euskera, derechos y convivencia

El año pasado, por primera vez en la historia de Iruñea, el Ayuntamiento decidió, de manera mayoritaria, hacer política incluyente y para toda la ciudad con las escuelas infantiles, en vez de hacer politiqueo partidista y excluyente, tal y como se había realizado hasta entonces. Pero lo que algunos no pudieron conseguir en unas elecciones democráticas, esto es, tener el apoyo suficiente para continuar con sus políticas frentistas y anticiudadanas, intentaron hacerlo mediante un recurso judicial. El propio juez pretendió, y de hecho puso en marcha, unas medidas cautelares para paralizar toda la campaña de matriculación en escuelas infantiles, poniendo en entredicho la continuidad de dicha campaña y la posibilidad de elección libre de centro y lengua para centenares de padres y madres. Tuvo que venir un órgano superior de la misma audiencia, para suspender dichas medidas cautelares. Hace casi una semana, el mismo juez corregido posteriormente, ha dictado sentencia en el recurso interpuesto, dando la razón a los recurrentes. El Ayuntamiento ya ha anunciado que se recurrirá, por no ajustarse a derecho. Esta claro que esto es Iruñea y que todavía queda mucho por cambiar.

Tuvieron que pasar 30 años para que el Ayuntamiento de la ciudad, ese que tiene unos presupuestos gracias a los impuestos de todos y cada uno de los contribuyentes, pusiese como prioridad a la hora de gestionar el hecho, casi insólito hasta entonces, de proteger el bien general, el bien común. Uno de esos bienes, sin duda, es la educación y la infancia un sector sensible que merece todas las atenciones. Después de más de tres décadas, se empezó a corregir una desigualdad que había sido la punta de lanza en la manera de hacer política que UPN y el Régimen en general tuvieron en los largos años que estuvieron al frente del Ayuntamiento. A pesar de la demanda de escuelas infantiles en euskera, pese a que esta ciudad tiene dos lenguas oficiales, a pesar de los indicadores favorables en cuanto a la necesidad de implantar nuevas escuelas infantiles en euskera y pese a que este es un servicio voluntario pero público, a pesar de todo eso, la realidad era insistentemente ocultada por los sucesivos concejales de educación de los gobiernos municipales de UPN y parecidos. Aunque la demanda era de un 36%, solo se atendía el 10%. Pese a que existían 17 escuelas infantiles en toda la ciudad, solo dos eran en euskera. Y eso era algo que no había cambiado desde principios de los años 80, con Balduz siendo alcalde. Más de 30 años en los que el euskera, su conocimiento y uso y su integración en la vida social, pese a las políticas contrarias de UPN, ha evolucionado muy positivamente. Esas políticas de autolesión en parte del propio bien cultural y colectivo, así como identitario de esta ciudad, en Sudáfrica, en un tiempo, lo hubiésemos llamado Apartheid. Nosotras y nosotros lo llamábamos Naparheid. En Iruñea y Nafarroa ellos lo llamaban minoría y los disfrazaban de folclore. En Iruñea, cuidado, hay quienes, en estos momentos, lo quieren disfrazar de falsa convivencia.

Las madres y padres que querían llevar a sus criaturas a una escuela infantil en euskera, muchas veces, solo les quedaba la posibilidad de hacerlo en un centro privado. No tenían las mismas posibilidades que las madres y padres que llevan a su prole a la línea de castellano. Se vulneraban sistemáticamente sus derechos ciudadanos y lingüísticos. A día de hoy, pese a las dos nuevas escuelas en euskera abiertas en el curso pasado, la desigualdad entre ambas ofertas, en castellano (incluida la que tiene algunas horas de inglés) y en euskera, es todavía patente. Hoy en día todavía no se llega a cubrir la demanda existente en euskera. El porcentaje de padres y madres que tienen que llevar a sus hijos e hijas a una escuela privada, sigue siendo mucho mayor en la opción de euskera que en la de castellano. Por eso hay que seguir trabajando en favor de las escuelas infantiles en euskera. Por eso necesitamos seguir haciendo campañas específicas en favor de la matriculación en el modelo en euskera. Porque quedan muchos años para alcanzar la igualdad de oportunidades para quien apuesta por el euskera y porque las décadas de discriminación política necesitan decisiones y dinámicas decididas en favor de este modelo. Y desde luego desde el impulso general hacia las escuelas públicas, sea cual sea el modelo lingüístico de cada una de ellas.

