pionera

Cuando llega la noche ya he terminado con la mayor parte de la cocina, he ordeñado siete vacas y he segado todo el heno. Como podrá comprobar, me paso el día trabajando. Pero también encuentro tiempo para hacer treinta pintas de jalea en conserva y la misma cantidad de mermelada para mí. Utilizo frutos silvestres, grosellas, pasas, frambuesas y cerezas. Tengo casi dos galones de mantequilla de cereza, que me resulta deliciosa.

Una mujer que acaba de enviudar, que coge a su pequeña hija y se va al Oeste, a principios del XX, a comenzar una nueva vida, de gobernanta, cuidando de la casa de un ranchero (vaquero) y haciéndose, posteriormente, con su propia hacienda. Y todo esto con un admirable optimismo y ganas de vivir que se contagian en cada página.

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Editado por Hoja de Lata, Cartas de una pionera es un libro que recoge las veintisiete cartas que Elinore Pruitt Stewart escribió a una amiga suya en el transcurso de los primeros años de esa nueva vida que decidió emprender. En esas cartas, Elinore, narra su nueva vida como colona en el Oeste americano, que entonces era, todavía, una tierra con resonancias exóticas y muchas veces salvaje, por lo menos para alguien procedente de Denver (Colorado). Es la historia de una lucha por la supervivencia, de un camino de superación y todo ello protagonizado por una mujer decidida, independiente, inconformista, incluso rebelde, con una capacidad irónica y un humor que hacen su lectura un pequeño placer.

Viajes en trineo a través de la nieve, visitas de sus amigas irlandesa y alemana, tipos que viven en cabañas alejados del resto de gente, forajidos, mormones, pequeñas historias del día a día y grandes aventuras. Pero sobre todo destaca la pasión por la vida de esta mujer que no recibió, apenas, educación y que tenía la capacidad de plasmarlo de manera tan vívida en sus cartas. Optimismo, ilusión y esperanza en una naturaleza entonces alejada e intacta.

Un libro para quien crea que no tiene fuerzas para seguir adelante, para las mujeres que no saben si tienen capacidad de hacer algo por sí mismas y para los hombres que no creen que una mujer pueda ser independiente y hacerlo bien. Para quienes quieren comenzar una nueva vida, para quienes quieren abrirse un camino virgen y para quienes necesitan, por lo menos, sentir la fuerza que irradian estas cartas. Una obra para quienes echan en falta escribir cartas a los amigos y para quienes siguen escribiendo postales en sus vacaciones. Un libro para sonreír a la vida.

la utopía y #ChimPonChi

El vídeo en el que aparece el concejal de UPN, Juan José Echeverría (sic), en el que se lanza con un monólogo anticomunista en una intervención sobre el carril bici en Iruñea, se ha hecho viral. Esto es, se ha propagado a los cuatro vientos cual virus griposo. Sorprende esta intervención y su virulencia por el contenido ajeno al debate, por el odio que desprende y por las formas violentas con las que lo realiza. Indica un nivel ínfimo en el debate político que desprende una falta de argumentos y propuesta en un debate sobre la movilidad sostenible. Si normalmente el comodín que los concejales de UPN y PSN utilizan es el de ETA, parece ser que ahora han ampliado las excusas en  su incapacidad manifiesta con las palabras comunista, ultraizquierda y la referencia a lugares como la extinta URSS, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, o a personas como el dictador militar Kim Jong-un, aunque Echeverría lo llame Chim Pon Chí. Estas son las referencias que utilizó el político de UPN en un debate municipal. Unas referencias y un monólogo que hizo con inusitada violencia, como salido de sí mismo y de donde se desprende un odio hacia el pensamiento que no es el suyo.

