el canto de un pueblo

Es curioso, pero Catalunya y Euskal Herria tienen dos de sus canciones populares más representativas con los pájaros como protagonistas y como símbolo de la paz y la libertad. Así mismo, estas dos canciones son conocidas internacionalmente y las dos representan al pueblo catalán y al vasco en el mundo entero. Si en Euskal Txoriak txori, poema de Josean Artze musicalizado por Mikel Laboa, fue el símbolo de la lucha al final de la dictadura franquista y después sinónimo del ansia de libertad del pueblo vasco, en Catalunya, el antiguo villancico Cant dels ocells, de autor desconocido, es igualmente, la representación en forma de música de la nación catalana.

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La canción catalana tiene un origen incierto, era ya conocida en el siglo XVIII, aunque hay quien señala que es una antigua melodía medieval. Existe otra canción popular catalana que tiene una música muy parecida, aunque con diferente ritmo. Aquí podéis escuchar la versión de Josep Tero. En cuanto a la canción a la que me refiero, la melodía, con un ritmo de nana, se ha convertido también en sardana, en pieza para coro y en canción que han interpretado diferentes artistas. Pero su fama se la debemos al genial violonchelista catalán, Pau Casals, en su arreglo para dicho instrumento. Casals fue un incansable luchador antifascista que, desde el exilio, viajó por todo el mundo con un claro mensaje de paz y libertad. Trabajó incansablemente para que los países aliados de la II Guerra Mundial interviniesen en el Estado español para echar al gobierno fascista de Franco. Pese a ver cómo poco a poco esa posibilidad iba debilitándose, siguió con sus conciertos por diferentes lugares, con el mismo mensaje de paz y libertad. Ese fue el mensaje que trasladó al presidente Kennedy en su actuación en la Casa Blanca y en su discurso ante la ONU al recoger el Premio a la Paz en 1971. Por cierto, anteriormente, y aunque no sea tan conocido, Casals ya había actuado ante el presidente Roosevelt.

Hoy esa canción, esa bella melodía, sigue representando la paz y la libertad y desde luego sigue siendo sinónimo de una nación, Catalunya, que continua realizando su propio camino hacia esa libertad. Este pasado miércoles, el Parlament de Catalunya, aprobó la ley del referéndum. Ojalá el 1 de octubre las urnas sean también el reflejo de un pueblo que quiere construir su futuro en paz y en libertad, como los pájaros de esta hermosa canción. A pesar de ser en su origen un villancico y que su letra hable de un nacimiento, esta melodía es utilizada en muchas ocasiones de importancia y con ocasión de despedidas, funerales y entierros. Entre las anécdotas está la de la Diada de 2009, en la que la interpretación que la cantante israelí Noa hizo de la canción, ocasionó un debate político importante por sus declaraciones anti palestinas.

Va por vosotras y vosotros, amigas y amigos catalanes.

Visca Catalunya lliure!!!

  • Muchas gracias a Mònica Font por su colaboración con parte de la información que aparece en la entrada. Moltes gràcies!!

Y aquí una lista con diferentes versiones de la canción:

¿somos conscientes?

El miércoles acompañé al alcalde de Iruñea, Joseba Asiron, a Gasteiz, a participar en una jornada organizada por las compañeras y compañeros de EH Bildu de la capital alavesa. Una jornada que llevaba como título Dictadura franquista: impunidad o justicia y que ahondó en el modelo emprendido en Iruñea de cara a recuperar la memoria en este periodo. Las más de 100 personas que se reunieron en la Plaza de la Provincia, frente a las Juntas alavesas, escucharon y agradecieron el recorrido que el alcalde hizo al respecto.

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Iruñea, ciudad de 200.000 habitantes, y que en el 36 contaba con 40.000, cuna de fraguas, cálculos y preparaciones del golpe militar contra un gobierno democrático y que, pese a no tener un frente de guerra en los años siguientes al golpe, asesinó a 300 vecinos fusilándolos y golpeó mediante la represión directa a más de 5000 vecinas y vecinos. Pasaron 40 años de represión y otros 40 de silencio, porque, pese a la mal llamada Transición, estos asesinatos y persecuciones ideológicas no tuvieron, en casi 80 años, ningún tipo de reparación por parte de instituciones y gobiernos. Y Joseba ahondó en la necesidad de avanzar hacia la reconciliación y la convivencia en una ciudad que había visto morir violentamente a 300 vecinos por parte de la Dictadura franquista, 27 por parte de ETA y 4 por parte de fuerzas policiales.

Y es que la convivencia ha sido la base en todo movimiento emprendido desde el Ayuntamiento del cambio. Ese es el objetivo principal en el cambio de denominación de la antigua Plaza de Conde Rodezno a Plaza de la Libertad, porque era inconcebible que en esta segunda década del siglo XXI todavía existiese una calle dedicada al primer ministro de Justicia franquista, que firmó más de 50.000 ejecuciones en el tiempo en el que desempeñó su cargo. La convivencia fue también el leitmotiv para la exhumación de los generales golpistas e ideólogos de su dureza y represión, Mola y Sanjurjo. Una exhumación que se hizo con el respeto que todavía hoy miles de fusilados no han tenido y siguen esperando en las cunetas y fosas por todo el Estado. Y la convivencia fue, junto a la memoria y la justicia, el objetivo principal en la creación de la Oficina de Víctimas que estuvo abierta varios meses recogiendo las declaraciones de personas represialadas y los testimonios de familiares de fusilados. El alcalde dio especial importancia al convenio de colaboración firmado con la UPNA y el equipo de trabajo del historiador Emilio Majuelo.

Posteriormente fue el turno de Carlos Otxoa, antiguo concejal en Iruñea por Euskal Herritarrok y miembro destacado del movimiento memorialista de Nafarroa. Porque si algo ha quedado claro es que para que ocurriese lo que acababa de contar Joseba Asiron tuvieron que darse dos circunstancias y un hecho. La primera circunstancia fue la llegada de un Ayuntamiento del cambio formado por un gobierno municipal de fuerzas progresistas y la segunda, aunque primera, sin duda, en importancia, el trabajo realizado durante décadas por las organizaciones que trabajan la Memoria Histórica, porque sin ellas todo eso habría sido imposible de realizar. El hecho fue la necesaria colaboración entre estos colectivos y el Ayuntamiento.

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Carlos se refirió y ahondó en la presentación de la Querella contra los crímenes franquistas, conocida también a veces como Querella argentina, que fue presentada en marzo por el propio Ayuntamiento. Esto supuso situar a Iruñea como referencia internacional en la dinámica por recuperar, no solo la memoria, si no la justicia debida a todas las personas represaliadas y en el camino hacia la reparación de todas ellas.

Pero Carlos hizo una referencia que me dio pie a la reflexión y a la certidumbre en la necesidad de que nunca se olvide lo sucedido. Carlos dijo si éramos conscientes de lo que había supuesto la represión franquista, concepto que, si no se ahonda, corre el riesgo de quedarse en una expresión más, sin matices que le doten de humanidad. La represión franquista supuso 300 asesinados en Iruñea, fusilados muchos de ellos contra los muros de la Ciudadela iruindarra, más de 5000 represialados directos, desaparecidos, personas que fueron torturadas, encarceladas, despedidas de sus trabajos, humilladas públicamente, como todas aquellas mujeres que fueron obligadas a pasear por la Plaza del Castillo después de haberles obligado a beber aceite de ricino y mientras se cagaban piernas abajo para disfrute de todas las personas que asistían al espectáculo. Hubo personas que perdieron sus negocios, requisados, esto es, robados, por los vencedores golpistas, hubo, desde luego, quien enfermó y murió a causa de esa represión, quien tuvo que abandonar a sus hijos, quien tuvo que dejar la escuela porque había que trabajar para llevar unas pesetas a casa, quien se quedó en casa, sin salir, durante años. Hubo personas obligadas a hacer trabajos forzados, como esclavos, y hubo personas, muchas, que fueron obligadas a callar, a guardar silencio y a compartir la vida con quienes en realidad se la habían arrancado de cuajo. Todas ellas eran personas, con familias, con sentimientos, con vidas, que iban a jugar a cartas, que compraban en la plaza, que jugaban en los parques de la ciudad y que sufrían para ganarse el sueldo. Personas. ¿Somos conscientes de eso?

La verdad, la justicia y la reparación son necesarias para recuperar una parte de nuestra historia, desde luego, pero son, sobre todo, imprescindibles para recuperar la dignidad de muchas vidas, individuales y colectivas, que en un momento, a partir de julio de 1936, fueron borradas, tachadas y silenciadas. Por todas ellas y ellos y por nosotras y nosotros, por la convivencia, es necesario seguir trabajando en favor de la memoria y la justicia. En Gasteiz lo van a hacer. En Iruñea tenemos que seguir haciéndolo.

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Ayer Alde Zaharra era un hervidero de gente y sobre todo, de silletas. Dentro de los actos organizados para festejar el Día Internacional del Autismo había preparada una concentración de alrededor de 120 gigantes de toda Nafarroa que, desde la mañana, hicieron el recorrido por Carlos III hasta la Plaza del Castillo. A eso de la una de la tarde, cuando iba hacia allí, la sensación de estar en un día de Sanfermines, sin ropa de blanco ni pañuelos al cuello, fue creciendo conforme me acercaba. En Estafeta fue, poco a poco, avanzando el Iruñean kantuz que todos los primeros sábados de mes cantan las viejas y antiguas canciones y coplas en euskera. El buen tiempo y el vino y los vermuts, propiciaron un ambientazo con el sonido de las gaitas, de algún txistu y de la txaranga que tocaba con la última comparsa del desfile.

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Y terminado el paso de toda la gigantada por la Estafeta la gente volvió a tomar el centro de la calle despejada ya de silletas, críos, madres y padres, pero con el buen ambiente presente. Y en estas estábamos cuando me encontré con un conocido que iba con su madre y mira por dónde, que la señora en cuestión era la última hija de Pedro Trinidad, aquel legendario portador de los gigantes de Iruñea que, sobre todo, se hizo famoso por su gracia bailando la europea. Tan bueno fue en este cometido el carpintero de oficio que, al morir en 1947, el Ayuntamiento acordó una pensión anual a su familia por valor de 3.000 pesetas. En medio del vermut, con ganas de hablar que estábamos todos, la señora me contó también que en su día, su padre, estando por la Magdalena, vio que unos chavales estaban en apuros en el río y le dijo a uno de los carabineros que se encontraban al cuidado de la ribera del Arga que hiciese algo, que se lanzase a sacarlos de allí o iba a haber alguna tragedia. Y resulta que aquel señor carabinero en concreto le contestó que él poco podía hacer ya que no sabía nadar. Así que el bueno de Trinidad, en mitad de su digestión, se lanzó al agua y sacó a los seis chavales que estaban a media lucha con las aguas del río. Y por eso, el bailador de la europea recibió la Cruz de Beneficiencia por tan heroico salvamento. Eran otros tiempos, sin duda, pero tiempos que conviene no olvidar porque guardan parte de nuestra propia idiosincrasia y manera de ser.

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Y hablando y hablando, llegó la segunda parte de esta señora que, con cierta amargura, me contó que Pedro tenía un hermano, Juanito, que era zapatero, que era un buen hombre que no cobraba los arreglos en los zapatos a la gente necesitada y que su zapatería de la calle del Carmen era un lugar donde esta gente sabía que podía contar con la generosidad de Juanito. Y me dijo, también, que a Juanito cuando bebía sus txikitos se le soltaba la lengua y que de vez en cuando le daba por gritar a la parroquia del bar de turno un “¡Que se muera Franco y Viva la República!” Ahí es nada. No estaban los tiempos para esas sinceridades. Y la hija del portador de la europea me dijo que un día, en verano, su tío Juanito se fue a Donostia a pasar el día y ya nunca se supo nada más de él. Y es que resulta que en esos tiempos a Paca la Culona (mote con el que uno de sus generales llamaba al dictador) le gustaba pasar unos días en la capital guipuzcoana y se puede imaginar cualquiera la cantidad de policías, secretas y matarifes que en esos días se dedicaban a meter su puto morro en cualquier txoko donostiarra y, desde luego, también en las tabernas. Así que la familia piensa que, seguramente, en una de esas rondas txikiteras de Juanito, se le habría soltado la lengua, con tan poca fortuna de hacerlo delante de quien no debía hacerlo. ¿Dónde habría acabado Juanito? La familia preguntó en muchos sitios sin nada de suerte. ¿Aparecerán algún día sus restos en algún paraje cercano a Donostia? ¿O quizás, como me decía el conocido, se lo habrían llevado en barca mar adentro y lo soltaron con unas buenas piedras amarradas a su cuerpo? ¿Qué fue del bueno de Juanito, el zapatero de la gente pobre?

La suerte de muchos Juanitos es todavía una incógnita que, en muchos casos, será difícil que se aclare y no sabremos nunca la verdad, por mucho que la podamos imaginar. En 2016 todavía hay familias que lo único que saben es que un día su familiar salió y ya no volvió nunca más. La victoria fascista se había producido años atrás. Corrían los años 40 y estas desapariciones estaban a la orden del día. Escalofríos. Y memoria. Que nunca se nos olvide lo qué pasó. Por mucho que algunos pretendan pasar página rápidamente. Aún hay personas que siguen buscando a su gente desde la negritud de aquellos tiempos.

un barbero a ritmo de danza húngara

En 1940 se grabó una película con un mensaje claro contra el fascismo que en ese momento se abría paso en Europa en medio de una guerra que enseguida se iba a convertir en mundial. En esos momentos EEUU todavía no estaba en guerra con Alemania, pero poco faltaba. El genial Charles Chaplin dirigió y protagonizó esta memorable película, la primera del director con diálogos y sonido, titulada El gran dictador y que cuenta con unas cuantas escenas para ser recordadas. Para la posteridad quedan la escena del dictador jugando con el globo terráqueo o el final con un discurso contra las guerras y las dictaduras. Hablando de dictaduras, la cinta estuvo prohibida en el Estado español hasta después de la muerte de Franco, estrenándose en 1976.

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La escena que quiero señalar en esta entrada es la del barbero judío afeitando a un cliente al ritmo de la Danza húngara nº 5 de Johannes Brahms. El caso es que comienza la escena con una radio desde donde se emite la danza húngara de Brahms y vemos al cliente ya sentado en la silla. Al ritmo de la música el barbero va preparando y afilando la navaja que va a utilizar, enjabona la cara al cliente, le afeita, le da la loción y finalmente le quita el babero y le pone el sombrero para pedirle, finalmente, que le pague. El cliente se muestra al principio extrañado, después asustado y finalmente sorprendido del buen trabajo. Paga y se va rápidamente. Esta es la divertida escena:

Originalmente las 21 danzas de origen húngaro fueron compuestas, entre 1858 a 1869, por Johannes Brahms, para ser interpretadas al piano a cuatro manos y exceptuando las danzas 11, 14 y 16, el resto están tomadas del folclore húngaro. Después, de algunas de ellas, hizo versión para dos manos e incluso de otras, como la 1, la 3 y la 10, hizo versiones para orquesta. ¿Y de la número 5, que es la protagonista de la escena? Pues no, no hizo esa versión. Es más, la versión que suena en la película y que es la que suelen tocar las orquestas, es una orquestación de otro gran compositor, el bohemio Antonín Dvořák. En fin, que la obra es de Brahms y la versión de Dvořák. No pasa nada.

De las interpretaciones existentes voy a proponer dos. Evidentemente una a piano y otra en versión orquestal. La de piano es una contagiosa grabación de Walter Klien y Alfred Brendel, en la versión original a cuatro manos. Es de las primeras grabaciones en estéreo y quizás el sonido no sea el mejor, pero la interpretación es sublime.

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La versión orquestal es la de la Orquesta Sinfónica de Budapest, dirigida por István Bogár, para el sello Naxos, y con una interpretación espontánea, viva y llena de color.

