lee, no desesperes y sonríe

Con San Saturnino llega esa semana larga de fiesta y entre fiestas, de esos días que no sabes si abren los supermercados, pero tienes la seguridad de que abre el pequeño ultramarinos de la esquina, aunque sea con un horario raro. Esos días en los que se encienden las luces navideñas al comienzo del Adviento, aunque en Iruñea se iluminen en la fiesta del patrón, que para eso somos muy nuestros, en los que los escaparates lucen el esplendor necesario para atraer las compras necesarias para el negocio. Un supuesto tiempo de esperanza entendido por pocos y compartido por menos, engullido en los viajes a bajo coste con mil fotografías idénticas por minuto, con preparativos de los menús de las comidas para las navidades, –“algo que sea diferente al cardo de siempre”, –“pues vaya, chico, con lo rico que está”, y con listas de regalos que hacer, sin pensar muchas veces en la persona a quien se regala, simplemente cumplir con la obligación.

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Y en una tarde particularmente luminosa a pesar del frío, me calzo las zapatillas para pasear mientras los parroquianos que siguen en la ciudad llenan el Sadar para ver a los rojillos ganar, llenan los bares para ver a los mismos y llenan los salones de las casas, que no es un mal momento, para sumergirse debajo de la manta con un buen libro unos pocos y enchufarse a la televisión los más. Y precisamente, concluido uno de los libros que leía, Algunos libros, las charlas de E. M. Forster en la BBC, publicado por Alpha Decay, aparto mi manta a un lado y me lanzo a la calle. Y mientras observo desde la Media Luna cómo la luz del día invernal decae irremediablemente vencida en las huertas de la Magdalena, pienso en este escritor tan british que conocí gracias a un puñado de películas particularmente bellas dirigidas por James Ivory y otros directores. Películas hermosas, de fotografía evocadora y música deliciosa, igual de preciosas que la forma que emplea el autor para contar básicamente historias de relaciones entre personas. Forster era un hombre muy culto, exquisito, pero tenía la capacidad de no imponer su conocimiento a nadie y de incluir a todas las personas que se encontrasen en una conversación con él, independientemente de su nivel intelectual.

El escritor colaboró con la BBC durante treinta años ininterrumpidos, aunque de manera irregular, lo que dejó el resultado de más de 150 programas hablando de literatura occidental, mayoritariamente inglesa, narrativa, ensayo y también poesía. Y resulta que, en realidad, lo que menos importa de ese libro y de aquellos programas eran las obras que recomendaba o de las que hablaba y reflexionaba. Lo bonito de este libro es escuchar a través de esas páginas a una persona enamorada de los libros, aunque irónicamente señala al comienzo del libro, en uno de sus primeros programas, que los libros no son lo más importante de este mundo. Y mira, en eso estoy completamente de acuerdo. Pero con sus glosas a diferentes autores, sin evitar la crítica y las pullas moderadas, subrayaba, sin querer, la importancia de leer, de reflexionar sobre lo leído y sobre lo escrito, del contexto de esa escritura y del contexto de la propia lectura, de desarrollar, al fin y al cabo, un criterio propio ante la vida y una capacidad para dirigir tu propia historia, a pesar de lo difícil que es no dejarse arrastrar por la corriente impuesta por unas redes sociales deshumanizadas, unos medios de comunicación obedientes al cheque de quien paga y un modelo social consistente en comprar y vender.

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Y en una de esas noches, hubo quien se quitó la careta autoimpuesta durante más de cuarenta años y llevó a un parlamento elegido en las urnas a la antítesis de lo que fue E. M. Forster. El populismo insultante y sin criterios tiene muchas causas, políticas las más y sociales las demás, pero, sin duda, una de esas causas es haber hecho de la educación un negocio de títulos que se venden y se compran y no un lugar desde donde fomentar conciencias, personas con criterio y capacidades intelectuales para reflexionar individualmente. Y una prima, en esos días, hoy mismo, tras conocer la ceguera de una judicatura ante un claro acto de violación, se preguntaba qué estamos haciendo mal. Y me dio, me ha dado por sonreír, porque tengo claro que esa ceguera y la propia tiranía que algunos llevan en su ideario político y ahora descubren convenientemente edulcorados, es la respuesta histérica al cambio y avances sociales que se han ido dando en las últimas décadas. Y me he acordado de Timothy Snyder y sus veinte lecciones sobre la tiranía y sobre todo he vuelto a recordar a Rebecca Solnit y su magnífico ensayo Esperanza en la oscuridad, que habla sobre el increíble poder que tenemos la gente y los logros conseguidos y muchas veces no tenidos en cuenta. Y he sonreído, porque qué más quisieran algunos que dejásemos de sonreír. Un beso.

lo nuevo de Gardiner

Sir John Eliot Gardiner ha grabado un nuevo disco dedicado a Johann Sebastian Bach, su compositor de referencia y a quien ha dedicado buena parte de su vida musical. Lo ha hecho con una nueva grabación del Magnificat en versión de 1723, catalogada con el número BWV 243a, cuando por lo general las grabaciones suelen hacerse en base a la versión revisada de 1733, la BWV 243. El caso es que esta es la segunda ocasión en que Gardiner graba el Magnificat, ya que en noviembre de 1983 lo hizo en el que ha sido, sin duda, referencia en las grabaciones de la obra y de toda la discografía bachiana. En aquel disco la versión elegida fue la de la década de los 30 (hay quien la sitúa entre 1728 y 1731 o entre 1732 y 1735), la BWV 243.

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Este primer Magnificat fue compuesto para la Navidad de 1723 en tono de Mi bemol y cuenta con una pareja de flautas de pico que en la segunda versión fueron sustituidas por traverseras y oboes. Si bien todos los números de coros y arias son iguales en las dos versiones, la orquestación es más rica y completa en la siguiente versión, aunque en esta primera gana en sencillez. El Magnificat forma parte del servicio de Vísperas, una función de tarde que en el culto luterano se denominaba Abendgebet, Andacht o Vespern. Ordinariamente se cantaba en alemán, pero en fiestas de especial relieve, como Navidad, se cantaba en latín. La característica principal de la versión de 1723 es la inclusión de cuatro Lauda, que eran canciones de Navidad que se solían cantar por la calle y eran muy conocidas en el Leipzig de aquella época. La inclusión de estos números está anotado por Bach en el propio manuscrito y algunos de ellos, antiguos, son de una belleza sencilla.

Gardiner, en las notas del CD, afirma que Bach, en sus primeras navidades en Leipzig, tuvo una oportunidad de oro para afianzar su puesto como Cantor de Santo Tomás y que, desde luego, no lo desaprovechó. Los feligreses de las funciones de aquellas navidades tuvieron que quedarse maravillados con esta obra, con la orquestación propuesta y con unos números cortos que le dan ligereza a la propia narración del Magnificat. Una obra compuesta para orquesta completa, acorde con la solemnidad de la fiesta y con cinco partes vocales que requieren un virtuosismo por parte de los interpretes como seguramente nunca se habría visto en Leipzig. Comienza con el impresionante coro inicial y luego va desarrollándose con las sucesivas arias y coros, en un deslumbrante mosaico de lo grande y lo pequeño. Llaman la atención en esta grabación, la delicadeza del Quia respexit, con una soprano absolutamente deliciosa, cuya serenidad queda rota sin previo aviso por la fuerza del Omnes generationes que tuvo que dejar pegados a sus bancos a quienes asistían a la celebración. Et misericordia vuelve a ser, en forma de dúo, una demostración de la capacidad de Bach para trasladar los sentimientos a la música.

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El disco se completa con una nueva versión de Gardiner de la Cantata BWV 151Süßer Trost, mein Jesus kömmt, una de las favoritas del director inglés, que ya grabó en su epopeya de 2000 en la que recorrió el mundo en un peregrinaje a través de las cantatas, con una grabación completa de las más de 200 cantatas bachianas que se conservan, a través de más de 50 conciertos. Esta cantata fue compuesta en 1725 para el Tercer día de Navidad y es una composición que invita a la contemplación del niño, en una especie de nana que canta la propia madre. Preciosa, la verdad. Por cierto, en el libreto del disco, Gardiner sugiere que en el aria que abre la cantata, un aria de consuelo para soprano sobre una base de flauta, la melodía de la flauta podría tener origen en la música popular vasca.

Acompaña a esta dos obras una tercera, la Misa en Fa mayor, BWV 233, una de las cuatro misas conocidas como misas luteranas, o también misas brevis, compuesta en 1738. Esta obra consta de seis partes (como las otras tres misas luteranas) parodias de otras tantas partes de cantatas anteriores. Estas misas han sido injustamente infravaloradas en el catálogo bachiano, pero Gardiner, una vez más, la ejecuta con tal frescura que la hace una delicia.

Un disco, en definitiva, merecedor de formar parte de la discografía de cualquier aficionado a Bach que se precie.

un dulce júbilo

No os asustéis. Os gusten o no estas fechas navideñas, antiguo solsticio de invierno, etc, etc, resulta que a lo largo de la historia han sido la excusa perfecta para componer música, alguna, por cierto, exquisita. La obra que os traigo hoy es una música que ha perdurado en el tiempo, por lo menos, 700 años. ¿Os dais cuenta? 700 años de una música bastante popular que, en algunas partes del mundo, se sigue cantando a día de hoy en estas fechas, de la misma manera que hace siete siglos. O casi. Porque es una melodía que, respetando la base original, ha tenido a lo largo de todo este tiempo diferentes versiones, armonizaciones. Pero no solo la música, si no, también la letra. A mi que una música haya aguantado siete siglos me emociona. Pensar que lo que ahora escucho o tarareo, fue escuchado y tarareado por gentes que creían que el mundo era plano o que el Universo giraba alrededor de la Tierra, me produce escalofríos. Vamos a ello. Hoy hablamos y escuchamos In dulci jubilo.

La primera constancia escrita de la melodía es la del llamado Codex 1305, descubierto en la Biblioteca de la Universidad de Leipzig hacia 1400. En este Códice aparece la melodía por vez primera, aunque se piensa que era una melodía ya utilizada en diferentes partes de Europa antes de 1300. De todos modos, lo que se sabe con certeza es que el texto más antiguo de la obra, donde el alemán y el latín se van alternando, se debe al místico alemán Heinrich Seuse que supuestamente lo escribió alrededor del año 1328. Pues resulta que este señor contaba que un día escucho a unos ángeles cantar esta letra y decidió copiarla en la antigua melodía y tal. Pero bueno, eso es lo que contaba este señor que por lo visto tenía buen rollito con alguna sustancia. Lo que sí se sabe es que este texto fue musicalizado por diferentes autores desde la Edad Media. Así que, o hubo más personas que escucharon a los ángeles cantar o el rollito estaba extendido o el Seuse tenía muchos pájaros en la cabeza. La originalidad de la letra es que mezcla el latín con el alemán, quedando un texto macarrónico. Posteriormente se realizaron traducciones principalmente al inglés y aumentando por ello su popularidad, entre otros, por parte de J.M. Neale. La traducción, también macarrónica, de 1837, mezclando el latín con el inglés (en sustitución del alemán), de Robert Pearsall, que a día de hoy es un pilar del repertorio de Nine Lessons and Carols (Nueve Lecciones y Villancicos de Navidad), oficio en los prolegómenos de la Navidad (final de Adviento) de las diferentes Iglesias Protestantes, es la más extendida.

