un chute de ilusión

… podemos perseguir nuestros ideales no por una cuestión de diligencia, sino porque cuando se ambicionan hay alegría, y la propia alegría es una fuerza rebelde contra la pesadumbre y la insulsez de la vida diaria.

Hacía tiempo que no leía un ensayo político que me dejase tan buen sabor de boca. Es más, ha sido un chute de ilusión y de optimismo. De hecho, al leer alguna otra reseña de este libro, me ha sorprendido cuando lo catalogaba de poco optimista, porque, ¿qué hay más optimista que creer en el poder de las personas?

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“La propia alegría es una fuerza rebelde”…

Esperanza en la oscuridad. La historia jamás contada del poder de la gente, es un ensayo que, pese a tener un título de libro de autoayuda al uso, tiene una fuerza extraordinaria para quienes creemos en un mundo mejor y quienes seguimos apostando por una sociedad más igualitaria, feminista, progresista, sostenible, rebelde, ecologista, crítica, solidaria y empática. Su autora es Rebecca Solnit y el libro está editado por aquí por la editorial Capitán Swing. Lo bueno de Solnit es que no es una autora política de sillón, es decir, ha sido y es una activista social que ha practicado la lucha política contra los ensayos nucleares en Nevada, que ha militado en dinámicas contra las guerras declaradas por Bush, feminista convencida y ecologista practicante. Pero lo mejor de esta autora es que escribe los libros con una pedagogía apabullante que utiliza la memoria colectiva, tantas veces olvidada, como aliciente para el activismo. Y ahí, en medio de las victorias olvidadas y que son necesarias recordar, descubre la esperanza. Nuestra esperanza.

Rebecca Solnit hace un repaso de lo que para ella es la esperanza. La esperanza son las razones para ganar, las razones para seguir luchando por algo. Y lo contrario es lo que según la autora suele hacer la Izquierda. ¿Y qué hace (mos)? No tenemos en cuenta que para lograr grandes objetivos necesitamos objetivos más cercanos que ir consiguiendo. Caemos en el derrotismo porque no caemos en la cuenta de todo lo que hemos cambiado. Olvidamos las victorias producidas, no solo las pequeñas, sino las que tras un largo proceso han resultado determinantes. Al haber tanto por cambiar nos desesperamos. A veces creemos que con dar la vuelta a la versión oficial es suficiente. La versión invertida del “todo va bien”, esto es, “todo va mal” es el anuncio del fracaso. Negar nuestro propio poder personal y colectivo, también es una derrota. Dedicarse a teorizar sin llevar la teoría a la práctica es otro elemento para la desesperanza. Proyectar la desesperación personal como análisis político, nostalgias varias de “en aquellos tiempos sí luchábamos”, el discurso tremendista de “nada se puede hacer”… Todo eso y más, seguro que cualquiera podemos poner más ejemplos, son elementos e ingredientes que llevan al desgaste de quien lo intenta, a la frustración colectiva y muchas veces a la derrota de un proyecto.

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Pero una vez pasado ese capítulo en donde se hace la necesaria autocrítica, pasamos a los motivos para la esperanza, una esperanza que, para conseguirla, necesitamos echar mano de la nitidez y la imaginación. Solo se gana una revolución si te la crees. Y creer en esa posibilidad, produce alegría, personal y colectiva. Esa es una de las peculiaridades del activismo de izquierdas. Tenemos que pasar de la resistencia a la construcción, teniendo en cuenta que la victoria no es el final. El anticapitalismo lo practicamos diariamente, muchas veces sin darnos cuenta. Hay muchos gestos con los que construimos un modelo opuesto al capitalismo. La solidaridad es el ejemplo más claro. Cuando estamos frente a una dificultad, o incluso ante una catástrofe, la solidaridad, la fraternidad, la compasión que surgen, son formas absolutamente antagónicas al capitalismo. ¿Por qué no practicarlas conscientemente para seguir construyendo desde la Izquierda? Tenemos que cambiar el relato impuesto por las victorias oficiales y construirlo desde las victorias populares. Queda mucho por cambiar y por ganar. Los modelos emergentes de la ciudad del siglo XXI, el ecologismo, el feminismo, la libertad sexual, la libertad de expresión, el equilibrio mundial, incluso la espiritualidad. Y lo podemos hacer desde la esperanza.

