2018

 

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Bajo la intensa lluvia que casi da al traste con unas cuantas sansilvestres, decidí tomarme un par de vinos, aunque igual fueron tres, qué más da, con un tío y una tía. Estafeta estaba llena de gabachos que en los últimos años deciden pasar la última o mejor dicho, la primera noche del año en Iruñea. El caso es que para las siete de la tarde ya estaban bastante pasados. Parece ser que en algunas personas, nuestra querida ciudad tiene un poder de atracción equivalente al número de cubatas que se toman en una hora, como si tuviesen que batir un récord. Con el paladar saboreando la última copa nos encaminamos hacia el Ensanche y nos felicitamos el año con los parroquianos del bar de la esquina, ese bar que, sin ser el más moderno y el más comentado, te ofrece una atención familiar día a día, cariño en sus platos y unas olivas sin que las pidas. La cena transcurrió con la normalidad que tienen este tipo de eventos. Los hijos pequeños de los primos descubriendo una noche mágica, la gente mayor disfrutando de la compañía, los más jóvenes pensando en la noche y el resto recordando, riendo y mandando mensajes. Y las doce campanadas pasaron con doce gajos de mandarinas, que en nuestra familia las uvas no se estilan y en medio de los gritos y casi a la par del comienzo de la programación-bodrio que se daba en todos los canales, tuve tiempo para pensar qué pedía al nuevo año. Y me sorprendí agradeciendo todo lo que me ha dado el 17, a todas esas personas que he conocido y con quienes he compartido, trabajado, luchado, protestado y hablado. Fue el momento de pedir perdón a quien he faltado y el único deseo que solicité fue tener la oportunidad de ser siempre yo mismo, con salud y libertad y con respeto al resto de personas. Al día siguiente Ricardo Muti se encargó de recordarme, a ritmo de valses, que la vida hay que vivirla y sentirla en el momento. Es lo bueno que tiene.

Urte berri on!

nuevo año, nuevos objetivos y como siempre Radezky

Lo mejor de llevar un disfraz con maquillaje en esta Iruñea carnavalesca de principio de año, es que, si no quieres dejar la almohada hecha un cristo, al llegar a casa tienes que lavarte bien la cara. Mi hermana me ha dicho que para eso están las toallitas desmaquilladoras, pero no es lo mismo. Las seis de la mañana y ahí estaba frotando como un poseso, intentando quitarme toda la pintura de la máscara de la muerte mexicana. Cinco minutos que me refrescaron, me relajaron y me dejaron la cara limpia, y una sonrisa de comienzo de año con la que me acosté, como un chaval adolescente que ha dado las campanadas en su primera cita con la noche de fin de año.

Reconozco que llevar la cara de la muerte, por muy mexicana que sea esta, no me parecía la mejor manera de empezar 2016, pero es que La Catrina es una muerte popular, indígena, una forma de denuncia social y la caricatura de una hipocresía presente en todas partes. La Catrina debe seguir denunciando, porque aunque el aire fresco pasea por la vieja Iruñea desde mayo pasado, si todas esas Catrinas que abrieron las ventanas y las puertas del cambio de par en par dejaran de hacerlo, la brisa podría terminar convirtiéndose en un bochorno pegajoso necesario de lluvia purificadora.

Sueño_de_una_tarde_dominical_en_la_Alameda_Central

Aunque Radezky nos acompañe todos los años con su marcha y nos parezca que cada uno de enero se repite la misma escena, lo importante es que, de una u otra manera, cada cual podamos sentirnos partícipes de ella. Hay mucho de repetición en cada día, pero los pequeños detalles novedosos son los que propician que un día nos demos cuenta que el cambio, el grande, se está dando poco a poco. Ayer decenas de bares se sumaron a la campaña del ayunta para utilizar vasos reciclables. Fue la primera Nochevieja. Dentro de unos años nos parecerá lo más natural, casi tanto como separar la basura y nadie se acordará que el 1 de enero de 2016 fue la primera noche en que algunos, conscientemente, decidimos dejar de utilizar tanto plástico. Otros seguirán quejándose de suciedades que hace unos meses no veían.

Bakartxo nos mandó por Whatsapp una felicitación que encierra esta filosofía. Gauza txikiekin gozatu eta handien bila joan! Ese es también mi deseo. Sigamos dando pequeños pasos. Urte berri on!

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P.D. La comida de lujo a pesar del cansancio. La siesta de campeonato. Y la música recién descubierta de George Ezra una perfecta banda sonora para este primer día del año. Con permiso de Radezky, los Strauss y el maravilloso Mariss Jansons.