Desgraciadamente no ha sido el único caso de concejales de UPN y PSN en las últimas semanas. Los vídeos de la concejal de UPN, María Caballero, gritando y no dejando hablar, impidiendo un debate en una comisión y el de la portavoz del PSN, Maite Esporrín, haciendo burla y mofándose en su intervención de una compañera de corporación, han dado también qué hablar. La prepotencia y chulería de Echeverría, la falta de respeto de Caballero y las burlas de Esporrín son solo algunos ejemplos del nivel de debate que tienen estos dos grupos, habituados hasta ahora a hacer de su capa un sayo y del ayuntamiento su chiringuito y que ahora, en su papel de oposición, exclusivamente saben meter ruido en un vano intento de entorpecer la gestión municipal. Y la inevitable pregunta que nos hacemos todo el mundo es… si esto son capaces de hacer cuando saben que hay cámaras grabando, ¿qué no harán en las múltiples reuniones a puerta cerrada? Nos lo podemos imaginar.

De todos modos, una de las cosas que más me han sorprendido ha sido el ataque de Echeverría a la Utopía. En un primer momento achaca a la Utopía la “creación de la URSS, de la Unión Soviética, de Siberia y 20 millones de muertos”. Y dice que “a eso conduce la utopía” y que “luego llegan los talibanes”. Hace después un recorrido por diferentes países “comunistas” y finalmente achaca a “su utopía”, aquí ya no dice la Utopía, si no “su utopía”, que haya provocado “millones, millones, millones de muertos”.

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Me molesta y desagrada que un concejal del Ayuntamiento de Iruñea muestre tal falta de respeto por las ideas del de enfrente. El tufillo autoritario e intransigente que desprende su intervención es nauseabunda en este siglo XXI. Desgraciadamente su forma de pensar y su actitud la estamos viendo continuamente en personajes como Le Pen en el Estado francés, Trump en USA o Hofer en Austria. Pero lo que me ha indignado ha sido su ataque a la Utopía. Qué sepa Echeverría y UPN que gracias a la Utopía se han conseguido victorias sociales que de otra forma posiblemente no habríamos logrado. Alguien creyó en la Utopía de la igualdad de mujeres y hombres y consiguió el derecho al voto para las mujeres. Hubo quien se guió con la Utopía de la dignidad del trabajo y logró avances laborales para millones de trabajadoras y trabajadores. La Utopía del antimilitarismo y la insumisión hizo caer el servicio militar obligatorio. Hoy en día somos millones de personas las que seguimos creyendo en la Utopía para alcanzar la verdadera igualdad entre mujeres y hombres, para lograr la dignidad del trabajo y para conseguir que la fuerza militar deje de imponer las ideas del sistema por todo el mundo. Seguimos teniendo, señor Echeverría, centenares, miles de Utopías que son nuestra guía para conseguir un planeta justo, solidario y en paz.

Qué triste debe ser no tener Utopía alguna y guiarse por el odio al que piensa diferente. Le compadezco, Juan José Echeverría.

una en corto sobre la USA Trump

No me resisto a escribir unas líneas reflexionando sobre lo ocurrido en USA. Frente a todos los pronósticos y encuestas, que han fallado estrepitosamente (una vez más), Donald Trump se ha alzado con la victoria en las presidenciales y no solo eso, ha obtenido la mayoría en el Congreso y en el Senado. ¿Qué ha pasado? Esa es la pregunta que a estas horas se hace mucha gente.

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Cuando se enfrentan dos opciones que difieren en aspectos básicos del discurso y práctica política, como es la educación, la sanidad, los derechos humanos y el propio concepto de país, la gente, esa gente que soporta la crisis del neoliberalismo globalizador, decide dar la oportunidad a algo nuevo. Hilary Clinton representa lo viejo, el sistema oficial, lo que había hasta ahora y la gente, más de la que nos pensamos, veía cómo su bienestar familiar iba menguando a grandes pasos. En todo el país, pero mucho más visible en las zonas rurales, que por otro lado, son la mayoría. En las ciudades todo se diluye. También la miseria. Con lo cual, si surge un discurso nuevo, claro, sin pelos en la lengua, por muchas burradas que se puedan decir, la gente, esa gente harta del sistema actual, opta por dar el voto incluso a un personaje tan estrafalario como Trump. Lo hizo en Italia con Berlusconi, lo hace en el Estado español con Rajoy y es posible que lo haga en el Estado francés con Le Pen. Por cierto, el 3% de votos que han ido a Johnson, del Partido Libertario, que es un voto de descontento con el sistema, ha tenido mucho que ver con la derrota de Clinton ya que le ha quitado estados clave para los demócratas y por lo tanto con la victoria de Trump.

