mujeres y poder

No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura.

Mary Beard es una señora que me produce mucha ternura con sus andares y su melena canosa y admiración, sobre todo admiración. Catedrática de Clásicas en el Newnham College de Cambridge, su labor divulgativa en torno al mundo clásico y la cultura greco-romana, hacen de ella una de mis referencias en este ámbito. Sus libros han sido capaces de acercar este mundo, eliminando falsas creencias, a la generalidad de lectoras y lectores, sin necesidad de que quienes leen sus obras sean estudiantes o profesionales. Sus documentales, que se pueden encontrar fácilmente en la red y os animo a verlos, son una ventana audiovisual al conocimiento de esa época de la cultura occidental.

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Además hay otro aspecto de la profesora Beard que me atrae sobremanera. Es una mujer cuyo éxito profesional es en un campo tradicionalmente masculino. Ese éxito ha sido motivo de ataque por una parte de esas sociedad machista y misógina que no puede aguantar que una mujer destaque en el mundo académico y lo haga además de una manera diferente a empleada hasta entonces. El hecho de que la señora Beard haya dedicado parte de su labor académica a investigar el papel de las mujeres en ese mundo clásico, ha servido para intentar menospreciar e incluso ridiculizar ese trabajo diciendo que es algo que puede hacer una mujer, porque los hombres tienen otros aspectos de la cultura clásica que seguir investigando. La pregunta evidente es por qué, hasta ahora, nadie, o muy poca gente, se ha dedicado a tratar la función de las mujeres en esa época, en vez de hablar sólo del papel masculino. En Twitter, debido a este pensamiento misógino, ha recibido insultos e incluso amenazas de muerte. Por eso mi solidaridad para con ella y el resto de mujeres investigadoras en campos tradicionalmente masculinos es inevitable.

La obra que hoy presento es precisamente un manifiesto feminista compuesto de dos conferencias que la doctora Beard ofreció en 2014 y 2017. La primera de ellas diserta sobre La voz pública de las mujeres y la segunda sobre Mujeres y poder. En la primera toma como ejemplos diferentes mujeres, reales o ficticias, de la cultura clásica y su voz pública, toda vez esa voz pública estaba prohibida. Toma también el ejemplo de mujeres más actuales y el modelo de voz que utilizan cuando hablan en público. En la segunda examina los cimientos de la misoginia y reflexiona sobre la relación de las mujeres con el poder y sobre las mujeres poderosas que no se doblegan al patrón masculino. Todo el libro es una fuente para la reflexión y el debate, y la conclusión en forma de epílogo es sencillamente maravillosa. En ella concluye que no es solo que las mujeres tengan más dificultades para triunfar, sino que se las trata con mayor severidad si alguna vez meten la pata. Me gustaría, en el futuro, reflexionar acerca de cómo abordar la reconfiguración de aquellas ideas de “poder” que hoy excluyen a todas las mujeres, salvo a unas pocas, y me gustaría también desmontar el concepto de “liderazgo” (normalmente masculino) que hoy en día se considera la clave de acceso a los organismos de éxito, desde las escuelas y universidades hasta los negocios y el gobierno. Espero ansioso que lo haga y nos demás elementos para la reflexión.

Una obra para cualquier persona que quiera avanzar hacia una sociedad donde las mujeres y hombres seamos considerados por nuestras aptitudes y no por lo que tenemos entre las piernas. Una obra que recomiendo, encarecidamente, a todos los hombres.

ahora todos somos feministas

La movilización y huelga feminista del pasado 8 de marzo fue un éxito sin precedentes. Un éxito a corto plazo, principalmente. Las miles de mujeres que secundaron la huelga lo hicieron conscientes del valor que tenía que las mujeres se plantasen ese día. Un éxito precedido por el trabajo de los colectivos feministas que han trabajado la movilización durante meses. Un éxito porque creó un debate social sobre las desigualdades entre mujeres y hombres en los diferentes espacios de la vida diaria, desde el laboral al doméstico, desde el ocio al académico, desde la invisibilidad al empoderamiento. Muchos hombres dijeron no entender el sentido de una huelga solo para mujeres y ese podría ser uno de los argumentos más convincentes para señalar la necesidad de esta huelga. Hubo hombres, demasiados, que en su machismo de base no podían aceptar una dinámica que no contase con ellos. No fuimos, por una vez, protagonistas. Ya era hora. Pero ese no es el principal argumento. El principal fue y es que las mujeres decidieron, más allá de lo que pensemos y opinemos los hombres, que había que plantarse ante un sistema que sitúa siempre a la mujer en segundo plano, siempre detrás del hombre. Cuando el 1 de diciembre de 1955 Rosa Parks decidió no dejar su asiento a un hombre blanco, no pidió permiso a nadie. Simplemente lo hizo.

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Fotografía de @Ekinklik

Que el cambio social pasa por ser un cambio feminista es algo que, más allá de ser algo asumido y conseguido desde el activismo y la militancia social y política en los ámbitos de izquierda y progresistas, cada vez está más claro en la mayoría social. La desigualdad entre mujeres y hombres es algo aceptado cada vez más mayoritariamente. La necesidad de evolucionar, urgentemente, hacia una igualdad real y activa, está cada vez más extendida en nuestra sociedad. En las movilizaciones de la jornada de huelga se vieron mujeres y hombres que no suelen verse en este tipo de movilizaciones. Esas imágenes obligaron a que destacados dirigentes de los partidos que sustentan las bases de esta sociedad desigual, hiciesen un gesto de acercamiento al espíritu de la huelga, que no a la propia huelga, y cambiasen incluso sus posicionamientos. Las televisiones que trasladan diariamente una imagen de la mujer como producto de consumo, se tiñeron de morado y organizaron “debates” especiales. Marcas comerciales lanzaron anuncios especiales con la mujer (y su modelo de mujer) como protagonistas. Lo guay ese día fue ponerse un lazo morado. Todo sea por sumarse al carro y sacarle tajada. Todo sea por “normalizar” la lucha feminista. Y la verdad es que me recuerda a algo que sucedió con otra lucha. Cuando el movimiento LGBTQI (entonces sería solo LGB) consiguió que el matrimonio igualitario fuese legalizado, se produjo una asunción de algunos términos de la lucha de este movimiento por el propio establishment. Pero mientras nos venden constantemente que el Estado español es el país más respetuoso con la diferencia sexual, resulta que el partido que gana las elecciones es uno de los más conservadores de toda Europa y las agresiones homófobas (de diferente nivel) siguen siendo el pan de cada día. Los autobuses naranjas tránsfobos recorren las carreteras con el apoyo de ese partido y sus socios. Convirtieron parte de la lucha de todo un movimiento en un parque temático llamado Chueca y en una aplicación para poder follar cuando se quiera. Pero tenemos que recordarnos, diariamente, que establishment es el grupo de personas cuyo cometido es mantener y controlar el orden establecido (por ellos) para que siga favoreciendo a sus intereses económicos e ideológicos (tanto monta, monta tanto). Afortunadamente muchos colectivos siguen siendo vanguardia de este movimiento, porque hay mucho, todavía, en lo que seguir avanzando.

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¿Y a qué viene este rollo? A que está muy bien, de hecho es un éxito, que la sociedad vaya asumiendo mayoritariamente parte de las denuncias del movimiento feminista, pero es necesario que ese movimiento siga siendo vanguardia y protagonista de la lucha. Las victorias hay que celebrarlas y la del jueves fue una victoria, sin ninguna duda. Celebrémosla entonces. Pero para que sea un éxito no solo a corto plazo, como señalaba al principio, y se convierta en una victoria estratégica, las mujeres organizadas tienen que seguir siendo la punta de lanza de esta lucha que debiera convertirse en revolución. Más allá del 8 de marzo, las mujeres siguen siendo objeto de una desigualdad sistémica que es precisamente lo que tenemos que cambiar.

