unas fiestas sin igual

Éramos unos críos. Qué se yo, tendríamos unos cinco o seis años. Vestidos de blanco, con pantalón corto, la faja que se me caía a pesar de que el aita me la había puesto como se ponen la faja los dantzaris, que por cierto, suelen ser, con permiso de pelotaris, quienes mejor se la ponen, será cuestión de práctica y costumbre. Txapela roja, hoy en día desaparecida y relegada a las dantzas y alpargatas, como siguen llevando en Lizarra. La ama y mis tías se reían y hablaban entre ellas mientras nos vigilaban, los abuelitos no iban de blanco, para eso esperaban al día siete, y mis primos, mi hermana y yo, jugábamos a los kilikis por allí. Y en un momento dado darían las doce y escucharíamos el sonido del txupinazo que se había lanzado dos calles más allá, desde el Ayuntamiento. Pañuelico al cuello y a seguir jugando. No creo que mis abuelos se lo pusieran. No hasta el siete. El aita y mis tíos no estaban, o aparecían después, no lo recuerdo. Pero sí me acuerdo que el aita, en algún momento, me cogía a hombros, entre risas, y me compraba una trompeta de plástico dorado, o un tambor, dependía del puesto que encontráramos a nuestro paso. En aquellos tiempos no había migrantes subsaharianos vendiendo lo imposible para sobrevivir. Las txarangas y txistus, algunos gaiteros eran la música que nos encontrábamos en el camino. Estafeta, bares, llenos de gente, pero sin agobios. En el Monas un frito de huevo, en el resto alguna croqueta y un kas de naranja.

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Un año, seguro que con menos de ocho años, la tía Pili y la ama nos llevaron a mi hermana y a mi al Riau Riau, a la puerta del Ayuntamiento, a esperar el primer compás. Había mucha gente, pero a nosotros nos dejaron dentro de un cordón que un montón de mozos de peñas habían hecho para que La Pamplonesa y la corporación pudiesen avanzar. Se abrieron las puertas y allí, entre aquellos hombres sudados, con la ama y la tía riendo y bailando, canté con mi voz de crío las primeras notas del Vals de Astrain. “A las cuatro el seis de julio, Pamplona gozando va, pasando calles y plazas, las vísperas a cantar…”. Unos señores muy elegantes, con un sombrero llamado chistera, salieron detrás de la banda. Me dijeron que eran el alcalde y los concejales. El alcalde tenía barba y fumaba un puro, las concejalas iban con un vestido muy chulo y entre compás y compás la gente gritaba ¡riau riau! Algunos de esos señores bailaron con la ama y la tía, mientras algunos de los señores sudados nos cuidaban a Bea y a mí. Después nos fuimos a casa de la hermana de un tío nuestro, en la calle Mayor, a esperar que pasara el Riau Riau. Y parecía que no llegaba nunca. En un balcón de al lado, un señor con organillo tocaba el vals y otras canciones, algunas de Rafaela Carrá que nos daban mucha risa. Y algunos tiraban pozales de agua a la gente. Ese día veíamos por primera vez a los gigantes y nos comprábamos la pegatina de la comparsa.

Ese era el seis de julio para mí, siendo crío. Recuerdos y felicidad. Mis abuelos ya no están, la ama tampoco. Alguno de mis tíos tampoco. Ahora hay muchos más primos y primas. En la Plaza del Castillo casi ya no se puede entrar, los subsaharianos y resto de migrantes luchan por vivir, aguantando lo inaguantable. Hoy casi todo el mundo se viste de blanco. Música hay en cualquier esquina y casi lo que menos se escucha es una txaranga. Del kas hemos pasado a la cerveza, los guiris beben sangría comprada, como si fuese lo mejor de la fiesta. Es su tradición. Está claro que cada cual tenemos las nuestras y la fiesta la de todos. Porque de eso se trata, de vivir la fiesta con ilusión, de la manera que más nos guste y sin incordiar al de al lado. No sé si la ama y mis tías habrían tenido que aguantar mucho baboso, seguro que alguno sí. Ahora también las mujeres sufren babosos, agresiones de muchos tipos. Pero ahora, la sociedad, poco a poco, estamos aprendiendo que nadie tiene que aguantar a ningún baboso. No es no.

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Este año son los primeros Sanfermines de Amaiur, mi sobrino. En cierta manera envidio la oportunidad que tiene y va a tener en los próximos años de ir descubriendo la fiesta. Espero que algún día recuerde que, independientemente de cómo haya decidido disfrutar de las fiestas, su aita y su ama, su tía y su tío, su aitona, estaban por allí riéndose, bailando, llevándole a los gigantes. Un día, casi con seguridad, su aita le llevará a Santo Domingo, a correr por primera vez el encierro. Seguramente recordará las croquetas y el kas de naranja por la Estafeta, jugando con el resto de hijos e hijas de primos y primas. Espero que el recuerdo que tenga sea la mitad de bueno que es el mío. Hoy a las doce, el txupinazo me pillará en el Ayuntamiento, con invitados y amistades. Pero tengo la seguridad que recordaré, como todos los años, la felicidad de la ama, el cariño de los abuelitos, las risas de mis tíos. Y seré feliz, estaré emocionado, pero sobre todo agradecido a quienes me hicieron cantar por vez primera aquella canción, “porque llegaron las fiestas de esta gloriosa ciudad, que son, en el mundo entero, unas fiestas sin igual, riau, riau!!”.

Gora San Fermin!!!!!

alegría perdedora

Hoy un juez se ha lanzado a la piscina y ha sentenciado que la colocación de la ikurriña durante el txupinazo de 2015 fue un fraude de ley. Más allá de valoraciones más profundas que, sin duda, se harán en las próximas horas, me ha llamado la atención la reacción que el Régimen, en su conjunto, ha tenido en las redes sociales, durante los primeros momentos tras conocerse la decisión judicial. Los políticos, periodistas y trolls del Régimen están, en estos momentos, en un orgasmo colectivo, con una alegría desbordada, como si se hubiese acabado con el paro, o los desahucios o la situación de los refugiados se hubiese solventado. No es el caso. Siguen sin darse cuenta que esa es una alegría de perdedores.

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Cuando el Régimen hizo una ley de símbolos para Nafarroa, lo hizo, expresamente, para discriminar, conscientemente, a parte de la ciudadanía navarra y, por otro lado, para imponer, obsesivamente, los símbolos españoles en toda la geografía foral. Con esa ley decidieron que parte de los símbolos queridos y sentidos por una parte amplia de la sociedad navarra iban a ser, desde ese momento, ilegales, por lo menos en los edificios públicos. Decidieron hacer ilegales a esa parte de la sociedad que pagamos igual que el resto los impuestos y a los que nos robaron con sus sobresueldos, pabellones Arena o aniquilaciones de la CAN, igual que robaron a sus propios seguidores. Con esa ley impusieron su bandera, una bandera que aquí representa la conquista por parte de un país que cada vez más es de pandereta. Impusieron que su bandera colgase de todos los edificios públicos y tal fue su obsesión que la impusieron hasta en los cementerios, porque esta gente, puestos a obligar, obligan hasta a los muertos a que sus restos reposen bajo bandera española.

Pero su alegría es alegría de perdedores que necesitan imponer su historia, sus símbolos y su modelo social a base de decisiones judiciales, mediante detenciones y a través de sentencias ad hoc. Casualmente, cuando la semana pasada la mayoría parlamentaria abogó por la derogación de la Ley de Símbolos del Régimen, casualmente, esta semana un juez dicta esta sentencia. Su triste alegría les va a durar poco, cuando tras la borrachera patria se den cuenta que nuestros símbolos no están a merced de ninguna sentencia basada en una ley excluyente. Porque esos símbolos son enseñas de un pueblo que siente y vive. Y no son si no la imagen de un pueblo que quiere convivir, desde el respeto a todos los sentimientos, en libertad.

unas fiestas de y por el pueblo, desde el principio

Iruñea es una ciudad que, en gran parte, mueve sus fichas a través de las emociones. Sus fichas populares y a veces también las políticas. Esto, que no tiene porqué ser malo, en ocasiones nos impide ver el bosque que existe tras el árbol que insistentemente señalamos una y otra vez. El betún de Baltasar no es si no la visualización de un concepto elitista y anticuado de una tradición, la asistencia a la procesión de San Fermín no es más que la cara del debate sobre los límites de los actos religiosos en las instituciones y la colocación de una ikurriña en el Ayuntamiento el día 6 de julio solo es la constatación de una injusticia que excluye parte de los símbolos de nuestra tierra. En este caso, la forma de elegir quién lanza el txupinazo al comienzo de los Sanfermines es el mejor ejemplo de la necesidad de abordar un debate en profundidad sobre el modelo de fiestas que queremos en Iruñea.

