ciudades sostenibles, espacios de calidad

Este pasado domingo, algún medio publicó un artículo de opinión que en nombre de EH Bildu firmamos tres bilkides. En EH Bildu creemos que el debate sobre el modelo de ciudad debe ser constante, tranquilo y con posibilidad para que participe todo el mundo. Qué duda cabe que quienes se oponen a un cambio en ese modelo del cemento, el coche y las grandes superficies que crearon, utilizarán todos los medios a su alcance para manipular, despistar y desviar el propio debate. Por eso es necesaria la información directa, el contraste de opiniones y las reflexiones conjuntas. Ese es el objetivo principal de este artículo. Espero que sirva aunque sea para dedicarle 4 minutos tranquilos y conscientes. Gracias por vuestra atención.

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Cada día se aprecia una mayor sensibilización respecto al concepto de movilidad sostenible. Muchas ciudades y áreas metropolitanas de referencia planean alternativas al uso generalizado del coche particular, para evitar los problemas medioambientales, de salud y sociales que ocasiona su uso exagerado como modo de transporte. El objetivo central de la movilidad y de las ciudades sostenibles es mejorar la calidad del espacio urbano y construir una ciudad más accesible, dinámica, segura, sostenible, viva y respetuosa, en la que sus protagonistas sean las personas.

Los beneficios de los modos de desplazamiento sostenibles, se centran en conseguir una ciudad más limpia, con menos contaminación y donde desplazarse sea más sencillo, agradable y económico. En definitiva, se busca mayor bienestar económico y social, colectivo y personal.

Quienes apostamos por un nuevo modelo social, económico y cultural para Iruñea, tenemos que adoptar una nueva hoja de ruta en favor del bienestar urbano sostenible. Para eso necesitamos ciudades incluyentes, accesibles, conectadas y compactas. Debemos asegurar que la ciudad se mantiene como espacio de innovación, equilibrio, impulso económico y bienestar. Hacia ahí se dirige Pamplona, y nuestra apuesta es seguir comprometidos en devolver a la ciudadanía el protagonismo que, el sometimiento al cemento y a los vehículos privados, le han robado en el pasado.

El proyecto piloto de caminos escolares, iniciado en el barrio de Iturrama, es un magnífico ejemplo para comprender la importancia de transformar nuestras calles y barrios hacia entornos más seguros y agradables, donde las plazas y parques, las calles y las aceras peatonales recuperen un papel predominante y se conviertan en un espacio que acoja habitualmente los desplazamientos diarios de las niñas y niños a sus centros escolares.

Desde EH Bildu queremos seguir la estela de las ciudades innovadoras, solidarias y amables europeas. La selección de Pamplona para el proyecto Stardust, ayudará a convertir Pamplona en una ciudad de referencia e inspiración para al resto de las ciudades europeas en cuanto a energía y ciudades inteligentes y sostenibles.

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Las ciudades modernas, deben orientarse a mejorar el confort de la ciudadanía, siendo cada vez más eficaces y brindando nuevos servicios de calidad, mientras que se respetan al máximo los aspectos ambientales y el uso prudente y en declive de los recursos naturales no renovables.

La conciencia de que los recursos naturales no son ilimitados está cada vez más extendida. El modelo de las ciudades está cambiando entorno a esa conciencia. Hábitos que hasta hace pocos años eran habituales hoy son ya extraños. Nadie concibe centros de ciudades llenas de coches, como nadie permitiría hoy fumar en hospitales, escuelas y autobuses. El planeta necesita respirar y las ciudades deben apostar por ello desde políticas concretas.

Esta conversión de las grandes ciudades en urbes inteligentes afecta también a las políticas de movilidad en Pamplona y debemos apostar por modelos con un trasfondo equiparable a la realidad de muchas ciudades del centro de Europa: un tráfico pacificado, alejado de los centros urbanos y soluciones a nivel de infraestructuras para facilitar el movimiento a peatones, bicicletas con carriles independientes de la circulación motorizada y medios de transporte público de calidad y eficientes. 

Los cascos urbanos de las ciudades crean progresivamente espacios y ecosistemas de movilidad más amables y atractivos para el peatón que, más allá de los ritmos de cambio de mentalidad que requieren, conllevan en el medio plazo un mayor atractivo. También en Pamplona debemos caminar en esa senda, porque lamentablemente en los últimos 30 años el coche se ha apoderado del espacio público de Iruñea de forma trágica. Estamos pagando los malos humos de anteriores gobiernos municipales.

Apuestas como el plan de amabilización del centro, las peatonalizaciones y los corredores sostenibles, la modernización de los barrios, la apuesta por la economía de proximidad y circular (con ambiciosos planes estratégicos, proyectos de economía solidaria como Geltoki y cuantiosas inversiones en los mercados de la ciudad), etcétera, a la larga repercuten en que las personas y la actividad económica se vuelvan del extrarradio al corazón de la ciudad. En esta realidad, influyen mucho el transporte urbano de creciente calidad y el público más joven, que crecen en esos nuevos procesos e interioriza esas situaciones.

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Nos encontramos por lo tanto ante una gran oportunidad de proyectar nuestro futuro, de recuperar el espacio público para la vida social y comercial y para nuestra salud y bienestar. Estamos, ante una oportunidad única de participar en la planificación del entorno en el que queremos vivir. Por ello, queremos insistir en la importancia de que todas las personas y agentes implicados participemos en los proyectos de cambio de la ciudad, que han sido abiertos y flexibles desde sus inicios y así deben continuar. Para que todas las personas y colectivos podamos realizar nuestras aportaciones y ser atendidos mediante una escucha continua. Una participación constructiva será la mejor forma de avanzar hacia proyectos positivos y transversales, que conjuguen los intereses de todos y todas, e impulsen los cambios necesarios para que Pamplona evolucione hacia una ciudad sostenible y de calidad. Debemos seguir construyendo una ciudad de bienestar para todas y todos.

Garat Gaztelu, Marijose Mangado y Dani Saralegi, en nombre de EH Bildu Iruñea

un diario sutil

Vivo como siempre he deseado poder vivir: el amor y la existencia compartida, los hijos, la casa y tantos afectos dentro y fuera de ella. Qué importa si he trabajado mucho, si el mal vino y se fue, si alguna nube ha turbado mi horizonte sereno, si los años pasan veloces.

Marisa Madieri, escritora italiana que falleció en 1996, escribió un libro en forma de diario que cuenta su historia y la de muchas otras familias que tuvieron que exiliarse de Dalmacia tras la II Guerra Mundial, cuando esa zona dejó de ser italiana para pasar a ser parte de la Yugoslavia de Tito. Verde agua. Escrito en 1989, fue publicado por primera vez en castellano en el 2000 y ha sido reeditado unas cuantas veces por editorial Minúscula. Es de esos libros que forman parte del fondo de cualquier librería con un mínimo de gusto, como la de Deborahlibros, que fue quien me lo recomendó.

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Madieri cuenta con una sutileza exquisita, que no pretende esconder la realidad, sus recuerdos de infancia y adolescencia, cuando su familia abandonó la antigua Fiume italiana que acaba de pasar a ser yugoslava, y que hoy en día es Rijeca, en Croacia. En Trieste, la ciudad a orillas del Adriático, se las tuvieron que apañar en un campo de refugiados que crearon en un antiguo silo de cereales, con cientos de familias más, hacinadas, sin intimidad y malviviendo de la ayuda familiar que, en el mejor de los casos, les llegaba con cuentagotas. Es el diario de una niña sensible que tiene que hacer frente a una vida dura y que lo hace observando a su familia, a su madre y padre, a su abuela, que tenía un carácter tan profundo que se hizo líder del silo, de su hermana, de sus tíos y tías. Alegrías y tragedias contadas con una sensibilidad extrema. Es inevitable hacer paralelismo con los miles de refugiados que se encuentran hoy dispersos en Europa y todo el mundo.

Porque ese es el gran valor de este libro, la sensibilidad y sutileza con que está escrito. Una redacción que mezcla si desordenarlos, pasado y futuro, que en medio de la aspereza hace surgir el color de un ocaso o la suavidad de un vestido. Uno de esos libros que lees y disfrutas con la forma en que está escrito, más que con la historia. Pero sobre todo, un libro en el que el amor es como el sonido de fondo de un riachuelo que avanza sin descanso en el tiempo. Un pequeño tesoro.

Verde agua es un libro para quien es capaz de descubrir la sensibilidad hasta en medio del barro, para quien tiene pequeños recuerdos de su infancia, para quien disfruta de la buena escritura, para quien escribe su propio diario y para quien quiera descubrir un pedazo de historia de Europa poco conocida por estos lares. Un libro para leer y de vez en cuando releer en algunos de sus capítulos.

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perspectiva

Leyendo un artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca sobre las reacciones al atentado de Barcelona me surge la pregunta de a quién beneficia la alarma social creada expresamente desde instancias políticas y mediáticas. Sinceramente, creo que a la sociedad y a la ciudadanía no. Seguramente beneficia, sobre todo, a los estamentos de poder (político, mediático, económico, religioso) y, desde luego, supone un plus de publicidad engañosa sobre los autores de la matanza. Digo engañosa, porque, si bien, quién más, quien menos, sabemos que fue un atentado reivindicado por el ISIS, hemos visto incluso las caras de los yihadistas y reconocemos la amenaza de nuevas acciones de este tipo en Europa, la mayoría sigue sin conocer quién sustenta y financia este grupo, porque, evidentemente, no interesa.

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Y todo esto cuando se trata de un atentado en suelo occidental. Esa empatía, muestras de solidaridad e incluso, ese miedo o no miedo, surgen casi en exclusiva, por no decir solamente, cuando este tipo de atentados ocurren en Europa, bien sea Barcelona, Paris, Londres o Madrid, o en Estados Unidos. Creo que, hasta cierto punto, es una reacción natural. La empatía, o quizás habría que empezar a hablar de compasión, en el concepto budista de sentir y compartir el dolor, la miseria o la injusticia de la otra persona, no suele aparecer cuando estos atentados suceden en lugares lejanos, con culturas y religiones diferentes. En estos casos asumimos con naturalidad que son hechos que suceden en lugares en permanente estado de conflicto o en guerra.

Independientemente del dolor más o menos cercano que nos produzcan las muertes ocasionadas por estos atentados, o el miedo o no miedo que pueda surgir en nosotras y nosotros (algo, en principio, personal), más allá de la necesaria solidaridad y de las muestras de rechazo ante este tipo de acciones, hay que situar estos atentados con perspectiva y en su justa medida. Dice el profesor que escribe el artículo, que el miedo y magnificar el alcance social de estos atentados supone dar vía libre a nuevas inversiones en investigación militar y a nuevas partidas presupuestarias de cara a mejorar la seguridad con más policías. Encender la televisión, ya de por sí un gran error, y ver constantemente programas especiales dedicados a los atentados, al yihadismo, tertulias que solo hablan de eso, retransmisión en directo de la caza del terrorista, manifestaciones y funerales en directo, etc., dan pie a que gran parte de la sociedad vea normal e incluso necesaria la caza de los autores del atentado, sin que nos preguntemos dónde queda el estado de derecho que detiene, juzga y en todo caso condena. Dan pie a que veamos con naturalidad la presencia de las diferentes policías fuertemente armadas por las calles de nuestras ciudades y ofrecen el caldo de cultivo para que la xenofobia y el racismo se extiendan entre la gente.

Repito, más allá del necesario rechazo a estos atentados y de la solidaridad hacia las propias víctimas, es del todo necesario tomar perspectiva y reflexionar sobre el transcurso de los hechos y sus consecuencias. No se es mejor ciudadana o ciudadano si se asume todo el discurso propagandístico de estos días, de la misma manera que no se es mejor o peor persona si se pone en duda parte de esa propaganda.

