2018

 

IMG_2830

Bajo la intensa lluvia que casi da al traste con unas cuantas sansilvestres, decidí tomarme un par de vinos, aunque igual fueron tres, qué más da, con un tío y una tía. Estafeta estaba llena de gabachos que en los últimos años deciden pasar la última o mejor dicho, la primera noche del año en Iruñea. El caso es que para las siete de la tarde ya estaban bastante pasados. Parece ser que en algunas personas, nuestra querida ciudad tiene un poder de atracción equivalente al número de cubatas que se toman en una hora, como si tuviesen que batir un récord. Con el paladar saboreando la última copa nos encaminamos hacia el Ensanche y nos felicitamos el año con los parroquianos del bar de la esquina, ese bar que, sin ser el más moderno y el más comentado, te ofrece una atención familiar día a día, cariño en sus platos y unas olivas sin que las pidas. La cena transcurrió con la normalidad que tienen este tipo de eventos. Los hijos pequeños de los primos descubriendo una noche mágica, la gente mayor disfrutando de la compañía, los más jóvenes pensando en la noche y el resto recordando, riendo y mandando mensajes. Y las doce campanadas pasaron con doce gajos de mandarinas, que en nuestra familia las uvas no se estilan y en medio de los gritos y casi a la par del comienzo de la programación-bodrio que se daba en todos los canales, tuve tiempo para pensar qué pedía al nuevo año. Y me sorprendí agradeciendo todo lo que me ha dado el 17, a todas esas personas que he conocido y con quienes he compartido, trabajado, luchado, protestado y hablado. Fue el momento de pedir perdón a quien he faltado y el único deseo que solicité fue tener la oportunidad de ser siempre yo mismo, con salud y libertad y con respeto al resto de personas. Al día siguiente Ricardo Muti se encargó de recordarme, a ritmo de valses, que la vida hay que vivirla y sentirla en el momento. Es lo bueno que tiene.

Urte berri on!

repaso

Image by Jakob Owens

Es bueno pararse un momento y hacer repaso de lo que has hecho y de lo que no has hecho. Es bueno hacer ese repaso a diario, aunque sea cinco minutos, para ser conscientes de nuestra vida y de nuestra existencia tantas veces acelerada. Y a final de año, aunque solo sea por un momento, es bueno echar la vista atrás, no para añorar o desear que vuelva el tiempo pasado, sino para seguir siendo conscientes del presente que siempre es consecuencia del instante anterior.

Este año he seguido aprendiendo a escuchar, aunque sigo sin poder evitar mis gestos cuando escucho algo que no me gusta. He aprendido a esperar, a tener paciencia y a disfrutar de ella. He vuelto a llorar con las cosas sencillas, cuando creía que ya me había olvidado de hacerlo. He disfrutado de la compañía del aita, de nuestros desencuentros, de su apoyo, de su fuerza y de su debilidad, de su amor y de sus olvidos. Me he ilusionado decenas de veces con el transcurso de una aventura que continua y que, más allá de mejorar una ciudad, está construyendo una convivencia que estaba maltrecha. He gritado contra la Europa insolidaria, contra los desmanes del mercado y a favor de todas las opciones sexuales, tantas como personas hay en este mundo, a favor de la cultura y he vuelto a exigir la repatriación de las presas y presos a su casa. He bebido, cantado y reído con amigos de siempre, con nuevas compañías y con la familia, siempre la familia. He sentido el cansancio y me he obligado a parar. Me he emocionado con los nuevos amores de mi gente, he sufrido los desamores y me he seguido encontrando instantes de amor en cada esquina. Me he sorprendido con una fortaleza que no creía poseer y las agujetas me han hecho sentir como nunca un cuerpo que avanza hacia el infinito al que todos vamos. He vivido historias tristes, duras, felices e insólitas gracias a la lectura. Bach ha seguido llenándome y la música me ha acompañado todos los días de este año. La familia ha seguido creciendo, en Donostia con dos nuevos miembros. Y sobre todo he tenido la inmensa suerte de ver la llegada de un sobrino, Amaiur, que hizo llorar a su aita como nunca lo había hecho, que dio la luz de la maternidad a su ama, que nos ha hecho felices, como nunca habíamos imaginado, a sus aitonas y amona, osabas e izeba y a todos a quienes en su corta vida ha sonreído alguna vez.

