retrato de una familia en Corfú

Larry caminaba rápidamente, con la cabeza erguida y en el rostro tal expresión de soberano desdén que su diminuto tamaño pasaba inadvertido, vigilando suspicazmente a los mozos en lucha con sus baúles. Tras él marchaba Leslie, con aire de tranquila belicosidad, y después Margo, remolcando metros de muselina y perfume.

Me lo he pasado pipa con este libro. Un libro que descubrí a través de un blog y del que vi antes, contra mis principios, la versión en forma de serie para la televisión. Ambas dos, el libro y la serie, son deliciosas. Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell, un clásico poco conocido que hace una divertida descripción de la familia del escritor, en su estancia en la isla griega de Corfú, mientras se dedica a descubrir los animales que existen en el lugar. Y pese a estar en Grecia, lo mejor, en este caso, es que el autor no se deja llevar por los vestigios de la cultura clásica, si no que describe la vida, lozanía y alegría de la isla en los primeros años de la década de los 30 del siglo XX. Y lo hace con un humor divertido y fresco.

The Durrells Season 2

La familia está compuesta por la madre, viuda pero todavía joven, el hijo mayor, Larry, el intelectual de la familia, escritor (autor de El cuarteto de Alejandría), el hermano mediano, Leslie, un chalado que va siempre con escopeta, la hermana Margo, a caballo entre dejar de ser adolescente y empezar a ser mujer y el autor de la obra, Gerald, quien después fue un reconocido naturalista. Resulta que deciden irse de Londres a Corfú y allí viven unos años descubriendo el nuevo modo de vida, haciendo amigos entre las gentes del pueblo, y en el caso de Gerald, descubriendo y coleccionando animales, etc. Me he reído en todos los capítulos y he disfrutado en los capítulos que se dedica a describir el comportamiento de tal o cual animal (increíble).

El libro tiene su continuación en otras dos novelas, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. En la época de Corfú, Gerald, no asistió a la escuela y recibió educación de diferentes amigos, casi todos intelectuales conocidos de su hermano Lawrence y del científico, poeta y filósofo Theodore Stephanides, que le dejó una honda impresión para toda su vida. Si tuviera hijos, o hijas, me da igual, me gustaría que en su momento tuviesen la oportunidad de recibir, aunque sea durante un tiempo, una educación similar, basada en la observación, la experiencia propia, el descubrimiento y la libertad responsable.

Un libro para quienes necesitan reír, aunque sea con la familia, para quienes no tienen miedo a empezar de nuevo, para quienes son capaces de descubrir en el día a día y para quienes creen que la vida consiste en aprender cada día algo nuevo. Y si se hace con humor, mejor que mejor.

Y como he dicho, también está la serie The Durrells, de 2016, producida por ITV y que es una versión más libre que la versión de 1987 de la BBC. Esta última no la he podido ver, pero siendo de la cadena británica seguro que es una maravilla. En cuanto a la de 2016 es una serie fresca, divertida, que destila encanto y cuyo mayor aliciente es el niño que encarna a Gerald, Milo Parker, y que descubrí en Mr. Holmes y al actor que encarna a Larry, Josh O’Connor, que a buen seguro lo veremos bastante más de aquí en adelante.

libres y cultos

En Semana Santa, días de descanso, lectura y paseos, estuve viendo una serie en Filmin que merece mucho la pena. Life in Squares.

La serie nos cuenta, en tres capítulos de una hora de duración, la historia del llamado Círculo o Grupo de Bloomsbury a través de algunos de sus integrantes más significados. Las hermanas Stephen, conocidas posteriormente como Virginia Woolf, escritora, y Vanessa Bell, pintora, el pintor Duncan Grant, el crítico de arte Clive Bell, el editor Leonard Woolf, Lytton Strachey, escritor o el economista John Maynard Keynes. Otros miembros del grupo que no aparecen en la serie fueron el filósofo Bertrand Russell, el novelista E. M. Forster, la escritora Katherine Mansfield y la pintora Dora Carrington.

