extraordinaria

Los ternerillos y los marranos la recibieron a la entrada y tu tía les hizo mucha fiesta y les tiró de las orejas, y aunque no hizo ningún comentario al respecto tú sabías que tu madre consideraba aquello el colmo del sentimentalismo.

Paseando el otro día entre las estanterías de Walden, una de mis librerías de cabecera, me topé con una novela de una escritora irlandesa editada por Errata Naturae. El simple hecho de que esta editorial la hubiese publicado, me dio la confianza necesaria para estudiar la sobrecubierta. Que la autora, Edna O’Brien, sea irlandesa añadió interés en el libro y que la novela transcurra en un ambiente rural entre las décadas de los años 30 y 40 del pasado siglo, terminó por empujarme a comprarlo. Dani, el librero, me señaló que la autora tenía varias obras publicadas por la editorial de Irene Antón y Rubén Hernández y pensé que cómo podía ser que no le hubiese hecho caso. En fin, que Un lugar pagano ha sido mi bautizo con la escritora de Tuamgraney que describe con tanta exactitud y humor eso que denominamos el alma irlandesa.

Ireland-road-tip

La novela, con pasajes autobiográficos, está narrada como una conversación de la protagonista consigo misma. Con increíble profusión de detalles, pero con una escritura aparentemente ligera, la protagonista va desgranando recuerdos de su infancia en un pueblo del interior de Irlanda en los años 30, con la encantadora belleza del paisaje, con las costumbres rurales de aquel tiempo, con un desfile de personajes espectaculares, desde el médico a la profesora, pasando por las amigas de la escuela. Pero la perfecta descripción es la de su propia casa, con un padre aficionado a la bebida y violento con su mujer, con una madre sostén de la casa que no tiene tiempo para cariños con su hija. Los quehaceres diarios, el cuidado de las vacas, la hermana que vive en la ciudad y todo ello envuelto en la asfixia del poder de la Iglesia católica en aquella Irlanda inculta en el que la mujer tenía un papel dentro de casa, siempre a la sombra del hombre, y fuera de casa, siempre a la sombra del cura. Es ingenioso cómo utiliza la voz narradora para describir sus pensamientos, de una manera absolutamente natural. El descubrimiento de la vida, el crecimiento, la pubertad y la adolescencia, son el tema de esta novela extraordinaria que va desarrollándose con un hilo conductor de religión, vida social en un pueblo, sexualidad y familia.

Ha sido un descubrimiento maravilloso la primera novela de O’Brien que me ha abierto las puertas para ir leyendo el resto de su obra. Estoy impaciente. Desde hoy, me declaro completamente o’brieniano.

Una novela para quienes han olvidado su niñez, para quienes reivindicamos el rescate de la memoria colectiva de la mujer, para quienes, a pesar de todo, aman la verde Éire, para los que no han descubierto todavía el encanto de Irlanda, para quienes son capaces de emocionarse con los mil detalles de los recuerdos de la infancia y para quienes viven en continua contradicción.

recuerdo

image by Julia Revitt

Cada cual tenemos recuerdos diferentes de una misma persona. Depende del momento, de la situación y sobre todo de la intensidad con que lo vives. Ayer murió el tío Javier, marido de la hermana de mi abuela Pilar. Y alguno dirá que bueno, que no es tan cercano. La cercanía no se vive en grados de parentesco, por lo menos no en nuestra familia. Los hermanos y hermanas de la abuelita Pilar han estado siempre ahí, en un estado intermedio entre la abuela y abuelo y las tías y tíos. Eran los tíos y tías de la ama, sí, pero también lo eran míos, de otra manera.

Ayer decía que el recuerdo primero que me viene a la cabeza del tío Javier es su sonrisa casi permanente y la txapela que habitualmente cubría su cabeza. Terco en su vejez, seguía empeñado en conducir de vez en cuando, en visitar el taller de carpintería, en comer con los amigos en la sociedad gastronómica. Igual más que terquedad era vida. Y ayer, sin que pudiésemos creerlo, esa vida se apagó.

El otro recuerdo que se me queda no es propio. Es de una fotografía de alguna celebración familiar en San Miguel de Aralar. En ella se ve a la ama dirigiendo una karrikadantza en la explanada que hay a los pies del santuario, en la entrada a la taberna. Tras ella, agarrado a su mano va un sonriente Javier y detrás la tía Sagrario. Siempre a su lado. Ella de él y él de ella. Ese es el otro recuerdo. Una pareja, unos hijos e hijas y unos nietos y nietas. Una familia. Y el tío, siempre sonriente.