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… “y entonces escuché a unos ángeles cantar”…

Sea como fuere, esta bella música ha sido utilizada por diferentes compositores para sus propias composiciones.  Esto seguramente se debe a que, tras su descubrimiento, fue impresa en el Geistliche Lieder, un himnario luterano de 1533 de Joseph Klug. Posteriormente apareció también en el Gesangbuch de 1537 de Michael Vehe. Y ya en 1545, se le añadió otro verso, posiblemente por Martín Lutero. Este verso fue incluído en la obra de Valentin Babst Geistliche Lieder, impresa en Leipzig. Parte de la liturgia luterana estaba y está basada en los corales e himnos cantados por toda la comunidad en la iglesia, así que al incluir la obra en estos himnarios, se extendió rápidamente. Se conoce, también, que la melodía era popular en otros lugares de Europa, y aparece en una versión latina-sueca, de 1582, del libro de canciones finlandés Cantos píos, una colección de canciones e himnos sacros y piezas medievales profanas.

Vamos con las versiones de los diferentes compositores. En 1619, se incluye en la colección de Michael Praetorius titulada Polyhymnia Caduceatrix y Panegyrica. Tres años más tarde, Hieronymus Praetorius, que no tenía parentesco alguno con el muchísimo más conocido Michael, aunque llegaron a conocerse, incluyó In dulci jubilo en su Magnificat quinti toni hasta en dos ocasiones. Dieterich Buxtehude compuso una de sus muchas cantatas, en 1683, en forma de coral para soprano, contralto y contrabajo acompañado por dos violines y bajo continuo, BuxWV 52,  y como un preludio coral para órgano, BuxWV 197, en 1690, utilizando dicha melodía. El maravilloso Johann Sebastian Bach utilizó esta música en varias ocasiones. La coral BWV 368 es básicamente la melodía original para ser cantada por los feligreses, la composición para órgano BWV 608, como un doble canon en su Orgelbüchlein (trabajos para órgano) y las BWV 729 y BWV 751 como preludios corales, aunque esta última, al ser demasiado simple y natural, podría no ser obra de Bach, según los expertos. La BWV 729 es tradicionalmente la primera pieza de órgano al final del Festival Nine Lessons and Carols del Kings College, de Cambridge que realizan los anglicanos a principios de Navidad. Esta obra fue introducida por primera vez en el servicio en 1938 por el organista Douglas Guest. También Franz Liszt incluyó la obra en su suite para piano Weihnachtsbaum en el movimiento titulado Morir Hirten an der Krippe y Norman Dello Joio utiliza el tema como base de sus Variants on a Medieval Tune, para conjunto de viento. Un arreglo polifónico para 8 voces hecho por Robert L. Pearsall y que posteriormente fue arreglado para 4 voces por W. J. Westbrook, es la versión generalmente más interpretada en Gran Bretaña, Irlanda y países anglosajones.

Dos jubilosos muy repeinados
Dos jubilosos muy repeinados

Finalmente esta canción, este villancico, fue versionado por Mike Oldfield en su trabajo On Horseback, de 1975, aunque una primera versión ya había aparecido en su álbum Don Alfonso de ese mismo año. Ha aparecido en diferentes álbumes y recopilatorios del músico inglés. La versión más conocida es la que van incluyendo y apareciendo instrumentos conforme avanza y se repite la melodía. El villancico es conocido en Gran Bretaña e Irlanda con el título de Good Christian Men Rejoice.

Os dejo con el video de la interpretación de esta canción por The Choir of King’s College, de Cambridge, porque a mi este rollo inglés de coros colegiales, con permiso de irlandeses, de los que soy fan a muerte, me mola mucho.

Versiones e interpretaciones de todas estas posibilidades hay muchas. Quizás me quedo con cuatro. Una de Stile Antico, de 2015, de su trabajo A Wondrous Mystery, interpretando el Magnificat de Praetorius (Hieronymus), otra del Choir of King’s College, con la versión armonizada por Pearsall y la obra de órgano de Bach BWV 729, en el álbum que recoge toda la función de Nine Lessons and Carols. Por otro lado la versión al laúd por parte de Rolf Lislevand, en un disco dedicado a la Navidad titulado Jul i gammel tid, porque este instrumento me trae mucha serenidad y finalmente la versión de Mike Oldfield en su álbum Hergest Ridge, porque creo que es menos conocida que su versión de On Horseback.

