buscando

Quiero aprender de mí mismo, ser mi propio discípulo, conocerme y penetrar en ese enigma llamado Siddharta.

Siddhartha, de Hermann Hesse, es uno de esos títulos que aparecen casi siempre en las listas de los mejores libros para leer en la adolescencia y en la juventud. Y la cuestión es que cada persona tenemos nuestra propia historia literaria, nuestro propio crecimiento a través de los libros y no siempre coinciden con este tipo de listas. Y esto, siendo muy optimistas, porque, desgraciadamente, la buena literatura cada vez es menos parte del crecimiento en la adolescencia y la juventud, algo que contrasta con los datos que dicen que cada vez se lee más. Otra cosa será qué se lee. En fin, a lo que vamos. El caso es que yo el libro que señalo no lo leí ni en la adolescencia, ni en la juventud. Otro día igual me pongo a repasar qué leía entonces. ¿Y por qué aparece en este tipo de listas? Principalmente porque es un libro de búsqueda y crecimiento. Y ahí, creo, está el problema. Seguimos pensando y creyendo que llegada una edad se para de crecer y se deja de buscar. Error. Gran error. Es falso que dejemos de crecer. Incluso físicamente seguimos desarrollando nuestro cuerpo hasta que dejamos de existir. Y no digamos, ya, si hablamos de crecimiento intelectual. Se supone que nuestro intelecto sigue creciendo, en gran medida gracias a la experiencia. Aunque si nos fijamos en algunos modelos de adultos que incluso gobiernan países podemos dar esta afirmación como falsa. En cuanto a la búsqueda, yo la vida no la concibo sin ella. Para mí, la vida es búsqueda. Pues eso, que creo que este libro en concreto, es perfecto para cualquier edad.

mccaig_hesse

Hesse, premio Nobel de Literatura en 1946, fue un buscador nato durante toda su vida y un humanista en un momento en el que los valores humanos fueron derrumbándose por todo el mundo. Este alemán contrario a la idea absolutista que representaba el nazismo, se dedicó a la búsqueda de la espiritualidad humana a través de sus libros, algo que no fue bien entendido en esa época y a pesar del Nobel del 46, poco a poco fue olvidado, muriendo en 1962 sin que eso supusiese apenas noticia para sus contemporáneos. A finales de los 60, en plena revolución hippy, empezó a ser rescatado del olvido, principalmente en Estados Unidos y sus obras volvieron a ser editadas, convirtiéndose la mayoría de ellas en best-sellers.

Siddhartha fue publicada en 1922, cuando el autor tenía cuarenta y cinco años de edad, fruto de un viaje que le llevó por todo oriente, principalmente India y China. En ella ahonda, con la historia del joven Siddharta en búsqueda del significado de la vida y el destino en la vida de las personas. Esa búsqueda le lleva, como a Buda, a probar diferentes caminos. Pero estas no dan fruto alguno para el joven Siddhartha que acaba cerrando el círculo al buscar y encontrarse con el Buda Gautama. Pero tampoco este encuentro agota el ansia de búsqueda del joven, que busca un camino propio, individual, hacia la perfección. Busca, también, en el amor, de la mano de una cortesana, Kamala, camino que no le colma. Vuelve a proseguir su busqueda hasta encontrar a un humilde barquero, Vasudeva, con el que aprende a descifrar el sentido del río, de su naturaleza, como reflejo del río de la existencia humana y que, por fin, le dará la paz, lejos del mundo del deseo, de la satisfacción de los sentidos, de la ambición y el poder o la fama.

siddharta

Yo la comencé a leer en el aeropuerto de Barcelona y la terminé a la sombra del Vesubio, pero esta novela puede ser leída por cualquiera, en cualquier lugar y en cualquier momento. Solo hace falta buscar. Una novela para quien no tiene miedo a seguir buscando, para quien cree que tiene casi todo por aprender, para quien se queda mirando una mariposa que vuela cruzándose en su camino y se admira y para quien cree que esta vida es un camino de crecimiento. Bueno, y también para quien se sienta atraído por la India, para quien no tenga miedo de lecturas pausadas y para quien disfrute con enseñanzas que su propio camino le ofrece.

