serenidad prohibida

Esta no era la entrada que tenía prevista para hoy, pero como al disco duro de mi ordenador le ha dado por tomarse vacaciones y no estará disponible en unos días (espero que solo sean unos días), ahí va esta serenidad prohibida.

La obra de hoy tiene todos los elementos como para poder hacer una novela con ella. Un niño cantor convertido en compositor, la capilla más conocida del mundo, una obra para cantar dos veces al año, una partitura prohibida, un niño prodigio mundialmente famoso y una serenidad que penetra en todo tu ser desde el primer momento de su escucha. Miserere, de Gregorio Allegri, una obra que dura entre 12 y 14 minutos, según las versiones. ¡Vamos allá!

Sketch de la Sixtina
Sketch de la Sixtina

Nos situamos un momento. El Salmo 51, el conocido como Miserere, es un texto supuestamente escrito por David en el que, tras reconocer el pecado por haberse liado con una señora que estaba casada. Para más inri, la tal Betsabé, que así se llamaba la señora en cuestión, era la esposa de un fiel amigo de David, llamado Urías. El caso es que el rey David, ni corto, ni perezoso, decide deshacerse de su colega y lo manda a la guerra donde, como suele pasar en las guerras, muere. En fin, que después de disfrutarla con Betsabé, le entra un cargo de conciencia de espanto y pide perdón a su Dios con el famoso Miserere mei, Deus (Ten piedad de mí, ¡oh Señor!). La verdad es que desconozco si le perdonó o se sintió perdonado, pero el caso es que Urías siguió muerto, seguramente en un polvoriento páramo de Oriente Medio. Con Betsabé tampoco he podido saber qué ocurrió. Es lo que ocurre con la historia en general, que al final suele quedarse en un relato de la vida de reyes, generales y algún hecho aislado que realiza la gente del Pueblo, normalmente contra un rey o un general.

Pues bien, como con muchos otros textos religiosos, más si estos formaban parte de la liturgia de la Iglesia, como es el caso (este salmo pertenece a Laudes), era normal musicalizarlos, para acompañar, precisamente con música, la ceremonia religiosa. Y es lo que ocurría con el mencionado salmo. A partir de aquí, Miserere, a secas.

David 1501-1504. Michelangelo Buonarroti
David 1501-1504. Michelangelo Buonarroti

Y nos trasladamos al Vaticano, a finales del primer tercio del siglo XVII, donde un tal Gregorio Allegri, formaba parte del Coro Papal, llamado posteriormente Coro de la Capilla Sixtina, por cierto, el coro en activo más antiguo del mundo. El señor Allegri había sido niño cantor en diferentes iglesias de Roma y recorrió parte de Italia cantando durante muchos años, hasta que el 6 de diciembre de 1629 ingresó en el coro particular del Papa. Es decir, con 47 años del ala. Para que luego nadie venga diciendo que según a qué edades ya no se pueden empezar a hacer cosas nuevas. Y en estas estamos, cuando, en 1638 compone la obra que le reportaría fama para la eternidad. El Miserere. Una obra que no ha dejado de interpretarse en la susodicha capilla desde entonces, únicamente en dos ocasiones anuales, en los maitines del miércoles y viernes de Semana Santa.

La obra está compuesta para dos coros, uno de cinco voces y el otro de cuatro, que se sitúan enfrentados entre sí, clara influencia de dos compositores anteriores, Palestrina, de la escuela romana y Gabrieli, de la escuela veneciana. Posteriormente el más maravilloso compositor de todos los tiempos, Johann Sebastian Bach, utilizó esta composición de dos coros en la Pasión según San Mateo, BWV 244. La cuestión es que uno de los dos coros canta la melodía original y el otro, a su vez, una versión más elaborada. Es una obra que transmite una serenidad apabullante y que en épocas pretéritas se interpretaba a la luz de trece velas, representando a Jesús y los doce apóstoles, que se iban apagando una a una, conforme transcurría la música, hasta la oscuridad total. Imaginaros, en aquella época, cuya única luz provenía de las velas, qué efecto tan impresionante podía suponer esta escenificación. La Iglesia en esto de escenificar ha sido siempre muy buena. Y de ello se dio cuenta el Papa Urbano VIII, que decidió prohibir su transcripción y ejecución fuera del Vaticano, bajo pena de excomunión. Y punto pelota. Os dejo con un vídeo que no es del Vaticano, ni la versión larga. Se trata de una versión de la que luego hablaré, quizás la más conocida, interpretada, en esta ocasión, por los King’s College Choir, de Cambridge, con una edición extraordinaria en cuanto a luz, escenificación y, desde luego, interpretación.

