de un tirón

¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que ocultamos verdades amargas? ¿Acaso porque en semejante situación no se puede ser feliz? Y, sin embargo, ¡éramos felices! A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque solo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?

El lector, de Bernhard Schlink, es uno de esos libros que, quien más, quien menos, ha oído hablar alguna vez. Un libro que, normalmente, lo ponen bastante bien. Para colmo, es una obra que fue versionada para el cine con bastante éxito, siendo una de sus protagonistas, la titánica Kate Winslet, ganadora de varios premios, entre ellos el Oscar y el Globo de Oro, a la mejor actriz. Y en estas estamos cuando el otro día, visitando la tienda de Katixa, alias @Deborahlibros, lo vi en el estante de los Delicatessen, esos libros que, según la librera, le supieron a gloria. Como el fin de semana era largo y no tenía ninguna intención de salir de casa, me lo llevé junto al otro que había ido a comprar, del cual ya os hablé el otro día en esta entrada.

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Las poco más de 200 páginas las leí en una tarde de esas con manta, velas y luz invernal tras la ventana, en la primera parte del puente foral… Es una buena lectura para la segunda parte, la de este fin de semana largo. La colección Edición Limitada, con tapa dura y sobre cubierta, que Anagrama ha hecho con unos cuantos títulos, entre los que se encuentra la obra del escritor alemán (aunque no aparece en su página web), es una gozada, por los títulos que contiene y por el maravilloso precio de 10€ que cuesta cada uno de ellos. Merece la pena, mucho. El caso es que la historia de la obra en cuestión, te engancha fácilmente y su lectura rápida, llena de unos magníficos silencios, te atrapa sin darte cuenta y de repente finalizas su lectura de un tirón.

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens… El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de criminales de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó… Bernhard Schlink ha escrito una deslumbrante novela sobre el amor, el horro y la piedad; sobre las heridas abiertas de la historia; sobre una generación de alemanes perseguida por un pasado que no vivieron directamente, pero cuyas sombras se ciernen sobre ellos.

Una lectura en la que aparece el poder de los sentimientos, el amor y la culpa, el revisionismo alemán en la posguerra y la condena a toda una generación, la pasividad de una sociedad ante los crímenes del nazismo, el descubrimiento sexual y la necesidad de leer clásicos.

Una novela para quienes se han enamorado alguna vez de alguien mucho mayor, o para quienes se enamoran sin querer de gente mucho más joven. Para quienes quieran recordar su despertar sexual y para esas personas que creen que la lectura es una puerta abierta a historias inimaginables, hasta que caen en la cuenta que su propia historia puede tener mucho de libro. Para quienes estudian Derecho y así poder entender que, más allá de leyes y normas, las personas pueden tener mil y un motivos para cometer un crimen. Por mal que esté cometer un crimen…

 

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correspondencia bibliófila

En mi viaje previo al Londres que conoceré a principios de junio, hace poco terminé un librito que es una auténtica joya. Con este libro de correspondencia he podido conocer la calle de los libros y los libreros por excelencia, aunque en los últimos años varias de esas librerías, desgraciadamente, se hayan ido convirtiendo en McDonald’s y demás. 84 Charing Cross Road es un pequeño libro, escrito por Helene Hanff, una neoyorkina que se pasó la vida escribiendo, principalmente episodios para la televisión y que mantuvo una correspondencia durante más de treinta años con una librería de Londres a la que fue pidiendo los libros que quería.

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El libro me lo recomendó una buena amiga, Ana, que siempre que nos encontramos me pregunta qué estoy leyendo o qué música escucho. En la conversación le dije que en junio me voy un fin de semana largo a Londres, ciudad que, ya lo he dicho alguna vez, todavía no conozco, y que estaba buscando un libro que se desarrollase en la capital inglesa. Es verdad que Londres aparece en todas y cada una de sus páginas y que su encanto está presente en la correspondencia mantenida, pero si algo nos traslada la obra, es el amor por la buena lectura y por los libros, las traducciones, las ediciones curiosas y demás, algo que solo los libreros y algunos lectores, quizás los más frikis, no lo se, son capaces de reconocer. Por eso siempre repito que comprar un libro en una librería o en una tienda donde venden libros, es algo absolutamente diferente que, a buen seguro, condicionará el tipo de lecturas que realizas. Cuando un librero o librera, esto es, una maravillosa persona que te recomienda libros desde su propio enamoramiento de ellos, para que termines leyéndolos, es algo extraordinario. Es una experiencia deliciosa. Con lo poco que dura la vida, no tenemos tiempo para estar leyendo solo lo que las grandes editoriales y centros comerciales nos empujan a comprar con sus campañas mediáticas, por mucho que la novela se desarrolle en Baztan.

A mí, cuando visito otros lugares, entre otras cosas, me suele gustar visitar cementerios y librerías, porque en ellos descubro la historia, e incluso, aunque parezca una contrariedad, la vida de la ciudad más allá de las guías. Los cementerios porque son como las páginas abiertas del libro escrito por quienes vivieron y murieron en la ciudad y las librerías porque entre sus paredes me encuentro como en casa. Son como un refugio en mitad del movimiento y del descubrimiento que supone ir paseando por un lugar desconocido.

