la belleza en el espacio

Entre las músicas que el pasado 1 de enero escuchamos desde la Sala Dorada del Musikverein de Viena, una de las más conocidas, con permiso de Radezky, es, sin dudas, el vals de Johann Strauss hijo titulado El bello Danubio azul. Esta obra fue una de las que el genial director, Stanley Kubrick, incorporó en 1968 a su película 2001, una odisea en el espacio.

Veamos. Esta película está considerada como de culto en el género de la ciencia ficción y marcó un antes y un después en los efectos especiales, su vanguardista uso de la imagen y por la utilización de música clásica en sus escenas (algo que Kubrick hizo en todas sus películas). Cuenta la historia de un equipo de astronautas, que trata de seguir las señales acústicas emitidas por un extraño monolito hallado en la Luna y que parece ser obra de una civilización extraterrestre. Está dividida en diferentes capítulos que comienza por el amanecer del “hombre”, la misión a la Luna, misión a Júpiter y termina con una visión del infinito.

La música de la película está compuesta por obras de Richard Strauss, Johann Strauss (hijo) o György Ligeti, si bien el afamado compositor de bandas sonoras, Alex North realizó una partitura para la la película que fue rechazada por el director. Esta banda sonora salió a la luz de la mano de Jerry Goldsmith 25 años después.

La escena del vals de Strauss pertenece a la segunda parte, la del viaje a la Luna y en ella se ve al transborador espacial haciendo la maniobra de aproximación a una estación espacial de forma circular. Toda esta maniobra se hace al ritmo del conocido vals vienés. Allá vamos:

Y ahora vamos con la obra de Strauss, un vals que, quien más, quien menos, conoce y con el que, a buen seguro, casi todo el mundo nos hemos balanceado siquiera.

El bello Danubio azul, con título original en alemán An der schönen blauen Donau, op. 314, es un vals de Johann Strauss hijo compuesto en 1867. El origen de este vals es curioso, ya que fue compuesto para ser cantado por un coro de hombres en Carnaval. El caso es que un tipo, comisario de policía para más inri, le puso la letra que, parece ser, por sus implicaciones políticas (no estaba el horno para bollos) no gustó en absoluto y originó que el vals pasase bastante de puntillas en su estreno. Unos meses más tarde, en la Exposición Universal de París, Strauss volvió a dirigir el vals, esta vez sin letra, obteniendo un gran éxito y convirtiéndose en muy poco tiempo en el vals más conocido del compositor. Unas semanas después se imprimieron un millón de copias, algo exageradísimo para la época, de la partitura que se distribuyeron por todo el mundo. Franz von Gernerth escribió una nueva letra, se hicieron varias traducciones inglesas, una de ellas por Charles Dunn, y el compositor Wekerlin lo adaptó para una sola voz con letra de Jules Barbier. La obra, por sus reminiscencias vienesas, se ha convertido en una especie de segundo himno de Austria.

Entre las grabaciones, que obviamente son del Concierto de Año Nuevo, me quedo con dos. La primera dirigida en 2003 por el inigualable Nikolaus Harnoncourt, que consiguió extraer unos matices y detalles asombrosos. La segunda es, cómo no, la versión que el endiosado Herbert von Karajan, dirigió en el concierto de 1987.

Y ya que estamos hablando de una obra del concierto de Año Nuevo vienés, os dejo diez curiosidades del mismo. Por cierto, el concierto de este año, dirigido por el letón Mariss Jansons, ha sido uno de los mejores de los últimos años.

