ciudades sostenibles, espacios de calidad

Este pasado domingo, algún medio publicó un artículo de opinión que en nombre de EH Bildu firmamos tres bilkides. En EH Bildu creemos que el debate sobre el modelo de ciudad debe ser constante, tranquilo y con posibilidad para que participe todo el mundo. Qué duda cabe que quienes se oponen a un cambio en ese modelo del cemento, el coche y las grandes superficies que crearon, utilizarán todos los medios a su alcance para manipular, despistar y desviar el propio debate. Por eso es necesaria la información directa, el contraste de opiniones y las reflexiones conjuntas. Ese es el objetivo principal de este artículo. Espero que sirva aunque sea para dedicarle 4 minutos tranquilos y conscientes. Gracias por vuestra atención.

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Cada día se aprecia una mayor sensibilización respecto al concepto de movilidad sostenible. Muchas ciudades y áreas metropolitanas de referencia planean alternativas al uso generalizado del coche particular, para evitar los problemas medioambientales, de salud y sociales que ocasiona su uso exagerado como modo de transporte. El objetivo central de la movilidad y de las ciudades sostenibles es mejorar la calidad del espacio urbano y construir una ciudad más accesible, dinámica, segura, sostenible, viva y respetuosa, en la que sus protagonistas sean las personas.

Los beneficios de los modos de desplazamiento sostenibles, se centran en conseguir una ciudad más limpia, con menos contaminación y donde desplazarse sea más sencillo, agradable y económico. En definitiva, se busca mayor bienestar económico y social, colectivo y personal.

Quienes apostamos por un nuevo modelo social, económico y cultural para Iruñea, tenemos que adoptar una nueva hoja de ruta en favor del bienestar urbano sostenible. Para eso necesitamos ciudades incluyentes, accesibles, conectadas y compactas. Debemos asegurar que la ciudad se mantiene como espacio de innovación, equilibrio, impulso económico y bienestar. Hacia ahí se dirige Pamplona, y nuestra apuesta es seguir comprometidos en devolver a la ciudadanía el protagonismo que, el sometimiento al cemento y a los vehículos privados, le han robado en el pasado.

El proyecto piloto de caminos escolares, iniciado en el barrio de Iturrama, es un magnífico ejemplo para comprender la importancia de transformar nuestras calles y barrios hacia entornos más seguros y agradables, donde las plazas y parques, las calles y las aceras peatonales recuperen un papel predominante y se conviertan en un espacio que acoja habitualmente los desplazamientos diarios de las niñas y niños a sus centros escolares.

Desde EH Bildu queremos seguir la estela de las ciudades innovadoras, solidarias y amables europeas. La selección de Pamplona para el proyecto Stardust, ayudará a convertir Pamplona en una ciudad de referencia e inspiración para al resto de las ciudades europeas en cuanto a energía y ciudades inteligentes y sostenibles.

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Las ciudades modernas, deben orientarse a mejorar el confort de la ciudadanía, siendo cada vez más eficaces y brindando nuevos servicios de calidad, mientras que se respetan al máximo los aspectos ambientales y el uso prudente y en declive de los recursos naturales no renovables.

La conciencia de que los recursos naturales no son ilimitados está cada vez más extendida. El modelo de las ciudades está cambiando entorno a esa conciencia. Hábitos que hasta hace pocos años eran habituales hoy son ya extraños. Nadie concibe centros de ciudades llenas de coches, como nadie permitiría hoy fumar en hospitales, escuelas y autobuses. El planeta necesita respirar y las ciudades deben apostar por ello desde políticas concretas.

Esta conversión de las grandes ciudades en urbes inteligentes afecta también a las políticas de movilidad en Pamplona y debemos apostar por modelos con un trasfondo equiparable a la realidad de muchas ciudades del centro de Europa: un tráfico pacificado, alejado de los centros urbanos y soluciones a nivel de infraestructuras para facilitar el movimiento a peatones, bicicletas con carriles independientes de la circulación motorizada y medios de transporte público de calidad y eficientes. 

Los cascos urbanos de las ciudades crean progresivamente espacios y ecosistemas de movilidad más amables y atractivos para el peatón que, más allá de los ritmos de cambio de mentalidad que requieren, conllevan en el medio plazo un mayor atractivo. También en Pamplona debemos caminar en esa senda, porque lamentablemente en los últimos 30 años el coche se ha apoderado del espacio público de Iruñea de forma trágica. Estamos pagando los malos humos de anteriores gobiernos municipales.

Apuestas como el plan de amabilización del centro, las peatonalizaciones y los corredores sostenibles, la modernización de los barrios, la apuesta por la economía de proximidad y circular (con ambiciosos planes estratégicos, proyectos de economía solidaria como Geltoki y cuantiosas inversiones en los mercados de la ciudad), etcétera, a la larga repercuten en que las personas y la actividad económica se vuelvan del extrarradio al corazón de la ciudad. En esta realidad, influyen mucho el transporte urbano de creciente calidad y el público más joven, que crecen en esos nuevos procesos e interioriza esas situaciones.