Pero seguimos con la historia. Sabemos que la obra fue prohibida, tal y como he comentado, no dejando salir la partitura del propio Vaticano y excomulgando a quien osase interpretarla fuera de allí. Pero en esto, también, hay quienes tienen ventaja sobre el resto de los mortales y el rey Leopold I de Austria, solicitó y obtuvo una copia que guardó en la Biblioteca Imperial de Viena. El caso es que se lió una gorda, ya que, cuando la mandó ejecutar en su capilla particular pensaba que había sido engañado. El Papa despidió a su maestro de capilla y este se tuvo que trasladar hasta la capital austríaca para explicar al idiota de Leopold que no había ningún error, que la partitura estaba perfectamente bien. ¿Qué es lo que ocurrió? Pues que partes del Miserere no estaban transcritas a la partitura, si no que pasaban de generación en generación pasados de intérprete a intérprete directamente. Esto se hacía bastante en aquella época y suponía salvaguardar la propia obra.

Y llegamos a la Semana Santa de 1769, al oficio de la madrugada del miércoles de aquel año. Y no encontramos a un padre con su hijo entre los asistentes a la misa papal. Leopold y Wolfgang, los Mozart, padre e hijo, no pierden atención de lo que allí ocurre. Y claro, el niño en cuestión, como era un prodigio, ni corto ni perezoso, memorizó la obra en su cabecita austriaca y al llegar a sus aposentos transcribió los más de doce minutos de música polifónica a la partitura. Como para quedarse ojiplático, ¿no? Para colmo el pequeño compositor volvió el viernes para asegurarse que lo que había transcrito estaba todo en orden. ¿Y qué pasó con la prohibición papal que se había saltado a la torera? Pues es lo que tiene ser un genio. Resulta que al Papa de turno, Clemente XIV, le pareció tan estupendo que un adolescente copiara de memoria el famoso Miserere, que lo llamó a Roma de nuevo, le concedió audiencia y le otorgó la Orden de la Espuela de Oro. Los Mozart siguieron su camino y su viaje por Europa y en Londres se cruzaron con el historiador Charles Burney, a quien dieron una copia de la obra para que la publicara. Y así se dio por finalizado el misterio y secretismo en torno a la obra.

Versiones grabadas hay un buen puñado, aunque solo unas cuantas merecen la pena. Yo me quedo con una, sin duda. La grabada por The Tallis Scholars en 1980, una versión extraordinaria, de las de antología, por mucho que digan algunos que entre los intérpretes hay mujeres (algo inexistente en la época en que se compuso). Disfrutad del vídeo.

Del resto de opciones os recomiendo la del propio Coro de la Capilla Sixtina, con su versión original, con diferencias importantes en cuanto a la versión a la que estamos acostumbrados. La de Voces8, exquisita, aunque quizás algo rápida, la de The Sixteen, impresionante. Aparte tenemos la de A Sei Voci, de las más lentas, pero igualmente deliciosa, con unos ornamentos diferentes. Finalmente tenemos todas las versiones de los coros ingleses, muy aficionados a esta obra.

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Aquí tenéis la lista de Spotify, en la que falta, incomprensiblemente, ya que no se haya en el catálogo de este servicio, la versión de The Tallis Scholars. Espero que la disfrutéis.

https://open.spotify.com/user/1111910413/playlist/135a2amyY7BdTTCyMOZTuc&theme=white

la utopía y #ChimPonChi

El vídeo en el que aparece el concejal de UPN, Juan José Echeverría (sic), en el que se lanza con un monólogo anticomunista en una intervención sobre el carril bici en Iruñea, se ha hecho viral. Esto es, se ha propagado a los cuatro vientos cual virus griposo. Sorprende esta intervención y su virulencia por el contenido ajeno al debate, por el odio que desprende y por las formas violentas con las que lo realiza. Indica un nivel ínfimo en el debate político que desprende una falta de argumentos y propuesta en un debate sobre la movilidad sostenible. Si normalmente el comodín que los concejales de UPN y PSN utilizan es el de ETA, parece ser que ahora han ampliado las excusas en  su incapacidad manifiesta con las palabras comunista, ultraizquierda y la referencia a lugares como la extinta URSS, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, o a personas como el dictador militar Kim Jong-un, aunque Echeverría lo llame Chim Pon Chí. Estas son las referencias que utilizó el político de UPN en un debate municipal. Unas referencias y un monólogo que hizo con inusitada violencia, como salido de sí mismo y de donde se desprende un odio hacia el pensamiento que no es el suyo.