Para quien quiera leer el artículo, más allá de matices que puedan gustar más o menos, pero por lo menos para crear un estado de reflexión en cada una de nosotras y nosotros, aquí os dejo el enlace: ¿Y si ponemos al terrorismo en perspectiva?, de Ignacio Sánchez-Cuenca.

a Londres!

Esta tarde salgo desde Biarritz hacia Londres para disfrutar de un fin de semana algo más largo de lo habitual. Y curiosamente todo el mundo habéis utilizado la misma expresión: “¡Te va a encantar!”. Ya lo he dicho más de una vez, pero todavía no conozco físicamente la capital inglesa. Y señalo físicamente, porque en Londres he estado en innumerables veces. La cantidad de veces que la metrópoli por excelencia de la vieja Europa, con permiso del brexit, ha aparecido en series y películas es incontable. He paseado muchas veces por Trafalgar Square bajo la atenta mirada del almirante Nelson, he golpeado varias veces el banco de la Cámara de los Comunes para mostrar mi contrariedad por algún discurso, he visto cómo rodaban las cabezas de varias reinas en la Torre de Londres, he sobrevolado el Támesis montado en una escoba camino de Hogwarts, he paseado por Buckingham acompañando a la reina y a 007, he vendido flores junto a Eliza Doolittle en Covent Garden, he paseado por parques junto a Mary Poppins, he visto cómo todo el Parlamento volaba por los aires en V de vendetta… Últimamente he visitado la ciudad junto a Virginia Woolf.

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Image by Anthony Delanoix

En estos días previos a la visita londinense, he vuelto a Virginia Woolf y su escritura. De nuevo, gracias a unos breves artículos que escribió hacia 1931, he paseado, una vez más, por diferentes lugares de Londres. Originalmente estos seis artículos, los escribió para publicarlos en una revista dedicada a mujeres, llamada Good Housekeeping, y hasta 2005 no se pudieron publicar conjuntamente, ya que el primero de ellos se encontraba perdido. Fue en ese año cuando se encontró entre libros en una biblioteca y completó, por fin, la colección de artículos dedicados a Londres que escribió para la revista femenina.

La protagonista indiscutible de los seis artículos es Londres, ciudad donde nació la Woolf y de la que estaba profundamente enamorada. Era una ciudad donde se estaban produciendo unos cambios a nivel general, que afectaban a todos sus habitantes, que modificarían el Londres conocido hasta entonces. La calefacción por gas, la electricidad y el agua caliente se instalaron en la mayoría de las viviendas y todo eso aparece en estos artículos. Seis artículos que recorren el costumbrismo, el feminismo, la ironía y el tono crítico con la Inglaterra victoriana, cuyos valores todavía persistían en la sociedad londinense, y junto a ello el retrato irónico de la política y la propia sociedad. Recorremos la ciudad entrando por el propio río que le da vida, el Támesis, desde sus muelles; nos metemos en el oleaje de la Oxford Street, aunque “no es la vía más distinguida de Londres”, con sus grandes almacenes, que Virginia Woolf llama nuevos palacios, sus rebajas, que en aquel tiempo eran novedad, y el consumismo, el nuevo estilo de ocio de aquella sociedad tras la Gran Guerra y que llegaría para quedarse; recorremos junto a la escritora, las casas de grandes escritores, reparando en sus pequeñas posesiones, como la mesa y la silla donde escribían, el mango para la pluma “igual que tienen los escolares”. Una recorrido literario que, en alguna medida, seguro repetiré, de una forma u otra; visitamos Saint Paul, esa catedral que supone elemento indispensable en el skye line londinense, con esa cúpula enorme y con esa limpieza general y buen orden que contrapone la Abadía de Westminster, tan afilada, tan oscura y con tanto significado para la monarquía británica; el recorrido de la visita, con esta guía de excepción, finaliza en el Palacio de Westminster, concretamente en la Cámara de los Comunes, espacio que Woolf describe como un lugar donde “no hay nada venerable, ni melódico, ni ceremonioso”, en contrapunto a la Cámara de los Lores. Ahí solo se habla de política, no es lugar para desfiles y boatos.

En otra obra, Virginia Woolf, señala que la mejor manera de conocer una ciudad, en este caso Londres, es pasear y perderse por sus calles y con esa intención embarcaremos en el avión que en poco más de una hora nos llevará hasta la vieja Londinium.

Es un libro, evidentemente, para quienes quieran preparar un viaje a Londres, para quienes quieran rememorar el viaje ya realizado y para quienes quieran ahondar en un ramillete de lugares reconocibles de la ciudad. Pero, sobre todo, es una colección de artículos que gustarán a todas esas personas que les gusta más viajar que hacer turismo, que prefieren un paseo en el que sentir el lugar, a un recorrido en bus para ver pasar los lugares. Para todas y todos los lectores de la gran Woolf, pues su cuidada y pausada escritura no depende ni del tipo de obra, ni de si esta es de 10 o de 500 páginas. Un libro para leer, incluso, en esa hora que te lleva de Biarritz a Londres. Buen viaje.

la Europa de Homero y Cheikhouna

Ayer, en una de esas fechas que producen sonrojo, se “celebró” el Día de Europa. Y digo sonrojo, porque es una fecha, promovida por los estados de la Unión Europea, que pretende ahondar en la supuesta fraternidad europea, mientras el día a día demuestra que los intereses de ese Sistema son seguir produciendo riquezas para unos pocos, a costa de las y los trabajadores, cerrar las fronteras y levantar muros a personas refugiadas de determinados lugares, e impulsar guerras y conflictos que afiancen el control que ejercen sobre todo el continente. La celebración no se en qué consistió, imagino que en algún acto oficial en Bruselas o Estrasburgo, porque lo que es, aquí, pasó desapercibido.

Curiosamente ayer por la noche terminé un ensayo dedicado a la figura de Homero, uno de los orígenes de la literatura europea. Un libro que forma parte de la preparación que estoy haciendo para leer, en su momento, la Ilíada y la Odisea. El eterno viaje es una obra pedagógica y extraordinariamente amena escrita por Adam Nicolson, escritor de series y autor de libros de historia y paisajismo. Un libro que nace de la pasión del autor por Homero. Pero, ¿quién fue Homero? ¿Cuándo escribió sus obras? ¿Cómo era Europa entonces?

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El poeta ciego no existió como tal. Así de sencillo. Lo que hoy llamamos Homero es en realidad una tradición de historias y leyendas que, de manera oral durante muchos siglos y recogidas después en forma de escrito, pasaron de padres a hijos y de madres a hijas, que en esto de las leyendas contadas a la luz de la lumbre las madres y abuelas siempre han tenido mucho que ver. Era historias que tienen su origen en épocas mucho más lejanas a cuando se creía que se habían “escrito”, historias que son el mismo origen de Europa en la Edad de Bronce. Nicolson es capaz de descubrirnos la historia de Europa a través de Homero, una Europa que nada o poco tiene que ver con el mapa político de fronteras actual. La Europa de Homero, de Aquiles, de Héctor, de Ulises y de Penélope es una Europa forjada alrededor del Mediterráneo, del norte y del sur, de ese Mediterráneo que bebe sus fuentes de Asia y de los países bálticos y también de ese Mediterráneo que baña las costas de Egipto, Siria o Palestina. Muchas veces se nos olvida que el mar europeo, ese Mare Nostrum, es también africano. Muchas veces se nos olvida que Europa no sería como es si no hubiese tenido las relaciones de igual a igual que tuvo durante muchos siglos con los pueblos hermanos del norte de África. Las leyendas que narra Homero son historias que se repiten en los países escandinavos, en los países bálticos, incluso en las islas británicas. Pero también son hechos, caracteres y perfiles que se repiten en leyendas “lejanas” como El poema de Gilgamesh.

En la Ilíada y la odisea hay profundas reflexiones de las relaciones entre padres e hijos, hombres y mujeres, existen extensas reflexiones sobre la mujer, se habla y se vuelve a hablar sobre la necesidad del amor, sobre la violencia de las guerras y sus consecuencias humanas, el valor de la memoria, el transcurrir de la juventud y la vejez. Si la Ilíada es la historia del amor y la guerra, de la ternura y la violencia extrema, la odisea es la historia de un viaje, de un Ulises que recorre los caminos como un refugiado más, sin rumbo y sin saber a dónde ir, con una Ítaca perdida donde le espera Penélope.

Un libro para europeístas convencidos y que prefieren lo auténtico, para aquellos que siguen acogiendo refugiados después de muchas Troyas, para quien escuchaba bellas historias de su abuela y no sabía el origen de esos cuentos, para quienes quieran iniciar El viaje, de la mano de Homero y para quienes se atreven a cambiar la perspectiva que tienen de una realidad que no es tal.

Sigo mi viaje preparándome para leer las obras homéricas y continuo reflexionando sobre esta Europa cada vez más alejada de sus orígenes multiculturales, cada vez más falseada y cada vez más deshumanizada. Y sigo creyendo en la Europa de las personas, una Europa que tiene que volver a reconocer a los hermanos africanos como parte de su propio origen. Mientras tanto, ayer, en esta Iruñea del siglo XXI, un juez dictó sentencia de expulsión contra un vecino de la Txantrea por el hecho de haber nacido en Senegal y no tener unos papeles que son tan importantes para esa Europa que vigila desde Bruselas. Quizás si hubiese leído la Odisea hubiese entendido que Cheikhouna es un Ulises que tras un largo viaje ha encontrado su Ítaca a orillas del Arga, en ese barrio de la Iruñea bella que es la Txantrea.

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micromundo

Image by Megan Murray

Vivo en un micromundo. Mi casa, un bloque de más de ochenta años en el centro de la ciudad, es una reproducción bastante cercana a nuestro propio mundo.

En el primer piso viven unos nuevos propietarios en el lado izquierdo. Gente con un cierto nivel adquisitivo y con una cierta manera de ver la vida progresista, sostenible, ecologista. En el lado derecho, recién renovado de arriba a abajo, estamos a la espera de la llegada de los nuevos propietarios. En el segundo piso, en el que nosotros vivimos, tenemos de vecinas a una madre y sus dos hijas. La madre, hija del antiguo inquilino, las hijas fruto de su unión con un migrante africano. Estudiaron en la ikastola. Hablan, que yo recuerde, cuatro idiomas. En el tercer piso, el antiguo piso de mi abuelo y mi abuela, vive alguien desde hace unos años. Creo que es gente que no suele estar mucho por aquí. En el otro lado vive una mujer que siempre va en bici a todas partes. En el cuarto y quinto piso, viven familias que llegaron hace tiempo de otros lugares, de otros continentes y un grupo de estudiantes. En el último piso, sin ascensor, vive una familia, o un clan, o una tribu, de migrantes del Este europeo, con sus costumbres, su estilo de vida y sus necesidades. Muchas.

Es una casa que se asemeja a la actual Europa. Primer piso para las nuevas economías. Segundo para la vieja Europa, mezclada con otros orígenes. Es decir, Europa. Tercer piso para nuevos estilos de vida. Cuarto para esa mayoría social cada vez más necesitada. Quinto piso para los olvidados. A partir del tercer piso mis vecinos y vecinas se pierden en la masa. Ni que decir tiene que aunque puedo reconocer a alguno de los vecinos del tercer piso, al resto no. Son mis vecinos y no los conozco. No se ni sus nombres.

De diez pisos, cuatro son propietarios, en los primeros y segundos pisos. El resto inquilinos, mal alquilados y puede que hasta un piso patera. Todos propiedad del mismo dueño, al cual nadie conocemos y vive fuera de Iruñea.

