.

Herrira se encuentra en estos momentos llevando adelante una potente dinámica que no tiene otro objetivo que hacer que la grave situación de las presas y presos sea asumida por la amplia mayoría social y política vasca. Hay una serie de elementos en esta situación, como las personas a las que se les ha aplicado una doctrina injusta y siguen en la cárcel a pesar de tener que estar en la calle desde hace tiempo, o las personas que se encuentran en prisión pese a sus graves enfermedades o la propia política de dispersión que se aplica a todos y cada uno de los integrantes del Colectivo de Presas y Presos Vascos (EPPK), que en cuanto se solucionen acelerarían irremediablemente otros nudos del proceso de paz y normalización. En ello estaban las 18 personas detenidas el lunes. Conozco a varias de ellas y solo puedo decir que el esfuerzo de Imanol, Jon, Eneko, Fran o Sergio por socializar esta gran dinámica en favor de los derechos de presas y presos era y es digno de todo elogio. Por eso les han detenido, por eso pretenden seguir amordazando la voz de las presas y presos e impidiendo el avance del proceso que Euskal Herria ha decidido poner en marcha.

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Es el momento de responder como Pueblo. No hay otra, pues es la propia posibilidad que tenemos como Pueblo de avanzar, la que se encuentra en peligro. Las fuerzas políticas, sindicales y sociales tendrán que ser responsables y asumir el papel que tienen que jugar. En estos días que han pasado desde las detenciones estamos viendo de nuevo cuáles son las responsabilidades de algunos, sacando a su policía para dar cobertura a la Guardia Civil y para golpear, una vez más, a la ciudadanía que protestaba en la calle. Tenemos que ser conscientes  y somos conscientes de ello, pero más allá de las posiciones que uno u otro partido puedan tomar será la sociedad la que debamos marcar el ritmo en el camino emprendido por estos 18 militantes de los derechos y la solidaridad. De nuevo nos toca a la ciudadanía, a las personas trabajadoras y a estudiantes tomar el compromiso de llevar adelante el trabajo que barrio a barrio, pueblo a pueblo Herrira viene desarrollando en favor de los derechos de las presas y presos vascos. Somos nosotras y nosotros los que les tenemos que traer de vuelta a casa.

Por ellos, por las presas y presos y, sobre todo, por Euskal Herria, seamos responsables y asumamos nuestro papel. El papel de la sociedad. Nos vemos en las movilizaciones, nos vemos en los barrios, en las asambleas, nos vemos en el compromiso que tenemos que asumir. Porque todos somos Herrira. Porque Euskal Herria lo necesita.

Artículo en base a una colaboración en el programa La escotilla, de Eguzki Irratia.

