un ruiseñor catalán

De crío formaba parte de un coro, los Niños cantores de Navarra, que si bien no tenían la fama de los de Viena, fueron para mí la base desde la que me aficioné a la música clásica. Cantábamos música seria, mi tía decía que canciones igual un poco tristes, pero para quienes las cantábamos eran músicas parte de nuestra vida. Descubrí a Bach, el cancionero de palacio, una misa alemana, a un tal Nicolette que le puso música el vasco Ravel, varios cánones y una canción catalana que, desde el principio, me llegó al alma. Cuenta la historia de una muchacha, encarnada en ruiseñor, a la que su padre ha casado con un pastor en Francia… Y claro, ella no quiere ese casamiento obligado.

Rossinyol, que vas a França,
rossinyol,
encomana’m a la mare,
rossinyol,
d’un bell boscatge
rossinyol d’un vol.

Encomana’m a la mare,
rossinyol,
i a mon pare no pas gaire,
rossinyol,
d’un bell boscatge
rossinyol d’un vol.

Años después, cuando descubrí aquella película que relataba la fuga de Segovia, la volví a escuchar en boca de Ovidi Montllor encarnando al preso catalán Oriol Solé Sugranyes, anarquista y militante del Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate. En la escena, mientras comen en el comedor de la cárcel, los vascos y el catalán, Oriol empieza a cantar la canción y le sigue el preso vasco de al lado, haciéndose el silencio, hasta que finalmente es celebrada y aplaudida por todos con un grito de Visca Catalunya.

Catalunya tampoco quiere el casamiento obligado con el Estado español y más pronto que tarde, tomará su camino. Ojalá los vascos y vascas estemos, también, a su lado.

Os dejo una lista de Spotify con diferentes versiones de la canción. por cierto, salen los niños cantores de Viena. Pues para mí, que nosotros lo cantábamos mejor. 🙂 Por cierto, nos dirigía el padre Goikoetxea, José María Goikoetxea Aizkorbe, de Bera, uno de los grandes compositores de Navarra del siglo XX, recientemente fallecido.

el canto de un pueblo

Es curioso, pero Catalunya y Euskal Herria tienen dos de sus canciones populares más representativas con los pájaros como protagonistas y como símbolo de la paz y la libertad. Así mismo, estas dos canciones son conocidas internacionalmente y las dos representan al pueblo catalán y al vasco en el mundo entero. Si en Euskal Txoriak txori, poema de Josean Artze musicalizado por Mikel Laboa, fue el símbolo de la lucha al final de la dictadura franquista y después sinónimo del ansia de libertad del pueblo vasco, en Catalunya, el antiguo villancico Cant dels ocells, de autor desconocido, es igualmente, la representación en forma de música de la nación catalana.

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La canción catalana tiene un origen incierto, era ya conocida en el siglo XVIII, aunque hay quien señala que es una antigua melodía medieval. Existe otra canción popular catalana que tiene una música muy parecida, aunque con diferente ritmo. Aquí podéis escuchar la versión de Josep Tero. En cuanto a la canción a la que me refiero, la melodía, con un ritmo de nana, se ha convertido también en sardana, en pieza para coro y en canción que han interpretado diferentes artistas. Pero su fama se la debemos al genial violonchelista catalán, Pau Casals, en su arreglo para dicho instrumento. Casals fue un incansable luchador antifascista que, desde el exilio, viajó por todo el mundo con un claro mensaje de paz y libertad. Trabajó incansablemente para que los países aliados de la II Guerra Mundial interviniesen en el Estado español para echar al gobierno fascista de Franco. Pese a ver cómo poco a poco esa posibilidad iba debilitándose, siguió con sus conciertos por diferentes lugares, con el mismo mensaje de paz y libertad. Ese fue el mensaje que trasladó al presidente Kennedy en su actuación en la Casa Blanca y en su discurso ante la ONU al recoger el Premio a la Paz en 1971. Por cierto, anteriormente, y aunque no sea tan conocido, Casals ya había actuado ante el presidente Roosevelt.

Hoy esa canción, esa bella melodía, sigue representando la paz y la libertad y desde luego sigue siendo sinónimo de una nación, Catalunya, que continua realizando su propio camino hacia esa libertad. Este pasado miércoles, el Parlament de Catalunya, aprobó la ley del referéndum. Ojalá el 1 de octubre las urnas sean también el reflejo de un pueblo que quiere construir su futuro en paz y en libertad, como los pájaros de esta hermosa canción. A pesar de ser en su origen un villancico y que su letra hable de un nacimiento, esta melodía es utilizada en muchas ocasiones de importancia y con ocasión de despedidas, funerales y entierros. Entre las anécdotas está la de la Diada de 2009, en la que la interpretación que la cantante israelí Noa hizo de la canción, ocasionó un debate político importante por sus declaraciones anti palestinas.

Va por vosotras y vosotros, amigas y amigos catalanes.

Visca Catalunya lliure!!!

  • Muchas gracias a Mònica Font por su colaboración con parte de la información que aparece en la entrada. Moltes gràcies!!

Y aquí una lista con diferentes versiones de la canción:

el orgasmo de David

Vamos a ver. La obra es un concierto para clave escrito por Johann Sebastian Bach que originariamente, parece ser, el primer y tercer movimiento eran parte de un concierto para violín perdido (me muero con esta clase de pérdidas) y el movimiento central, objeto de esta entrada, proviene de un concierto para oboe, también perdido (vuelvo a morir). El Concierto para clave nº 5 en fa menor, BWV 1056, fue seguramente escrito hacia 1742, dura unos diez minutos y en la partitura original acompañan al clave violines I y II, violas y un continuo de violonchelo y violone. Este fue el primer concierto para clave en el que el compositor rebajó sustancialmente el acompañamiento para dar el máximo protagonismo al instrumento protagonista. No soy muy aficionado a las interpretaciones al clave, me gustan más al piano, qué se le va a hacer. De entre las versiones al clave me gusta esta de Andreas Staier, aunque seguramente una de las más clásicas y valoradas sea la versión de Trevor Pinnock con The English Concert.

El caso es que ese segundo movimiento es el Largo, que no quiere decir que sea más extenso, si no que su tiempo es más lento y además, en este caso, está escrito en una tonalidad diferente a los otros dos tiempos, en la bemol mayor. Este movimiento me ha gustado de siempre, crea en mi una serenidad absoluta e incluso puede arrancar, de hecho lo hace, unas lágrimas por ser tan sublime. A Bach debía de gustarle también, ya que lo utilizó en la sinfonía que introduce la cantata Ich steh mit einem Fuß im Grabe, BWV 156, una cantata religiosa de 1729 para el Tercer domingo después de la Epifanía. Por lo tanto este movimiento del antiguo concierto de oboe fue utilizado primero en esta cantata.

Y entonces es cuando me encuentro con un CD que, si bien es bastante conocido, seguramente por la publicidad que le hicieron en su momento, no es, por lo menos no para mí, la mejor grabación al piano de estos conciertos. El pianista, con una pinta de niño de papá que no se aguanta, casado con la hija de un famoso director de orquesta, con un flequillo que ni Kortajarena, se llama David Fray. Pero va y el tipo, el niño pijo, toca el segundo movimiento, el Largo, con una sensibilidad extrema, como pocas veces se puede presenciar. Llevo días que no puedo dejar de ver el vídeo donde ejecuta esta parte. Su cara, mientras toca el piano, me atrae de tal manera, que todas las veces que he visto el vídeo han caído unas lágrimas. Quizás parezca una exageración, pero a cada cual le llega la emoción de fuentes de lo más diversas. Esa cara de David, porque con la de veces que le he visto en el vídeo no me queda ya más remedio que llamarle por su nombre, esa cara, decía, es la cara de alguien que está sintiendo tan hondo la música que interpreta, que parece que está llegando a un orgasmo, en este caso múltiple. Y yo, de verlo y escucharlo, también.

Seguramente haya quien después de haberlo visto haya pensado en ese otro maravilloso pianista que fue Glenn Gould. Y la verdad es que el flequillos tiene mucho de sus histerismos, sus manías y tal. Y claro, entre original y copia, yo prefiero el original. Pero cuidado. No digo que el tío no sea bueno, que de hecho lo es. He dicho que de este concierto hay grabaciones que me gustan mucho más.

Os dejo las portadas de algunas de algunas de las, para mí, mejores grabaciones del concierto y también del propio álbum de donde proviene el vídeo del orgasmo. Hay versiones en el original clave, al piano y con otros instrumentos como el violín, la viola de gamba, el oboe o la mandolina.

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Y aquí tenéis la lista del Spotify. Felices orgasmos.

vuelve el mensajero de la primavera

En esta vida que no se para, pase lo que pase, y que consiste en seguir avanzando en el camino, ha llegado, un año más, la Primavera. Y es verdad que en esta ocasión, después de un Invierno más bien suave, pues como que no nos ha dado tiempo a echarle mucho de menos. Pero si nos fijamos, aunque vivamos en una sociedad de consumo y velocidad, hay pequeños detalles que te reconcilian con la vida, como unas pequeñas campanilla en la base de un árbol en la Media Luna. No son grandes flores, son de escaso tamaño, con una vida muy corta, pero lo importante de todo esto, es que, como Céfiro, el suave dios mensajero de la Primavera, nos anuncian la vida.

… y murmurando entre las hojas verdes,
hace bailar con su dulce sonido a las flores.

Volvemos con una canción de Claudio Monteverdi en este año del 450 aniversario de su nacimiento. El compositor compuso dos madrigales titulados Zefiro torna, uno para cinco voces y publicado en su Sexto libro de madrigales, en 1614 y otro, el que hoy os quiero comentar, compuesto para dos tenores y bajo contínuo, basado en un texto de Ottavio Rinuccini (que fue también el autor del libretto de la desaparecida ópera Arianna, la del famoso Lamento, también de Monteverdi) y publicado en el Noveno libro de madrigales en 1632. La curiosidad de esta pieza es que adopta la forma de una ciaccona o passacaglia y es el primer caso conocido de un dúo vocal que usa ese ritmo como base del acompañamiento.

La intrahistoria de este madrigal nos cuenta que Monteverdi compuso esta pieza como una parodia del estilo madrigalístico tal y como había evolucionado gracias a los compositores de la escuela de la que él mismo era la máxima figura. La seconda pratica, llamada así por Monteverdi para diferenciar su forma de componer de la de autores anteriores como Palestrina, se caracteriza por supeditar el entorno musical al texto y por usar libremente la disonancia como recurso expresivo. Y en el caso de Zefiro torna, SV 251, Monteverdi exagera estos recursos con fines cómicos, sobre todo en la primera parte. En la segunda parte, el optimista ritmo de ciaccona se para y cambia dramáticamente para expresar la desesperación por no haber encontrado a la amada hasta que finalmente la palabra canto devuelve la tonalidad, el ritmo y el optimismo.

La obra está compuesta para dos tenores y bajo continuo aunque se puede escuchar también con voces de soprano. Luego lo veremos. Pero, ¿quién es Zéfiro o Céfiro? Para los antiguos griegos era el dios mitológico del viento del oeste, hijo de Astreo y de Eos. Céfiro era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Se creía que vivía en una cueva de Tracia. La historia de Zéfiro es muy agitada por lo que inspira mucho la imaginación del artista. Esto es lo que nos dice el texto:

Zefiro torna, e di soavi accenti
l’aer fa grato e’l piè discioglie a l’onde
e mormorando tra le verdi fronde
fa danzar al bel suon su’l prato i fiori.

Zefiro vuelve, y con dulces acentos
el aire encanta y libera a los pies de las olas,
y murmurando entre las hojas verdes,
hace bailar con su dulce sonido a las flores.

Entre las versiones que podemos ver en vídeo, hay una que me gusta especialmente. Es una versión en la que Emmanuelle Haïm dirige a Le Concert d’Astrée y, respetando el original, lo interpretan dos tenores, Emiliano González Toro y Topi Lehtipuu. Esta actuación recoge perfectamente el espíritu cómico del madrigal. A ver qué os parece:

De entre las grabaciones existentes hay dos que merecen especial atención. Una dirigida por el maestro William Christie, con Les Arts Florissants y la otra con Christina Pluhar dirigiendo a L’Arpegiatta. En la primera versión son dos tenores quienes ejecutan el madrigal, Jean-Paul Fouchécourt y Mark Padmore y en la segunda, una soprano y un contratenor, Nuria Rial y Philippe Jauroussky. La primera, quizás más seria a primera vista, pero con unos juegos vocales por parte de los hombres auténticamente deliciosos. La segunda es un juego toda ella. ¿Cuál os gusta más a vosotras y vosotros?

Y aquí tenéis, como siempre, la lista de Spotify. ¡A disfrutar!

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¡oh si! ¡Aleluya!

Aquel poeta canadiense que llevaba 15 años escribiendo poemas como Lorca, una de sus referencias, y novelas de descubrimiento personal, decidió en 1967 empezar a cantar sus letras, sus escritos y dar vía libre, mediante la música, a la sensibilidad plasmada en papel. El poeta se hizo músico y con su voz profunda recorrió el mundo con un compromiso político solidario y de izquierdas. En 1984 publicó su octavo trabajo discográfico, Various Positions, cuya canción número cinco fue y sigue siendo capaz de trasladar el júbilo del amor, aunque este sea, en ocasiones, doloroso. Releyendo las letras y escuchando la música de Leonard Cohen, solo puedo cantar ¡Aleluya!

El amor no es una marcha de victoria, es un frío y roto aleluya
El amor no es una marcha de victoria, es un frío y roto aleluya

Pues no, la de hoy no es una música del repertorio medieval, renacentista o barroco, pero es una de las canciones que más versiones tiene de los últimos años (algunas excepcionales y otras, como podréis comprobar, del montón, pues parece que aquí cualquiera cree que puede ponerse delante del micrófono y cantarla). Contaba Cohen que la canción Hallelujah la compuso en el suelo de la habitación de un hotel, en calzoncillos y golpeándose la cabeza contra el suelo. Pues bendita autolesión, porque le salió una canción extraordinaria. La letra la escribió con referencias a pasajes bíblicos y a historias de Sansón, el Libro de los Jueces, el rey David y compañía. Las historias de esta gente están plagadas de relaciones sentimentales y sexuales que les creaban, pobrecitos, tremendos sentimientos de culpa, remordimiento, etc. No es un Aleluya triunfalista, de esos que se cantan tras las victorias, resurrecciones o en coronaciones de reyes y reinas. Este Aleluya es el de una persona que siente que ha hecho mal, que ha amado lo que no se podía amar (¿existe eso?) y que aún y todo se reconoce débil ante ese sentimiento. Es un Aleluya de alguien que acepta su limitación y lo que ha hecho y en su interior lo celebra. Incluso el Aleluya de quien tuvo un amor y ya lo perdió. Jeff Burkley, el intérprete que, seguramente, hizo la mejor versión de esta canción, dijo de ella que era el Aleluya del orgasmo. Y creo que no le faltaba razón.

Según las versiones, esta melodía puede sonar triste, recogida, pasional, fúnebre o como homenaje. Ya he dicho que hay muchas versiones de la canción, hasta 300, algunas de ellas muy sin más. Pero otras son extraordinarias. Tras la de Cohen vino la de John Cale en 1991, con piano añadido y con otra letra diferente a la original (eso teniendo en cuenta que Cohen hizo hasta 80 versiones de la letra, que para eso era poeta). En 1994 llegó la que es la versión más conocida, la de Jeff Buckley. Si la versión de Cohen es casi susurrada, la de Buckley es humana, llena de dolor y belleza, cantada desde un interior doloroso. La interpretación es exquisita, perfecta, si es que existe la perfección. En 1996 El cantaor flamenco Enrique Morente grabó la canción en su disco Omega, junto a Lagartija Nick. En 1997, el compositor y cantante Rufus Wainwright la grabó como homenaje a Buckley que había fallecido en mayo ahogado en un río de Menphis. Esta interpretación se hizo bastante famosa gracias a su aparición en la película de dibujos animados Shrek. En 2008 Alexandra Burke, ganadora de uno de esos programas que descubre cada dos meses al que se supone va a ser el artista del siglo, grabó una versión con coro y en plan rollo gospel que tiene su aquel. Hace unos meses ha aparecido una de las versiones más exquisitas para mi gusto. Es una versión instrumental para violonchelo y cuerda y está interpretada por un chaval que está llamado a ser uno de los grandes violonchelistas del siglo XXI, Sheku Kanneh-Mason, miembro de una familia de músicos que ni los Trap. Este moreno que toca con una pasión infinita, ya lo vais a ver en el vídeo, ganó la última edición de la Young Musician de la BBC que, no creamos que es otro de esos concursos televisivos, es un certamen para jóvenes músicos clásicos con el objetivo de ayudarles en su carrera y estudios. Ha firmado ya un contrato con una de las grandes discográficas de música clásica, Decca. Estaremos atentos a él. Del resto de versiones que podréis escuchar en la lista de Spotify hay algunas buenas y otras menos, porque para gustos los colores y para gusto el que tienen algunos y otros menos. Está claro. Os dejo con el vídeo del joven vilonchelista y la lista de Spotify.

Besos, gozar, amar y aunque creáis que, por lo que sea, habéis actuado mal, aunque sea dentro cantad un Aleluya y que os quiten los “bailao”.

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introducción a lo sublime

Berlín, una tarde de 1829, Felix Mendelssohn da comienzo a la interpretación de una obra que ha permanecido olvidada casi un siglo. La Matthäus-Passion volvía a la vida gracias a un joven músico, de apenas 20 años, que la ejecutó en versión abreviada dirigiendo a la Berliner Sing-Akademie. Y se hizo la luz. Sirva esta entrada como introducción a la obra musical más sublime de todos los tiempos. No será la única vez que aparezca La obra en este blog. Tres coros, dos orquestas y seis solistas. Matthäus-Passion, BWV 244, de Johann Sebastian Bach. ¡Vamos a ello!

Estamos ante algo grandioso
Estamos ante algo grandioso

El maestro Bach era, desde 1723, el kantor de la Thomasschule (la escuela de Santo Tomás) de Thomaskirche de Leipzig, esto es, el maestro de música (y latín, aunque de esto pasó olímpicamente) de dicha escuela y el músico-director de la iglesia de Santo Tomás. Después de estar varios años ocupando diferentes puestos en diversas cortes alemanas, decidió que el puesto de la iglesia de Santo Tomás, un puesto de funcionario, era lo mejor para él y su familia. Porque resulta que ese puesto dependía directamente del Ayuntamiento de la ciudad y su función no era exclusivamente el aspecto musical de dicha iglesia, si no que abarcaba otras como la de Nikolaikirche (San Nicolás) y Paulinerkirche (San Pablo), esta última, la iglesia de la Universidad. Fue una época marcada, hasta el fin de sus días, por las desavenencias con el propio Ayuntamiento, que no atendía de forma conveniente las peticiones del músico. Se quejaba de la falta de instrumentos para interpretar las obras, teniendo en cuenta que tenía que componer una cantata para cada domingo y festividad litúrgica y a veces civil. El caso es que la liturgia tiene tres ciclos, así que completar los tres ciclos cuesta tres años. Imaginad la de cantatas y obras que tuvo que componer para todas esas fiestas.

Y llegada la Semana Santa y teniendo en cuenta que Leipzig era una ciudad donde imperaba el luteranismo, y como les encanta cantar himnos y corales y demás, pues en esas fechas se le doblaba el trabajo y tenía que componer e interpretar la propia Pasión de Jesucristo. Ni más, ni menos. Vamos a ver. Ya se que el tema no es lo más apetecible y tal, pero miradlo de esta forma. La Pasión es la historia de un tío que andaba por ahí hablando de manera un tanto revolucionaria al que unos colaboracionistas de los romanos le acusan de querer subvertir el orden establecido y eso en aquellos tiempos, como ahora, era el copón de la baraja. El romano de turno, un tal Pilatos, intenta desentenderse, pero los los del Sanedrín y tal (los sacerdotes hebreos) insisten, los muy cabrones. El caso es que, ya en plan desatados, al pobre Jesús, que así se llamaba el tío en cuestión, le hacen perrerías, lo torturan, le hacen desfilar por la ciudad medio desnudo después de ser torturado y cargando un madero de donde lo van a crucificar. Lo crucifican y claro, pues se muere. Quitadle todo el significado religioso por un momento, quitadle toda la cobertura añadida y os encontraréis con una historia terrible, desgarradora. Pues bien, el bueno de Bach consigue trasladar de manera sublime esos dos capítulos del evangelio de Mateo, añadiéndole unos himnos y poemas con ayuda de un amigo llamado Picander, exponiéndonos de manera impresionante el propio drama humano que nos cuenta ese libro. Un drama humano que a lo largo de nuestra historia y aún hoy se ha repetido constantemente, para desgracia de la humanidad. Los inocentes siguen siendo condenados, las torturas se siguen empleando por países supuestamente democráticos, el colaboracionismo con el sistema está a la orden del día, etc. Pero si profundizamos en los sentimientos humanos que estos hechos producen, nos encontramos con la tristeza, la incomprensión, la culpa, la esperanza, la delicadeza, el amor, la pena, el dolor, el arrepentimiento, la traición, la amargura, el descanso, la confianza, la pasión… Todo eso es la Pasión según San Mateo, la Matthäus-Passion, BWV 244 de Bach. La obra más sublime compuesta en todos los tiempos. ¿Recordáis que os dije que me solían decir que era muy categórico? En este caso, no hay más remedio, lo soy.

Coro I: "Venid, hijas, llorad conmigo".
Coro I: “Venid, hijas, llorad conmigo”.

En esta entrada no os voy a contar toda la historia de cómo Bach compuso esta magna obra (hablo ya como los locutores de Radio Clásica…), porque ya os he dicho que volveremos a ella en repetidas ocasiones, así que voy directamente a la parte que quiero comentar, que no es otra que el propio comienzo de la Pasión (Bach compuso otras pasiones, pero a esta se le conoce como La Pasión). La obra comienza con el primer número, el Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen (Venid, hijas, auxiliadme en el llanto), que interpretan tres coros cantando cada uno su parte, porque sí, en esta obra hay tres coros, ni más ni menos (y dos orquestas). Podría decirse que en esta introducción queda resumida toda la obra y ya desde el principio, con las primeras notas instrumentales, queda patente el sentido trágico de esta historia. Se presiente una tensa calma, antes de que comiencen los coros. Nos situamos en los prolegómenos de la historia que cuenta. Esa primera parte que introduce este número nos cuenta los preparativos y desarrollo de la llamada Última cena. En cuanto a los coros decir que son dos coros con las cuatro voces y un coro de niños. Los dos coros completos comienzan un diálogo entre ellos. Preguntan y responden, cada uno con su letra, cada uno con su música. “Venid, hijas, llorad conmigo. Mirad”, dice el Coro I y el Coro II responde “¿A quién?” y responde el Coro I, “Al esposo. Miradlo”, “¿Cómo?”, le responde el Coro II, “Como un cordero” dice el Coro I. Como veis es un diálogo corriente, de preguntas y respuestas, con una temática religiosa evidente que presenta a Jesús como el cordero (inocente) que va a ser sacrificado. El caso es que, de repente, en medio de este diálogo, aparece el coro de niños (aquél coro de los niños de la escuela donde Bach era maestro cantor) que se ponen a cantar, con otra música, un himno luterano, es decir, una coral, porque con ese nombre es como se conoce a los himnos que son cantados por toda la comunidad en la religión luterana y por lo tanto eran conocidos por todo el mundo. Y el himno empieza a decir “Oh divino cordero inocente, sacrificado en el madero de la cruz” y tal. Pues eso, cualquiera diría que vaya jaleo se va a formar con los dos coros completos hablando entre si y un montón de críos cantando a su pedo. Pues no. Va y resulta que no. Y no solo eso, si no que el resultado es fascinante. Es, me imagino, lo que tiene ser un genio.

Cerrad los ojos y dejaros absorber por esta extraordinaria introducción.

Una versión

El vídeo que he puesto arriba con la ejecución de ese primer número de La Pasión, está interpretada por el Münchener Bach-Chor y la Münchener Bach-Orchester, dirigidos por Karl Richter en 1971. No es la versión que más me gusta de esta obra, por muchas cuestiones, pero su magnitud y profundidad en este primer número son incuestionables. Y como resulta que con esta obra casi cualquier grabación me entusiasma, voy a referirme a una que no la elegiría entre mis favoritas, pero que, aún así, me parece, sobre todo en los números de coro, impresionante. La interpretan los mismos que salen en el vídeo, pero nueve años después. Es una grabación que se hizo para el sello Archiv y que cuenta, como he dicho, con el Münchener Bach-Chor, el coro de niños Regensburger Domspatzen y la Münchener Bach-Orchester. En cuanto a los solistas, el tenor, con el papel de Evangelista (que es quien va contando la historia) es Peter Schreier; el barítono, que interpreta a Jesús es el fantástico Dietrich Fischer-Dieskau; la soprano es Edith Mathis; la contralto, Janet Baker; y el bajo, Matti Salminen.

El tiempo de esta versión es lento, a veces demasiado lento. Es, sobre todo, una versión romántica, seguramente parecida a la que Mendelssohn interpretó en el redescubrimiento de la obra en 1829. Pero la emoción en la interpretación es innegable. Yo soy de versiones más actuales de corte historicista, no tan sinfónicas, pero reconozco que esta versión me atrapa. Richter ya había grabado dos versiones anteriormente. Una en 1958, con los mismos coros y orquesta, también para Archiv, la segunda en 1963, con la orquesta y coro del Teatro Colón de Buenos Aires, para un sello desconocido, la tercera en 1969, con el coro y orquesta habituales, para Archiv, de nuevo, la cuarta vez en 1971, en vídeo con los habituales, para Unitel y Deutsche Grammophon, que es el vídeo que os he puesto y la quinta y última en 1980, que es la que os he comentado. Cinco grabaciones por tanto de esta extraordinaria obra. Si os decantáis por alguna de ellas yo elegiría la de 1980 y si no el DVD de 1971 (aunque lo tenéis entero en Youtube).

 

Os dejo, finalmente, con la lista de Spotify. Como veréis, las versiones están ordenadas según su duración, siendo la más corta de 5 minutos y 39 segundos y la más larga de 11.44, es decir, más de el doble de duración. Al final he puesto dos versiones, una instrumental y otra, muy curiosa, a modo de tango (bastante chula, por cierto). Pues eso, lo de siempre, disfrutad. En otras entradas seguiremos repasando esta obra.

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desde London a la escocesa

La música que traigo esta semana al blog es una música con aires escoceses, o por lo menos eso le pareció a su autor, un italiano del siglo XVIII que pasó una larga temporada, no en Escocia o Edimburgo, si no en Londres, Inglaterra. No fue el único músico italiano que en aquella época se acercó a un Londres cada vez más sobresaliente en la política, en la ciencia, en la cultura y, desde luego, en la música. Muchos de ellos compusieron obras con melodías pretendidamente escocesas aunque con Escocia solo compartiesen un ritmo concreto. No se preocupaban en diferenciar Escocia, Inglaterra, Irlanda o Gales, imagino que consecuencia de un reino cada vez más imperialista en todos los sentidos. A ver qué os parece.

London, England. Más claro el agua. Pero salieron buenas músicas "escocesas"
London, England. Más claro el agua. Pero salieron buenas músicas “escocesas”

Francesco Maria Veracini nació en la bella capital toscana, Florencia, en 1690. Era miembro de una familia de músicos, aunque su padre prefirió dedicarse a la farmacia. Su tío, Antonio, con quien estudió, fue considerado el mejor violinista fiorentino de la época. Como ocurría en aquella época, Francesco estudió en la catedral, en la capilla de música y tras sus estudios se trasladó a la catedral veneciana de San Marcos. Cada vez más virtuoso con el violín, en 1714 viajó a Londres atraído por la fama de Handel. Recordamos que el músico alemán se hizo el dueño y señor de la escena y la música del Londres de principio del XVIII lo que le llevó a nacionalizarse inglés. De hecho Handel hoy en día es considerado un músico londinense, tal y como él mismo se consideraba en su época. Pero quizás lo que alguna gente no sabe es que Handel, antes de recalar en Londres, estuvo cuatro años, de 1706 a 1710, en Roma y dejó un recuerdo imborrable por sus obras y cantatas. Eso hizo que, tras conocerse el éxito de Handel en Londres, muchos músicos italianos se trasladaran a la capital inglesa a conocer el ambiente musical londinense y muchos a probar suerte. El caso es que, como he dicho, Veracini viajó a London en 1714 en donde hizo amistad con diferentes músicos italianos, como Francesco Geminiani. Volvió a Venecia, donde se convirtió en un aclamado violinista, viajó a Polonia, Praga e hizo diversos viajes volviendo a Londres. La última vez que lo hizo fue en los primeros años de la década de los 30 del siglo XVIII. Finalmente, en 1747, se instaló en Pisa donde falleció veinte años después. Para la historia ha quedado como uno de los compositores más importantes para el violín, junto a Corelli, Geminiani, Tartini, Leclerc o Locatelli.

Entre las obras del músico toscano hay oratorios, óperas y sonatas, estas últimas la parte más reconocida de todo su repertorio. Al ser un virtuoso del violín, se especializó en obras para dicho instrumento, logrando un éxito rotundo con ese tipo de obras. Las mejores sonatas son las llamadas Sonate accademiche en La mayor, Op. 2. Son 12 sonatas que compuso en Londres, en su última estancia a orillas del Támesis, en 1744. Tuvieron un gran éxito. Fue, parece ser, la última obra londinense, ya que, poco después, volvió a Italia en un viaje accidentado, ya que su embarcación naufragó en el Canal de la Mancha. Afortunadamente pudo salvarse, aunque varias de sus obras desaparecieron con el hundimiento. ¡En aquellos tiempos lo de viajar era peligroso!

Aunque estas Sonatas académicas, como también se les suele llamar, constituyen un homenaje monumental a Arcangelo Corelli, no hay duda de que forman una obra maestra por naturaleza. Estas sonatas para violín no siguen un esquema común ya que algunas constan de cinco movimientos, otras cuatro e incluso tres. Tampoco en el ritmo empleado en cada uno de los movimientos, empleando ritmos rápidos, danzas y lentos, sin ningún orden preestablecido. Todas y cada una de esas sonatas son una delicia. En el caso del movimiento Scozzese de la sonata nº 9, es una danza con ritmos danzantes aunque desconozco de dónde sacó que la melodía pudiese ser escocesa. En aquel tiempo, como he dicho, fueron muchos los músicos italianos que recalaron en Londres y estos ritmos y danzas “escocesas” aparecen constantemente en multitud de obras, principalmente instrumentales.

Veracini, el italiano que creó en Londres una música escocesa
Veracini, el italiano que creó en Londres una música escocesa

Entre las grabaciones de dicha pieza me decanto con una que recoge las 12 sonatas, en un triple registro discográfico, donde las interpreta el Trio Settecento, compuesto por Rachel Barton Pine al violín, John Mark Rozendaal con el chelo y David Shrader sentado al clavecín, grabadas a partir de la partitura original de 1744. Otra grabación también exquisita es la efectuada por Fabio Biondi, Maurizio Naddeo y Rinaldo Alessandrini, con un virtuoso memorable y unos pizzicatos deliciosos. Los otros tres son piezas sueltas, como en el CD London Calling, con una interpretación maravillosa y viva a cargo de Bjarte Eike, Thomas Pitt, Fredrik Bock y Allan Rasmussen. Finalmente presento otros dos CDs, el primero de ellos dedicado a los violinistas italianos que revolucionaron el mundo del violín y el segundo con la curiosidad de que la melodía es ejecutada con flauta.

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Os dejo finalmente con la lista de Spotify. De todos modos, más allá de escuchar la Scozzese, aprovechad y escuchad todas las sonatas, porque son una gozada. Disfrutad.

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