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Nos encontramos por lo tanto ante una gran oportunidad de proyectar nuestro futuro, de recuperar el espacio público para la vida social y comercial y para nuestra salud y bienestar. Estamos, ante una oportunidad única de participar en la planificación del entorno en el que queremos vivir. Por ello, queremos insistir en la importancia de que todas las personas y agentes implicados participemos en los proyectos de cambio de la ciudad, que han sido abiertos y flexibles desde sus inicios y así deben continuar. Para que todas las personas y colectivos podamos realizar nuestras aportaciones y ser atendidos mediante una escucha continua. Una participación constructiva será la mejor forma de avanzar hacia proyectos positivos y transversales, que conjuguen los intereses de todos y todas, e impulsen los cambios necesarios para que Pamplona evolucione hacia una ciudad sostenible y de calidad. Debemos seguir construyendo una ciudad de bienestar para todas y todos.

Garat Gaztelu, Marijose Mangado y Dani Saralegi, en nombre de EH Bildu Iruñea

en bici

Casi todas las mañanas cojo la bici para ir al trabajo que, por otra parte, no está muy lejos de mi domicilio. Poder ir en bici todas las mañanas me ofrece, o mejor dicho, me ofrecía uno de los pocos momentos de tranquilidad y consciencia de todo el día. Siempre he dicho que no hay más que ver la actitud y la cara de las personas a las ocho de la mañana y observar las diferencias entre quienes van andando, en coche o en bici. En la mayoría de los casos quienes van en coche suelen tener una cara preocupada, o enfadada o tensionada y en demasiadas ocasiones la actitud de estas personas es violenta, nerviosa y enfadada. Quienes van andando van a lo suyo, sumidas en los miles de pensamientos que ocasiona nuestra mente o preocupándose por lo que tiene que hacer ese día o lo que hizo el día anterior, cuando no pensando en que dentro de unos meses disfrutarán de unas vacaciones. Esta gente va, vamos muchas veces, pasando por la calle sin ser conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Por otro lado quienes van en bici suelen tener la cara más relajada, sonriente en muchas ocasiones, observando. En muchísimas ocasiones me he sorprendido silbando o cantando mientras transcurría por una calle en bici.

La cuestión es que, para mi, andar en bici es un acto simple de meditación y consciencia plena. ¿Por qué digo esto? Porque para andar bien en bici tenemos que poner todos nuestros sentidos y consciencia en el hecho que realizamos, esto es, andar en bici. Es quizás uno de los escasos actos conscientes que realizan o realizamos la mayoría de las personas cuando cogemos la bici. Y lo hacemos de manera natural.

¿Y cuál es la diferencia con coger el coche o ir andando? La gran, grandísima diferencia, es que andando en bici estamos ahí, es decir, estamos en la calle, observando desde ahí mismo, sintiendo la calle, lo que ahí ocurre, el estado de la temperatura, etc. Somos mucho más conscientes de la ciudad o del lugar por donde transcurridos. Estamos y somos en la calle. Cuando circulamos en un coche vamos dentro de un armazón que nos impide estar y ser en el lugar. Vemos la realidad desde una ventana. No estamos plenamente en ella.

¿Qué os parece esta reflexión? ¿Alguna vez habíais pensado algo así?

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La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibro hay que seguir pedaleando.

Albert Einstein

Terminado el libro de Pedro Bravo, Biciosos, me surgen algunas reflexiones que me gustaría compartir. Vaya por delante que el libro es justo eso, una invitación a la reflexión y al análisis del papel de la bici en las ciudades del siglo XXI. Y vaya por delante también que no tengo coche, que tengo una bici plegable porque me jodió que me robasen la que no se doblaba y que me jodió más cuando el munipa se sorprendió cuando al preguntarle qué iban a hacer, que no la utilizo tanto como debiera y que mi principal medio de transporte en esta ciudad del coche es a pata y que soy consciente de que esto es así porque vivo en el centro y tengo la inmensa suerte de trabajar, principalmente, en el centro.

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El libro, más allá de vendernos las virtudes para las personas de un medio de transporte hecho a la medida de la ciudad, nos empuja a reflexionar de manera comunitaria sobre las bondades que la bicicleta supone para un nuevo modelo de ciudad sostenible en todos los aspectos.

El título comienza con unos capítulos en torno a la historia de la bici, qué es, de dónde viene, etc. Y en estos capítulos es curioso conocer cómo la bici, la idea de la bici es algo de finales del siglo XVIII que se quedó ahí, en los finales de ese siglo por culpa del desarrollo de otros inventos como la máquina de vapor, el motor de combustión, el automóvil y demás. Y es que lo que parecía una buena idea para sustituir al caballo, más barato, sin tener que darle de comer ni con necesidad de unos cuidados especiales se quedó durante bastantes décadas en el cajón de los inventos, como una curiosidad casi de circo. Y esto te hace pensar que la vida de la bici ha sido jodida desde sus comienzos en su convivencia con el coche. La agresividad motora comenzó desde su propio nacimiento. La sociedad del coche, esta en la que vivimos por ahora, no ha sido ni es una sociedad especialmente pródiga en convivencias con otras maneras de trasladarse por la ciudad; ni con peatones, ni mucho menos con bicis.

