Salesianos: Una llamada a la cordura

Por su interés, paso a publicar en el blog el artículo de opinión que el alcalde de Iruñea, Joseba Asiron Saez, ha escrito en torno al terrible proyecto del PSIS de Salesianos. Un artículo que por su claridad e interés recojo.

“La casa no oculta al hombre, sino que lo muestra”. Con esta frase de F.J. Sáenz de Oiza comencé, hace ya muchos años, mi tesis doctoral. Y la reflejé allí porque consideraba que tras ella se esconde una gran verdad, que los edificios que habitamos dicen mucho sobre nosotros y sobre el tipo de sociedad en que vivimos. De este modo, la ciudad se muestra como una suerte de agregado de decisiones, acertadas a menudo, y seguramente equivocadas en otros muchos casos. La Iruñea actual, con su generoso pulmón de zonas verdes, su tripartito casco antiguo, modesto y lleno de sabor, sus ensanches y sus barrios periféricos, muchas veces mal dotados y planificados, es el resultado de aquellas decisiones que tomaron quienes nos precedieron. Esa es la Pamplona que día a día vivimos, gozamos, sufrimos y, en definitiva, amamos.


El denominado PSIS de Salesianos se concibió para favorecer la construcción de un nuevo colegio para dicha congregación, y hacerlo además fuera de Pamplona. Así de claro. Y ello conllevaba buscar el máximo aprovechamiento económico posible, que en el caso del proyecto vigente se plasmaba en un conjunto de desmesuradas torres, alguna de las cuales alcanzaría los 18 pisos de alto. Un proyecto de la pasada legislatura, impulsado y diseñado por UPN, que se enmarcaba en un rosario de PSIS como los de Donapea, Maristas o Etxabakoitz, y que tenían el factor común de que secuestraban las competencias municipales en materia de urbanismo, favoreciendo intereses frecuentemente privados.

El Ayuntamiento de Pamplona no tiene instrumentos legales para parar el PSIS, que por definición es un planeamiento de incidencia supramunicipal. Más bien al contrario, el consistorio está obligado a otorgar licencia en cuanto se den las condiciones legales para ello, so pena de incurrir en prevaricación. Así las cosas, quien gestiona el PSIS es el Gobierno de Navarra, mientras que el otro agente implicado es la propia congregación Salesiana. Son ellos quienes tienen competencia para paralizarlo y/o modificarlo.

Los Salesianos llegaron a Pamplona en 1920, gracias al impulso de Antonio Aróstegui, que quiso así promocionar la formación profesional en Navarra, siguiendo modelos que había conocido en Argentina. Desde entonces, generaciones de profesionales se diplomaron en el centro de la calle Aralar, constituyendo un motor de desarrollo para toda Navarra. Así las cosas, es una auténtica pena que, tras 90 años de servicios, los Salesianos que tanto han dado y tanto han recibido de esta ciudad, se marchen dejando tras de sí el fenomenal “portazo” que supone un conjunto de torres desmesuradas y agresivas con el entorno.


El Segundo Ensanche de Pamplona fue diseñado por Serapio Esparza, siguiendo de forma un tanto retardataria los criterios empleados por Ildefonso Cerdá en el ensanche de Barcelona. Incorporaba la misma trama ortogonal igualitarista, con su “gran vía” (la avenida de Carlos III), y hasta su propia “diagonal” (la avenida de Baja Navarra). Y hay que reconocer que el arquitecto y quienes posteriormente desarrollaron el plan consiguieron crear un entorno con una doble virtud, el de ser diverso en lo social, pero homogéneo en lo estructural. Además, las jerarquías en ubicación y en altura, perfectamente reflexionadas, se reservaban para lo religioso (por ejemplo las iglesias de de San Ignacio o San Francisco Javier), lo político (Palacio de Navarra) o incluso lo simbólico (la actual Plaza de la Libertad). En este sentido, cabe decir que el proyecto aprobado para Salesianos transgrede la filosofía del Ensanche. Que no respeta ni su trama ni su volumetría, puesto que eleva nueve torres por encima del entorno construido, una suerte de “pequeña Manhattan” que desborda el perfil del limes arbolado de la ciudad y rompe la línea de cielo de Pamplona, allí donde hasta ahora mandaba la muralla y la Catedral. Y es que, si el proyecto se ejecuta en su actual forma, quien suba por la cuesta de Beloso y mire hacia su derecha no verá enseñorearse el perfil predominante de sus torres barrocas, que quedarán empequeñecidas y ninguneadas por los bloques de cemento.

