lo nuevo de Gardiner

Sir John Eliot Gardiner ha grabado un nuevo disco dedicado a Johann Sebastian Bach, su compositor de referencia y a quien ha dedicado buena parte de su vida musical. Lo ha hecho con una nueva grabación del Magnificat en versión de 1723, catalogada con el número BWV 243a, cuando por lo general las grabaciones suelen hacerse en base a la versión revisada de 1733, la BWV 243. El caso es que esta es la segunda ocasión en que Gardiner graba el Magnificat, ya que en noviembre de 1983 lo hizo en el que ha sido, sin duda, referencia en las grabaciones de la obra y de toda la discografía bachiana. En aquel disco la versión elegida fue la de la década de los 30 (hay quien la sitúa entre 1728 y 1731 o entre 1732 y 1735), la BWV 243.

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Este primer Magnificat fue compuesto para la Navidad de 1723 en tono de Mi bemol y cuenta con una pareja de flautas de pico que en la segunda versión fueron sustituidas por traverseras y oboes. Si bien todos los números de coros y arias son iguales en las dos versiones, la orquestación es más rica y completa en la siguiente versión, aunque en esta primera gana en sencillez. El Magnificat forma parte del servicio de Vísperas, una función de tarde que en el culto luterano se denominaba Abendgebet, Andacht o Vespern. Ordinariamente se cantaba en alemán, pero en fiestas de especial relieve, como Navidad, se cantaba en latín. La característica principal de la versión de 1723 es la inclusión de cuatro Lauda, que eran canciones de Navidad que se solían cantar por la calle y eran muy conocidas en el Leipzig de aquella época. La inclusión de estos números está anotado por Bach en el propio manuscrito y algunos de ellos, antiguos, son de una belleza sencilla.

Gardiner, en las notas del CD, afirma que Bach, en sus primeras navidades en Leipzig, tuvo una oportunidad de oro para afianzar su puesto como Cantor de Santo Tomás y que, desde luego, no lo desaprovechó. Los feligreses de las funciones de aquellas navidades tuvieron que quedarse maravillados con esta obra, con la orquestación propuesta y con unos números cortos que le dan ligereza a la propia narración del Magnificat. Una obra compuesta para orquesta completa, acorde con la solemnidad de la fiesta y con cinco partes vocales que requieren un virtuosismo por parte de los interpretes como seguramente nunca se habría visto en Leipzig. Comienza con el impresionante coro inicial y luego va desarrollándose con las sucesivas arias y coros, en un deslumbrante mosaico de lo grande y lo pequeño. Llaman la atención en esta grabación, la delicadeza del Quia respexit, con una soprano absolutamente deliciosa, cuya serenidad queda rota sin previo aviso por la fuerza del Omnes generationes que tuvo que dejar pegados a sus bancos a quienes asistían a la celebración. Et misericordia vuelve a ser, en forma de dúo, una demostración de la capacidad de Bach para trasladar los sentimientos a la música.

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El disco se completa con una nueva versión de Gardiner de la Cantata BWV 151Süßer Trost, mein Jesus kömmt, una de las favoritas del director inglés, que ya grabó en su epopeya de 2000 en la que recorrió el mundo en un peregrinaje a través de las cantatas, con una grabación completa de las más de 200 cantatas bachianas que se conservan, a través de más de 50 conciertos. Esta cantata fue compuesta en 1725 para el Tercer día de Navidad y es una composición que invita a la contemplación del niño, en una especie de nana que canta la propia madre. Preciosa, la verdad. Por cierto, en el libreto del disco, Gardiner sugiere que en el aria que abre la cantata, un aria de consuelo para soprano sobre una base de flauta, la melodía de la flauta podría tener origen en la música popular vasca.

Acompaña a esta dos obras una tercera, la Misa en Fa mayor, BWV 233, una de las cuatro misas conocidas como misas luteranas, o también misas brevis, compuesta en 1738. Esta obra consta de seis partes (como las otras tres misas luteranas) parodias de otras tantas partes de cantatas anteriores. Estas misas han sido injustamente infravaloradas en el catálogo bachiano, pero Gardiner, una vez más, la ejecuta con tal frescura que la hace una delicia.

