una escritora desconocida

Hasta ahora he guardado silencio. Si ustedes estuvieran presentes durante medio día en nuestra casa, cuando mi marido y yo estamos frente a frente, creo que lo comprenderían.

La violencia contra la mujer se ha realizado de muy diferentes maneras. La más visible es la que se ocasiona mediante el maltrato físico y psíquico, llegando incluso a asesinar a la mujer maltratada. Pero eso es la punta del iceberg de un sistema que, muchas veces sin darnos cuenta, lo tenemos asumido como parte de nuestro modelo social y cultural.

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Vivimos en un sistema hetero-patriarcal, palabra que desde diferentes sectores de la derecha, ayudados por tertulianos varios, intentan desacreditar mofándose de su significado. Es el recurso que queda a quien sostiene dicho sistema y saca beneficio del mismo. Este sistema ha puesto al hombre como centro del mismo y a la mujer como sostenedora de las decisiones del poder masculino. Ni más, ni menos. Y para conseguir eso ejercen la violencia contra la mujer y contra cualquier persona que ponga en duda el propio sistema. Esta violencia que todas y cada una de las mujeres soporta tiene diferentes caras, algunas de ellas muy sutiles y otras no tanto. Más allá de la violencia física y psíquica existen otras violencias en diferentes ámbitos que tenemos la obligación de denunciar.

Pensar que la mujer es débil por el hecho de ser mujer, pagarle un salario menor que si fuese hombre, poner en puestos de dirección a un hombre antes que a una mujer, echar toda la carga de la maternidad (y la paternidad) en ellas, no poner medios reales para el desarrollo de la actividad social, política y cultural de las mujeres, hacerlas esclavas de una feminidad impuesta por las marcas (y al hombre de una masculinidad también impuesta por los medios), diluir y anular la voz de las mujeres rebeldes, convertirlas en un simple objeto sexual, silenciar el pensamiento de las mujeres.

Una de esas mujeres silenciadas por el sistema hetero-patriarcal y la cultura occidental que creemos centro del mundo, es la escritora japonesa Higuchi Ichiyō. Esta mujer fallecida por tuberculosis a los 24 años, es considerada la primera escritora japonesa moderna y dio voz a las mujeres de su tiempo,  a las jóvenes trabajadoras, a las prostitutas, a las esposas, a las madres, a las niñas. Todas esas mujeres en una sociedad de finales del XIX que supuestamente despegaba del sistema feudal imperante hasta entonces en Japón, pero con unas costumbres sociales en las que la mujer era, poco menos que un medio para tener hijos. Por eso a las mujeres que no podían tener hijos se las echaba de casa. Por eso las hijas y sobre todo los hijos, eran propiedad del marido, señor de la casa. Por eso su voz solo era un medio para distraer y dar placer a los hombres. Por eso, aún hoy, muchas mujeres japonesas van siempre un paso detrás del hombre.

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Cerezos en la oscuridad es un libro precioso, delicado, como buena parte de la escritura nipona, editado por Satori, en el que se recogen breves relatos de esta escritora que, más allá de su educación, tenía un talento literario innato. En estos relatos la protagonista principal es siempre una mujer, y siempre una mujer víctima de alguna injusta situación. Una prostituta enamorada, una mujer vendida como sirvienta, una niña que quiere ser geisha, una esposa maltratada. Ichiyō en Japón, pese a su breve producción, es considerada la voz brillante y fugaz de las mujeres de su tiempo. Su rostro adorna el billete de 5.000 ¥ (yenes) y buena parte de sus historias han sido llevadas al cine.

Un libro para recuperar la voz de la mujer, aunque sea tan lejana como la voz de una mujer japonesa del siglo XIX. Para todas las mujeres que siguen padeciendo la violencia machista en todas sus formas y para todos los hombres que aborrecemos un sistema que nos hace dueños y señores del mundo. De nosotros también depende devolver la voz a las mujeres y comprometernos en la desaparición de toda violencia contra las mujeres. El resto de los hombres que mantienen este sistema hetero-patriarcal dudo que puedan disfrutar de este libro.

pancartas, historias, dignidad

Image by Mitch Rosen

Mediodía dominical, extraña hora para un partido de fútbol, impuesta por los cheques bancarios, que son los que mueven el negocio, pues de eso se trata. En un lado del campo, una pancarta vuelve a gritar hastiada que no aceptamos agresiones sexistas, machistas, que las mujeres no son corderos que se llevan al matadero de una sociedad cada vez más igualitaria pero que se sustenta, todavía, en un modelo donde los hombres y sus valores son quienes marcan el ritmo. La inscripción recuerda la historia vivida esta pasada semana, en la que el cuerpo de una mujer asesinada, otra, otro nombre, Blanca Esther, fue rescatado de las frías aguas de ese río que nos da vida y en esta ocasión nos devolvió muerte. Nuestro hartazgo grita en letras mayúsculas que ya vale. Al otro lado otra pancarta jalea altanera el mote de un individuo, a cuya madre compadezco, protagonista de un vídeo casero donde su pretendida hombría la declaraba, con ayuda de otros cuatro, violando, forzando y agrediendo a una mujer. Ese macho, más animal que persona, era objeto de la solidaridad de una pancarta que, impunemente, se mantuvo a la vista de todo el estadio durante dos horas. Los esbirros de la Pilatos del momento, se dedicaron a retirar una pancarta que, dentro de la legalidad, exponía un antiguo símbolo de esta tierra. Un antiguo sello de la soberanía navarra les molesta infinitamente más que un cartel jaleando a un supuesto violador. El asco, repugnancia, hartura, náusea y arcada de esta sociedad que se ha puesto en pie frente a los machos, salió, con la dignidad de un mensaje, con la claridad de un alcalde y muchas otras personas, que se pusieron en primera fila volviendo a gritar “vale ya, aski da, no a las agresiones sexistas, eraso sexistarik ez”. Es el grito de una sociedad que tiene la esperanza de ver a la mujer tomando las riendas para crear un mundo más justo, solidario e igualitario. Esa es mi esperanza. El partido sigue. Podemos pasar de ser espectadores, a jugarlo.

la segunda jornada en Bruselas

El caso es que, casi sin darme cuenta, el despertador sonó, de nuevo, a las seis y media de la mañana. Una ducha rápida, sin afeitar y a desayunar en el bufete del hotel. ¡Amo los bufetes de hotel y soy un auténtico desatado en los bufetes de hotel! Si de normal desayuno una taza de achicoria y dos tostadas con aceite, ¿por qué voy a tener que desayunar como si estuviese en casa? pues no, claro que no, el Dani se puso hasta el culo (el lunes retomo la dieta sana, prometido) y se metió entre pecho y espalda lonchas de pavo por doquier, quesos varios, jamón de York, bollería variada, zumos y un té. Y tras este ligero comienzo de día, naturalmente, al baño. Cepillado de dientes, maleta y al metro.

A las ocho de la mañana, por lo menos en la estación en donde cogimos nuestro tren, el metro era un lugar de personas en silencio absoluto y todas mirando al móvil. Un transbordo y para las ocho y cuarto estábamos de nuevo en el Parlamento europeo. Si el día anterior hablamos y debatimos sobre la austeridad impuesta por Europa, en esta ocasión el tema iba a ser el drama humanitario de las y los refugiados en Europa y la responsabilidad política que tenemos para detener este horror. El punto de vista feminista estuvo muy presente en varias de las intervenciones. Muchas veces, por no decir casi siempre o siempre, los y las que formamos parte de esta sociedad capitalista y consumista que es esta Europa al servicio del capital y que nos autodenominamos el mundo occidental (parte de él) no somos conscientes de la situación específica de las mujeres en toda este drama de refugiados y refugiadas. Son, una vez más, la parte más sensible de esta rueda de horror e incluso, desde posiciones de Izquierda, muchas veces, caemos en el paternalismo desde la posición de poder de ese Occidente “civilizado”. ¿Por qué siempre pensamos que las mujeres migrantes y refugiadas son incapaces de pensar, organizarse y movilizarse por sí mismas? ¿Por qué somos tan ciegos que solo vemos la presión a la que se ven sometidas las mujeres musulmanas y no nos da por pensar que las mujeres cristianas también tienen presión? La deshumanización de toda situación hace mucho más visible la invisibilidad a la que, desde nuestra propia sociedad, sometemos a la mayor gravedad en la realidad de todas estas mujeres.

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Miren Larrion, concejala de EH Bildu en el Ayuntamiento de Gasteiz, contó una historia que nos dejó a todos y todas con un buen elemento sobre el que pensar. En una reunión de mujeres empezaron a contar lo qué era el machismo para cada una de ellas. Entre todas se encontraban mujeres de muy diferente procedencia, raza, cultura, etc. Una migrante angoleña decidió dar su definición:

Machismo es cuando te atan a un árbol delante de tu padre y te violan entre 8 hombres.

Poco después, Natalia, la compañera de Iruñea ciudad de acogida, denunció duramente la actitud de las instituciones europeas. En la mente de la mayoría de las y los presentes estaba claro que esta situación podrá cambiar el día que la ciudadanía europea así lo decida. Mientras tanto, seguiremos siendo rehenes de las políticas que los intereses económicos y financieros decidan poner en marcha. Mucho me temo que el mayor drama que se está dando es el humanitario, es así, pero este drama humanitario tiene dos vertientes. Una, la de las miles y miles de personas desplazadas a lo largo y ancho de Europa. La otra, la de los millones de europeos y europeas que asistimos impasibles y sin capacidad de reacción ante semejante horror.

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La jornada de trabajo terminó, comimos en la ciudad dentro de la ciudad que son los edificios del Parlamento, visitamos el hemiciclo e hicimos la típica compra de chocolate belga. Un último paseo por el centro de la ciudad, unas patatas fritas, una cerveza y un taxi para llegar al aeropuerto. Si a la llegada sorprendía la escasa gente que había en el aeropuerto, para salir hicimos uso de la terminal dispuesta en una carpa que suple la terminal destruida por las mochilas bomba. Controles militares férreos y estrictos que no son si no la imagen de una Europa cada vez más deshumanizada. El avión se retrasó más de hora y media. Los y las miles de refugiadas ven como la solución a la situación que viven se retrasa minuto a minuto. ¿Sine die? En nuestra mano está.

no perdáis el tiempo

Si no sois los responsables de comunicación de algún colectivo, organización, plataforma, dinámica o de cualquier movida, no perdáis el tiempo leyendo la bazofia que todos los días se encargan de soltarnos, con un objetivo muy claro, los voceros del Régimen, Establishment, Casta o como queráis llamarlo. Si seguís este consejo, seguro que viviréis mucho más felices. Solo por eso merece la pena seguirlo.

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Hace tiempo que dejé de ver la televisión. Alguna vez que se me ha ocurrido decir esto ha habido quien me ha llamado snob, rarito o incluso altivo. Las más de las veces la gente se queda callando y en muy contadas ocasiones ha habido quien me ha dicho que muy bien, que era una buena elección. La verdad es que cualquiera tiene el derecho a emplear su tiempo como quiera, pero de verdad, si hiciésemos un mínimo análisis de lo que en realidad hago, seguramente buscaríamos mejores cosas que hacer en ese tiempo. Porque las personas con un mínimo de pensamiento crítico somos conscientes, y esto es lo bueno, que somos conscientes, que la mayoría de programas, emisiones, series de la televisión, programas de radio matinales y vespertinos, y qué decir de los nocturnos, así como periódicos y articulistas, pasando por las páginas web del momento, tienen el principal objetivo de defender los intereses del Establishment. Del Sistema. Así de claro.

Con todos esos medios la Casta consigue, algunas veces de manera sibilina y otras sin ningún tipo de disimulo, que la sociedad en general haga naturales situaciones que, de ninguna de las maneras, son naturales. Si constantemente nos dicen que una mujer ha sido hallada muerta tras una pelea de pareja, dejaremos de pensar que esa mujer ha sido asesinada como consecuencia de un sistema patriarcal y machista. Si todos los días nos dicen que miles de personas llegan a Europa para escapar de la situación que viven en sus países, no nos dará por reflexionar sobre qué responsabilidad tienen en todo eso los países de la Unión Europea. Si en el Estado español les machacan todos los días con la canción de lo malos que somos vascos y catalanes (las vascas y catalanas aparte de eso son feas y guarras), no tendrán tiempo para pensar en y movilizarse contra los constantes recortes impuestos desde la Troika. Y así constantemente. Añádele a eso un mucho de fútbol, una adoración desmedida a la belleza física y a la juventud perenne, un poco de cine y series comerciales, un mensaje omnipresente para que compremos de todo y unos cuantos personajes de la farándula del famoseo y el resto está hecho.