El año que viene no sabemos que nos deparará. El día de hoy está lleno de deseos. Ojala se cumplan todos y cada uno de ellos. Yo, egoístamente, para mí, pido y deseo que pueda seguir viviendo cada día con intensidad y consciencia, con mis incoherencias y mis errores, tal y como lo he hecho este año.

Paz y Amor para todas y todos. URTE BERRI ON!

delicia italiana para los ingleses

Esta música la descubrí hace más de veinte años gracias a un disco sobre compositores barrocos que traía una nefasta revista ultra de derechas, llamada Época, que no logro entender cómo fue a parar a nuestra casa. Imagino que vendría algún artículo tremendo sobre Euskal Herria, o Nafarroa o algo así. Ya se sabe que entre los paisanos la afición a leer en la prensa y revistas, escuchar en radios y ver en televisión las barbaridades que dicen sobre nosotros, está bastante extendida. Sea como fuere el número en cuestión del casposo semanario, afortunadamente, entró en casa y con él el CD comentado. Estaba dedicado a la música de cámara y traía composiciones de Pachelbel, Purcell, Corelli y un tal Nicola Matteis, junto a otros desconocidos, entonces, para mí. Creo que puede ser una música preciosa para recibir el nuevo año.

Zarabanda, alegre y ligera, o Chacona, festiva y de gran erotismo. Así se bailaba en el XVII
Zarabanda, alegre y ligera, Chacona, festiva y de gran erotismo. Así se bailaba en la corte

El track número 5 atrajo, desde el principio, la atención sobre mí. No se ni cuántas veces lo habría escuchado en casa. Se titulaba, atención, Diverse bizzarie Sopra la Vecchia Sarabanda o pu Ciaccona. ¡Toma ya! Joder, es que con ese título sí o sí tenía que tener algo. A ver, os cuento desde el principio.

Resulta que durante el protectorado de la Mancomunidad (República) de Inglaterra, Escocia e Irlanda, el puritano Oliver Cromwell, a la sazón Lord Protector e impulsor de dicha Mancomunidad, prohibió la música religiosa y la música instrumental, quedando desmanteladas todas las instituciones encargadas de producirlas. Esto duró de 1653 a 1660, fecha en la que Carlos II desembarcó en Dover con la intención de restaurar la monarquía después de años de exilio de corte en corte. El caso es que Cromwell llevaba ya dos años muerto y enterrado en Westminster y el rey Carlos II, a pesar de que decretó una amnistía para los partidarios de la causa de Cromwell, no perdonó a los jueces y autoridades que se vieron inmersos en el juicio que condenó a muerte a su padre Carlos I. El caso es que al Lord Protector Cromwell lo desenterraron, lo colgaron de unas cadenas, lo decapitaron, el cuerpo lo enterraron en una fosa común y su cabeza la dejaron en una pica a la entrada de Westminster durante varios meses. Después la cabeza, o lo que quedaba de ella, comenzó un peregrinaje entre diferentes manos que no finalizó hasta, atención, 1960, en que fue enterrada en  los terrenos del Sidney Sussex College, donde había estudiado. Eso tendría que pasar a toda persona que prohibiese la música. Mínimo.

tumblr_mso7zezatf1qew49bo1_500
En la Inglaterra del XVII no se andaban con tonterías

En fin, que en Inglaterra (ni en ningún otro lugar) por aquellas fechas no se andaban con chiquitas. Total que, tras la llegada de Carlos II a Inglaterra, Londres se convirtió en una de las ciudades más ricas del mundo (imagino que sobre todo para los ricos, incluida aristocracia, realeza y demás vividores… vamos, cómo ahora), prosperidad que atrajo a muchos músicos y compositores, después del levantamiento de la prohibición de hacer música. Y uno de ellos fue, precisamente, el susodicho Nicola Matteis. Este era un virtuoso violinista que, parece ser, nació en Nápoles y llegó a Inglaterra hacia 1670. El caso es que el virtuoso napolitano debía ser bastante arrogante y gracias a eso se ganó la indiferencia de los londinenses que, me imagino, no les haría ninguna gracia que un italiano llegase a su ciudad dándoselas, en plan chulo, de gran músico. Y así fue hasta que lo descubrió el escritor John Evelyn el 19 de noviembre de 1674. Aquella noche, después de llegar a casa entusiasmado de una velada privada, Evelyn anotó en su diario

