sí, sirve

Eso no sirve para nada; no tengo tiempo; no soy un hippy; eso no está comprobado científicamente; no soy budista; mi cabeza no para de pensar; ¿qué haría yo en silencio?; no me gusta el rollo de inciensos y tal; te crees muy moderno. Estas son algunas de las cosas que me han dicho al saber, la otra persona, que practico la meditación. O mejor dicho, que practico para aprender a meditar. Aunque las más de las veces no me han dicho nada y se han limitado a mirarme con cara rara. Aunque, también es verdad, cada vez menos.

mindfulness

Sí sirve. Cada vez que me siento diez minutos en el cojín, sirve para estar conmigo mismo. Aunque sea solo para eso. Y eso, permitid que os lo diga, es un lujo. El ritmo que llevamos normalmente nos impide parar a sentirnos, a ver que somos nosotros quienes estamos aquí. Otra cuestión es que no estemos acostumbrados a estar con uno o una misma. Pero de eso se trata.

Las excusas para no sentarse diez minutos en silencio son de lo más variopintas. La del tiempo suele ser una de las mejores. Son diez minutos al día, o veinte o incluso media hora. Pensad cuánto tiempo invertimos en otras cosas que hacemos diariamente como ver la televisión, dormir, comer, estar con los amigos, hacer ejercicio físico, leer, trabajar, limpiar. No poder encontrar diez minutos al día es simplemente una excusa para no hacerlo. Así de simple.

Yo tampoco soy un hippy. Hay gente de todos los estilos, ámbitos, ambientes, orígenes, ideologías y religiones que practican la meditación. No hace falta ponerse pantalones de hilo, dejarse rastas y barba y utilizar la bicicleta hasta para ir al baño. Eso no es un elemento indispensable para practicar la meditación.

Está comprobado científicamente e incluso una variante de la meditación, que es el mindfulness, se está empezando a utilizar, cada vez con más frecuencia, como parte del tratamiento para diferentes enfermedades psíquicas como la ansiedad y la depresión e incluso como paliativos para las consecuencias de enfermedades de otro tipo. Científicamente está comprobado que la práctica de la meditación conlleva beneficios físicos, psíquicos y emocionales. Bibliografía hay para parar un tren.

No hace falta profesar una religión concreta para practicar la meditación. Es más, no hace falta ser practicante de ninguna religión, ni ser creyente en un Dios, o en varios, o en la reencarnación o en la resurrección. Tampoco va contra la religión que se practique. Aunque su origen sea las prácticas del budismo, existen otras religiones que han practicado diferentes formas de meditación. Pero en sí, puede no formar parte de una práctica religiosa. De hecho el mindfulness es una meditación sobre la conciencia de uno mismo desprovista de todo significado religioso.

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La mente no para de pensar. La meditación no consiste en dejar la mente en blanco o dejar de pensar. La mente tiene actividad siempre. Otra cosa es que esa actividad mental que funciona la mayoría de las veces de forma independiente se pueda observar sin que te influya o condicione en tus actos.

El silencio ha sido uno de los mejores descubrimientos que he hecho en los últimos años. Estamos rodeados de ruido, en la calle, en el trabajo, en casa, con la televisión, la radio, la música incluso, los electrodomésticos, los coches y lo malo de todo eso es que hemos dejado de escucharnos a nosotros mismos y a la vida. El silencio nunca es total, pero descubrir un día el sonido de tu respiración y ser consciente de ello es una experiencia reconfortante.

Para meditar no hace falta encender una vela o poner incienso. Tampoco hace falta ponerse música india de fondo, ni pintarse un punto rojo en la frente. Simplemente necesitamos ponernos, allá donde estemos.

Puede que la meditación se esté poniendo de moda y que haya quien piense que eres más moderno por hacerlo. Pero una práctica que en muchos lugares del mundo se practica desde hace milenios no es una moda pasajera. El hecho de que cada vez se conozca más y sea descubierta por más gente es simplemente la constatación de que en nuestra cultura no nos hemos dedicado suficientemente, hasta ahora, a vivir conscientemente el momento, estemos respirando, comiendo o andando. Tan sencillo como eso.

Yo seguiré practicando. Funciona.

preparándome

En esta semana larga que llevo “meditando” resulta que me sentaba en mi cojín y en unos segundos tomaba la postura, entornaba los ojos y le daba al temporizador para que me avisase pasados los 5 minutos… Sí, la verdad es que suena un poco mecánico, pero necesito ir poco a poco cogiendo el hábito. Para mi en estos momentos es un logro el simple hecho de dedicar 5 minutos a estar en silencio intentando ser consciente de mi respiración y procurando no pensar, solo ser.

¡Nadie me había dicho que para meditar, como para todo en esta vida, es necesario hacer una preparación! Tampoco, lo reconozco, le había dedicado mucho tiempo a pensarlo. Lo más que hacía era coger el cojín y a veces encender un palo de incienso y poco más. Si lo pienso, inconscientemente algo ya preparaba…

Según Miquel Barber para meditar hay que prepararse en tres aspectos: entorno, cuerpo y mente.

Hay que preparar el entorno en donde se vaya a meditar, aunque, en principio, es posible meditar en cualquier lugar. Si lo haces en casa se puede acondicionar el sitio mediante la luz suave, el olor a incienso, una vela, una alfombra, lo que sea para inducir a la calma, que es lo que necesitamos para poder meditar. Por lo tanto, un entorno en calma.

El cuerpo tiene que prepararse también ya que, aunque la meditación es una actividad principalmente mental, cuerpo y mente van unidos y están vinculados por la energía. Para poder meditar bien, es necesario tomar una buena postura con el cuerpo, ya sea sentados en el suelo, sobre un cojín, un pequeño banco o un zafú, incluso sentados en una silla, con la única condición de que los pies o las rodillas toquen el suelo, estén en contacto con la tierra, ya que eso da estabilidad. La columna debe estar abierta y recta, como si un hilo nos tirase hacia arriba desde la coronilla y pudiésemos descansar la columna sin temor a caer. Para las manos hay diferentes formas, bien sea abiertas hacia arriba, apoyadas en las rodillas o formando el mudra del vacío, esto es, con las palmas hacia arriba, la mano derecha sobre la izquierda y los dedos pulgares tocándose ligeramente, formando un círculo de energía. Yo utilizo este mudra. Los brazos ligeramente separados del tronco y los ojos, bien cerrados, o bien ligeramente entornados. La cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, como si  nos tirasen de la coronilla. La lengua apoyada en el paladar superior, con la punta tocando la parte trasera de los dientes superiores. La verdad es que parece complicado, pero con la práctica dicen que sale automáticamente. Habrá que perseverar, entonces.

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La mente debe estar en calma. ¿Cómo conseguimos eso en nuestro día a día, después de la jornada de trabajo o con las pequeñas o grandes preocupaciones que podamos tener? Parece ser que hacer un ejercicio de respiración es clave para calmar la mente. El ejercicio consiste en concentrarse en la respiración, en la inspiración y la espiración, contando hasta 21 veces. Tras este ejercicio seguro que la mente está mejor dispuesta para un momento de meditación.

Yo, poco a poco, iré practicando y preparándome. De todos modos, seguro que hay muchas formas de prepararse para una meditación. Si alguien lee esto y quiere compartir cómo lo hace, le doy la bienvenida y le invito a compartirlo.