mis sanfermines

Herri sanferminak

Me gusta despertarme a las cinco de la mañana del seis de julio con el estómago lleno de nervios, como si tuviese veinte años menos, intentar dormir de nuevo y descubrir a los diez minutos que estás sonriendo pensando en lo que viene. No me gusta que nadie me diga cuándo tengo que empezar las fiestas, pero lo llevo dentro y lo acato y hasta las doce en punto no me pongo el pañuelico. No me gusta la gente que se pone el pañuelo antes de tiempo o en otro momento del año. Esto es totalmente ridículo, lo asumo, pero no me gusta. Me gusta salir de casa a las nueve de la mañana y ver a gente vestida de blanco, algunos con bolsas de bebida, otros encontrándose con la cuadrilla y me gusta mirar a las ventanas para ver a la gente asomada y sonriendo, pero no suelo ver a nadie. Me gusta colocar la ikurriña, la bandera de Navarra y el Arrano Beltza en los mástiles del local de dantzas, antes del almuerzo, mientras va llegando la gente y me pone de muy mala hostia la noche que algún gilipollas decide romper el mástil y llevarse alguna de ellas. Me gusta el almuerzo de huevos con jamón y tomate a las nueve y media, algo, por otro lado impensable en cualquier otro día del año y no me gusta cuando cae la primera mancha de tomate, algo inevitable y que es eso, precisamente, la primera mancha. Tampoco me gusta la gente que piensa que para divertirse el seis de julio es necesario manchar al de al lado. Definitivamente son imbéciles. Me gusta cuando empiezo a ver a los gaiteros de Baigorri pasando hacia el ayuntamiento antes de las doce. Me gusta cuando queda una hora y te tomas el café tranquilamente y no me gusta la gente que se escaquea de recoger las mesas del almuerzo. Me gustan los críos de mis amigos y amigas que te miran con cara de estáis locos, me gusta cuando encendemos la tele en el sótano y ves que en la plaza hay espacio para la reivindicación. No me gusta la violencia que las diferentes policías utilizan contra parte de esta ciudad para que no llegue la ikurriña a la plaza. Me gusta y emociona cuando unos barbudos cuelgan una enorme ikurriña en las narices de los cortijeros y corruptos del Régimen que ponen cara de no poder creérselo. Ajo y agua. ¡Si no quieres taza, taza y media! Aborrezco cuando esa gente, que se cree dueña y señora de nuestra Iruñea, pretende hacer que pidamos perdón porque un símbolo aceptado y querido por casi la mitad de las y los iruindarras ha hecho acto de presencia en el comienzo de las fiestas. Yo no tengo nada por lo que pedir perdón. Ellos si. Ellos que nos han robado económica, política y sentimentalmente. Me gusta cuando la plaza a rebosar les recuerda lo ladrones que son y les pide que se vayan. Me gusta ponerme el pañuelo a las doce, no cuando a un chiringuitero le apetece tirar el txupinazo. Me gusta la Biribilketa de Gaintza en el zaguán consistorial poco antes de que se abran las puertas del ayuntamiento. Me gusta brindar por todas aquéllas y aquéllos que no pueden estar en Iruñea en fiestas, pero que viven con intensidad y emoción este día y estos momentos desde las cárceles españolas y francesas. No me gusta cuando una Audiencia extranjera pretende prohibir que nos acordemos de ellas y ellos. Me pone los pelos de punta el aplauso unánime a la ikurriña al comienzo del festival de dantzas de la Plaza de los Fueros, me gustan los grupos de dantza de Iruñerria haciendo el saludo a la ikurriña en agintariena y me chiflan las dantzas. Me gusta Larraindantza a las dos y media de la tarde del seis de julio. Me gustan los abrazos y besos del día seis, como si no nos hubiésemos besado nunca, entre el sudor, la emoción, las risas, los primeros bailes. No me gusta, me parte la fiesta y me enerva, enfurece y me da asco cuando algún imbécil decide sacar el machista heteropatriarcal que lleva dentro y agrede verbal o físicamente a una mujer por el mero hecho de ser mujer. No me gusta cuando los del Régimen, que tan molestos se sienten por un símbolo de esta ciudad, asisten impasibles y por lo tanto cómplices a esta vejación de las mujeres. Me gusta cuando las mujeres deciden auto-organizarse y deciden defenderse. Me gusta que algunos hombres las tengamos como modelo de lucha y compromiso. Me gustan la gente que viene de fuera y se adapta a lo que aquí vivimos, intentando hacerse un hueco en esta fiesta, porque hay sitio para todo el mundo. Me disgusta cuando los y las guiris desembarcan como si esto fuese la ciudad sin ley donde todo es posible. Me da asco porque esto es lo que les venden desde algunos despachos del ayuntamiento. Me apasiona cuando le cantan al santo por tres veces en el comienzo del encierro y cada vez se oye más cantar en euskera. Me gusta ver a Xabi corriendo en Santo Domingo, como antes lo hizo Iosu, como los del Cabestro, gente de Iruñea, que no necesitan cámaras ni televisiones para vivir preciosas carreras delante de los toros. Me disgusta ver a gente haciendo el pata delante de los morlacos como si fuesen vacas. Aborrezco las camisetas de colores en el encierro, las camisetas de equipos de fútbol y la gente que para tener 3 segundos de “gloria” necesita distinguirse con colores, cuando en realidad son parte de ese gris del espectáculo mediático.