En el entorno de este mismo debate se ha dicho ya, y con muchísima razón, que la calidad de un edificio no depende en modo alguno de su altura. Hay edificios altos bellísimos, al igual que existen otros de desarrollo horizontal que son auténticos bodrios. Pero lo que parece incuestionable es que levantar nueve torres de hasta 18 plantas, aplastando a los edificios del entorno e impactando sobre el skyline de la ciudad justo allí donde su antiquísima muralla y su catedral son visibles, es un auténtico despropósito. Hay quien en días pasados ha dicho que muchas veces en la historia de la arquitectura se han construido edificios hermosos en entornos con los cuáles no armonizaban, y se ponía como ejemplo el Centro Pompidou y el museo Guggenheim. Y hay que reconocer la comparación fue comedida, puesto que con la misma línea argumental podía haberse remontado al Taj Mahal, al campanile de Pisa o a la torre Eiffel. Sin entrar a juzgar la calidad intrínseca de los bloques de viviendas proyectados para Salesianos, el verdadero debate radica en pensar si su resultado final se acercará más al centro Pompidou, o si más bien abundará en errores viejos cometidos en esta misma ciudad. Por ejemplo en nuestro recoleto paseo de Sarasate.


Se ha dicho que la muralla es el elemento más importante de la realidad física y simbólica en las ciudades preindustriales. Y es que, más allá de su funcionalidad defensiva, las murallas marcaban un límite físico, un ámbito seguro y conocido, libre de los peligros de la terra nullius exterior, un marco propio para las relaciones humanas y un entorno de solidaridad colectiva. Constituían una eficaz barrera profiláctica contra epidemias y pestes, y eran percibidas, en suma, como el contenedor de un ámbito legal, impositivo y moral. Por ello es tan importante que, allí donde se han conservado, las ciudades integren sus murallas, las respeten y las potencien. Y precisamente en ese empeño se encuentra el gobierno municipal de Iruñea, que en estrecha relación con algunas ciudades amuralladas del entorno, como Bayona, Jaca y Hondarribia, desarrolla proyectos comunes en el terreno turístico y cultural. Y no se nos escapa que, aunque en defensa de este proyecto hay quien ha dicho que las altísimas torres tienen el beneficio de liberar espacio público en su base, no es este ni mucho menos su objetivo primordial. Más bien nos inclinamos a compartir, con Jehel y Racinet (1996), la creencia de que este tipo de ruptura con el entorno, que a lo largo de los tiempos ha tomado muy diferentes formas, lo único que denota es “la voluntad de distinguirse”, cuando no de reafirmar determinados egos. Era así en la Edad Media, y sigue siéndolo, salvando las distancias, a día de hoy.

Séneca dijo que la ciudad se construye en una era, y se destruye en una hora. Quizá el filósofo exageró un tanto, al menos en los plazos. Lo que sí es cierto es que la Pamplona del futuro será, en buena medida al menos, el resultado de nuestros actuales proyectos, y es ahí donde tenemos una responsabilidad insoslayable. Nos equivocamos si pensamos que somos los dueños de esta ciudad, tan solo somos los depositarios de ella, porque pertenece también a quienes nos precedieron y a quienes algún día nos sucederán. Por todo ello, si bien es cierto que ser alcalde de Iruñea es de lo más hermoso que puede ocurrirle a un pamplonés, no es menos cierto que ello entraña servidumbres, y una gran responsabilidad. Y en este momento la obligación moral de quien esto escribe es hacer una llamada a la cordura, al buen juicio y al diálogo entre las partes. Porque estoy persuadido de que aún estamos a tiempo.

Joseba Asiron Saez

Alcalde de Pamplona/ Iruñeko alkatea.

