proyecto memorialista

La primavera ha llegado y con ella el florecimiento de las plantas, entre otras, esas amapolas que empiezan a verse, desde ahora y hasta el comienzo del verano, en campos de cereales y caminos. De la misma manera, en Iruñea, continúan floreciendo debates importantes para el futuro de la ciudad, entre otros, el debate sobre la memoria histórica y los diversos elementos, tanto físicos como emocionales, tanto políticos como sociales, que lo componen.

5936644046_383038c85a_o

Uno de esos debates tiene que ser, por fuerza y por necesidad, el de imaginar y llevar adelante un proyecto memorialista para esta ciudad, un proyecto que recoja la memoria histórica de Iruñea y lo haga además mirando a futuro. Un modelo social y de ciudad que mira a futuro tiene que tener presente el pasado doloroso, pero siempre en clave de construcción, de aprendizaje, de reflexión y de creación. Si nos quedamos mirando exclusivamente al pasado, sin otra dinámica que construya, simplemente recordando y teniendo presente ese pasado, por muy importante que sea esto, difícilmente podremos construir futuro. La memoria es un elemento necesario para la construcción de ese modelo inclusivo, de ese modelo que no repita lo ocurrido, de ese modelo que trabaje por el reconocimiento y la justicia para tantas personas , familias y colectivos afectadas por la represión de la dictadura franquista. De eso nadie tiene duda. Pero esa memoria tiene que servir para construir futuro. Tiene que ser una constante mirada al futuro.

Por eso, es de vital importancia unir a la recuperación de la memoria histórica dos elementos que le darían valor de construcción a futuro. Un valor que posibilite, también, que sea una construcción intergeneracional. Que la lleven a cabo las personas que sufrieron la represión franquista, las que vivieron el silencio de la mal llamada transición y quienes nacieron décadas después de la muerte del dictador. Esos dos elementos son el pensamiento y los Derechos Humanos.

¿Y por qué el pensamiento y los Derechos Humanos? Muchas veces me he hecho la pregunta de qué es lo contrario al fascismo, a una dictadura o al pensamiento único. Y siempre, y lo puede comprobar cualquiera que haga ese ejercicio, he obtenido, indistintamente, diferentes conceptos. Libertad, democracia, convivencia, cultura, diversidad, y quizás incluso paz. No cabe duda de que todo eso está y tiene que estar presente, pero creo que la base debieran ser los derechos humanos y el pensamiento.

Derechos humanos y pensamiento porque, si bien el origen de esa dictadura fue la determinación de unas personas en ir contra la libertad y la democracia, el origen del propio fascismo es el desarrollo del pensamiento único y la falta de libertad para pensar diferente, que conlleva, siempre, a la conculcación de los DDHH. El proyecto memorialista de Iruñea tiene que ser un proyecto que impulse la defensa de los DDHH, que vigile las agresiones a los mismos y que abarque más allá de la ciudad. Que sea un proyecto de aprendizaje colectivo, de educación y de estudio, y sobre todo que sea un proyecto que lleve a la práctica el impulso de esos Derechos Humanos. ¿Por qué no trabajar en favor de un proyecto que haga de Iruñea la ciudad de los DDHH? Y junto a ello la defensa a ultranza y sin bagajes de la libertad de pensamiento, libertad que favorecerá la convivencia, el entendimiento, la diversidad y, no cabe duda, la propia paz.

Memoria
Fotografía de Amaia Molinet

Por eso, a mi modo de ver, el continente de todo este proyecto, aún siendo importante, no es el principal debate. Comenzar un debate que debiera ser sobre el contenido, hablando del continente, es una forma demasiado simplista e incompleta de abordarlo. Para mi, incluso, errónea. Simplificar y centrar el debate en si hay que conservar o derruir un edificio, en este caso el llamado monumento a los caídos, es un error político y social. Pretender desviar el debate sobre si un edificio, actual o futuro, tiene que albergar un museo de la ciudad o un museo de la memoria, es hacer dejación de la responsabilidad que tenemos en estos momentos. Las generaciones futuras merecen un proyecto de futuro para esta ciudad, que recupere y mantenga viva la memoria histórica y además lo haga mirando al futuro. El lugar o lugares donde se aloje ese proyecto, siendo importante, no es lo más urgente en el debate. Si caemos en un debate cortoplacista y simplista, estaremos cayendo en la trampa que aún hoy en día el fascismo sigue deseando. Porque para el pensamiento único, siempre será mejor que nos centremos en el árbol y sigamos sin ver el bosque.