Me gusta el almuerzo del día siete, medio de resaca y contando la víspera, lo que nos acordamos de ella. Me gusta el vermuth del día de San Fermín. Me gusta ver a mis concejales en la procesión y poder aplaudirles. Me disgusta que algunos se crean que este acto sólo es de ellos. Me gusta El asombro de Damasco y después de oírlo lo tarareo un buen rato. Me gusta la Pamplonesa en las dianas y no me gustan los divinos de las dianas. Me gusta encontrarme con la familia en el vermuth del día siete. Me gusta y me pone los pelos de punta acordarme de la ama ese día riendo, cantando y bailando. Me gusta la comida familiar del siete y me gustan los brindis por quienes ya no están, los cantos, las risas de los nuevos miembros de la familia. Me gusta el comienzo del Te Deum de Charpentier al principio de cada corrida aunque casi nadie sepa que es una melodía del XVII. Me gusta la pitada en sol al alcalde en la plaza de toros el día siete. Me gusta cuando los de sombra, por vez primera, no aplauden. Me gusta la merienda del siete. Me disgustan los anormales que se dedican a tirar de todo desde andanada. Me gusta la salida de las peñas y me encanta salir a mi aire, sin un recorrido fijo, perdiéndome en mi propia fiesta. Me gustan la cervezas con mis tías y tíos. Me gusta encontrarme con una mirada en medio de un bar, rozarnos con los ojos y decir “lo siento” cuando las respectivas cuadrillas deciden cambiar de bar. Me dan náuseas los putos graciosos que tienen que decir algo pretendidamente gracioso a las mujeres que están en nuestro grupo. Me gusta cantar Dolü gabe con la gente de Iparralde, no me gusta cuando los gabachos deciden practicar el rugby en un bar lleno de gente. Me gusta cuando la gente de fuera hace el esfuerzo de pedir en euskera o cuando te dicen agur y no me gusta la gente que viene aquí como si fuesen las tropas del Duque de Alba. Me gusta ver el jai gune de Gora Iruñea lleno de gente a todas horas, me gusta la pequeña victoria popular que eso ha supuesto y no me gusta que alguien se crea que ese es el objetivo, porque tenemos mucho todavía en qué avanzar para que estas fiestas recuperen su caracter popular, participativo, paritario y euskaldun que nunca debieron perder. Me gusta encontrarme con un amigo que está de gaupasa y que me diga con una sonrisa que es que ha ligado, no me gusta el agobio que algunos llevan encima porque no ligan… quizás si no tuviesen ese agobio ligarían algo más. Me gusta la gente del resto de Euskal Herria cuando viene con sus pañuelos de Piratas de Donostia, de comparsas de Bilbo, con los pañuelos de Iparralde y con los de los y las blusas de Gasteiz. Me da bastante asco cuando la gente viene y no respeta, y mea en cualquier sitio como si esto fuera su caseta de ferias. Me gusta la txozna del Oinez y no me gusta que Gora Iruñea y el Oinez estén fuera del espacio festivo mientras las casetas regionales, sin concurso ni nada que se les parezca, están en el cogollo de la fiesta. Me gustan las dianas de txistularis y gaiteros. Me gusta Braulia dando vueltas al son del txistu y no me gusta cuando se cae y se rompe el cuello. Me gustan los zaldikos, las txarangas de las peñas y uno que toca el violín en una esquina… ese, me encanta. Lo siento, no me gustan las batucadas, pero me gusta el Struendo de Iruña. Me gusta la elektrotxaranga y el bailoteo con ella. Me gusta la espontaneidad de la fiesta y aborrezco el programa cerrado. Me gustan los ritos de la fiesta y me disgustan las tradiciones sin sentido. Me emociono con el vermuth familiar del día catorce, con La Dominguera del catorce en la Plaza del Ayuntamiento, me encantan los vermuths que se alargan sin querer, me gusta la foto familiar del catorce y me encanta que mi tío haga como que no le gusta, me gustan los “amigos” de unas horas y me gusta reencontrarme con amigos que no he visto en todas las fiestas, porque estas fiestas son así, para vivirlas en libertad. Me gusta terminar las fiestas cuando a mi me da la gana, sin que me diga nadie desde su púlpito del ayuntamiento, cuándo tengo que terminarlas. Me gusta quedarme con el pañuelo al cuello hasta que llego a casa el último día y me disgustan las lecciones de gente que me dice que me lo tengo que quitar. Me pone frenético la tontería de anudar pañuelos en puertas de iglesias o el ayuntamiento, es más, me parece una imbecilidad. Me gusta llegar a casa el día catorce, o el quince a la mañana, poner una lavadora con la ropa y dormirme pensando que ya falta menos.