ejercicio colectivo, auzolan de Iruñea

Hoy decenas de personas de todos los barrios hemos convertido una mañana sabatina en un ejercicio de construcción colectiva, desde abajo, desde la calle y proyectando propuestas hacia los barrios y toda la ciudad. El martes comenzó este ejercicio en Mendillorri, barrio joven y comprometido con el futuro que le corresponde y que no quiere dejar en manos del control del sistema. El jueves fue Etxabakoitz quien tomó el testigo del debate, barrio olvidado por la totalidad de partidos que han gobernado, hasta ahora, la vieja Iruñea y del que solo se acuerdan para construir una estación a su tren TAV (TAP le llaman ahora) antisocial e insostenible. Hoy sábado han sido la mayoría del resto de barrios los que han empleado de dos a casi cuatro horas para debatir y acordar las propuestas que como EH Bildu vamos a trasladar a toda la ciudad. Iturrama se rebela contra su pretendida imagen de barrio burgués y exige su espacio en este ejercicio por el cambio en Iruñea. Donibane reivindica su movimiento vecinal, cada vez más potente, como garantía de un cambio basado en la alternativa popular y desde la base. Arrosadia y Azpilagaña esgrimen su poder trabajador y obrero para acordar propuestas que hagan frente a la crisis ocasionada por las políticas de UPN y PSN y alzan la voz en los diferentes idiomas que se escuchan en sus calles como símbolo de la riqueza intercultural. Arrotxapea saca pecho y deja ver los frutos de meses de trabajo y compromiso con un barrio que, pese a ser cada vez más grande, sigue siendo aquél pequeño barrio de huertas y fábricas. Txantrea, superando los años más grises del conflicto que tantas heridas dejó en el propio barrio, trabaja en propuestas que surgen del espíritu guerrero que siempre ha existido en sus calles y plazas. Sanduzelai nuestra su poderío de luchas vecinales y a pesar de la avenida que separa al barrio en dos, como herida que en cualquier otro sitio podría ser mortal, trabaja codo con codo con las diferentes realidades y colectivos que forman este San Jorge de auzolan. Alde Zaharra, corazón de la vieja Iruñea, decide seguir siendo el corazón de toda la ciudad mirando a su sentimiento de barrio y sacudiéndose la imagen de parque temático que el Régimen de UPN-PSN-Iglesia se ha empeñado en darle. En las próximas semanas serán Buztintxuri y el Ensanche los que hagan públicas sus propuestas con diferentes actividades que formarán parte de este ejercicio colectivo que hoy hemos realizado.

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Esta jornada ha sido el mejor de los ejemplos del nuevo modelo de hacer política que EH Bildu quiere llevar adelante. En realidad no es nuevo, no por lo menos para las personas que hemos estado y estamos trabajando y comprometidas en las decenas de colectivos, movimientos, luchas, plataformas y dinámicas que se han dado y se dan en esta pequeña ciudad. El auzolan de la calle ha sido, siempre, la base del trabajo de muchas personas en Iruñea. ¿Quién mejor que las vecinas y vecinos de los barrios para hacer las propuestas que llevaremos desde EH Bildu a las instituciones y a la ciudad en general? Son, somos las vecinas y vecinos de Iruñea las que mejor conocemos las necesidades de nuestros barrios, calles y plazas y de las personas que los habitamos. No necesitamos expertos (palabra de moda para algunos) para que nos digan qué necesitamos. Lo sabemos bien: bibliotecas que estén abiertas y no mayormente cerradas como hoy en día; poder comprar en comercios del barrio, sabiendo dónde se produce el tomate y la lechuga que adquirimos; queremos una ciudad para las personas, no una ciudad exclusivamente para el coche, con oportunidad para la bici como medio de transporte sostenible y feliz; queremos poder seguir viviendo en nuestros barrios y acceder a la vivienda a pesar de ser jóvenes o a pesar de ser mayores; queremos que nuestra opción de modelo educativo se respete cerca de casa; seguimos trabajando para que nuestras calles y plazas sean espacios de convivencia e intercambio de experiencias; seguimos reivindicando una atención prioritaria a nuestras vecinas y vecinos que peor lo están pasando en estos momentos; luchamos por el respeto a la memoria de nuestros barrios y de quienes los habitaron en otros momentos; y sobre todo, seguimos en el empeño de construir una ciudad, entre todas y todos, con una diversidad que nos enriquece y con un sentimiento de orgullo por ser protagonistas de nuestro presente y de nuestro futuro.

Nuestro candidato a alcalde, Joseba Asirón, lo ha dicho bien claro: “EH Bildu y yo mismo, estamos preparados y preparadas para asumir la responsabilidad de gobernar esta ciudad”. Nosotras y nosotros, las vecinas y vecinos de los barrios y calles de Iruñea, también lo estamos Joseba. Tenemos la preparación, la ilusión y las ganas para seguir construyendo nuestra ciudad.

El próximo 14 de marzo seguiremos este ejercicio colectivo de construcción de ciudad, este auzolan maravilloso que, cada vez más, nos deja ver un horizonte muy cercano de una ciudad para todas y todos.

¡El 14 de marzo nos vemos en la Hiri Bilgunea de EH Bildu!