unas fiestas sin igual

Éramos unos críos. Qué se yo, tendríamos unos cinco o seis años. Vestidos de blanco, con pantalón corto, la faja que se me caía a pesar de que el aita me la había puesto como se ponen la faja los dantzaris, que por cierto, suelen ser, con permiso de pelotaris, quienes mejor se la ponen, será cuestión de práctica y costumbre. Txapela roja, hoy en día desaparecida y relegada a las dantzas y alpargatas, como siguen llevando en Lizarra. La ama y mis tías se reían y hablaban entre ellas mientras nos vigilaban, los abuelitos no iban de blanco, para eso esperaban al día siete, y mis primos, mi hermana y yo, jugábamos a los kilikis por allí. Y en un momento dado darían las doce y escucharíamos el sonido del txupinazo que se había lanzado dos calles más allá, desde el Ayuntamiento. Pañuelico al cuello y a seguir jugando. No creo que mis abuelos se lo pusieran. No hasta el siete. El aita y mis tíos no estaban, o aparecían después, no lo recuerdo. Pero sí me acuerdo que el aita, en algún momento, me cogía a hombros, entre risas, y me compraba una trompeta de plástico dorado, o un tambor, dependía del puesto que encontráramos a nuestro paso. En aquellos tiempos no había migrantes subsaharianos vendiendo lo imposible para sobrevivir. Las txarangas y txistus, algunos gaiteros eran la música que nos encontrábamos en el camino. Estafeta, bares, llenos de gente, pero sin agobios. En el Monas un frito de huevo, en el resto alguna croqueta y un kas de naranja.

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Un año, seguro que con menos de ocho años, la tía Pili y la ama nos llevaron a mi hermana y a mi al Riau Riau, a la puerta del Ayuntamiento, a esperar el primer compás. Había mucha gente, pero a nosotros nos dejaron dentro de un cordón que un montón de mozos de peñas habían hecho para que La Pamplonesa y la corporación pudiesen avanzar. Se abrieron las puertas y allí, entre aquellos hombres sudados, con la ama y la tía riendo y bailando, canté con mi voz de crío las primeras notas del Vals de Astrain. “A las cuatro el seis de julio, Pamplona gozando va, pasando calles y plazas, las vísperas a cantar…”. Unos señores muy elegantes, con un sombrero llamado chistera, salieron detrás de la banda. Me dijeron que eran el alcalde y los concejales. El alcalde tenía barba y fumaba un puro, las concejalas iban con un vestido muy chulo y entre compás y compás la gente gritaba ¡riau riau! Algunos de esos señores bailaron con la ama y la tía, mientras algunos de los señores sudados nos cuidaban a Bea y a mí. Después nos fuimos a casa de la hermana de un tío nuestro, en la calle Mayor, a esperar que pasara el Riau Riau. Y parecía que no llegaba nunca. En un balcón de al lado, un señor con organillo tocaba el vals y otras canciones, algunas de Rafaela Carrá que nos daban mucha risa. Y algunos tiraban pozales de agua a la gente. Ese día veíamos por primera vez a los gigantes y nos comprábamos la pegatina de la comparsa.

Ese era el seis de julio para mí, siendo crío. Recuerdos y felicidad. Mis abuelos ya no están, la ama tampoco. Alguno de mis tíos tampoco. Ahora hay muchos más primos y primas. En la Plaza del Castillo casi ya no se puede entrar, los subsaharianos y resto de migrantes luchan por vivir, aguantando lo inaguantable. Hoy casi todo el mundo se viste de blanco. Música hay en cualquier esquina y casi lo que menos se escucha es una txaranga. Del kas hemos pasado a la cerveza, los guiris beben sangría comprada, como si fuese lo mejor de la fiesta. Es su tradición. Está claro que cada cual tenemos las nuestras y la fiesta la de todos. Porque de eso se trata, de vivir la fiesta con ilusión, de la manera que más nos guste y sin incordiar al de al lado. No sé si la ama y mis tías habrían tenido que aguantar mucho baboso, seguro que alguno sí. Ahora también las mujeres sufren babosos, agresiones de muchos tipos. Pero ahora, la sociedad, poco a poco, estamos aprendiendo que nadie tiene que aguantar a ningún baboso. No es no.

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Este año son los primeros Sanfermines de Amaiur, mi sobrino. En cierta manera envidio la oportunidad que tiene y va a tener en los próximos años de ir descubriendo la fiesta. Espero que algún día recuerde que, independientemente de cómo haya decidido disfrutar de las fiestas, su aita y su ama, su tía y su tío, su aitona, estaban por allí riéndose, bailando, llevándole a los gigantes. Un día, casi con seguridad, su aita le llevará a Santo Domingo, a correr por primera vez el encierro. Seguramente recordará las croquetas y el kas de naranja por la Estafeta, jugando con el resto de hijos e hijas de primos y primas. Espero que el recuerdo que tenga sea la mitad de bueno que es el mío. Hoy a las doce, el txupinazo me pillará en el Ayuntamiento, con invitados y amistades. Pero tengo la seguridad que recordaré, como todos los años, la felicidad de la ama, el cariño de los abuelitos, las risas de mis tíos. Y seré feliz, estaré emocionado, pero sobre todo agradecido a quienes me hicieron cantar por vez primera aquella canción, “porque llegaron las fiestas de esta gloriosa ciudad, que son, en el mundo entero, unas fiestas sin igual, riau, riau!!”.

Gora San Fermin!!!!!

ikurriña, la iruñea que quieren silenciar

Inevitablemente el lunes me acordé de mi abuela Pilar y de su familia que tuvieron que esconder su sentimiento vasco en su propia ciudad, que tuvieron que callarse durante 40 años en donde se negó a base de cunetas, prohibiciones, persecución y silencio la lengua, el pensamiento, los símbolos y hasta la propia identidad. Eran una familia de Iruñea, como cualquier otra, con una zapatería, con afición a la música, con apego a sus tradiciones y con un inmenso amor por su ciudad, Iruñea. Pero eran nacionalistas.

77 años después a sus nietos y nietas, junto con gran parte de esta ciudad, también se nos persigue y se nos castiga con multas por ser vascos en la capital de Euskal Herria. Y también uno de nuestros símbolos, como es la ikurriña, hoy en día, en esta no-democracia de pacotilla, está perseguida con una obsesión como solo la puede tener UPN. Y es entonces cuando uno se pregunta porqué, siendo como soy de Iruñea, se me niega la posibilidad de que el símbolo que me representa pueda estar en igualdad de condiciones. Y pienso… y voy obteniendo respuestas.

El lunes seis personas eran detenidas acusadas de “desórdenes públicos” por colgar una ikurriña de grandes dimensiones en la Plaza del Ayuntamiento en el transcurso del txupinazo del día 6 de julio. ¿Qué desórdenes puede ocasionar este hecho en una plaza que en esos momentos es el desorden personificado? ¿Para quién puede suponer esta imaginativa acción un desorden en su orden particular? ¿Qué se esconde detrás de la histérica reacción del binomio UPN-PSN principalmente? Más preguntas que la reflexión intenta aclarar intentando ver más allá de un hecho concreto.

A última hora de la tarde del mismo día, cuando Patri, concejala de Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, me llamó para decirme que le habían citado al día siguiente para declarar como imputada por “los desórdenes del 6 de julio” tuve una primera reacción natural de rabia e indignación ante ese atropello. Conforme pasaron las horas el análisis fue acelerándose en los resultados. ¿Qué motivación puede tener esta UPN moribunda para impulsar que se impute a una representante de la ciudadanía por la colocación de un símbolo querido y que visualiza a casi la mitad de la ciudadanía?

