euskera, derechos y convivencia

El año pasado, por primera vez en la historia de Iruñea, el Ayuntamiento decidió, de manera mayoritaria, hacer política incluyente y para toda la ciudad con las escuelas infantiles, en vez de hacer politiqueo partidista y excluyente, tal y como se había realizado hasta entonces. Pero lo que algunos no pudieron conseguir en unas elecciones democráticas, esto es, tener el apoyo suficiente para continuar con sus políticas frentistas y anticiudadanas, intentaron hacerlo mediante un recurso judicial. El propio juez pretendió, y de hecho puso en marcha, unas medidas cautelares para paralizar toda la campaña de matriculación en escuelas infantiles, poniendo en entredicho la continuidad de dicha campaña y la posibilidad de elección libre de centro y lengua para centenares de padres y madres. Tuvo que venir un órgano superior de la misma audiencia, para suspender dichas medidas cautelares. Hace casi una semana, el mismo juez corregido posteriormente, ha dictado sentencia en el recurso interpuesto, dando la razón a los recurrentes. El Ayuntamiento ya ha anunciado que se recurrirá, por no ajustarse a derecho. Esta claro que esto es Iruñea y que todavía queda mucho por cambiar.

Tuvieron que pasar 30 años para que el Ayuntamiento de la ciudad, ese que tiene unos presupuestos gracias a los impuestos de todos y cada uno de los contribuyentes, pusiese como prioridad a la hora de gestionar el hecho, casi insólito hasta entonces, de proteger el bien general, el bien común. Uno de esos bienes, sin duda, es la educación y la infancia un sector sensible que merece todas las atenciones. Después de más de tres décadas, se empezó a corregir una desigualdad que había sido la punta de lanza en la manera de hacer política que UPN y el Régimen en general tuvieron en los largos años que estuvieron al frente del Ayuntamiento. A pesar de la demanda de escuelas infantiles en euskera, pese a que esta ciudad tiene dos lenguas oficiales, a pesar de los indicadores favorables en cuanto a la necesidad de implantar nuevas escuelas infantiles en euskera y pese a que este es un servicio voluntario pero público, a pesar de todo eso, la realidad era insistentemente ocultada por los sucesivos concejales de educación de los gobiernos municipales de UPN y parecidos. Aunque la demanda era de un 36%, solo se atendía el 10%. Pese a que existían 17 escuelas infantiles en toda la ciudad, solo dos eran en euskera. Y eso era algo que no había cambiado desde principios de los años 80, con Balduz siendo alcalde. Más de 30 años en los que el euskera, su conocimiento y uso y su integración en la vida social, pese a las políticas contrarias de UPN, ha evolucionado muy positivamente. Esas políticas de autolesión en parte del propio bien cultural y colectivo, así como identitario de esta ciudad, en Sudáfrica, en un tiempo, lo hubiésemos llamado Apartheid. Nosotras y nosotros lo llamábamos Naparheid. En Iruñea y Nafarroa ellos lo llamaban minoría y los disfrazaban de folclore. En Iruñea, cuidado, hay quienes, en estos momentos, lo quieren disfrazar de falsa convivencia.

Las madres y padres que querían llevar a sus criaturas a una escuela infantil en euskera, muchas veces, solo les quedaba la posibilidad de hacerlo en un centro privado. No tenían las mismas posibilidades que las madres y padres que llevan a su prole a la línea de castellano. Se vulneraban sistemáticamente sus derechos ciudadanos y lingüísticos. A día de hoy, pese a las dos nuevas escuelas en euskera abiertas en el curso pasado, la desigualdad entre ambas ofertas, en castellano (incluida la que tiene algunas horas de inglés) y en euskera, es todavía patente. Hoy en día todavía no se llega a cubrir la demanda existente en euskera. El porcentaje de padres y madres que tienen que llevar a sus hijos e hijas a una escuela privada, sigue siendo mucho mayor en la opción de euskera que en la de castellano. Por eso hay que seguir trabajando en favor de las escuelas infantiles en euskera. Por eso necesitamos seguir haciendo campañas específicas en favor de la matriculación en el modelo en euskera. Porque quedan muchos años para alcanzar la igualdad de oportunidades para quien apuesta por el euskera y porque las décadas de discriminación política necesitan decisiones y dinámicas decididas en favor de este modelo. Y desde luego desde el impulso general hacia las escuelas públicas, sea cual sea el modelo lingüístico de cada una de ellas.