¿Y los hombres? Pues los hombres tenemos que interiorizar que en esta película no somos protagonistas y que en el resto de movimientos sociales tenemos que empezar a retirarnos para que las mujeres ocupen el espacio que les corresponde. Y para eso habrá que poner y activar medidas efectivas. En lo que a mi respecta, seguiré trabajando en lo personal esos tics que, sin darme cuenta, afianzan una sociedad hetero-patriarcal y machista y continuaré reflexionando sobre los modelos de masculinidad para cambiar el mío propio. Y me queda mucho trabajo por delante.

el feminismo según Woolf

Pues resulta que Un cuarto propio o Una habitación propia (según las traducciones), de Virginia Woolf, es uno de los libros que más me han reafirmado en la necesidad del feminismo como medio para llegar al cambio social. Lo tenía desde hace años en la estantería de la biblioteca, justo desde que se lo medio robé, con intención de devolverlo, eso sí, a mi hermana. Incluso lo tenía localizado, porque a mi, hace un año, me dio por dedicar una habitación a la lectura, a estar a gusto y a disfrutar del silencio de la lectura. Ordené las obras por países y en orden alfabético. Maniático que ha resultado ser uno o quizás, directamente, los 45 años recién cumplidos. El caso es que la Woolf es la última del estante dedicado a Inglaterra. Shakespeare, eso si, tiene su propia balda.

A lo que vamos. Virginia Woolf escribió este libro a partir de los apuntes de unas conferencias que ofreció en Cambridge sobre la relación entre la mujer y la literatura. La opinión que la escritora ofrece al principio del ensayo es determinante y la base del mismo: “para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio”. Y no iba desencaminada. Hasta finales del XIX (yo me atrevería a decir que esa es la realidad de muchas mujeres del planeta en este siglo XXI) las mujeres no disponían de un cuarto o una estancia para ellas solas. Normalmente siempre estaban (y están) con niños colgando de su existencia, limpiando los mocos de la vida y cocinando la cruda realidad. Y el resto del día, en aquellos tiempos, lo dedicaban a bordar, leer en voz alta y jugar a cartas… las que podían. Y hacia los 16 años eran comprometidas a hombres que no conocían, pero que sus padres conocían perfectamente, sobre todo su bolsillo. En este punto hay que señalar que la escritora se dirigía a un público femenino de la universidad inglesa, por lo tanto, con una posición social alta y con un nivel cultural concreto. Si alguna mujer con posibilidades hubiese querido escribir, habría necesitado obligatoriamente un cuarto donde poder hacerlo. Y seguramente también habría tenido que ir contra el dictamen de la sociedad y de su propia familia.

¿Y el tema del dinero? La mujer se dedicaba a trabajar la casa y sacar la prole adelante. Y si era miembro de una familia de posibles resulta que el dinero no era suyo. Era, o de su padre o de su marido. Y si era soltera y mayor, seguramente de su hermano. Y entonces, aunque tuviese posibilidad económica, si había logrado vencer los impedimentos familiares y se dedicaba a escribir, lo más seguro es que nunca nadie lo leería y si alguna vez alguien lo hacía, posiblemente se referirían a ella como un rara avis, una mujer descontrolada y su literatura sería, seguro, literatura “femenina”, porque la literatura de verdad es, pensaban ellos, siguen pensándolo, masculina.

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¿Qué hubiese pasado -se pregunta Woolf- si una hipotética hermana de Shakespeare hubiese tenido el acceso a los estudios, la posibilidad de aventura y la independencia que tuvo William? ¿Habría podido surgir ese genio shakesperiano de una mujer? Pues posiblemente hayan existido mujeres con ese genio e incluso mayor, pero la sociedad patriarcal que rige el mundo de manera mayoritaria desde el principio de los tiempos, nos ha impedido conocerlas.

Como siempre, las mujeres han estado siempre ninguneadas en muchos aspectos, en el de la creación e incluso en el del día a día, pese a ser ellas las que llevan el mayor peso. Hoy las mujeres están llamadas a la huelga general. Hoy los hombres no podemos sino apoyarles en su lucha que también es la nuestra. Hoy es su huelga. Los demás, a la tarde, a la mani.