Descansa en paz. Tu trabajo dio sus frutos hace tiempo. Goian bego eta besarkada bat.

elogio de la sombra y paseo por el malecón

El cuerpo humano es sabio, mucho más de lo que a veces pensamos, y está hecho a hábitos, por eso, a pesar de no poner el despertador, tu alarma interna suena a la misma hora de siempre. Esto, unido a que la edad va avanzando y no precisa tantas horas de sueño, hace que me despierte a la misma hora que si fuese a ir al bulego. Son las seis y media, abro el ojo, lo intento cerrar y decido quedarme un rato más. A los diez minutos aceptó que es misión imposible y abro el libro. El buen señor japonés sigue con su elogio a la manera de pensar y vivir en el país nipón. Las sombras, la naturaleza, el tacto, esa cultura milenaria que ha vivido décadas tras la II Guerra Mundial obligada a ser lo que no es. Consecuencias, otras más, de aquellas dos bombas atómicas.

1458301168-el-elogio-de-la-sombra

A las nueve de la mañana había quedado para desayunar con las dos amigas con las que voy a Japón. Un desayuno de lujo: fresas, piña, pan tostado con queso fresco y queso de untar, bizcocho, mantequilla y mermelada casera, todo esto con un buen té. Y mientras, hemos ido dibujando muy por encima el plan de viaje, para ir avanzando en los preparativos. Del aeropuerto de Tokio directos a Kioto, Tokio lo dejaremos por el final y visitaremos también Nara, haremos algún recorrido andando, subiremos el monte Fuji, nos relajaremos en un olsen (baño termal), beberemos té, iremos a un combate de sumo… Y nos sorprenderemos, seguramente, en más ocasiones de las que pensamos.

Si ayer fuimos hacia Lapurdi, hoy tocaba Gipuzkoa, Zarautz, la villa de donde parte de mi familia proviene. Zarautz es para mí verano, pero mucho más que eso. Es otoño, invierno y primavera. Es familia, txakoli con mi abuelo, 325A, pintxos, recuerdos, paseos, botas katiuskas, primeros amores, partidas de cartas, resacas que había que disimular, olas, lectura tranquila, reencuentro, risas, botxas, playa, escapadas, Euskal Jaia, paraguas, txikiteo, amistad, salitre, azoka, euskera, pertenencia… Y más.

Hoy ha sido día de comida, y antes de ella, de vermut con trikitixas de fondo. Luego un menú del día con un buen vino blanco. Paseo por el malecón y observar a los surfistas cogiendo olas, esas olas que tienen la tranquilidad de la primavera y el frío del invierno. Mucha gente paseando por la tarde, una última mirada al Ratón de Getaria y vuelta a Iruñea, con Benito rasgando con su voz coplas antiguas y yo, mientras, aprovechando para los diez minutos de siesta que no había podido echar antes.

Ya en casa aprovecho para terminar ese libro delicioso que os comentaba al principio, estoy, ya sabéis, japonizándome. El elogio de la sombra es la contemplación silenciosa del mundo que le rodea al escritor japonés, un mundo que, poco a poco va desapareciendo. En él relata porqué en Japón ven belleza en las sombras, en la vejez, en la oscuridad o en las paredes de papel. Y es que es en la sombra donde permanece la esencia misma de la belleza. Es ahí donde vas dándote cuenta de la diferencia entre el pensamiento oriental y el occidental. Mientras aquí lo basamos todo en la luminosidad, en el brillo y en la claridad, allí su propio pensamiento y manera de ser, la propia idiosincrasia, consiste en un juego de claroscuros, de imaginar, de ver más allá de lo que se percibe y de hacerlo apreciando el paso de los años, el silencio y la serenidad. Es, desde luego, una exquisitez que, seguramente, quedará cerca de la cama, para releer en esos momentos en los que, a pesar de no haber programado alarma alguna, tu cuerpo ha hecho sonar tu propio despertador.

Qué a gusto. Qué bien.

3 días

Tres días. Ni más, ni menos. Tres días en los que me he sentado sobre el cojín diez minutos por la mañana y otros diez minutos por la tarde. Diez minutos en los que he intentado estar presente acompañando mi respiración. Diez minutos en los que iba al ritmo de inspiraciones y expiraciones. Diez minutos en donde, una y otra vez, surgían ideas, pensamientos, preocupaciones, proyectos, recuerdos. Diez minutos en donde mi mente parecía trabajar más que nunca. Y dejaba ir esas ideas para volver al ritmo de mi respiración para poco después aparecer otro pensamiento y de nuevo darme cuenta que tenía que volver a la respiración.

Y a pesar de todo, tras estos tres días de búsqueda, de ese pequeño periodo de silencio para acompañar mi respiración, tras estos tres días en donde mi cabeza se empeñaba en evadirse de ese ejercicio, mi mente, mi ser, todo yo, empiezo a notar una serenidad como pocas veces he sentido. Incluso puedo decir que he tomado decisiones ayudado de una claridad asombrosa.

Solo tres días. A pesar de todo, tres maravillosos días.

tumblr_nlumkkEoBF1qgnp30o1_500