Un libro para quien alguna vez ha pensado que hay cosas que no se pueden cambiar. Para quien lleva años de militancia social y política y para quien comienza esa andadura. Para quienes han imaginado muchas veces un cambio social, para que tengan más fundamentos para hacerlo realidad. Y sobre todo, para quienes creen, de verdad, que el activismo y la militancia política y social dan, sobre todo, motivos para la alegría.

2ª parte

Hemos alcanzado el ecuador de la legislatura 2015-2019, se han hecho las valoraciones de la primera mitad, se han marcado los objetivos para el segundo tiempo y se encara con el trabajo anterior el trabajo todavía por realizar. Si los dos primeros años han supuesto en el cuatripartito un continuo enriquecedor ejercicio de consenso para sacar adelante los proyectos en el Ayuntamiento de Iruñea y una incansable dinámica de diálogo, con sus altibajos, todo acompañado de la necesidad de un aprendizaje colectivo diario, dentro y fuera del Ayuntamiento, los dos años que quedan hasta llegar a mayo de 2019 van a estar marcados, sin duda, por la eclosión de multitud de proyectos que han sido trabajados y preparados desde su base en los meses pasados y por la perspectiva de renovar un Ayuntamiento progresista, plural y conectado a la gente.

La oposición con UPN y sus diferentes instrumentos marcando el estilo y con PSN, desafortunadamente, compartiendo la estrategia de la ultraderecha navarra, en un continuo estado de shock, se ha dedicado a sus obsesiones identitarias, a la pataleta cada vez que veían que los privilegios que habían construido desde el Régimen iban cayendo uno tras otro y al enfado por su propia incapacidad y sin un proyecto, más allá del interés particular, de cara a esta ciudad. De puertas adentro hemos asistido atónitos a una bancada de UPN desagradable en el estilo, bronca en las formas y con el único objetivo de tensionar el ambiente en el Ayuntamiento. A decir de las y los trabajadores de la casa consistorial, nunca, en los muchos años que llevan algunos de estos funcionarios trabajando en el consistorio, nunca, habían asistido a algo semejante. Desde el gobierno municipal, con paciencia infinita, se ha gestionado este ambiente lo mejor posible, aplicando el reglamento con bastante mano izquierda y centrándose en la gestión diaria. Porque desde el cuatripartito somos conscientes de que el objetivo de UPN no es otro que el de restar las energías necesarias para seguir adelante con el cambio. El objetivo del Régimen sigue siendo el cambio.

Ayer, en el último pleno del curso, asistimos a un episodio que redunda en esta estrategia de UPN. Una vez más, las concejalas navarreras, Ana Elizalde y María Caballero, tal y como han venido haciendo en los dos años anteriores, se dedicaron, constantemente, a interrumpir a los compañeros de corporación en sus intervenciones, hablando y gesticulando mientras algún miembro del gobierno municipal intervenía desde su asiento. En estos dos años se ha podido ver en los vídeos grabados en los plenos y en la parte pública de la comisiones informativas, la actitud de estas dos concejalas y algún otro compañero de bancada. Lo que no se ha podido ver es la actitud que tienen normalmente cuando son conocedoras de que ninguna cámara les graba. Son sesiones a puerta cerrada que en muchas ocasiones han sido, cuanto menos, dantescas. Y ayer, el alcalde tuvo que llamar la atención, de nuevo, a estas dos ediles, cuestión que disgustó a UPN. A pesar de la paciencia demostrada, ayer el alcalde hizo un gesto privado al portavoz de UPN señalándole la cara que tenían sus compañeras con esa actitud. Quizás el fallo fue intentar humanizar la situación con un lenguaje de tú a tú entre Asiron y Maya, cuestión que Maya aprovechó, tras dos segundos de pensarlo, para llevar a cabo su papel en la farsa montada. Se levantó de su asiento y de pie se puso a gritar y vociferar por la llamada de atención del alcalde. Sobrepasado el límite permitido y ante la falta de respeto del portavoz navarrero al Pleno, a la corporación y al público asistente, el alcalde le apercibió avisándole hasta en tres ocasiones hasta que, en aplicación del reglamento, tuvo que expulsar al portavoz de UPN, cosa que hizo cuando la bancada derechona hacía ya un rato que estaba abandonando el salón de plenos. Sorprende cómo Enrique Maya, un señor que ha sido alcalde, se presta a este tipo de números tan poco edificantes.