Muchas veces pienso en la actual situación de Europa y resulta que esa Europa la tengo a la puerta de casa. ¿Es esto Europa? ¿Somos esto Europa?

serenidad prohibida

Esta no era la entrada que tenía prevista para hoy, pero como al disco duro de mi ordenador le ha dado por tomarse vacaciones y no estará disponible en unos días (espero que solo sean unos días), ahí va esta serenidad prohibida.

La obra de hoy tiene todos los elementos como para poder hacer una novela con ella. Un niño cantor convertido en compositor, la capilla más conocida del mundo, una obra para cantar dos veces al año, una partitura prohibida, un niño prodigio mundialmente famoso y una serenidad que penetra en todo tu ser desde el primer momento de su escucha. Miserere, de Gregorio Allegri, una obra que dura entre 12 y 14 minutos, según las versiones. ¡Vamos allá!

Sketch de la Sixtina
Sketch de la Sixtina

Nos situamos un momento. El Salmo 51, el conocido como Miserere, es un texto supuestamente escrito por David en el que, tras reconocer el pecado por haberse liado con una señora que estaba casada. Para más inri, la tal Betsabé, que así se llamaba la señora en cuestión, era la esposa de un fiel amigo de David, llamado Urías. El caso es que el rey David, ni corto, ni perezoso, decide deshacerse de su colega y lo manda a la guerra donde, como suele pasar en las guerras, muere. En fin, que después de disfrutarla con Betsabé, le entra un cargo de conciencia de espanto y pide perdón a su Dios con el famoso Miserere mei, Deus (Ten piedad de mí, ¡oh Señor!). La verdad es que desconozco si le perdonó o se sintió perdonado, pero el caso es que Urías siguió muerto, seguramente en un polvoriento páramo de Oriente Medio. Con Betsabé tampoco he podido saber qué ocurrió. Es lo que ocurre con la historia en general, que al final suele quedarse en un relato de la vida de reyes, generales y algún hecho aislado que realiza la gente del Pueblo, normalmente contra un rey o un general.

Pues bien, como con muchos otros textos religiosos, más si estos formaban parte de la liturgia de la Iglesia, como es el caso (este salmo pertenece a Laudes), era normal musicalizarlos, para acompañar, precisamente con música, la ceremonia religiosa. Y es lo que ocurría con el mencionado salmo. A partir de aquí, Miserere, a secas.

David 1501-1504. Michelangelo Buonarroti
David 1501-1504. Michelangelo Buonarroti

Y nos trasladamos al Vaticano, a finales del primer tercio del siglo XVII, donde un tal Gregorio Allegri, formaba parte del Coro Papal, llamado posteriormente Coro de la Capilla Sixtina, por cierto, el coro en activo más antiguo del mundo. El señor Allegri había sido niño cantor en diferentes iglesias de Roma y recorrió parte de Italia cantando durante muchos años, hasta que el 6 de diciembre de 1629 ingresó en el coro particular del Papa. Es decir, con 47 años del ala. Para que luego nadie venga diciendo que según a qué edades ya no se pueden empezar a hacer cosas nuevas. Y en estas estamos, cuando, en 1638 compone la obra que le reportaría fama para la eternidad. El Miserere. Una obra que no ha dejado de interpretarse en la susodicha capilla desde entonces, únicamente en dos ocasiones anuales, en los maitines del miércoles y viernes de Semana Santa.

