abrazos

En el bulego tuvimos una temporada en el que todos los días, al llegar a trabajar, nos íbamos abrazando todos los compañeros. Esta costumbre, que desgraciadamente ha ido decayendo, al principio se hacía rara, extraña y en un primer momento, incluso, chocante. Y después de unos días hubo alguien que me explicó el porqué de esa costumbre:

  • Mira Dani, con alguien que te abrazas todos los días, luego, cuando tienes que decirle que no estás de acuerdo con algo que ha hecho en el trabajo, o incluso cuando te enfadas con algún compañero o compañera por algo del trabajo, tienes la certeza que no te lo dice por joderte, si no por ayudar.

Hoy 6 de julio, en cuanto estalle el txupinazo, la jornada se convertirá en un reparto de abrazos y besos y conforme pase el día y las cervezas ingeridas el ritmo se acelerará. Lo interesante de los abrazos de esta fecha es que son abrazos y besos sinceros, con cariño, envueltos en emoción. Son abrazos que recuerdan a quienes no están ya entre nosotras y nosotros para disfrutar de las fiestas, abrazos que mantienen la memoria de quienes han sido forzosamente alejados de su tierra por cárceles y por crisis económicas, besos sabrosos en euskera y arrumacos cariñosos de amistad. Son abrazos y besos que respetan el espacio vital de cada cual y gritan con todas sus fuerzas que NO es NO y que en esta pequeña ciudad no admitimos ningún tipo de agresión sexista, machista ni homófoba. Son abrazos de recibimiento a todas las personas que vienen a disfrutar de las fiestas. Incluso son besos y abrazos del descubrimiento del de enfrente, de esa mirada furtiva que abre las puertas a un momento de pasión. Son abrazos festivos que no olvidan el día a día.

¡Ojalá estos abrazos de alegría festiva se conviertan en abrazos comprometidos, luchadores, responsables, respetuosos y solidarios el resto del año!

Jai zoriontsuak pasa eta gora Sanferminak!

convivencia y sanfermines

A tres semanas escasas del comienzo de los Sanfermines, los preparativos de las fiestas dan sus últimas puntadas. La fisonomía de la propia ciudad empieza a cambiar, el ritmo se eleva, son todavía muchas cosas que preparar y el tiempo se echa encima. Las diferentes programaciones están finalizadas y como nunca llueve a gusto de todo el mundo, las críticas, necesarias, llegan por diferentes lugares. Bienvenidas sean, sobre todo si son para aportar y construir.

Si en algo se ha caracterizado este curso ha sido en que ha sido un tiempo de poner bases, de emprender, de coordinar, de reflexionar y de debatir. Y ha sido un año de empezar a visualizar algunos cambios, los más vistosos los que se han producido en el propio concepto de ciudad. Hemos pasado de ser una ciudad que algunos querían con enfrentamientos y ciudadanía de primera y segunda, a ser una ciudad donde la diversidad es un valor y una riqueza que hay que proteger y promocionar. Hemos pasado de un Ayuntamiento utilizado como chiringuito, a un Ayuntamiento que escucha, dialoga, habla y gestiona para todo el mundo.

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Entre los debates de este curso, se ha dado el del modelo de fiestas de Iruñea. Han sido varios los colectivos y agentes de la ciudad los que han trabajado en torno a este debate, tantas veces ninguneado por UPN y compañía. El modelo de fiestas es algo que hay que repensar y adecuar al siglo XXI. Ni Iruñea es la ciudad de hace veinte años, ni la sociedad es la misma, ni el papel de la administración y de los agentes sociales es el mismo. Y no es un debate cualquiera. Algunas personas llevamos años diciendo que es un debate mucho más de fondo que el tipo de fiestas que queremos, ya que, en realidad, de lo que hablamos es del modelo de ciudad. Como digo se ha comenzado el debate y va a continuar, en los colectivos y en el propio Ayuntamiento. Este curso el debate ha tenido unos frutos y no tengo ninguna duda que seguirá dándolos en el curso que viene. Porque es responsabilidad de todas y todos, de la calle y de las instituciones, reflexionar, escuchar, hablar y debatir sobre qué Sanfermines queremos para una Iruñea del siglo XXI.

Hay que hablar de cuál es nuestro papel, el de cada uno y una, de quién y cómo se organizan los actos de fiestas, del propio espacio festivo, de qué medidas vamos a poner en marcha para visibilizar esa diversidad de Iruñea, de cómo respondemos a las necesidades de la gente y joven, de las familias y de las personas mayores. También es vital abordar todo el tema de la paridad y el protagonismo de la mujer en la fiesta, de la necesidad de que nos conciencemos cada una y cada uno de nosotros en denunciar cualquier agresión machista y homófoba, por “ligera” que nos pueda parecer. ¡No hay agresiones ligeras! Hay que hablar sobre la cultura en Sanfermines, abrir espacios al euskera y las diferentes culturas presentes en Iruñea. Es muy importante abrir espacios para la aportación de cualquier vecina y vecino, de los colectivos de la ciudad y también es necesario, diría que inexcusable, abordar en este debate la importancia del respeto a la convivencia, del derecho al ocio y del derecho al descanso. Iruñea, ya lo hemos dicho muchas veces, no puede convertirse, de ninguna manera, en la ciudad donde se puede hacer lo que nos de la gana durante nueve días. No. Ese es el modelo que algunos nos han vendido durante años. En Iruñea, en Sanfermines, al igual que el resto del año, hay algo que es absolutamente necesario respetar: la convivencia entre quienes están de fiesta y quienes están descansando.

Decir esto, hablando de Sanfermines y según en qué zonas es, o por lo menos nos da la sensación de ser, cuanto menos, contradictorio. No lo creo. Como creo que el problema no es exclusivo de nueve días. Es un problema que hay que abordar, y de hecho ya se está haciendo, de una manera completa. Por eso el Ayuntamiento finaliza todos sus actos a las 2.30 de la mañana, porque es una hora “sensata” hablando de fiestas. Y por eso no entiendo la posición de quien dice que las 2.30 son una hora imposible de asumir… en una única plaza. Cuando el Ayuntamiento, este Ayuntamiento, está empeñado en ir solucionando el problema del ruido en Alde Zaharra, ¿por qué hay quien está empeñado en hacer un problema en donde no lo hay?

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Es momento de responsabilidad y de visión de ciudad. No valen las posiciones partidistas, ni mucho menos los intereses particulares y personales. Si los colectivos de Herri Sanferminak han demostrado sensatez y responsabilidad, incluso rebajando el horario en Plaza San Francisco hasta la una de la mañana, ¿por qué hay quien se empeña en negarse a esta solución? ¿En qué fiestas se ha visto que la música acabe a la una de la mañana? Esa es la aportación que los colectivos de Herri Sanferminak hacen a la convivencia en Iruñea. Recojamos esa aportación y sigamos avanzando en la nueva Iruñea del siglo XXI.

El curso que viene será momento de retomar el debate, el festivo, el de la convivencia y el del nuevo modelo de ciudad. Es nuestro momento, por el que hemos luchado tantos años. Aprovechémoslo, con responsabilidad, con altura de miras y con diálogo.

Gora Iruñeko jaiak! Gora San Fermin!

gora Iruñea!

Si a alguien estoy agradecido por todo lo que ha representado en mi vida personal es a Gora Iruñea! y a las compañeras y compañeros que están o han participado en esta larga década en los debates suscitados por la plataforma popular. En esta plataforma pude hacer realidad la idea de que el cambio en los modelos sociales y colectivos empiezan y son posibles desde realidades concretas y de ámbito más reducido. Pude ser consciente de la capacidad de compromiso de muchas personas, en colectivos y en barrios, para, de una manera colectiva, hacer frente a situaciones difíciles y pasar a la propuesta. Todo esto me aportó valores de trabajo, compromiso y sobre todo colectividad que los he intentado tener presentes en otras facetas de mi vida, tanto personales, como de compromiso político y profesionales.