Un libro para quienes quieran iniciar, descubrir, profundizar o afianzar su feminismo, mujeres y hombres indistintamente, también para quienes no se hayan hecho nunca la pregunta de por qué esta sociedad es tal y como la conocemos, tan patriarcal y tan misógina, y para quienes hayan disfrutado en las noches de invierno y en las vacaciones de verano con los cuentos inventados, magistralmente, por todas esas escritoras sin cuarto propio que fueron y han sido nuestras madres y abuelas.

una escritora desconocida

Hasta ahora he guardado silencio. Si ustedes estuvieran presentes durante medio día en nuestra casa, cuando mi marido y yo estamos frente a frente, creo que lo comprenderían.

La violencia contra la mujer se ha realizado de muy diferentes maneras. La más visible es la que se ocasiona mediante el maltrato físico y psíquico, llegando incluso a asesinar a la mujer maltratada. Pero eso es la punta del iceberg de un sistema que, muchas veces sin darnos cuenta, lo tenemos asumido como parte de nuestro modelo social y cultural.

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Vivimos en un sistema hetero-patriarcal, palabra que desde diferentes sectores de la derecha, ayudados por tertulianos varios, intentan desacreditar mofándose de su significado. Es el recurso que queda a quien sostiene dicho sistema y saca beneficio del mismo. Este sistema ha puesto al hombre como centro del mismo y a la mujer como sostenedora de las decisiones del poder masculino. Ni más, ni menos. Y para conseguir eso ejercen la violencia contra la mujer y contra cualquier persona que ponga en duda el propio sistema. Esta violencia que todas y cada una de las mujeres soporta tiene diferentes caras, algunas de ellas muy sutiles y otras no tanto. Más allá de la violencia física y psíquica existen otras violencias en diferentes ámbitos que tenemos la obligación de denunciar.

Pensar que la mujer es débil por el hecho de ser mujer, pagarle un salario menor que si fuese hombre, poner en puestos de dirección a un hombre antes que a una mujer, echar toda la carga de la maternidad (y la paternidad) en ellas, no poner medios reales para el desarrollo de la actividad social, política y cultural de las mujeres, hacerlas esclavas de una feminidad impuesta por las marcas (y al hombre de una masculinidad también impuesta por los medios), diluir y anular la voz de las mujeres rebeldes, convertirlas en un simple objeto sexual, silenciar el pensamiento de las mujeres.

Una de esas mujeres silenciadas por el sistema hetero-patriarcal y la cultura occidental que creemos centro del mundo, es la escritora japonesa Higuchi Ichiyō. Esta mujer fallecida por tuberculosis a los 24 años, es considerada la primera escritora japonesa moderna y dio voz a las mujeres de su tiempo,  a las jóvenes trabajadoras, a las prostitutas, a las esposas, a las madres, a las niñas. Todas esas mujeres en una sociedad de finales del XIX que supuestamente despegaba del sistema feudal imperante hasta entonces en Japón, pero con unas costumbres sociales en las que la mujer era, poco menos que un medio para tener hijos. Por eso a las mujeres que no podían tener hijos se las echaba de casa. Por eso las hijas y sobre todo los hijos, eran propiedad del marido, señor de la casa. Por eso su voz solo era un medio para distraer y dar placer a los hombres. Por eso, aún hoy, muchas mujeres japonesas van siempre un paso detrás del hombre.

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Cerezos en la oscuridad es un libro precioso, delicado, como buena parte de la escritura nipona, editado por Satori, en el que se recogen breves relatos de esta escritora que, más allá de su educación, tenía un talento literario innato. En estos relatos la protagonista principal es siempre una mujer, y siempre una mujer víctima de alguna injusta situación. Una prostituta enamorada, una mujer vendida como sirvienta, una niña que quiere ser geisha, una esposa maltratada. Ichiyō en Japón, pese a su breve producción, es considerada la voz brillante y fugaz de las mujeres de su tiempo. Su rostro adorna el billete de 5.000 ¥ (yenes) y buena parte de sus historias han sido llevadas al cine.