Pero cuidado. No nos confundamos. Trump, desde el mismo momento de ganar las elecciones, ha cambiado de hecho su discurso. Ha adaptado el discurso del presidente electo, del establishment y del sistema. Ha tardado minutos en cambiarlo. No es la imagen oficial de ese sistema. No hasta ahora. Pero ya ha adaptado su discurso al sistema. Los resortes de la casta norteamericana tardarán poco o nada en hacer de Trump la imagen que ellos quieran y sirva a sus intereses. Porque de eso se trata, de tener una marioneta, más o menos aceptable, que represente el teatro que vaya tocando. Lo del tupé o la laca, es lo de menos.

¿Y la izquierda? En USA es evidente que no está, con un poder representado por una ultraderecha populista y una derecha con un discurso hecho en Hollywood, y en Europa, a nivel global, la izquierda sigue siendo incapaz de construir alternativas frente al neoliberalismo antihumano que padecemos. No estamos siendo capaces de hacer frente a un poder económico cuya consecuencia y desastre más visible son las migraciones forzosas de millones de personas a lo largo de Europa y hacia Europa. Por eso, en los lugares donde la izquierda social ha llegado a gestionar los recursos institucionales, es más que necesario que su base organizada siga impulsando la construcción de alternativas reales que mejoren el bienestar de toda la ciudadanía hacia la justicia, la solidaridad y los derechos humanos y sociales para todas y todos.

un doloroso canto a la amistad

El caso es que, para ser sincero, cuando compré el libro, tras leer una minúscula reseña en una revista, no tenía ni idea de en dónde me estaba metiendo. Decían que era una novela que había tenido, durante este año, gran éxito de ventas y crítica en EEUU y que seguía el camino de la gran novela norteamericana. Así que, nada, me fui a Walden, me hice con el tocho de mil páginas y me enfrasqué en su lectura.

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El libro es de lectura contagiosa, de esa que hace que no sueltes el libro y quieras, sea la hora que sea, seguir una página más para saber qué es lo que pasa. Cuenta, principalmente, la historia de una amistad entre cuatro hombres, una amistad forjada a lo largo de los años, con sus diferentes intensidades y sus acomodos al devenir de la existencia de cada uno de los amigos. En este sentido me sentía atraído por la posibilidad de adentrarme en el significado de esa amistad masculina. Son muchos los libros que han profundizado en la amistad entre mujeres con el objetivo de traducir los elementos de dicha amistad. Pero pocas veces, por lo menos yo, he tenido oportunidad de ver desentrañada de manera escrita la madeja de signos, pautas y simbolismos que explican la confianza, el entendimiento y el amor que se presentan en la amistad masculina, una amistad generalmente basada en la aceptación de ser y formar parte de una manada, una familia. Por lo menos esta es la amistad que presenta esta novela.

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La obra se desarrolla en torno a una cuadrilla de cuatro amigos que, desde la universidad, luchan, a veces incluso entre ellos, para descubrirse a sí mismos, descubrir la amistad, el amor, la sexualidad, su vida, la vida. El protagonista, Jude St. Francis, esconde además, una niñez marcada por los abusos sexuales, el maltrato y el rechazo que, inevitablemente, le obliga a construir una realidad falsa que, poco a poco, irá descubriendo a uno de los amigos.

Fue a principios de este año, cuando leí una suerte de memorias de un pianista clásico que me causaron gran impresión. En Instrumental, James Rhodes cuenta su vida marcada por la temprana y continuada experiencia de abusos sexuales por parte de un profesor suyo y el desarrollo de su existencia a través de autolesiones, drogas y sobre todo música, en este caso clásica, que es la que actúa como antídoto y consigue que el pianista se encuentre consigo mismo, reconociéndose y empezando a quererse.

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En el caso de Tan poca vida, de Hanya Yanagihara, directamente se vomita esta experiencia y sus consecuencias, creando una narración que hace sufrir a quien la lee, adentrándote, sin previo aviso, en las fauces de un infierno de maltratos, abusos y violaciones a un niño desprotegido que, de manera muy lenta, deja de quererse, asume la culpa de lo que le pasa y descubre en la autolesión un remanso de tranquilidad en medio del cruel torbellino que es su vida. Una vida, por otro lado, que nadie conoce más allá de sí mismo y que es una gran y necesaria mentira para poder seguir viviendo. Mientras quiera.