Barbudos Irunea Txupinazo

La obsesión del Régimen, más allá de una bandera es lo que representa esa bandera. La ikurriña en tiempos de mi abuela Pilar fue perseguida porque representaba justamente lo contrario que los golpistas liderados por Franco y Mola. Esa bandera empezaba a simbolizar por ejemplo las miles de navarras y navarros que se plantaron ante la Gamazada en 1893 y 1894, o, tal y como recoge Jimeno Jurío en su libro Navarra jamás dijo no al estatuto vasco, la ola de reivindicaciones autonomistas que recorría Navarra a finales de la década de 1910, aquella bandera empezaba a ser reflejo de aquella Asamblea Municipal de 1931 en donde se aprobó el Esatuto Vasco-Navarro, aquél estatuto que mediante importantes irregularidades no pudo ser refrendado en la Asamblea de 1932 (me remito de nuevo al trabajo de Jurío). Eso es lo que persiguieron incansablemente los cuneteros golpistas que, no lo olvidemos, comenzaron su peregrinaje de totalitarismo en aquélla Iruñea en ebullición del 18 de julio de 1936.

Ya en la dictadura la ikurriña se convirtió en símbolo de la batalla por las libertades, en la imagen de la lucha contra el franquismo y todo lo que representaba y en los años finales del régimen dictatorial vino a simbolizar el renacer cultural, social y político de Euskal Herria. Muerto Franco, y tras un tiempo en que las fuerzas políticas se resituaron, se abordó una nueva estrategia contra la bandera legalizándola en parte de los territorios de la Euskal Herria peninsular y dejándola en el limbo legal en el gran territorio que es Nafarroa. En 1982, en ese Amejoramiento que nunca hemos refrendado, se excluyó la bandera tricolor de las instituciones navarras hasta que en 2003 el Régimen (UPN-PSN y aledaños) se dotó de una ley con la que continuar su particular guerra contra la ikurriña en Nafarroa. Pero no nos quedemos exclusivamente con la persecución a una bandera. La Ley de Símbolos, al igual que otras leyes promulgadas en Nafarroa, como la del Euskera, tienen un objetivo claro y principal: eliminar toda referencia a la identidad vasca de Navarra.

En esta última década y más en los últimos años las banderas han sido la excusa que el Régimen ha tomado para posicionarse y actuar contra cualquier proyecto que vaya contra sus intereses económicos y políticos. La ikurriña les molesta porque es, como en el franquismo, un símbolo de la lucha por las libertades y por un modelo diferente de sociedad en Euskal Herria. En este caso, UPN reconoce en la centenaria bandera el sentimiento de gran parte de esta ciudad por construir un modelo diferente para Iruñea. Ese y no otro es el quid de la cuestión, ese es el nudo del debate. Por eso es necesaria una lectura política que vaya más allá en un esfuerzo porque los árboles no nos impidan ver el bosque. Es imprescindible trabajar conjuntamente entre diferentes para derogar una ley que margina a gran parte de la ciudadanía y, sobre todo, margina e intenta anular el proyecto político y social de esa ciudadanía. La ikurriña, al igual que otros símbolos y banderas, debe tener la misma visibilidad y debe gozar de los mismos derechos. Pero sobre todo es urgente y necesario ponerse a trabajar conjuntamente para ir construyendo la Iruñea integradora que la ciudadanía necesita. Esa construcción debe empezar ya en las calles, en los barrios, en los centros de enseñanza y desde los puestos de trabajo y tiene que llevarse a cabo también desde el propio ayuntamiento.

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La estrategia del Régimen pasa por silenciar, como hace 77 años, a gran parte de las vecinas y vecinos de Iruñea y por eso debemos ser conscientes de que estos ataques no pueden, de ninguna de las maneras, condicionar el ilusionante trabajo de construir una Iruñea donde la ciudadanía sea protagonista indiscutible. Responderemos puntualmente a estos ataques, a estas agresiones, naturalmente, y volveremos a utilizar la imaginación en esa respuesta, pero la mejor respuesta es renovar nuestro compromiso por ese nuevo modelo de ciudad. Debemos continuar nuestra labor en los barrios y en los colectivos sociales de Iruñea y, desde luego, en el ayuntamiento de Iruñea, trabajando codo con codo, debatiendo y llevando adelante propuestas constructivas que materialicen, de una vez por todas, una Iruñea en donde los derechos de todas y todos sean respetados y en donde todos los proyectos tengan las mismas oportunidades.