Un disco, en definitiva, merecedor de formar parte de la discografía de cualquier aficionado a Bach que se precie.

el orgasmo de David

Vamos a ver. La obra es un concierto para clave escrito por Johann Sebastian Bach que originariamente, parece ser, el primer y tercer movimiento eran parte de un concierto para violín perdido (me muero con esta clase de pérdidas) y el movimiento central, objeto de esta entrada, proviene de un concierto para oboe, también perdido (vuelvo a morir). El Concierto para clave nº 5 en fa menor, BWV 1056, fue seguramente escrito hacia 1742, dura unos diez minutos y en la partitura original acompañan al clave violines I y II, violas y un continuo de violonchelo y violone. Este fue el primer concierto para clave en el que el compositor rebajó sustancialmente el acompañamiento para dar el máximo protagonismo al instrumento protagonista. No soy muy aficionado a las interpretaciones al clave, me gustan más al piano, qué se le va a hacer. De entre las versiones al clave me gusta esta de Andreas Staier, aunque seguramente una de las más clásicas y valoradas sea la versión de Trevor Pinnock con The English Concert.

El caso es que ese segundo movimiento es el Largo, que no quiere decir que sea más extenso, si no que su tiempo es más lento y además, en este caso, está escrito en una tonalidad diferente a los otros dos tiempos, en la bemol mayor. Este movimiento me ha gustado de siempre, crea en mi una serenidad absoluta e incluso puede arrancar, de hecho lo hace, unas lágrimas por ser tan sublime. A Bach debía de gustarle también, ya que lo utilizó en la sinfonía que introduce la cantata Ich steh mit einem Fuß im Grabe, BWV 156, una cantata religiosa de 1729 para el Tercer domingo después de la Epifanía. Por lo tanto este movimiento del antiguo concierto de oboe fue utilizado primero en esta cantata.

Y entonces es cuando me encuentro con un CD que, si bien es bastante conocido, seguramente por la publicidad que le hicieron en su momento, no es, por lo menos no para mí, la mejor grabación al piano de estos conciertos. El pianista, con una pinta de niño de papá que no se aguanta, casado con la hija de un famoso director de orquesta, con un flequillo que ni Kortajarena, se llama David Fray. Pero va y el tipo, el niño pijo, toca el segundo movimiento, el Largo, con una sensibilidad extrema, como pocas veces se puede presenciar. Llevo días que no puedo dejar de ver el vídeo donde ejecuta esta parte. Su cara, mientras toca el piano, me atrae de tal manera, que todas las veces que he visto el vídeo han caído unas lágrimas. Quizás parezca una exageración, pero a cada cual le llega la emoción de fuentes de lo más diversas. Esa cara de David, porque con la de veces que le he visto en el vídeo no me queda ya más remedio que llamarle por su nombre, esa cara, decía, es la cara de alguien que está sintiendo tan hondo la música que interpreta, que parece que está llegando a un orgasmo, en este caso múltiple. Y yo, de verlo y escucharlo, también.

Seguramente haya quien después de haberlo visto haya pensado en ese otro maravilloso pianista que fue Glenn Gould. Y la verdad es que el flequillos tiene mucho de sus histerismos, sus manías y tal. Y claro, entre original y copia, yo prefiero el original. Pero cuidado. No digo que el tío no sea bueno, que de hecho lo es. He dicho que de este concierto hay grabaciones que me gustan mucho más.

Os dejo las portadas de algunas de algunas de las, para mí, mejores grabaciones del concierto y también del propio álbum de donde proviene el vídeo del orgasmo. Hay versiones en el original clave, al piano y con otros instrumentos como el violín, la viola de gamba, el oboe o la mandolina.

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Y aquí tenéis la lista del Spotify. Felices orgasmos.