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Pero hay que hacerlo bien, poniendo en marcha políticas y pedagogías actuales y coherentes. Y en estas estamos cuando hay quien cree que por introducir el concepto de la convivencia entre medio ya está todo arreglado. Hay cierto sector en la izquierda en esta ciudad que cree que la diversidad cultural, política y lingüística de Iruñea hay que dejarla patente incluso en los patios de las escuelas infantiles municipales. Para ellos y ellas eso es convivencia, o por lo menos eso pretenden hacer creer. Estoy totalmente en desacuerdo con esa idea. Hoy en día el euskera sigue siendo una lengua minorizada en esta ciudad y todavía con menos oportunidades en su desarrollo, uso y por lo tanto respeto. Pretender que las niñas y niños que asisten a escuelas en euskera se mezclen con las niñas y niños de castellano en el patio y en los juegos de la escuela, es obviar el hecho de que el idioma único que empleen dichos niños será siempre el castellano, que es el idioma común de todos ellos. Y eso, se diga como se diga, se disfrace como se disfrace, no es convivencia. Eso es una irresponsabilidad política y una falta de criterio profesional como la copa de un pino. Afortunadamente los críos a esa corta edad no tienen problemas de convivencia, por mucho que algunos padres y madres y fuerzas políticas sí los tengan. Si es por convivencia, las personas, en edad infantil, no hacemos distinciones de idioma a la hora de comunicarnos y relacionarnos. A esa edad, si tienen que utilizar el castellano como lengua para comunicarse en la calle, lo harán sin ningún problema. ¿Qué problema existe para que las niñas y niños cuyos padres y madres han elegido el modelo en euskera puedan hacerlo íntegramente en las horas que están en la escuela? ¿Acaso estos niños y niñas van a desarrollar menos aptitudes de convivencia que los niños y niñas de las escuelas en castellano?¿O es que hay quien piensa que el desarrollo de la convivencia es más fácil en castellano que en euskera? De nuevo es la lógica de quien se sabe mayoría y desde el desconocimiento cree su vivencia y pensamiento el más óptimo. De nuevo es la cara de la imposición, reconocida o no, la que asoma en esa lógica.

Como digo, es un error pretender disfrazar de convivencia la imposición, consciente o inconsciente, de una lengua mayoritaria, en este caso el castellano. La convivencia consiste en respetarse desde las diferencias que podamos tener y ser diferente no es ser mejor o peor. Nadie es mejor o peor por hablar una lengua u otra. Es hora de hacer política para toda la ciudad, igualando las oportunidades para todo el mundo. Es hora de dejar los discursos dogmáticos. Es hora de vivir la convivencia, respetando los derechos de todas las personas.

El camino del cambio es largo y lleno de dificultades. Pero lo importante es seguir avanzando.

Caminando, caminando voy buscando libertad, ojalá encuentre camino para seguir caminando.

Cantaba Victor Jara. Y así es.

Artículo basado en la colaboración con Eguzki Irratia para el programa La Eskotilla, del miércoles 1 de marzo de 2017.

ser joven

Ayer, con motivo del Día Internacional de la Juventud, el Consejo de la Juventud de Navarra/Nafarroako Gazte-Kontseilua, nos pidió a varias personas una frase, un análisis o un escrito sobre qué es para nosotras y nosotros la juventud. Eran tres las preguntas que había que responder de una u otra manera:

¿Con qué soñabas cuando eras joven?

¿Cuáles eran tus reivindicaciones?

¿Qué era lo que más te preocupaba?

En fin, que me lancé a hacer un artículo y este es el resultado. Junto a la colaboración había que mandar, también, una foto de aquella época.

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Tinduf, 1994 (creo)

SER JOVEN

Me cuesta hablar de cuando era joven en pasado, porque en mi interior, pese a vivir con intensidad mis 43 años, sigo teniendo un punto de esa juventud disfrutada en plenitud. Y es que es necesario que parte de los valores de ese tiempo quede en nosotras y nosotros de manera perenne. Esa es una de las claves para intentar ser feliz, que, al fin y al cabo, es el objetivo, o debiera serlo, de esta vida. Ser feliz y hacer felices a los demás.

De joven soñaba con un mundo mejor, pues no puede ser de otra manera. ¿Qué joven no ha soñado con mejorar el mundo, aunque sea solo el más próximo? Y lo hacía a la par que iba descubriendo este mundo. Era un camino completo, un camino con tropezones del que me levantaba aprendiendo. Y es lo que he pretendido seguir haciendo conforme cumplía años. Aprender, seguir descubriendo y levantarme cada vez que he caído. Para mejorar algo hay que conocerlo.

