necesitamos más humanidad

Ayer un compañero me sorprendió con un correo en el que nos felicitaba al grupo municipal de EH Bildu en el Ayuntamiento de Iruñea por la gestión del mandato del pleno para poner unas placas en recuerdo a las víctimas de ETA. No me sorprendió la felicitación en sí, sino la referencia a la humanidad y la compasión, en su término budista de hacer tuyo el sufrimiento del otro. Ya lo señalé en un anterior artículo, pero quiero resaltar una vez más la indispensable humanidad y empatía que ha caracterizado el sincero comienzo de esta gestión y que debería ser el elemento principal de la misma.

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Photo by Kira auf der Heide on Unsplash

Muchas veces me he preguntado qué es lo que generalmente falla en la política, en las personas que dedican, o dedicamos, un tiempo de nuestra vida, a ejercer la política desde un partido concreto o en una institución. En esa reflexión no incluyo a las personas que ejercen la política desde movimientos sociales, porque creo que, afortunadamente, se mueven en otros parámetros. La cuestión es que creo que a este tipo de militancia política visible y conocida, le faltan grandes dosis de humanidad y empatía. No creo en la afirmación de “todos los políticos son iguales”, porque es una aseveración interesada de quien pretende hacer creer, para excusar su falta, que todas las personas que se dedican a la política son corruptas, sólo miran por sus intereses y no tienen problema alguno en pasar por encima de las personas para lograr sus objetivos. En el tiempo que me he dedicado a la política de manera casi “exclusiva”, me he encontrado personas de ese tipo, pero afortunadamente también he compartido espacios, debates y proyectos con personas que piensan primero en las personas, intentan empatizar con ellas y ejercen una política desde el prisma de una ética impregnada de humanidad. Pero, desgraciadamente, este tipo de personas no son mayoría en el conjunto de mujeres y hombres que están en política. La política es, o debiera ser ante todo, un compromiso con las personas, para lograr la mejora y el bienestar de todas ellas. Y para lograr esto es indispensable ponerte en lugar del otro, de todas y de todos y escuchar, siempre escuchar, sobre todo a la persona que no piensa como tu.

Por eso es necesario agradecer a ese compañero el correo mandado y el toque de atención. Necesitamos que nos recuerden constantemente que la política es, según la RAE, la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Y lo público es lo referido a la colectividad, esto es, de todas y de todos.

Echo en falta, no lo he encontrado en ningún diccionario, una referencia a la sensibilidad con las otras personas que debe regir esa actividad. Ejercer esta humanidad debiera ser la idea principal que guiase el ejercicio de la política en cualquier ámbito.

La referencia que incluía el compañero en su correo era la siguiente frase:

“El ser compasivos, el sentir que podemos aliviar el sufrimiento de los otros es una poderosa fuente de felicidad. El ayudar a los demás y ver cómo aplacamos su sufrimiento nos proporciona una gran alegría y nos hace extraordinariamente felices”.

Vicente Simón

 

búsqueda

Para terminar esta semana, voy a hablar y recomendar una película que me ha parecido muy buena, por la historia que narra, por el mensaje que ofrece y sobre todo por la humanidad que desborda. Lion cuenta la historia real de un  niño indio que se pierde, adoptado por una pareja australiana y la búsqueda de su familia natural tras más de veinte años perdido.

La película, realizada en 2016, nos cuenta la historia de Saroo, uno de los 80.000 niños que anualmente se pierden en ese inmenso país que es la India. Vive con su madre, su hermano mayor y su pequeña hermana en un poblado del norte, en la extrema pobreza. Su madre se dedica a recoger piedras en una cantera y su hermano y él mismo roban carbón en los trenes. El caso es que Saroo, un fatídico día, se pierde en una estación y por un accidente acaba a miles de kilómetros de su hogar. Pasa penalidades en la calle, escapando de mafias y siendo recluido en una especie de orfanato, hasta que una pareja australiana lo adopta. Veinticinco años después emprende la búsqueda hacia sus orígenes, ayudado de sus recuerdos y con la sola ayuda del nombre del poblado donde vivía. Nombre que no aparece en Google.