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Pero hay que hacerlo bien, poniendo en marcha políticas y pedagogías actuales y coherentes. Y en estas estamos cuando hay quien cree que por introducir el concepto de la convivencia entre medio ya está todo arreglado. Hay cierto sector en la izquierda en esta ciudad que cree que la diversidad cultural, política y lingüística de Iruñea hay que dejarla patente incluso en los patios de las escuelas infantiles municipales. Para ellos y ellas eso es convivencia, o por lo menos eso pretenden hacer creer. Estoy totalmente en desacuerdo con esa idea. Hoy en día el euskera sigue siendo una lengua minorizada en esta ciudad y todavía con menos oportunidades en su desarrollo, uso y por lo tanto respeto. Pretender que las niñas y niños que asisten a escuelas en euskera se mezclen con las niñas y niños de castellano en el patio y en los juegos de la escuela, es obviar el hecho de que el idioma único que empleen dichos niños será siempre el castellano, que es el idioma común de todos ellos. Y eso, se diga como se diga, se disfrace como se disfrace, no es convivencia. Eso es una irresponsabilidad política y una falta de criterio profesional como la copa de un pino. Afortunadamente los críos a esa corta edad no tienen problemas de convivencia, por mucho que algunos padres y madres y fuerzas políticas sí los tengan. Si es por convivencia, las personas, en edad infantil, no hacemos distinciones de idioma a la hora de comunicarnos y relacionarnos. A esa edad, si tienen que utilizar el castellano como lengua para comunicarse en la calle, lo harán sin ningún problema. ¿Qué problema existe para que las niñas y niños cuyos padres y madres han elegido el modelo en euskera puedan hacerlo íntegramente en las horas que están en la escuela? ¿Acaso estos niños y niñas van a desarrollar menos aptitudes de convivencia que los niños y niñas de las escuelas en castellano?¿O es que hay quien piensa que el desarrollo de la convivencia es más fácil en castellano que en euskera? De nuevo es la lógica de quien se sabe mayoría y desde el desconocimiento cree su vivencia y pensamiento el más óptimo. De nuevo es la cara de la imposición, reconocida o no, la que asoma en esa lógica.

Como digo, es un error pretender disfrazar de convivencia la imposición, consciente o inconsciente, de una lengua mayoritaria, en este caso el castellano. La convivencia consiste en respetarse desde las diferencias que podamos tener y ser diferente no es ser mejor o peor. Nadie es mejor o peor por hablar una lengua u otra. Es hora de hacer política para toda la ciudad, igualando las oportunidades para todo el mundo. Es hora de dejar los discursos dogmáticos. Es hora de vivir la convivencia, respetando los derechos de todas las personas.

El camino del cambio es largo y lleno de dificultades. Pero lo importante es seguir avanzando.

Caminando, caminando voy buscando libertad, ojalá encuentre camino para seguir caminando.

Cantaba Victor Jara. Y así es.

Artículo basado en la colaboración con Eguzki Irratia para el programa La Eskotilla, del miércoles 1 de marzo de 2017.

avanzamos

Aprovecho que se cumple el año desde las elecciones municipales y del nuevo ayuntamiento, para compartir unas reflexiones que vienen hilvanadas con la necesidad de parar, aunque sea por unos instantes, para tomar conciencia de lo hecho y también de lo que falta por hacer.

Ha sido, desde luego, un año intenso, un año de aprendizaje, como tienen que ser todos, pues las y los que creemos en seguir avanzando día a día, lo hacemos sabiendo que al día siguiente habremos aprendido algo más de lo que sabíamos el día anterior. Queremos seguir aprendiendo, y lo queremos seguir haciendo de manera colectiva, porque es la única manera de que el avance no se quede únicamente en una cuestión personal, totalmente necesaria por otro lado, si no que sea algo en lo que nos veamos inmersas muchas personas, cada cual en su ámbito, cada cual con su papel, pero todas con un mismo objetivo.

