amistad con un halcón

Después, ladeando las alas, se deslizó de costado unos cuantos metros, aleteó una vez más y comenzó a cernirse sobre lo que quiera que fuera de nuevo.

Kes es una obra de Barry Hines, hasta ahora inédita en castellano, publicada por Impedimenta, que es conocida porque fue llevada a la gran pantalla por Ken Loach, el director de cine social, autor de películas maravillosas como Tierra y Libertad, Agenda oculta o una de mis favoritas, El viento que agita la cebada, ganadora de la Palma de Oro de Cannes en 2006.

Esta novela fue la segunda de su autor, y su título original no era Kes, como la película del director independiente, sino A Kestrel for a Knave, algo así como Un cernícalo para un pilluelo. El pilluelo al que hace referencia el título original es Billy Casper, un chaval de los suburbios de una ciudad media inglesa, que vive con su madre separada y con su hermano mayor, minero, borracho y violento. La historia se desarrolla en la gris Inglaterra previa al Tatcherismo, cuando todavía las minas estaban abiertas y los obreros llevaban un mísero jornal semanal a su casa. Una historia en esa profunda Inglaterra, en la que el fracaso escolar era pan de cada día en las escuelas públicas, con las casas de apuestas como parte de esa cotidianidad, el alcoholismo presente en casi todas las familias como vía de escape del duro trabajo y el rigor y castigo pilar de la educación inglesa.

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Y en medio de este marco oscuro, Billy Casper, un pre-chav (imprescindible leer a Owen Jones), en el límite de la delincuencia, inmerso en su mundo imaginario, se lleva de su nido a un polluelo de halcón y con la ayuda de un libro de cetrería lo adiestra y enseña. Esta rapaz es para Billy, que es por otro lado uno de los personajes con más fuerza que he leído, un ejemplo de fuerza silenciosa, el elemento de donde extrae la confianza, el amor y la pasión que no encuentra en su entorno. Una luz que en su lluviosa sociedad es vital para seguir adelante. Los pasajes en donde describe su entrenamiento con el halcón son impresionantes.

Una novela para quienes echan en falta una relación sin aditivos con la naturaleza, para quienes piensan que no pueden hacer algo, para quienes están faltos de fuerza y para quienes opinan que lo diferente es un valor y una riqueza.

cabagalta imperialista

La de hoy es una de esas escenas que forman parte ya de la historia del cine y, desde luego, una muestra de maestría en la utilización de la música para acompañar un relato. Con vosotras y vosotros, el ataque de los helicópteros yankies a un poblado vietnamita, de la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, acompañado de música wagneriana.

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La película fue rodada en 1979, basada en una novela de Joseph Conrad, pero cambiando la acción de África a la guerra de Vietnam. Cuenta la historia de un soldado yankie que tiene que ir a Vietnam a matar a otro militar americano que molesta al gobierno USA. El caso es que entre drogas y drogas, alucinaciones varias y demás, se va convirtiendo, poco a poco, en la imagen del compatriota al que tiene que matar. Ganó dos oscars y la Palma de Oro del festival de Cannes de ese año.

La muy famosa escena de hoy es la de los helicópteros del Noveno batallón de la Primera División de Caballería (Aerotransportada) bombardeando el poblado vietnamita, todo ello ambientado con música de Wagner. La música en cuestión, es parte de la ópera La valquiria, Die Walküre, WWV 86B, y se trata de la Cabalgata de las valquirias. Parece ser que Coppola cogió la idea de la Alemania nazi, ya que en los audiovisuales de la Luftwaffe, para instrucción de los cadetes, se utilizaba también, como aliciente. En la escena se ve como, en un momento, ponen la música desde los altavoces de uno de los helicópteros para “animar” al batallón. Esta es la escena. No tiene muy buena imagen, pero no he podido encontrar la escena completa con mejor calidad:

Die Walküre es una ópera en tres actos con música y libreto en alemán de Richard Wagner, la segunda de las cuatro óperas que componen el ciclo de El anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen), y la que se representa más asiduamente, incluso separada del ciclo completo. Se estrenó en Munich el 26 de junio de 1870. El fragmento más conocido de esta ópera es, sin duda, la Cabalgata de las valquirias, que es la introducción al tercer y último acto, describiendo a las guerreras semidiosas. Os dejo con una representación del mismo:

En cuanto a las grabaciones de la misma, por un lado, grabación completa del ciclo Der Ring des Nibelungen (El Anillo del Nibelungo), la de Barenboim para Warner en 1993-1994 es espectacular y de la ópera suelta, Die walküre, del ciclo de Solti para Decca en 1965, recientemente reeditada en 2013 y la de Thielemann para el Festival de Bayreuth, editada por el sello Opus Arte, en 2010, son magníficas.

un Verdi muy italiano, evidentemente

La entrada de esta semana hace referencia a una película impresionante, de un director que es maestro de la historia del cine, con una música de uno de los mejores compositores que ha habido y que utiliza partes de una de las óperas más famosas de todos los tiempos. Vamos, palabras mayores. La escena de hoy corresponde a la película El gatopardo, de Lucino Visconti, que tiene música de Nino Rota, pero que en la escena comentada hace uso de partes de La Traviata, de una manera muy curiosa.

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Era 1963 y el director de cine aristócrata Lucino Visconti di Modrone, filmaba una historia sobre una familia aristocrática en los tiempos del Risorgimento, o unificación italiana, basada en una obra, del mismo nombre, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Esta reflexión sobre la decadencia estaba protagonizada por Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale y obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes. Considerada, con razón, obra maestra del cine europeo de los sesenta, tiene en su puesta en escena y la recreación de la época que relata, uno de los principales ingredientes para que no os la perdáis. Pero vamos a la escena.

Como las tropas de Garibaldi están ya invadiendo Sicilia, el príncipe de Salina se refugia, con toda su familia, en la casa de campo que posee en Donnafugatta. Tras un viaje en carruajes, con un polvo siciliano que es parte de la propia historia, llegan a la localidad, cansados, sucios, polvorientos y con todo el pueblo esperándoles para darles la bienvenida, banda incluida. Lo curioso es que la banda toca, con un sonido de banda de pueblo de finales del XIX, ni más ni menos que la música de un coro de la ópera de Verdi, La Traviata, titulado Noi siamo zingarelle (somos las gitanas). Tras hacer el desfile entran en la iglesia para asistir a una celebración, y lo hacen al ritmo de la música de órgano que toca, de nuevo, otra parte de La Traviata, en este caso la desgarradora declaración de Violeta a Alfredo tras haber hablado con el padre de este, en el impactante Amami, Alfredo. En fin, que la escena queda tremendamente italiana y la banda y el órgano interpretando la ópera quedan como si hubiese sido escrita para banda y órgano. A ver qué os parece.

Y aquí os dejo los vídeos con las partes de la ópera La Traviata. El primero el coro Noi siamo zingarelle, de la fiesta en casa de Violeta del II Acto, a partir del minuto 1:03, que es la música de la banda:

Y finalmente la parte que toca el órgano a la entrada de misa, en este caso el Amami Alfredo, también del Acto II, en una interpretación de Anna Netrebko:

La Traviata es una ópera que compuso Giuseppe Verdi en 1853 y está basada en la obra de Alexandre Dumas, La Dama de las Camelias. Cuenta la historia de amor entre Violeta Valery y Alfredo Germont, una historia difícil que cuenta con la desaprobación de la familia de él ya que Violeta es una conocida cortesana. El caso es que, por amor a Alfredo, Violeta lo abandona y se refugia en su casa parisina donde coinciden en una fiesta donde él la rechaza publicamente por despecho. En el tercer acto vemos a Violeta enferma de tuberculosis y recordando constantemente a Alfredo, que tras enterarse de su enfermedad va a visitarla para conocer, poco antes de su muerte, que ella lo sigue amando. ¡Puro drama!

Esta ópera, que no tiene nada que ver con las óperas históricas de Verdi, es psicológica, intimista y narra los sentimientos y pensamientos de los personajes. Se puede decir que Verdi llegó a la madurez con esta obra. Su parte más famosa es el archiconocido brindis del Acto I, donde los protagonistas y el coro cantan al unísono el consabido Libiamo libiamo… Los preludios de los actos I y III son dos piezas orquestales también de una belleza extraordinaria. Si alguna vez tenéis oportunidad de verla en directo en un teatro no dudéis un solo instante, ya que es en vivo, cuando se logra entender totalmente. Si no, siempre podéis verla en cualquiera de los vídeos que rulan por ahí. Otra de las posibilidades es coger un día la ópera en casa y seguirla con el libreto. Os aseguro que a partir de entonces cada vez que la escuchéis disfrutaréis cien veces más. Esto, por cierto, ocurre con cualquier ópera, incluso, con cualquier obra músical.

Entre las cientos de versiones existentes os voy a recomendar dos. La primera es una versión completa, con una Renata Scotto en el papel de Violeta y un Alfredo Kraus en el de Alfredo, dirigidos por Ricardo Muti para el sello EMI en una grabación de 1982.

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La segunda tiene como protagonista a la mejor Violeta de todos los tiempos, María Callas. El único pero, es que el sonido de las grabaciones de Callas en esta ópera no son muy buenas. La versión que os presento es una grabación del Coro y Orquesta del Teatro Sao Carlos de Lisboa, del año 1958.

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