En aquellos tiempos reivindicaba el derecho a no perder un año de mi vida en un ejército miembro de la OTAN que participaba en guerras contra Irak y salíamos a la calle para gritar no a la guerra. Aprendía euskera sin darme cuenta que estaba aprendiendo y empezando a conocer algo que ha marcado mi camino y mis decisiones y me manifestaba por una oficialidad completa en Iruñea, en Nafarroa. Me enfadaba con la política del pelotazo y del cemento que ha hecho estragos en nuestra tierra, mientras dejaba sin un derecho básico como es la vivienda a miles de personas, la mayoría jóvenes. Y ansiaba poder relacionarme, sentir y enamorarme de quien quisiera sin tener que dar explicaciones a nadie. Militaba para poder decidir mi futuro, como persona y como comunidad de personas, porque todos los pueblos tienen el derecho a poder decidir.

En aquellos años visité los campos de refugiados saharauis en Tinduf y me impactó profundamente la capacidad de lucha de un pueblo que, en mitad de la nada, reivindica su tierra mientras pone en marcha la vida en aquel páramo argelino. Sáhara sigue reivindicándose y yo sigo pensando que los ejércitos solo han servido para mantener en pie las estructuras de un sistema que siguen aplastando al 85% de las personas de este mundo, sigo aprendiendo euskera y reivindicando el derecho a poder utilizarla en todos los ámbitos de mi vida, he aprendido que más allá de las hipotecas marcadas por la banca y los constructores existen alternativas para vivir de manera digna, sigo siendo libre para sentir, amar y follar sin dar explicaciones. Y sigo militando para que este pueblo pueda decidir su futuro más pronto que tarde.

Atrás han quedado los miedos de aquellos años. Ahora hay otros, pero afortunadamente los vivo con otra serenidad y siendo consciente del momento que vivo y del presente.

Dani Saralegi Aristu

La foto es de aquel viaje a Tinduf y me imagino, espero, que el niño recién nacido que sostengo en mis brazos será hoy un joven con sus sueños, sus reivindicaciones y sus miedos. Ojalá pueda seguir su camino, avanzar y hacerlo en un Sáhara libre.

ataque al cambio

Ayer, tras el último ataque al euskera, el segundo de esta semana tras el corte de emisiones de ETB deribadas de una denuncia, el enésimo en un día a día en el que las personas euskaldunes vemos ninguneados nuestros derechos, mantuve un debate sobre cuál era el objetivo de todo esto.

Por un lado, el Régimen en toda su complejidad, tiene claro, al igual que quienes sostenemos el cambio, que el euskera es, o debería ser, una de las bases del nuevo tiempo que vivimos. Lo es, porque es parte principal del modelo político y social que algunas de esas fuerzas que forman parte del cambio impulsan-impulsamos. Y no, no se trata de imponer el euskera en todos los rincones de Nafarroa, si no de dar posibilidad real de que el euskera llegue a todos los txokos de Nafarroa. En Iruñea, ciudad con dos idiomas, donde el 30% de la escolarización es en modelo D y en donde el 37,7% de madres y padres quieren ese modelo para el servicio de Escuelas Infantiles, no solo se trata de presentar al euskera como una imposición, si no se trata de que el euskera no recupere espacio ni mucho menos avance en la ciudad. De ahí la lógica de intentar impedir por todos los medios posibles la implantación de dos nuevas escuelas infantiles en euskera. Cuantas menos escuelas infantiles en euskera, menos matriculación en el modelo D habrá en los años posteriores. Cuanto menos modelo D, menos euskera. Sencillo.

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Por otro lado este ataque a dos escuelas infantiles supone una agresión directa al cambio que la ciudadanía, mayoritariamente, decidió que se diese en Iruñea. Hace un año, en las elecciones municipales, más allá de los partidos del cambio que cada persona pudiese votar, hubo un voto a favor del cambio en sí. En los días posteriores a las elecciones el mensaje fue claro. Haced lo que queráis, pero hacedlo para que el próximo Ayuntamiento de Iruñea esté gobernado por el cambio. Y así se hizo. El Régimen, lo que no consiguió por las urnas, lo que no ha conseguido jamás en la calle, lo quiere conseguir con la ayuda de decisiones judiciales. Lo que aquí está en juego es el propio cambio. Con estos ataques pretenden dar la sensación de que no se gestiona bien, cuando está claro que en este año se ha avanzado en Iruñea más que en los últimos 14. Obvian que esta gestión, a diferencia de la suya, tiene como pilar fundamental la defensa del interés general y de los servicios públicos. Y claro que sí, este modelo de gestión tiene un damnificado que no es otro que el propio modelo de cortijo, chiringuito y corralito impulsado por el propio Régimen. Otra de las consecuencias de estos ataques es presentar a Iruñea como una ciudad donde la convivencia está en peligro. Se confunden de lleno y olvidan que el Alcalde Asiron y el resto del gobierno municipal firmaron un acuerdo en el que el primer objetivo era y es impulsar la convivencia en la ciudad, una convivencia seriamente dañada tras años de gobiernos del Régimen. En un año el clima de convivencia en esta ciudad ha ido saliendo de los nubarrones en los que el Régimen la había llevado.

¿Es un ataque al euskera y a los derechos de las personas euskaldunas? Evidente. ¿Es un ataque al modelo de ciudad y de gestión de esta ciudad que impulsa el cambio? También. ¿Es un ataque a la convivencia en Iruñea, base del cambio? Absolutamente. Nos encontramos, por lo tanto, ante una agresión orquestada contra el cambio en Iruñea. Que no nos confundan. El Régimen quiere recuperar, como sea, los privilegios que la ciudadanía, en su mayoría, les arrebató en mayo de 2015. Unos privilegios que desaparecieron, con el cambio, dando el protagonismo a los derechos de toda la ciudadanía.

Ante estos ataques, la única manera de defender lo que queremos es saliendo a la calle, trabajando todavía más desde los agentes sociales y colectivos de la ciudad y fomentando la sinergia entre la ciudadanía y el ayuntamiento para llevar adelante los cambios que hay que seguir poniendo en marcha.

avanzando en el cambio

Este es el artículo de opinión que, en nombre de EH Bildu de Iruñea, nos han publicado hoy en el Diario de Noticias. Es un artículo que sitúa políticamente el momento actual que estamos viviendo en Iruñea y los retos, El reto, al que nos enfrentamos.

Lo firmamos Iban Maia, Eva Aranguren, Ana Barrena y yo mismo, Dani Saralegi:

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PAMPLONA AVANZA EN EL CAMBIO

Los acontecimientos acaecidos en torno a las escuelas infantiles estos últimos días, están dejando al descubierto, en cierta medida, la situación que vivimos en el día a día político y social de la ciudad. En ese sentido, hay que destacar la apuesta decidida de la mayoría social y del Ayuntamiento de Pamplona por los derechos, la justicia social y la convivencia. Y a la par está la oposición a los cambios, para mantener los privilegios de unos pocos, con la confrontación teledirigida del periódico del Régimen como principal eje. Pero analicemos las claves del momento más detenidamente.

A estas alturas, muy pocas serán las personas de la sociedad pamplonesa que contradigan que las elecciones de Mayo marcaron un antes y un después en la vida socio-política de la ciudad. En ese sentido, uno de los cambios mas significativos y palpables es que el Ayuntamiento ha dejado de ser un instrumento del Régimen para convertirse en un medio para construir, desde la calle y a través de acuerdos trasversales, la nueva Pamplona. Las dinámicas que empiezan a confluir (calle-Ayuntamiento) están dejando su poso y empiezan a marcar el rumbo en donde debería pivotarse el cambio.

Muchas han sido las iniciativas que han empezado ha vislumbrase en la nueva era del cambio. Como ejemplo ahí están la declaración de Iruñea como ciudad libre de desahucios, el esfuerzo por devolver la vida a un maltrecho comercio local, el debate participativo sobre el nuevo modelo de Policía Municipal al servicio de la ciudadanía, la reorganización del tráfico para hacer esta ciudad un lugar más amable y habitable, rehabilitación de viviendas para ponerlas a disposición de las urgencias sociales, aprobación de unos presupuestos mas sociales y mas justos, primer Ayuntamiento en el Estado en personarse en la querella Argentina, impulso a las Pymes mediante el proyecto Trebatu, la apertura de dos escuelas infantiles en Euskara y un largo etc.

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Ante esta nueva situación, el Régimen, con claros síntomas de nerviosismo, está intentando, con todos los medios, tergiversar la realidad política, obstaculizar el cambio y intentar bloquearlo. Están intentando convertir la vida política de la ciudad en un barrizal lleno de marrullerismo. Y lo hacen porque son muy conscientes de que en el terreno del debate y argumentación política son muy débiles e intentan, con otros medios, desviar la atención de la ciudadanía. En definitiva, lo que temen es que la democracia con mayúsculas vaya avanzando en el día a día de la ciudad. Ese es exactamente el proceso democrático que quieren parar.

Por lo tanto, está meridianamente clara la coyuntura a la que nos enfrentamos. Y por ello, adquiere vital importancia la lucha de las ideas y argumentación política. Es decir, tenemos que profundizar en el trabajo en común por la democratización de la ciudad. El Régimen es muy consciente que desde mayo hasta el día de hoy se han dado pasos en esa dirección y por ello ataca de esa manera. Por lo tanto, los parámetros políticos de la confrontación los próximos meses y años será el siguiente: construcción con y para la mayoría Vs destrucción por y para una minoría.

Y ante esta coyuntura, pensamos que es el momento de profundizar en ese trabajo en común integrador y plural que tiene que implicar a la mayoría de la ciudad, independientemente de su ideología sean estos de izquierdas o de derechas. Es el momento de dar otro paso adelante, con determinación y valentía. Porque estamos hablando de hacer un trabajo en común que garantice los principios para desarrollar una vida digna basada en la igualdad y la convivencia. Tenemos que seguir dándole forma a ese bloque democrático y popular para que demos pasos irreversibles por la Pamplona de todas y para todos. Es decir, frente al modelo de la imposición razón de la fuerza, hay que aunar fuerzas y librar la batalla en torno a la fuerza de la razón, el diálogo, la argumentación política y la democracia.

Pensamos que es el momento de poner los instrumentos necesarios para realizar esa labor, tanto dentro como fuera del ayuntamiento. En definitiva, estamos hablando de una apuesta participativa y honrada. Estamos hablando de tejer complicidades y sinergias en todos los planos; ayuntamiento, tejidos asociativos y vecinales, barrios y en todos los ámbitos en general. En definitiva, estamos hablando del trabajo para apuntalar las bases del cambio y convivencia, para que esta no pueda ser fácilmente alterada por los enemigos de la igualdad y la convivencia, es decir, por los enemigos de la justicia social.

Somos conscientes que la “democracia” que nos han impuesto (el Régimen como máximo exponente en nuestra tierra) aparte de liberal-capitalista y hetero patriarcal, sigue conculcando derechos culturales y lingüísticos cada día. Esta realidad, aparte de crear enfado y frustración, dificulta mucho la cohesión y la labor que queremos desarrollar los que apostamos por otro modelo. Pero en este contexto político (hacia la nueva Iruñea) en EHBildu tenemos que actuar con responsabilidad y altura de miras e ir introduciendo y aportando en el debate de las ideas nuestras posiciones y valores de izquierda en los diferentes campos; ayuntamiento, tejidos asociativos y vecinales, barrios…Toda gente de izquierdas y soberanista tiene que encontrar su sitio en EH Bildu; este proyecto necesita de todas esas aportaciones. Tenemos que seguir en la senda que crea la construcción de nuestro pueblo, que es la senda de la alegría y ilusión; y en los tiempos que corren, nos atreveríamos a decir: una senda revolucionaria.

Para terminar, queremos destacar, con toda humildad, que el tiempo ha dado la razón a EH Bildu cuando decíamos que el cambio integrador y plural era factible y materializable en Iruñea. Hoy estamos ante el escenario y las condiciones que hemos ido trabajando y buscado hace décadas. Por lo tanto, no es el momento pues de jugar la partida desde posiciones defensivas ni de despistarnos ante las envestidas del Régimen. Hemos puesto en marcha el cambio, y ahora tenemos que dar un paso mas para consolidarlo y enriquecerlo entre todas y todos. Por lo tanto, no estamos ante un reto cualquiera; estamos ante El Reto. Apostemos con determinación y valentía por conseguirlo. Ahí nos encontraremos.

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Después de veinte años y tras ocho meses de gobierno municipal del cambio, Iruñea ve duplicada su oferta de plazas en euskera en el tramo de 0 a 3 años. Han sido años de trabajo y movilizaciones por parte de los colectivos del euskera, de las madres y padres, de los sindicatos, de grupos políticos y de una mayoría de la ciudadanía que asistía, impotente, al ninguneo, por parte de las instituciones, de una demanda real. Mientras, UPN se dedicaba a poner en marcha el modelo de las Hello, un modelo de muy baja calidad y que falseaba las expectativas de padres y madres que creían que sus hijos e hijas iban a recibir una educación en inglés desde el minuto cero de su vida. UPN se empeñaba, por activa y por pasiva, a esconder los datos de demanda de educación 0-3 en euskera. Hacían la del avestruz, sin querer siquiera preguntar a padres y madres cuál sería el modelo lingüístico que querrían para sus hijas e hijos, conocedores de la creciente demanda de educación infantil, de 0 a 3 años, en euskera.

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Pero no se trata solamente del binomio oferta y demanda. Aquí lo que se ha intentado esconder durante años ha sido la realidad de que Iruñea es una ciudad que tiene dos lenguas, oficiales y utilizadas. Una de ellas, el euskera, ha sufrido una campaña de criminalización, persecución e intento de desaparición digna de mentes ignorantes y obsesionadas con marcar a fuego su ideología particular en cualquier actuación, utilizando para ello incluso las instituciones. Es el genocidio lingüístico que ha sido parte de la base ideológica del Régimen. Ni más ni menos. Estamos hablando de un derecho que, hasta ahora, apenas, ha sido reconocido. Porque eso es lo que acaba de hacer el Ayuntamiento del cambio. Reconocer y amparar un derecho de la ciudadanía, esto es, en este caso, amparar el derecho de madres y padres a elegir el idioma que deseen para la educación de sus hijas e hijos, también en el tramo de 0 a 3 años. Se ha pasado de un mísero 10% de oferta en euskera a un 24%. Además se ha realizado esta operación cuidando al máximo que la reordenación de las plazas ofertadas no tenga como consecuencia despidos entre el personal trabajador de las escuelas infantiles. Y además se ha hecho teniendo como horizonte la calidad del servicio educativo, con perfiles profesionales que cumplan la reivindicación de una educación pública y de calidad.