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Me despido con un vídeo de la interpretación a dos manos que hizo, en los Proms de la BBC, en el año 2011, el joven pianista inglés, Benjamin Grosvenor:

ikurriña, la iruñea que quieren silenciar

Inevitablemente el lunes me acordé de mi abuela Pilar y de su familia que tuvieron que esconder su sentimiento vasco en su propia ciudad, que tuvieron que callarse durante 40 años en donde se negó a base de cunetas, prohibiciones, persecución y silencio la lengua, el pensamiento, los símbolos y hasta la propia identidad. Eran una familia de Iruñea, como cualquier otra, con una zapatería, con afición a la música, con apego a sus tradiciones y con un inmenso amor por su ciudad, Iruñea. Pero eran nacionalistas.

77 años después a sus nietos y nietas, junto con gran parte de esta ciudad, también se nos persigue y se nos castiga con multas por ser vascos en la capital de Euskal Herria. Y también uno de nuestros símbolos, como es la ikurriña, hoy en día, en esta no-democracia de pacotilla, está perseguida con una obsesión como solo la puede tener UPN. Y es entonces cuando uno se pregunta porqué, siendo como soy de Iruñea, se me niega la posibilidad de que el símbolo que me representa pueda estar en igualdad de condiciones. Y pienso… y voy obteniendo respuestas.

El lunes seis personas eran detenidas acusadas de “desórdenes públicos” por colgar una ikurriña de grandes dimensiones en la Plaza del Ayuntamiento en el transcurso del txupinazo del día 6 de julio. ¿Qué desórdenes puede ocasionar este hecho en una plaza que en esos momentos es el desorden personificado? ¿Para quién puede suponer esta imaginativa acción un desorden en su orden particular? ¿Qué se esconde detrás de la histérica reacción del binomio UPN-PSN principalmente? Más preguntas que la reflexión intenta aclarar intentando ver más allá de un hecho concreto.

A última hora de la tarde del mismo día, cuando Patri, concejala de Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea, me llamó para decirme que le habían citado al día siguiente para declarar como imputada por “los desórdenes del 6 de julio” tuve una primera reacción natural de rabia e indignación ante ese atropello. Conforme pasaron las horas el análisis fue acelerándose en los resultados. ¿Qué motivación puede tener esta UPN moribunda para impulsar que se impute a una representante de la ciudadanía por la colocación de un símbolo querido y que visualiza a casi la mitad de la ciudadanía?

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La obsesión del Régimen, más allá de una bandera es lo que representa esa bandera. La ikurriña en tiempos de mi abuela Pilar fue perseguida porque representaba justamente lo contrario que los golpistas liderados por Franco y Mola. Esa bandera empezaba a simbolizar por ejemplo las miles de navarras y navarros que se plantaron ante la Gamazada en 1893 y 1894, o, tal y como recoge Jimeno Jurío en su libro Navarra jamás dijo no al estatuto vasco, la ola de reivindicaciones autonomistas que recorría Navarra a finales de la década de 1910, aquella bandera empezaba a ser reflejo de aquella Asamblea Municipal de 1931 en donde se aprobó el Esatuto Vasco-Navarro, aquél estatuto que mediante importantes irregularidades no pudo ser refrendado en la Asamblea de 1932 (me remito de nuevo al trabajo de Jurío). Eso es lo que persiguieron incansablemente los cuneteros golpistas que, no lo olvidemos, comenzaron su peregrinaje de totalitarismo en aquélla Iruñea en ebullición del 18 de julio de 1936.

Ya en la dictadura la ikurriña se convirtió en símbolo de la batalla por las libertades, en la imagen de la lucha contra el franquismo y todo lo que representaba y en los años finales del régimen dictatorial vino a simbolizar el renacer cultural, social y político de Euskal Herria. Muerto Franco, y tras un tiempo en que las fuerzas políticas se resituaron, se abordó una nueva estrategia contra la bandera legalizándola en parte de los territorios de la Euskal Herria peninsular y dejándola en el limbo legal en el gran territorio que es Nafarroa. En 1982, en ese Amejoramiento que nunca hemos refrendado, se excluyó la bandera tricolor de las instituciones navarras hasta que en 2003 el Régimen (UPN-PSN y aledaños) se dotó de una ley con la que continuar su particular guerra contra la ikurriña en Nafarroa. Pero no nos quedemos exclusivamente con la persecución a una bandera. La Ley de Símbolos, al igual que otras leyes promulgadas en Nafarroa, como la del Euskera, tienen un objetivo claro y principal: eliminar toda referencia a la identidad vasca de Navarra.