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Hace un año conseguimos hacer realidad el cambio en Nafarroa e Iruñea. Y hay quien, con todo derecho, se pueda preguntar qué es eso, en qué consiste y cuáles han sido sus logros. El cambio, el personal y el colectivo que apuntaba hace un momento, no se logra de un día para otro; de la misma manera que no se logra cambiar nada porque consigas gestionar una institución concreta o porque logres organizar una manifestación multitudinaria un solo día. Es verdad que hace un año dimos un paso más en ese camino, pero queda mucho por hacer y esa es nuestra ilusión. La realidad es que el cambio se consigue avanzando día a día y eso es lo que hemos hecho durante todo este año. Avanzar. En este camino ha habido piedras, algunas conocidas y otras más inesperadas, pero esas piedras son las que nos demuestran diariamente que el camino hay que hacerlo mirando a la realidad, al suelo de esta sociedad, sin perdernos en ensoñaciones varias, pues son los avances del día a día los que constatan que vamos caminando hacia el modelo social que queremos y que estamos construyendo. No, no estamos borrachos de cambio, estamos embriagados de ilusión, de ganas de seguir avanzando y de necesidad de seguir aprendiendo, de nuestros errores, de nuestras faltas y de nuestros fallos, pero también de los logros de esta sociedad que quiere seguir construyendo.

Y es que siempre ha habido gente que se queda mirando al árbol en vez de al bosque. En el súmum de la ridiculez hay quien ha pretendido ver árboles que, desde que gobiernan las fuerzas del cambio, se han dedicado a crecer y crecer para ocupar ventanas y balcones de la indefensa ciudadanía de Iruñea. Pero el bosque está ahí, creciendo sin prisa, pero sin pausa, y sobre todo asentando sus raíces para que sea lo más frondoso posible. Y habrá quien diga que a esas raíces les falta algo de abono y razón no le falta. El abono es necesario y vamos a seguir echándolo, del que se ha empleado hasta ahora, pero también del que no nos hemos dado cuenta que teníamos cerca y desde luego vamos a seguir buscando más abono en otros lugares a los que, hasta ahora, no hemos llegado. Porque sin abono social, sin el abono de la calle, de los colectivos ciudadanos y de la gente de los barrios, el bosque nacerá pobre y débil. Hay una buena cuadrilla ya de jardineros y jardineras, que con las buenas semillas de tantos años han plantado, transplantado, podado, cultivado, han seguido sembrando, regando y desde luego abonando. Algunos de los árboles de este bosque se han visto rápidamente, han crecido rápido, y otros están ahí, creciendo más deprisa de lo que pensamos. Los frutos van a empezar a verse y van a ser frutos de los que todas y todos vamos a disfrutar.

Entre los árboles de este nuevo bosque fresco y abierto a todo el mundo, tenemos unos primeros presupuestos aprobados después de cinco años de sequía, presupuestos que posibilitan, de manera real, poder poner en marcha las políticas a favor de la gente; se ha incrementado la plantilla municipal, con nuevos puestos de trabajo, para poder llevar a cabo esta tarea, principalmente reforzando los servicios sociales y las políticas de ayuda social. El diálogo ha sido la base en el diseño de este bosque desde el principio. Diálogo que sirvió para acordar un documento que recogiera las aspiraciones de esa mayoría ciudadana que votó a favor de abrir las puertas del ayuntamiento, y por lo tanto de abrir las calles de Iruñea para que corriesen entre ellas los nuevos aires de convivencia. ¡Estábamos tan necesitados de eso! Necesitábamos respirar, estábamos ahogadas y ahogados, sin casi posibilidad real de respirar, y en un año se ha conseguido ir aireando muchos txokos de Iruñea. Quedan muchas puertas y ventanas por abrir, desde luego, y lo haremos entre todas y todos los que quieran, pero si algo es indiscutible en este año, es que el tufo a chiringuito, a naftalina y a rancio es cada vez menor. Lo bueno de esta sociedad es que tiene un buen olfato y todavía somos muchas y muchos los que, en determinadas ocasiones, percibimos parte de aquél tufo. Por eso hay que seguir trabajando, reflexionando, debatiendo y decisiendo en la calle, en los colectivos, en el ayuntamiento y en los barrios. Y que lo sepa todo el mundo: este compromiso ilusionante está abierto a todo y toda la que quiera, porque, que nadie tenga ninguna duda, aunque sigamos avanzando día a día, cuántos más estemos tirando del carro, más rápido avanzaremos.

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Tras un año hemos logrado avanzar y eso es el cambio. Tras un año hemos visto cómo aquéllos que identificamos como el Régimen, se han quedado en un grupo de gente que no quiere moverse, que se han quedado anclados en el pasado y que siguen empeñados en mirar un arbusto sin darse cuenta que el bosque que esta ciudad se ha empeñado en cultivar, va creciendo sin pausa. Dentro de su incapacidad por mirar al futuro desde un presente que avanza, han sido capaces de rasgarse las vestiduras porque hemos dejado de ser una ciudad de buenos y malos, un modelo que a ellos tantos réditos les reportaban. Han desaparecido los cortijos y los privilegios y de la misma manera, simultáneamente, las oportunidades que antes no existían, hemos trabajado y seguimos trabajando para que sean oportunidades de verdad, iguales y posibles para todo el mundo. Desde esa isla en donde se encuentran todos los dinosaurios en extinción, siguen empeñados en vomitar su rabia por haber perdido el negocio y ver como su corralito empieza a hacer aguas.

Dejemos que sigan noqueados y paralizados, dejemos que sigan incapaces de moverse para nada y dejemos que se dediquen a seguir vociferando porque han dejado de ser los señores feudales que manejaban esta ciudad como si fuese su castillo. Nosotras y nosotros, gente a la que nos gustan los árboles y bosques, vamos a seguir avanzando.

¿Y a dónde vamos a llegar? puede preguntar cualquiera. Pues eso es lo bueno, que en realidad no existe una meta final, porque lo bueno que tiene el cambio, es que siempre hay algo en lo que seguir avanzando. Eso es el cambio, esa es nuestra meta. Seguir avanzando, mejorar y construir un modelo social y de ciudad para todas y todos.

Tenemos el empeño de seguir plantando este bosque de igualdad, justicia, libertad, convivencia y oportunidades. Esta tarea de ilusión embriagadora sigue abierta a todas las vecinas y vecinos que quieran participar y aportar. No vamos a dejar pasar esta oportunidad. Vamos a seguir respirando. Vamos a seguir avanzando.

Entrada realizada en base a la colaboración el programa de Eguzki Irratia “La eskotilla”, del 1 de junio de 2016.

la lista de marras

Soy de esos que hago listas para todo. Me gustan las listas. Listas de la compra que luego no miro en la tienda de fruta, listas para hacer la maleta de un viaje que luego no me da tiempo a utilizar porque media hora antes de salir preparo el equipaje, listas de libros que quiero leer y nunca lo haré porque al mirar la cantidad de libros que están a la espera sé que no voy a tener tiempo material, listas para hacerme una colección de música que luego no hago porque ya hay por ahí unas colecciones muy bien hechas… mi hermana suele hacer unas listas cojonudas de buenas de bares y restaurantes a la última y con un precio de ganga que esas, casualidad, sí que suelo utilizar.

Lista

Hay otras listas que he conocido y hubiese preferido no hacerlo. Las listas de las próximas personas que estaban en riesgo de ser detenidas, torturadas, encarceladas… Con la distancia sonrío al escuchar a gente sorprenderse por la existencia de ese tipo de listas. Yo, afortunadamente, no pasé de candidato. Varios amigos y amigas fueron chequeados en ellas. En fin, que no todo en este blog va a ser buen rollo, esto es lo que hay. A quien no le guste que pase al blog del happy de turno.

Y en estas estamos, a cinco de enero, pasados varios días de las uvas, sin rastro de la resaca de Año Nuevo e inmersos en la vorágine que nos llevará al 24 de mayo. Y a casi una semana del comienzo de 2015 no he hecho la lista para el nuevo año, esa que, unos consciente y otros inconscientemente hacemos con algún objetivo a realizar. Y me da la risa. ¡Como para listas estoy yo!, he pensado al imaginarme haciéndola. Y es que este tipo de listas tiene una serie de elementos que inevitablemente, de una u otra manera, siempre aparecen en ella.

Hacer ejercicio. En todas sus variantes. Apuntándote en un gimnasio en el que te vas a aburrir, yendo a correr mientras tu rodilla izquierda te recuerda que es mala idea, comprándote unas mallas con las que te sientes tan ridículo, con un reloj que cuenta las calorías que has sudado, apuntándote en la media maratón de turno porque parece ser que eso es lo que se hace llegado a los cuarenta, y así unas cuantas más, siempre que pases por caja o hagas lo que todo el mundo.