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Este grupo intelectual, que tomó el nombre por el barrio de Londres donde se encuentra el Museo Británico y donde vivían la mayor parte de ellos, incluidas las hermanas Stephen en cuya casa se reunían, abogó, a principios del XX, con las costumbres victorianas todavía presentes en Londres e Inglaterra, por un pensamiento libre en la vida y la creación. El grupo tuvo en común un gran desprecio por la religión. Objetores de conciencia en la 1ª Guerra Mundial, defensores de la libertad sexual, promotores de la igualdad de la mujer y el hombre… Se consideraban miembros de una élite intelectual ilustrada, de ideología liberal y humanista. Parte de sus orígenes intelectuales están en el Trinity College, de Cambridge y el King´s College, de Londres, donde estudiaron la mayoría de ellos. El grupo obtuvo una temprana relevancia en los medios cuando en 1910, miembros del círculo llevaron a cabo el Engaño del Dreadnought, una broma en la que se hicieron pasar por representantes de la realeza abisinia para ser recibidos en el acorazado HMS Dreadnought con honores de estado y que, debido a su repercusión en los medios, puso en ridículo a la Royal Navy. En el terreno artístico tuvieron influencias de Paul Gauguin, Vincent Van Gogh y especialmente Paul Cézanne.

La serie, de la BBC, solo con eso es ya un aliciente para verla, está grabada con una exquisitez extraordinaria. El tratamiento de la luz y el color es casi pictórico y de una delicadeza impresionante. Los tres protagonistas principales, Vanessa Bell, Virginia Woolf y Duncan Grant están interpretados en los dos primeros capítulos, los años jóvenes, digamos, por Phoebe Fox, Lydia Leonard y James Norton. En el último capítulo los interpretan Eve Best, Catherine McCormack y Rupert Penry-Jones.

Lo dicho, merece la pena, y mucho, verla. Con la cantidad de bodrio presente en la TV, una serie como esta se convierte en una auténtica joya.


¡oh si! ¡Aleluya!

Aquel poeta canadiense que llevaba 15 años escribiendo poemas como Lorca, una de sus referencias, y novelas de descubrimiento personal, decidió en 1967 empezar a cantar sus letras, sus escritos y dar vía libre, mediante la música, a la sensibilidad plasmada en papel. El poeta se hizo músico y con su voz profunda recorrió el mundo con un compromiso político solidario y de izquierdas. En 1984 publicó su octavo trabajo discográfico, Various Positions, cuya canción número cinco fue y sigue siendo capaz de trasladar el júbilo del amor, aunque este sea, en ocasiones, doloroso. Releyendo las letras y escuchando la música de Leonard Cohen, solo puedo cantar ¡Aleluya!

El amor no es una marcha de victoria, es un frío y roto aleluya
El amor no es una marcha de victoria, es un frío y roto aleluya

Pues no, la de hoy no es una música del repertorio medieval, renacentista o barroco, pero es una de las canciones que más versiones tiene de los últimos años (algunas excepcionales y otras, como podréis comprobar, del montón, pues parece que aquí cualquiera cree que puede ponerse delante del micrófono y cantarla). Contaba Cohen que la canción Hallelujah la compuso en el suelo de la habitación de un hotel, en calzoncillos y golpeándose la cabeza contra el suelo. Pues bendita autolesión, porque le salió una canción extraordinaria. La letra la escribió con referencias a pasajes bíblicos y a historias de Sansón, el Libro de los Jueces, el rey David y compañía. Las historias de esta gente están plagadas de relaciones sentimentales y sexuales que les creaban, pobrecitos, tremendos sentimientos de culpa, remordimiento, etc. No es un Aleluya triunfalista, de esos que se cantan tras las victorias, resurrecciones o en coronaciones de reyes y reinas. Este Aleluya es el de una persona que siente que ha hecho mal, que ha amado lo que no se podía amar (¿existe eso?) y que aún y todo se reconoce débil ante ese sentimiento. Es un Aleluya de alguien que acepta su limitación y lo que ha hecho y en su interior lo celebra. Incluso el Aleluya de quien tuvo un amor y ya lo perdió. Jeff Burkley, el intérprete que, seguramente, hizo la mejor versión de esta canción, dijo de ella que era el Aleluya del orgasmo. Y creo que no le faltaba razón.