Desgraciadamente no ha sido el único caso de concejales de UPN y PSN en las últimas semanas. Los vídeos de la concejal de UPN, María Caballero, gritando y no dejando hablar, impidiendo un debate en una comisión y el de la portavoz del PSN, Maite Esporrín, haciendo burla y mofándose en su intervención de una compañera de corporación, han dado también qué hablar. La prepotencia y chulería de Echeverría, la falta de respeto de Caballero y las burlas de Esporrín son solo algunos ejemplos del nivel de debate que tienen estos dos grupos, habituados hasta ahora a hacer de su capa un sayo y del ayuntamiento su chiringuito y que ahora, en su papel de oposición, exclusivamente saben meter ruido en un vano intento de entorpecer la gestión municipal. Y la inevitable pregunta que nos hacemos todo el mundo es… si esto son capaces de hacer cuando saben que hay cámaras grabando, ¿qué no harán en las múltiples reuniones a puerta cerrada? Nos lo podemos imaginar.

De todos modos, una de las cosas que más me han sorprendido ha sido el ataque de Echeverría a la Utopía. En un primer momento achaca a la Utopía la “creación de la URSS, de la Unión Soviética, de Siberia y 20 millones de muertos”. Y dice que “a eso conduce la utopía” y que “luego llegan los talibanes”. Hace después un recorrido por diferentes países “comunistas” y finalmente achaca a “su utopía”, aquí ya no dice la Utopía, si no “su utopía”, que haya provocado “millones, millones, millones de muertos”.

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Me molesta y desagrada que un concejal del Ayuntamiento de Iruñea muestre tal falta de respeto por las ideas del de enfrente. El tufillo autoritario e intransigente que desprende su intervención es nauseabunda en este siglo XXI. Desgraciadamente su forma de pensar y su actitud la estamos viendo continuamente en personajes como Le Pen en el Estado francés, Trump en USA o Hofer en Austria. Pero lo que me ha indignado ha sido su ataque a la Utopía. Qué sepa Echeverría y UPN que gracias a la Utopía se han conseguido victorias sociales que de otra forma posiblemente no habríamos logrado. Alguien creyó en la Utopía de la igualdad de mujeres y hombres y consiguió el derecho al voto para las mujeres. Hubo quien se guió con la Utopía de la dignidad del trabajo y logró avances laborales para millones de trabajadoras y trabajadores. La Utopía del antimilitarismo y la insumisión hizo caer el servicio militar obligatorio. Hoy en día somos millones de personas las que seguimos creyendo en la Utopía para alcanzar la verdadera igualdad entre mujeres y hombres, para lograr la dignidad del trabajo y para conseguir que la fuerza militar deje de imponer las ideas del sistema por todo el mundo. Seguimos teniendo, señor Echeverría, centenares, miles de Utopías que son nuestra guía para conseguir un planeta justo, solidario y en paz.

Qué triste debe ser no tener Utopía alguna y guiarse por el odio al que piensa diferente. Le compadezco, Juan José Echeverría.

a Maya le va el rollo monárquico (el español, claro)

Justo un día después de no apoyar la exhumación de los restos de los generales genocidas, Mola y Sanjurjo, y de no apoyar el rechazo a las amenzas y pintadas contra el alcalde Joseba Asiron, el portavoz de UPN en Iruñea, Enrique Maya, se soltó con unas loas al Ayuntamiento franquista de 1953 que ni José María Pemán: “ El Ayuntamiento de 1953 tenía una amplitud de miras superior al actual”. ¡Vaya semanita me llevas, Enrique, vaya semanita! ¡Te has descocao del todo!