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Pero sobre todo estoy agradecido, mucho, porque gracias a Gora Iruñea! fuimos capaces de salir del ombligo en el que cada colectivo popular estábamos inmersos, tras el desmantelamiento por medio de la represión, que dos dinámicas populares, esenciales en aquellos años, habían sufrido en los años previos y más intensos del Barcinato y la persecución a los movimientos populares: el desalojo del Euskal Jai y la desactivación de la plataforma de barracas políticas de Sanfermines. En aquellos años los diferentes colectivos de la ciudad, de una manera u otra, aguantamos la embestida del Régimen, unos levantando la cabeza más que otros, pero, finalmente, resistiendo, porque ese era el objetivo, resistir el ataque constante y regular contra todo lo que se saliese del pensamiento único impuesto por UPN y acólitos.

Y en esa época de trinchera y aguantar el golpe, afortunadamente, hubo personas que empezaron a mirar más allá de su espacio natural y lo hicieron en el ámbito de las fiestas populares, unas fiestas en los barrios y en toda Iruñea, que estaban siendo, en gran medida, el laboratorio (uno de ellos) de la represión contra el movimiento popular. Legítimamente hubo quien se quedó, o no tuvo más remedio, intentando salvar los trastos y aguantando desde su propio colectivo. Gracias a que hubo gente como esa, también, hoy en día alguno de esos colectivos puede seguir planteando dinámicas constructivas para un nuevo modelo de ciudad.

Y es que ese es el gran valor que tiene el trabajo realizado por Gora Iruñea! en todos estos años. La reivindicación de unas fiestas populares, paritarias, participativas y euskaldunas era y es el objetivo principal de esta plataforma popular. Un objetivo alrededor del cual se unieron en un trabajo en común colectivos de muy diferente procedencia y realidad. Gracias a este trabajo se pudieron poner en marcha dinámicas de colaboración y búsqueda de sinergias de trabajo entre colectivos con objetivos particulares diferentes. Colectivos de la cultura sanferminera como la Federación de Peñas se unieron en el debate con colectivos como el movimiento feminista, los colectivos de euskalgintza trabajaron codo con codo junto a colectivos vecinales, comisiones de fiesta con organizaciones juveniles y personas particulares de una gran diversidad llevaron adelante dinámicas para la defensa, debate y puesta en marcha de un modelo de fiestas para todas y todos, decidido por las vecinas y vecinos y con la convivencia como valor frente a la mercantilización de la fiesta. Y en realidad lo que se estaba haciendo era evidenciar la posibilidad de poner en marcha un nuevo modelo social y de ciudad.

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Yo llegué empezado el proceso. Fueron años absolutamente enriquecedores para mi, en donde conocí y tuve la suerte de trabajar, debatir, a veces discutir, y construir con personas que para mi son referencia en el trabajo comprometido en esta ciudad y para un nuevo modelo social. Ellas y ellos, desde Gora Iruñea! y los propios colectivos y movimientos donde trabajaban y aún muchos lo hacen, fueron quienes empezaron a abrir, también, el camino hacia el cambio, camino que hoy en día seguimos recorriendo. ¡Y es que es tanto lo que todavía tenemos por cambiar colectivamente! Años en donde estar en Gora Iruñea! implicaba que nos acusasen en un Pleno municipal por trabajar por otro modelo de fiestas, años donde comprometerte con esta plataforma llevaba situar nuestras personas en el punto de mira de la represión del Régimen, años en donde te preguntaban por las dinámicas de Gora Iruñea! incluso en la Audiencia Nacional. No, no fueron años fáciles, pero sí que fueron años de crecimiento, de construcción y de aprendizaje personal y colectivo. Otros, mientras tanto, dedicaron esos años a aprovechar la mercantilización de la fiesta sacando provecho personal, organizando espacios y actividades dentro del programa oficial y dando la espalda a las vecinas y vecinos de esta ciudad. Y es que, cada cual se adaptó a aquellas circunstancias como bien pudo.

Hoy es el día en el que Gora Iruñea! ha abierto, ha vuelto a abrir la necesidad, de un trabajo en común con colectivos que hasta ahora no han querido o podido trabajar en torno al modelo festivo. Nuevamente me maravillo con la capacidad de estas personas que, de manera desinteresada, siguen comprometidas por unas fiestas para todas y todos, porque su meta es un modelo social en donde todas y todos estemos, independientemente de nuestras diferencias. Zorionak, una vez más. Y gracias por el trabajo realizado y el que seguís realizando. Hay todavía mucho que cambiar en la fiesta. El cambio llegó al Ayuntamiento, es momento de seguir haciendo realidad, en la práctica, el cambio en la sociedad, tal y como se ha estado haciendo hasta ahora.

Gora Iruñea!

gigantada

Ayer Alde Zaharra era un hervidero de gente y sobre todo, de silletas. Dentro de los actos organizados para festejar el Día Internacional del Autismo había preparada una concentración de alrededor de 120 gigantes de toda Nafarroa que, desde la mañana, hicieron el recorrido por Carlos III hasta la Plaza del Castillo. A eso de la una de la tarde, cuando iba hacia allí, la sensación de estar en un día de Sanfermines, sin ropa de blanco ni pañuelos al cuello, fue creciendo conforme me acercaba. En Estafeta fue, poco a poco, avanzando el Iruñean kantuz que todos los primeros sábados de mes cantan las viejas y antiguas canciones y coplas en euskera. El buen tiempo y el vino y los vermuts, propiciaron un ambientazo con el sonido de las gaitas, de algún txistu y de la txaranga que tocaba con la última comparsa del desfile.

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Y terminado el paso de toda la gigantada por la Estafeta la gente volvió a tomar el centro de la calle despejada ya de silletas, críos, madres y padres, pero con el buen ambiente presente. Y en estas estábamos cuando me encontré con un conocido que iba con su madre y mira por dónde, que la señora en cuestión era la última hija de Pedro Trinidad, aquel legendario portador de los gigantes de Iruñea que, sobre todo, se hizo famoso por su gracia bailando la europea. Tan bueno fue en este cometido el carpintero de oficio que, al morir en 1947, el Ayuntamiento acordó una pensión anual a su familia por valor de 3.000 pesetas. En medio del vermut, con ganas de hablar que estábamos todos, la señora me contó también que en su día, su padre, estando por la Magdalena, vio que unos chavales estaban en apuros en el río y le dijo a uno de los carabineros que se encontraban al cuidado de la ribera del Arga que hiciese algo, que se lanzase a sacarlos de allí o iba a haber alguna tragedia. Y resulta que aquel señor carabinero en concreto le contestó que él poco podía hacer ya que no sabía nadar. Así que el bueno de Trinidad, en mitad de su digestión, se lanzó al agua y sacó a los seis chavales que estaban a media lucha con las aguas del río. Y por eso, el bailador de la europea recibió la Cruz de Beneficiencia por tan heroico salvamento. Eran otros tiempos, sin duda, pero tiempos que conviene no olvidar porque guardan parte de nuestra propia idiosincrasia y manera de ser.

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Y hablando y hablando, llegó la segunda parte de esta señora que, con cierta amargura, me contó que Pedro tenía un hermano, Juanito, que era zapatero, que era un buen hombre que no cobraba los arreglos en los zapatos a la gente necesitada y que su zapatería de la calle del Carmen era un lugar donde esta gente sabía que podía contar con la generosidad de Juanito. Y me dijo, también, que a Juanito cuando bebía sus txikitos se le soltaba la lengua y que de vez en cuando le daba por gritar a la parroquia del bar de turno un “¡Que se muera Franco y Viva la República!” Ahí es nada. No estaban los tiempos para esas sinceridades. Y la hija del portador de la europea me dijo que un día, en verano, su tío Juanito se fue a Donostia a pasar el día y ya nunca se supo nada más de él. Y es que resulta que en esos tiempos a Paca la Culona (mote con el que uno de sus generales llamaba al dictador) le gustaba pasar unos días en la capital guipuzcoana y se puede imaginar cualquiera la cantidad de policías, secretas y matarifes que en esos días se dedicaban a meter su puto morro en cualquier txoko donostiarra y, desde luego, también en las tabernas. Así que la familia piensa que, seguramente, en una de esas rondas txikiteras de Juanito, se le habría soltado la lengua, con tan poca fortuna de hacerlo delante de quien no debía hacerlo. ¿Dónde habría acabado Juanito? La familia preguntó en muchos sitios sin nada de suerte. ¿Aparecerán algún día sus restos en algún paraje cercano a Donostia? ¿O quizás, como me decía el conocido, se lo habrían llevado en barca mar adentro y lo soltaron con unas buenas piedras amarradas a su cuerpo? ¿Qué fue del bueno de Juanito, el zapatero de la gente pobre?

La suerte de muchos Juanitos es todavía una incógnita que, en muchos casos, será difícil que se aclare y no sabremos nunca la verdad, por mucho que la podamos imaginar. En 2016 todavía hay familias que lo único que saben es que un día su familiar salió y ya no volvió nunca más. La victoria fascista se había producido años atrás. Corrían los años 40 y estas desapariciones estaban a la orden del día. Escalofríos. Y memoria. Que nunca se nos olvide lo qué pasó. Por mucho que algunos pretendan pasar página rápidamente. Aún hay personas que siguen buscando a su gente desde la negritud de aquellos tiempos.

anacrónico y machista

Que quede claro, desde el principio, que soy de los que respeto absolutamente las creencias, sensibilidades y opiniones del resto de personas. Creo que esto debe ser la base para cualquier actuación, sobre todo si esta se da en el ámbito institucional.

Hoy el Diario de Cordovilla nos ilustra con la noticia, a media página, de la preparación de la imagen de la Dolorosa para la Semana Santa. Entre esos ritos está el cambiarle el traje que la figura lleva durante el año, para ponerle un vestido más solemne y el velo bordado que lleva cuando la imagen es colocada en el paso procesional. Hasta ahí ninguna objeción, pues cada cual expresa sus creencias, ritos y sentimientos como bien le parece, siempre que estas actuaciones no supongan una imposición a nadie. Hay quien saca una Virgen para dar una vuelta por las calles de Iruñea, hay quien se viste de una manera concreta para sacar a Olentzero, algunos nos ponemos un pañuelo rojo durante 9 días para celebrar las fiestas de Iruñea y otros se disfrazan en carnavales.

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Hasta ahí poco que decir, más allá de compartir esos ritos u observarlos desde la distancia y la reserva. Lo que no me parece normal, ni mucho menos, es que a ese rito de cambiar el vestido a una imagen religiosa tengan que participar concejalas del Ayuntamiento iruindarra. Y digo concejalas porque hasta el año pasado el propio Ayuntamiento cursaba una invitación oficial, exclusivamente, a las ediles mujeres para participar en dicho acto. No es normal que un o una representante institucional de la ciudadanía participe, en calidad de esa representación, en semejante acto. Porque eso es un rito religioso, de una religión concreta, por mucho que la talla de madera sea propiedad del Ayuntamiento. En pleno siglo XXI eso es totalmente anacrónico y desde luego poco entendible. Si a eso le unimos la actitud de que solo las mujeres concejalas pueden participar en dicho número, aparte de anacrónico, se me antoja machista. Que un periódico critique la ausencia de la concejala delegada de Cultura en semejante acto es señal de que algunos, todavía, viven en la Edad Media. Las mujeres y hombres que quieran participar en un acto de esas características lo deberían hacer en calidad de creyentes, o de ciudadanos, pero nunca en calidad de concejalas.

Queda mucho por avanzar en la separación de poderes y en la laicidad de las representaciones institucionales. En ello estamos.

unas fiestas de y por el pueblo, desde el principio

Iruñea es una ciudad que, en gran parte, mueve sus fichas a través de las emociones. Sus fichas populares y a veces también las políticas. Esto, que no tiene porqué ser malo, en ocasiones nos impide ver el bosque que existe tras el árbol que insistentemente señalamos una y otra vez. El betún de Baltasar no es si no la visualización de un concepto elitista y anticuado de una tradición, la asistencia a la procesión de San Fermín no es más que la cara del debate sobre los límites de los actos religiosos en las instituciones y la colocación de una ikurriña en el Ayuntamiento el día 6 de julio solo es la constatación de una injusticia que excluye parte de los símbolos de nuestra tierra. En este caso, la forma de elegir quién lanza el txupinazo al comienzo de los Sanfermines es el mejor ejemplo de la necesidad de abordar un debate en profundidad sobre el modelo de fiestas que queremos en Iruñea.