Según las versiones, esta melodía puede sonar triste, recogida, pasional, fúnebre o como homenaje. Ya he dicho que hay muchas versiones de la canción, hasta 300, algunas de ellas muy sin más. Pero otras son extraordinarias. Tras la de Cohen vino la de John Cale en 1991, con piano añadido y con otra letra diferente a la original (eso teniendo en cuenta que Cohen hizo hasta 80 versiones de la letra, que para eso era poeta). En 1994 llegó la que es la versión más conocida, la de Jeff Buckley. Si la versión de Cohen es casi susurrada, la de Buckley es humana, llena de dolor y belleza, cantada desde un interior doloroso. La interpretación es exquisita, perfecta, si es que existe la perfección. En 1996 El cantaor flamenco Enrique Morente grabó la canción en su disco Omega, junto a Lagartija Nick. En 1997, el compositor y cantante Rufus Wainwright la grabó como homenaje a Buckley que había fallecido en mayo ahogado en un río de Menphis. Esta interpretación se hizo bastante famosa gracias a su aparición en la película de dibujos animados Shrek. En 2008 Alexandra Burke, ganadora de uno de esos programas que descubre cada dos meses al que se supone va a ser el artista del siglo, grabó una versión con coro y en plan rollo gospel que tiene su aquel. Hace unos meses ha aparecido una de las versiones más exquisitas para mi gusto. Es una versión instrumental para violonchelo y cuerda y está interpretada por un chaval que está llamado a ser uno de los grandes violonchelistas del siglo XXI, Sheku Kanneh-Mason, miembro de una familia de músicos que ni los Trap. Este moreno que toca con una pasión infinita, ya lo vais a ver en el vídeo, ganó la última edición de la Young Musician de la BBC que, no creamos que es otro de esos concursos televisivos, es un certamen para jóvenes músicos clásicos con el objetivo de ayudarles en su carrera y estudios. Ha firmado ya un contrato con una de las grandes discográficas de música clásica, Decca. Estaremos atentos a él. Del resto de versiones que podréis escuchar en la lista de Spotify hay algunas buenas y otras menos, porque para gustos los colores y para gusto el que tienen algunos y otros menos. Está claro. Os dejo con el vídeo del joven vilonchelista y la lista de Spotify.

Besos, gozar, amar y aunque creáis que, por lo que sea, habéis actuado mal, aunque sea dentro cantad un Aleluya y que os quiten los “bailao”.

https://open.spotify.com/user/1111910413/playlist/3fWNufouXJIN988gUAogZI&theme=white

un barbero a ritmo de danza húngara

En 1940 se grabó una película con un mensaje claro contra el fascismo que en ese momento se abría paso en Europa en medio de una guerra que enseguida se iba a convertir en mundial. En esos momentos EEUU todavía no estaba en guerra con Alemania, pero poco faltaba. El genial Charles Chaplin dirigió y protagonizó esta memorable película, la primera del director con diálogos y sonido, titulada El gran dictador y que cuenta con unas cuantas escenas para ser recordadas. Para la posteridad quedan la escena del dictador jugando con el globo terráqueo o el final con un discurso contra las guerras y las dictaduras. Hablando de dictaduras, la cinta estuvo prohibida en el Estado español hasta después de la muerte de Franco, estrenándose en 1976.

ElGranDictador

La escena que quiero señalar en esta entrada es la del barbero judío afeitando a un cliente al ritmo de la Danza húngara nº 5 de Johannes Brahms. El caso es que comienza la escena con una radio desde donde se emite la danza húngara de Brahms y vemos al cliente ya sentado en la silla. Al ritmo de la música el barbero va preparando y afilando la navaja que va a utilizar, enjabona la cara al cliente, le afeita, le da la loción y finalmente le quita el babero y le pone el sombrero para pedirle, finalmente, que le pague. El cliente se muestra al principio extrañado, después asustado y finalmente sorprendido del buen trabajo. Paga y se va rápidamente. Esta es la divertida escena:

Originalmente las 21 danzas de origen húngaro fueron compuestas, entre 1858 a 1869, por Johannes Brahms, para ser interpretadas al piano a cuatro manos y exceptuando las danzas 11, 14 y 16, el resto están tomadas del folclore húngaro. Después, de algunas de ellas, hizo versión para dos manos e incluso de otras, como la 1, la 3 y la 10, hizo versiones para orquesta. ¿Y de la número 5, que es la protagonista de la escena? Pues no, no hizo esa versión. Es más, la versión que suena en la película y que es la que suelen tocar las orquestas, es una orquestación de otro gran compositor, el bohemio Antonín Dvořák. En fin, que la obra es de Brahms y la versión de Dvořák. No pasa nada.

De las interpretaciones existentes voy a proponer dos. Evidentemente una a piano y otra en versión orquestal. La de piano es una contagiosa grabación de Walter Klien y Alfred Brendel, en la versión original a cuatro manos. Es de las primeras grabaciones en estéreo y quizás el sonido no sea el mejor, pero la interpretación es sublime.

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La versión orquestal es la de la Orquesta Sinfónica de Budapest, dirigida por István Bogár, para el sello Naxos, y con una interpretación espontánea, viva y llena de color.

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Me despido con un vídeo de la interpretación a dos manos que hizo, en los Proms de la BBC, en el año 2011, el joven pianista inglés, Benjamin Grosvenor: