ciudades sostenibles, espacios de calidad

Este pasado domingo, algún medio publicó un artículo de opinión que en nombre de EH Bildu firmamos tres bilkides. En EH Bildu creemos que el debate sobre el modelo de ciudad debe ser constante, tranquilo y con posibilidad para que participe todo el mundo. Qué duda cabe que quienes se oponen a un cambio en ese modelo del cemento, el coche y las grandes superficies que crearon, utilizarán todos los medios a su alcance para manipular, despistar y desviar el propio debate. Por eso es necesaria la información directa, el contraste de opiniones y las reflexiones conjuntas. Ese es el objetivo principal de este artículo. Espero que sirva aunque sea para dedicarle 4 minutos tranquilos y conscientes. Gracias por vuestra atención.

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Cada día se aprecia una mayor sensibilización respecto al concepto de movilidad sostenible. Muchas ciudades y áreas metropolitanas de referencia planean alternativas al uso generalizado del coche particular, para evitar los problemas medioambientales, de salud y sociales que ocasiona su uso exagerado como modo de transporte. El objetivo central de la movilidad y de las ciudades sostenibles es mejorar la calidad del espacio urbano y construir una ciudad más accesible, dinámica, segura, sostenible, viva y respetuosa, en la que sus protagonistas sean las personas.

Los beneficios de los modos de desplazamiento sostenibles, se centran en conseguir una ciudad más limpia, con menos contaminación y donde desplazarse sea más sencillo, agradable y económico. En definitiva, se busca mayor bienestar económico y social, colectivo y personal.

Quienes apostamos por un nuevo modelo social, económico y cultural para Iruñea, tenemos que adoptar una nueva hoja de ruta en favor del bienestar urbano sostenible. Para eso necesitamos ciudades incluyentes, accesibles, conectadas y compactas. Debemos asegurar que la ciudad se mantiene como espacio de innovación, equilibrio, impulso económico y bienestar. Hacia ahí se dirige Pamplona, y nuestra apuesta es seguir comprometidos en devolver a la ciudadanía el protagonismo que, el sometimiento al cemento y a los vehículos privados, le han robado en el pasado.

El proyecto piloto de caminos escolares, iniciado en el barrio de Iturrama, es un magnífico ejemplo para comprender la importancia de transformar nuestras calles y barrios hacia entornos más seguros y agradables, donde las plazas y parques, las calles y las aceras peatonales recuperen un papel predominante y se conviertan en un espacio que acoja habitualmente los desplazamientos diarios de las niñas y niños a sus centros escolares.

Desde EH Bildu queremos seguir la estela de las ciudades innovadoras, solidarias y amables europeas. La selección de Pamplona para el proyecto Stardust, ayudará a convertir Pamplona en una ciudad de referencia e inspiración para al resto de las ciudades europeas en cuanto a energía y ciudades inteligentes y sostenibles.

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Las ciudades modernas, deben orientarse a mejorar el confort de la ciudadanía, siendo cada vez más eficaces y brindando nuevos servicios de calidad, mientras que se respetan al máximo los aspectos ambientales y el uso prudente y en declive de los recursos naturales no renovables.

La conciencia de que los recursos naturales no son ilimitados está cada vez más extendida. El modelo de las ciudades está cambiando entorno a esa conciencia. Hábitos que hasta hace pocos años eran habituales hoy son ya extraños. Nadie concibe centros de ciudades llenas de coches, como nadie permitiría hoy fumar en hospitales, escuelas y autobuses. El planeta necesita respirar y las ciudades deben apostar por ello desde políticas concretas.

Esta conversión de las grandes ciudades en urbes inteligentes afecta también a las políticas de movilidad en Pamplona y debemos apostar por modelos con un trasfondo equiparable a la realidad de muchas ciudades del centro de Europa: un tráfico pacificado, alejado de los centros urbanos y soluciones a nivel de infraestructuras para facilitar el movimiento a peatones, bicicletas con carriles independientes de la circulación motorizada y medios de transporte público de calidad y eficientes. 

Los cascos urbanos de las ciudades crean progresivamente espacios y ecosistemas de movilidad más amables y atractivos para el peatón que, más allá de los ritmos de cambio de mentalidad que requieren, conllevan en el medio plazo un mayor atractivo. También en Pamplona debemos caminar en esa senda, porque lamentablemente en los últimos 30 años el coche se ha apoderado del espacio público de Iruñea de forma trágica. Estamos pagando los malos humos de anteriores gobiernos municipales.

Apuestas como el plan de amabilización del centro, las peatonalizaciones y los corredores sostenibles, la modernización de los barrios, la apuesta por la economía de proximidad y circular (con ambiciosos planes estratégicos, proyectos de economía solidaria como Geltoki y cuantiosas inversiones en los mercados de la ciudad), etcétera, a la larga repercuten en que las personas y la actividad económica se vuelvan del extrarradio al corazón de la ciudad. En esta realidad, influyen mucho el transporte urbano de creciente calidad y el público más joven, que crecen en esos nuevos procesos e interioriza esas situaciones.

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Nos encontramos por lo tanto ante una gran oportunidad de proyectar nuestro futuro, de recuperar el espacio público para la vida social y comercial y para nuestra salud y bienestar. Estamos, ante una oportunidad única de participar en la planificación del entorno en el que queremos vivir. Por ello, queremos insistir en la importancia de que todas las personas y agentes implicados participemos en los proyectos de cambio de la ciudad, que han sido abiertos y flexibles desde sus inicios y así deben continuar. Para que todas las personas y colectivos podamos realizar nuestras aportaciones y ser atendidos mediante una escucha continua. Una participación constructiva será la mejor forma de avanzar hacia proyectos positivos y transversales, que conjuguen los intereses de todos y todas, e impulsen los cambios necesarios para que Pamplona evolucione hacia una ciudad sostenible y de calidad. Debemos seguir construyendo una ciudad de bienestar para todas y todos.

Garat Gaztelu, Marijose Mangado y Dani Saralegi, en nombre de EH Bildu Iruñea

sumar para avanzar

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Ayer en Donostia, más de 400 personas, entre militantes y cargos públicos, nos reunimos en Asamblea de EH Bildu para dar continuidad al proceso iniciado hace unas semanas en Iruñea en donde se presentó el documento firmado por las cuatro fuerzas políticas que actualmente componen la coalición. En ese acto de Iruñea, Alternatiba, Aralar, Eusko Alkartasuna y Sortu se comprometieron a pasar de coalición a ser movimiento político con identidad y militancia propia y, por otro lado, a actualizar la propuesta soberanista y de izquierda transformadora de cara a construir un estado propio socialmente avanzado. Perfecto.

En la Asamblea de ayer se aprobó el Reglamento para el Proceso Constituyente y el Documento base para el debate.  Es decir, por un lado las normas que van a servir para que este proceso se de con garantías y de forma ordenada y eficiente y por otro el documento que a partir de hoy mismo está sujeto a debate y a aportaciones para su mejora.

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Más allá del aspecto formal de todo esto, ayer en Donostia tuve dos sentimientos. Agradecimiento al trabajo realizado por tantas y tantas personas en estos seis años, desde el nacimiento de Bildu, en barrios, pueblos, instituciones y movimiento popular e Ilusión porque estamos en el momento clave para dar un paso más hacia la unidad de acción entre culturas y formaciones políticas distintas. Es el momento de dar paso a las personas, más allá de su pertenencia o no a cualquiera de los partidos que conforman EH Bildu. EH Bildu lo formamos personas y por lo tanto nos debemos a las personas, a sus necesidades, preocupaciones y a su trabajo, ilusiones y perspectivas. Somos las personas las que tenemos que tirar del carro de este proyecto. Somos nosotras y nosotros los que tenemos que liderar esta alianza estratégica a favor de la soberanía y la democracia y quienes que tenemos que tomar el compromiso para acercar este proyecto al mayor número de personas de izquierdas y soberanistas. Será un proceso de construcción gradual, como el que venimos haciendo desde hace seis años, un proceso que, en este punto y aparte, ofrece este punto de partida desde el que iremos construyendo la casa parte a parte, sin dejar de lado los retos del día a día.

Como os decía, es un momento ilusionante y por eso creo que merece la pena participar en él. En Iruñea, la primera cita para conocer de primera mano el proceso puesto en marcha, su calendario, objetivos y debate, se celebrará el próximo martes, 9 de mayo, a las 19.00 horas en el EH Bilgune de la calle Nueva 10. Mientras tanto, si quieres recibir ya los documentos señalados puedes dar tu nombre en el siguiente enlace, en euskera y en castellano. El hecho de inscribirse dará derecho a votar en las asambleas el documento político-organizativo y los Estatutos de EH Bildu, así como presentarse y votar las candidaturas a responsable de Herrialde y secretarías de áreas. El proceso concluirá, en esta fase, con un congreso que se llevará a cabo el 17 de junio.

Nosotras y nosotros lo tenemos claro. Para avanzar hay que sumar. Para seguir construyendo hay que sumar. Para sumar la mejor herramienta es EH Bildu. Nos vemos el día 9. Animo eta aurrera!

proyecto memorialista

La primavera ha llegado y con ella el florecimiento de las plantas, entre otras, esas amapolas que empiezan a verse, desde ahora y hasta el comienzo del verano, en campos de cereales y caminos. De la misma manera, en Iruñea, continúan floreciendo debates importantes para el futuro de la ciudad, entre otros, el debate sobre la memoria histórica y los diversos elementos, tanto físicos como emocionales, tanto políticos como sociales, que lo componen.

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Uno de esos debates tiene que ser, por fuerza y por necesidad, el de imaginar y llevar adelante un proyecto memorialista para esta ciudad, un proyecto que recoja la memoria histórica de Iruñea y lo haga además mirando a futuro. Un modelo social y de ciudad que mira a futuro tiene que tener presente el pasado doloroso, pero siempre en clave de construcción, de aprendizaje, de reflexión y de creación. Si nos quedamos mirando exclusivamente al pasado, sin otra dinámica que construya, simplemente recordando y teniendo presente ese pasado, por muy importante que sea esto, difícilmente podremos construir futuro. La memoria es un elemento necesario para la construcción de ese modelo inclusivo, de ese modelo que no repita lo ocurrido, de ese modelo que trabaje por el reconocimiento y la justicia para tantas personas , familias y colectivos afectadas por la represión de la dictadura franquista. De eso nadie tiene duda. Pero esa memoria tiene que servir para construir futuro. Tiene que ser una constante mirada al futuro.

Por eso, es de vital importancia unir a la recuperación de la memoria histórica dos elementos que le darían valor de construcción a futuro. Un valor que posibilite, también, que sea una construcción intergeneracional. Que la lleven a cabo las personas que sufrieron la represión franquista, las que vivieron el silencio de la mal llamada transición y quienes nacieron décadas después de la muerte del dictador. Esos dos elementos son el pensamiento y los Derechos Humanos.

¿Y por qué el pensamiento y los Derechos Humanos? Muchas veces me he hecho la pregunta de qué es lo contrario al fascismo, a una dictadura o al pensamiento único. Y siempre, y lo puede comprobar cualquiera que haga ese ejercicio, he obtenido, indistintamente, diferentes conceptos. Libertad, democracia, convivencia, cultura, diversidad, y quizás incluso paz. No cabe duda de que todo eso está y tiene que estar presente, pero creo que la base debieran ser los derechos humanos y el pensamiento.

Derechos humanos y pensamiento porque, si bien el origen de esa dictadura fue la determinación de unas personas en ir contra la libertad y la democracia, el origen del propio fascismo es el desarrollo del pensamiento único y la falta de libertad para pensar diferente, que conlleva, siempre, a la conculcación de los DDHH. El proyecto memorialista de Iruñea tiene que ser un proyecto que impulse la defensa de los DDHH, que vigile las agresiones a los mismos y que abarque más allá de la ciudad. Que sea un proyecto de aprendizaje colectivo, de educación y de estudio, y sobre todo que sea un proyecto que lleve a la práctica el impulso de esos Derechos Humanos. ¿Por qué no trabajar en favor de un proyecto que haga de Iruñea la ciudad de los DDHH? Y junto a ello la defensa a ultranza y sin bagajes de la libertad de pensamiento, libertad que favorecerá la convivencia, el entendimiento, la diversidad y, no cabe duda, la propia paz.

Memoria
Fotografía de Amaia Molinet

Por eso, a mi modo de ver, el continente de todo este proyecto, aún siendo importante, no es el principal debate. Comenzar un debate que debiera ser sobre el contenido, hablando del continente, es una forma demasiado simplista e incompleta de abordarlo. Para mi, incluso, errónea. Simplificar y centrar el debate en si hay que conservar o derruir un edificio, en este caso el llamado monumento a los caídos, es un error político y social. Pretender desviar el debate sobre si un edificio, actual o futuro, tiene que albergar un museo de la ciudad o un museo de la memoria, es hacer dejación de la responsabilidad que tenemos en estos momentos. Las generaciones futuras merecen un proyecto de futuro para esta ciudad, que recupere y mantenga viva la memoria histórica y además lo haga mirando al futuro. El lugar o lugares donde se aloje ese proyecto, siendo importante, no es lo más urgente en el debate. Si caemos en un debate cortoplacista y simplista, estaremos cayendo en la trampa que aún hoy en día el fascismo sigue deseando. Porque para el pensamiento único, siempre será mejor que nos centremos en el árbol y sigamos sin ver el bosque.

Dejemos que las amapolas sigan floreciendo, en el camino, en los campos, o donde sea. Pero que sigan floreciendo.

Artículo basado en la colaboración con el programa de Eguzki Irratia, La eskotilla, del 29 de marzo de 2017.

las tres “cos”

En el mes de diciembre suele ser habitual realizar un repaso al año transcurrido. Es un buen momento para pararnos y echar la vista atrás y ya que estamos en esas voy a lanzar la mirada un año y medio atrás, justo desde que una nueva forma de gestionar llegó al Ayuntamiento de Iruñea y abrió las ventanas para que entrara aire fresco. Más allá de aciertos y errores, que de los dos ha habido, creo que hay algo que no hemos sabido abordar  con la suficiente profundidad durante estos 18 meses. La necesidad de espacios de reflexión y debate entre todos los sectores y personas que apostaron por el cambio es cada día más urgente. Espacios que den la oportunidad de desarrollar debates colectivos que refuercen el momento histórico que estamos viviendo y que le doten de perspectiva para desarrollar dinámicas y políticas transformadoras.

Y ya que estamos en estas me lanzo para introducir tres conceptos que creo son imprescindibles en estos momentos y a los que tenemos que dar unas cuantas vueltas. Las tres “cos”, podríamos llamarlas.

Co-gestión. La gestión de este nuevo tiempo tiene que ser compartida. Hay unas personas que fueron votadas y elegidas para gestionar el Ayuntamiento y poner en marcha las diferentes políticas destinadas a mejorar la ciudad y el bienestar de las vecinas y vecinos. Pero esto no quita para que vayamos avanzando en la posibilidad de que la propia ciudadanía vaya gestionando, conjuntamente con esos representantes institucionales, diversos aspectos de la política y la vida municipal. Esa gestión debería tener diferentes niveles, según la materia gestionada y según el tipo de compromiso de la persona o agente social que vaya a co-gestionar junto al Ayuntamiento. Y en esta posibilidad hay algunas materias que son más proclives a este tipo de cogestión. Imaginad que cada barrio pudiese decidir y co-gestionar una partida anual dentro de los presupuestos municipales, para destinarlo a proyectos del barrio, para mejoras en el barrio. O que los espacios culturales de cada barrio tuviesen una co-gestión en la que una representación de ese barrio tuviese su papel en la marcha del espacio, en el continente y en el contenido. O que las fiestas fuesen co-organizadas y co-gestionadas de manera conjunta entre Ayuntamiento y agentes sociales. O que partiendo de una necesidad de espacios juveniles se trabajase conjuntamente para lograr esos espacios para toda la juventud y finalmente fuese esta la que gestionase dichos espacios. En todos estos ejemplos el gobierno municipal ha emprendido en estos primeros 18 meses diferentes experiencias. Han sido experiencias que han ido avanzando en este modelo y sobre todo han sido experiencias de aprendizaje. Y han sido unas primeras experiencias que han puesto sobre la mesa la necesidad de mejorar en diferentes aspectos. Creo que merece la pena intentarlo, a pesar de las dificultades, a pesar de que las leyes municipales impuestas en las últimas décadas no son las nuestras y a pesar de que este tipo de co-gestión pueda ralentizar, en un primer momento, alguna dinámica. Este enorme auzolan es una experiencia que tenemos que seguir abordando, sin descanso, aprendiendo de los errores y sobre todo creando confianzas que impulsen las sinergias necesarias.

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La segunda “co”. Comunal, el bien común, lo que es de todos y todas. Un concepto que en Nafarroa está muy extendido, muy trabajado, parte de nuestra propia manera de ser y organizarnos como colectivo. Un concepto que desarrolla la participación de todas y todos en algo común. Por eso es tan importante desarrollar el propio concepto y la forma de lo comunal. Lo que es de todos y todas en Iruñea no es solo del Ayuntamiento. Es el Ayuntamiento quien tiene la responsabilidad de cuidar, proteger y conservar el bien común. Y es responsabilidad de todas y todos que esos bienes comunes tengan un buen uso. Una utilización que repercuta de manera positiva en la ciudadanía, en los barrios y en el conjunto de la sociedad. Imagínate, Imaginemos que, de repente, el Ayuntamiento decidiese empezar a vender los bienes públicos sin ton ni son, privatizando, de facto, lo que es público, lo que es de todas y todos. Por eso, esos bienes comunes, de todas y todos, tienen que tener siempre un destino y un uso cuyo fin sea mejorar, de una u otra manera, la ciudad, el barrio, y repercutir de manera positiva en la vida de todas las vecinas y vecinos. Y ejemplos hay muchos, buenos y malos. Pero el actual Ayuntamiento y los agentes sociales de Iruñea, deben ir avanzando en experiencias que refuercen el propio concepto y lo hagan real, más allá de debates filosóficos.

Y para desarrollar los dos conceptos anteriores llega la tercera “co·, la Corresponsabilidad. Todas las vecinas y vecinos somos responsables, junto al Ayuntamiento, y en diferentes niveles, de que la gestión de lo común se realice de manera positiva para el conjunto de la ciudad. Y esa responsabilidad implica que cuando la gestión por parte del Ayuntamiento no cumpla las expectativas, se le pueda decir que lo ha hecho mal. Pero también implica organizarse y desarrollar experiencias y dinámicas que faciliten, de una u otra manera, el trabajo que hay que realizar desde la propia institución. Porque la cuestión es que el cambio no puede venir solo desde un Ayuntamiento o una institución. El cambio en mayúsculas empieza y acaba en la calle, no de manera contrapuesta a la institución, si no como punta de lanza y abriendo el camino para poder hacer los cambios necesarios a nivel municipal. Y esta responsabilidad conlleva poder criticar a quienes gestionan un Ayuntamiento cuando no se hacen las cosas como se piensa que deberían hacerse, pero implica también, en todos los ámbitos y niveles, autocrítica para que no repetir los fallos, para mejorar en los errores. La autocrítica y la crítica son necesarias porque ayudan a seguir construyendo. Pero son prescindibles cuando se utilizan exclusivamente para atacar.

Debemos ser capaces de abrir estos espacios de reflexión tan necesarios y de seguir avanzando en desarrollar un proyecto social y de ciudad transformador para Iruñea. Entre todas y todos.

Artículo basado en la colaboración con Eguzki Irratia para el programa La eskotilla, del 30 de noviembre de 2016.

unas fiestas de y por el pueblo, desde el principio

Iruñea es una ciudad que, en gran parte, mueve sus fichas a través de las emociones. Sus fichas populares y a veces también las políticas. Esto, que no tiene porqué ser malo, en ocasiones nos impide ver el bosque que existe tras el árbol que insistentemente señalamos una y otra vez. El betún de Baltasar no es si no la visualización de un concepto elitista y anticuado de una tradición, la asistencia a la procesión de San Fermín no es más que la cara del debate sobre los límites de los actos religiosos en las instituciones y la colocación de una ikurriña en el Ayuntamiento el día 6 de julio solo es la constatación de una injusticia que excluye parte de los símbolos de nuestra tierra. En este caso, la forma de elegir quién lanza el txupinazo al comienzo de los Sanfermines es el mejor ejemplo de la necesidad de abordar un debate en profundidad sobre el modelo de fiestas que queremos en Iruñea.