Es una película bella, con unos paisajes rurales y urbanos que nos llevan a la inmensidad humana que es la India. La actuación del pequeño Saroo, por Sunny Pawar, es extraordinaria, un niño capaz de transmitir todo con su cara y sus ojos negros. Y la interpretación del joven Saroo es maravillosa, con Dev Patel que, otra vez, me sorprende con su capacidad para comunicar, en este caso la propia búsqueda. Pero más allá de interpretaciones, paisajes y música, esta cinta atrae por la historia y el significado de la búsqueda.

Vivimos en una sociedad en la que hemos dejado, en gran medida, de buscar. Lo tenemos todo, o casi todo, dado. Cualquier duda que tengamos nos es dada la respuesta después de un sencillo click. Ya no preguntamos, ya no investigamos. Y esto se repite en la propia búsqueda personal. La mayoría de la sociedad se conforma con la vida que le toca vivir, sin pararse a pensar que seguramente sea una vida que no ha sido elegida. Es muy poca la gente que busca qué tipo de vida le gustaría vivir. Mirar al interior de uno mismo es incómodo y en una sociedad edificada en base a las comodidades es algo residual. Porque en realidad, la película nos cuenta la historia de una búsqueda personal a través de la búsqueda de una madre perdida. Una búsqueda que tiene sus interrogantes, sus consecuencias, su camino, su tiempo y su/sus respuesta/s. Una búsqueda que es como la vida misma.

Totalmente recomendable. Una historia de búsqueda bellamente humana. Una historia esperanzadora. Una historia sobre qué significa no rendirse.

un brasileño en Iruñea

La fotografía en blanco y negro siempre ha sido para mi un estilo mucho más bello que el de las fotografías en color. Una buena foto en blanco y negro tiene la virtud de capturar muchos más matices, texturas, luces y sombras que una en color. Es más, tratándose la fotografía del arte de fijar las luces y sombras de una imagen, me parece que esta modalidad tiene, siempre que se sepa hacer, evidentemente, más posibilidades de captar toda la esencia de esa imagen que cualquier otro tipo de fotografía. Habrá quien diga que la ausencia de color resta realismo a la imagen capturada, o que un color bien capturado puede aportar, por sí solo, toda una historia a la fotografía. En cambio para mi una buena fotografía en blanco y negro es sobre todo literatura en la fotografía, lo mismo puede ser poesía, que ensayo, novela o cuento, pero es capaz de contarnos una historia con unas sutilezas que en color, me parece, es más difícil de conseguir. Y naturalmente, es solo mi propia opinión. Hay fotografías en color que son espectaculares. Pero yo, me quedo con el blanco y negro.

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Fotografía de Sebastião Salgado, de su serie sobre las minas de Sierra pelada

Estos días se ha inaugurado en el Paseo de Sarasate una exposición de un fotógrafo excepcional, el brasileño Sebastião Salgado. A pesar de haber comenzado a dedicarse a la fotografía a partir de los 30 años, ha sido capaz de emocionar al mundo con sus imágenes sobre la humanidad. Porque precisamente eso es lo que fotografía Sebastião. Ha recorrido con Leica los principales conflictos humanitarios de las últimas décadas, logrando plasmar en sus imágenes el horror, el drama, la desesperación y el fracaso de la humanidad en las últimas décadas. La hambruna de Etiopía, las guerras de Ruanda, Yugoslavia, Irak, la dura vida de aborígenes del Amazonas y de los campesinos de las llanuras americanas. Uno de los trabajos más impactantes es, sin duda, la serie sobre las minas de Sierra Pelada con unas imágenes que muestran el esfuerzo, sufrimiento y la capacidad sobrehumana de los mineros. Hay también quien, incluso, ha criticado al fotógrafo por plasmar con tanta belleza el drama humano “desnaturalizando” la tragedia de personas. El propio Salgado decidió dejar de fotografiar este tipo de conflictos ante la desesperanza provocada por una humanidad violenta, agresiva y egoísta, es decir, cada vez más deshumanizada.