En el necesario receso para evaluar la situación, el alcalde, entendiendo la necesidad de solucionar el episodio ocurrido, mantuvo una conversación con el portavoz expulsado, asumió el gesto innecesario que de manera privada le había hecho en el salón de plenos y terminaron acordando, con un apretón de manos, que toda la bancada de UPN volvería a ocupar sus asientos. Pudo así terminar, de manera más tranquila, el último pleno del curso.

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Pero nada más allá de la realidad, ya que pasadas pocas horas, el propio presidente de UPN, Javier Esparza, en una nueva demostración de oratoria política, publicó un tuit en su cuenta que decía textualmente “Asirón (sic) expulsa del pleno a Maya. Asirón (sic) representa a los fascistas de EH Bildu amigos de ETA y Maya a los demócratas. El mundo al revés”. Un tuit con una carga de profundidad absolutamente denunciable y con un mensaje fuera de lugar tras el acuerdo entre Asiron y Maya. Resulta incomprensible que un acuerdo sellado con un apretón de manos entre el alcalde y un ex-alcalde lo hagan saltar por los aires de una forma tan baja. Y así se lo hizo saber el alcalde Asiron a Maya tras ponerse en contacto con él, pidiéndole que hiciese las gestiones oportunas para que el tuit fuese retirado, porque el alcalde de Iruñea no tiene porqué aguantar esos insultos públicos, y menos de un representante político y porque la ciudad merece un respeto que el presidente de UPN no demostró ayer. En su exabrupto pretendiendo otorgar el label de democracia, no se dio cuenta que el label demócrata lo da la ciudadanía, una ciudadanía que hace dos años decidió que UPN no gobernara, decidió que otra gente se dedicase a airear y sanear las instituciones y decidió que UPN se tenía que ir a la esquina de pensar. Pero siguen sin pensar, siguen en sus trece, siguen pretendiendo mantener la ciudad de los buenos y los malos que ellos mismos crearon para su interés particular (el del Régimen).

El alcalde representa a la ciudadanía. A toda. Ese es el label del alcalde Asiron. Algo que ellos no consiguieron en todos los años que gobernaron la ciudad.

un elegante Drácula

Bienvenido a mi casa. Entre libremente. Pase sin temor. ¡Y deje un poco de la felicidad que trae consigo!

Sigo haciendo respiraciones intentando apaciguar este ánimo violentado en la última semana más que de costumbre. Si la escritura ha sido en muchas ocasiones un bálsamo para canalizar sensaciones y emociones, en esta ocasión una vocecilla y algún compañero me han aconsejado, encarecidamente, que dejase pasar unos días, que observase y tomase distancia, si es que eso es posible estando en el epicentro del terremoto, y que siguiese, siguiésemos, analizando. Y en esas estamos. Con lo cual, tampoco hoy escribiré sobre la falta de seriedad de algunos compañeros de viaje en la Iruñea del cambio. Me queda la tranquilidad de saber que, a pesar de las dificultades, el cambio conseguido a base del trabajo de miles de personas en las últimas décadas, es imparable.

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El caso es que en estos días he estado leyendo una novela de finales del XIX, que se desarrolla a caballo entre Transilvania y Londres y que tiene como protagonista a un elegante señor que ni está muerto, ni está vivo, existe porque chupa la sangre de bellas jóvenes, niños rubios de pelos rizados e incautos paseantes nocturnos y que se retira a descansar en un ataúd. Su nombre es famoso, Drácula, su historia, esta que cuenta Bram Stoker en la obra, es la historia original, la que sucedió antes del cine.

A estas alturas quizás alguien dude de la conveniencia de tal obra en estos momentos ocasionados por el interés partidista y la irresponsabilidad de algunos, pero la verdad es que su lectura es una lectura que milagrosamente serena y logra introducirte por completo en el Londres del XIX y en la historia de un hombre atormentado, rechazado y sobre todo violento. Drácula no es el vampiro con capa negra y engominado hacia atrás al que el cine nos tiene acostumbrados desde que Béla Lugosi interpretó el papel allá por 1927, papel que mezcló con su propia vida, siendo enterrado con un disfraz de Drácula de esos que se compraban en Bazar J antes de que los chinos trajesen disfraces a precio de taller indio.