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Hasta ahora, mientras ha gobernado el Régimen, en los últimos 80 años, la forma de comenzar las fiestas ha sido expropiada y sustraída al sentir popular para apropiárselo el propio sistema gobernante. Cuando Juan Etxepare lanzaba esos txupinazos desde la Plaza del Castillo era el propio pueblo quien los lanzaba, no porque esto se hubiese instituido así, si no porque era un ciudadano, trabajador, con el premiso preceptivo, quien, de manera popular y seguramente al principio de forma espontánea, pensó que una buena manera de empezar las fiestas era anunciándolo a base de cohetes. Llegó el 36, llegaron los matarifes y el terror y fusilaron al bueno de Etxepare. Llegó la victoria cunetera de los fascistas e inmediatamente se apropiaron de aquella manera de comenzar las fiestas. Trasladaron aquellos txupinazos populares al Ayuntamiento y decidieron que los lanzaban los cuneteros y conecejales del momento. Es decir, se apropiaron, hurtaron y robaron un acto popular y espontáneo. Con el tiempo incluso decidieron que ese momento servía también para homenajear a sus referencias políticas, como el entonces ministro franquista y fundador del PP, Manuel Fraga Iribarne.

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Con la llegada de los Ayuntamientos elegidos mediante sufragio universal se impuso un formato para elegir a la persona que lanzaba el txupinazo. A partir de entonces, de manera no escrita, se acordó que, si bien la potestad era y es del Alcalde, lo lanzase un concejal o concejala de cada partido en orden de representación y mayorías. A mi entender, entonces, no fue una mala decisión. No fue mala decisión porque, tras 40 años de dictadura fascista, era el reflejo de la decisión y la elección de los representantes de la ciudadanía por parte del mismo pueblo mediante votación. Pero con los años aquello se convirtió, gracias al Régimen, en una manera de seguir excluyendo por razones ideológicas y de utilizar el honor como ataque político y partidista. Por eso UPN decidió entonces, como muestra de su talante democrático, excluir sistemáticamente a los representantes de la Izquierda Abertzale, desde Batasuna a ANV y a la posterior coalición abertzale Bildu. Esa exclusión a parte de la ciudadanía era el fiel reflejo de un modelo de ciudad impuesto por el Régimen en el que se creó la ciudadanía de primera y la ciudadanía de segunda.

En 2015, con la llegada del Cambio a la gestión de muchas instituciones, entre ellas el Ayuntamiento de Iruñea, y con un Alcalde de EH Bildu, se decidió, con buen criterio y a pesar de la premura de tiempo, que, de manera excepcional, lo lanzase alguien propuesto por el propio gobierno municipal. Joseba Asiron decidió que no iba a ser él quién lo lanzase, algo que le honra, pues tras años de Régimen si de algo había ganas era de ver a un Alcalde cercano lanzar el cohete. Y además decidió, junto al resto del gobierno municipal, que lo lanzasen, ex aequo, un representante del Orfeón Pamplonés, en su 150 aniversario, y una descendiente de uno de los miembros de la Peña la Veleta, colectivo que inventó la indumentaria blanca de los Sanfermines y que fue particularmente perseguida tras el golpe militar del 36. Y he dicho que fue de manera excepcional porque el 8º punto del Acuerdo Programático firmado por los socios del gobierno municipal (EH Bildu, Geroa Bai, Aranzadi e Izquierda Ezkerra) se señaló que se pondría en marcha un proceso para que la elección de quien lanzase el txupinazo fuese realizado de una manera popular y participativa.