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UPN ha salido diciendo que el gobierno municipal del cambio miente y que la demanda no es tal y que se hace para “euskaldunizar a los que todavía no saben que existe Euskadi”. Pobre lingua navarrorum, tener que aguantar esto de quienes se hacen llamar navarrísimos. Nunca, en ninguna parte del mundo, se había visto semejante autocanibalismo cultural. Ellos que nacieron con el objetivo de españolizar Navarra y una obsesión por imponer a toda costa su proyecto ideológico, ellos que gobernaron creando una ciudad de primera y otra de segunda, ellos que utilizaron al Ayuntamiento y todas las instituciones como parte de su corralito foral, cobrando sobresueldos a mansalva, ellos que escondieron los datos año tras año para no responder a la demanda de escuelas infantiles en euskera, ellos, se permiten el lujo de acusar al gobierno municipal de “conseguir que los pamploneses odien el euskera”.

Pero para su desgracia el sentimiento generalizado de hoy es el de que, por fin, con muchos años de retraso, el Ayuntamiento ha iniciado el camino para corresponder a una demanda basada en un derecho. Ni más ni menos. Hoy el camino hacia el reconocimiento de ese derecho ha hecho una parada. No será la última. Queda mucho camino.

la ciudad genérica

El arquitecto holandés Rem Koolhaas escribió en 1995 un texto titulado La ciudad genérica en donde, de manera irónica y provocativa, desgranaba los elementos principales de lo que él consideraba el modelo globalizado de urbanismo y construcción urbana. Pese a haber pasado ya 20 años de su escritura es un texto que guarda la vigencia en la descripción de un modelo urbano globalizador que no solo se aplica en las nuevas ciudades a lo largo de todo el planeta si no que se pone en marcha, con diferentes ritmos e intensidades, en las llamadas ciudades históricas vaciándolas, intencionadamente, de identidad.

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En Iruñea somos conscientes del modelo impulsado por los diferentes gobiernos de UPN en los últimos tiempos, pero es necesario reconocer también algunos elementos de ese modelo para caer en la cuenta de la intencionalidad política de algunas de las decisiones, controvertidas o no, ejecutadas en nuestra ciudad. Si no analizamos estas políticas como consecuencias derivadas de una causa planificada no podremos crear y construir el modelo de la nueva Iruñea, de la nueva Pamplona, que queremos y necesitamos. Empeñarnos legítimamente y con todo derecho en solucionar problemas concretos y específicos sin conocer la enfermedad general hará que erremos y no consigamos más que poner parches que, más tarde o más temprano, volverán a caer dejando expuestas las múltiples heridas y en peligro de que la infección siga avanzando.

Más allá de la formación concreta o general, académica o autodidacta, de cada vecina y vecino de Iruñea, es necesario emprender un proceso de formación, análisis y debate colectivo cuyo objetivo principal sea devolver la identidad propia a nuestras calles y barrios, entendiendo este concepto como la decisión de construir y crear la ciudad de la manera en que los habitantes de la misma, en este caso los y las iruindarras, queramos hacerlo.

En la introducción Koolhaas ya avisa que las ciudades contemporáneas son como los aeropuertos contemporáneos, todas iguales y afirma que esto es solo posible a costa de despojar de la identidad a cada ciudad. Si se quita la identidad queda lo genérico. Hablando de identidad señala que la híper afirmación identitaria como forma de atracción turística solo es una consumada caricatura. Solo París puede convertirse en híper-París. Solo los Sanfermines pueden convertirse en los híper-Sanfermines, en una caricatura de las fiestas que son. De la misma manera afirma que este modelo de ciudades genéricas se basan en un vacío de contenido identitario original del centro y de un supuesto valor potencial en las periferias, sin darnos cuenta que éstas dependen precisamente de ese centro desnaturalizado. Porque sin centro no hay periferia. Paradójicamente el centro, que es la parte más vieja, es a su vez la parte más nueva ya que es la que con más insistencia se “moderniza”. Una modernización que convierte el espacio utilitario en espacio público sin funciones sociales. Naturalmente una ciudad genérica es una ciudad sin historia o sencillamente solo con la historia que convenga. Esto nos suena, ¿no? Se trata de simplificar excesivamente la identidad para olvidar la historia y sustraer la singularidad.