La exposición que ha sido instalada en el centro de Iruñea es el último trabajo de Sebastião Salgado. Génesis. Una vuelta a los orígenes del planeta. Una plasmación, en blanco y negro, de lugares que todavía mantienen la esencia de los orígenes de la vida en la Tierra. Un trabajo, principalmente de paisajes y naturaleza, cambiando absolutamente el registro de sus anteriores trabajos, pero consiguiendo, una vez más, capturar de manera tremendamente bella el objeto de su trabajo, en este caso la génesis del planeta Tierra. Un trabajo que os recomiendo visitar, si podéis hacerlo, poco a poco, disfrutando de 5 minutos ante una fotografía, sintiendo lo que nos dice, la historia que recoge, imaginando a Salgado disparando su Leica, pensando en qué sucedió después. Incluso, si queréis, tenéis oportunidad de visitar la exposición con una visita guiada los sábados, a las 12, en euskera y los domingos, a la misma hora, en castellano. No hace falta apuntarse. La muestra estará hasta el 17 de febrero. No os la perdáis. Un nuevo acierto y éxito del área de Cultura del Ayuntamiento de Iruñea.

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Y si queréis profundizar en Sebastião Salgado y su obra, os recomiendo un documental exquisito que grabó en 2014 el director Wim Wenders y el hijo del fotógrafo, Juliano Ribeiro Salgado. La sal de la Tierra. Una suerte de relato sobre las relaciones entre el planeta y la humanidad a lo largo de la obra del fotógrafo brasileño en los últimos 40 años. Impresionante. Y esperanzadora, por cierto. Tenéis el documental en Filmin y en Youtube.

abrir fronteras, abrir los ojos

Pobre Europa, tan llena de podredumbre, tan abandonada y tan desmemoriada. Esos Estados europeos que hoy cierran fronteras y que no hubiesen podido existir si no hubiese sido gracias a las corrientes migratorias. Esos gobiernos europeos que hoy abandonan en el erial más farragoso a miles de personas en el desastre humanitario más terrible de las últimas décadas. Hasta hace unos meses a estos países les bastaba con volver la cabeza para no ver las barbaridades de los campos de refugiados en Palestina, en Sahara o en Nigeria, pero ahora, en su propia casa, en nuestra propia casa, no pueden hacerlo, así que su única solución es cerrar las fronteras a cal y canto.

Fotografía de Reuters

Estos días una opinión recorre las redes sociales pidiendo la retirada de la bandera europea como muestra de protesta y en desacuerdo con las decisiones que se están tomando en las instituciones europeas. Como medida de protesta e imagen de la misma puede estar bien, pero mucho me temo que la respuesta tendrá que ser algo más profunda que una acción efectista. Corremos el riesgo de quedarnos en la política de las demagogias y el populismo, sin siquiera habernos asomado al fondo de la cuestión. Podemos retirar todas las banderas europeas sin que esta política criminal e inhumana se mueva un ápice. Y el día que abran las fronteras, de manera ordenada, a cuenta gotas, me imagino que volveremos a ponerla, sin darnos cuenta que el problema sigue estando presente en toda su dimensión. Porque yo no estoy de acuerdo con este modelo político que nos han impuesto en Europa, un modelo al servicio de las multinacionales, la banca, los intereses económicos, en definitiva, del capital.

Somos la ciudadanía europea la que tenemos que salir a la calle para hacer de esta vieja Europa un lugar donde los intereses humanos, los derechos de las personas sean la base de un modelo solidario, enriquecedor y defensor de la cultura, el pensamiento, las oportunidades, la igualdad, la decisión y la libertad. Hasta que no seamos capaces de ver eso no podremos hacer más que protestar, de manera muy visible si queremos, pero nada más que eso, pataletas. Si la historia de Europa está plagada de mujeres y hombres que creyeron en la libertad humana, ¿por qué ahora no somos siquiera capaces de ver que la solución puede estar en nuestras manos? ¿Por qué seguimos enfadándonos sin hacer nada?

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Foto de AFP / Ferenc Isza

En toda esta situación hay responsabilidades. Algunas son muy directas. Las políticas criminales de los Estados europeos son la causa principal de este desastre. Y esas políticas pueden llevarse adelante porque ha habido personas, vecinas y vecinos nuestros, que han depositado su confianza en partidos cuyo modelo es la actual Europa. Aquí, en nuestra casa, PP, UPN y PSN-PSOE, tienen responsabilidad directa en todo esto. Pero no nos engañemos, nuestra incapacidad para construir otro modelo es otra de las causas. Y en esto creo que es totalmente necesario hacer una autocrítica desde la izquierda europea. Nos arrasaron. Nos han engullido. Tímidamente hemos empezado a levantar la cabeza. Hagámoslo con decisión, organicémonos, construyamos la nueva Europa, la Europa de los pueblos, la Europa de las personas, de todas ellas, independientemente de su lugar de nacimiento. Es hora de abrir las fronteras, pero para hacerlo, necesitamos abrir los ojos.