Dejemos que las amapolas sigan floreciendo, en el camino, en los campos, o donde sea. Pero que sigan floreciendo.

Artículo basado en la colaboración con el programa de Eguzki Irratia, La eskotilla, del 29 de marzo de 2017.

no quieren avanzar

Ayer ya me referí a las dos emociones encontradas que se vivieron durante toda la jornada tras la excarcelación de Arnaldo Otegi. Una, la mayoritaria, la de la gente que estamos harta de que algunos piensen que aquí vale todo, por la liberación de un luchador, militante y político; la otra, la de esa gente que, ante la salida de una persona, no cualquiera, está claro, que ha cumplido íntegramente su injusta condena, viven esta situación con amargura, odio y querencia a un pasado que, desgraciadamente, más allá del sufrimiento vivido, han aprovechado y aún hoy siguen empeñados en aprovechar para sacar réditos políticos. Intento vivir con empatía su sufrimiento, es algo que en un momento u otro todos y todas tendremos que hacer. Cada cual desde su propia vivencia de ese sufrimiento que hemos vivido y seguimos viviendo en esta tierra. Este recorrido hacia la empatía es un camino que haremos de forma personal cada una de nosotras y nosotros, pero que tiene un camino que de forma colectiva vamos a tener que emprender. En ello estamos algunos y algunas, pese a las dificultades, a los obstáculos que hay quien sigue empeñado en poner continuamente y al freno que algunos, conscientemente, han metido desde hace tiempo.

Hoy nos hemos levantado con una noticia recogida en el Diario de Navarra, que ha pasado de ser vocero del Régimen a ser portavoz de un posicionamiento inmovilista ante cualquier movimiento, social, cultural y político, que se viva en Iruñea, en Nafarroa o en cualquier pueblo navarro. La noticia se hace eco de una fotografía, realizada por mí, en la que se ve al equipo de concejales de EH Bildu en el Ayuntamiento iruindarra, junto al Alcalde Joseba Asiron, siguiendo en directo la salida de Arnaldo. Es una fotografía que no es más que el reflejo de lo que ayer se vivió en muchos lugares. Alegría y emoción y tras esos tres minutos, vuelta al trabajo, porque hay que seguir sacando todos los proyectos de ilusión y cambio adelante. Pues bien, esa es la fotografía que han sacado en ese periódico, porque parece ser que quieren utilizar cualquier cosa para romper el gobierno municipal del cambio, sin darse cuenta que esa fotografía es la anécdota de una ilusión que cada vez coge más fuerza en esta ciudad.

Captura de pantalla 2016-03-02 a las 8.57.54

La noticia en cuestión, naturalmente, ha sido tergiversada convenientemente. Yo no sé para que utilizaban el despacho del Alcalde el resto de primeros ediles que han pasado por Iruñea, pero Joseba Asiron y su equipo lo utilizan para trabajar, para reunirse, para debatir y para contrastar los diferentes proyectos que están en marcha. Lo digo porque parece ser que les extraña que Asiron y sus concejales estén en el despacho del Alcalde. A saber para qué lo utilizaban antes. Después se lanzan a decir que la gente me empezó a responder a través de Twitter, cuando en realidad solo me respondieron dos concejales de UPN. Caballero para sacar el ronronete de ETA, ETA, ETA, ETA, y Alonso para responder, algo que, por lo visto, le parece indignante, que es la emoción sentida ayer por la liberación de Otegi, que él, en su ridiculez, se empeña en poner Otegui, como si eso cambiase su persona y su perfil político. Le respondí que no se amargase, que respirase tranquilo, le daba la bienvenida a Otegi y ponía el hastagh #sonreíd, que es algo que esta gente ha olvidado hacer. Me respondió que seguramente amargura fue la que sintió Luis Abaitua que estuvo diez días secuestrado en 1979. Y no dudo la amargura que sintió, pero lo que yo le contesté a Alonso y el Diario de Navarra ha ocultado deliberadamente es que en este país amarguras ha habido y hay muchas, pero que algunos miramos al futuro y queremos la paz. Porque ese y  no otro es el fondo de la cuestión. Desgraciadamente aquí todavía hay gente que se empeña en mirar hacia atrás y seguir estirando el chicle con tal de seguir buscando réditos políticos. Triste es eso, desde luego, pero yo soy de los que sigue empeñado, como muchísima gente, en trabajar y aportar en lo que pueda para que sigamos avanzando en derechos y en reconciliación, por mucho que otros, de manera calculada, sigan poniendo el freno y mirando hacia atrás.

Captura de pantalla 2016-03-02 a las 9.52.53