Estos son mis sanfermines, incomprensibles, sentidos, incongruentes, difíciles de explicar, ni tampoco lo pretendo. Lo mejor es vivirlos, cada uno a su manera, pero vivirlos desde dentro y dejándote llevar por ellos. Nueve días en 365, pero nueve días que también marcan una manera de vivir la ciudad el resto del año.

los sentimientos no se pueden prohibir ni reprobar

Huevos con jamón, tomate y patatas (magras con jamón que decía el otro), tinto con gaseosa, así, a las nueve y media de la mañana, con un cuerpo que se resiste a entrar de buenas a primeras en el torbellino de caldos, sangrías, sorbetes, cervezas y demás con el que va a ser regado en los próximos días y tu cabeza te dice que si, que es seis de julio y que en poco más de dos horas empezarán los casi nueve días de fiesta y tradiciones, de nuevas experiencias y sentimientos viejos, de abrazos entre el sudor y abrazos sudados, de recuerdos a quienes no están y reencuentros con quienes vuelven a Iruñea, la ciudad vascona que se convierte en ciudad mundial por unos días.

Hamaiketakoa

Y entre vaso y vaso y untada de tomate, un café y mis compañeros se van al ayunta, con los invitados de Bildu Iruñea, presencia necesaria en los balcones del edifico escurialense, ahí donde se supone que vigilan, como estatuas de piedra que son, impertérritas, la Justicia y la Prudencia, esas señoras representadas en piedra y cada vez más ausentes en la realidad municipal, burlada día a día su vigilancia. Felipe, Eneko, Iosu y Maitagarri, invitadas e invitados que nos recuerdan que se sigue desahuciando, que la lista del puto Inem, aquí Inem a la navarra, es cada vez más larga, que en este Pueblo nuestro sigue habiendo personas juzgadas y condenadas por su militancia política y que el modelo de fiestas y de ciudad avanza con un espacio a orillas del Arga para seguir su camino. Invitados al piso de abajo, ellos y ellas con Miren y Bakartxo, de Bildu Nafarroa y nuestra representación municipal al segundo piso, con el resto de ediles.