Un libro para recuperar la voz de la mujer, aunque sea tan lejana como la voz de una mujer japonesa del siglo XIX. Para todas las mujeres que siguen padeciendo la violencia machista en todas sus formas y para todos los hombres que aborrecemos un sistema que nos hace dueños y señores del mundo. De nosotros también depende devolver la voz a las mujeres y comprometernos en la desaparición de toda violencia contra las mujeres. El resto de los hombres que mantienen este sistema hetero-patriarcal dudo que puedan disfrutar de este libro.

pura poesía escocesa

Resulta llamativo que la novela Sunset Song, de Lewis Grassic Gibbon, elegida en 2005 por las y los escoceses como “el libro escocés más emblemático de todos los tiempos”, no esté traducida al castellano. Más allá de la curiosidad de que esta novela pasase por encima de obras como Ivanhoe o Trainspotting,  por poner dos conocidos ejemplos, las obras de este novelista, cuyo verdadero nombre era James Leslie Mitchell, periodista y miembro del Partido Socialista Británico, son absolutamente desconocidas para los lectores en lengua castellana (no digamos ya en euskera). La novela en cuestión, de 1932, es la primera de una saga que se completa con los títulos Cloud Howe (1933) y Grey Granite (1934), y juntos conforman la triología llamada A Scots Quair.

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Por lo que he podido leer por ahí, la novela forma parte de un subgénero que se viene a denominar “novela de la crisis del campesino”, aparecido en la década de 1930, donde se hallan otros títulos como Las uvas de la ira, de Steinbeck o Fontamara, de Ignazio Silone. El estilo de Sunset Song es de corte modernista, aunque posee cierta tendencia hacia el sentimentalismo, está escrita con un gran lirismo, y empleando un inglés imitativo de la lengua de la región, lleno de localismos que obliga a las ediciones a tener un glosario de términos. Destaca la utilización que hace del punto de vista, una manipulación focal que Gibbon emplea con grandes resultados, teniendo secciones narradas por la propia localidad, con entradas y salidas en la conciencia de los personajes y empleando diferentes voces que añaden un multiperspectivismo a la obra. En fin, que yo por lo menos, hasta que no la traduzcan o me dedique a aprender inglés en serio en los próximos años, voy a tener que esperar para poder leerla. Y espero poder hacerlo algún día.

¿Y cómo he descubierto esta novela? Pues, como muchas veces, gracias al cine y en este caso a la película del mismo nombre que dirigió, en 2015, el cineasta Terence Davies y que se pudo ver en la sección oficial del pasado Zinemaldia de Donostia. Para quien conozca otros trabajos de Davies y haya visto esta cinta, coincidirá conmigo en que no es su cine más representativo, y quizás se acerca más a las películas clásicas, con tomas lentas y un ritmo más pausado. El resultado final es una película bellísima, muy potente en lo visual, precisamente gracias a estas tomas largas y, seguramente, bendecida por la hermosa tierra escocesa (aunque parte estuviese rodada en Nueva Zelanda).

La película es la adaptación fiel de la novela y en ella se cuenta la historia de la transición de la era industrial a la era moderna, en un enclave rural, y con esos cambios vividos desde la perspectiva de una mujer, miembro de una familia de campesinos. Habla del papel de la mujer en esa sociedad que quiere romper con el tradicionalismo, con un socialismo que aparece con fuerza, con la familia tradicional como núcleo de la vida de las personas, donde el padre es el que manda y el resto obedecen. Con el poder de la religión en todos y cada uno de los aspectos vitales de la persona, con unas relaciones humanas que se mueven en torno a esos parámetros, con el amor sujeto a esas condiciones y con la belleza de la tierra, tradiciones y música de Escocia de fondo. La película, narrada en ocasiones en voz en off por la protagonista, Chris Guthrie, aunque empleando la tercera voz, consigue relatar la historia de esta heroína escocesa con auténtica poesía y un lirismo que, fuera de resultar empalagoso, te sumerge de lleno en los sentimientos y emociones de ese principio del siglo XX, hasta que el encanto de la vida queda roto en mil pedazos por el inicio de la llamada Gran Guerra, aquella I Guerra Mundial del horror de las trincheras.

