el orgasmo de David

Vamos a ver. La obra es un concierto para clave escrito por Johann Sebastian Bach que originariamente, parece ser, el primer y tercer movimiento eran parte de un concierto para violín perdido (me muero con esta clase de pérdidas) y el movimiento central, objeto de esta entrada, proviene de un concierto para oboe, también perdido (vuelvo a morir). El Concierto para clave nº 5 en fa menor, BWV 1056, fue seguramente escrito hacia 1742, dura unos diez minutos y en la partitura original acompañan al clave violines I y II, violas y un continuo de violonchelo y violone. Este fue el primer concierto para clave en el que el compositor rebajó sustancialmente el acompañamiento para dar el máximo protagonismo al instrumento protagonista. No soy muy aficionado a las interpretaciones al clave, me gustan más al piano, qué se le va a hacer. De entre las versiones al clave me gusta esta de Andreas Staier, aunque seguramente una de las más clásicas y valoradas sea la versión de Trevor Pinnock con The English Concert.

El caso es que ese segundo movimiento es el Largo, que no quiere decir que sea más extenso, si no que su tiempo es más lento y además, en este caso, está escrito en una tonalidad diferente a los otros dos tiempos, en la bemol mayor. Este movimiento me ha gustado de siempre, crea en mi una serenidad absoluta e incluso puede arrancar, de hecho lo hace, unas lágrimas por ser tan sublime. A Bach debía de gustarle también, ya que lo utilizó en la sinfonía que introduce la cantata Ich steh mit einem Fuß im Grabe, BWV 156, una cantata religiosa de 1729 para el Tercer domingo después de la Epifanía. Por lo tanto este movimiento del antiguo concierto de oboe fue utilizado primero en esta cantata.

Y entonces es cuando me encuentro con un CD que, si bien es bastante conocido, seguramente por la publicidad que le hicieron en su momento, no es, por lo menos no para mí, la mejor grabación al piano de estos conciertos. El pianista, con una pinta de niño de papá que no se aguanta, casado con la hija de un famoso director de orquesta, con un flequillo que ni Kortajarena, se llama David Fray. Pero va y el tipo, el niño pijo, toca el segundo movimiento, el Largo, con una sensibilidad extrema, como pocas veces se puede presenciar. Llevo días que no puedo dejar de ver el vídeo donde ejecuta esta parte. Su cara, mientras toca el piano, me atrae de tal manera, que todas las veces que he visto el vídeo han caído unas lágrimas. Quizás parezca una exageración, pero a cada cual le llega la emoción de fuentes de lo más diversas. Esa cara de David, porque con la de veces que le he visto en el vídeo no me queda ya más remedio que llamarle por su nombre, esa cara, decía, es la cara de alguien que está sintiendo tan hondo la música que interpreta, que parece que está llegando a un orgasmo, en este caso múltiple. Y yo, de verlo y escucharlo, también.

Seguramente haya quien después de haberlo visto haya pensado en ese otro maravilloso pianista que fue Glenn Gould. Y la verdad es que el flequillos tiene mucho de sus histerismos, sus manías y tal. Y claro, entre original y copia, yo prefiero el original. Pero cuidado. No digo que el tío no sea bueno, que de hecho lo es. He dicho que de este concierto hay grabaciones que me gustan mucho más.

Os dejo las portadas de algunas de algunas de las, para mí, mejores grabaciones del concierto y también del propio álbum de donde proviene el vídeo del orgasmo. Hay versiones en el original clave, al piano y con otros instrumentos como el violín, la viola de gamba, el oboe o la mandolina.

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Y aquí tenéis la lista del Spotify. Felices orgasmos.

música en el silencio

De nuevo Bach protagoniza la escena que os traigo hoy. Una escena en la que una persona intenta explicar la música que escucha a otra persona, en este caso, sorda. La escena pertenece a la película de 1986 Hijos de un dios menor, dirigida por Randa Haines y protagonizada por William Hurt y Marlee Matlin que resultó ganadora del Oscar a la Mejor Actriz ese mismo año.