P.D.1 Pasadas las 11.30 Patri salió tras declarar ante el juez y después de comunicarle que no estaba imputada. Parece ser que le querían acusar, y por ahora no lo han hecho, de ser la autora intelectual de la acción de la ikurriña gigante. A las dos y cuarto de la tarde salieron los seis detenidos con la obligación de presentarse mensualmente en comisaría a firmar y con cargos de “desórdenes públicos”.

P.D.2 Es esclarecedor que en estos momentos, en donde el llamamiento a construir entre diferentes el nuevo modelo de ciudad es una de las bases de EH Bildu, la teniente de alcalde Elizalde salga a la palestra con la siguiente declaración: “solicitaremos el rechazo de «la actitud de quienes aprovechan su cargo público para amparar o apoyar el incumplimiento de las normas y la imposición de su proyecto político”. Curioso que desde UPN se hable de aprovechamiento del cargo público, esclarecedor que hable, no de la ikurriña, sino de proyecto político. Silencio ante su propia imposición, desde el Amejoramiento a la Ley de Símbolos pasando por su empeño diario en anular en Iruñea cualquier sentimiento político, social y cultural que no sea el suyo propio. Eso que se llama totalitarismo señora Elizalde y que ustedes y los suyos practican desde tiempos de mi abuela.

los sentimientos no se pueden prohibir ni reprobar

Huevos con jamón, tomate y patatas (magras con jamón que decía el otro), tinto con gaseosa, así, a las nueve y media de la mañana, con un cuerpo que se resiste a entrar de buenas a primeras en el torbellino de caldos, sangrías, sorbetes, cervezas y demás con el que va a ser regado en los próximos días y tu cabeza te dice que si, que es seis de julio y que en poco más de dos horas empezarán los casi nueve días de fiesta y tradiciones, de nuevas experiencias y sentimientos viejos, de abrazos entre el sudor y abrazos sudados, de recuerdos a quienes no están y reencuentros con quienes vuelven a Iruñea, la ciudad vascona que se convierte en ciudad mundial por unos días.

Hamaiketakoa

Y entre vaso y vaso y untada de tomate, un café y mis compañeros se van al ayunta, con los invitados de Bildu Iruñea, presencia necesaria en los balcones del edifico rococó, ahí donde se supone que vigilan, como estatuas de piedra que son, impertérritas, la Justicia y la Prudencia, esas señoras representadas en piedra y cada vez más ausentes en la realidad municipal, burlada día a día su vigilancia. Felipe, Eneko, Iosu y Maitagarri, invitadas e invitados que nos recuerdan que se sigue desahuciando, que la lista del puto Inem, aquí Inem a la navarra, es cada vez más larga, que en este Pueblo nuestro sigue habiendo personas juzgadas y condenadas por su militancia política y que el modelo de fiestas y de ciudad avanza con un espacio a orillas del Arga para seguir su camino. Invitados al piso de abajo, ellos y ellas con Miren y Bakartxo, de Bildu Nafarroa y nuestra representatividad municipal al segundo piso, con el resto de ediles.