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Yo la he visto en Filmin, pero igual la podéis encontrar por algún otro sitio. Recomendable absolutamente. Para disfrutar con tranquilidad y un vaso de leche con miel, arropado con una manta de cuadros escoceses. Poesía pura. El ritmo de la película es como una vieja canción escocesa, sin instrumento ni artificio alguno, que va desgranando una historia corriente, de esas que hubo repartidas por toda Europa al principio del siglo XX y durante la Gran Guerra. Una delicia.

Por cierto, la banda sonora, compuesta por Gast Waltzing, es un continuo eco de la música tradicional escocesa, con violines y flautas. La escena de la protagonista cantando ella sola en su boda una de esa baladas que ponen los pelos de punta, es una gozada. Un conjunto musical que acompaña la belleza de la historia y la hermosura de la fotografía de la película.

filtraciones y agresiones sexistas

Este artículo de opinión, en nombre de EH Bildu Iruñea, lo firmo junto a Eva Aranguren, Ana Barrena e Iban Maia.

Asistimos en los últimos días con estupor al tratamiento que se está dando en algunos medios concretos de la información en torno a la violación que una mujer sufrió a manos de cinco hombres en el inicio de los pasados Sanfermines.

La rápida denuncia de la chica y la diligente actuación de la Policía Municipal y Foral permitió la detención de los cinco presuntos autores al cabo de pocas horas de producirse los hechos. Desde el principio comenzaron las filtraciones sobre la identidad de los detenidos y los hechos acaecidos. Pero en estos últimos días estamos asistiendo a la filtración de unos detalles de la violación de un sesgo claramente morboso, que no respeta la dignidad e integridad de la víctima y que de ninguna manera podemos aceptar como justificable ni aceptable en el marco de una investigación de esta naturaleza.

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El hecho de que se filtren al detalle hechos de un delito investigado bajo secreto de sumario no es algo novedoso en un sistema judicial que está plagado de redes clientelistas, pero eso no es óbice para que asistamos impasibles a este circo y a la vulneración de los derechos y el bienestar de la víctima, en este caso. Desde EH Bildu nos preguntamos quién, cómo, por qué y a cambio de qué filtra todos estos detalles escabrosos a un medio de comunicación concreto. Es necesario desmantelar estas redes que van en perjuicio de una justicia equitativa y justa para toda la ciudadanía, desenmascarar a los malos profesionales policiales y denunciar a profesionales del derecho y periodistas sin escrúpulos que hacen de ello exclusivas. También es necesario denunciar a quienes se hacen eco desde otros medios de todos estos detalles innecesarios.

No es casualidad que esa filtración se haya hecho a un medio que desde su origen forma parte de las cloacas de la derecha navarra. Un medio que ha sido impulsado y es sostenido por la derecha navarra a raíz de su desalojo del Ayuntamiento de Iruñea, Gobierno de Navarra y resto de ayuntamientos y mancomunidades de Nafarroa. Un medio que, en multitud de ocasiones, ha funcionado como “punta de lanza” de las posiciones más radicales de la derecha, su periódico oficial y sus representantes institucionales en el Ayuntamiento de Iruñea, y en el Parlamento navarro. ¿Con qué finalidad se hace esa filtración a ese medio en concreto, más allá de intentar proyectarlo? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que banalizar una agresión de la gravedad, la brutalidad y con las implicaciones que tuvo la sufrida por dicha joven durante los últimos Sanfermines va en claro perjuicio de la lucha social, cultural y política contra las agresiones sexistas y machistas.

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Las agresiones sexistas, machistas y homófobas responden a un modelo de sociedad patriarcal. Un modelo amparado, en gran parte, por el establishment. Esta constatación que algunos desde los medios de comunicación y determinados partidos políticos intentan ridiculizar es el punto de partida necesario para dar la vuelta a la situación. Las campañas de concienciación y educación rechazadas durante años por gobiernos de la derecha son, junto al trabajo de miles de mujeres y del propio movimiento feminista, la base para construir una sociedad basada en valores de igualdad, respeto y convivencia. Y para construir una sociedad basada en estos valores debemos seguir denunciando, individual y colectivamente, cualquier agresión sexista que se produzca durante todo el año y en cualquier situación, solidarizándonos y empatizando siempre con quienes las sufren.