En los capítulos posteriores ahondan en esa, hasta ahora, nada buena relación entre la bici el coche. Y ahí es donde Pedro Bravo nos ofrece elementos para reflexionar sobre el actual modelo de ciudades, sobre los elementos principales de las bicis y los coches en la ciudad y sobre si es mejor una bici o un coche para andar por la ciudad. E inevitablemente hago la reflexión desde lo que conozco, desde Iruñea y el análisis, no por desconocido, no es nada halagüeño. Iruñea, como ciudad que se expandió y rompió sus murallas en el siglo XX, es, hasta ahora, una ciudad del, por y para el coche. Más allá de una política urbanística para las personas, esta ciudad se ha ido construyendo en base a las necesidades del coche, con una penosa política de movilidad y una inexistente política de accesibilidad. Los barrios diseñados a partir del ensanchamiento de la ciudad se han ordenado alrededor de las avenidas que los cruzan. El Casco Histórico de la vieja Iruñea, Alde Zaharra y los Ensanches, son como un queso gruyere llenos de parkings para que los coches puedan acceder a esa zona que han convertido en parques temáticos del ocio y el consumo. Los carriles bici, o como se le pueda llamar a semejante despropósito, se han hecho quitando espacio al peatón y nunca al coche. Iruñea no es una ciudad muy diferente a otras en este aspecto. ¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar que las propias normas de tráfico están hechas para los coches y peatones y que las bicis tienen que acomodarse a las mismas? ¿Cómo podemos seguir funcionando con unas reglas de juego pensadas hace décadas con, por ejemplo, semáforos para coches y peatones, pero no para bicis? ¿Cómo puede haber todavía gente que piensa que las calzadas y carreteras se pagan con el impuesto de circulación que sólo quienes poseen un coche pagan? ¿Por qué pasa todo esto? Pues porque ese modelo de ciudad es el que le venía bien a un sistema basado en el consumo, en la especulación y el control. Y digo le venía porque está claro que este modelo está agotado y que, incluso el propio sistema, tiene que ir empezando a pensar en otro modelo sostenible. De nosotras y nosotros depende que ese nuevo modelo lo hagamos la gente de la calle y no desde los despachos de instituciones y multinacionales.

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En cuanto a las virtudes que para una persona supone utilizar la bici son muchas y no os las voy a descubrir. Mejora del estado físico, más felicidad, sí, más felicidad (haced una prueba y comparad las caras de las personas a las ocho y media de la mañana cuando van al trabajo, en coche, en bici o andando… Y me contáis quién os parece más feliz). La bici aporta tranquilidad y sosiego. Se ve la vida y la ciudad de otra manera, a otra velocidad, en otra dimensión. Sí, ya se que esto sí que parece un poco hippie, pero es que es verdad. Joder, que no soy el único que piensa eso, ¿no? Al moverte en bici tienes que ir con los cinco sentidos en lo que haces, es decir, tienes que ser plenamente consciente del momento. ¡Toma ya! Es una manera de hacer meditación como otra cualquiera, lo curioso es que no tienes que sentarte en posición de loto… Colectivamente es sostenible por los cuatro costados. No produce contaminación, produce buen rollo, mejora el estado de salud de las personas, con lo que repercute positivamente en el sistema sanitario, no ocasiona tanto desgaste a la vía pública como un coche, con lo cual hay que gastar menos en arreglar desperfectos de la calzada. En resumen, la bici es el medio de transporte urbano más rentable, eficaz, sencillo, silencioso, barato, limpio, sano, chic, atemporal, no invasor, independiente, pacífico, que aumenta la calidad de vida y de la propia ciudad, etc. Y así podríamos estar horas y horas, casi tantos capítulos como tiene el libro.

No tengo ninguna duda que el futuro de la movilidad de Iruñea pasa por la bici y por la coexistencia y convivencia entre bici, peatón y transporte público. Y también pasa, por mucho que haya a quien no le guste esto (y no solo me refiero a la derecha y al sistema), pasa, decía, por el arrinconamiento del coche en la ciudad. No hay otra. Pero para aplicar políticas que avancen en este aspecto se necesita valentía, como muchos alcaldes a lo largo y ancho del planeta que han apostado, decidida y realmente, por la bici como el mejor medio de transporte en una ciudad. Hasta que en Iruñea no tengamos a alguien valiente al frente del ayuntamiento seguiremos dando pasos de hormiguitas, por cierto, pasos necesarios que podemos y debemos ir dando quienes creemos en otro modelo de ciudad.

Última reflexión para todo el mundo: “La bici ha dejado de ser un medio de transporte alternativo para ser la alternativa”. Ahí es nada.