Y he pensado que sí, que tengo que hacer ejercicio, que me lo apunto. Mens sana in corpore sano, decía Juvenal y a ello voy. Voy a respirar esta vida hasta que me llene, voy a bailar en casa hasta que suba la vecina de abajo (suerte que solo está la mitad del año), voy a retomar esas asanas de yoga que mi cuerpo tanto agradeció una vez, voy a practicar el sexo cada vez que pueda, o me dejen, voy a disfrutar paseando más por Iruñea y haciendo mala hostia porque pone solo calle Mayor kalea, voy a estar cinco minutos conscientemente en silencio, sin pensar (voy a tener que practicar mucho), voy a comer y beber con medida y disfrutando, sin prisas, y el día que no tenga medida lo disfrutaré también, seguro. Y voy a quererme mucho, porque eso también es un buen ejercicio, quizás uno de los mejores, qué duda cabe.

Aprender inglés o algo nuevo. Apuntándote en la academia que te cobra un ojo de la cara porque una vez más en septiembre no te cogieron en la Escuela Oficial de Idiomas, pagando para que te enseñen la última técnica de amasado de pan en un lugar muy chachi y guay, sacándote un título de submarinismo porque, chico, el fondo del mar es precioso y comprándote todos los fascículos estupendos que salgan estos días sobre la fascinante historia de la Segunda Guerra Mundial, un curso de caligrafía y la última colección sobre la historia del cine sin la que no vas a poder seguir viviendo en esta ciudad tan tan cinéfila en la que cada vez hay menos cines.

Y sí, claro que sí, me voy a poner manos a la obra. Voy a seguir descubriendo y gozando con el euskera y quizás algún día me atreva a sincerarme con el idioma que nos hace Pueblo (soy consciente de ello), continuaré con mi autoaprendizaje, aprendiendo porque sí, porque quiero, y formándome en tantos temas que me toca gestionar de una u otra manera y dejándome aconsejar por quien más sabe, aunque no sea doctor ni tenga título que valga. Seguiré aprendiendo de mis mayores que conocen la vida de verdad, aunque solo sea porque llevan más años que tu en esto, y aprenderé de los que tienen la mitad de años aunque solo sea porque tienen una frescura que tu ya has perdido en gran medida. Seguiré leyendo cada noche y prometo, esto sí, ser más exigente con algunas lecturas y ser capaz de dejar las que no me gusten. Hornearé pan en casa y me reiré cuando salga salado. ¿Y con el inglés que hago? Pues lo de siempre, nada. ¿Tu te crees que vas a tener tiempo de inglés este año? Je, pues eso brother.

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Tengo que terminar ya esta lista de objetivos para 2015. Venga, me lanzo.

Voy a reirme más, de mí, conmigo, con el resto y con la vida, que hay muchos motivos para reír. Voy a llorar cuando me de la gana y cuando me salga sin tener que pedir perdón a nadie (y al aita cuando se emocione y llore viendo el teleberri tampoco le voy a decir nada). Voy a disfrutar cada vez que una ola me de una voltereta. Voy a seguir sorprendiéndome con lo que pasa y preguntándome por qué pasa. Voy a subir montes y montañas para gritar en la cima. Voy a enamorarme y reír y a desenamorarme y llorar. Voy a seguir gritando y quejándome en la calle hasta que los chorizos se vayan y los presos y presas vuelvan a casa. Voy a cantar mucho más, hasta quedarme afónico. Voy a abrazar más a mis compañeros del bulego porque luego nos podemos echar la bronca con más confianza. Voy a seguir contando estrellas cada vez que la contaminación lumínica de Iruñea me lo deje. Voy a seguir escribiendo en este blog (eskerrik asko @ikertb-i gogoratzeagatik!). Voy a saborear más los momentos con mis amigos y amigas porque los necesito. Voy a seguir silbando cuando vaya en bici. Voy a disfrutar con las ocurrencias de los más txikis. Voy a besar más, mucho más de lo que lo hago, porque un beso es cariño, amistad y amor (y a veces traición). Voy a ver más puestas de sol. Voy a seguir descubriendo. Voy a dormir con una sonrisa en mi boca.

Y voy a hacer felices a los demás siempre que pueda, porque eso me hará a mi más feliz.

Urte berri on!