He oído a ese estupendo violinista Signor Nicholao quien ciertamente ningún mortal puede superar… pues hizo hablar a su violín como a un hombre. North indica que tocaba su violín muy bajo… contra sus costillas o casi a la altura de su cintura, observando que aquel hombre alto y corpulento empuñaba el arco con el pulgar sobre la vara.

Diverse bizzarie Sopra la Vecchia Sarabanda o pu Ciaccona es una pieza que se encuentra en el primero de los cuatro libros que Matteis escribió desde 1672 bajo el título de, coged aire porque al presunto napolitano le gustaban los títulos largos, Ayrs For the Violin Preludes Allmands Sarabands Courantes Gigues Diuisions and double Compositions fitted to all hands and Capacities By Nicola Matteis. La obra se conoce con el simple título, en castellano, de Ayres para violín y se compone de una serie de variaciones sobre el tema de la festiva y optimista danza de la chacona, aunque sea muy símil y parezca una alegre zarabanda. Quienes hayáis leído la entrada de este blog dedicada a la Ciaccona de Bach, quizás os sorprendáis ante la diferencia entre una y otra, esta de Matteis absolutamente festiva y la bachiana totalmente grave y profunda. Y es que a lo largo de los casi 50 años que separan esta pieza de la de Bach, la forma de la chacona pasó de los salones de baile populares a la solemnidad de los salones de la aristocracia. La Ciaccona de Matteis, de una alta dificultad para el violín, para que suene auténtica tiene que lograr la perfecta sincronización con los dos instrumentos que hacen el bajo continuo, esto es, la base que suena todo el rato detrás del violín. Estos instrumentos son, en principio, la viola da gamba y la guitarra barroca.

La interpretación de la pieza cuando la conocí estaba a cargo del Palladian Ensemble, un cuarteto que desarrolló su virtuosismo de 1990 a 2006, año en que se convirtió en trío. Esta es la versión que utilicé en un programa de radio que me invitaron a presentar en una ocasión, cuando estaba en el Consejo de la Juventud de Navarra. Y la verdad es que tuvo su éxito, ya que durante el programa hubo dos personas que llamaron interesándose por la música que sonaba. Después ya vinieron otras versiones, cada una con lo suyo, aunque ninguna me hizo sentir con la misma intensidad que la del Palladian. Quizás una de las que más me ha gustado después, por su delicadeza, es la de Catham Baroque, cuyo vídeo he puesto arriba. Entre las diferentes versiones existentes están la de Amandine Beyer, ultra rápida, o la de Daniel Hope, demasiado adornada y pomposa, la que ejecuta Hélène Schmitt, que sustituye la guitarra por el clave, la que interpreta Dorothee Oberlinger a la flauta, o la de Music of the Spheres, bastante aceptable.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Resulta que la original, aquella que escuché por primera vez en el CD de la revista, no aparece entre las opciones de Spotify, así que no me queda más remedio que poneros, también, el vídeo de Youtube con la versión. Un vídeo con una realización bastante sin más. De todos modos, ahí va. Señoras y señores, con todos ustedes Palladian Ensemble.

Y tras el vídeo, la lista de Spotify. Por cierto, en una próxima entrada os hablaré del último descubrimiento que he hecho de este compositor napolitano. Espero que hayáis disfrutado con la música y aprovecho para felicitaros el Año Nuevo. Ojalá en este 2017 todas y todos encontremos el equilibrio con nosotras mismas, con el resto de personas y seres vivos y con el planeta al que maltratamos diariamente. Salud, Justicia, Paz y Música para todas vosotras y vosotros. URTE BERRI ON!

https://open.spotify.com/user/1111910413/playlist/47uBXZVn8Wei1pDUV9CKiI&theme=white

la belleza en el espacio

Entre las músicas que el pasado 1 de enero escuchamos desde la Sala Dorada del Musikverein de Viena, una de las más conocidas, con permiso de Radezky, es, sin dudas, el vals de Johann Strauss hijo titulado El bello Danubio azul. Esta obra fue una de las que el genial director, Stanley Kubrick, incorporó en 1968 a su película 2001, una odisea en el espacio.