Un libro con el que me he sorprendido llorando amargamente, mucho, y sintiendo, sobre todo, la belleza de una dolorosa amistad cuyo canto te golpea súbitamente y que, aviso, quien empiece a escucharlo, en este caso a leerlo, no lo puede abandonar. Quizás, con suerte, podrás dejarlo un rato, para descansar de ese dolor, tan insoportable por momentos.


Un libro para quien necesite llorar un buen rato como ejercicio para limpiar el interior, para quienes tienen una cuadrilla de las de toda la vida y quieran descubrir, por fin, el significado de muchas cosas, para las mujeres (y hombres) que creen que los hombres solo hablamos de fútbol (parece ser), sexo (es verdad) y mujeres (y hombres) y para quienes se sientan capaces de ir más allá de lo que marca la sociedad sin importarle el qué dirán. Sepa quien empiece el libro, que lo engullirá, sacará tiempo para leerlo de donde no hay y por lo tanto perderá tiempo para hacer otras cosas, con lo que dormirá poco, descuidará la casa una semana, malcomerá y llegará tarde a trabajar. ¡Una maravilla!

un barbero a ritmo de danza húngara

En 1940 se grabó una película con un mensaje claro contra el fascismo que en ese momento se abría paso en Europa en medio de una guerra que enseguida se iba a convertir en mundial. En esos momentos EEUU todavía no estaba en guerra con Alemania, pero poco faltaba. El genial Charles Chaplin dirigió y protagonizó esta memorable película, la primera del director con diálogos y sonido, titulada El gran dictador y que cuenta con unas cuantas escenas para ser recordadas. Para la posteridad quedan la escena del dictador jugando con el globo terráqueo o el final con un discurso contra las guerras y las dictaduras. Hablando de dictaduras, la cinta estuvo prohibida en el Estado español hasta después de la muerte de Franco, estrenándose en 1976.

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La escena que quiero señalar en esta entrada es la del barbero judío afeitando a un cliente al ritmo de la Danza húngara nº 5 de Johannes Brahms. El caso es que comienza la escena con una radio desde donde se emite la danza húngara de Brahms y vemos al cliente ya sentado en la silla. Al ritmo de la música el barbero va preparando y afilando la navaja que va a utilizar, enjabona la cara al cliente, le afeita, le da la loción y finalmente le quita el babero y le pone el sombrero para pedirle, finalmente, que le pague. El cliente se muestra al principio extrañado, después asustado y finalmente sorprendido del buen trabajo. Paga y se va rápidamente. Esta es la divertida escena:

Originalmente las 21 danzas de origen húngaro fueron compuestas, entre 1858 a 1869, por Johannes Brahms, para ser interpretadas al piano a cuatro manos y exceptuando las danzas 11, 14 y 16, el resto están tomadas del folclore húngaro. Después, de algunas de ellas, hizo versión para dos manos e incluso de otras, como la 1, la 3 y la 10, hizo versiones para orquesta. ¿Y de la número 5, que es la protagonista de la escena? Pues no, no hizo esa versión. Es más, la versión que suena en la película y que es la que suelen tocar las orquestas, es una orquestación de otro gran compositor, el bohemio Antonín Dvořák. En fin, que la obra es de Brahms y la versión de Dvořák. No pasa nada.

De las interpretaciones existentes voy a proponer dos. Evidentemente una a piano y otra en versión orquestal. La de piano es una contagiosa grabación de Walter Klien y Alfred Brendel, en la versión original a cuatro manos. Es de las primeras grabaciones en estéreo y quizás el sonido no sea el mejor, pero la interpretación es sublime.

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La versión orquestal es la de la Orquesta Sinfónica de Budapest, dirigida por István Bogár, para el sello Naxos, y con una interpretación espontánea, viva y llena de color.

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Me despido con un vídeo de la interpretación a dos manos que hizo, en los Proms de la BBC, en el año 2011, el joven pianista inglés, Benjamin Grosvenor: