memorias de una mujer libre

Todavía me asombra haber conocido a toda aquella gente, una serie de carambolas nos juntaron y unieron en la quimera de los swinging sixties. Era una época de lo más inocente. los famosos no eran tan famosos y no iban por ahí acompañados de presuntuosas cohortes. Yo, oriunda del condado de Clare, me emocionaba ante aquella galaxia de visitantes, y sin embargo nunca me dejaba deslumbrar. Sabía que era algo transitorio, que todos estábamos de paso, rumbo a otros lugares, orbitando hacia arriba, siempre hacia arriba.

El año pasado descubrí una autora irlandesa que me cautivó con el primer libro que leí. Sorprendentemente para mí, Edna O’Brien es una autora que lleva décadas escribiendo y luchando para poder hacerlo como ella quiere. Y digo sorprendentemente porque hasta el año pasado no me había fijado en ella, a pesar de estar en los últimos tiempos en todas las quinielas para el premio Nobel de Literatura año tras año (algo a lo que en realidad no le suelo dar mucho valor). En los últimos años la fantástica editorial Errata Naturae ha editado varias de sus obras y en este caso la obra elegida han sido sus deslumbrantes memorias.

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Edna O’Brien y su hijo Sasha Gebler en la década de los 70

Vamos a ver. Considero que lo más importante de unas memorias es cómo están escritas. Por una vida fascinante y llena de historias que contar que haya podido tener una persona, si no está convenientemente escrito, narrado, esto es, contado, no podrán ser sentidas en toda su intensidad. No es lo mismo decir “Vi a mi madre y supe que estaba enfadada porque tenía la autobiografía de Seán O’Casey en su mano”, que decir “Vi la furia en los ojos de mi madre, antes siquiera de que hablara. Tenía en la mano la autobiografía de Seán O’Casey, abierta por la página incendiaria”. En el caso de estas memorias, por cierto tituladas Chica de campo, O’Brien las narra como si fuesen cualquiera de sus novelas, con un dominio del lenguaje que se caracteriza por la fluidez y por ser capaz de trasladarnos al momento que narra con una facilidad asombrosa. La autora irlandesa escribe en ingles de Irlanda y su fuente es la propia Irlanda. Esa Irlanda de la que tuvo que marcharse y que aprendió a plasmar en su literatura gracias a la distancia que tomó. Si además de estar bien escritas, las memorias nos cuentan una vida intensa, se puede conseguir algo tan deslumbrante como estas memorias.

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Durante los 70, Edna se lo pasó pipa con los psicotrópicos. Aquí en una fiesta con el cantante irlandés, Luke Kelly.

El caso es que la escritora nacida en Tuamgraney en 1930, en esa Irlanda rural controlada férreamente por la Iglesia católica, con un padre alcohólico y una madre integrista religiosa, tuvo la suerte de poder estudiar y de joven ir a Dublin a trabajar. En ese Dublin de los 50 empezó a escribir de lo que una chica de pueblo, joven e irlandesa, sentía con el papel que socialmente se le obligaba a tener. Comenzó a tratar autores de teatro, conoció al que fuera su marido Ernest Gebler, también escritor. Se trasladaron a Londres a vivir porque no soportaban la sensación de ahogo constante que tenían en la isla verde y una década después se divorciaron, tras haber tenido dos hijos, Carlo y Sasha. Con sus primeras novelas le acusaron en su tierra de ser una escritora pornográfica y fue casi un personaje demoníaco para la moral nacionalcatólica irlandesa. En Londres y después en EEUU, fue parte de la intelectualidad irlandesa en el exilio y tuvo ocasión de integrarse en los círculos literarios y artísticos, incluido el cine, por sus guiones para películas. En estas memorias, fantásticas, la podemos leer desayunando con Jackie Onassis en New York, compartiendo cama con Robert Mitchum, debatiendo con Hillary Clinton y encontrándose en Paris con Samuel Beckett o Marguerite Duras.

Sea como sea, con este libro o con otro cualquiera, no te olvides de celebrar el Día del Libro como hay que hacerlo, con un libro en las manos y leyendo. Si puedes, compra a algún librero o librera, de esos tan buenos que tenemos en Iruñea. Te los encontrarás a todos juntos (a los buenos, me refiero) en el cruce de Carlos III con Roncesvalles, durante todo el día. ¡Y además te regalarán una flor!! ¡Feliz Día del Libro! 

Una obra para quienes amen Irlanda, para quienes quieran conocer la parte oscura del renacer cultural irlandés, para quienes quieran sorprenderse con una vida intensa, llena de personajes importantes y para quienes gusten de la literatura de Edna O’Brien, porque estas memorias son una maravilla, como cualquiera de sus libros.

novela epistolar marroquí en francés

Tenía mil preguntas que hacerte, sobre ti, sobre tu camino hasta aquí, esta playa popular de Salé, hasta el mocoso pobre que era yo. No dije nada. Ante todo, no podía dejarte ver que hablaba mal en francés.

No. No me he leído la novela en francés. Pero enseguida entenderéis el por qué del título. El que es digno de ser amado (qué título tan precioso) es la última novela del escritor Abdelá Taia, editada por Cabaret Voltaire (qué ediciones tan bien hechas). Una novela epistolar sobre Ahmed, un marroquí de 40 años que lleva casi veinticinco viviendo en París. Una novela que cuenta el proceso y frustraciones de Ahmed en su huída de Marruecos, en su esfuerzo por comprender París y ser un parisino más, en su huída del amor y de su esfuerzo por hacer comprender quién es él.

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Hace algunos años leí la primera novela de Taia, Mi Marruecos, en donde narraba su infancia, su nacimiento y descubrimiento de la vida, de su vida, su Marruecos. Es una lástima no saber dónde está el ejemplar. No entiendo dónde lo metí porque en mi biblioteca ordenada no está. Es posible que se la dejé a algún amigo, tendré que investigar. En esta novela que hoy comento, epistolar, cuatro cartas, del protagonista a su madre, también a su compañero, de un amante de una noche a él mismo y de un amigo de la infancia a él también. Ordenadas cronológicamente de manera inversa, con lo que es al final cuando cierras toda la historia. A través de las misivas conocemos cómo ha sido la vida de Ahmed, sus esperanzas y sus sufrimientos. Una madre que no le quiso desde el principio, conocedora de la homosexualidad de su hijo, un padre desaparecido y una familia incomprendida mutuamente. Un compañero que se dedicó a colonizarle, pues esa es su sensación al final del recorrido. Un amante que se despide y un amigo que le pide que le recuerde siempre.

A través de la novela de Abdelá Taia podemos empezar a comprender el sentimiento de muchos migrantes africanos, marroquíes, que llegan al Estado francés pensando que han encontrado el maná y resulta que ese maná está vedado a ellos, por mucho esfuerzo que hagan por ser parte de la vida, en este caso parisina. Siempre serán los recién llegados, los de fuera y a su vez, en sus países, empiezan a ser olvidados, olvidan así mismo su vida allí, en su familia, en sus pueblos, pobres en comparación a la luz de París. Esta novela es la historia de un paria gay que huye de su país y que se convierte en el paria gay llegado de fuera del país. Una novela en donde la riqueza de la literatura magrebí es patente, con esa dulzura al contar las cosas.

Una novela para reflexionar sobre la vida de los migrantes, sobre lo que encuentran y lo que dejan. Para pensar en la vida de los homosexuales más allá de la cultura occidental. Para interiorizar el papel colonialista que seguimos jugando en demasiadas ocasiones. Y sobre todo es un relato para aquellos enamorados de la cultura magrebí, de su manera de contar las historias, de la dulzura de sus palabras. Ya solo por el título merece la pena leerla.

perspectiva

Leyendo un artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca sobre las reacciones al atentado de Barcelona me surge la pregunta de a quién beneficia la alarma social creada expresamente desde instancias políticas y mediáticas. Sinceramente, creo que a la sociedad y a la ciudadanía no. Seguramente beneficia, sobre todo, a los estamentos de poder (político, mediático, económico, religioso) y, desde luego, supone un plus de publicidad engañosa sobre los autores de la matanza. Digo engañosa, porque, si bien, quién más, quien menos, sabemos que fue un atentado reivindicado por el ISIS, hemos visto incluso las caras de los yihadistas y reconocemos la amenaza de nuevas acciones de este tipo en Europa, la mayoría sigue sin conocer quién sustenta y financia este grupo, porque, evidentemente, no interesa.

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Y todo esto cuando se trata de un atentado en suelo occidental. Esa empatía, muestras de solidaridad e incluso, ese miedo o no miedo, surgen casi en exclusiva, por no decir solamente, cuando este tipo de atentados ocurren en Europa, bien sea Barcelona, Paris, Londres o Madrid, o en Estados Unidos. Creo que, hasta cierto punto, es una reacción natural. La empatía, o quizás habría que empezar a hablar de compasión, en el concepto budista de sentir y compartir el dolor, la miseria o la injusticia de la otra persona, no suele aparecer cuando estos atentados suceden en lugares lejanos, con culturas y religiones diferentes. En estos casos asumimos con naturalidad que son hechos que suceden en lugares en permanente estado de conflicto o en guerra.

Independientemente del dolor más o menos cercano que nos produzcan las muertes ocasionadas por estos atentados, o el miedo o no miedo que pueda surgir en nosotras y nosotros (algo, en principio, personal), más allá de la necesaria solidaridad y de las muestras de rechazo ante este tipo de acciones, hay que situar estos atentados con perspectiva y en su justa medida. Dice el profesor que escribe el artículo, que el miedo y magnificar el alcance social de estos atentados supone dar vía libre a nuevas inversiones en investigación militar y a nuevas partidas presupuestarias de cara a mejorar la seguridad con más policías. Encender la televisión, ya de por sí un gran error, y ver constantemente programas especiales dedicados a los atentados, al yihadismo, tertulias que solo hablan de eso, retransmisión en directo de la caza del terrorista, manifestaciones y funerales en directo, etc., dan pie a que gran parte de la sociedad vea normal e incluso necesaria la caza de los autores del atentado, sin que nos preguntemos dónde queda el estado de derecho que detiene, juzga y en todo caso condena. Dan pie a que veamos con naturalidad la presencia de las diferentes policías fuertemente armadas por las calles de nuestras ciudades y ofrecen el caldo de cultivo para que la xenofobia y el racismo se extiendan entre la gente.

Repito, más allá del necesario rechazo a estos atentados y de la solidaridad hacia las propias víctimas, es del todo necesario tomar perspectiva y reflexionar sobre el transcurso de los hechos y sus consecuencias. No se es mejor ciudadana o ciudadano si se asume todo el discurso propagandístico de estos días, de la misma manera que no se es mejor o peor persona si se pone en duda parte de esa propaganda.

Para quien quiera leer el artículo, más allá de matices que puedan gustar más o menos, pero por lo menos para crear un estado de reflexión en cada una de nosotras y nosotros, aquí os dejo el enlace: ¿Y si ponemos al terrorismo en perspectiva?, de Ignacio Sánchez-Cuenca.

callejeando por Londres con Virginia Woolf

Falta todavía mes y medio para que parta a conocer in situ la capital inglesa, una de esas ciudades que existen en el mundo que, aunque no hayas estado jamás físicamente, se podría decir que conoces muchas de sus calles, historias y personajes. No existen muchas de estas ciudades, New York, Roma y París. Y para de contar. No llegan a los dedos de una mano. Londres es, desde luego, la que completa completa el cuarteto.

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El caso es que cuando voy a algún sitio de viaje, aunque sea un fin de semana largo, me gusta leer sobre el lugar, más allá de las guías al uso. La literatura alberga muchas obras que te acercan al lugar que vas a visitar, antes de emprender el viaje, o que refuerzan lo vivido tras terminar la aventura. En cuanto a Londres, aparte de haber gozado con un libro de la editorial Taschen titulado 36 hours, Londres y otros destinos, me he ido decantando por algunas obras “londinenses”. Y si hay una escritora londinense por antonomasia, es Virginia Woolf. La obra, más bien obrita, se titula Sin rumbo por las calles: una aventura londinense. Ayer, en una visita a Deborahlibros, acabé comprándolo y me fui a leerlo tranquilamente en un banco de la Media Luna, lo bastante protegido del viento que empezaba a moverse y lo suficiente expuesto al sol para disfrutar del momento.