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Una de las consecuencias de este modelo de ciudad genérica es el ordenamiento. Cada cosa está en su sitio. Cada parte cumple con su función para la que se le ha puesto en ese lugar. Los diferentes sectores están ordenados. Una zona para tomar copas. Una zona para comprar (lo que quieren que compremos, claro está). Una zona para estudiar. Una zona para dormir. Y este ordenamiento no es solo urbanístico. Evidentemente el ordenamiento abarca también a la propia sociedad. Los habitantes de la ciudad genérica, de esa ciudad sedada, son habitantes sedentarios y pasivos. No molestan, no se salen de su ámbito, no preguntan, no conviven, no viven. La ciudad genérica cuanto más calmada sea más se acerca a su estado puro. Y esta “serenidad” se consigue mediante la evacuación del ámbito público. En los nuevos barrios no se hacen plazas y si se hacen éstas son demasiado grandes, agrandando el vacío e impidiendo las relaciones sociales. El ágora y la plaza pública están desterradas de la ciudad genérica.

Otro de los elementos claves en este modelo urbano es el de la multiracialidad y la multiculturalidad, o más bien dicho, la utilización de la imagen de esas condiciones vaciándolas de cualquier elemento que pueda enriquecer la ciudad o el barrio. De la misma manera en que podremos degustar comida de cualquier parte del mundo o ver elementos de culturas lejanas en las calles de esta ciudad, nos será prohibido el intercambio de estas culturas y razas diferentes en favor de un modelo propio construido desde las propias vecinas y vecinos. Llegados a ese punto nos repetirán constantemente y nos harán creer que las diferencias son un peligro para nuestro modo de vida y para nuestra sociedad. Eso sí, podremos seguir comiendo un pollito de primavera como si estuviésemos en Pekín o cenando una pizza italiana como si lo hiciésemos en Trastevere en vez de en la Plaza del Castillo.

La relación, siempre autoritaria, de la ciudad genérica con la política es a través de los compinches de los dirigentes de turno con promotores de los elementos que la sostienen. Y con mucha frecuencia ese régimen de compadreo se hace invisible, sin dejarse ver, creando la falsa ilusión de libertad por medio de una permisividad más o menos amplia. El resto de política, individual y colectiva, simplemente no existe o se hace lo posible para que no exista. Nos hacen creer que en esa ciudad cabe todo. Pero pese a la hipotética riqueza que podría suponer las infinitas contradicciones existentes en esta ciudad, es justo esa hipótesis la que ha sido eliminada de raíz y por anticipado.

Pese a su ausencia, la historia es la principal preocupación, incluso la principal industria, de la ciudad genérica. En los terrenos liberados, alrededor de las casas restauradas y pintadas como nunca lo habían estado, se construyen más hoteles para acoger a turistas adicionales en proporción directa a la eliminación del pasado. En vez de recuerdos específicos se fomentan los recuerdos de recuerdos, cuanto más generales mejor. Un mercado medieval es un buen recuerdo. Un mercado medieval que se celebra en la conmemoración de un episodio de la vieja ciudad cuando esta era la capital de un estado soberano llamado Navarra no es un buen recuerdo. La solución es sencilla. Se utiliza parte de esa historia como un espectáculo, con tenderos disfrazados de mercaderes medievales a lo Walt Disney, con pendones de colores sin significado alguno colgados en las calles y se vacía el verdadero significado de esa celebración. Fácil. La propia iconografía que adopta la ciudad genérica es utilizada como un mantra, con una redundancia calculada. Si el encierro de toros es el elemento principal que más turistas atrae a esa ciudad el icono del toro se convertirá en permanente en los aledaños de su recorrido. Si lo es el Camino de Santiago vamos a poner muchas conchas por todas las calles por donde pasa. Si lo son las murallas vamos a repetirlo hasta la saciedad, aunque falseemos su historia. El resto de posibles iconos que no interesan a los dirigentes de la ciudad genérica simplemente se ignoran cuando no se atacan. El euskara es el mejor ejemplo.

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Las infraestructuras ya no son utilizadas como servicio a la ciudadanía si no como un arma estratégica. Un aparcamiento no se construye para paliar los problemas de estacionamiento, si no para que puedan ir más personas al parque temático en el que han convertido el Casco Viejo. Una peatonalización no se aborda como mejora en la calidad de vida de quienes paseen por ahí, si no como cebo para comprar en una zona o en un Corte Inglés. Una biblioteca general no se lleva a la periferia porque hay más terreno donde construirla, si no para vaciar de estudiantes y movimiento a otra zona.