  1. El primer concierto de Año Nuevo fue, paradójicamente, un 31 de diciembre de 1939, aunque desde 1941 se celebra el 1 de enero.
  2. Muy poca gente sabe que el concierto se puede ver antes del 1 de enero en dos ocasiones: el día 30, en el ensayo general y el 31 en el concierto de San Silvestre.
  3. Las entradas se sortean (algunas se reservan) y para participar en el sorteo hay que inscribirse en la página de la Filarmónica entre el 2 de enero y el 29 de febrero. Las entradas oscilan entre los 35 y los 1.090 euros.
  4. El concierto se celebra siempre en la Sala Dorada del Musikverein, edificio de 1870, sede de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena. La sala Dorada tiene una de las mejores acústicas del mundo.
  5. La Wiener Philharmoniker fue creada en 1842, es altamente conservadora y la primera mujer en formar parte de ella fue la arpista Anna Lelkes en 1997. Actualmente 10 mujeres son parte de la orquesta y el 1 de enero pudimos ver a siete de ellas.
  6. Desde 1933 esta orquesta carece de director principal y lo que hacen es invitar (para el concierto de Año Nuevo y para cualquier otro que ofrezcan) al mejor director que consideran para la obra que quieren interpretar.
  7. Curiosamente el concierto tuvo directores estables en sus inicios (Clemens Krauss, Willi Boskovsky y Lorin Maazel) y desde 1987 se invita a un director diferente cada año. Esta práctica la inauguró Herbert von Karajan ese año y, entre otros, han dirigido el concierto Claudio Abbado, Carlos Kleiber, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Nikolaus Harnoncourt, Seiji Ozawa, Mariss Jansons, Georges Prêtre, Daniel Barenboim y Franz Welser-Möst. Algunos de ellos han repetido, como es el caso de Mariss Jansons en el de este año. Para el concierto de 2017 se ha anunciado que será el venezolano Gustavo Dudamel que, a sus 34 años, se convertirá en el director más joven de la historia de este concierto.
  8. Los compositores principales que suenan en el concierto son, desde luego toda la saga Strauss (Johann hijo, sus hermanos Josef y Eduard y Johann padre), así como compositores de operetas como Joseph Lanner, Otto Nicolai o Franz von Suppé. Excepcionalmente suenan obras de otros compositores en una especie de homenaje por alguna efeméride del año entrante. Entre otros se han escuchado piezas de Mozart en 1991, en 1997 de Schubert, en 2009 de Haydn, en 2013 Verdi y Wagner o en 2014 de Richard Strauss.
  9. Aparte de la orquesta en ocasiones (como este año) actúan también el Coro de los Niños Cantores de Viena o alguna soprano, como Kathleen Battle en 1987. El Ballet de la Ópera Estatal de Viena se encarga de los números de danza en algunas piezas, entre otras, El bello Danubio azul.
  10. Las propinas que suenan en este concierto son, desde 1958, tres. La primera una polka rápida (a elección del director de turno), seguida del vals El bello Danubio azul, para finalizar con la Marcha Radezky. Tradicionalmente en la interpretación del vals, tras los primeros compases, el director para a la orquesta y se dirige al público en un perfecto alemán diciendo: “La Filarmónica de Viena y yo les deseamos”; a lo que se une la orquesta: “Feliz año nuevo”. En cuanto a la costumbre de llevar las palmas en la Marcha Radezky, parece ser que en un principio el público vienés llevaba el ritmo un poco como le daba la gana y fue Willi Boskovsky en los sesenta el primer director que decidió dirigir las palmas que sonaban. La tradición adquirió carta de naturaleza definitiva cuando hasta el mismísimo Herbert von Karajan se volvió al público en 1987 para dirigirlo.

Os dejo con la interpretación del año 1987, dirigida por Karajan…

!Ah si! URTE BERRI ON! ¡FELIZ AÑO NUEVO! QUE ESTE 2016 SEA PLENO DE FELICIDAD PARA TODO EL MUNDO. PAZ, SALUD Y LIBERTAD PARA TODOS Y TODAS.

cabagalta imperialista

La de hoy es una de esas escenas que forman parte ya de la historia del cine y, desde luego, una muestra de maestría en la utilización de la música para acompañar un relato. Con vosotras y vosotros, el ataque de los helicópteros yankies a un poblado vietnamita, de la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, acompañado de música wagneriana.

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La película fue rodada en 1979, basada en una novela de Joseph Conrad, pero cambiando la acción de África a la guerra de Vietnam. Cuenta la historia de un soldado yankie que tiene que ir a Vietnam a matar a otro militar americano que molesta al gobierno USA. El caso es que entre drogas y drogas, alucinaciones varias y demás, se va convirtiendo, poco a poco, en la imagen del compatriota al que tiene que matar. Ganó dos oscars y la Palma de Oro del festival de Cannes de ese año.