La novela se nos presenta y seguimos la historia que nos cuenta a través de cartas, telegramas, recortes de prensa y diarios de los protagonistas, salvo de Drácula que no tiene necesidad ni cuadernos suficientes para anotar su día a día en los últimos 400 años. El caso es que todo comienza con el viaje al castillo del señor conde de un joven abogado, enviado por un despacho londinense que lleva los asuntos del aristócrata sanguinario. Resulta que Drácula quiere viajar y asentarse en la ciudad del Támesis y para ello necesita poner en orden asuntos, papeles y demás. Claro que el pobre abogado, que se llama Jonathan Harker, empieza a observar cosas extrañas en su anfitrión, como que no le ve durante todo el día, que no come, que es muy blanco y tiene los labios muy rojos, que vive solo en ese inmenso castillo y que, digamos, lo ha secuestrado literalmente. En fin, que el pasante logra escapar (o le deja escapar) del castillo y de Drácula, el conde llega a Londres, mientras tanto una amiga de la prometida de Harker está cada vez más cansada, como con una abstemia primaveral de escándalo, algo que maravilla a los tres pretendientes que tiene, entre medio un loco muy loco se hace zoófago de moscas y arañas y un doctor alemán tiene que intervenir para intentar poner fin a todo el desaguisado que viene sucediéndose.

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En 1992, Francis Ford Coppola dirigió la película que nos devolvió al común de los mortales la obra original de Stoker. Gary Oldman no es Béla Lugosi, pero para mí sigue siendo el mejor conde Drácula de la historia del cine. Aristocrático, elegante, tanto que casi deseas que venga a darte un mordisco.

Una novela para quien guste de originales, para todos aquellos a los que la noche les confunde, para paseantes de cementerios, para quienes disfrutan con un señor húngaro besándoles el cuello y para aficionados a esas epístolas victorianas que, a pesar de intentarlo, son irremediablemente lascivas. Muy indicado también para quienes necesitan tomar algo con perspectiva, tanta perspectiva como la que tiene el conde valaquio tras 400 años de intensa dedicación al arte de pasear, chupar cuellos y dormir.

la revolución altruista

Casi desde que nacemos, por naturaleza, somos seres inclinados a hacer el bien, ayudar al resto de personas, desear lo mejor para las y los demás y el lugar en el que vivimos y además, no esperar nada a cambio. Desde esa temprana edad y de manera natural, somos seres que practican el altruismo. Según el diccionario de la RAE, altruismo es la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. Es decir, pese a no esperar nada a cambio, incluso, aunque eso signifique que personalmente no te beneficia, intentamos ayudar. ¿Es eso el altruismo? ¿Es algo innato o natural en las personas? ¿Estamos de acuerdo con esa definición? Entonces, ¿qué pasa para que, conforme crecemos, las personas busquemos principalmente el bien personal, de una manera egoísta?

Esta es la base de un documental que he visto este fin de semana en Filmin, un documental tremendamente positivo cuyo principal mensaje es que el altruismo puede ser el elemento principal que rija la sociedad del siglo XXI. Pero, como en todo, para cambiar algo colectivamente, hay que empezar por una y por uno mismo.

Puede que haya alguien que piense que por qué traigo este tema al blog. Y la verdad es que no es un tema que suela formar parte de un blog personal con artículos de reflexión política y social. Pero debería de ser más normal. Me explico. La gente que estamos comprometida política o socialmente es porque queremos cambiar las cosas, en principio, a mejor. Quizás, con el descrédito que dejan actuaciones demasiado extendidas entre algunas y algunos políticos, haya gente que no piense esto. Para mi la política no es simplemente militar en un partido concreto, o hacer política desde las instituciones. La política está presente en todas y cada una de las dinámicas sociales, sindicales, vecinales y populares que luchan por conseguir algo, generalmente cambiando lo que hay. Y creo que de eso trata el documental al que me refiero, lo que sucede es que, desgraciadamente, muchas veces perdemos esta perspectiva.

La inclinación natural del ser humano es ayudar a otras personas. Con muy pocos meses de vida y según indican las últimas investigaciones, los bebés favorecen a otras personas instintivamente en lo que está en su mano. Conforme pasan los meses y los años, ese instinto natural va condicionándose con elementos externos, como el modelo social y cultural. Por lo tanto, no somos seres egoístas que se mueven únicamente por intereses particulares, ni la violencia social y colectiva es la que rige nuestras vidas. Yo he conocido y conozco a muchas personas que se han comprometido en diferentes dinámicas que, de forma altruista, buscan una sociedad mejor para que las personas vivamos mejor, incluso con costes personales demasiado elevados. Pero lo solemos olvidar. El ruido mediático constante que tenemos a través de la televisión, los mensajes de las todopoderosas compañías económicas y las directrices sobre qué es bueno y qué es malo, que en todo momento recibimos a través de escaparates, anuncios, formas de vida oficiales, etc, nos impide ver la realidad.