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Y aquí tenéis una buena lista de Spotify con algunas de las diferentes versiones comentadas. Un abrazo, disfrutad y mi deseo de que paséis unos días felices en compañía de los vuestros. Ojalá estos momentos estén presentes a lo largo de todo el año.

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es tiempo de librerías

Pasadas estas fechas de celebraciones basadas, en gran medida, en el consumo desmedido, lo mismo da que sea comprar, que comer, que beber, quien más, quien menos, cuidará, durante un par de semanas, su alimentación, incluso saldrá a hacer algo de ejercicio, algún paseo por el monte e intentará ordenar un poco el desenfreno instalado desde hace dos semanas en su vida. No está mal. Pero estaría mejor si no dejásemos aparte el otro cuidado necesario para que el cambio en nuestro estilo de vida sea completo. Es tiempo de dedicar un tiempo a cuidar también nuestra mente y posibilidades para eso hay unas cuantas. Algunos optaremos por dedicar más tiempo a lograr ser más conscientes de lo que hacemos, a respirar mejor y a tener un pequeño tiempo diario para nosotras y nosotros. Otros, y esta es la opción más sencilla, pueden optar por empezar a leer esos libros que les han regalado y si no ha sido así, acercarse a alguna librería y dejarse aconsejar por la librera o librero de turno. Porque es tiempo de librerías. Es tiempo de libros. Es tiempo de lectura que despierte nuestra mente embotada de tanta “celebración”.

Libros

De un tiempo a esta parte en Iruñea se están abriendo librerías de esas a las que puedes ir sin tener mucha idea de qué tipo de libro quieres leer. Son librerías, que no tiendas de libros, en donde no hay personas que te venden libros, si no libreras y libreros que te aconsejan, recomiendan e incluso son capaces de hacerte enamorar de un libro, un autor, una poetisa o una novela olvidada antes de leerla. Hace un tiempo ya hablé de Katakrak, y dije que lo creía un espacio de encuentro y análisis, taberna sostenible y librería crítica imprescindible en el proceso hacia un modelo de ciudad activa que, entre diferentes, podemos y tenemos la obligación de construir. Hoy me quiero referir a otras tres librerías que en estos dos últimos años han surgido en la ciudad, concretamente en el II Ensanche, tan necesitado de otro modelo de comercio que no sea el de las franquicias y el Corte Inglés impulsados por UPN.

Walden es la librería que, en el antiguo comercio de su padre y su madre, en la calle Paulino Caballero, abrió Dani Rosino a finales de 2013, en un diciembre que supuso una auténtica bocanada de aire fresco en el mundo de las librerías, justo seis meses de que cerrase sus puertas todo un referente en este ámbito como fue El Parnasillo. Abría Dani esta librería con la intención de que se convirtiese en “un hogar para hacer pausa y leer” y desde luego el propio lugar invita a ello. Sin música alguna, la librería invita a recorrerla de derecha a izquierda, en esa especie de plaza de kiosko que da la vuelta a la terraza central en donde puedes sentarte a ojear alguno de los libros o a comenzar a leer el recién comprado acompañado de una taza de té o café. Las lámparas, como una suerte de medusas repartidas en el fondo de este océano de libros, iluminan levemente todo el espacio consiguiendo un ambiente acogedor.  Aparte de las secciones de música, arte, Navarra, filosofía, poesía y ensayo político, Walden está organizada por países. Es una librería para sumergirte en las obras, clásicas y actuales, de Inglaterra, Francia o Alemania, pero también están las secciones de literatura de países orientales, centroeuropeos, americanos de sur a norte y, como no, la literatura en lengua castellana. Si quieres un libro de literatura, la próxima vez deberías probar a buscarlo y dejar que te aconsejen en Walden. Pasarse por ahí es inexcusable.