Una persona que ha padecido una abominable agresión no merece, en absoluto, el asqueroso tratamiento y filtración de unos hechos que son parte de la denuncia interpuesta en los juzgados y que benefician únicamente a la parte presuntamente delincuente. Exigimos que se adopten desde todas las partes implicadas en el procedimiento medidas para detectar este tipo de filtraciones interesadas y dañinas, recordando que la investigación se halla bajo secreto de sumario. Las mujeres, y la sociedad en su conjunto, no podemos permanecer impasibles ante este tipo de hechos que solo favorecen a quienes practican la violencia contra las mujeres, y además, pretenden hacerlo con impunidad. Por eso tenemos que reforzar nuestro empeño en seguir trabajando para cambiar la sociedad hacia otra igualitaria, en la que la mujer vea respetados sus derechos, sea tratada con igualdad y se sienta plenamente libre.

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Aitziber es mi prima. Bueno, no. En realidad era prima de la ama, pero por la cercanía de edad, pues tiene año y medio más que yo, siempre la he considerado prima. Además eso de tía segunda queda raro. Aitziber no es para mi, ni para nadie que la conozca, alguien de segunda. Aitziber es de primera, de división de honor. Una persona con una capacidad para expresar de un modo artístico lo que siente, como pocas he visto. Porque se trata básicamente de eso, de expresar sus sentimientos, lo que el mundo le dice, le cuenta y le hace sentir. Y lo hace a través de la danza, del mimo, del teatro, del maquillaje y de la pintura. Vive para eso.

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Nació en 1971, según me han contado, chiquitica, mucho. Dudaban que pudiese salir adelante. Pero lo hizo y lo sigue haciendo, a pesar de su cansancio, de la insuficiencia respiratoria. Además ha salido adelante con carácter, con mucho carácter. Necesita, como muchos lo necesitamos, su espacio vital. Pero cuando decide expresar desaparece el cansancio. El sábado pasado fue capaz de dirigir a toda la familia, unas sesenta personas, en el Boga Boga, como antaño lo hiciera su tío Jesús Mari. Y marca. Marca las entradas, el ritmo y la fuerza de cada momento. Después se marcó con su hermano Mikel una sokadantza de Altsasu, el pueblo de su madre. Sokadantza en donde expresó que ella sigue siendo la primera y que marca con sus pasos el ritmo de su propia vida. Después se sentó, cansada, y observó la fiesta, y se emocionó, porque las personas que expresan con tal naturalidad lo que sienten son capaces de sentir la emoción sin ningún problema.

Recuerdo que la primera vez que la vi en un escenario, hace muchos años, en el Teatro Gayarre, bailando y actuando con una música de tango, irremediablemente me puse a llorar. A llorar porque Aitziber fue capaz de hacerme sentir esa pasión, en aquel caso de un tango, como muy poca gente ha logrado hacerlo. El propio acto de maquillarse para salir a escena es para ella algo semi sagrado. Es ella con las pinturas, su cara y muchas veces la transformación del cansancio a la felicidad absoluta.

El martes que viene se estrena en el Museo de Navarra, dentro del ciclo Mujeres en el Arte contemporáneo, a las siete de la tarde, un documental realizado Pablo Calatayud y con la participación de Aitziber Urtasun, responsable de Didáctica del Museo Oteiza. El trabajo sobre Aitziber relata la experiencia de una artista a quien su discapacidad no le ha impedido dialogar con la obra de Oteiza en su Museo de Alzuza. El vídeo expresa que la vida es magia y Muy poca cosa, como reza el título, que puede crecer, expandirse en forma de acciones artísticas repletas de amor, sentimiento, carácter y expresividad. Estoy seguro que el martes, Aitziber, de nuevo, nos va a hacer sentir a todas y todos.

Eskerrik asko Aitziber.