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En el libro, la autora comienza pidiendo unos libros que no puede, o no quiere, por no salir de casa en invierno, conseguir en su Nueva York natal. A través de los pedidos y cartas, al principio con un mismo trabajador de la librería y posteriormente con más empleados del establecimiento, se va desarrollando una relación que desemboca en amistad que te deja casi atónito. Como hilo conductor de esa relación, siempre los libros. Títulos extraños y títulos clásicos, obras especializadas y obras que son como un bálsamo en la vida incierta de la protagonista. La historia se desarrolla, se desarrolló, en el Londres de la postguerra, de las cartillas de racionamiento, de la era sin Internet y de la época donde el servicio de correos era el único medio para conseguir enviar y recibir paquetes, con libros, con comida o con ropa.

En junio espero visitar alguna de las buenas librerías y papelería, otra de mis aficiones, que existen en Londres. Ya os contaré. Mientras tanto, si no lo habéis hecho ya, disfrutad de 84, Charing Cross Road, editado por Anagrama.

P.D. ¿Qué novelas y obras que tengan Londres como protagonista de una u otra manera, me recomendáis?

Un libro para leer en el aeropuerto, mientras esperas que abran las puertas de embarque. Para quienes echan en falta cartearse con alguien, escribir cartas con bolígrafo o, quizás mejor, con una pluma de tinta negra. Para quienes les gusta pegar en el sobre el sello del monarca al revés, en simple expresión de su rebeldía natural. Para quienes tienen la sensación, real por otro lado, de no tener tiempo para leer todas las obras estupendas que existen en la literatura. Y sobre todo, para quienes han tenido la suerte de ser aconsejados en su lectura por un librero o una librera que acaba recomendándote una edición barata de bolsillo, a la mitad de precio que la otra edición especial de la misma obra que tiene en la otra mano, por la sencilla razón de que la traducción de la edición de bolsillo es infinitamente mejor. Esto solo se puede encontrar en las librerías, nunca en una tienda donde venden libros.

el bardo Shakespeare desde Iruñea

Yo soy de los que descubrí a Shakespeare a través del cine, en una adolescencia y juventud en donde las historias del bardo inglés me llamaban poderosamente la atención. Naturalmente había estudiado a Shakespeare, sabía de qué iban un puñado de sus obras, pero no lo entendía. Aquel modelo de educación que se basaba en aprender de memoria los títulos de diez obras, dejó de lado la lectura y comprensión de las mismas. Pero el cine llegó en mi ayuda. El Hamlet protagonizado por Mel Gibson o Mucho ruido y pocas nueces, de Kenneth Branagh marcaron, en gran medida, mi afición a las obras de William Shakespeare. Más tarde vinieron El sueño de una noche de verano, con una maravillosa Michelle Pfeiffer como Titania y el descubrimiento de otras películas que, definitivamente, me convirtieron en un seguidor shakespeareano de su literatura.

Creo que la primera obra que leí fue Romeo y Julieta y desde entonces la he leído unas cuantas veces. El monólogo de Mercucio, que adelanta su propia tragedia, es una parte en la que, en cada relectura, descubro nuevos acentos. Esa original dulzura que está presente en toda la primera parte, llegó al fondo de mi ser desde el primer momento. Tras la tragedia de los dos amantes vinieron el resto, Hamlet que en su locura es el único que se atreve a decir la verdad, la avaricia del mercader de Venecia, el amor-odio entre Beatriz y Benedicto en Mucho ruido y pocas nueces o el fantástico cuento que es El sueño de una noche de verano. Casi he completado las obras de Shakespeare, varias de ellas releyéndolas, y sigo descubriendo frases, palabras, personajes, caracteres, leyendas, enseñanzas y significados. No creo que me canse jamás de leer a Shakespeare y en cuanto tengo ocasión me hago con una edición de alguna de sus obras o de algún libro sobre el autor.

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Este año se cumplen los 400 años de su muerte, el 23 de abril (el 3 de mayo según el calendario gregoriano vigente en la actualidad) y se me ha ocurrido que voy a releer toda la obra de Shakespeare, mes a mes. Evidentemente tardaré más de un año, pero no tengo prisa. La lectura, en estos tiempos, es algo que se hace, normalmente, en la intimidad, a solas o acompañado, pero casi siempre, a no ser que leas en voz alta, para ti mismo o misma. El caso es que podría hacer este recorrido shakespeareano yo solo, pero si a alguien le apetece acompañarme en este viaje estaré en cantado. Así, a modo de club de lectura, podremos leer y estudiar cada una de las obras de William Shakespeare. El esquema que propongo es sencillo:

  1. La última semana de cada mes haré una entrada que sirva de introducción a la obra. Contexto histórico, fuentes literarias, momento de la vida de Shakespeare en que la escribió, ediciones y traducciones disponibles (la lectura será de las traducciones al castellano), etc.
  2. Las dos primeras semanas será el tiempo que emplee o empleemos en leer la obra. Es un tiempo más que suficiente para leer con tranquilidad cualquier obra de Shakespeare.
  3. La tercera semana aportaré otros enfoques que se hayan hecho de la obra desde diferentes medios artísticos como la música, el ballet, el cine, la televisión, la pintura, la escultura o el cómic, además, evidentemente, del propio teatro.
  4. La cuarta semana servirá para poder hacer el comentario de la obra. Qué me ha parecido, qué es lo que me ha llamado la atención, qué personajes me han sorprendido, cuáles son las frases que me han motivado, etc. Esta será la semana para poder intercambiar esos comentarios, esas críticas con quien haya leído la obra.