Los genocidas Mola y Sanjurjo a los que UPN quiere seguir dando honores
Los genocidas Mola y Sanjurjo a los que UPN quiere seguir dando honores

La cuestión para que el portavoz conservador haga semejantes declaraciones es la limpieza del zaguán, escaleras y algunos salones de la casa consistorial. Resulta que, desde que en 1951 se derribó y reconstruyó el antiguo edificio, no se había hecho ningún tipo de limpieza en el mismo. El rancio rastro dejado por años de gobiernos de UPN, se visualizaba perfectamente en la suciedad y oscuridad de paredes, en la raída alfombra ahora retirada, en una ornamentación recargada consistente, principalmente, en retratos reales de bastante mala calidad y en una puerta principal cerrada a cal y canto para que el búnker quedase a salvo de intrusos.

Con la llegada del nuevo Ayuntamiento del cambio se abrieron las ventanas para ventilar y sobre todo se abrieron las puertas de par en par para que cualquier persona pudiese acceder al edificio. Antes, en los años del Régimen, la puerta principal era de uso exclusivo para la corporación y poco más. El pueblo, llano y soberano, debía acceder por la puerta de atrás. Para la ciudadanía las alfombras y retratos estaban vedados. Se abrieron las puertas el año pasado y desde entonces cualquier persona puede entrar por delante o por detrás, como más guste, pues ya se sabe que, como en todo, en gustos no hay nada escrito. Se empezaron a levantar las alfombras y se sigue haciéndolo, hasta que ha llegado el momento de quitar moqueta, de pisar el digno marmol y de recordar una y otra vez que, al igual que en el marmóreo senado romano, quienes están en el Ayuntamiento representando a la ciudadanía lo hacen para cumplir la función de mejorar la vida de sus conciudadanos y conciudadanas. Se decidió pintar, más blanco, para darle más luz, la luz que el gobierno presidido por Asiron, se empeña en darle día a día y para ello se retiraron hasta doce retratos reales, de otros doce monarcas, todos ellos españoles y posteriores a 1512.

Empezando por Fernando de Aragón y terminando en María Luisa de Parma, el ascenso por las escaleras hasta el segundo piso estaba custodiado por las miradas de los Trastámara, Austria y Borbones. Y la verdad sea dicha, si por lo menos hubiesen tenido la calidad extraordinaria de los Austria retratados por Velázquez o los Borbones retratados por Goya, pues ni tan mal. Pero es que no es el caso, ni mucho menos. Los retratos realizados por Diego Díaz del Valle a finales del XVIII son de una calidad inferior, por no decir otra cosa, que por respeto al arte prefiero no señalar. Y lo dice el mendas, que no es, ni mucho menos experto en retratos, y también cualquier profesor de arte que haya pasado por delante de las narices reales o los mentones borbones. Aparte de esto resulta que solo había retratos de los monarcas españoles que usurparon el trono a la monarquía original navarra, usurpando de la misma manera parte de la historia de la ciudad. Ni rastro de Aristas, Jimenas, Champañas, Évreux, Foix y Albret. Esos, parece ser, no les gustaban, ni las testas reales para inmortalizar en retrato, ni mucho menos la soberanía que representaban. Pero además de este hecho, es evidente que las mujeres y hombres que hicieron real esta ciudad, que la construyeron y la levantaron con su trabajo, no tenía sitio en ninguna de las paredes del consistorio, porque sus vidas de peones no interesaban, tampoco, a quienes, tras la victoria nacional religiosa y después de llenar las cunetas de asesinados, decidieron levantar un nuevo edificio.

Y el peor de los sacrilegios que, por lo visto, ha hecho este ayuntamiento abierto y transparente ha sido el quitar un escudo de la dinastía borbónica. Policromado y tal, con mucha floritura como corresponde a la época barroca, pero escudo heráldico de la actual casa reinante en el Estado español. El escudo en cuestión se encontraba presidiendo el zaguán de la Casa Consistorial. No era el escudo de la ciudad o acaso el escudo de Navarra. No eran tampoco los escudos de los tres burgos que originaron la ciudad. No. Qué va. Era el escudo de una familia que, siglo tras siglo y sin que nadie los haya elegido, se han dedicado a vivir a cuerpo de rey.

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Escudo heráldico de los Borbones

Decía Maya que a Asiron y su gobierno municipal “no le gustan nuestros reyes”. Pues mira Enrique, no, a mí, en concreto, no me gustan por Borbones, por ocupadores y conquistadores y además por ser reyes. Vamos, que me gusta más la gente de la calle y tal. La currela. La de aquí y la de allí. Pero eso es otro tema.

No se si el alcalde Asiron y el gobierno municipal tienen intención de volver a colocar a esta recua mal pintada en las paredes de las escaleras. Por mi parte les pido que no lo hagan. Hay muchos otros elementos para embellecer las escaleras del Ayuntamiento. Cuadros de la colección del Ayuntamiento, fotografías antiguas, retratos de gente de esta ciudad que la han hecho posible, planos de Iruñea, obras de artistas locales. Lo que sea. Pero, por favor, que no vuelvan a poner esas caras que poco supieron y en nada se interesaron por esta ciudad que tiene más de 500 años de existencia. Muchos más años que un listado de reyes usurpadores.

Y seguid abriendo el Ayuntamiento a toda la gente. Para reuniones, para preguntar, para solicitar y para aportar. Y también para visitar su Ayuntamiento.

la belleza en el espacio

Entre las músicas que el pasado 1 de enero escuchamos desde la Sala Dorada del Musikverein de Viena, una de las más conocidas, con permiso de Radezky, es, sin dudas, el vals de Johann Strauss hijo titulado El bello Danubio azul. Esta obra fue una de las que el genial director, Stanley Kubrick, incorporó en 1968 a su película 2001, una odisea en el espacio.

Veamos. Esta película está considerada como de culto en el género de la ciencia ficción y marcó un antes y un después en los efectos especiales, su vanguardista uso de la imagen y por la utilización de música clásica en sus escenas (algo que Kubrick hizo en todas sus películas). Cuenta la historia de un equipo de astronautas, que trata de seguir las señales acústicas emitidas por un extraño monolito hallado en la Luna y que parece ser obra de una civilización extraterrestre. Está dividida en diferentes capítulos que comienza por el amanecer del “hombre”, la misión a la Luna, misión a Júpiter y termina con una visión del infinito.

La música de la película está compuesta por obras de Richard Strauss, Johann Strauss (hijo) o György Ligeti, si bien el afamado compositor de bandas sonoras, Alex North realizó una partitura para la la película que fue rechazada por el director. Esta banda sonora salió a la luz de la mano de Jerry Goldsmith 25 años después.

La escena del vals de Strauss pertenece a la segunda parte, la del viaje a la Luna y en ella se ve al transborador espacial haciendo la maniobra de aproximación a una estación espacial de forma circular. Toda esta maniobra se hace al ritmo del conocido vals vienés. Allá vamos:

Y ahora vamos con la obra de Strauss, un vals que, quien más, quien menos, conoce y con el que, a buen seguro, casi todo el mundo nos hemos balanceado siquiera.

El bello Danubio azul, con título original en alemán An der schönen blauen Donau, op. 314, es un vals de Johann Strauss hijo compuesto en 1867. El origen de este vals es curioso, ya que fue compuesto para ser cantado por un coro de hombres en Carnaval. El caso es que un tipo, comisario de policía para más inri, le puso la letra que, parece ser, por sus implicaciones políticas (no estaba el horno para bollos) no gustó en absoluto y originó que el vals pasase bastante de puntillas en su estreno. Unos meses más tarde, en la Exposición Universal de París, Strauss volvió a dirigir el vals, esta vez sin letra, obteniendo un gran éxito y convirtiéndose en muy poco tiempo en el vals más conocido del compositor. Unas semanas después se imprimieron un millón de copias, algo exageradísimo para la época, de la partitura que se distribuyeron por todo el mundo. Franz von Gernerth escribió una nueva letra, se hicieron varias traducciones inglesas, una de ellas por Charles Dunn, y el compositor Wekerlin lo adaptó para una sola voz con letra de Jules Barbier. La obra, por sus reminiscencias vienesas, se ha convertido en una especie de segundo himno de Austria.

Entre las grabaciones, que obviamente son del Concierto de Año Nuevo, me quedo con dos. La primera dirigida en 2003 por el inigualable Nikolaus Harnoncourt, que consiguió extraer unos matices y detalles asombrosos. La segunda es, cómo no, la versión que el endiosado Herbert von Karajan, dirigió en el concierto de 1987.

Y ya que estamos hablando de una obra del concierto de Año Nuevo vienés, os dejo diez curiosidades del mismo. Por cierto, el concierto de este año, dirigido por el letón Mariss Jansons, ha sido uno de los mejores de los últimos años.

  1. El primer concierto de Año Nuevo fue, paradójicamente, un 31 de diciembre de 1939, aunque desde 1941 se celebra el 1 de enero.
  2. Muy poca gente sabe que el concierto se puede ver antes del 1 de enero en dos ocasiones: el día 30, en el ensayo general y el 31 en el concierto de San Silvestre.
  3. Las entradas se sortean (algunas se reservan) y para participar en el sorteo hay que inscribirse en la página de la Filarmónica entre el 2 de enero y el 29 de febrero. Las entradas oscilan entre los 35 y los 1.090 euros.
  4. El concierto se celebra siempre en la Sala Dorada del Musikverein, edificio de 1870, sede de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena. La sala Dorada tiene una de las mejores acústicas del mundo.
  5. La Wiener Philharmoniker fue creada en 1842, es altamente conservadora y la primera mujer en formar parte de ella fue la arpista Anna Lelkes en 1997. Actualmente 10 mujeres son parte de la orquesta y el 1 de enero pudimos ver a siete de ellas.
  6. Desde 1933 esta orquesta carece de director principal y lo que hacen es invitar (para el concierto de Año Nuevo y para cualquier otro que ofrezcan) al mejor director que consideran para la obra que quieren interpretar.
  7. Curiosamente el concierto tuvo directores estables en sus inicios (Clemens Krauss, Willi Boskovsky y Lorin Maazel) y desde 1987 se invita a un director diferente cada año. Esta práctica la inauguró Herbert von Karajan ese año y, entre otros, han dirigido el concierto Claudio Abbado, Carlos Kleiber, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Nikolaus Harnoncourt, Seiji Ozawa, Mariss Jansons, Georges Prêtre, Daniel Barenboim y Franz Welser-Möst. Algunos de ellos han repetido, como es el caso de Mariss Jansons en el de este año. Para el concierto de 2017 se ha anunciado que será el venezolano Gustavo Dudamel que, a sus 34 años, se convertirá en el director más joven de la historia de este concierto.
  8. Los compositores principales que suenan en el concierto son, desde luego toda la saga Strauss (Johann hijo, sus hermanos Josef y Eduard y Johann padre), así como compositores de operetas como Joseph Lanner, Otto Nicolai o Franz von Suppé. Excepcionalmente suenan obras de otros compositores en una especie de homenaje por alguna efeméride del año entrante. Entre otros se han escuchado piezas de Mozart en 1991, en 1997 de Schubert, en 2009 de Haydn, en 2013 Verdi y Wagner o en 2014 de Richard Strauss.
  9. Aparte de la orquesta en ocasiones (como este año) actúan también el Coro de los Niños Cantores de Viena o alguna soprano, como Kathleen Battle en 1987. El Ballet de la Ópera Estatal de Viena se encarga de los números de danza en algunas piezas, entre otras, El bello Danubio azul.
  10. Las propinas que suenan en este concierto son, desde 1958, tres. La primera una polka rápida (a elección del director de turno), seguida del vals El bello Danubio azul, para finalizar con la Marcha Radezky. Tradicionalmente en la interpretación del vals, tras los primeros compases, el director para a la orquesta y se dirige al público en un perfecto alemán diciendo: “La Filarmónica de Viena y yo les deseamos”; a lo que se une la orquesta: “Feliz año nuevo”. En cuanto a la costumbre de llevar las palmas en la Marcha Radezky, parece ser que en un principio el público vienés llevaba el ritmo un poco como le daba la gana y fue Willi Boskovsky en los sesenta el primer director que decidió dirigir las palmas que sonaban. La tradición adquirió carta de naturaleza definitiva cuando hasta el mismísimo Herbert von Karajan se volvió al público en 1987 para dirigirlo.

Os dejo con la interpretación del año 1987, dirigida por Karajan…

!Ah si! URTE BERRI ON! ¡FELIZ AÑO NUEVO! QUE ESTE 2016 SEA PLENO DE FELICIDAD PARA TODO EL MUNDO. PAZ, SALUD Y LIBERTAD PARA TODOS Y TODAS.