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Hasta ahora, mientras ha gobernado el Régimen, en los últimos 80 años, la forma de comenzar las fiestas ha sido expropiada y sustraída al sentir popular para apropiárselo el propio sistema gobernante. Cuando Juan Etxepare lanzaba esos txupinazos desde la Plaza del Castillo era el propio pueblo quien los lanzaba, no porque esto se hubiese instituido así, si no porque era un ciudadano, trabajador, con el premiso preceptivo, quien, de manera popular y seguramente al principio de forma espontánea, pensó que una buena manera de empezar las fiestas era anunciándolo a base de cohetes. Llegó el 36, llegaron los matarifes y el terror y fusilaron al bueno de Etxepare. Llegó la victoria cunetera de los fascistas e inmediatamente se apropiaron de aquella manera de comenzar las fiestas. Trasladaron aquellos txupinazos populares al Ayuntamiento y decidieron que los lanzaban los cuneteros y conecejales del momento. Es decir, se apropiaron, hurtaron y robaron un acto popular y espontáneo. Con el tiempo incluso decidieron que ese momento servía también para homenajear a sus referencias políticas, como el entonces ministro franquista y fundador del PP, Manuel Fraga Iribarne.

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Con la llegada de los Ayuntamientos elegidos mediante sufragio universal se impuso un formato para elegir a la persona que lanzaba el txupinazo. A partir de entonces, de manera no escrita, se acordó que, si bien la potestad era y es del Alcalde, lo lanzase un concejal o concejala de cada partido en orden de representación y mayorías. A mi entender, entonces, no fue una mala decisión. No fue mala decisión porque, tras 40 años de dictadura fascista, era el reflejo de la decisión y la elección de los representantes de la ciudadanía por parte del mismo pueblo mediante votación. Pero con los años aquello se convirtió, gracias al Régimen, en una manera de seguir excluyendo por razones ideológicas y de utilizar el honor como ataque político y partidista. Por eso UPN decidió entonces, como muestra de su talante democrático, excluir sistemáticamente a los representantes de la Izquierda Abertzale, desde Batasuna a ANV y a la posterior coalición abertzale Bildu. Esa exclusión a parte de la ciudadanía era el fiel reflejo de un modelo de ciudad impuesto por el Régimen en el que se creó la ciudadanía de primera y la ciudadanía de segunda.

En 2015, con la llegada del Cambio a la gestión de muchas instituciones, entre ellas el Ayuntamiento de Iruñea, y con un Alcalde de EH Bildu, se decidió, con buen criterio y a pesar de la premura de tiempo, que, de manera excepcional, lo lanzase alguien propuesto por el propio gobierno municipal. Joseba Asiron decidió que no iba a ser él quién lo lanzase, algo que le honra, pues tras años de Régimen si de algo había ganas era de ver a un Alcalde cercano lanzar el cohete. Y además decidió, junto al resto del gobierno municipal, que lo lanzasen, ex aequo, un representante del Orfeón Pamplonés, en su 150 aniversario, y una descendiente de uno de los miembros de la Peña la Veleta, colectivo que inventó la indumentaria blanca de los Sanfermines y que fue particularmente perseguida tras el golpe militar del 36. Y he dicho que fue de manera excepcional porque el 8º punto del Acuerdo Programático firmado por los socios del gobierno municipal (EH Bildu, Geroa Bai, Aranzadi e Izquierda Ezkerra) se señaló que se pondría en marcha un proceso para que la elección de quien lanzase el txupinazo fuese realizado de una manera popular y participativa.

 

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Esta fotazo es de Javier San Felipe Larrea

Fórmulas hay muchas, desde luego, pero desde EH Bildu le hemos dado unas cuantas vueltas para que sea algo justo y participativo. No es la única manera, ni mucho menos, pero sí creemos que es la mejor manera en estos momentos. Esto no quiere decir que con el tiempo no se pueda ir cambiando para mejorarla en ese espíritu de que sea algo popular y participativo. La reflexión ha ido en base a diferentes premisas:

  • Tenía que ser un proceso en donde, de una manera u otra, en un momento u otro, la ciudadanía de Iruñea pudiese tomar parte. Y creo que la propuesta es lo más transparente en ese aspecto. Por un lado cualquier persona empadronada en la ciudad puede proponer, mediante el Registro, a la Mesa de los Sanfermines, en donde está representada la sociedad iruindarra con proyección en la organización de las fiestas, la persona o colectivo que crea más conveniente para lanzar el txupinazo. Es decir, cualquiera puede proponer.
  • La Mesa deberá elegir, mediante votación y por mayoría cualificada, de tres a cinco propuestas para elegir quién lanza el cohete. Tras un contraste con las personas y colectivos propuestos se hará pública la lista y se pondrá en marcha un proceso de votación para que la ciudadanía de Iruñea decida quién es la opción elegida. La votación se podrá hacer por medio de Internet, mediante un sistema adecuado y regulador y de manera presencial, un día, en diferentes espacios en todos los barrios. Es decir, cualquier persona podrá votar para elegir al lanzador o lanzadora.
  • Para que la Mesa pueda elegir una terna se hará en base a unas condiciones. No podrán elegirse opciones que sean partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales ni confesiones religiosas. Aparte de esto se asegurará la paridad de género a la hora de elegir a la persona que lo lance. Un año una mujer, otro un hombre.
  • Quien ostente la Alcaldía, como potestad suya que es, ratificará la decisión del pueblo. Como no puede ser de otra manera.

Es, para nosotras y nosotros, el mejor sistema en estos momentos, con una Mesa de transición y con un debate sobre el modelo festivo todavía por hacer. Más allá de que se pueda ir mejorando, creemos que es una propuesta que contará con el respaldo del gobierno municipal del cambio, con la mayoría social y que tiene muy pocos argumentos razonables a su contra para no asumirla. A no ser que, como el Régimen, se piense que el txupinazo debe seguir siendo un privilegio de unos pocos que, en su día, sustrajeron el acto al propio pueblo.

txupinazo para el pueblo

UPN ya ha elegido cuál va a ser su próxima batalla para hacer de ella un problema inventado. En esta ocasión, a finales de febrero, y viendo que sus movilizaciones contra las Escuelas Infantiles han tenido poco eco (más allá de sus medios afines, sobre todo más allá del Ebro), han decidido que son ellos y solo ellos los que tienen que tirar el Txupinazo de los Sanfermines de este año.

Ellos, que decidieron excluir sistemáticamente a parte de la representación municipal cada vez que le tocaba (la última en el año 2014, cuando le tocaba tirarlo al grupo municipal de Bildu), ahora dicen que la tradición hay que respetarla. Y ellos por tradición entienden la decisión de que sean únicamente los grupos municipales los que puedan lanzar el txupinazo. No se han enterado, todavía, que la mayoría municipal y la mayoría social y ciudadana quiere otro sistema para elegir a quien deba tirar el txupinazo. No se quieren enterar que ya no depende de sus decisiones excluyentes y partidistas nada de lo que se vaya a hacer en el Ayuntamiento. Por mucho que vayan de alcaldicos, porque Alcalde ya hay uno y es el elegido por la mayoría del Pleno, no son capaces de entender que ahora es la sociedad y las vecinas y vecinos de Iruñea quienes van a decidir, de una u otra manera, quien será la persona o colectivo que lance el txupinazo.

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Pero que nadie tenga ninguna duda. Van a hacer batalla de esto, una batalla que social y mediaticamente la saben perdedora. Pero ellos con tal de hacer ruido y que se puedan escuchar sus pataletas van a seguir haciendo el ridículo. Rápidamente saldrán sus bufones por las redes sociales a defender lo indefendible. Este año no habrá nadie en representación de UPN lanzando el txupinazo de los Sanfermines 2016. No sé quién será la persona que lo haga, ni en nombre de quién lo lanzará, pero lo que sí tengo seguro es que será alguien que haya sido elegida para hacerlo de una manera bastante más democrática que el simple hecho de contar con un privilegio por ser concejal. Esta ciudad, Iruñea, Pamplona, decidió en mayo de 2015 que el momento de los privilegios había terminado y que había llegado el tiempo del protagonismo ciudadano.

En 1936 decidieron sustraer el honor de tirar el txupinazo al pueblo, representado en el trabajador municipal Juan Etxepare. Lo sustrajeron fusilándolo. El año pasado quedó claro: ha llegado el momento de devolver ese honor al pueblo. Ni UPN, ni nadie, van a poder quitárselo otra vez.