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La película cuenta la historia de una relación entre un profesor de dicción en una escuela para personas sordas y una de las alumnas. En la escena se puede ver cómo la mujer, que ha puesto una música en el tocadiscos y empieza a sonar, pregunta al hombre cómo es la música que suena. La melodía en cuestión es el Largo ma non tanto del Concierto para dos violines en re menor, BWV 1043, de Johann Sebastian Bach. El juego entre los dos violines es más que evidente en este movimiento lento y es eso precisamente lo que intenta explicar el profesor a la alumna haciendo un símil con la relación entre dos personas que se atraen entre sí. He intentado imaginarme cómo explicaría yo esa música a alguien que no la puede escuchar y verdaderamente es difícil ir más allá de las sensaciones que te pueda producir. Por eso, después, he vuelto a ver la escena y me ha parecido maestra  la explicación de Hurt. Os dejo con la escena y perdón porque, en momentos, desafina…

Seguramente esta sea una de las mejores obras instrumentales que Bach ha dejado como herencia al mundo entero. Así, sin exagerar. Parece ser que el concierto data de la época en que Bach estuvo de maestro de capilla en Cöthen, entre 1717 y 1723. El único manuscrito del que actualmente tenemos constancia es una copia de los años de Leipzig, entre 1730 y 1731, que hizo el mismo Bach. Y del contexto histórico poco más se sabe. Consta de tres movimientos, Vivace, Largo ma non tanto y Allegro. El centro de este concierto es, precisamente el protagonista de la escena comentada, el segundo movimiento. Un movimiento donde la música habla por sí misma. Un pasaje delicado, tierno, melancólico que va creciendo en un tema de impresionante belleza. Hacia la mitad del movimiento, con sencillez y elegancia, Bach construye uno de los mejores duetos instrumentales de toda la música. El equilibrio entre los dos violines es perfecto, impecable. Ambos parecen dialogar con su propio lenguaje. Y es precisamente en este punto donde te das cuenta de cómo este dueto tiene un lado maravillosamente humano, como si los violines fueran dos personas que están hablando. Y es por esto que por lo que finalmente reconoces la perfección en la elección de la música para la escena. Una belleza impresionante. Como curiosidad señalar que parte del primer movimiento se utiliza también en la sinfonía de la cantata BWV 52 y parte del tercero en el coro de apertura de la cantata BWV 207.

Aquí tenéis una grabación histórica del movimiento. Se trata de, ni más ni menos, Yehudi Menuhin y David Oistrach en una grabación del 24 de octubre de 1958, en la Sala Pleyel de Paris.

Entre las dos versiones que os aconsejo está, por un lado, la que, en 2002, hizo Hilary Hahn (acompañada de Margaret Batjer) para el sello alemán Deutsche Grammophon, en donde el lirismo de ese segundo movimiento es interpretado de una manera muy elegante. En la segunda la maestría de un padre y su hijo me conmueve cada vez que lo escucho. Se trata de la grabación de 1960 que David e Igor Oistrach hicieron junto a la Leipzig Gewandhaus Orchestra.

concierto peligroso

La escena que presento hoy es, para mi, el momento clave de una película que, en su momento, me impactó. Tras ver Las amistades peligrosas, quedé maravillado de aquella historia, de la ambientación de la película, los lugares que aparecían en ella, los trajes y vestidos, su música, John Malkovich, Michelle Pfeiffer, Uma Thurman, Keanu Reeves y sobre todo una impresionante, en todos los sentidos, Glenn Close, con la cual estuve a punto de convertirme en un fan friki. Es lo que tiene la adolescencia.

La película, dirigida en 1988 (joder cómo pasa el tiempo) por Stephen Frears, cuenta la extraordinaria historia de La Marquesa de Merteuil que, por despecho hacia su amante que la acaba de abandonar, se alía con otro antiguo amante, el Vizconde de Valmont, para que desvirgue a la que será la esposa de su ex, que además es la hija de su prima. Un lío. La cuestión es que el tal Valmont, que es un pieza de cuidado, está ahora intentando montárselo con Madame de Tourvel, una beata casada, así que la marquesa le propone un juego en el que ella hará lo posible por ponerle a la beata en bandeja, con la condición de levantarse a la virginal Cécile. El final, como no puede ser de otra manera, se desmadra, alguna se muere, a otros les matan y para desgracia de la marquesa, todo París se entera de lo sucedido. La escena final de la película es de las de antología.