Bildu eta gonbidatuak

Y mientras se acerca el momento me sumerjo en los sotanos propios y en los de Iruña Taldea y los sentimientos empiezan a aflorar, recuerdos de quienes ya no están, de otras sonrisas y otros tiempos que se topan con la realidad de las criaturas que amigas y amigos se han empeñado en soltar en este mundo, con estos primeros txupinazos que les acompañarán hasta que otros comienzos de fiesta los sustituyan. Con la piel de pollo y una de esas criaturas en brazos enciendo la tele, que ni es de plasma ni falta que hace para utilizarla de año en año, a media voz, con el volúmen de nuestro propio local de dantzas convertido en plaza consistorial particular y en estas estamos cuando, de repente, se desliza por delante de la fachada del ayuntamiento uno de los símbolos de gran parte de las y los iruindarras, una bandera que la obsesión y totalitarismo se empeñaron, hace tiempo, en prohibir a toda costa en la ciudad y en ese comienzo de fiestas que es suyo, claro que si, pero también nuestro, desde luego. Porque todavía siguen sin comprender que, pese a que la sigan tratando de enseña maldita, habrá miles y miles de hijas e hijos de esta ciudad cuyas gargantas quedarán entrecortadas por la emoción al ver, un año más, el símbolo de nuestra libertad, de nuestra ciudad, de nuestra convivencia y de nuestro respeto al diferente como recuerdo presente de la dignidad, el sentimiento y el propio ser de gran parte de esta vieja ciudad vascona, medieval, unida a base de mandatos reales, conquistada, afrancesada, despojada de sus derechos, provinciana, escarmentada a base de fusilamientos, silenciada, “democratizada”, euskalduna, protagonista del cambio por llegar. Porque esa historia, la misma que dice que en el Café Iruña se dibujó por vez primera la ikurriña, también es nuestra historia, la de esta ciudad, por mucho que se empeñen en desterrarla y manipularla.

2013ko uztailaren 6a

Y en estas estamos cuando faltan dos minutos para las doce y no se asoma nadie a los balcones, no hay invitados en la balconada, ni siquiera los timbaleros han salido para tocar la “Llamada a la ciudad” y le digo a un amigo que no van a lanzar el txupinazo a las doce. No hace falta que nadie me lo diga, porque cualquiera que haya seguido el txupinazo año tras año sabe que el rito tiene una serie de pasos que no se están dando. Y dan la doce y las puertas de los balcones siguen sin abrirse y es entonces cuando un amigo me dice que tengo mala cara y es que me estoy intentando imaginar el panorama adentro, sobre todo el panorama para nuestros concejales, porque se está convirtiendo ya en una tradición que sean objeto de insultos por parte de concejales e invitados de UPN. Es lo que tiene el fascio, que aunque no se da cuenta que lo es, actua como tal. Y en ese sótano sin cobertura soy testigo de los dieciocho minutos más imprudentes, temerarios e irresponsables de un seis de julio protagonizados por un alcalde imputado por corrupción, por su grupo municipal, con un concejal delegado de cultura que no tiene conocimiento de la misma, y varios miembros de los diferentes grupos de la oposición, con mayor o menor fortuna, y todo ello con miles y miles de personas en medio de una marea que podría haber causado unas cuantas desgracias.