Bildu eta gonbidatuak

Y mientras se acerca el momento me sumerjo en los sotanos propios y en los de Iruña Taldea y los sentimientos empiezan a aflorar, recuerdos de quienes ya no están, de otras sonrisas y otros tiempos que se topan con la realidad de las criaturas que amigas y amigos se han empeñado en soltar en este mundo, con estos primeros txupinazos que les acompañarán hasta que otros comienzos de fiesta los sustituyan. Con la piel de pollo y una de esas criaturas en brazos enciendo la tele, que ni es de plasma ni falta que hace para utilizarla de año en año, a media voz, con el volúmen de nuestro propio local de dantzas convertido en plaza consistorial particular y en estas estamos cuando, de repente, se desliza por delante de la fachada del ayuntamiento uno de los símbolos de gran parte de las y los iruindarras, una bandera que la obsesión y totalitarismo se empeñaron, hace tiempo, en prohibir a toda costa en la ciudad y en ese comienzo de fiestas que es suyo, claro que si, pero también nuestro, desde luego. Porque todavía siguen sin comprender que, pese a que la sigan tratando de enseña maldita, habrá miles y miles de hijas e hijos de esta ciudad cuyas gargantas quedarán entrecortadas por la emoción al ver, un año más, el símbolo de nuestra libertad, de nuestra ciudad, de nuestra convivencia y de nuestro respeto al diferente como recuerdo presente de la dignidad, el sentimiento y el propio ser de gran parte de esta vieja ciudad vascona, medieval, unida a base de privilegios, conquistada, afrancesada, despojada de sus derechos, provinciana, escarmentada a base de fusilamientos, silenciada, “democratizada”, euskalduna, protagonista del cambio por llegar. Porque esa historia, la misma que dice que en el Café Iruña se dibujó por vez primera la ikurriña, también es nuestra historia, la de esta ciudad, por mucho que se empeñen en desterrarla y manipularla.

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Y en estas estamos cuando faltan dos minutos para las doce y no se asoma nadie a los balcones, no hay invitados en la balconada, ni siquiera los timbaleros han salido para tocar la “Llamada a la ciudad” y le digo a un amigo que no van a lanzar el txupinazo a las doce. No hace falta que nadie me lo diga, porque cualquiera que haya seguido el txupinazo año tras año sabe que el rito tiene una serie de pasos que no se están dando. Y dan la doce y las puertas de los balcones siguen sin abrirse y es entonces cuando un amigo me dice que tengo mala cara y es que me estoy intentando imaginar el panorama adentro, sobre todo el panorama para nuestros concejales, porque se está convirtiendo ya en una tradición que sean objeto de insultos por parte de concejales e invitados de UPN. Es lo que tiene el fascio, que aunque no se da cuenta que lo es, actua como tal. Y en ese sótano sin cobertura soy testigo de los dieciocho minutos más imprudentes, temerarios e irresponsables de un seis de julio protagonizados por un alcalde imputado por corrupción, por su grupo municipal, con un concejal delegado de cultura que no tiene conocimiento de la misma, y varios miembros de los diferentes grupos de la oposición, con mayor o menor fortuna, y todo ello con miles y miles de personas en medio de una marea que podría haber causado unas cuantas desgracias.