A mi también me gusta ver de vez en cuando alguna serie americana y ver cine comercial, caigo más veces de lo que me gustaría en el consumismo, etc., pero creo que una de las mejores cosas que tenemos oportunidad de hacer ahora es elegir el cuándo lo hago. Por eso las series las veo cuando quiero, no cuando me las ponen; leo los periódicos con criterio (y está claro que me la meten muchas veces sin darme cuenta) y escucho programas de radio mediante pod-casts, blogs que yo elijo y poco más. Para mantenerme (des)informado leo todas las mañanas los periódicos la sección de Iruñea y algo de Nafarroa. Pero lo que nunca puede pasarnos es que las noticias que lea ahí condicionen, de alguna u otra manera, mi propio plan, mis prioridades y mi estrategia para llevarlas a cabo. Por eso el Diario de Navarra lo leo con guantes, para no ensuciarme y el navarra.com ni lo huelo (y tufo tiene para rato). Por eso en Twitter no sigo a ningún trol y si se empeñan en incordiar los bloqueo directamente.

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No se si con esto tendré un pensamiento más crítico, pero os aseguro que vivo mucho más tranquilo, seguramente más feliz, y sobre todo con más tiempo para dedicarme a las pequeñas cosas que me gustan, como pasear con el aita, leer un buen libro, darme una vuelta en bici, echarme un vino con mi familia, reírme con mis amigos y amigas, a veces llorar con ellos, enamorarme, desenamorarme, escuchar música y emocionarme porque en julio seré tío. Ese es el espacio que le gano a mi tiempo dejando de consumir basura.

P.D. Contradicciones tengo y muchas y son parte de esa constante batalla por decidir.

el cambio será feminista, o no será

Una vez más las ondas de Eguzki Irratia, la radio libre de Iruñea. me dan la oportunidad de reflexionar, primero en el programa “La escotilla” y después compartirlo a través del blog. Es curioso porque creo que a veces perdemos el sentido de lo que hoy en día quiere decir libre, en esta sociedad cada vez más prisionera, en general, de quien paga, de quien dice lo qué es pecado y de quien dice lo qué está bien y lo qué mal según sus leyes. Por eso un altavoz libre es hoy en día es más que necesario.

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Este pasado domingo celebrábamos el Día de la Mujer en un momento en el que el cambio político y social se vislumbra cada vez más cerca. Y gritamos, todas y todos en la manifestación, que este cambio será feminista o no lo será. A finales de febrero, en este sentido, EH Bildu de Iruñea organizó en su sede, en el EH Bilgune, ese espacio para el análisis, la reflexión y el debate conjunto, una mesa redonda entre diferentes organizaciones feministas de la ciudad. De aquéllas intensas casi dos horas, tres ideas principales se me quedaron en la cabeza, tres ideas que deberían ser aliciente en este cambio de modelo por el que estamos trabajando.

La primera de ellas es el rejuvenecimiento del movimiento feminista al albor de un creciente machismo entre las personas de menor edad. Tras décadas de lucha feminista parece que es como si la sociedad en su conjunto se hubiese relajado, como si pensásemos que lo teníamos todo solucionado, y resulta que las actitudes y agresiones machistas originadas en jóvenes son cada vez más numerosas. Y digo yo que este modelo de sociedad de la televisión y el consumismo, del aparentar y que cada cual se saque las castañas del fuego, algo tendrá que ver. Quizás ahora nos damos cuenta que las políticas de la derecha a nivel estatal y desde luego en Navarra, tienen mucho que ver con esto. El neoliberalismo de esas políticas va en contra de las personas trabajadoras, haciendo especial hincapié en las mujeres. No hablo solo de las consecuencias económicas de esas políticas, si no de las consecuencias más que palpables en el propio modelo de esa sociedad, en la ética de esa sociedad y en las referencias que tiene, que tenemos, en esta sociedad. Ya es hora de que nos demos cuenta que vivimos en un sistema económico patriarcal y machista. Pero el hecho de que cada vez más mujeres jóvenes se sumen a la lucha por la liberación de la mujer, porque hay que decirlo claro, las mujeres no son libres en este modelo de sociedad impulsado por la derecha, es motivo para la esperanza y para seguir trabajando por un modelo de sociedad que supere el patriarcado y la heteronorma, pilares del neoliberalismo actual.

La segunda fue la constatación de que existe un machismo que está muy extendido en la sociedad, mucho más de lo que nos imaginamos. Es el llamado micromachismo, un machismo que lo tenemos tan arraigado en nosotras, y sobre todo en nosotros, que casi no nos damos cuenta. El micromachismo consiste en diferentes actitudes que siempre tienen algo que nos molesta en nuestro interior, por lo menos a algunas personas, pero a las cuales damos poca o ninguna importancia, en general. Son hechos muy concretos que incluso, a veces, nos pueden hacer gracia, pero que son los ejemplos más claros de esta sociedad patriarcal y machista en la que vivimos. Si una mujer y un hombre van a un bar y piden una caña y un café, el café, en el 95% de las ocasiones, lo van a poner delante de la mujer. En estas ocasiones, la mayoría de las personas incluso sonríe por la “confusión” y cambia la consumición con la otra persona y quien lo ha servido, si se cree que tiene gracia, incluso puede que haga un chiste con el que volvamos a sonreír. Por eso es imprescindible que cada una de nosotras y nosotros vayamos haciendo revisión personal, un análisis de nosotras mismas y cambiemos esas actitudes. El cambio de una actitud micromachista de una persona puede no suponer mucho, pero si muchas personas lo hacemos será un cambio bastante más grande del que pudiésemos imaginar en un primer momento. Por eso, en esto del cambio del que hablamos desde el principio, la aportación de cualquier persona, por pequeña que sea, es imprescindible para lograr el nuevo modelo de sociedad que reivindicamos.

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La tercera idea que se me quedó es que la lucha feminista es una lucha política revolucionaria. En estos momentos cualquier sector político de los que existen celebran el 8 de marzo. Es una fecha que lo mismo se celebra con una manifestación en la calle, que con una declaración institucional, que con una obra de teatro sobre mujeres. Es lo que tiene el sistema, que intenta, una y otra vez, vaciar de contenido las fechas señaladas en el calendario y no solo las fechas, si no, en última instancia, las propias luchas que resultan incómodas para el sistema neoliberal y machista en el que vivimos. Y es que el aspecto revolucionario de esta y de cualquier lucha consiste en cambiar de raíz algo en concreto. Si no lo cambiamos de raíz y nos dedicamos a gritar solo una vez al año, de nada o de muy poco servirán nuestros gritos, porque eso no molesta ni supone inconveniente alguno al modelo de sociedad que queremos cambiar. Y de ahí la necesidad de seguir debatiendo, analizando, reflexionando, compartiendo, gritando, manifestando, extendiendo, luchando y peleando por una sociedad feminista, que no es más que, al fin y al cabo, una sociedad más libre y seguramente más justa.

Esas son tres de las claves de este cambio al que apenas le quedan dos meses para que llegue: participación necesaria de la gente joven, implicación personal de cada una de nosotras y nosotros y constancia en nuestra labor sin perder el objetivo principal. Y todo esto con la necesaria e imprescindible participación y protagonismo de las mujeres, porque este cambio tiene que ser feminista, o no lo será.

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El sábado 14 de marzo, en la Hiri Bilgune de EH Bildu Iruñea, debatiremos y, lo que es más importante, decidiremos, entre todas y todos, el ADN del programa que servirá de base para la construcción de ese nuevo modelo de ciudad. Un modelo feminista sí o sí.

Entrada en base a la colaboración en el programa de Eguzki Irratia, La escotilla, de hoy miércoles 11 de marzo de 2015.