En esta última década y más en los últimos años las banderas han sido la excusa que el Régimen ha tomado para posicionarse y actuar contra cualquier proyecto que vaya contra sus intereses económicos y políticos. La ikurriña les molesta porque es, como en el franquismo, un símbolo de la lucha por las libertades y por un modelo diferente de sociedad en Euskal Herria. En este caso, UPN reconoce en la centenaria bandera el sentimiento de gran parte de esta ciudad por construir un modelo diferente para Iruñea. Ese y no otro es el quid de la cuestión, ese es el nudo del debate. Por eso es necesaria una lectura política que vaya más allá en un esfuerzo porque los árboles no nos impidan ver el bosque. Es imprescindible trabajar conjuntamente entre diferentes para derogar una ley que margina a gran parte de la ciudadanía y, sobre todo, margina e intenta anular el proyecto político y social de esa ciudadanía. La ikurriña, al igual que otros símbolos y banderas, debe tener la misma visibilidad y debe gozar de los mismos derechos. Pero sobre todo es urgente y necesario ponerse a trabajar conjuntamente para ir construyendo la Iruñea integradora que la ciudadanía necesita. Esa construcción debe empezar ya en las calles, en los barrios, en los centros de enseñanza y desde los puestos de trabajo y tiene que llevarse a cabo también desde el propio ayuntamiento.

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La estrategia del Régimen pasa por silenciar, como hace 77 años, a gran parte de las vecinas y vecinos de Iruñea y por eso debemos ser conscientes de que estos ataques no pueden, de ninguna de las maneras, condicionar el ilusionante trabajo de construir una Iruñea donde la ciudadanía sea protagonista indiscutible. Responderemos puntualmente a estos ataques, a estas agresiones, naturalmente, y volveremos a utilizar la imaginación en esa respuesta, pero la mejor respuesta es renovar nuestro compromiso por ese nuevo modelo de ciudad. Debemos continuar nuestra labor en los barrios y en los colectivos sociales de Iruñea y, desde luego, en el ayuntamiento de Iruñea, trabajando codo con codo, debatiendo y llevando adelante propuestas constructivas que materialicen, de una vez por todas, una Iruñea en donde los derechos de todas y todos sean respetados y en donde todos los proyectos tengan las mismas oportunidades.

P.D.1 Pasadas las 11.30 Patri salió tras declarar ante el juez y después de comunicarle que no estaba imputada. Parece ser que le querían acusar, y por ahora no lo han hecho, de ser la autora intelectual de la acción de la ikurriña gigante. A las dos y cuarto de la tarde salieron los seis detenidos con la obligación de presentarse mensualmente en comisaría a firmar y con cargos de “desórdenes públicos”.

P.D.2 Es esclarecedor que en estos momentos, en donde el llamamiento a construir entre diferentes el nuevo modelo de ciudad es una de las bases de EH Bildu, la teniente de alcalde Elizalde salga a la palestra con la siguiente declaración: “solicitaremos el rechazo de «la actitud de quienes aprovechan su cargo público para amparar o apoyar el incumplimiento de las normas y la imposición de su proyecto político”. Curioso que desde UPN se hable de aprovechamiento del cargo público, esclarecedor que hable, no de la ikurriña, sino de proyecto político. Silencio ante su propia imposición, desde el Amejoramiento a la Ley de Símbolos pasando por su empeño diario en anular en Iruñea cualquier sentimiento político, social y cultural que no sea el suyo propio. Eso que se llama totalitarismo señora Elizalde y que ustedes y los suyos practican desde tiempos de mi abuela.