Esta es la historia de la ciudad genérica. La no ciudad. A mi este libro me ha servido para reflexionar, para aclarar algunos conceptos y para constatar que lo que viene ocurriendo en Iruñea en las últimas décadas no es más que la puesta en marcha de unas políticas anti ciudad de una manera consciente y planificada. De nosotras y nosotros depende darle la vuelta. Formémonos, analicemos, debatamos, contrastemos, diseñemos, reflexionemos y construyamos para poder convivir y vivir en la ciudad que queremos.

un país de solidaridad

Estamos a mediados de enero y la vida transcurre sin prisa pero sin pausa y aunque en nuestro Pueblo la mayoría social y política quiere seguir avanzando con determinación hacia un futuro más justo sigue habiendo quien pretende parar esta corriente de solidaridad que se llama Euskal Herria sin querer darse cuenta que eso, simplemente, es imposible.

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Han sido días de solidaridad porque si este Pueblo se llama el País del Euskara por su idioma, debería llevar el sobrenombre de “Solidaria”, porque ese es quizás el valor humano, personal y colectivo, que más le ha caracterizado históricamente y más en las últimas décadas. El pasado sábado 10 de enero, nuevamente, tal y como se ha hecho en los últimos años, decenas de miles de personas dieron la bienvenida al nuevo año reclamando el respeto a los derechos de las presas y presos políticos vascos y exigiendo el fin de la política criminal de dispersión. Fue una marcha que ocupó nuevamente las calles centrales de Bilbo con un grito silencioso y unánime exigiendo que el Estado español y su gobierno den un giro de 180º y empiecen a poner en marcha políticas respetuosas con los Derechos Humanos y que permitan avanzar en el largo camino que nos queda hacia la justicia, la decisión, la convivencia y la paz.

Apenas dos días después asistíamos, en medio de la impotencia y de la rabia, a la detención de 16 personas en Euskal Herria. De nuevo una operación, continuación hasta en el nombre, de la razia policial que se desarrolló hace justo un año y cuyo objetivo primero era y es la asistencia jurídica de que las presas y presos vascos disponen. El objetivo principal puede encuadrarse en los intentos, cada vez más desesperados, del gobierno del PP y del Sistema español para seguir entorpeciendo, no solo el camino hacia la resolución del conflicto, si no la determinación mayoritaria para lograr un cambio social y político que de la vuelta al País. Repetimos imágenes y respuestas que se empeñan en no dejarnos olvidar y otra vez tuvimos que esperar detrás de una valla policial mientras registraban los despachos de abogados y abogadas. De nuevo nos concentramos frente a la sede del Partido Popular gritando al unísono Je Suis Basque, a ese partido cuyo presidente, y jefe del gobierno español, vimos en el acto propagandístico que prepararon al albor de la manifestación de apoyo al semanario Charlie Hebdo. La misma persona que, aunque sea propagandísticamente, participaba en una manifestación a favor de la libertad de expresión en el Estado francés, al día siguiente daba un golpe a las libertades y al derecho de defensa, maquillado con un supuesto delito fiscal.

Una de las fotografías de esa operación que ha quedado para siempre en la retina de los ojos de este Pueblo fue la de los agentes de la Guardia Civil contando el dinero recaudado en la manifestación del sábado, como salteadores de caminos, cual botín de mangantes, sin darse cuenta que podrán robarnos todo el dinero que sea, de hecho sus jefes lo hacen todos los días, pero lo que nunca van a poder quitarnos es la solidaridad que inunda Euskal Herria. La otra es la de Jaione Karrera sonriendo, desbordando dignidad, y sonriendo mientras era introducida detenida en el coche policial. Me quedo con esa sonrisa que da mil vueltas a quien es capaz de robar a un Pueblo y a quien intenta día a día dejar sin salida a todo un Pueblo. Ayer por la noche empezaron a salir en libertad algunas de las personas detenidas. En el día de hoy siguen volviendo a sus casas y a sus despachos de abogados el resto de detenidos y detenidas.

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Intentan atrapar y parar la corriente de un río de solidaridad robando incluso el fruto de la propia solidaridad, sin saber que lo único que nos roban es el dinero, porque la solidaridad sigue y seguirá marcando en gran medida los pasos que con determinación va a seguir dando este Pueblo. El sábado volveremos a inundar de solidaridad esta vez Donostia, en favor de los DDHH, la resolución y la paz.

He leído esta mañana algo que ha escrito Iker Casanova en su perfil de Twitter que creo resume perfectamente lo vivido estos días:

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Este artículo está tomado de una colaboración para el programa La escotilla, de Eguzki Irratia, que ha sido emitido hoy miércoles 14 de enero.