en busca del silencio

El silencio en nuestras vidas es un secreto oculto que la mayor parte del tiempo no se reconoce, pero que está siempre disponible.

Adam Ford es un pastor anglicano ya jubilado que vive en el sur de Inglaterra. Me recuerda a mi abuelo Gregorio, con ese pelo blanco y una gran sonrisa que deja ver su perfecta dentadura postiza. El señor Ford fue uno de los sacerdotes adscritos a la Capilla Real al servicio de la reina de Inglaterra, capellán en un colegio de Londres y vicario en un pueblo molinero de Yorkshire. Y además de todo eso, que imagino que dará para una interesante biografía, tiene un máster en religiones de la India y suele dar conferencias sobre budismo, hinduismo y astronomía. Y aparte, escribe libros. Libros sobre el momento presente y cómo ser conscientes del mismo. La editorial Siruela, en su fantástica colección Tiempo de Mirar, ha publicado varios títulos suyos, uno de ellos el que voy a comentar en esta entrada: En busca del silencio. La atención plena en un mundo ruidoso.

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Photo by Noah Silliman on Unsplash

El caso es que Ford en este libro nos habla primero de su propia historia en la búsqueda de silencio, en cómo al principio era una búsqueda un tanto desordenada que, de forma lógica, fue ordenándose. Y descubrió que en donde más fácilmente encuentra el silencio es en la naturaleza, porque no todo el mundo encuentra el silencio de la misma manera. En un siguiente capítulo hace un recorrido por personas de diferentes lugares, creencias y épocas que buscaron el silencio de una manera u otra. Continúa hablando sobre el lado oscuro del silencio, que también lo tiene, los miedos que puede generar o el empleo del mismo como forma de tortura. Esta forma de tortura se practica en muchos lugares, incluido el Estado español que dispone y emplea las celdas de aislamiento en todos sus centros penitenciarios. En el cuarto capítulo diserta sobre el silencio en la naturaleza, un silencio entendido como no hablar con otras personas, ni que nos hablen, ya que la naturaleza, siendo fuente de silencio, tiene su propio sonido siempre. Habla después del silencio del monasterio, algo por lo que han apostado miles de personas a lo largo de los siglos en todas las culturas. El último capítulo es una guía sobre cómo lidiar con el ruido actual de la sociedad (sobre todo urbana).

Como introducción a este Año del Silencio me ha parecido un buen libro. Me ha gustado la pedagogía de sus palabras y sobre todo es importante que el libro está escrito desde la propia experiencia personal. Un libro absolutamente recomendable para quienes quieran comenzar a explorar la posibilidad de un mundo más silencioso.

el año del silencio

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Después de una temporada de festejos y jaleo, esto es, salida del orden necesario, me surge la necesidad de retomar ese orden. Hasta ahí creo que es algo bastante común con muchas otras personas. O quizás será algo que va unido a la edad, vete a saber. Lo que no sé si está tan extendido es la búsqueda de silencio en la que me encuentro inmerso. Y cuando me refiero a silencio no es el silencio externo que tanto echo en falta en estos tiempos. Aunque también. Vivimos en una época en la que casi no existe el silencio, por lo menos no en las ciudades. Nos despertamos con una alarma, desayunamos escuchando la radio mientras contestamos whatsapps acompañados de su correspondiente sonido, en la calle sabemos que la vida retoma su andadura por el ruido de los coches circulando, hablamos por teléfono decenas de veces al día, creemos aislarnos del ruido exterior poniéndonos auriculares a tope con música o episodios de podcasts, la televisión suena cuando llegas a casa, durante la comida continúa el ruido de electrodomésticos, si hay siesta suena la casa, los pisos de al lado, los coches de la calle, por la tarde se repite el barullo y por la noche el sonido de la vida que se refugia en las casas acompaña esos momentos. Ese ruido exterior en una ciudad es inevitable. Es verdad que podemos amortiguarlo. Existen los parques para intentar encontrar un ambiente más tranquilo. Se pueden poner los teléfonos en modo silencio (yo lo hago), aunque el ruido muchas veces es una simple vibración. Podemos apagar la televisión, la radio. Pero ese ruido externo genera ruido interno y ese es el que por todos los medios intento calmar. El silencio que busco es el silencio interior, el silencio de la mente, el silencio de la actividad. Y para eso no hay nada mejor que sentarse un rato para escuchar tu propio silencio. O para intentarlo. No se trata de que la mente deje de pensar. Eso no existe. La mente se dedica precisamente a eso. Se trata de que ese pensamiento produzca el menor ruido posible. Y yo la única manera que conozco para lograrlo, o para intentarlo siquiera, es sentarme, respirar, ser consciente de ese momento. Y de verdad que al final, el ruido externo y el interno se calman. Personalmente he decidido nombrar este año 2018 como el Año del Silencio. El mío, evidentemente. Ya os iré contando cómo nutro el año con libros, películas y actividades para acompañar y guiar este recorrido personal.

¡Feliz Año del Silencio!