Seguiremos diciendo NO, porque NO es NO

Mientras todavía resuenan las músicas y danzas de las fiestas de Txantrea seguimos con un sentimiento de rabia, dolor e incomprensión por un hecho que ha marcado profundamente las fiestas de este año en el barrio iruindarra.

En la madrugada del primer día de fiestas, la noche del 30 al 1 de mayo, una joven de 24 años fue violada, agredida sexualmente, atacada en su condición humana y vejada en su condición de mujer. El hecho fue conoci­do por las redes sociales a la velocidad de la pólvora y en la tarde del Pri­mero de Mayo una manifestación de 4000 personas recorrió, entre la indignación, las calles de Txantrea denunciando este nuevo episodio de violencia sexista.

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¿Qué está pasando para que cada vez más se produzcan este tipo de hechos? ¿En qué estamos fallando? Y me incluyo, nos incluimos, porque somos la sociedad en su conjunto la que debe cambiar este modelo patriarcal, heterosexista y violento por un modelo igualitario, diverso y en el que las relaciones basadas en la aceptación y el respeto a la otra persona sean el origen de un nuevo modelo de sociedad. Pero también es verdad que cada cual tenemos nuestras responsabilidades.

El hecho de que UPN se negase, hasta en tres ocasiones, a reunir a la Junta de Portavoces del Ayuntamiento de Iruñea es ejemplo de cuál es la actitud de quienes, en estos momentos, deberían tener la responsabilidad para, desde la instituciones, poner en marcha dinámicas reales y concretas encaminadas a la educación, especialmente de las personas jóvenes, para eliminar actitudes sexistas y machistas, dinámicas de fomento de la igualdad entre mujeres y hombres y a la protección de las mujeres y de cualquier persona ante situaciones en donde esa persona, esa mujer, es ninguneada violentamente en su naturaleza de mujer y persona. Y la otra labor importante de cualquier institución, y también la del Ayuntamiento de Iruñea, es la de denunciar públicamente cualquier episodio de violencia sexista y solidarizarse con quienes sufren ese tipo de violencia, ofreciéndoles apoyo y ayuda. Y no, UPN no quiso reunir a los y las portavoces para estudiar el caso y acordar una simple nota de apoyo, denuncia y solidaridad. Ese mismo UPN que al borde del histerismo convocó de urgencia un seis de julio, ni más ni menos, a todos los grupos municipales para intentar imponer una lectura oficial sobre la ikurriña en el Txupinazo, pero no sobre las agresiones a mujeres que se vieron en la plaza ese mismo día. Esas son las prioridades de UPN.

Por otro lado cada día tengo más claro que en este tema, al igual que en muchos otros, el Movimiento Popular y Vecinal debe ser vanguardia en la consecución de ese nuevo modelo social donde hombres y mujeres, desde nuestras propias diferencias, seamos iguales en derechos y obligaciones. Por eso es importante que en las dinámicas que surgen desde los colectivos populares y vecinales estas actitudes sexistas y machistas estén desterradas en su totalidad y que los espacios festivos y reivindicativos sean espacios libres de cualquier atisbo de violencia sexista. Los protocolos pensados y debatidos deben ser parte indispensable en cualquier actividad que realicemos en los barrios y en Iruñea y tenemos que trabajar para que un día no sean necesarios.

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Pero para ello hace falta que cada una de nosotras y nosotros seamos agentes activos en las actitudes que vayan construyendo el nuevo modelo de sociedad y seamos conscientes que cuando nos dicen o decimos NO, es NO, no hay más. Tenemos que ser intransigentes con ese tipo de actitudes y denunciarlas inmediatamente si somos testigos de ellas, arrinconando a los agresores e imposibilitándoles su presencia en cualquier lugar donde estemos.

Si personal y colectivamente somos agentes activos en este tipo de actitudes que fomentan una sociedad más justa e igualitaria obligaremos a las instituciones a adquirir compromisos reales y a emprender dinámicas de colaboración, más allá de las insuficientes campañas de imagen.

Mientras tanto seguiremos diciendo NO a las agresiones sexistas, NO al patriarcado que nos somete y NO a los agresores que no tienen espacio en nuestras fiestas, en nuestras dinámicas, en nuestra cultura, ni entre nosotras y nosotros.