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Hasta ahora, mientras ha gobernado el Régimen, en los últimos 80 años, la forma de comenzar las fiestas ha sido expropiada y sustraída al sentir popular para apropiárselo el propio sistema gobernante. Cuando Juan Etxepare lanzaba esos txupinazos desde la Plaza del Castillo era el propio pueblo quien los lanzaba, no porque esto se hubiese instituido así, si no porque era un ciudadano, trabajador, con el premiso preceptivo, quien, de manera popular y seguramente al principio de forma espontánea, pensó que una buena manera de empezar las fiestas era anunciándolo a base de cohetes. Llegó el 36, llegaron los matarifes y el terror y fusilaron al bueno de Etxepare. Llegó la victoria cunetera de los fascistas e inmediatamente se apropiaron de aquella manera de comenzar las fiestas. Trasladaron aquellos txupinazos populares al Ayuntamiento y decidieron que los lanzaban los cuneteros y conecejales del momento. Es decir, se apropiaron, hurtaron y robaron un acto popular y espontáneo. Con el tiempo incluso decidieron que ese momento servía también para homenajear a sus referencias políticas, como el entonces ministro franquista y fundador del PP, Manuel Fraga Iribarne.

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Con la llegada de los Ayuntamientos elegidos mediante sufragio universal se impuso un formato para elegir a la persona que lanzaba el txupinazo. A partir de entonces, de manera no escrita, se acordó que, si bien la potestad era y es del Alcalde, lo lanzase un concejal o concejala de cada partido en orden de representación y mayorías. A mi entender, entonces, no fue una mala decisión. No fue mala decisión porque, tras 40 años de dictadura fascista, era el reflejo de la decisión y la elección de los representantes de la ciudadanía por parte del mismo pueblo mediante votación. Pero con los años aquello se convirtió, gracias al Régimen, en una manera de seguir excluyendo por razones ideológicas y de utilizar el honor como ataque político y partidista. Por eso UPN decidió entonces, como muestra de su talante democrático, excluir sistemáticamente a los representantes de la Izquierda Abertzale, desde Batasuna a ANV y a la posterior coalición abertzale Bildu. Esa exclusión a parte de la ciudadanía era el fiel reflejo de un modelo de ciudad impuesto por el Régimen en el que se creó la ciudadanía de primera y la ciudadanía de segunda.

En 2015, con la llegada del Cambio a la gestión de muchas instituciones, entre ellas el Ayuntamiento de Iruñea, y con un Alcalde de EH Bildu, se decidió, con buen criterio y a pesar de la premura de tiempo, que, de manera excepcional, lo lanzase alguien propuesto por el propio gobierno municipal. Joseba Asiron decidió que no iba a ser él quién lo lanzase, algo que le honra, pues tras años de Régimen si de algo había ganas era de ver a un Alcalde cercano lanzar el cohete. Y además decidió, junto al resto del gobierno municipal, que lo lanzasen, ex aequo, un representante del Orfeón Pamplonés, en su 150 aniversario, y una descendiente de uno de los miembros de la Peña la Veleta, colectivo que inventó la indumentaria blanca de los Sanfermines y que fue particularmente perseguida tras el golpe militar del 36. Y he dicho que fue de manera excepcional porque el 8º punto del Acuerdo Programático firmado por los socios del gobierno municipal (EH Bildu, Geroa Bai, Aranzadi e Izquierda Ezkerra) se señaló que se pondría en marcha un proceso para que la elección de quien lanzase el txupinazo fuese realizado de una manera popular y participativa.

 

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Esta fotazo es de Javier San Felipe Larrea

Fórmulas hay muchas, desde luego, pero desde EH Bildu le hemos dado unas cuantas vueltas para que sea algo justo y participativo. No es la única manera, ni mucho menos, pero sí creemos que es la mejor manera en estos momentos. Esto no quiere decir que con el tiempo no se pueda ir cambiando para mejorarla en ese espíritu de que sea algo popular y participativo. La reflexión ha ido en base a diferentes premisas:

  • Tenía que ser un proceso en donde, de una manera u otra, en un momento u otro, la ciudadanía de Iruñea pudiese tomar parte. Y creo que la propuesta es lo más transparente en ese aspecto. Por un lado cualquier persona empadronada en la ciudad puede proponer, mediante el Registro, a la Mesa de los Sanfermines, en donde está representada la sociedad iruindarra con proyección en la organización de las fiestas, la persona o colectivo que crea más conveniente para lanzar el txupinazo. Es decir, cualquiera puede proponer.
  • La Mesa deberá elegir, mediante votación y por mayoría cualificada, de tres a cinco propuestas para elegir quién lanza el cohete. Tras un contraste con las personas y colectivos propuestos se hará pública la lista y se pondrá en marcha un proceso de votación para que la ciudadanía de Iruñea decida quién es la opción elegida. La votación se podrá hacer por medio de Internet, mediante un sistema adecuado y regulador y de manera presencial, un día, en diferentes espacios en todos los barrios. Es decir, cualquier persona podrá votar para elegir al lanzador o lanzadora.
  • Para que la Mesa pueda elegir una terna se hará en base a unas condiciones. No podrán elegirse opciones que sean partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales ni confesiones religiosas. Aparte de esto se asegurará la paridad de género a la hora de elegir a la persona que lo lance. Un año una mujer, otro un hombre.
  • Quien ostente la Alcaldía, como potestad suya que es, ratificará la decisión del pueblo. Como no puede ser de otra manera.