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Un poco más abajo, en la siguiente manzana de la misma calle, se encuentra Chundarata, una librería que está especializada, tal y como ellas mismas dicen, en ilustración, infantil y juvenil, cómic, novela gráfica, y mucho más… Ese mucho más son talleres para los más txikis, y para adultos, desde escritura, a cómic, pintura o manualidades. La tienda en sí, en su parte delantera, es un espacio como de sueño, que cambia según el sueño que vayan teniendo las dueñas, convirtiéndose en una clse de escuela antigua o en una playa en época estival. En la parte posterior está la zona donde hacen los talleres. Si quieres un libro con alguna edición especial, de esas chulas que son para leer y releer y tenerlas a la vista en tu biblioteca, esta es tu librería. Recomendable al 100%.

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Finalmente, en una zona algo extraña para abrir una librería, en la calle Aralar, en la esquina de la avenida Baja Navarra, muy cerca del parque de la Media Luna, se encuentra, desde hace poco más de un mes, Deborahlibros. Esta tienda, de la cual estoy seguro su éxito esté donde esté, es el fruto de Katixa, una entusiasta de la literatura y los libros que anteriormente conocía por seguir su blog (totalmente recomendable, por otro lado). En este blog dice de su librería que “ahora me toca realizarme profesionalmente, emprender, proactivarme, rumiarme, regurgitarme y todo eso. En un tiempo en que cierran librerías, voy a abrir una. ¿Quién dijo miedo?”. La tienda dispone los libros en diferentes secciones que, a modo de blog, nos informan del tipo de lectura que nos vamos a encontrar en esas baldas. Troteros de playa y chimenea para los libros entretenidos, pero de calidad. En Delicatessen esos los libros que son una delicia y en el Rincón negro la novela negra imprescindible en cualquier buena biblioteca. Dosis de realidad para esos libros de ensayo, Usados para libros de segunda mano y la sección de Books, para los libros en inglés. Otro lugar que, solo su visita, merece mucho la pena.

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Ir, visitar asiduamente y comprar en este tipo de librerías no solo es bueno para nuestra mente, si no que también es bueno para nuestro comercio y por lo tanto para ese otro modelo de ciudad en donde el emprendimiento, la familiaridad y la cultura son parte principal. No os lo penséis dos veces, leed, aunque sean prestados de la biblioteca, como la que, gracias al Ayuntamiento del cambio, ha ampliado su horario en la plaza de San Francisco. Y si tenéis oportunidad y dinero, invertidlo en vosotras y vosotros comprando algún libro en este tipo de librerías.

sin duda… ¡qué bello es vivir!

No podía ser de otra manera. Esta semana tocaba algo relacionado con la Navidad. Películas relacionadas con la Navidad hay unas cuantas, algunas bastante buenas, otras menos, pero dándole vueltas a la música clásica de Navidad utilizada en películas la cosa no estaba tan fácil. Que yo sepa nadie ha utilizado alguna parte del Oratorio de Navidad de Johann Sebastian Bach, que para mi es de las mejores músicas clásicas relacionadas con este tiempo. En cuanto al Mesias de Handel (que propiamente no es una música de Navidad, aunque sí interpretada en estas fechas), no me entusiasmaba ninguna de las posibilidades y si la posibilidad era El cascanueces, de Tchaikovsky, más allá de películas que contaban la historia de ese ballet, tampoco me gustaba ninguna de las candidatas. En fin, que resulta que en una de las películas más navideñas de todos los tiempos, en la escena final, se canta un villancico que resulta que está basado en una obra clásica. Os lo cuento.