Podemos cambiar nuestra manera de ser y de funcionar, no solo a nivel individual, sino también de manera colectiva, social e institucional. Y este cambio, poniendo el altruismo, la empatía, la colaboración y la bondad (la capacidad que tenemos las personas de hacer el bien), en primer lugar en el orden de importancia, es un elemento indispensable y necesario para el cambio político, económico, medioambiental, educativo, cultural, social, personal y colectivo.

Y lo curioso y bueno es que el altruismo es contagioso. Si vemos a alguien ayudar de manera desinteresada, inconscientemente nos sentimos animados a hacerlo también. Aunque esto es como todo. El altruismo que poseemos genéticamente, hay que trabajarlo, alimentarlo y cultivarlo. Hay diferentes medios para hacerlo, uno de ellos es la meditación, esto es, ser conscientes de ese valor. Pero hay otras maneras de alimentarlo. Además, el altruismo nos hace más felices y hace felices a los demás, lo cual es beneficioso para la sociedad.

Yo, la verdad, es que solo le veo beneficios a esto del altruismo. ¿Tu cómo lo ves?

euskera, derechos y convivencia

El año pasado, por primera vez en la historia de Iruñea, el Ayuntamiento decidió, de manera mayoritaria, hacer política incluyente y para toda la ciudad con las escuelas infantiles, en vez de hacer politiqueo partidista y excluyente, tal y como se había realizado hasta entonces. Pero lo que algunos no pudieron conseguir en unas elecciones democráticas, esto es, tener el apoyo suficiente para continuar con sus políticas frentistas y anticiudadanas, intentaron hacerlo mediante un recurso judicial. El propio juez pretendió, y de hecho puso en marcha, unas medidas cautelares para paralizar toda la campaña de matriculación en escuelas infantiles, poniendo en entredicho la continuidad de dicha campaña y la posibilidad de elección libre de centro y lengua para centenares de padres y madres. Tuvo que venir un órgano superior de la misma audiencia, para suspender dichas medidas cautelares. Hace casi una semana, el mismo juez corregido posteriormente, ha dictado sentencia en el recurso interpuesto, dando la razón a los recurrentes. El Ayuntamiento ya ha anunciado que se recurrirá, por no ajustarse a derecho. Esta claro que esto es Iruñea y que todavía queda mucho por cambiar.

Tuvieron que pasar 30 años para que el Ayuntamiento de la ciudad, ese que tiene unos presupuestos gracias a los impuestos de todos y cada uno de los contribuyentes, pusiese como prioridad a la hora de gestionar el hecho, casi insólito hasta entonces, de proteger el bien general, el bien común. Uno de esos bienes, sin duda, es la educación y la infancia un sector sensible que merece todas las atenciones. Después de más de tres décadas, se empezó a corregir una desigualdad que había sido la punta de lanza en la manera de hacer política que UPN y el Régimen en general tuvieron en los largos años que estuvieron al frente del Ayuntamiento. A pesar de la demanda de escuelas infantiles en euskera, pese a que esta ciudad tiene dos lenguas oficiales, a pesar de los indicadores favorables en cuanto a la necesidad de implantar nuevas escuelas infantiles en euskera y pese a que este es un servicio voluntario pero público, a pesar de todo eso, la realidad era insistentemente ocultada por los sucesivos concejales de educación de los gobiernos municipales de UPN y parecidos. Aunque la demanda era de un 36%, solo se atendía el 10%. Pese a que existían 17 escuelas infantiles en toda la ciudad, solo dos eran en euskera. Y eso era algo que no había cambiado desde principios de los años 80, con Balduz siendo alcalde. Más de 30 años en los que el euskera, su conocimiento y uso y su integración en la vida social, pese a las políticas contrarias de UPN, ha evolucionado muy positivamente. Esas políticas de autolesión en parte del propio bien cultural y colectivo, así como identitario de esta ciudad, en Sudáfrica, en un tiempo, lo hubiésemos llamado Apartheid. Nosotras y nosotros lo llamábamos Naparheid. En Iruñea y Nafarroa ellos lo llamaban minoría y los disfrazaban de folclore. En Iruñea, cuidado, hay quienes, en estos momentos, lo quieren disfrazar de falsa convivencia.