La muy famosa escena de hoy es la de los helicópteros del Noveno batallón de la Primera División de Caballería (Aerotransportada) bombardeando el poblado vietnamita, todo ello ambientado con música de Wagner. La música en cuestión, es parte de la ópera La valquiria, Die Walküre, WWV 86B, y se trata de la Cabalgata de las valquirias. Parece ser que Coppola cogió la idea de la Alemania nazi, ya que en los audiovisuales de la Luftwaffe, para instrucción de los cadetes, se utilizaba también, como aliciente. En la escena se ve como, en un momento, ponen la música desde los altavoces de uno de los helicópteros para “animar” al batallón. Esta es la escena. No tiene muy buena imagen, pero no he podido encontrar la escena completa con mejor calidad:

Die Walküre es una ópera en tres actos con música y libreto en alemán de Richard Wagner, la segunda de las cuatro óperas que componen el ciclo de El anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen), y la que se representa más asiduamente, incluso separada del ciclo completo. Se estrenó en Munich el 26 de junio de 1870. El fragmento más conocido de esta ópera es, sin duda, la Cabalgata de las valquirias, que es la introducción al tercer y último acto, describiendo a las guerreras semidiosas. Os dejo con una representación del mismo:

En cuanto a las grabaciones de la misma, por un lado, grabación completa del ciclo Der Ring des Nibelungen (El Anillo del Nibelungo), la de Barenboim para Warner en 1993-1994 es espectacular y de la ópera suelta, Die walküre, del ciclo de Solti para Decca en 1965, recientemente reeditada en 2013 y la de Thielemann para el Festival de Bayreuth, editada por el sello Opus Arte, en 2010, son magníficas.

cuarteto germano

La escena de hoy no es de ninguna película, si no de una serie norteamericana. Se trata de Hermanos de sangre (Band of brothers) una serie coproducida por Spielberg y Hanks y basada en la novela homónima de Ambrose. La serie consta de 11 capítulos y cuenta la historia de la Compañía de paracaidistas Easy, del ejército USA, durante la II Guerra Mundial, sobre todo tras el Desembarco de Normandía. La serie, a pesar de ser norteamericana, está espectacularmente bien ambientada e incluso introduce elementos (eso sí, muy marginales) para indicar que aquello no fue como una peli de indios y vaqueros, con unos vaqueros buenos-buenísimos y unos indios malos-malísimos.

La escena que traigo hoy es parte del capítulo noveno, quizás el capítulo más difícil de toda la serie. El capítulo empieza y termina con esta escena en donde, en un pueblo de la Alemania arrasada por el ejército aliado, se ve a cuatro ciudadanos alemanes tocando un cuarteto, mientras sus paisanos se dedican a recoger las pocas pertenencias que han quedado servibles tras la entrada aliada y la retirada nazi. Es en este capítulo, por cierto, donde asistimos al descubrimiento de un campo de concentración, una escena terriblemente dura. La escena de la entrada, como digo, se desarrolla en mitad de un pueblo alemán destruido, con los ciudadanos sollozando, arrastrando su pesar entre las calles mientras recogen alguna pertenencia. Pocas veces somos testigos de esta consecuencia de la victoria aliada en la II Guerra Mundial. Consecuencia, como siempre, pagada por la población civil. La música que suena es de Ludwig van Beethoven y se trata del Cuarteto para cuerda, Nº 14, en Do sostenido menor, Opus 131. Esta es la escena. En mitad de la composición hay un fundido ya que el cuarteto suena justo al principio y al final del episodio. El deje melancólico de la melodía casa, perfectamente, con la imagen de derrota.

El cuarteto fue compuesto por Beethoven hacia 1826 y está dedicado al Barón Joseph von Stutterheim. Forma parte de los llamados cuartetos tardíos ya que fueron compuestos mucho más tarde que los primeros y sobre todo porque no responden a ningún orden ni planificación. Hay partes casi esquizofrénicas, otras de una duración interminable y otras demasiado extremas. Y es que cuando el genial compositor los compuso su nivel de sordera era tal que, seguramente, su introspección era ya muy aguda, importándole un pimiento lo que pensasen los demás de él. Según Beethoven, su mejor cuarteto de todos estos es el Opus 131, que consta de siete movimientos, de los cuales, el sexto, Adagio quasi un poco andante, es el que suena en la serie. Un movimiento precioso, un poco melancólico, que dicen es una antigua canción francesa y que dura, por cierto, la mitad de lo que suena en la serie. Richard Wagner dijo de este movimiento que era “una corta y oscura meditación, como si se sumergiera en el profundo sueño de su alma“. Os dejo con una interpretación extraordinaria del cuarteto, en concierto, por el American String Quartet.

En cuanto a las grabaciones, sin duda, la mejor de estos cuartetos completos es la del Cuarteto Takács, grabada para Decca en 2003-2004. En cuanto al cuarteto Opus 131, me pone mucho la grabación que hizo el Tokyo String Quartet, para Harmonia Mundi, en 2010.