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Virginia escribió en 1927 este breve relato que no sobrepasa las 90 páginas y que el editor José J. de Olañeta publicó en castellano en 2015, dentro de la colección Centellas. El relato, que aunque sea corto es un torrente de excelencia literaria, lo escribió “para contar cómo la ciudad toma el relevo de tu propia vida personal y la prolonga sin el menor esfuerzo”. En él describe un paseo por Londres, a la hora del té, con la excusa de comprar un lápiz. El caso es que la excusa es totalmente válida para dar un paseo por el Londres de finales de los años 20 del siglo pasado, imaginar el interior de las ventanas iluminadas de Mayfair, visitar una librería de viejo en Charing Cross, atravesar el puente de Waterloo y llegar, de nuevo, a Bloomsbury.


Quien quiera una guía en la que señale la hora del cambio de guardia o cuál es el mejor puesto de comida pakistaní a orillas del Támesis, es evidente que este no es su libro. Pero para quien necesite algo más y quiera ver Londres con otros ojos, aunque sea camino del puesto de comida rápida pakistaní, este libro le va a demostrar que, callejeando por una ciudad, propia o extraña, se puede vivir una aventura que siempre se recordará. Quizás me lo lleve al viaje para releerlo tumbado en un parque londinense, después de haber comido la delicia pakistaní. Y tras volver a leerlo, una siesta con Virginia Woolf.

cantando la desdicha

Terminaba la primavera en Paris, la gente paseaba con esa superioridad típica de los parisinos, sábado por la tarde, entrando en la noche casi veraniega y allí estaba yo, en un palco de la Ópera Garnier dispuesto a escuchar la ópera de un bávaro con nombre de perro anglosajón, del que sabía muy poco y cuya ópera me era absolutamente desconocida. Al final resultó una experiencia hermosa… y la mejor siesta de su vida para un amigo mío.

Unimos un jueves al viernes y convertimos un fin de semana normal en un mini viaje a la capital francesa. TGV desde Hendaia y en menos tiempo del que imaginaba estábamos ya en Paris. Esa noche asistimos a la inauguración de una obra realizada por un conocido de Iruñea en el marco de una muestra de arte contemporáneo expuestas en tiendas de lujo. Ni que decir tiene que ha sido la única vez que he entrado a este tipo de establecimientos. Y también la única vez que nos corrimos una buena fiesta a base de champagne y canapés gratis. Al día siguiente con un cuerpo poco jotero, paseamos por Paris, visitamos el Instituto de Estudios Árabes y el George Pompidou y finalmente decidimos cenar unos quesos y champagne (de nuevo) en el canal de Saint Michel, lleno de gente que, como nosotros, disfrutaba de la noche pre-veraniega. Hicimos una buena cuadrilla con unos argelinos que no paraban de reír. La noche deribó a una discoteca y a un nuevo amigo brasileño cuyo trabajo consistía en cuidar a los hijos de una familia burguesa.

Y en estas estamos que el sábado, para culminar el mini viaje, decidimos ir a la ópera. Bueno, en realidad ya lo habíamos decidido y comprado las entradas hacía meses. Tras una visita a un supermercado para hacernos con unos sandwiches con los que cenar en el intermedio, llegamos al Palacio Garnier. No me voy a extender mucho, pero cualquiera que haya estado o visto el palacio en alguna película, como Marie Antoinette, con esa fantástica fiesta de carnaval grabada en las escaleras de la ópera, sabe la impresión que produce ir subiendo por las escaleras principales hacia el palco. El nuestro estaba en el segundo piso en un lateral. Los palcos son bastante estrechos y consisten en un vestíbulo privado con un chaise longue y en el palco propiamente dicho tres filas de a dos butacas. Los cuatro que fuimos nos repartimos en dos palcos contiguos, en la última fila, evidentemente. La verdad es que no se veía mal, pero lo principal es que se escuchaba de lujo y sobre todo asistir a la representación de una ópera ahí es una experiencia muy chula. Yo os recomiendo que si vais a Paris hagáis lo posible por asistir a una representación, es lo mismo lo qué sea, ya que con un poco de tiempo y por Internet se pueden conseguir entradas no muy caras. Es mucho mejor que la visita guiada que ofrecen.

Marie Antoinette, en plan sencillo, merendando en el intermedio
Marie Antoinette, en plan sencillo, merendando en el intermedio

La ópera a la que asistimos se llamaba Iphigénie en Tauride y la compuso un señor llamado Christoph Willibald (Ritter von) Gluck, ahí es nada. Este alemán escribió un montón de óperas, la gran mayoría desconocidas para el gran público actual, pero con algunas arias excelentes. Su labor en el mundo de la música fue simplificar la ópera, principalmente la llamada tragédie lyrique de Lully, restándole los cargados adornos que se habían ido añadiendo, minimizando ballets y recitativos. En el caso de la ópera a la que asistimos en Paris se trata de la segunda obra dedicada a la desdichada Iphigenia. La ópera está basada en la obra de Eurípides, Ifigenia en Táuride y en ella se cuentan historias de la familia de Agamenón con posterioridad a la guerra de Troya. Ifigenia era hija de Agamenón y Clitemnestra y hermana de Orestes, Electra y Crisotemis. Esta familia, por cierto, ha dado para unas cuantas óperas a lo largo de la historia.

El argumento de esta ópera en cuatro actos, estrenada en la Ópera de Paris el 18 de mayo de 1779, es el siguiente. Resulta que la pobre Ifi lleva muchos años en Tauride dedicándose al sacerdocio en el Templo de Artemisa (Diana), desde que esta diosa decidió salvarla de ser sacrificada por su padre Agamenón con el fin de que su flota llegase a Troya. Hay que ser cabrón y mal padre. En fin, que sin decir nada a nadie, la lleva a este templo en donde, para aplacar la furia de los dioses cabreados porque no había sido sacrificada, su labor va a consistir en sacrificar al primer ser humano que aparezca por allí. A lo que vamos. Después de muchos años, su hermano Orestes, después de matar a su madre tras haberla pillado en la cama con otro que no era su padre (vaya familia…) naufraga en la costa de Tauride acompañado de su amigo Pílades (puta coincidencia, oye). Así que son capturados y llevados delante de la sacerdotisa quien, sin reconocer a su hermano, decide salvar a uno de los dos. Pregunta por su familia a los dos náufragos llegados desde Micenas y le cuentan que ya solo vive su hermana Electra y le engañan haciéndole creer que Orestes también ha muerto. En fin, que sea como fuere, decide salvar a Orestes, pero este cede su puesto a su amigo Pílades, que ya se sabe que la amistad en tiempos de los griegos era muy estrecha. Así que cuando Ifigenia está a punto de matar a Orestes, este le dice su nombre y se reconocen. Pero claro, los tauros no se quedan nada contentos, pues ellos han prometido un sacrificio a los dioses y si no lo hacen seguro que cae sobre ellos un torrente de desgracias. Así que los apresan y deciden matarlos a los dos. Pero en el último momento Pílades, el amigo de Orestes, que ya se había ido después de que lo liberasen, llega con un potente ejército y con ayuda de Artemisa libera a los dos hermanos. Y así regresan a Micenas con Orestes como rey. Y punto final.

Y ahí estábamos, en el palco, detrás de una madame que me miró un poco raro cuando escuchó el primer ronquido de mi amigo, que se había tumbado a echar una siesta en el chaise longue ( es lo que tiene merendar cerveza tan alegremente). La escenografía de la ópera era bastante moderna y había dado de qué hablar (según leí después) porque había varias escenas con actores y coristas desnudos por el escenario (fui testigo). Y así, en el segundo acto, después de que Orestes, sin reconocer a su hermana, le cuenta el estado de su familia, esta canta un aria con coro que pone los pelos de punta, O malheureuse Iphigénie! En ella se lamenta de su desdicha.

IPHIGÉNIE / IFIGENIA

Ô malheureuse Iphigénie! / ¡Oh, desgraciada Ifigenia!

Ta famille est anéantie! / ¡Tu familia está aniquilada!

Vous n’avez plus de rois, je n’ai plus de parents. / Ya no tenéis reyes, ya no tengo padres.

Mêlez vos cris plaintifs à mes gémissements. / ¡Mezclad vuestros sollozos con mis lamentos!

CHOEUR DES PRÊTRESSES / CORO DE SACERDOTISAS

Mêlons nos cris plaintifs à ses gémissements. / ¡Mezclemos nuestros sollozos con sus lamentos!

Aquí tenéis a la pobre Ifi cantando su desdicha, en una puesta en escena, cuanto menos, llamativa:

Tras esta maravilla llegó el intermedio y nos fuimos con nuestros sandwiches a uno de los balcones del gran salón, mientras otra gente merendaba, igualmente, bocadillos, tartas, acompañados, si se quería, con una copa de champagne. Nosotros como ya habíamos tenido suficiente champagne nos dedicamos a la cerveza que nos habíamos llevado. Ni qué decir tiene que hacer esta merienda-cena en ese marco, en un balcón más grande que el comedor de tu casa y con señoras de largos vestidos mezcladas con turistas en bermudas es toda una experiencia. Si lo podéis hacer no os importe el qué dirán, porque todo el mundo hace lo mismo. En fin, que al final de la ópera tuvimos tiempo de fijarnos más detalladamente en la cúpula pintada por Marc Chagall en 1960, en subir y bajar las grandes escaleras, en hacer un rato de Marie Antoinette y en disfrutar de de esa tarde-noche de ópera, siesta, merienda-cena y un aria bellamente cantada por la desgraciada de Iphigénie.

Por cierto, antes de pasar a las diferentes versiones existentes, quiero comentar que Gluck era muy dado al reciclaje propio y, como en muchas otras obras suyas, este aria tiene como base un aria anterior. En este caso, el aria de Iphigénie en Tauride es casi igual a un aria de su ópera La clemenza di Tito, Se mai senti spirarti sul volto. Os pondré una versión de ese aria en la lista de Spotify.

Entre las versiones completas de esta ópera hay tres de referencia. La primera de 1985 dirigida por John Eliot Gardiner, con Diana Montague como Iphigénie. La segunda, de 1957, en una célebre producción de Visconti para la Scala, con Nino Sanzogno dirigiendo, nada más y nada menos, que a Maria Callas en el papel de la desdichada sacerdotisa. Y la tercera es una versión de 2001 con Marc Minkowski dirigiendo a Les Musiciens du Louvre y Mireille Delunsch como protagonista. Hago referencia, también, a una producción dirigida por Minkowski, con Veronique Gens en el papel de Iphigénie grabada en DVD. Del aria original de La clemneza di Tito os recomiendo un álbum de Cecilia Bartoli dedicado a arias de Gluck. Una delicia.

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Y finalmente la lista de Spotify que espero que disfrutéis. Para echar una siesta, como mi amigo, o mientras os tomáis un sandwich acompañado de champagne o cerveza.

https://open.spotify.com/user/1111910413/playlist/3yrsaQj43CPG6tDgiGUA2g&theme=white

¿oyes al pueblo cantar?

Pues mira que estaba a punto de meterme en la cama y me voy a ir más revolucionado que otra cosa. Me ha dado por ahí. Será la víspera del Aberri Eguna. Un musical, ni más ni menos, una revolución, una de tantas, esta vez sofocada por el poder establecido. 1832, París, 1980, París, una revolución, un musical. Ya ves. Y entre las maravillas que se escuchan en ese musical, una canción de lucha, Do you hear the people sing?, ¿Oyes al pueblo cantar? Porque, aunque a veces se pierda, si el pueblo canta, al final vencerá. Por cierto, imprescindible la novela de Victor Hugo. De ahí al musical, nunca al revés. Por favor.

¿Más allá de la barricada hay un mundo que anhelamos ver?
Entonces, únete a la lucha. Eso te dará el derecho de ser libre.

Do you hear the people sing
Singing the song of angry men
It is the music of a people
Who will not be slaves again
When the beating of your heart
Echoes the beating of the drums
There is a life about to start
When tomorrow comes
Will you join in our crusade
Who will be strong and stand with me
Beyond the barricade
Is there a world you long to see
Then join in the fight
That will give you the right to be free
Do you hear the people sing
Singing the song of angry men
It is the music of a people
Who will not be slaves again
When the beating of your heart
Echoes the beating of the drums
There is a life about to start
When tomorrow comes
Will you give all you can give
So that our banner may advance
Some will fall and some will live
Will you stand up and take your chance
The blood of the martyrs
Will water the meadows of France
Do you hear the people sing
Singing the song of angry men
It is the music of a people
Who will not be slaves again
When the beating of your heart
Echoes the beating of the drums
There is a life about to start
When tomorrow comes

confianza absoluta

He intentado no mirar demasiado al calendario últimamente. Observar el paso de las hojas del tiempo me produce más ansiedad que otra cosa. No porque no asuma ese transcurrir natural, ni me produzca mayor revuelo sentir en persona que el tiempo avanza, que uno se va haciendo mayor y que nos queda todavía mucho por hacer. No es eso. Personalmente intento vivir lo mejor que puedo el momento presente, las tareas que, con mayor o menor dificultad, vamos sacando adelante. Intento no pararme mucho en esa reflexión temporal porque es en ese momento cuando soy totalmente consciente de las cosas que han ocurrido en estos últimos años.

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Hoy, leyendo en Gara una crónica sobre el tiempo transcurrido mientras Arnaldo ha estado prisionero, no he tenido más remedio que pararme a pensar en ello. Reconozco que no es la primera vez que lo hago en estos más de seis años en los que el militante de Elgoibar ha estado entre muros carcelarios, lejos de Euskal Herria, como cientos de militantes vascos a lo largo de décadas de dispersión. En estos seis años he visto salir a unos cuantos amigos de la cárcel. Pero era siempre una salida por sorpresa, casi sin anunciar y cuando Oier, Amaia, Eneko, Alberto, Maider, Egoi o Garazi, entre otros, salían de la prisión, no me quedaba otra que echar marcha atrás en los recuerdos y asumir el tiempo pasado y lo ocurrido en ese espacio temporal. Cuando un preso y presa sale de la prisión constatamos que ese tiempo ha transcurrido sin su presencia física en la calle, que las cosas han cambiado, algunas de manera imperceptible para quienes hemos seguido la vida en nuestros pueblos, barrios y ciudades. Pero siempre, otra de las constataciones ha sido la de que esa persona presa ha estado, de una u otra manera, totalmente ligada al camino que en su barrio, pueblo o ciudad se iba haciendo. Ese es el gran fracaso de la política penitenciaria basada en la dispersión. Nunca, jamás, un preso o una presa ha salido sin tener idea de en qué momento social y político nos encontrábamos en Euskal Herria. Es más, muchas de esos y esas militantes encarceladas han salido con una perspectiva necesaria en el debate que como Pueblo llevamos a cabo y que solo la distancia obligada de los muros del presidio pueden ofrecer.

El martes sale Arnaldo, tras más de seis años encarcelado y alejado de su tierra, que no de su Pueblo. Y es inevitable echar la vista atrás para darte cuenta de los cambios que hemos tenido en nuestras vidas y en nuestro Pueblo. Cuando encarcelaron a Arnaldo la Izquierda Abertzale se encontraba ilegalizada, en Iruñea a los concejales independentistas, Mariné Pueyo y Mikel Gastesi, la alcaldesa Barcina les había quitado hasta el despacho y realizaban sus labores municipales para las que fueron elegidos en una mesa de la sala de fotocopias de los grupos municipales. Los olentzeros eran perseguidos con saña por el Régimen del cortijo, con Santamaría a la cabeza, como cabeza visible de una obsesiva política anti-ciudadana. El euskera en Iruñea resistía y se defendía, a duras penas, de los ataques que venían del propio ayuntamiento, un ayuntamiento que tenía las puertas cerradas a cal y canto a todo aquél que no comulgase con los principios del Régimen. En la todavía existente CAN, los sobre sueldos se repartían a mansalva y los viajes en helicóptero por París eran algo normal. Iruñea era una ciudad gobernada por los señores y señoras grises y tristes, con un movimiento  ciudadano diverso y comprometido que seguía debatiendo, trabajando y construyendo, a pesar de los pesares.