Las madres y padres que querían llevar a sus criaturas a una escuela infantil en euskera, muchas veces, solo les quedaba la posibilidad de hacerlo en un centro privado. No tenían las mismas posibilidades que las madres y padres que llevan a su prole a la línea de castellano. Se vulneraban sistemáticamente sus derechos ciudadanos y lingüísticos. A día de hoy, pese a las dos nuevas escuelas en euskera abiertas en el curso pasado, la desigualdad entre ambas ofertas, en castellano (incluida la que tiene algunas horas de inglés) y en euskera, es todavía patente. Hoy en día todavía no se llega a cubrir la demanda existente en euskera. El porcentaje de padres y madres que tienen que llevar a sus hijos e hijas a una escuela privada, sigue siendo mucho mayor en la opción de euskera que en la de castellano. Por eso hay que seguir trabajando en favor de las escuelas infantiles en euskera. Por eso necesitamos seguir haciendo campañas específicas en favor de la matriculación en el modelo en euskera. Porque quedan muchos años para alcanzar la igualdad de oportunidades para quien apuesta por el euskera y porque las décadas de discriminación política necesitan decisiones y dinámicas decididas en favor de este modelo. Y desde luego desde el impulso general hacia las escuelas públicas, sea cual sea el modelo lingüístico de cada una de ellas.

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Pero hay que hacerlo bien, poniendo en marcha políticas y pedagogías actuales y coherentes. Y en estas estamos cuando hay quien cree que por introducir el concepto de la convivencia entre medio ya está todo arreglado. Hay cierto sector en la izquierda en esta ciudad que cree que la diversidad cultural, política y lingüística de Iruñea hay que dejarla patente incluso en los patios de las escuelas infantiles municipales. Para ellos y ellas eso es convivencia, o por lo menos eso pretenden hacer creer. Estoy totalmente en desacuerdo con esa idea. Hoy en día el euskera sigue siendo una lengua minorizada en esta ciudad y todavía con menos oportunidades en su desarrollo, uso y por lo tanto respeto. Pretender que las niñas y niños que asisten a escuelas en euskera se mezclen con las niñas y niños de castellano en el patio y en los juegos de la escuela, es obviar el hecho de que el idioma único que empleen dichos niños será siempre el castellano, que es el idioma común de todos ellos. Y eso, se diga como se diga, se disfrace como se disfrace, no es convivencia. Eso es una irresponsabilidad política y una falta de criterio profesional como la copa de un pino. Afortunadamente los críos a esa corta edad no tienen problemas de convivencia, por mucho que algunos padres y madres y fuerzas políticas sí los tengan. Si es por convivencia, las personas, en edad infantil, no hacemos distinciones de idioma a la hora de comunicarnos y relacionarnos. A esa edad, si tienen que utilizar el castellano como lengua para comunicarse en la calle, lo harán sin ningún problema. ¿Qué problema existe para que las niñas y niños cuyos padres y madres han elegido el modelo en euskera puedan hacerlo íntegramente en las horas que están en la escuela? ¿Acaso estos niños y niñas van a desarrollar menos aptitudes de convivencia que los niños y niñas de las escuelas en castellano?¿O es que hay quien piensa que el desarrollo de la convivencia es más fácil en castellano que en euskera? De nuevo es la lógica de quien se sabe mayoría y desde el desconocimiento cree su vivencia y pensamiento el más óptimo. De nuevo es la cara de la imposición, reconocida o no, la que asoma en esa lógica.

Como digo, es un error pretender disfrazar de convivencia la imposición, consciente o inconsciente, de una lengua mayoritaria, en este caso el castellano. La convivencia consiste en respetarse desde las diferencias que podamos tener y ser diferente no es ser mejor o peor. Nadie es mejor o peor por hablar una lengua u otra. Es hora de hacer política para toda la ciudad, igualando las oportunidades para todo el mundo. Es hora de dejar los discursos dogmáticos. Es hora de vivir la convivencia, respetando los derechos de todas las personas.

El camino del cambio es largo y lleno de dificultades. Pero lo importante es seguir avanzando.

Caminando, caminando voy buscando libertad, ojalá encuentre camino para seguir caminando.