Veamos. Esta película está considerada como de culto en el género de la ciencia ficción y marcó un antes y un después en los efectos especiales, su vanguardista uso de la imagen y por la utilización de música clásica en sus escenas (algo que Kubrick hizo en todas sus películas). Cuenta la historia de un equipo de astronautas, que trata de seguir las señales acústicas emitidas por un extraño monolito hallado en la Luna y que parece ser obra de una civilización extraterrestre. Está dividida en diferentes capítulos que comienza por el amanecer del “hombre”, la misión a la Luna, misión a Júpiter y termina con una visión del infinito.

La música de la película está compuesta por obras de Richard Strauss, Johann Strauss (hijo) o György Ligeti, si bien el afamado compositor de bandas sonoras, Alex North realizó una partitura para la la película que fue rechazada por el director. Esta banda sonora salió a la luz de la mano de Jerry Goldsmith 25 años después.

La escena del vals de Strauss pertenece a la segunda parte, la del viaje a la Luna y en ella se ve al transborador espacial haciendo la maniobra de aproximación a una estación espacial de forma circular. Toda esta maniobra se hace al ritmo del conocido vals vienés. Allá vamos:

Y ahora vamos con la obra de Strauss, un vals que, quien más, quien menos, conoce y con el que, a buen seguro, casi todo el mundo nos hemos balanceado siquiera.

El bello Danubio azul, con título original en alemán An der schönen blauen Donau, op. 314, es un vals de Johann Strauss hijo compuesto en 1867. El origen de este vals es curioso, ya que fue compuesto para ser cantado por un coro de hombres en Carnaval. El caso es que un tipo, comisario de policía para más inri, le puso la letra que, parece ser, por sus implicaciones políticas (no estaba el horno para bollos) no gustó en absoluto y originó que el vals pasase bastante de puntillas en su estreno. Unos meses más tarde, en la Exposición Universal de París, Strauss volvió a dirigir el vals, esta vez sin letra, obteniendo un gran éxito y convirtiéndose en muy poco tiempo en el vals más conocido del compositor. Unas semanas después se imprimieron un millón de copias, algo exageradísimo para la época, de la partitura que se distribuyeron por todo el mundo. Franz von Gernerth escribió una nueva letra, se hicieron varias traducciones inglesas, una de ellas por Charles Dunn, y el compositor Wekerlin lo adaptó para una sola voz con letra de Jules Barbier. La obra, por sus reminiscencias vienesas, se ha convertido en una especie de segundo himno de Austria.

Entre las grabaciones, que obviamente son del Concierto de Año Nuevo, me quedo con dos. La primera dirigida en 2003 por el inigualable Nikolaus Harnoncourt, que consiguió extraer unos matices y detalles asombrosos. La segunda es, cómo no, la versión que el endiosado Herbert von Karajan, dirigió en el concierto de 1987.

Y ya que estamos hablando de una obra del concierto de Año Nuevo vienés, os dejo diez curiosidades del mismo. Por cierto, el concierto de este año, dirigido por el letón Mariss Jansons, ha sido uno de los mejores de los últimos años.

  1. El primer concierto de Año Nuevo fue, paradójicamente, un 31 de diciembre de 1939, aunque desde 1941 se celebra el 1 de enero.
  2. Muy poca gente sabe que el concierto se puede ver antes del 1 de enero en dos ocasiones: el día 30, en el ensayo general y el 31 en el concierto de San Silvestre.
  3. Las entradas se sortean (algunas se reservan) y para participar en el sorteo hay que inscribirse en la página de la Filarmónica entre el 2 de enero y el 29 de febrero. Las entradas oscilan entre los 35 y los 1.090 euros.
  4. El concierto se celebra siempre en la Sala Dorada del Musikverein, edificio de 1870, sede de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena. La sala Dorada tiene una de las mejores acústicas del mundo.
  5. La Wiener Philharmoniker fue creada en 1842, es altamente conservadora y la primera mujer en formar parte de ella fue la arpista Anna Lelkes en 1997. Actualmente 10 mujeres son parte de la orquesta y el 1 de enero pudimos ver a siete de ellas.
  6. Desde 1933 esta orquesta carece de director principal y lo que hacen es invitar (para el concierto de Año Nuevo y para cualquier otro que ofrezcan) al mejor director que consideran para la obra que quieren interpretar.
  7. Curiosamente el concierto tuvo directores estables en sus inicios (Clemens Krauss, Willi Boskovsky y Lorin Maazel) y desde 1987 se invita a un director diferente cada año. Esta práctica la inauguró Herbert von Karajan ese año y, entre otros, han dirigido el concierto Claudio Abbado, Carlos Kleiber, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Nikolaus Harnoncourt, Seiji Ozawa, Mariss Jansons, Georges Prêtre, Daniel Barenboim y Franz Welser-Möst. Algunos de ellos han repetido, como es el caso de Mariss Jansons en el de este año. Para el concierto de 2017 se ha anunciado que será el venezolano Gustavo Dudamel que, a sus 34 años, se convertirá en el director más joven de la historia de este concierto.
  8. Los compositores principales que suenan en el concierto son, desde luego toda la saga Strauss (Johann hijo, sus hermanos Josef y Eduard y Johann padre), así como compositores de operetas como Joseph Lanner, Otto Nicolai o Franz von Suppé. Excepcionalmente suenan obras de otros compositores en una especie de homenaje por alguna efeméride del año entrante. Entre otros se han escuchado piezas de Mozart en 1991, en 1997 de Schubert, en 2009 de Haydn, en 2013 Verdi y Wagner o en 2014 de Richard Strauss.
  9. Aparte de la orquesta en ocasiones (como este año) actúan también el Coro de los Niños Cantores de Viena o alguna soprano, como Kathleen Battle en 1987. El Ballet de la Ópera Estatal de Viena se encarga de los números de danza en algunas piezas, entre otras, El bello Danubio azul.
  10. Las propinas que suenan en este concierto son, desde 1958, tres. La primera una polka rápida (a elección del director de turno), seguida del vals El bello Danubio azul, para finalizar con la Marcha Radezky. Tradicionalmente en la interpretación del vals, tras los primeros compases, el director para a la orquesta y se dirige al público en un perfecto alemán diciendo: “La Filarmónica de Viena y yo les deseamos”; a lo que se une la orquesta: “Feliz año nuevo”. En cuanto a la costumbre de llevar las palmas en la Marcha Radezky, parece ser que en un principio el público vienés llevaba el ritmo un poco como le daba la gana y fue Willi Boskovsky en los sesenta el primer director que decidió dirigir las palmas que sonaban. La tradición adquirió carta de naturaleza definitiva cuando hasta el mismísimo Herbert von Karajan se volvió al público en 1987 para dirigirlo.

Os dejo con la interpretación del año 1987, dirigida por Karajan…

!Ah si! URTE BERRI ON! ¡FELIZ AÑO NUEVO! QUE ESTE 2016 SEA PLENO DE FELICIDAD PARA TODO EL MUNDO. PAZ, SALUD Y LIBERTAD PARA TODOS Y TODAS.

nuevo año, nuevos objetivos y como siempre Radezky

Lo mejor de llevar un disfraz con maquillaje en esta Iruñea carnavalesca de principio de año, es que, si no quieres dejar la almohada hecha un cristo, al llegar a casa tienes que lavarte bien la cara. Mi hermana me ha dicho que para eso están las toallitas desmaquilladoras, pero no es lo mismo. Las seis de la mañana y ahí estaba frotando como un poseso, intentando quitarme toda la pintura de la máscara de la muerte mexicana. Cinco minutos que me refrescaron, me relajaron y me dejaron la cara limpia, y una sonrisa de comienzo de año con la que me acosté, como un chaval adolescente que ha dado las campanadas en su primera cita con la noche de fin de año.

Reconozco que llevar la cara de la muerte, por muy mexicana que sea esta, no me parecía la mejor manera de empezar 2016, pero es que La Catrina es una muerte popular, indígena, una forma de denuncia social y la caricatura de una hipocresía presente en todas partes. La Catrina debe seguir denunciando, porque aunque el aire fresco pasea por la vieja Iruñea desde mayo pasado, si todas esas Catrinas que abrieron las ventanas y las puertas del cambio de par en par dejaran de hacerlo, la brisa podría terminar convirtiéndose en un bochorno pegajoso necesario de lluvia purificadora.

Sueño_de_una_tarde_dominical_en_la_Alameda_Central

Aunque Radezky nos acompañe todos los años con su marcha y nos parezca que cada uno de enero se repite la misma escena, lo importante es que, de una u otra manera, cada cual podamos sentirnos partícipes de ella. Hay mucho de repetición en cada día, pero los pequeños detalles novedosos son los que propician que un día nos demos cuenta que el cambio, el grande, se está dando poco a poco. Ayer decenas de bares se sumaron a la campaña del ayunta para utilizar vasos reciclables. Fue la primera Nochevieja. Dentro de unos años nos parecerá lo más natural, casi tanto como separar la basura y nadie se acordará que el 1 de enero de 2016 fue la primera noche en que algunos, conscientemente, decidimos dejar de utilizar tanto plástico. Otros seguirán quejándose de suciedades que hace unos meses no veían.

Bakartxo nos mandó por Whatsapp una felicitación que encierra esta filosofía. Gauza txikiekin gozatu eta handien bila joan! Ese es también mi deseo. Sigamos dando pequeños pasos. Urte berri on!

B6ge9ZJCQAAUvEY.jpg-large

P.D. La comida de lujo a pesar del cansancio. La siesta de campeonato. Y la música recién descubierta de George Ezra una perfecta banda sonora para este primer día del año. Con permiso de Radezky, los Strauss y el maravilloso Mariss Jansons.

la lista de marras

Soy de esos que hago listas para todo. Me gustan las listas. Listas de la compra que luego no miro en la tienda de fruta, listas para hacer la maleta de un viaje que luego no me da tiempo a utilizar porque media hora antes de salir preparo el equipaje, listas de libros que quiero leer y nunca lo haré porque al mirar la cantidad de libros que están a la espera sé que no voy a tener tiempo material, listas para hacerme una colección de música que luego no hago porque ya hay por ahí unas colecciones muy bien hechas… mi hermana suele hacer unas listas cojonudas de buenas de bares y restaurantes a la última y con un precio de ganga que esas, casualidad, sí que suelo utilizar.

Lista

Hay otras listas que he conocido y hubiese preferido no hacerlo. Las listas de las próximas personas que estaban en riesgo de ser detenidas, torturadas, encarceladas… Con la distancia sonrío al escuchar a gente sorprenderse por la existencia de ese tipo de listas. Yo, afortunadamente, no pasé de candidato. Varios amigos y amigas fueron chequeados en ellas. En fin, que no todo en este blog va a ser buen rollo, esto es lo que hay. A quien no le guste que pase al blog del happy de turno.

Y en estas estamos, a cinco de enero, pasados varios días de las uvas, sin rastro de la resaca de Año Nuevo e inmersos en la vorágine que nos llevará al 24 de mayo. Y a casi una semana del comienzo de 2015 no he hecho la lista para el nuevo año, esa que, unos consciente y otros inconscientemente hacemos con algún objetivo a realizar. Y me da la risa. ¡Como para listas estoy yo!, he pensado al imaginarme haciéndola. Y es que este tipo de listas tiene una serie de elementos que inevitablemente, de una u otra manera, siempre aparecen en ella.

Hacer ejercicio. En todas sus variantes. Apuntándote en un gimnasio en el que te vas a aburrir, yendo a correr mientras tu rodilla izquierda te recuerda que es mala idea, comprándote unas mallas con las que te sientes tan ridículo, con un reloj que cuenta las calorías que has sudado, apuntándote en la media maratón de turno porque parece ser que eso es lo que se hace llegado a los cuarenta, y así unas cuantas más, siempre que pases por caja o hagas lo que todo el mundo.

