muy agradecido

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Photo by Alessio Lin on Unsplash

Quiero agradecer todas las muestras de cariño y felicitaciones que muchísimas personas me hicieron ayer en persona, por teléfono, Whatsapp, redes sociales, etc. Que una persona emplee parte de su tiempo en acordarse de mí, o aunque Facebook se lo recuerde, en dedicarme un recuerdo, es algo que tiene mucho valor. Intenté responder a todas las personas que lo hicieron y si me olvidé de alguna fue sin querer.

El caso es que he llegado a los 45 años, que aparte de tener alguna rima curiosa, es algo que me sorprende. Estoy ya en esa edad que enfila la quinta década, una edad en la que algunas personas te dicen qué joven eres, otras te miran como un señor y tú no das crédito. El caso es que es una edad en la que estoy disfrutando de la serenidad que te da esa experiencia de la vida que empiezas a tener, una edad en la que tengo todavía casi todo por descubrir y aprender, una edad en la que redescubres las cosas sencillas que casi tenías olvidadas. Estoy en esa edad en la que le das más importancia al ser que al estar, una edad en donde comienzas a escuchar y escucharte, en esa edad en la que consigues entender que la vida consiste en vivirla en el momento.

Muchas gracias a todas y todos los que hacéis posible todo esto. Milesker, bene-benetan.

2018

 

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Bajo la intensa lluvia que casi da al traste con unas cuantas sansilvestres, decidí tomarme un par de vinos, aunque igual fueron tres, qué más da, con un tío y una tía. Estafeta estaba llena de gabachos que en los últimos años deciden pasar la última o mejor dicho, la primera noche del año en Iruñea. El caso es que para las siete de la tarde ya estaban bastante pasados. Parece ser que en algunas personas, nuestra querida ciudad tiene un poder de atracción equivalente al número de cubatas que se toman en una hora, como si tuviesen que batir un récord. Con el paladar saboreando la última copa nos encaminamos hacia el Ensanche y nos felicitamos el año con los parroquianos del bar de la esquina, ese bar que, sin ser el más moderno y el más comentado, te ofrece una atención familiar día a día, cariño en sus platos y unas olivas sin que las pidas. La cena transcurrió con la normalidad que tienen este tipo de eventos. Los hijos pequeños de los primos descubriendo una noche mágica, la gente mayor disfrutando de la compañía, los más jóvenes pensando en la noche y el resto recordando, riendo y mandando mensajes. Y las doce campanadas pasaron con doce gajos de mandarinas, que en nuestra familia las uvas no se estilan y en medio de los gritos y casi a la par del comienzo de la programación-bodrio que se daba en todos los canales, tuve tiempo para pensar qué pedía al nuevo año. Y me sorprendí agradeciendo todo lo que me ha dado el 17, a todas esas personas que he conocido y con quienes he compartido, trabajado, luchado, protestado y hablado. Fue el momento de pedir perdón a quien he faltado y el único deseo que solicité fue tener la oportunidad de ser siempre yo mismo, con salud y libertad y con respeto al resto de personas. Al día siguiente Ricardo Muti se encargó de recordarme, a ritmo de valses, que la vida hay que vivirla y sentirla en el momento. Es lo bueno que tiene.

Urte berri on!