La realidad dentro del ayuntamiento se acerca bastante a lo que me estaba imaginando. Nuestros invitados son insultados por los cachorros de UPN, unas juventudes que se autodenominan navarras, encabezadas por un parlamentario experto en esperpentos tuiteros, gente que tendría que tener otro nivel como representantes públicos, acompañados por una corte de fanboys que se dedican a ladrar, de esos que son capaces de hacer lo que sea con una simple seña del jefe, gente cuyo respeto por la gente desahuciada y desempleada queda al descubierto a base de insultos que ni las juventudes hitlerianas en sus hogueras de libros, esa gente que no respeta ni a personas que quieren y trabajan, legítimamente, por un modelo más abierto de fiestas, esa gentuza que se empeña en seguir persiguiendo, juzgando y encarcelando a militantes políticos. En el piso superior el panorama, lejos de mejorar, se parece cada vez más a un ring en donde el golpe y el puñetazo toman forma de insulto, otra vez. La desinformación es el arma utilizada desde el primer momento. Tras verse sorprendidos por la ikurriña, se avisa al alcalde y al lanzador del txupinazo de este año. En dos minutos su odio y obsesión hacia una de las banderas de este Pueblo da paso a la decisión de que no se tirará el txupinazo hasta que no la quiten. Esa es la cuestión desde el principio, pero durante los primeros minutos, con una balconada cuyas puertas están cerradas a cal y canto, deciden informar a los miembros de los otros grupos que la ikurriña imposibilita lanzar el txupinazo, algo que a todas luces, por lo menos desde fuera, y por lo que me dicen, desde dentro, era totalmente falso. Y alternativas, en todo caso, antes que retrasar el acto, había unas cuantas. Esa es la realidad del momento. A la vez es el propio alcalde, el máximo representante de la ciudad, ese que tendría que haber dimitido hace tiempo por probables prácticas corruptas, el que se dedica a pedir cuentas a Eva, Peio y Patri, como si hubiesen sido ellos quienes hubiesen colgado la bandera, es este señor el que, olvidando su papel en la ciudad, se dedica a insultar a miembros de la corporación, de Bildu, claro está, fuera de si. Ahí van al ataque, en medio de esa mezcla de informaciones sesgadas, algunos de los periodistas presentes en el salón, algunos de ellos auténticos voceros del Régimen, algunos de ellos emulando a Garcilasos e Iribarrenes. Y entonces hace su aparición el que se supone gestiona la cultura en esta ciudad, una persona cuyo nivel 0 es el elemento principal para ser representante de la ciudad en el Ayuntamiento. Iruñea no se lo merece. Ahí están sus tuits, para siempre guardados, repitiendo en la red lo que ha insultando directamente. Hay tuits que traen otros, como el que recibió Bakartxo Ruiz amenazándole de muerte y cuyo perfil fue borrado rapidamente (el del amenazante, se entiende).

Desgraciadamente no son los únicos que se dedican a repartir leña a Bildu y algunas actitudes diciendo que la ikurriña ha estropeado el comienzo de las fiestas quedarán para siempre en la memoria colectiva de mucha, mucha gente. Quien hace esas declaraciones llega a reprochar a nuestros concejales que “la ikurriña está sufriendo un abucheo histórico”. Otra mentira. El grito mayoritario fue contra UPN y el abucheo contra el retraso del txupinazo. Finalmente se retira la ikurriña, con un municipal esperpéntico alzando el puño en señal de victoria después de semejante hazaña cuya acción ha quedado a ras de suelo y entre gritos de UPN kanpora! Y salen el alcalde y el lanzador y se dedican durante un minuto a gritar aquello de “¡San Fermín , San Fermín!”, convertido últimamente en grito oficial para tapar muchas cosas, y no hace falta irse muy lejos en los años para ver a qué punto ha llegado su manipulación. Un grito que, escondiéndose en el icono que representa el de Amiens, significa fuera lo que no gusta, lo que no entiende y lo que me molesta al poder actual, poder en todas sus vertientes. Grito esperpéntico en un acto esperpéntico, chsssss, PUM! Y toma cohete que tiro a la gente que está abajo, como si no hubiesen sufrido poco ya, y para adentro, que el señor alcalde ha llamado a los y las portavoces a una reunión de urgencia cuyo tiro les sale por la culata, a esa pareja cómica, imputado y el del exploto, que eso no fue txupinazo ni nada que se le pareciese, y a quiénes intentaron situarse “entre el bien y el mal” solicitando la reprobación por colgar una ikurriña. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Los “vasquistas” pidiendo la reprobación por hacer presente la enseña vasca. Y ahí se quedaron, unos sin declaración institucional, y otros sin reprobación que les diese el titular de su periódico.

Eran más de las dos de la tarde cuando me tomé mi primera caña, cuando disfruté de los primeros compases de la fiesta, entre amigos y con uno de ellos literalmente aporreado por forales y munipas que se dedicaron, esos si, a joder el comienzo de la fiesta en la calle Chapitela. Pero eso no les interesa que se sepa.

Continua la fiesta. Con la ikurriña en cientos y cientos de balcones de Iruñea.

Zapia