En cuanto a la escena que traigo, se trata de la victoria de Valmont sobre la joven Cécile (a la fuerza…), como consigue acostarse con ella, como el ambiente se enrarece en la casa y como la marquesa es solicitada para ayudar en este percal. No saben lo que se les viene encima. El caso es que Frears, cuya película cuenta con una muy buena banda sonora compuesta por George Fenton, utiliza para toda esta escena el primer movimiento, Allegro, del Concierto para cuatro claves en en la menor, BWV 1065, de Johann Sebastian Bach. Un acierto en el ritmo de la escena y en la ambientación del hecho que narra. Esta es la escena:

En cuanto a la obra de Bach, señalar que, en realidad, se trata de una adaptación para cuatro claves de un concierto para cuatro violines de Antonio Vivaldi. Esta práctica era muy habitual en la época y no era ningún desmerecimiento para quien lo hacía. De todos modos hay que resaltar que esta es la única adaptación de un concierto para la clave que Bach hizo de una composición que no era propia. En 1713, el duque de Sajonia-Weimar, al servicio del cual estaba el compositor, regresó de un viaje con un montón de partituras, muchas de ellas de música italiana. El caso es que a Bach le interesó sobremanera el esquema de concerto grosso, imperante ene se momento por aquellas tierras, cuya característica principal es la alternancia de la orquesta con instrumentos solistas. Así que, años más tarde, cogió una de esas partituras, la del Concierto para cuatro violines en si menor, RV 580, de Antonio Vivaldi, para adaptarlo al teclado. La adaptación está compuesta de tres movimientos, Allegro, Largo, Allegro, y cosa los tres están en el mismo tono, en la menor, cosa que el concierto de Vivaldi no. La música es viva en su principio que es la parte que se utiliza en la película y destaca el segundo movimiento de Bach, que fue catalogado de innovador en su momento. Os dejo con la versión al piano que Argerich, Kissin, Levine, Pletnev interpretaron en Verbier, en su Festival de Música clásica, el 22 de julio de 2002.

Y, como no podía ser de otra manera para completar la audición, os dejo, también, la versión original de Vivaldi, interpretada por el Giardino Armonico.

En cuanto a las versiones bachianas me quedo con dos. Las dos con claves, no con pianos. En primer lugar la que hacen los virtuosos The English Concert, drigidos por Trevor Pinnock, una versión que se recoge en esta integral de los conciertos para diferentes instrumentos de Bach en donde lo más reseñable es el acierto en el tiempo empleado. Esta interpretación fue editada por el sello Archiv. La segunda versión es la de Café Zimmermann en el cuarto volumen de los Conciertos para diversos instrumentos, una versión muy fresca que merece la pena y que se puede adquirir cada álbum por separado.

Y ya que estamos, os dejo con dos versiones del concierto original de Vivaldi. La primera es excelente, llena de vida y llena de la genialidad de Jordi Savall dirigiendo a Le Concert des Nations para su propio sello Alia Vox. La segunda nos ofrece la posibilidad de escuchar la versión vivaldiana de la mano de Café Zimmermann, que también interpretan en otro álbum la versión del cantor de Leipzig, también en Alpha.

Y dejadme despedirme con la escena final de Las amistades peligrosas. Solo por esta escena Glenn Close se merecía el Oscar a la mejor actriz principal que Jodie Foster ganó en los premios de Hollywood de aquel año.

P.D. A todo esto, la película está basada en la novela epistolar de Pierre Choderlos de Laclors, publicada en 1782 y que merece, y mucho, leerla. Es de esas obras que lees, poco a poco, a gusto y gozando de ella. Hay una buena edición de Mondadori y otra en versión bolsillo de Cátedra.