2ª parte

Hemos alcanzado el ecuador de la legislatura 2015-2019, se han hecho las valoraciones de la primera mitad, se han marcado los objetivos para el segundo tiempo y se encara con el trabajo anterior el trabajo todavía por realizar. Si los dos primeros años han supuesto en el cuatripartito un continuo enriquecedor ejercicio de consenso para sacar adelante los proyectos en el Ayuntamiento de Iruñea y una incansable dinámica de diálogo, con sus altibajos, todo acompañado de la necesidad de un aprendizaje colectivo diario, dentro y fuera del Ayuntamiento, los dos años que quedan hasta llegar a mayo de 2019 van a estar marcados, sin duda, por la eclosión de multitud de proyectos que han sido trabajados y preparados desde su base en los meses pasados y por la perspectiva de renovar un Ayuntamiento progresista, plural y conectado a la gente.

La oposición con UPN y sus diferentes instrumentos marcando el estilo y con PSN, desafortunadamente, compartiendo la estrategia de la ultraderecha navarra, en un continuo estado de shock, se ha dedicado a sus obsesiones identitarias, a la pataleta cada vez que veían que los privilegios que habían construido desde el Régimen iban cayendo uno tras otro y al enfado por su propia incapacidad y sin un proyecto, más allá del interés particular, de cara a esta ciudad. De puertas adentro hemos asistido atónitos a una bancada de UPN desagradable en el estilo, bronca en las formas y con el único objetivo de tensionar el ambiente en el Ayuntamiento. A decir de las y los trabajadores de la casa consistorial, nunca, en los muchos años que llevan algunos de estos funcionarios trabajando en el consistorio, nunca, habían asistido a algo semejante. Desde el gobierno municipal, con paciencia infinita, se ha gestionado este ambiente lo mejor posible, aplicando el reglamento con bastante mano izquierda y centrándose en la gestión diaria. Porque desde el cuatripartito somos conscientes de que el objetivo de UPN no es otro que el de restar las energías necesarias para seguir adelante con el cambio. El objetivo del Régimen sigue siendo el cambio.

Ayer, en el último pleno del curso, asistimos a un episodio que redunda en esta estrategia de UPN. Una vez más, las concejalas navarreras, Ana Elizalde y María Caballero, tal y como han venido haciendo en los dos años anteriores, se dedicaron, constantemente, a interrumpir a los compañeros de corporación en sus intervenciones, hablando y gesticulando mientras algún miembro del gobierno municipal intervenía desde su asiento. En estos dos años se ha podido ver en los vídeos grabados en los plenos y en la parte pública de la comisiones informativas, la actitud de estas dos concejalas y algún otro compañero de bancada. Lo que no se ha podido ver es la actitud que tienen normalmente cuando son conocedoras de que ninguna cámara les graba. Son sesiones a puerta cerrada que en muchas ocasiones han sido, cuanto menos, dantescas. Y ayer, el alcalde tuvo que llamar la atención, de nuevo, a estas dos ediles, cuestión que disgustó a UPN. A pesar de la paciencia demostrada, ayer el alcalde hizo un gesto privado al portavoz de UPN señalándole la cara que tenían sus compañeras con esa actitud. Quizás el fallo fue intentar humanizar la situación con un lenguaje de tú a tú entre Asiron y Maya, cuestión que Maya aprovechó, tras dos segundos de pensarlo, para llevar a cabo su papel en la farsa montada. Se levantó de su asiento y de pie se puso a gritar y vociferar por la llamada de atención del alcalde. Sobrepasado el límite permitido y ante la falta de respeto del portavoz navarrero al Pleno, a la corporación y al público asistente, el alcalde le apercibió avisándole hasta en tres ocasiones hasta que, en aplicación del reglamento, tuvo que expulsar al portavoz de UPN, cosa que hizo cuando la bancada derechona hacía ya un rato que estaba abandonando el salón de plenos. Sorprende cómo Enrique Maya, un señor que ha sido alcalde, se presta a este tipo de números tan poco edificantes.

En el necesario receso para evaluar la situación, el alcalde, entendiendo la necesidad de solucionar el episodio ocurrido, mantuvo una conversación con el portavoz expulsado, asumió el gesto innecesario que de manera privada le había hecho en el salón de plenos y terminaron acordando, con un apretón de manos, que toda la bancada de UPN volvería a ocupar sus asientos. Pudo así terminar, de manera más tranquila, el último pleno del curso.

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Pero nada más allá de la realidad, ya que pasadas pocas horas, el propio presidente de UPN, Javier Esparza, en una nueva demostración de oratoria política, publicó un tuit en su cuenta que decía textualmente “Asirón (sic) expulsa del pleno a Maya. Asirón (sic) representa a los fascistas de EH Bildu amigos de ETA y Maya a los demócratas. El mundo al revés”. Un tuit con una carga de profundidad absolutamente denunciable y con un mensaje fuera de lugar tras el acuerdo entre Asiron y Maya. Resulta incomprensible que un acuerdo sellado con un apretón de manos entre el alcalde y un ex-alcalde lo hagan saltar por los aires de una forma tan baja. Y así se lo hizo saber el alcalde Asiron a Maya tras ponerse en contacto con él, pidiéndole que hiciese las gestiones oportunas para que el tuit fuese retirado, porque el alcalde de Iruñea no tiene porqué aguantar esos insultos públicos, y menos de un representante político y porque la ciudad merece un respeto que el presidente de UPN no demostró ayer. En su exabrupto pretendiendo otorgar el label de democracia, no se dio cuenta que el label demócrata lo da la ciudadanía, una ciudadanía que hace dos años decidió que UPN no gobernara, decidió que otra gente se dedicase a airear y sanear las instituciones y decidió que UPN se tenía que ir a la esquina de pensar. Pero siguen sin pensar, siguen en sus trece, siguen pretendiendo mantener la ciudad de los buenos y los malos que ellos mismos crearon para su interés particular (el del Régimen).

El alcalde representa a la ciudadanía. A toda. Ese es el label del alcalde Asiron. Algo que ellos no consiguieron en todos los años que gobernaron la ciudad.

la utopía y #ChimPonChi

El vídeo en el que aparece el concejal de UPN, Juan José Echeverría (sic), en el que se lanza con un monólogo anticomunista en una intervención sobre el carril bici en Iruñea, se ha hecho viral. Esto es, se ha propagado a los cuatro vientos cual virus griposo. Sorprende esta intervención y su virulencia por el contenido ajeno al debate, por el odio que desprende y por las formas violentas con las que lo realiza. Indica un nivel ínfimo en el debate político que desprende una falta de argumentos y propuesta en un debate sobre la movilidad sostenible. Si normalmente el comodín que los concejales de UPN y PSN utilizan es el de ETA, parece ser que ahora han ampliado las excusas en  su incapacidad manifiesta con las palabras comunista, ultraizquierda y la referencia a lugares como la extinta URSS, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, o a personas como el dictador militar Kim Jong-un, aunque Echeverría lo llame Chim Pon Chí. Estas son las referencias que utilizó el político de UPN en un debate municipal. Unas referencias y un monólogo que hizo con inusitada violencia, como salido de sí mismo y de donde se desprende un odio hacia el pensamiento que no es el suyo.

Desgraciadamente no ha sido el único caso de concejales de UPN y PSN en las últimas semanas. Los vídeos de la concejal de UPN, María Caballero, gritando y no dejando hablar, impidiendo un debate en una comisión y el de la portavoz del PSN, Maite Esporrín, haciendo burla y mofándose en su intervención de una compañera de corporación, han dado también qué hablar. La prepotencia y chulería de Echeverría, la falta de respeto de Caballero y las burlas de Esporrín son solo algunos ejemplos del nivel de debate que tienen estos dos grupos, habituados hasta ahora a hacer de su capa un sayo y del ayuntamiento su chiringuito y que ahora, en su papel de oposición, exclusivamente saben meter ruido en un vano intento de entorpecer la gestión municipal. Y la inevitable pregunta que nos hacemos todo el mundo es… si esto son capaces de hacer cuando saben que hay cámaras grabando, ¿qué no harán en las múltiples reuniones a puerta cerrada? Nos lo podemos imaginar.

De todos modos, una de las cosas que más me han sorprendido ha sido el ataque de Echeverría a la Utopía. En un primer momento achaca a la Utopía la “creación de la URSS, de la Unión Soviética, de Siberia y 20 millones de muertos”. Y dice que “a eso conduce la utopía” y que “luego llegan los talibanes”. Hace después un recorrido por diferentes países “comunistas” y finalmente achaca a “su utopía”, aquí ya no dice la Utopía, si no “su utopía”, que haya provocado “millones, millones, millones de muertos”.

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Me molesta y desagrada que un concejal del Ayuntamiento de Iruñea muestre tal falta de respeto por las ideas del de enfrente. El tufillo autoritario e intransigente que desprende su intervención es nauseabunda en este siglo XXI. Desgraciadamente su forma de pensar y su actitud la estamos viendo continuamente en personajes como Le Pen en el Estado francés, Trump en USA o Hofer en Austria. Pero lo que me ha indignado ha sido su ataque a la Utopía. Qué sepa Echeverría y UPN que gracias a la Utopía se han conseguido victorias sociales que de otra forma posiblemente no habríamos logrado. Alguien creyó en la Utopía de la igualdad de mujeres y hombres y consiguió el derecho al voto para las mujeres. Hubo quien se guió con la Utopía de la dignidad del trabajo y logró avances laborales para millones de trabajadoras y trabajadores. La Utopía del antimilitarismo y la insumisión hizo caer el servicio militar obligatorio. Hoy en día somos millones de personas las que seguimos creyendo en la Utopía para alcanzar la verdadera igualdad entre mujeres y hombres, para lograr la dignidad del trabajo y para conseguir que la fuerza militar deje de imponer las ideas del sistema por todo el mundo. Seguimos teniendo, señor Echeverría, centenares, miles de Utopías que son nuestra guía para conseguir un planeta justo, solidario y en paz.