La obra está compuesta para dos coros, uno de cinco voces y el otro de cuatro, que se sitúan enfrentados entre sí, clara influencia de dos compositores anteriores, Palestrina, de la escuela romana y Gabrieli, de la escuela veneciana. Posteriormente el más maravilloso compositor de todos los tiempos, Johann Sebastian Bach, utilizó esta composición de dos coros en la Pasión según San Mateo, BWV 244. La cuestión es que uno de los dos coros canta la melodía original y el otro, a su vez, una versión más elaborada. Es una obra que transmite una serenidad apabullante y que en épocas pretéritas se interpretaba a la luz de trece velas, representando a Jesús y los doce apóstoles, que se iban apagando una a una, conforme transcurría la música, hasta la oscuridad total. Imaginaros, en aquella época, cuya única luz provenía de las velas, qué efecto tan impresionante podía suponer esta escenificación. La Iglesia en esto de escenificar ha sido siempre muy buena. Y de ello se dio cuenta el Papa Urbano VIII, que decidió prohibir su transcripción y ejecución fuera del Vaticano, bajo pena de excomunión. Y punto pelota. Os dejo con un vídeo que no es del Vaticano, ni la versión larga. Se trata de una versión de la que luego hablaré, quizás la más conocida, interpretada, en esta ocasión, por los King’s College Choir, de Cambridge, con una edición extraordinaria en cuanto a luz, escenificación y, desde luego, interpretación.

Pero seguimos con la historia. Sabemos que la obra fue prohibida, tal y como he comentado, no dejando salir la partitura del propio Vaticano y excomulgando a quien osase interpretarla fuera de allí. Pero en esto, también, hay quienes tienen ventaja sobre el resto de los mortales y el rey Leopold I de Austria, solicitó y obtuvo una copia que guardó en la Biblioteca Imperial de Viena. El caso es que se lió una gorda, ya que, cuando la mandó ejecutar en su capilla particular pensaba que había sido engañado. El Papa despidió a su maestro de capilla y este se tuvo que trasladar hasta la capital austríaca para explicar al idiota de Leopold que no había ningún error, que la partitura estaba perfectamente bien. ¿Qué es lo que ocurrió? Pues que partes del Miserere no estaban transcritas a la partitura, si no que pasaban de generación en generación pasados de intérprete a intérprete directamente. Esto se hacía bastante en aquella época y suponía salvaguardar la propia obra.

Y llegamos a la Semana Santa de 1769, al oficio de la madrugada del miércoles de aquel año. Y no encontramos a un padre con su hijo entre los asistentes a la misa papal. Leopold y Wolfgang, los Mozart, padre e hijo, no pierden atención de lo que allí ocurre. Y claro, el niño en cuestión, como era un prodigio, ni corto ni perezoso, memorizó la obra en su cabecita austriaca y al llegar a sus aposentos transcribió los más de doce minutos de música polifónica a la partitura. Como para quedarse ojiplático, ¿no? Para colmo el pequeño compositor volvió el viernes para asegurarse que lo que había transcrito estaba todo en orden. ¿Y qué pasó con la prohibición papal que se había saltado a la torera? Pues es lo que tiene ser un genio. Resulta que al Papa de turno, Clemente XIV, le pareció tan estupendo que un adolescente copiara de memoria el famoso Miserere, que lo llamó a Roma de nuevo, le concedió audiencia y le otorgó la Orden de la Espuela de Oro. Los Mozart siguieron su camino y su viaje por Europa y en Londres se cruzaron con el historiador Charles Burney, a quien dieron una copia de la obra para que la publicara. Y así se dio por finalizado el misterio y secretismo en torno a la obra.

Versiones grabadas hay un buen puñado, aunque solo unas cuantas merecen la pena. Yo me quedo con una, sin duda. La grabada por The Tallis Scholars en 1980, una versión extraordinaria, de las de antología, por mucho que digan algunos que entre los intérpretes hay mujeres (algo inexistente en la época en que se compuso). Disfrutad del vídeo.

Del resto de opciones os recomiendo la del propio Coro de la Capilla Sixtina, con su versión original, con diferencias importantes en cuanto a la versión a la que estamos acostumbrados. La de Voces8, exquisita, aunque quizás algo rápida, la de The Sixteen, impresionante. Aparte tenemos la de A Sei Voci, de las más lentas, pero igualmente deliciosa, con unos ornamentos diferentes. Finalmente tenemos todas las versiones de los coros ingleses, muy aficionados a esta obra.

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Aquí tenéis la lista de Spotify, en la que falta, incomprensiblemente, ya que no se haya en el catálogo de este servicio, la versión de The Tallis Scholars. Espero que la disfrutéis.

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