La realidad dentro del ayuntamiento se acerca bastante a lo que me estaba imaginando. Nuestros invitados son insultados por los cachorros de UPN, unas juventudes que se autodenominan navarras, encabezadas por un parlamentario experto en esperpentos tuiteros, gente que tendría que tener otro nivel como representantes públicos, acompañados por una corte de fanboys que se dedican a ladrar, de esos que son capaces de hacer lo que sea con una simple seña del jefe, gente cuyo respeto por la gente desahuciada y desempleada queda al descubierto a base de insultos que ni las juventudes hitlerianas en sus hogueras de libros, esa gente que no respeta ni a personas que quieren y trabajan, legítimamente, por un modelo más abierto de fiestas, esa gentuza que se empeña en seguir persiguiendo, juzgando y encarcelando a militantes políticos. En el piso superior el panorama, lejos de mejorar, se parece cada vez más a un ring en donde el golpe y el puñetazo toman forma de insulto, otra vez. La desinformación es el arma utilizada desde el primer momento. Tras verse sorprendidos por la ikurriña se avisa al alcalde y al lanzador del txupinazo de este año. En dos minutos su odio y obsesión hacia una de las banderas de este Pueblo da paso a la decisión de que no se tirará el txupinazo hasta que no la quiten. Esa es la cuestión desde el principio, pero durante los primeros minutos, con una balconada cuyas puertas están cerradas a cal y canto, deciden informar a los miembros de los otros grupos que la ikurriña imposibilita lanzar el txupinazo, algo que a todas luces, por lo menos desde fuera, y por lo que me dicen, desde dentro, era totalmente falso. Y alternativas, en todo caso, antes que retrasar el acto, había unas cuantas. Esa es la realidad del momento. A la vez es el propio alcalde, el máximo representante de la ciudad, ese que tendría que haber dimitido hace tiempo por probables prácticas corruptas, el que se dedica a pedir cuentas a Eva, Peio y Patri, como si hubiesen sido ellos quienes habrían colgado la bandera, es este señor el que, olvidando su papel en la ciudad, se dedica a insultar a miembros de la corporación, de Bildu, claro está, fuera de si. Ahí van al ataque, en medio de esa mezcla de informaciones sesgadas, algunos de los periodistas presentes en el salón, algunos de ellos auténticos voceros del Régimen, algunos de ellos emulando a Garcilasos e Iribarrenes. Y entonces hace su aparición el que se supone gestiona la cultura en esta ciudad, una persona cuyo nivel 0 es el elemento principal para ser representante de la ciudad en el Ayuntamiento. Iruñea no se lo merece. Ahí están sus tuits, para siempre guardados, repitiendo en la red lo que ha insultando directamente. Hay tuits que traen otros, como el que recibió Bakartxo Ruiz amenazándole de muerte y cuyo perfil fue borrado rapidamente (el del amenazante, se entiende).

Desgraciadamente no son los únicos que se dedican a repartir leña a Bildu y algunas actitudes diciendo que la ikurriña ha estropeado el comienzo de las fiestas quedarán para siempre en la memoria colectiva de mucha, mucha gente. Quien hace esas declaraciones llega a reprochar a nuestros concejales que “la ikurriña está sufriendo un abucheo histórico”. Otra mentira. El grito mayoritario fue contra UPN y el abucheo contra el retraso del txupinazo. Finalmente se retira la ikurriña, con un municipal esperpéntico alzando el puño en señal de victoria después de semejante hazaña cuya acción ha quedado a ras de suelo y entre gritos de UPN kanpora! Y salen el alcalde y el lanzador y se dedican durante un minuto a gritar aquello de “¡San Fermín , San Fermín!”, convertido últimamente en grito oficial para muchas cosas, y no hace falta irse muy lejos en los años para ver a qué punto ha llegado su manipulación. Un grito que, escondiéndose en el icono que representa el de Amiens, significa fuera lo que no gusta, lo que no entiende y lo que me molesta al poder actual, poder en todas sus vertientes. Grito esperpéntico en un acto esperpéntico, chsssss, PUM! Y toma cohete que tiro a la gente que está abajo, como si no hubiesen sufrido poco ya, y para adentro, que el señor alcalde ha llamado a los y las portavoces a una reunión de urgencia cuyo tiro les sale por la culata, a esa pareja cómica, imputado y el del exploto, que eso no fue txupinazo ni nada que se le pareciese, y a quiénes intentaron situarse “entre el bien y el mal” solicitando la reprobación por colgar una ikurriña. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Los “vasquistas” pidiendo la reprobación por hacer presente la enseña vasca. Y ahí se quedaron, unos sin declaración institucional, y otros sin reprobación que les diese el titular de su periódico.

Eran más de las dos de la tarde cuando me tomé mi primera caña, cuando disfruté de los primeros compases de la fiesta, entre amigos y con uno de ellos literalmente aporreado por forales y munipas que se dedicaron, esos si, a joder el comienzo de la fiesta en la calle Chapitela. Pero eso no les interesa que se sepa.

Continua la fiesta. Con la ikurriña en cientos y cientos de balcones de Iruñea.

Zapia