Qué triste debe ser no tener Utopía alguna y guiarse por el odio al que piensa diferente. Le compadezco, Juan José Echeverría.

no quieren avanzar

Ayer ya me referí a las dos emociones encontradas que se vivieron durante toda la jornada tras la excarcelación de Arnaldo Otegi. Una, la mayoritaria, la de la gente que estamos harta de que algunos piensen que aquí vale todo, por la liberación de un luchador, militante y político; la otra, la de esa gente que, ante la salida de una persona, no cualquiera, está claro, que ha cumplido íntegramente su injusta condena, viven esta situación con amargura, odio y querencia a un pasado que, desgraciadamente, más allá del sufrimiento vivido, han aprovechado y aún hoy siguen empeñados en aprovechar para sacar réditos políticos. Intento vivir con empatía su sufrimiento, es algo que en un momento u otro todos y todas tendremos que hacer. Cada cual desde su propia vivencia de ese sufrimiento que hemos vivido y seguimos viviendo en esta tierra. Este recorrido hacia la empatía es un camino que haremos de forma personal cada una de nosotras y nosotros, pero que tiene un camino que de forma colectiva vamos a tener que emprender. En ello estamos algunos y algunas, pese a las dificultades, a los obstáculos que hay quien sigue empeñado en poner continuamente y al freno que algunos, conscientemente, han metido desde hace tiempo.

Hoy nos hemos levantado con una noticia recogida en el Diario de Navarra, que ha pasado de ser vocero del Régimen a ser portavoz de un posicionamiento inmovilista ante cualquier movimiento, social, cultural y político, que se viva en Iruñea, en Nafarroa o en cualquier pueblo navarro. La noticia se hace eco de una fotografía, realizada por mí, en la que se ve al equipo de concejales de EH Bildu en el Ayuntamiento iruindarra, junto al Alcalde Joseba Asiron, siguiendo en directo la salida de Arnaldo. Es una fotografía que no es más que el reflejo de lo que ayer se vivió en muchos lugares. Alegría y emoción y tras esos tres minutos, vuelta al trabajo, porque hay que seguir sacando todos los proyectos de ilusión y cambio adelante. Pues bien, esa es la fotografía que han sacado en ese periódico, porque parece ser que quieren utilizar cualquier cosa para romper el gobierno municipal del cambio, sin darse cuenta que esa fotografía es la anécdota de una ilusión que cada vez coge más fuerza en esta ciudad.

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La noticia en cuestión, naturalmente, ha sido tergiversada convenientemente. Yo no sé para que utilizaban el despacho del Alcalde el resto de primeros ediles que han pasado por Iruñea, pero Joseba Asiron y su equipo lo utilizan para trabajar, para reunirse, para debatir y para contrastar los diferentes proyectos que están en marcha. Lo digo porque parece ser que les extraña que Asiron y sus concejales estén en el despacho del Alcalde. A saber para qué lo utilizaban antes. Después se lanzan a decir que la gente me empezó a responder a través de Twitter, cuando en realidad solo me respondieron dos concejales de UPN. Caballero para sacar el ronronete de ETA, ETA, ETA, ETA, y Alonso para responder, algo que, por lo visto, le parece indignante, que es la emoción sentida ayer por la liberación de Otegi, que él, en su ridiculez, se empeña en poner Otegui, como si eso cambiase su persona y su perfil político. Le respondí que no se amargase, que respirase tranquilo, le daba la bienvenida a Otegi y ponía el hastagh #sonreíd, que es algo que esta gente ha olvidado hacer. Me respondió que seguramente amargura fue la que sintió Luis Abaitua que estuvo diez días secuestrado en 1979. Y no dudo la amargura que sintió, pero lo que yo le contesté a Alonso y el Diario de Navarra ha ocultado deliberadamente es que en este país amarguras ha habido y hay muchas, pero que algunos miramos al futuro y queremos la paz. Porque ese y  no otro es el fondo de la cuestión. Desgraciadamente aquí todavía hay gente que se empeña en mirar hacia atrás y seguir estirando el chicle con tal de seguir buscando réditos políticos. Triste es eso, desde luego, pero yo soy de los que sigue empeñado, como muchísima gente, en trabajar y aportar en lo que pueda para que sigamos avanzando en derechos y en reconciliación, por mucho que otros, de manera calculada, sigan poniendo el freno y mirando hacia atrás.

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