un día para la historia

 

Madrugón de esos que no te importan, de esas madrugadas que presagian un acontecimiento, de esos finales de noche que son el principio del día, como el de hoy, que es el principio de una nueva era en Cataluña. Ya estamos en el tren, camino de Barcelona. Leemos constantemente las noticias en Twitter. La noche ha sido larga, con miles de personas pasándola en los colegios electorales. La mañana ha comenzado muy temprano y para las cinco, grupos cada vez mayores de personas se han ido congregando a la entrada de los colegios electorales. Las urnas también han ido llegando, saliendo de su necesario escondite incluso en casas particulares. Los Mossos han aparecido, pero se limitan a observar, sin acatar las órdenes de la Fiscalía española. Hemos visto imágenes de policías españoles armados y con material antidisturbios retirándose de colegios ante la defensa que muros de ciudadanas y ciudadanos están haciendo en las entradas de los centros de voto. La Generalitat acaba de anunciar que todas las mesas contarán, vía Internet, con un censo universal para que cualquiera pueda votar en cualquier mesa. Amanece ya, amanece en Cataluña, amanece en la democracia. Cataluña se va. Cataluña ya se ha ido. Buen viaje y esperadnos, que vamos. Bye bye Spain.

 

Empiezan a llegar imágenes de la policía española enfrentándose con armas y material antidisturbios a muros de personas cuya única arma son la decisión y la defensa de la democracia. Ni miles de policías armados hasta los dientes van a impedir que Cataluña decida su futuro. Por cada policía represor nacerán cien nuevos defensores de la democracia y la palabra para el Pueblo. No os rindáis. ¡Estamos con vosotras y vosotros! Nosotras también somos Catalunya!!!!

Empezamos a ver imágenes de gente apaleada por la policía española. El Estado español y su sistema antidemocrático ha perdido la escasa credibilidad que le pudiese quedar. Una señora anciana, retirada a patadas de la puerta del colegio electoral que pretendía proteger, quedará como testigo de varias generaciones de la defensa heróica y decidida de la democracia que este día hicieron miles de personas.

La crónica continuará desde las dinámicas de defensa popular que se vayan dando a lo largo del día. Llegamos a Barcelona.

Llueve y nos acercamos a un colegio. Largas filas de gente sonriendo y con ganas de votar. Cuando se acerca una persona mayor le hacen pasillo entre aplausos para que entre a votar. Nos encontramos con una delegación de observadores internacionales, corsos, irlandeses, flamencos y vascos. Diputados y eurodiputados. Todo el mundo coincide en denunciar la represión. Llegamos a otro colegio y siguen las filas largas de gente. Pese a las hostias de maderos y pikolos, la gente sigue con ganas de votar.

A la una centenares de personas han abarrotado en la querida Iruñea la Plaza del Ayuntamiento en defensa de la democracia con su alcalde, Joseba Asiron, al frente de la concentración. Mientras tanto cada vez más voces internacionales denuncian la actitud fascista del Gobierno español.

La hora de comer era un momento crítico porque suele ser un momento en el que suele bajar la participación. La delegación vasca que nos hemos juntado nos hemos acercado a un colegio porque decían que podía aparecer la policía española en cualquier momento. Nos ha recibido en la puerta del colegio el eurodiputado Ernest Maragall, y hermano del que fuera alcalde de Barcelona. Hemos podido acceder a la sala de votaciones y nos hemos emocionado. La gente a la hora de votar se sacaba fotos y al salir gritaba “ja he votat!” que era recibido con aplausos. La gente anciana accedia con preferencia sin tener que guardar cola y en medio de una salva de aplausos. En un momento dado han aparecido 8 furgonas de la policía española y se ha procedido a cerrar el colegio quedándose la gente dentro para defenderlo. Falsa alarma y la gente ha seguido votando en gran número.

La cifra oficial facilitada por la Generalitat es de 761 heridos de diferente consideración. Comienzan a producirse concentraciones delante de diferentes consulados y embajadas españolas en todo el mundo. La comunidad internacional es testigo del horror de la actuación policial ordenada por el Gobierno español y a la vez de la dignidad de todo un Pueblo. Después de descansar, salimos de nuevo a la calle.