 

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Esta fotazo es de Javier San Felipe Larrea

Fórmulas hay muchas, desde luego, pero desde EH Bildu le hemos dado unas cuantas vueltas para que sea algo justo y participativo. No es la única manera, ni mucho menos, pero sí creemos que es la mejor manera en estos momentos. Esto no quiere decir que con el tiempo no se pueda ir cambiando para mejorarla en ese espíritu de que sea algo popular y participativo. La reflexión ha ido en base a diferentes premisas:

  • Tenía que ser un proceso en donde, de una manera u otra, en un momento u otro, la ciudadanía de Iruñea pudiese tomar parte. Y creo que la propuesta es lo más transparente en ese aspecto. Por un lado cualquier persona empadronada en la ciudad puede proponer, mediante el Registro, a la Mesa de los Sanfermines, en donde está representada la sociedad iruindarra con proyección en la organización de las fiestas, la persona o colectivo que crea más conveniente para lanzar el txupinazo. Es decir, cualquiera puede proponer.
  • La Mesa deberá elegir, mediante votación y por mayoría cualificada, de tres a cinco propuestas para elegir quién lanza el cohete. Tras un contraste con las personas y colectivos propuestos se hará pública la lista y se pondrá en marcha un proceso de votación para que la ciudadanía de Iruñea decida quién es la opción elegida. La votación se podrá hacer por medio de Internet, mediante un sistema adecuado y regulador y de manera presencial, un día, en diferentes espacios en todos los barrios. Es decir, cualquier persona podrá votar para elegir al lanzador o lanzadora.
  • Para que la Mesa pueda elegir una terna se hará en base a unas condiciones. No podrán elegirse opciones que sean partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales ni confesiones religiosas. Aparte de esto se asegurará la paridad de género a la hora de elegir a la persona que lo lance. Un año una mujer, otro un hombre.
  • Quien ostente la Alcaldía, como potestad suya que es, ratificará la decisión del pueblo. Como no puede ser de otra manera.

Es, para nosotras y nosotros, el mejor sistema en estos momentos, con una Mesa de transición y con un debate sobre el modelo festivo todavía por hacer. Más allá de que se pueda ir mejorando, creemos que es una propuesta que contará con el respaldo del gobierno municipal del cambio, con la mayoría social y que tiene muy pocos argumentos razonables a su contra para no asumirla. A no ser que, como el Régimen, se piense que el txupinazo debe seguir siendo un privilegio de unos pocos que, en su día, sustrajeron el acto al propio pueblo.

una reflexión sobre la participación ciudadana

Iruñea es esa ciudad donde tenemos una facilidad extraordinaria en pasar del blanco al negro en cuestión de segundos, sin ser conscientes de que en ese camino hay estaciones intermedias de las cuales aprender y sacar provecho. Una ciudad en donde hemos pasado de la imposibilidad manifiesta de poder participar, en la calle y en las instituciones, en la vida social y en los propios debates que, desde diferentes marcos, se iban dando, a la apertura del propio ayuntamiento a la ciudadanía y a la devolución del protagonismo sustraído por el Régimen a esa ciudadanía. Y esto no son solo palabras, ya que, desde el inicio, esta ha sido la base que ha guiado a las cuatro fuerzas que firmaron el acuerdo programático que posibilitó el cambio en Iruñea.

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Dicho esto, de manera preliminar, creo totalmente necesario abordar algunos de los elementos que son parte de esta nueva manera de hacer las cosas ya que, como todo, es necesario un debate ordenado para abordar la estrategia del cambio para llevar adelante el nuevo modelo de ciudad que quiere la mayoría social y política de Iruñea. Si este debate no se realiza, en base a unos objetivos comunes, caeremos en el inasumible error de poner en marcha debates aislados dependiendo de las necesidades temporales y particulares de quien inicia el debate. Debates, por otro lado, que no serán un ingrediente del interés común, o por lo menos no de manera global. De la misma manera que la perspectiva de ciudad y la altura de miras marcaron el acuerdo de esa mayoría social y política, es necesario que, en estos momentos en los que hemos comenzado este apasionante recorrido, seamos conscientes de los objetivos comunes y el papel que cada cual, de manera protagonista, tiene y tenemos en esta película, siempre desde la lealtad al acuerdo común.