Cantaba Victor Jara. Y así es.

Artículo basado en la colaboración con Eguzki Irratia para el programa La Eskotilla, del miércoles 1 de marzo de 2017.

un mañana que hay que construir desde hoy

Ayer comenzamos el ciclo de reflexión y formación que hemos puesto en marcha desde EH Bildu Iruñea. Muchas veces el torbellino del día a día no nos ofrece oportunidades para desarrollar reflexiones tranquilas, pausadas y con la vista puesta no tanto en la inmediatez, como en el mañana. Pero como el mañana hay que construirlo desde este mismo momento, estas reflexiones con las luces largas son del todo necesarias para llevar adelante el proyecto de construir la sociedad y la ciudad que queremos para nosotras y nosotros y para las generaciones venideras.

Comenzamos el ciclo con la emisión de un documental grabado en 2014 titulado, precisamente, Mañana. El argumento sobre el cual se desarrolla es sencillo. En 2012, un grupo de científicos publicó un artículo en el que advertía que el planeta estaba llegando a un colapso real y que si no hacíamos algo estaríamos ante una etapa de extinción. Advertían que para cambiar el orden de las cosas teníamos 20 años (interpreto que nos quedan 16, entonces). El caso es que un grupo de documentalistas se embarcan en la aventura de conocer a lo largo del planeta experiencias reales de cambio, alternativas al estado actual de las cosas y ejemplos de que existen otras formas de abordar los cinco ejes fundamentales de la vida en el planeta, siempre desde el punto de vista y la acción local, poniendo a las ciudades y barrios como base para ese cambio.

Estos cinco ejes son la alimentación, la energía, la economía, la democracia y la educación.

En el apartado de la Alimentación vemos experiencias y escuchamos reflexiones acerca de la producción local de comida, huertos urbanos, la autonomía alimentaria de las ciudades, los tipos de agricultura sostenible y la respuesta al objetivo de la agricultura industrial. Es una reflexión completa sobre los ecosistemas de producción de alimentación y su impacto en nuestra vida.

En cuanto a la Energía, como no podía ser menos, trata de responder a la pregunta de si se puede vivir sin petróleo (algo que va a ocurrir más pronto que tarde). Asistimos al cambio climático en tiempo real, con un ciclo del agua totalmente alterado que está cambiando el orden natural. Experiencias en crear y construir ciudades sin emisión, autonomía energética, energías 100% renovables y energías alternativas al petróleo. Nos da también la oportunidad de pensar en la movilidad sostenible y el urbanismo de las ciudades del futuro. Finalmente reflexiona sobre los residuos que generamos y el tratamiento de los mismos.

Al llegar al apartado de la Economía nos explica, en pocas palabras, el funcionamiento del sistema económico actual y vemos cómo está basado en el crecimiento y en el consumo desmedido, en la creación del dinero a partir de los préstamos y en la importancia de la deuda para que ese sistema que solo beneficia a la banca privada siga funcionando e imponiéndose. Reflexiona sobre la autonomía y hace un profundo acercamiento a las experiencias de moneda local en diferentes partes del mundo.

La Democracia parte de la desconfianza hacia la política vieja y con los Derechos Humanos como base, explora diferentes formas de participación, democracias, espacios de convivencia y formación para la ciudadanía.

Finalmente hace hincapié en los modelos Educativos y pone como ejemplo (una vez más) el caso del sistema educativo finlandés. Una educación basada en las relaciones, en la multimetodología, en la confianza y en el consenso.

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La gente que estuvimos participando en la sesión disfrutamos bastante y tuvimos la oportunidad de acercarnos a una visión general de la necesidad de cambiar, desde la base, los cinco principales ejes que mueven nuestras comunidades.

Para mí, la reflexión final es bastante clara. Más autonomía significa más libertad de acción. Es necesario ponerse en marcha ahora para cambiar las cosas. El equipo y la comunidad son esenciales. No existe la perfección y las cosas cambian constantemente. El poder no puede quedar en manos de unas pocas personas y la fuerza reside, indudablemente, en la diversidad.

Creo que es una buena guía de cara a reflexionar y avanzar en el debate sobre el modelo social y de ciudad que queremos para las próximas décadas. Afortunadamente en nuestro entorno existen y se están desarrollando multitud de experiencias en el desarrollo de alternativas al sistema actual. Y si no existen es el momento de crearlas.