Nos reunimos con concejales y concejalas que, desde Udalbiltza, han actuado como observadores de la jornada en diferentes localidades. Emoción es la palabra más utilizada por todos ellos. En Plaza Catalunya los favorables al referéndum y a dar un sí a la independencia catalana, se reúnen para seguir el escrutinio en una pantalla gigante. Nos da tiempo para ver imágenes de la represión policial antes de que el presidente español, Rajoy, haga unas declaraciones desde Moncloa. Silbidos en cuanto aparece en pantalla y carcajadas cuando comienza su alocución diciendo eso de “hablo como presidente del Gobierno español, soy presidente de una de las naciones más antiguas y respetables del mundo”. No está mal que la gente se ría de esa capacidad de hacer el ridículo, pero a mi me pone, la verdad, de mala hostia. Cuando anuncian la comparecencia de Pedro Sánchez, decidimos irnos a cenar algo. Nos juntamos en la calle con las portavoces de EH Bildu que siguen dando entrevistas y participando, a pie de calle, en los programas de radio y televisión.

Tras la cena volvemos a Plaza de Catalunya justo cuando el President Puigdemont está terminando su intervención diciendo que “las imágenes de hoy no se van a borrar de la memoria de este Pueblo”. Anuncia que iniciará el camino para dar los pasos necesarios para proclamar la independencia. Aplausos. Termina y él y todo el gobierno catalán comienzan a cantar el himno nacional, Els Segadors, seguido por las miles de personas que se concentran en Plaza de Catalunya. Los pelos de punta, veo a gente llorando mientras canta, pero sobre todo veo caras felices y mucha juventud. Así que nos retiramos al hotel llenos de esperanza en un futuro que ya está aquí.

​Por la mañana las portadas de los periódicos de medio mundo dan cuenta de la represión española y del éxito del Referéndum. Los medios españoles continúan como voceros propagandísticos del discurso unionista. Leemos también los resultados oficiales del Referéndum, facilitados por la Generalitat y que son el reflejo más real de lo ocurrido ayer.

2.020.144 (90,09%) a favor del Si.

176.565 (7,87%) a favor del No.

45.586 (2,03%) en blanco.

20.129 (0,89%) nulos.

770.000 personas censadas en los colegios electorales clausurados por policía española y guardia civiles.

perspectiva

Leyendo un artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca sobre las reacciones al atentado de Barcelona me surge la pregunta de a quién beneficia la alarma social creada expresamente desde instancias políticas y mediáticas. Sinceramente, creo que a la sociedad y a la ciudadanía no. Seguramente beneficia, sobre todo, a los estamentos de poder (político, mediático, económico, religioso) y, desde luego, supone un plus de publicidad engañosa sobre los autores de la matanza. Digo engañosa, porque, si bien, quién más, quien menos, sabemos que fue un atentado reivindicado por el ISIS, hemos visto incluso las caras de los yihadistas y reconocemos la amenaza de nuevas acciones de este tipo en Europa, la mayoría sigue sin conocer quién sustenta y financia este grupo, porque, evidentemente, no interesa.

Captura de pantalla 2017-08-25 a las 8.16.11

Y todo esto cuando se trata de un atentado en suelo occidental. Esa empatía, muestras de solidaridad e incluso, ese miedo o no miedo, surgen casi en exclusiva, por no decir solamente, cuando este tipo de atentados ocurren en Europa, bien sea Barcelona, Paris, Londres o Madrid, o en Estados Unidos. Creo que, hasta cierto punto, es una reacción natural. La empatía, o quizás habría que empezar a hablar de compasión, en el concepto budista de sentir y compartir el dolor, la miseria o la injusticia de la otra persona, no suele aparecer cuando estos atentados suceden en lugares lejanos, con culturas y religiones diferentes. En estos casos asumimos con naturalidad que son hechos que suceden en lugares en permanente estado de conflicto o en guerra.

