la utopía y #ChimPonChi

El vídeo en el que aparece el concejal de UPN, Juan José Echeverría (sic), en el que se lanza con un monólogo anticomunista en una intervención sobre el carril bici en Iruñea, se ha hecho viral. Esto es, se ha propagado a los cuatro vientos cual virus griposo. Sorprende esta intervención y su virulencia por el contenido ajeno al debate, por el odio que desprende y por las formas violentas con las que lo realiza. Indica un nivel ínfimo en el debate político que desprende una falta de argumentos y propuesta en un debate sobre la movilidad sostenible. Si normalmente el comodín que los concejales de UPN y PSN utilizan es el de ETA, parece ser que ahora han ampliado las excusas en  su incapacidad manifiesta con las palabras comunista, ultraizquierda y la referencia a lugares como la extinta URSS, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, o a personas como el dictador militar Kim Jong-un, aunque Echeverría lo llame Chim Pon Chí. Estas son las referencias que utilizó el político de UPN en un debate municipal. Unas referencias y un monólogo que hizo con inusitada violencia, como salido de sí mismo y de donde se desprende un odio hacia el pensamiento que no es el suyo.

Desgraciadamente no ha sido el único caso de concejales de UPN y PSN en las últimas semanas. Los vídeos de la concejal de UPN, María Caballero, gritando y no dejando hablar, impidiendo un debate en una comisión y el de la portavoz del PSN, Maite Esporrín, haciendo burla y mofándose en su intervención de una compañera de corporación, han dado también qué hablar. La prepotencia y chulería de Echeverría, la falta de respeto de Caballero y las burlas de Esporrín son solo algunos ejemplos del nivel de debate que tienen estos dos grupos, habituados hasta ahora a hacer de su capa un sayo y del ayuntamiento su chiringuito y que ahora, en su papel de oposición, exclusivamente saben meter ruido en un vano intento de entorpecer la gestión municipal. Y la inevitable pregunta que nos hacemos todo el mundo es… si esto son capaces de hacer cuando saben que hay cámaras grabando, ¿qué no harán en las múltiples reuniones a puerta cerrada? Nos lo podemos imaginar.

De todos modos, una de las cosas que más me han sorprendido ha sido el ataque de Echeverría a la Utopía. En un primer momento achaca a la Utopía la “creación de la URSS, de la Unión Soviética, de Siberia y 20 millones de muertos”. Y dice que “a eso conduce la utopía” y que “luego llegan los talibanes”. Hace después un recorrido por diferentes países “comunistas” y finalmente achaca a “su utopía”, aquí ya no dice la Utopía, si no “su utopía”, que haya provocado “millones, millones, millones de muertos”.

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Me molesta y desagrada que un concejal del Ayuntamiento de Iruñea muestre tal falta de respeto por las ideas del de enfrente. El tufillo autoritario e intransigente que desprende su intervención es nauseabunda en este siglo XXI. Desgraciadamente su forma de pensar y su actitud la estamos viendo continuamente en personajes como Le Pen en el Estado francés, Trump en USA o Hofer en Austria. Pero lo que me ha indignado ha sido su ataque a la Utopía. Qué sepa Echeverría y UPN que gracias a la Utopía se han conseguido victorias sociales que de otra forma posiblemente no habríamos logrado. Alguien creyó en la Utopía de la igualdad de mujeres y hombres y consiguió el derecho al voto para las mujeres. Hubo quien se guió con la Utopía de la dignidad del trabajo y logró avances laborales para millones de trabajadoras y trabajadores. La Utopía del antimilitarismo y la insumisión hizo caer el servicio militar obligatorio. Hoy en día somos millones de personas las que seguimos creyendo en la Utopía para alcanzar la verdadera igualdad entre mujeres y hombres, para lograr la dignidad del trabajo y para conseguir que la fuerza militar deje de imponer las ideas del sistema por todo el mundo. Seguimos teniendo, señor Echeverría, centenares, miles de Utopías que son nuestra guía para conseguir un planeta justo, solidario y en paz.

Qué triste debe ser no tener Utopía alguna y guiarse por el odio al que piensa diferente. Le compadezco, Juan José Echeverría.

una en corto sobre la USA Trump

No me resisto a escribir unas líneas reflexionando sobre lo ocurrido en USA. Frente a todos los pronósticos y encuestas, que han fallado estrepitosamente (una vez más), Donald Trump se ha alzado con la victoria en las presidenciales y no solo eso, ha obtenido la mayoría en el Congreso y en el Senado. ¿Qué ha pasado? Esa es la pregunta que a estas horas se hace mucha gente.

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Cuando se enfrentan dos opciones que difieren en aspectos básicos del discurso y práctica política, como es la educación, la sanidad, los derechos humanos y el propio concepto de país, la gente, esa gente que soporta la crisis del neoliberalismo globalizador, decide dar la oportunidad a algo nuevo. Hilary Clinton representa lo viejo, el sistema oficial, lo que había hasta ahora y la gente, más de la que nos pensamos, veía cómo su bienestar familiar iba menguando a grandes pasos. En todo el país, pero mucho más visible en las zonas rurales, que por otro lado, son la mayoría. En las ciudades todo se diluye. También la miseria. Con lo cual, si surge un discurso nuevo, claro, sin pelos en la lengua, por muchas burradas que se puedan decir, la gente, esa gente harta del sistema actual, opta por dar el voto incluso a un personaje tan estrafalario como Trump. Lo hizo en Italia con Berlusconi, lo hace en el Estado español con Rajoy y es posible que lo haga en el Estado francés con Le Pen. Por cierto, el 3% de votos que han ido a Johnson, del Partido Libertario, que es un voto de descontento con el sistema, ha tenido mucho que ver con la derrota de Clinton ya que le ha quitado estados clave para los demócratas y por lo tanto con la victoria de Trump.

Pero cuidado. No nos confundamos. Trump, desde el mismo momento de ganar las elecciones, ha cambiado de hecho su discurso. Ha adaptado el discurso del presidente electo, del establishment y del sistema. Ha tardado minutos en cambiarlo. No es la imagen oficial de ese sistema. No hasta ahora. Pero ya ha adaptado su discurso al sistema. Los resortes de la casta norteamericana tardarán poco o nada en hacer de Trump la imagen que ellos quieran y sirva a sus intereses. Porque de eso se trata, de tener una marioneta, más o menos aceptable, que represente el teatro que vaya tocando. Lo del tupé o la laca, es lo de menos.

¿Y la izquierda? En USA es evidente que no está, con un poder representado por una ultraderecha populista y una derecha con un discurso hecho en Hollywood, y en Europa, a nivel global, la izquierda sigue siendo incapaz de construir alternativas frente al neoliberalismo antihumano que padecemos. No estamos siendo capaces de hacer frente a un poder económico cuya consecuencia y desastre más visible son las migraciones forzosas de millones de personas a lo largo de Europa y hacia Europa. Por eso, en los lugares donde la izquierda social ha llegado a gestionar los recursos institucionales, es más que necesario que su base organizada siga impulsando la construcción de alternativas reales que mejoren el bienestar de toda la ciudadanía hacia la justicia, la solidaridad y los derechos humanos y sociales para todas y todos.