Y he pensado que sí, que tengo que hacer ejercicio, que me lo apunto. Mens sana in corpore sano, decía Juvenal y a ello voy. Voy a respirar esta vida hasta que me llene, voy a bailar en casa hasta que suba la vecina de abajo (suerte que solo está la mitad del año), voy a retomar esas asanas de yoga que mi cuerpo tanto agradeció una vez, voy a practicar el sexo cada vez que pueda, o me dejen, voy a disfrutar paseando más por Iruñea y haciendo mala hostia porque pone solo calle Mayor kalea, voy a estar cinco minutos conscientemente en silencio, sin pensar (voy a tener que practicar mucho), voy a comer y beber con medida y disfrutando, sin prisas, y el día que no tenga medida lo disfrutaré también, seguro. Y voy a quererme mucho, porque eso también es un buen ejercicio, quizás uno de los mejores, qué duda cabe.

Aprender inglés o algo nuevo. Apuntándote en la academia que te cobra un ojo de la cara porque una vez más en septiembre no te cogieron en la Escuela Oficial de Idiomas, pagando para que te enseñen la última técnica de amasado de pan en un lugar muy chachi y guay, sacándote un título de submarinismo porque, chico, el fondo del mar es precioso y comprándote todos los fascículos estupendos que salgan estos días sobre la fascinante historia de la Segunda Guerra Mundial, un curso de caligrafía y la última colección sobre la historia del cine sin la que no vas a poder seguir viviendo en esta ciudad tan tan cinéfila en la que cada vez hay menos cines.

Y sí, claro que sí, me voy a poner manos a la obra. Voy a seguir descubriendo y gozando con el euskera y quizás algún día me atreva a sincerarme con el idioma que nos hace Pueblo (soy consciente de ello), continuaré con mi autoaprendizaje, aprendiendo porque sí, porque quiero, y formándome en tantos temas que me toca gestionar de una u otra manera y dejándome aconsejar por quien más sabe, aunque no sea doctor ni tenga título que valga. Seguiré aprendiendo de mis mayores que conocen la vida de verdad, aunque solo sea porque llevan más años que tu en esto, y aprenderé de los que tienen la mitad de años aunque solo sea porque tienen una frescura que tu ya has perdido en gran medida. Seguiré leyendo cada noche y prometo, esto sí, ser más exigente con algunas lecturas y ser capaz de dejar las que no me gusten. Hornearé pan en casa y me reiré cuando salga salado. ¿Y con el inglés que hago? Pues lo de siempre, nada. ¿Tu te crees que vas a tener tiempo de inglés este año? Je, pues eso brother.

350571_nastroenie_radost_schaste_pryzhok_polet_muzhchina__1920x1200_(www.GdeFon.ru)

Tengo que terminar ya esta lista de objetivos para 2015. Venga, me lanzo.

Voy a reirme más, de mí, conmigo, con el resto y con la vida, que hay muchos motivos para reír. Voy a llorar cuando me de la gana y cuando me salga sin tener que pedir perdón a nadie (y al aita cuando se emocione y llore viendo el teleberri tampoco le voy a decir nada). Voy a disfrutar cada vez que una ola me de una voltereta. Voy a seguir sorprendiéndome con lo que pasa y preguntándome por qué pasa. Voy a subir montes y montañas para gritar en la cima. Voy a enamorarme y reír y a desenamorarme y llorar. Voy a seguir gritando y quejándome en la calle hasta que los chorizos se vayan y los presos y presas vuelvan a casa. Voy a cantar mucho más, hasta quedarme afónico. Voy a abrazar más a mis compañeros del bulego porque luego nos podemos echar la bronca con más confianza. Voy a seguir contando estrellas cada vez que la contaminación lumínica de Iruñea me lo deje. Voy a seguir escribiendo en este blog (eskerrik asko @ikertb-i gogoratzeagatik!). Voy a saborear más los momentos con mis amigos y amigas porque los necesito. Voy a seguir silbando cuando vaya en bici. Voy a disfrutar con las ocurrencias de los más txikis. Voy a besar más, mucho más de lo que lo hago, porque un beso es cariño, amistad y amor (y a veces traición). Voy a ver más puestas de sol. Voy a seguir descubriendo. Voy a dormir con una sonrisa en mi boca.

Y voy a hacer felices a los demás siempre que pueda, porque eso me hará a mi más feliz.

Urte berri on!