Independientemente del dolor más o menos cercano que nos produzcan las muertes ocasionadas por estos atentados, o el miedo o no miedo que pueda surgir en nosotras y nosotros (algo, en principio, personal), más allá de la necesaria solidaridad y de las muestras de rechazo ante este tipo de acciones, hay que situar estos atentados con perspectiva y en su justa medida. Dice el profesor que escribe el artículo, que el miedo y magnificar el alcance social de estos atentados supone dar vía libre a nuevas inversiones en investigación militar y a nuevas partidas presupuestarias de cara a mejorar la seguridad con más policías. Encender la televisión, ya de por sí un gran error, y ver constantemente programas especiales dedicados a los atentados, al yihadismo, tertulias que solo hablan de eso, retransmisión en directo de la caza del terrorista, manifestaciones y funerales en directo, etc., dan pie a que gran parte de la sociedad vea normal e incluso necesaria la caza de los autores del atentado, sin que nos preguntemos dónde queda el estado de derecho que detiene, juzga y en todo caso condena. Dan pie a que veamos con naturalidad la presencia de las diferentes policías fuertemente armadas por las calles de nuestras ciudades y ofrecen el caldo de cultivo para que la xenofobia y el racismo se extiendan entre la gente.

Repito, más allá del necesario rechazo a estos atentados y de la solidaridad hacia las propias víctimas, es del todo necesario tomar perspectiva y reflexionar sobre el transcurso de los hechos y sus consecuencias. No se es mejor ciudadana o ciudadano si se asume todo el discurso propagandístico de estos días, de la misma manera que no se es mejor o peor persona si se pone en duda parte de esa propaganda.

Para quien quiera leer el artículo, más allá de matices que puedan gustar más o menos, pero por lo menos para crear un estado de reflexión en cada una de nosotras y nosotros, aquí os dejo el enlace: ¿Y si ponemos al terrorismo en perspectiva?, de Ignacio Sánchez-Cuenca.

lo que dio de sí

Han pasado semanas desde que escapásemos, sin mirar atrás, de esa Iruñea recién despedida de los Sanfermines, de esa ciudad cuya rapidez en la vuelta a la normalidad sorprende a cualquiera que haya estado, aunque sea unas horas, disfrutando de las fiestas. Ese 15 de julio, con quienes se negaban a terminar la juerga vestidos de blanco por las calles, con las máquinas limpiadoras trabajando a destajo y los jardineros recuperando el esplendor de parques y jardines, salimos en tren dirección Barcelona, para, desde allí, tomar un vuelo hacia Italia.

Al caer la tarde tomamos tierra en Fiumiccino y aunque esta vez el destino del viaje no era Roma, aprovechamos las escasas horas en la ciudad eterna para pasear por el adoquinado romano y para dar cuenta de unas pizzas en una pizzería familiar de una calleja cercana a Navona. Bebimos el agua fresca de las fuentes romanas, paseamos hasta el Panteón y a la mañana siguiente fuimos de los primeros en entrar en una basílica de San Pedro que ha endurecido las medidas de seguridad para acceder al interior. La magnificencia del templo nos engulló, vimos a lo lejos la Piedad de Miguel Ángel y paseamos rodeados de mármoles, dorados, inmensas esculturas de papas muertos y una sensación de estar más en un mercado que en un recinto sagrado.

A media mañana cogimos el tren en Termini, la gran estación romana, para llegar a Nápoles y darnos cuenta que la ciudad a la sombra del Vesubio es otra cosa. Coches y motos campan a sus anchas sin un orden visible para nosotros pero, evidentemente, existente. Entre sus calles creímos estar en Tánger o El Cairo, llenas de puestos ambulantes y manteros en las aceras y en el malecón compartimos la tarde con todas esas familias con helado, chavales morenos y flacos en bici, camareros que gritan las bondades de su terraza y un Vesubio omnipresente cuya ladera llevaba quemándose varios días. Una terraza en el puerto, un gin tonic caro y mal puesto y unas chufas y a cenar. Acabamos el día, agotados, en la terraza del hotel, entre los luminosos gigantes del establecimiento, recostados en unas tumbonas y con unas botellas de cerveza mientras abajo, en la gran plaza, un tipo con órgano canta para todo Nápoles desde la terraza de un bar.