A cinco meses del inicio de este nuevo tiempo del cambio en Iruñea, la participación, quizás, ha sido el concepto que más se ha utilizado, como símbolo del propio cambio y como ejemplo práctico de las aspiraciones de la mayoría de la ciudadanía. Por otro lado, es también el tótem sobre el que, fácilmente, se puede apoyar la argumentación para defender diferentes posiciones y opiniones, incluso contrarias, ante temáticas diversas y concretas. De hecho es un comodín que el Régimen, de manera esperpéntica, no ha dudado en utilizar cuando le ha convenido, si es que con ello ha creído poder minar la acción política del propio cambio.

Se puede decir, sin temor a equivocarse, que la participación, como tal, no ha existido en el Ayuntamiento de Iruñea, o si ha habido algún proceso que enarbolase este concepto, era de una manera descafeinada y con debates de poca entidad o sin importancia. El Régimen pretendió hacernos creer que participación ciudadana es elegir el cartel de los Sanfermines mediante una encuesta telemática, mientras negaba la mayor, que no era y no es otra que decidir, entre ciudadanía e institución, el modelo de fiestas que queremos para esta ciudad. Se puede decir que esta ciudad es novata en estas lides de la participación y es una irresponsabilidad pretender asumir este instrumento sin ningún tipo de proceso formativo e intentando pasar, de la nada al todo, de un día para otro. Cada proceso tiene su ritmo, esto no es ningún descubrimiento, y en este caso el proceso de la participación ciudadana tiene su propio ritmo, que pasa por la formación de la ciudadanía en el concepto mismo de participación. Si no entendemos esto no estamos entendiendo nada. ¿Quiere decir esto que no se pueden poner en marcha dinámicas participativas en esta ciudad hasta que la mayoría ciudadana sea experta en el tema? No, evidentemente, no. Pero tampoco podemos dejarnos arrastrar fácilmente por la demagogia, con el peligro que ello supone.

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De la misma manera tampoco se puede pretender que participación es vaciar de contenido las responsabilidades de quienes están en el gobierno municipal, desde el alcalde a las y los concejales delegados, pasando por las y los concejales que apoyan dicho gobierno. Cada cual tiene su responsabilidad y tiene que ejercerla desde la lealtad a un acuerdo firmado hace cinco meses. No hay otra. Si esto no fuese así se estaría, de manera totalmente irresponsable, haciendo dejación de las responsabilidades adquiridas tras haber resultado elegidos y elegidas.

El primer paso en la formación es la información y la comunicación. En una ciudad donde la máxima institución ha estado guiada por la opacidad y la imposibilidad de acceder a la información, el hecho de poder obtener la información, de manera transparente, es toda una novedad y un cambio que facilitará, sin duda alguna, el camino en la construcción del nuevo modelo de Iruñea. Esa información previa y esa comunicación directa es algo que está presente en el día a día del Ayuntamiento y de la agenda del Alcalde, que se ha reunido con los colectivos y personas que así lo han requerido, pese a que a algunos esto no les guste. Hay algunos que todavía tienen muchos dejes de la pasada época, cuya base fue el de la bunquerización de la institución y el uso de la misma como chiringuito particular.

En cuanto a los siguientes pasos hay que empezar a darlos con inteligencia, planificación y perspectiva. No es cuestión de esperar a un mejor momento o de ralentizar el ritmo, si no de dar pasos que se vayan asentando y vayan dejando la huella necesaria para que esta ciudad se vaya reconstruyendo en base al auzolan y la participación de las vecinas y vecinos. De la misma manera, al abrir el melón de la participación, hay que hacerlo con la seguridad de respetar este derecho y este instrumento y la preocupación de que pueda ser utilizado en igualdad de condiciones por la ciudadanía y agentes sociales de la ciudad. Por toda ella, no solo por un sector o unos colectivos afortunados. Y para ello es imprescindible interiorizar los múltiples mecanismos de participación con pedagogía. Con mucha pedagogía.

Artículo basado en la colaboración para el programa La Escotilla, de Eguzki Irratia, del 4 de noviembre de 2015.