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La escena final, tierna con un gran peligro de llegar hasta el empalagamiento, es la de la película de 1943, dirigida por Frank Capra, ¡Qué bello es vivir!, protagonizada por James Stewart y Donna Reed. La película cuenta la historia de un buen hombre llamado George Bailey que en su vida no ha tenido nunca demasiada fortuna por anteponer lo correcto a sus propios intereses. Una vida llena de infortunios personales por hacer bien las cosas que desemboca en el día de Nochebuena cuando, por la mala suerte, pierde una gran cantidad de dinero que lo lleva a la desesperación hasta el punto de querer lanzarse al río. Pero resulta que un anciano cae al agua antes que él y, naturalmente, se lanza a salvarlo, sin saber que el viejo es su ángel de la guarda. George le dice que le hubiese gustado no nacer y el ángel le concede tener la visión de cómo sería la vida si esto hubiese sido así. Termina la visión y decide volver a casa, a pesar de su mala suerte, deseando feliz Navidad a todo quisqui. Pero allí se encuentra con la sorpresa de que su vecindario y amistades han hecho una colecta para el infortunio económico. En la casa, alrededor del árbol, cantan un famoso villancico de tierras anglosajonas que es la música de la que hablaremos después. Termina la película con otra famosa canción de origen escocés, Auld Lang Syne, que se canta para recibir el nuevo año. Esta es la escena (desde que se termina la visión):

El villancico en cuestión es Hark the Herald Angels Sing y utiliza la música de una cantata de Felix Mendelssohn. Vamos a ver. A principio de 1840 y para conmemorar el 4º centenario de Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta, el compositor Mendelssohn elaboró una cantata conmemorativa titulada Festgesang zur Eröffnung der am ersten Tage der vierten Säkularfeier der Erfindung der Buchdruckerkunst y que significa algo así como “Cantata festiva para la apertura del cuarto centenario de la invención de la imprenta“. Esta cantata (que no hay que confundir con otras dos composiciones del compositor tituladas también Festgesang) fue interpretada por primera vez en la plaza del mercado de Leipzig el 24 de junio de 1840. La pieza fue escrita para coro masculino, dos orquestas de metales y timbales (para que se oyese bien en la plaza), y consta de cuatro partes, la primera y la última sobre la base de corales luteranos ya conocidos. La segunda parte, “Vaterland, in deinen Gauen”, con letra de Adolf Eduard Proelss es la que, posteriormente, fue adaptada como villancico de la Iglesia anglicana con letra del pastor y poeta inglés, Charles Wesley.  Por cierto, la letra del villancico es de un himno cien años más antiguo que la melodía de la obra, ya que fue escrito en 1739.

Me ha sido imposible encontrar vídeo de la obra original de Mendelssohn, ni tampoco grabación de audio. Así que os dejo con la interpretación de los King’s College de Cambridge, que es muy británico y ad hoc para la ocasión. Un abrazo y nos leemos y escuchamos el año que viene.

En cuanto a grabaciones de la obra ya en forma de villancico hay muchas. Yo os recomiendo dos, la primera con un extraordinario coro, The Sixteen, dirigidos por Harry Christophers y la segunda un álbum navideño dirigido por el genial Herbert von Karajan e interpretado por la soprano Leontyne Price.

se acabó la feria

Ayer a eso de las tres de la tarde un camión de grandes dimensiones abandonaba la Plaza de la Cruz llevándose las casetas de madera que han alojado los puestos de la Feria de Artesanía de Navidad de este año. Una feria que, al decir de los artesanos, ha sido un auténtico desastre, y es que esto no ha sido más que el colofón a un auténtico despropósito, que es la tónica general del Ayuntamiento de UPN con el comercio local, y no digamos ya con la producción autóctona. No es este, precisamente, el tipo de comercio que impulsa la derecha neoliberal en Nafarroa ni en Iruñea.

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Los problemas comenzaron, o mejor dicho, se agudizaron ya el año pasado, cuando desde el Ayuntamiento decidieron cambiar el procedimiento para la asignación de los puestos de la Feria sacando a concurso el espacio de la Plaza del Castillo, algo que, en principio, no me parece mal, ya que el Consistorio tiene el deber de ofrecer a toda la ciudadanía por igual la posibilidad de tomar parte en las actividades económicas potenciadas desde la propia administración en suelo público, esto es, en la calle.

El caso es que la mayoría de las y los artesanos se quejaron, no del procedimiento, si no de que en ese concurso no se valoraba algo tan significativo como ser artesano, ser de Navarra o ser productor local. Y es que atendiendo a las bases de ese concurso se podía dar el caso de que una persona comprase 200 quesos en un hipermercado a buen precio, y luego los revendiese en la Feria a otro precio, sin ser esa persona ni artesana, ni productora, ni nada. Y como siempre la cosa tiene su base, ya que hace poco se modificó la Ordenanza de Comercio No Sedentario y, a mi entender, fue un despropósito en algunos de sus puntos que son, precisamente los puntos criticados por los productores locales en este concurso para acceder a un puesto de la Feria.

Y luego vino lo que vino. El año pasado los artesanos se cabrearon e hicieron boicot a la Feria como forma de protesta. Este año, para protestar mandaron sus propuestas en sobres abiertos, algo que está prohibido por el propio reglamento del concurso, con lo cual UPN decidió que no habría Feria. Los artesanos hablaron con el ayunta, intentaron llegar a un acuerdo, y lo único que consiguieron fue una adjudicación de puesto por 1.400 euros en la Plaza de la Cruz, a todas luces -y esto ya se sabía desde el principio- un lugar bastante peor que la Plaza del Castillo. Parece ser que UPN, que tuvo que acceder a llegar al acuerdo con los artesanos, no quiso dar el brazo a torcer en el tema del lugar. Es como si UPN hubiera intentado castigarles por haber tenido que hablar, dialogar y llegar al acuerdo.

He pasado todos los días por la Plaza de la Cruz y daba auténtica pena. Los puestos estaban vacíos o con muy poca gente a cualquier hora del día. Mientras tanto, los aledaños de El Corte Inglés o la avenida de Inditex, conocida también como Carlos III, estaban atestados de gente comprando.

Lo ocurrido con la Feria no es más que otra estación en este viacrucis por el que UPN se ha empeñado en hacer pasar al pequeño comercio, al comercio de barrio y local, al comercio artesano y a la producción local, un comercio, un modelo de comercio que no cuenta con las ventajas que las grandes superficies, los centros comerciales y las grandes marcas tienen con la derecha neoliberal que es UPN. No se puede pretender que las tiendas de los barrios no echen la persiana con una política que fomenta el consumo en grandes superficies y centros comerciales.

Se trata, de nuevo, del modelo de ciudad de unos y de otros. El modelo de UPN es el que ha hecho de Carlos III un parque temático dedicado al comercio de grandes marcas, el que abre los comercios en domingos y días festivos perjudicando a trabajadores y trabajadoras, es el modelo que sigue sin impulsar productos elaborados y creados aquí mismo, y potencia, en cambio, los confeccionados en talleres de mala muerte de India, Pakistán o China; es el modelo que regala la calle y suelo público a El Corte Inglés, primero para hacer el edificio, luego para construir los accesos a su parking y finalmente para ocupar la calle en diferentes momentos del año, con juegos para críos como reclamo para que sus padres y madres entren a comprar. Y luego se extrañan y se llevan las manos a la cabeza cuando los comerciantes de Alde Zaharra solicitan permiso para exponer sus productos ordenadamente en las puertas de sus establecimientos.

El resumen de la política nefasta de comercio que impulsa UPN vino de la boca de nada más y nada menos que el Presidente del Parlamento de Navarra, Alberto Catalán, el domingo 4 de enero, a las 19.21:

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Imposible es que ustedes apuesten por un comercio local y sostenible. Incomprensible, señor Catalán, es que usted acuda en día festivo a hacer compras a un comercio. Incomprensible es que vaya a El Corte Inglés, como si no hubiese tiendas de camisas en esta ciudad, muchas de ellas regentadas por gente que pelea día a día para sacar ese pequeño negocio adelante. Incomprensible es que se permita el lujo de ponerlo en Twitter, haciendo publicidad a uno de los principales competidores del comercio del centro en un festivo.