Y al día siguiente partimos hacia Sorrento, esa pequeña ciudad de la costa amalfitana al borde de acantilados. Mientras sorteamos turistas ingleses descubrimos una vinacoteca de la que nos hicimos clientes asíduos, degustamos los vinos biancos de Italia, nos reconciliamos con tierra y mar a través de la gastronomía, leímos novelas en tumbonas a la sombra de una sombrilla, subimos cuestas llenas de altares y vírgenes, vimos atardeceres de película, surcamos el Mediterráneo en un pequeño barquito, visitando cuevas de la costa, bañándonos en ese Mare Nostrum tranquilo y dejándonos mojar por la espuma de las olas que golpeaban la proa, paseamos entre casas blancas hasta subir a un mirador en Capri donde bebimos unas cervezas carísimas, nos protegimos del calor de la tarde en las iglesias barrocas, llenas de frescos imposibles y santos con velas, comimos helado mientras las gaviotas casi nos rozaban con sus alas, volvimos al pasado entre las calles de Pompeya, viajamos en trenes viejos y sucios con el encanto de una película de Fellini, cenamos en la terraza de casa absortos en el cielo estrellado y soñamos con la brisa que recorre el viejo pueblo, el de abajo, cuando el resto nos retiramos a dormir.

Y terminó el viaje, porque todo lo que comienza termina, y llegó Zarautz, con la familia, con mi sobrino descubriendo el Cantábrico, ese Cantábrico siempre fiero y peligroso, aún cuando parece tranquilo. Txakoli, pintxos, Getaria siempre en el horizonte, fiestas con las primas y primos, y tías y tíos, unos cuantos kilos de más y un pueblo y una felicidad que, como todos los años, me recarga las pilas para unos cuantos meses.

El verano no ha concluido, ni mucho menos. Quedan días de lectura en los parques, tés helados viendo pasar la gente, euskal jaia en Zarautz y días de dormir con la ventana abierta, por lo menos hasta que llegue San Fermín Txikito. Pero ya estamos a dieta, ya hemos comenzado el curso, con más ganas que nunca, es momento de terminar planificaciones, de retomar ese día a día que seguirá haciendo de Iruñea una ciudad cada vez mejor para quienes vivimos en ella. Aquí estamos. El verano quedará atrás, pero su recuerdo nos impulsará durante varios meses.

Captura de pantalla 2017-08-22 a las 15.56.47

ejemplar

Pues nada, la gripe parece que ha llegado por fin a casa con todo lo que eso conlleva. Fiebre, toses, dolor de cabeza y un cuerpo como si me hubiese pasado una manada de toros en Santo Domingo. Así que como no tengo muchas ganas de escribir voy a copiar una carta que a finales de enero escribió el jugador de futbol David Babunski. Ya sabéis que no soy futbolero, pero esta carta me ha parecido la de un tío con los pies en la tierra y consciente de lo mucho que puede hacer en esta vida gracias a su privilegiada posición que esta sociedad da a los futbolistas. 21 años y una reflexión que ojalá la tuvieran más personas. Mi reconocimiento Babunski.

BUBANSKI-CABEZA-1600x704_1

“Siempre reflexiono sobre las experiencias que vivo. Y sin duda alguna, la experiencia de completar un ciclo de más de diez años en el Fútbol Club Barcelona es digna de ser reflexionada.

Mis seres más cercanos conocen las razones de mi gran pasión por la escritura. Una de las principales, es que a diferencia del rectángulo verde del terreno de juego, sobre el rectángulo blanco de una hoja, siento que no tengo límites algunos, excepto aquellos que yo mismo decida imponerme. Aquí mi alma puede expresarse incondicionalmente.

No tengo 90 minutos en los que comprimir mis intenciones. No tengo árbitros que juzguen de correctos o incorrectos mis actos, ni una posición fijada en el territorio desde la cual, restringido, deba cumplir mis funciones y llevar a cabo los objetivos planteados. No tengo órdenes que me indiquen como o por donde tengo que desplazarme. No tengo tácticas específicas, ni reglas, ni ruidos, ni miedos a fallar, ni dependencias externas, ni cientos de ojos a los que satisfacer. Estoy solo conmigo mismo, con los pros y los contras que eso conlleva, disfrutando del verdadero sabor de la libertad.

Respecto a los numerosos mensajes de connotación dramática que he recibido, desearía remarcar firmemente que salir del Barça no es ningún drama, ni lástima, ni pena, ni fracaso alguno, ni la más diminuta causa de tristeza. Salir por obligación de tu país, tener que abandonar tu hogar y tu familia por la constante amenaza de bombas, llamas y disparos…eso si que es terrible. La pobreza, la hambruna, la destrucción medioambiental: Todo eso si es un terrible fracaso colectivo de TODOS nosotros. Una triste tragedia humana que da lástima, pena, y además carece de nuestra empatía.

Recuerdo mi llegada al Barça hace más de una década. Lo primero que tuve que hacer era cortarme la melena que con 12 años llevaba colgando hasta la mitad de mi espalda. Mantuve el cabello largo durante toda mi infancia; era algo que me caracterizaba. Pero el requerimiento del club era tan serio que hasta que no lo cumpliese, no jugaría.

Yo no entendía nada. ¿Qué tenía que ver mi pelo con el fútbol? Entonces me explicaron que aquí no querían que los jugadores, sobretodo los más pequeños, llamásemos la atención por nada más que no fuera nuestro fútbol. No querían que los niños destacásemos por encima de los demás por lucimientos extra-deportivos. Tampoco estaba permitido llevar pendientes, piercings, tatuajes, peinados largos, teñidos o llamativos…

En definitiva, el conjunto de excepcionales profesionales que estaban a nuestro servicio, además de enseñarnos a jugar a fútbol probablemente de la mejor manera que existe en el planeta, también nos enseñaban a huir de la farándula materialística y a ser buenas personas; educadas y honradas. Nos ayudaban a cultivar valores como la humildad, el respeto, la cortesía, la solidaridad, la unión, el compañerismo, la generosidad… Y sobre aquellos comportamientos de jugadores que se desviaban de ésta trayectoria, se ejercía una ejemplar criterio de re-orientación educacional.

Desde un primer instante y hasta el último día, me he ido desarrollando en el Barça bajo el entendimiento de que para llevar éste escudo con orgullo y honradez, más allá de cumplir con una serie de exigentes requisitos futbolísticos, también implica representar un conjunto de valores humanos, alinearse con un noble código de comportamiento y defender una manera determinada y única de hacer las cosas:

Esa filosofía tan especial con la que se ha construido ésta entidad y que tantos éxitos ha traído a todos los niveles a lo largo de su historia.

Me marcho con la alegría de saber que mi fútbol ha sido etiquetado de “ADN Barça”, y mi persona reconocida como ejemplo de los valores que integra y fomenta la Masía. Siempre he intentado mantenerlos presentes en mi conducta aún cuando sentía que ya no se les prestaba tanta atención ni se invertían tantos esfuerzos en potenciarla.

En diez años he podido experimentar cambios desde dentro del club. Para mi nunca será fracaso que cualquier equipo del Barça no gane un partido o no conquiste un titulo, pues eso forma parte de la naturaleza cíclica de ésta vida-unas veces ganas y otras pierdes- aún que el Barça sigue siendo el Club que más victorias y conquistas lleva regalándonos del mundo en los últimos años y sin duda lo seguirá haciendo en el futuro.

Pero que desde fuera se haya cuestionado su esencia, que se haya puesto en duda esa filosofía, debilitando la creencia en los valores que el Barça encarna, eso si me ha dolido. Supongo que no será por casualidad. En ésta sociedad la seducción del resultadismo inmediato es muy tentadora y cada vez atrapa a más gente en su trampa. Y el no conseguir resultados inmediatos a menudo nos conduce a una desesperación que acaba cegándonos y obligándonos a cambiar nuestras formas, dejando muchas veces en un segundo plano nuestros valores y principios esenciales.