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He tenido dudas sobre qué orden llevar en la lectura del canon shakespeareano porque posibilidades hay unas cuantas y cada una de ellas aporta algo diferente. Por orden alfabético, sin ningún orden preestablecido, primero las comedias y después las tragedias o al revés, o quizás alternar comedia con tragedia. Finalmente, dada la vocación de estudio que tiene en parte esta lectura crítica de todo Shakespeare, me he inclinado por leer las obras en el (supuesto) orden de elaboración y escritura de la propia obra. Al respecto existen diferentes cronologías que difieren unas de otras en algunas obras, pero que, en lo esencial, mantienen un orden bastante parecido. Con lo cual el calendario queda de la siguiente manera:

2016

Marzo. Enrique VI, 1ª parte, (1589-1590).

Abril. Enrique VI, 2ª parte, (1590-1591).

Mayo. Enrique VI, 3ª parte, (1590-1591).

Junio. Ricardo III, (1592-1593).

Julio. Los dos hidalgos de Verona, (1592-1593).

Agosto. Venus y Adonis, (1592-1593).

Septiembre. La comedia de los errores, (1593).

Octubre. La violación de Lucrecia, (1593-1594).

Noviembre. Tito Andrónico, (1593-1594).

Diciembre. La doma de la fiera, (1593-1594).

2017

Enero. Trabajos de amor perdidos, (1594-1595).

Febrero. Ricardo II, (1595).

Marzo. El rey Juan, (1594-1596).

Abril. Romeo y Julieta, (1595-1596).

Mayo. Sueño de una noche de verano, (1595-1596).

Junio. El mercader de Venecia, (1596-1597).

Julio. Enrique IV, 1ª parte, (1596-1597).

Agosto. Las alegres comadres de Windsor, (1597).

Septiembre. Enrique IV, 2ª parte, (1598).

Octubre. Mucho ruido y pocas nueces, (1598-1599).

Noviembre. Enrique V, (1599).

Diciembre. Julio César, (1599).

2018

Enero. Como gustéis, (1599).

Febrero. Hamlet, (1600-1601).

Marzo. El Fénix y la tórtola, (1601).

Abril. Noche de Reyes, (1601-1602).

Mayo. Troilo y Crésida, (1601-1602).

Junio. Bien está lo que bien acaba, (1602-1603).

Julio. Medida por medida, (1604).

Agosto. Otelo, (1604).

Septiembre. El rey Lear, (1605).

Octubre. Macbeth, (1606).

Noviembre. Antonio y Cleopatra, (1606).

Diciembre. Coriolano, (1607-1608).

2019

Enero. Timón de Atenas, (1607-1608).

Febrero. Pericles, (1607-1608).

Marzo. Sonetos, (1593-1609).

Abril. Cimbelino, (1609-1610).

Mayo. El cuento de invierno, (1610-1611).

Junio. La tempestad, (1611).

Julio. Elegía fúnebre, (1612).

Agosto. Enrique VIII, (1612-1613).

Septiembre. Los dos nobles caballeros, (1613).

Esta cronología la he tomado de la obra Shakespeare, la invención de lo humano, de Harold Bloom. Anagrama, 2002.

Obras escritas en colaboración, dudosas en su atribución y otros escritos:

Octubre. Faetón, atribuida, (1591).

Noviembre. Tomás Moro, atribuida, (1592).

Diciembre. Arden de Faversham, colaboración, (1592).

2020

Enero. Querellas de una amante, atribuida (1597).

Febrero. El peregrino apasionado, atribuida (1599).

Marzo. La tragedia española, colaboración, (1602).

Abril. Mucedorus, colaboración, (1610).

Mayo. Cardenio, colaboración, atribuida, (1613).

Junio. Epitafio y testamento, (1616).

Bueno, pues este es el plan. Ambicioso, lo acepto. Pero profundamente intenso y que, seguramente, me ofrecerá muy buenos momentos. Si quieres acompañarme en este viaje, en su entero recorrido, o en cualquiera de sus trayectos, aquí tienes tu sitio. Yo, encantado de la compañía. Un paseo siempre es más agradable en compañía y con una buena conversación.

Para recoger todos lo que vaya sucediendo en el camino he abierto este blog en donde se irán ordenando todas las entradas referidas a Shakespeare. Bienvenidas y bienvenidos a Shakespeare desde Iruñea.