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El martes, cuando Arnaldo salga a la calle, los cambios serán más que visibles. Y en medio de esa celebración tendremos que celebrar también que la vida a transcurrido, que el avance ha sido constante y que seguimos construyendo y debatiendo. Los concejales soberanistas, de EH Bildu, forman parte de un gobierno municipal junto con otros tres grupos políticos, y el Alcalde de Iruñea es Joseba Asiron, de EH Bildu. Mariné sigue debatiendo y aportando desde su experiencia militante y Mikel es alcalde de su pueblo. La fotocopiadora sigue funcionando, pero todos los grupos tienen su despacho. UPN, por ejemplo, ocupa el suyo y el que anteriormente ocupaba Aralar. En este ayuntamiento todos los grupos tienen facilidades para trabajar y sobre todo información de primera mano. Ese ha sido un gran avance. El ayuntamiento trabaja codo con codo para facilitar cualquier actividad cultural y social en los barrios y este año el Olentzero de Iruñea fue recibido por el propio Alcalde y corporación. Incluso un pleno tuvo un receso para que la corporación bajase a recibir a los coros de Santa Ageda. Se van a abrir dos nuevas escuelas infantiles en euskera, asumiendo la histórica reivindicación y los grupos de Euskalgintza siguen avanzando, colaborando con el propio ayuntamiento. Hoy en día el ayuntamiento mantiene sus puertas abiertas de par en par a todo aquél que quiera hablar, preguntar y hacer su aportación. Incluso las comisiones se han abierto para que los colectivos y ciudadanía puedan exponer cualquier caso ante los miembros de la corporación. Da lo mismo cuál sea el tema y si están de acuerdo con el cambio o no. La CAN se la cargaron hace tiempo, los sobre sueldo fueron conocidos por la opinión pública y aunque no hubo siquiera juicio por aquello, la ciudadanía les condenó irremediablemente por su falta de ética. Los cambios en este tiempo no siempre han ido a mejor. Uno de aquellos que se dedicaba a organizar los vuelos en helicóptero a costa de los clientes de la CAN es hoy diputado en Madrid. Pero el gran cambio es que los señores grises y tristes ya no gobiernan ni utilizan el ayuntamiento a su antojo para sus actividades partidistas como si aquello fuera un cortijo particular. Hoy el Ayuntamiento de Iruñea está gestionado por gente que tiene una gran sonrisa en su rostro y que están haciendo realidad la proclama que Arnaldo hizo desde la cárcel: “Sonreíd, porque vamos a ganar”. Iruñea ha cambiado y eso se nota en la calle y en las sonrisas que ves por ahí.

SS01. ELGOIBAR (GUIPÚZCOA), 06/09/08.- El ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi, durante el acto de su recibimiento celebrado en la plaza de la localidad guipuzcoana de Elgoibar. EFE/Javier Etxezarreta ESPAÑA-OTEGI-HOMENAJE

La excarcelación de Arnaldo me produce total confianza, porque sale un dirigente cualificado, porque sale un pensador, pero sobre todo porque sale un militante que va a seguir aportando, como lo ha hecho siempre, ahora desde la calle, de nuevo, en el debate de la Izquierda Abertzale y en el camino que todavía nos falta por hacer a este Pueblo. Confianza absoluta porque su excarcelación, estoy seguro, es la imagen de otras cuatrocientas salidas de las cárceles que todavía quedan por producirse y que con el empeño de toda la sociedad continuaremos consiguiendo. En esos días tendremos que volver a parar en el trabajo del día a día para tomar conciencia del camino avanzado y de los cambios producidos.

¡Sonreíd, porque vamos a ganar! Euskal presoak etxera!