En el mundo del fútbol éstos mecanismos se desarrollan velozmente y las esencias se encuentran en peligro de extinción. Quiero pensar que el Barça nunca ha caído en esas trampas, y en el que caso de que lo haya hecho, que rápidamente recupere la esencia, que no la pierda nunca de vista, que siga invirtiendo grandes esfuerzos en protegerla, alimentarla y fortalecerla, no solo con vídeos o imágenes y desde la superficialidad del marketing, sino en la verdadera práctica cotidiana con todos los jugadores y miembros del club, como muchos hemos experimentado formando parte de él.

Para los más pequeños y jóvenes…

En alguno momento todos nos volvemos víctimas de la rutina y caemos presos en la normalización del lugar en el que nos encontramos día tras día. Pero de vez en cuando, alzad vuestra mirada desde cualquier parte de la Ciudad Deportiva y clavarla durante unos segundos sobre el escudo que se alza en el cielo de Sant Joan Despí: recordad donde estáis, lo privilegiados que sois y lo que significa estar en el Barça.

Aprovechad ésta privilegiada posición, no para aumentar vuestros seguidores en instagram y twitter, para comprar y lucir coches espectaculares, comer gratis en restaurantes y presumir de la glorificación que ésta sociedad os concederá. Sino para acumular experiencias únicas, mejorar como futbolistas y sobretodo crecer como personas aprendiendo de los valores que aquí se enseñan.

Ésta sociedad os tratará de forma diferente solo por que lleváis éste escudo en el pecho. Intentar pensar qué es lo que podéis regalar vosotros a la sociedad. Porque dar patadas a un balón no es razón suficiente por la que debamos ser tratados de manera más especial que el resto de ciudadanos, pero tal vez por ser personas de grandes valores sí. Y en el Barça éstos valores que podéis extender sobre todas las otras áreas de la vida, se enseñan. Al menos a mi me los enseñaron.

Para las chicas…

No calléis y luchad por la completa igualdad de todo tipo de recursos, tratos, y atención que recibe el sector masculino. Tenéis mi eterno apoyo! El fútbol tiene poder para equilibrar la balanza entre hombres y mujeres en la sociedad.

Para los Grandes…

Gracias por ser los mejores, por tratarme como a uno más cada vez que subía a entrenar con vosotros, por disolver y extender año tras año nuestra concepción de los límites en el fútbol. Vuestra capacidad de influencia es incalculable. Con muy poco podéis conmover e inspirar a millones de personas. Ese gran poder puede ser utilizado para generar inmensos impactos tanto negativos como positivos en el mundo. Por eso os animo a tomar conciencia y responsabilidad de él. Os invito a bajar a las trincheras a veces, a participar en los aspectos sociales y sensibilizaros con nuestra humanidad. Hay millones de niños (la generación del futuro, con la que vuestros hijos crecerán) que seguirán vuestro ejemplo. Es triste que los futbolistas seamos los héroes de la sociedad, pero es la realidad. ¿Qué haremos al respecto?

El resultado final del cocktail de emociones, pensamientos y recuerdos que ha desatado éste suceso en mi interior, es un repleto y profundo sentimiento de gratitud: Hacia el Club, hacia todas las personas que he conocido en él, y hacia la Vida. Salgo feliz e inmortalizado en busca de nuevos caminos, retos, experiencias, conocimientos, propósitos!

Infinita Gratitud a todas las personas encargadas de cuidar nuestros terrenos de juego, las que se encargan de mantener limpias nuestros vestuarios e instalaciones y a las de seguridad, que a veces parece que pasan desapercibidos como si fueran fantasmas. Son imprescindibles!

Infinita gratitud a todos los compañeros, entrenadores, físios, médicos, utilleros que he tenido desde Infantil B hasta mi tercer año en el filial. Os considero a todos vosotros maestros espirituales, pues de cada uno me he llevado una enseñanza de vida.

Esto no es una carta de despedida. Pues en un futuro, si no es como jugador será de la forma que sea, el Barça y yo volveremos a trabajar juntos en el objetivo de construir un mundo mejor a través del Fútbol!

Visca el Barça. Visca Catalunya”.