impresionante pasión

Más allá de creencias, la pasión de Jesucristo es el relato de un hombre que después de cenar con la cuadrilla es traicionado por uno de sus amigos, acusado sin pruebas, detenido, maltratado, juzgado sin posibilidad de defensa, torturado y finalmente ajusticiado de una manera cruel e inhumana. Poner música a esta historia no es, ni mucho menos, empresa fácil, pero Bach consigue algo asombroso. La Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach, es una obra monumental, de casi tres horas de duración, compuesta para un servicio religioso del Leipzig luterano del siglo XVIII y que es capaz de bajar esa historia, sagrada para millones de personas, al ámbito de los sentimientos humanos. Bach pone música al drama de esa historia, pasando por el dolor, la angustia, el odio, la tristeza o desesperación, pero dejando espacio a la esperanza, la dulzura, el amor o la amistad.

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Ayer en Baluarte todas las personas que llenamos su sala principal fuimos testigos de esta pasión bachiana y estuvimos presentes en el que, posiblemente, desde luego sí para mí, sea uno de los mejores conciertos de música clásica que se hayan escuchado nunca en Iruñea. John Eliot Gardiner es capaz de controlar todos estos matices del sentimiento humano que emana de esta obra y además lo hace, no solo en grabaciones, si no, diría yo que, principalmente, en actuaciones en vivo. Su conocimiento de esta obra cumbre de la música fueron patentes en el concierto de ayer, controlando absolutamente todos los elementos, desde la fuerza y tiempos, los dos coros y orquestas, la Escolanía del Orfeón Pamplonés (impresionante) o las propias arias solistas, creando un conjunto que, muy pocas veces, es posible escuchar y ver en directo.

No soy, ni mucho menos, principalmente por desconocimiento, un crítico musical, pero ayer en el descanso de la obra solo se escuchaban comentarios de gente maravillada por lo que, hasta entonces, habían presenciado. El silencio total que se hizo en Baluarte durante las casi tres horas del concierto, yo no lo había presenciado nunca en la multitud de conciertos a los que he asistido. Hubo un momento en el que se escuchaba hasta el aire de la calefacción. No hubo las típicas toses, ni papeles de caramelos. Hubo un momento en el que sonó en el palco un teléfono rápidamente acallado y al comienzo de la segunda parte dos señoras, tremendamente maleducadas, que se levantaron para irse en mitad del Erbarme dich, mein Gott, una de las arias más conocidas de la Pasión. A estas dos señoras directamente les vetaría la entrada para el resto de sus vidas. Los English Baroque Soloists demostraron que son una orquesta sublime y no solo un grupo de grandes instrumentistas. El conjunto lo demostró en todas y cada una de las partes de la obra. El coro Monteverdi me dejó estupefacto, sinceramente. Un empaste absoluto, unos diálogos entre los dos coros tremendamente vivos y sinceros y una profesionalidad general que, unida a la juventud de muchos de sus componentes, hacen de este coro un ejemplo de virtuosismo.

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Entre los y las solistas me voy a referir a los tres que más me llamaron la atención. Sin lugar a dudas, la estrella de la noche fue el tenor Mark Padmore, que en su papel de Evangelista volvió a demostrar porqué es, para muchos, el mejor Evangelista de todos los tiempos. Si alguna vez queréis deleitaros con esta interpretación podéis escucharlo y verlo, pues se trata de una interpretación semiescenificada, en la Pasión dirigida por Rattle, junto a la Berliner Philharmoniker. Su voz aguda y la fuerza en el escenario fueron lo mejor de la tarde-noche. Otro de los protagonistas de la noche fue el contratenor Reginald L. Mobley, con una voz delicada y una figura portentosa que, a tenor de la ovación que recibió al final de la función, encandiló a todo el público. Al cantar transmitía una tranquilidad apabullante. Entre los instrumentistas, con permiso del oboe (espectacular), me impresionó sobremanera la viola de gamba, Reiko Ichise, con una fuerza y viveza espectaculares. Estos son los tres que quiero resaltar, pero todos y cada uno de los solistas del coro, algunos de ellos bastante jóvenes, merecen un punto y aparte.