Para quien no pudo participar en la emisión del documental os dejo un enlace para que, previo pago, podáis verlo, individualmente, con la familia, colegas o con vuestras compañeras y compañeros de militancia política, social, vecinal y cultural.

Mañana, el documental.

Mañana, la web.

mejorar Iruñea

Tras un año de asentamiento y puesta en marcha, estamos comenzando el que, sin duda, será un año muy importante para Iruñea en proyectos y en ver hecha realidad multitud de reflexiones iniciadas tiempo atrás. Hace algo más de un año llegó, a base de trabajo, lucha y movilización, el cambio a nuestras vidas, con voluntad de quedarse, y lo hizo asentándose, aprendiendo y poniendo las bases para un nuevo modelo de ciudad. Pero el cambió llegó, ya está aquí y es momento de preguntarnos para qué está aquí.

A mi, en general, no me gusta este mundo tal cual está, donde unos pocos deciden y el resto tenemos que tragar. Donde una minoría se enriquece y una mayoría lucha por sobrevivir. Donde el 90% de las personas respiramos aire contaminado. Donde nos sorprendemos porque un tomate tenga sabor a tomate, cuando debiera ser lo natural y corriente. No, no me gusta. Y por eso, creo, es momento de seguir trabajando, pensando y construyendo un mundo mejor.

La clásica de “Piensa en global y actúa en local” debe y tiene que estar presente en nuestras reflexiones y análisis. Porque el manido cambio se hace realidad día a día, por millones de personas a lo largo de todo el planeta, porque las cosas no cambian sin más. La realidad cambia desde el mismo momento en que una persona decide cambiarla, por muy pequeño que sea ese cambio. Y si es un grupo de personas quienes abordan ese cambio, evidentemente el resultado es más visible. Pero cuidado, ¿cuál es nuestro objetivo? ¿Cuál es el objetivo del cambio? ¿Cambiar las cosas sin más? No, no es, ni puede ser, cambiar las cosas por cambiar. El objetivo es mejorarlas, mejorar nuestro entorno, nuestras calles y barrios, nuestra ciudad y por lo tanto mejorar la vida de las personas. Ese es el verdadero objetivo, si no, de nada vale.

Mientras tanto, quienes han estado robando, quienes instalaron la corrupción en los marcos de decisión y gestión, quienes hicieron riqueza a costa de empobrecer al resto, lo único que hacen es patalear y hacer ruido, mucho ruido. Pretenden que quienes queremos cambiar las cosas para mejorarlas, dejemos de hacerlo para atender al ruido. Pretenden llevarnos a los viejos tiempos donde la batalla consistía en gritar más que el otro. Pretenden despistarnos. Pero nuestra actual batalla es mucho más grande que dejarnos llevar a los parámetros que ellos, el Régimen, busca incansablemente. Dejemos que sigan gritando y haciendo ruido. Terminarán más sordos, si cabe, hacia lo que pide la sociedad.

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Es momento de meter velocidad en el movimiento hacia la construcción. Hay mucho que mejorar. Y aunque, comparado con otros lugares, en Iruñea, en general, se vive cómodamente, hay sectores que siguen padeciendo tremendas desigualdades e injusticias. Porque mejorar Iruñea, mejorar nuestros barrios y calles, consiste precisamente en eso, en acabar con esas desigualdades. El futuro por un mundo mejor empieza en nosotras y en nosotros y en las pequeñas ciudades como Iruñea.

No quisiera que se recuerden estos tiempos como “los del cambio”, sin más. A mi me gustaría que se recuerde todo lo que estamos viviendo y haciendo como “el momento cuando empezó todo”. Cuando empezó el equilibrio, y la sostenibilidad económica y medioambiental se asentaron como pilar de nuestra ciudad. Cuando los derechos sociales fueron iguales para todas y todos. Cuando empezó la Iruñea moderna, esa que fomenta el pensamiento, la innovación y la creación. Cuando se refundó la ciudad, convirtiéndose en la Iruñea de todas y todos, con la convivencia de la diversidad como un valor enriquecedor y protagonista de la construcción.

Tengo claro que desde hace un año, en Iruñea se vive mejor, por eso, es momento de seguir luchando, peleando y construyendo la ciudad para el futuro. La Iruñea sostenible, moderna y para todas y todos. Una Iruñea mejor.

Artículo basado en la colaboración con Eguzki Irratia en el programa La Eskotilla, del 5 de octubre de 2016.