Salí del concierto con el espíritu sereno, la impresión de haber presenciado un concierto histórico y la gratitud de por vida al cantor de Leipzig, Johann Sebastian Bach. Lo celebramos cenando tarde en un japonés. Os dejo con el coro final.

discurso final de El gran dictador

Esta fue una de las últimas entradas que hice para iruindarra.com y me parece perfecta para que sea la primera de dslegi.com:

Las nubes se alejan, el sol está apareciendo, vamos saliendo de las tinieblas hacia la luz.

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Lo siento, pero no quiero ser emperador. Ése no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie. Sino ayudar a todos, si fuera posible, judíos, gentiles, negros o blancos.

Tenemos que ayudarnos unos a otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. La buena tierra es rica, y puede alimentarnos a todos.

El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. Las máquinas que crean la abundancia, nos dejan en la necesidad. La ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo.

Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos.

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.

A los que puedan oírme les digo: No desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que temen seguir el progreso humano. El odio de los hombres pasará, y caerán los dictadores y el poder que le quitaron al pueblo volverá al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.

¡Soldados! No os rindáis a esos hombres que os desprecian, os esclavizan, rigen vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, pensar o sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombre máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. ¡Vosotros no sois máquinas! ¡No sois ganado! ¡Sois hombres! ¡Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No el odio! Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos.

¡Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad!

En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios está dentro del hombre”. No de un hombre ni de un grupo sino en todos. ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder. El poder de crear máquinas, de crear felicidad. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo, y de a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las bestias alcanzaron el poder. Pero mintieron, no han cumplido sus promesas, ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Luchemos para liberar al mundo, para derribar barreras nacionales, para derribar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia y donde el progreso nos conduzcan a la felicidad.

¡Soldados, en nombre de la democracia, uníos!

ALZA LOS OJOS
Hannah. ¿Me oyes? Dondequiera que estés, alza los ojos Hannah. Las nubes se alejan, el sol está apareciendo, vamos saliendo de las tinieblas hacia la luz. Caminamos hacia un mundo nuevo, un mundo de bondad, en que los hombres se elevarán por encima del odio, de la ambición y de la brutalidad. ¡Alza los ojos, Hannah! Al alma del hombre le han sido dadas alas y al fin está empezando a volar. Está volando hacia el arcoíris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro, un glorioso futuro que te pertenece a ti, a mí, a todos. Alza los ojos, Hannah. ¡Alza los ojos!

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discurso final de Charles Chaplin en El gran dictador

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Lo siento, pero no quiero ser emperador. Ése no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie. Sino ayudar a todos, si fuera posible, judíos, gentiles, negros o blancos.

Tenemos que ayudarnos unos a otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. La buena tierra es rica, y puede alimentarnos a todos.

El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. Las máquinas que crean la abundancia, nos dejan en la necesidad. La ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo.

Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos.

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.

A los que puedan oírme les digo: No desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que temen seguir el progreso humano. El odio de los hombres pasará, y caerán los dictadores y el poder que le quitaron al pueblo volverá al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.

¡Soldados! No os rindáis a esos hombres que os desprecian, os esclavizan, rigen vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, pensar o sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombre máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. ¡Vosotros no sois máquinas! ¡No sois ganado! ¡Sois hombres! ¡Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No el odio! Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos.

¡Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad!

En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios está dentro del hombre”. No de un hombre ni de un grupo sino en todos. ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder. El poder de crear máquinas, de crear felicidad. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo, y de a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las bestias alcanzaron el poder. Pero mintieron, no han cumplido sus promesas, ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Luchemos para liberar al mundo, para derribar barreras nacionales, para derribar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia y donde el progreso nos conduzcan a la felicidad.

¡Soldados, en nombre de la democracia, uníos!

ALZA LOS OJOS
Hannah. ¿Me oyes? Dondequiera que estés, alza los ojos Hannah. Las nubes se alejan, el sol está apareciendo, vamos saliendo de las tinieblas hacia la luz. Caminamos hacia un mundo nuevo, un mundo de bondad, en que los hombres se elevarán por encima del odio, de la ambición y de la brutalidad. ¡Alza los ojos, Hannah! Al alma del hombre le han sido dadas alas y al fin está empezando a volar. Está volando hacia el arcoíris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro, un glorioso futuro que te pertenece a ti, a mí, a todos. Alza los ojos, Hannah. ¡Alza los ojos!

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