Es, para nosotras y nosotros, el mejor sistema en estos momentos, con una Mesa de transición y con un debate sobre el modelo festivo todavía por hacer. Más allá de que se pueda ir mejorando, creemos que es una propuesta que contará con el respaldo del gobierno municipal del cambio, con la mayoría social y que tiene muy pocos argumentos razonables a su contra para no asumirla. A no ser que, como el Régimen, se piense que el txupinazo debe seguir siendo un privilegio de unos pocos que, en su día, sustrajeron el acto al propio pueblo.

txupinazo para el pueblo

UPN ya ha elegido cuál va a ser su próxima batalla para hacer de ella un problema inventado. En esta ocasión, a finales de febrero, y viendo que sus movilizaciones contra las Escuelas Infantiles han tenido poco eco (más allá de sus medios afines, sobre todo más allá del Ebro), han decidido que son ellos y solo ellos los que tienen que tirar el Txupinazo de los Sanfermines de este año.

Ellos, que decidieron excluir sistemáticamente a parte de la representación municipal cada vez que le tocaba (la última en el año 2014, cuando le tocaba tirarlo al grupo municipal de Bildu), ahora dicen que la tradición hay que respetarla. Y ellos por tradición entienden la decisión de que sean únicamente los grupos municipales los que puedan lanzar el txupinazo. No se han enterado, todavía, que la mayoría municipal y la mayoría social y ciudadana quiere otro sistema para elegir a quien deba tirar el txupinazo. No se quieren enterar que ya no depende de sus decisiones excluyentes y partidistas nada de lo que se vaya a hacer en el Ayuntamiento. Por mucho que vayan de alcaldicos, porque Alcalde ya hay uno y es el elegido por la mayoría del Pleno, no son capaces de entender que ahora es la sociedad y las vecinas y vecinos de Iruñea quienes van a decidir, de una u otra manera, quien será la persona o colectivo que lance el txupinazo.

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Pero que nadie tenga ninguna duda. Van a hacer batalla de esto, una batalla que social y mediaticamente la saben perdedora. Pero ellos con tal de hacer ruido y que se puedan escuchar sus pataletas van a seguir haciendo el ridículo. Rápidamente saldrán sus bufones por las redes sociales a defender lo indefendible. Este año no habrá nadie en representación de UPN lanzando el txupinazo de los Sanfermines 2016. No sé quién será la persona que lo haga, ni en nombre de quién lo lanzará, pero lo que sí tengo seguro es que será alguien que haya sido elegida para hacerlo de una manera bastante más democrática que el simple hecho de contar con un privilegio por ser concejal. Esta ciudad, Iruñea, Pamplona, decidió en mayo de 2015 que el momento de los privilegios había terminado y que había llegado el tiempo del protagonismo ciudadano.

En 1936 decidieron sustraer el honor de tirar el txupinazo al pueblo, representado en el trabajador municipal Juan Etxepare. Lo sustrajeron fusilándolo. El año pasado quedó claro: ha llegado el momento de devolver ese honor al pueblo. Ni UPN, ni nadie, van a poder quitárselo otra vez.

la estrategia del limako

El limako, la babosa, necesita de moco y babas para poder desplazarse.

Van a ser cuatro meses de babas. La estrategia emprendida por la derecha española en Navarra (UPN y PP) va quedando más clara, si es que no lo estaba ya, a cada día que pasa, y conforme se va acercando el 24 de mayo, fecha en la que se celebrarán las elecciones forales y municipales, son más esperpénticas las demostraciones de nerviosismo entre sus filas.

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Son ya varias semanas de desembarco en Twitter de trolls (persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como un foro de discusión, sala de chat,  blog o red social, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional en los usuarios y lectores) encapuchados, es decir, sin mostrar ni su cara, ni su verdadero nombre, todos de la órbita ultraderechista y siempre al amparo de las figuras relevantes del ultraconservadurismo político, social, mediático y religioso. Estos perfiles tienen como misión molestar, importunar y atacar con sus tuits a cualquier persona que demuestre públicamente estar a favor del cambio político y social en Navarra o cualquiera de los municipios del viejo Reyno o a cualquier incauto que muestre alguna diferencia con los postulados de la actual rancia élite gobernante. Lo que hasta hace poco era un espacio de debate e intercambio de opiniones entre diferentes, en donde podías tener acaloradas discusiones pero siempre en un clima de reconocimiento mutuo, lo están convirtiendo en una suerte de cuadrilátero de lucha de barro en la que solo ellos quieren enfangarse.

En programas de tertulia de radios y televisiones a sueldo, los intentos, cada vez más desesperados, de intentar conseguir con el insulto y la provocación una respuesta fuera de tono, son la tónica que marcan el desarrollo de esos pseudo debates cuya finalidad es que se hable de cualquier cosa menos del desfalco que han realizado en todos estos años, que no se hable de que las y los enfermos de hepatitis C han sido abandonados, que no se nombre siquiera el atraco a mano armada que supuso la desaparición de la CAN por parte de UPN y compañía, que no se escuche que los recortes en Educación están suponiendo una gigante merma en la calidad de enseñanza, que no se hagan alusiones a la exclusión en la que hemos vivido y vivimos las y los euskaldunes en nuestra propia tierra, etc, etc. La técnica del ventilador (esa en la que para no responder a un tema que incomoda se saca otro para que la atención se disperse) ha sido y es muy utilizada en estos tiempos en los que esa élite gobernante que ha robado, manipulado y excluido se ve fuera de los sillones y despachos institucionales.

14 LA TELE SEGUN FORGES

En el Ayuntamiento de Iruñea este mandato ha estado caracterizado por la exclusión antidemocrática, regular y sistemática, de la representación soberanista, progresista y abertzale. Ya desde el primer pleno pudimos ver esa actitud fascista cuando los legítimos representantes de Bildu fueron excluidos de diferentes órganos municipales en donde, como cualquier otro edil elegido en las urnas, debían participar para cumplir las funciones para las que habían sido elegidas y elegido. A lo largo de los años la exclusión ha sido una constante y así los representantes abertzales han sido excluidos de, entre otras, el lanzamiento del txupinazo, los actos de hermanamiento entre Baiona e Iruñea y otros actos protocolarios en donde no han sido ni invitados, excluyendo así a gran parte de la ciudad. Todo esto siempre con los votos a favor de UPN, PP y en gran medida PSN.

Los plenos han sido una constante demostración de la falta de respeto político y personal de la gran mayoría de concejales de UPN hacia el resto de ediles, de todos y cada uno de los ediles de la corporación. Pero, evidentemente, el objetivo principal de esta arrogancia, de la chulería, los graves insultos, la desfachatez, la falta de respeto y la mala baba han sido, una vez más, las y los concejales de EH Bildu. En gran medida esta situación ha estado amparada por el alcalde que, en calidad de presidente del Pleno, debería haber cuidado que los debates se desarrollasen, más o menos acaloradamente, pero siempre guardando unas mínimas formas de educación. No lo ha hecho, y conforme han pasado los años del mandato menos. Se ha agriado en gran medida. Me imagino que su participación en el cobro de dietas de la CAN habrá tenido mucho que ver en eso.

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En los plenos hay algo que la mayoría de gente desconoce. Para debatir una moción tiene que votarse, siempre, la urgencia. ¿Qué es esto? Pues es una votación que se hace, antes del debate de la propia moción, para determinar si se debate la moción o no. Cualquier persona con una mínima educación democrática sabe que el debate es la base, precisamente, de la política y, desde luego, de la política en claves democráticas. La mayoría del pleno siempre ha votado a favor del pase de urgencia, como no puede ser de otra forma, pero UPN y PP siempre han votado en contra de, ni siquiera, debatir las mociones llevadas a Pleno por EH Bildu. Ese es su modelo democrático y lo que entienden por debate político. Pero bueno, que se puede esperar de ellos y ellas. De tal palo, tal astilla.

La última ha sido la del alcalde Maya no respetando la baja por enfermedad de una de las concejalas de EH Bildu. Hasta ayer el alcalde, siempre que una no asistencia por causa grave modificaba las mayorías del Pleno, cambiaba el sentido de su voto (el voto de calidad) respetando así la composición y mayorías del pleno. Ayer no lo hizo y por esa causa la oposición mayoritaria en el Ayuntamiento tuvo que retirar varias mociones, sabiendo que la irrespetuosa y antidemocrática actitud de UPN iba a hacer que no prosperasen.

De las pocas mociones que se discutieron fue una llevada por UPN y PP en contra de una concentración que se realizó para denunciar la detención de Amaia Izko, concentración de solidaridad que se llevó a cabo frente a la escuela donde estudia el hijo de la portavoz de Sortu. Nuevamente se escucharon los clásicos improperios de UPN, encabezados en esta ocasión por el concejal de Educación, todo un experto en insultar, faltar al respeto e imponer sus políticas (y si no que se lo pregunten a las trabajadoras de Escuelas Infantiles). Que si utilización de niños en actos políticos (cualquiera puede buscar en Google poniendo niños, manifestación, pro vida, España… Y la cantidad de imágenes es elocuente), que si valores educativos (para mi la solidaridad es y siempre será un valor a incluir en la educación infantil y más, en la educación de toda la sociedad), que si apoyo a asesinos, que si falta de respeto a las víctimas y tal y cual. Es decir, el único sostén al que se aferran histéricamente sin darse cuenta que se les ha caído hace tiempo. Y llegó el momento de la intervención de la concejala del PP que, fuera de sí y con evidentes muestras de excitación, utilizó su intervención para atacar a la portavoz de Bildu, Eva Aranguren, como si estuviese en la pista de la discoteca poligonera.

El caso es que Eva, a micrófono cerrado, dijo algo inoportuno y que retiró tras un receso que el alcalde, en el circo que montaron, solicitó. En otras ocasiones cuando los concejales de EH Bildu han recibido insultos y han sido retirados, ahí ha quedado la cosa. Sin ir más lejos Etxeberria, concejal de UPN, hace unos meses les dijo que eran unos asesinos, ni más ni menos, algo que, posteriormente, retiró, y ahí quedó la cosa, pues en esta tierra en que vivimos hay heridas todavía sin cerrar y mucho menos sin cicatrizar que pueden jugarnos una mala pasada. Pero Eva no es de UPN, es de EH Bildu, una alternativa política con cada vez más apoyo y cuyo trabajo está poniendo nerviosos a los del Régimen. Por eso han pedido la dimisión de Eva. Por eso han utilizado a la Policía Foral en todo este circo. Por eso sus medios van a estirar el chicle todo lo que puedan.

Este Pueblo necesita un relato común de lo que ha pasado, no solo desde el 75 si no, por lo menos, desde el 36. Necesitamos justicia, verdad y reconocimiento de todo lo que ha pasado y desde luego respeto para todas las víctimas, para todas y cada una de ellas. Para las que están enterradas y también para las que todavía no se sabe ni dónde están. Para quienes tienen el reconocimiento unánime y para quienes todavía hoy no reciben el mismo tratamiento por parte de la élite gobernante. Algún día, más pronto que tarde, la verdad saldrá y se conocerá, toda la verdad, no tengo ninguna duda. La justicia será la base de la construcción de una sociedad que tendrá que aprender a convivir. Y el reconocimiento y respeto a todas las víctimas y de todo el daño causado a lo ancho y lago de nuestra geografía estará asegurado. Hasta que ese día llegue, seguiremos trabajando para avanzar en ese camino difícil pero necesario de hacer.

Mientras tanto la derecha española en Nafarroa seguirá con su estrategia del limako, que necesita babas y mocos para avanzar… o para no hundirse del todo.

Un abrazo y todo mi ánimo a Eva Aranguren, comprometida, trabajadora, compañera y amiga.

el Régimen corrupto permite homenajes al fascismo

El frío parece ser que por fin va llegando a Euskal Herria, a Iruñea, aunque, la verdad sea dicha, el panorama está cada día más caliente. A siete meses de las elecciones forales y municipales el nerviosismo es patente en las filas de UPN y PSN y es que cada día está más claro que el Régimen tiene sus días contados. Y ya se sabe, herido de muerte, el cerdo grita y se revuelve con las últimas fuerzas que le quedan.

Hace un año exactamente, EH Bildu de Iruñea preguntó en un pleno directamente al alcalde Maya, ese señor que cobraba 1700 euros por asistir a una reunión, incluso dieta doble en una hora, y que ahora hemos sabido que por escuchar una charla cobraba 750 euros, pues bien, decía que EH Bildu preguntó al señor dietista por un acto de homenaje fascista en el cementerio de Iruñea en Todos los Santos. El tema fue el siguiente:

Miembros de la denominada Hermandad de Voluntarios de la Cruz, que no es más que el grupo fascista que homenajea y hace misas en honor de Mola en la cripta donde está enterrado el general cunetero, se reunieron en la zona del cementerio en donde están enterrados, con todos los honores, los del bando nacional. Es decir, mientras algunos han tenido que esperar más de 75 años para poder ser enterrados, mientras algunos siguen en sus cunetas sin poder ser identificados, mientras algunos ni siquiera se sabe dónde están, otros, los del bando ganador, los del bando del Régimen, siguen a día de hoy recibiendo homenajes, en un cementerio municipal, pese a la Ley Foral de Memoria Histórica y con ostentación de simbología fascista. Pese a la pregunta en pleno, recogida en acta, pasado un año ni EH Bildu, ni lo que es más grave, ni la ciudadanía obtuvo respuesta alguna por parte del alcalde ni de su grupo UPN.

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Pasado un año, y ante la posibilidad de que se repitiese el esperpento, EH Bildu volvió a preguntar a Maya publicamente si había investigado lo del año pasado y si iba a poner en marcha alguna medida para que no se repitiese. Lo mismo le dijeron en persona al de los oídos de oro (recuerdo, 750 euros por escuchar). El caso es que después de un año, el pasado fin de semana, volvió a repetirse ese acto que es una ofensa para todos los represaliados por la dictadura franquista, para todas las familias que a día de hoy siguen sin poder llorar ante el cuerpo que no aparece y para toda Nafarroa, o por lo menos, para la Nafarroa que cree en una democracia real y que está comprometida en conseguirla.

Mientras UPN sigue demostrando ser los herederos directos de Mola y compañía, incapaz e inactivo ante el tufo fascista, rancio y chulo de los Baleztena y compañía, demuestra que cuando le interesa como partido es más rápido que un toro en Santo Domingo. A los cuatro meses del fantástico despliegue de la ikurriña en el Txupinazo de los Sanfermines de 2013, eran detenidos los arrantzales barbudos que tan ingeniosamente ejecutaron la acción. Tras la detención, en poco más de un año, fueron juzgados y condenados a cinco meses. UPN, utilizando para sus intereses partidistas al propio Ayuntamiento de Iruñea, fue el máximo valedor de la detención, juicio y condena de unas personas que lo único que hicieron fue protestar pacíficamente ante la injusticia de la actual Ley de Símbolos de Nafarroa. UPN, a través de los abogados municipales, pidió cuatro años, ahí es nada, cuatro años por esa acción. Pero claro, la ikurriña es un símbolo que a UPN molesta y condiciona desde sus orígenes, desde su nacimiento, cosa que no ocurre con aguiluchos y laureadas.

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Y hablando de laureadas. Hoy 26 alcaldes de Nafarroa han denunciado públicamente el doble rasero del Gobierno de Navarra comandado por UPN. Hoy es el día en que en el Palacio de Navarra existe todavía un escudo franquista tallado en piedra. El escudo de Nafarroa sigue rodeado de la laureada que Franco otorgó por el “buen hacer” de los voluntarios navarros fascistas, requetés y falangistas en el golpe militar del 36. Ese “buen hacer”, entre comillas, es el que todavía tiene ocultas fosas en cunetas, es el que condena a personas por reivindicar un símbolo de Nafarroa en fiestas, es el que condena a los ayuntamientos por poner la ikurriña, es el que condena a los ayuntamientos a no recibir la asignación para concejales que el gobierno foral debe dar a todos los pueblos, y les deja sin presupuesto por dejar colocar ikurriñas en las calles de un pueblo en fiestas. Ese “buen hacer” es el que sigue permitiendo homenajes fascistas en el cementerio y el que permite que un general cunetero siga enterrado en una cripta de un edificio municipal.

Los herederos de ese “buen hacer” del 36 son el epicentro de la podredumbre y la corrupción en Navarra y en todo el Estado. Porque si algo ha perpetuado la NO transición y esa herencia familiar y política de los cuneteros y quienes fusilaban, más allá de puestos casi vitalicios y manejo de todos los resortes del poder, es la corrupción regular, constante y sistemática del Estado y del Régimen.

Pero afortunadamente, el cambio y la alternativa están más cerca que nunca!

Artículo base del programa La Escotilla, de Eguzki Irratia, del 5 de noviembre de 2014.

STOP a la exclusión en Iruñea

La exclusión de EH Bildu, a través del grupo municipal de Bildu, en el lanzamiento del txupinazo de los Sanfermines 2014 es un ejemplo más de la estrategia y las formas cortijeras y sectarias de UPN. No es el único ejemplo, ni, desde luego, el más importante, pero quizás si, el más claro.

UPN sigue empeñada en una política que margina a gran parte de la ciudad. No es una estrategia para apartar de la vida social y política a una coalición como EH Bildu. No se trata de imposibilitar la participación legítima de quienes votaron a las fuerzas que hoy día conforman EH Bildu. La política de Apartheid que lleva a cabo UPN, con la ayuda de PP y de PSN en diferentes ocasiones, está dirigida a un sector de la sociedad de Iruñea más amplio que los votantes de EH Bildu, si bien, en el ayuntamiento el punto de mira está permanentemente situado encima de los y las representantes de la coalición soberanista.

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UPN está anclada en parámetros afortunadamente superados por la mayoría social de este país y aparece obsesionada en continuar con las políticas que intentaron anular, por activa y por pasiva, siguiendo el modelo de la Sudáfrica racista y xenófoba, a un sector político comprometido con la resolución del propio conflicto que vivimos en Euskal Herria. Esas políticas excluyentes no sirvieron en Sudáfrica más que para alimentar día a día las ansias de libertad de todo un pueblo. Esa políticas de Apartheid no sirvieron más que para fortalecer al sector independentista y soberanista en este país. Esas mismas políticas son las que están logrando una cada vez mayor identificación con las propuestas encaminadas a conseguir hacer real una Alternativa Ciudadana que de lugar al cambio político y social en nuestra ciudad. Y si no, tiempo al tiempo.

UPN lleva años poniendo en marcha una estrategia cuya consecuencia más clara es la realidad palmaria de una ciudadanía de primera y otra de segunda, todo ordenado desde el propio ayuntamiento convertido en cortijo y chiringuito. Partiendo de la base de que no todo es blanco o negro y de que hay una gama muy amplia de grises, y desde el convencimiento de que lo que esta ciudad tiene es toda la gama del arcoiris, con mayor o menor intensidad, la ciudadanía de primera es la del Diario de Navarra, la del Opus, esa que sale en procesión el día del Corpus y se sigue pintando la cara de negro con betún en la cabalgata de Reyes. La ciudadanía de segunda es la que ve el derecho de ser euskaldun en su propia ciudad ninguneado sistemáticamente, la que asiste a la persecución obsesiva de los colectivos de la ciudad, esa a la que le censuran la organización de sus propias fiestas, la misma que tiene que pedir permiso para poder utilizar la calle como si fuese el coto privado de UPN. Es esa ciudadanía a la que pretenden imponer una historia mientras le prohiben investigar y debatir la suya propia, una ciudadanía a la que le cierran poco a poco el comercio de barrio y cercano, esa a la que pretenden hacer vivir en la desinformación y la manipulación que UPN y el Régimen llevan a cabo regularmente. Una ciudadanía que no puede llevar a sus hijos e hijas desde los 0 años a Escuelas en euskera, la que es continuamente sospechosa para esa Policía Pretoriana a la que UPN ha convertido a la Policía Municipal con un militar intransigente al frente.

Y no solo somos las vecinas y vecinos de Iruñea los excluidos, porque en el Ayuntamiento las cosas no están mucho mejor. Todos los grupos de la oposición, salvo PP y PSN en ocasiones, sufren el desprecio contínuo de UPN, desprecio que se traduce en falta de información, malos modos y cualquier cosa que pueda obstaculizar el trabajo que los grupos municipales tienen que desarrollar en el ayuntamiento. Esta actitud se agudiza con los grupos de EH Bildu, en especial con el grupo municipal de Bildu. Hoy es el día en que la mayoría de las veces UPN ignora a este grupo para contestar siquiera a las peticiones de información, y cuando lo hace es tras agotar el tiempo legal para hacerlo. La actitud pública y privada de UPN, de todos y cada uno de sus concejales, especialmente de Elizale, Alonso, Maya, Polo o Prieto, es de una falta de respeto y de desprecio propio del caciquismo, algo que es extensible a la ciudadanía a la que EH Bildu representa. A día de hoy el grupo municipal de Bildu está excluído de los organismos municipales en los que UPN ha podido marginarlos, ya que en otros por ley tienen que estar representados. La actitud prepotente y caciquil llega a tal extremo que se ha llegado incluso a no extender la invitación de un organismo externo al conjunto del ayuntamiento para participar en un acto oficial, léase la invitación que anualmente realiza el Ayuntamiento de Baiona al Ayuntamiento de Iruñea para participar en un acto institucional en las Fiestas de la capital labortana. Por eso cuando se dice que UPN ha convertido al ayuntamiento iruindarra en su cortijo, en su corrala, no es una figura retórica o literaria. Es la triste realidad que Iruñea vive en estos momentos.

Por lo tanto, la exclusión de EH Bildu en el lanzamiento del txupinazo es otro ejemplo más, un ejemplo, eso sí, con mucho significado. Este acto ha sufrido, como ninguno, los efectos del expolio ideológico y material del Régimen actual, heredero del franquismo vencedor a base de cavar cunetas por toda Navarra. El lanzamiento de cohetes para anunciar el comienzo de las fiestas es algo que se realiza desde finales del siglo XIX y más regularmente desde 1931, año en que un trabajador municipal llamado Etxepare empezó a lanzarlo. Este acto, que entonces se realizaba en la Plaza del Castillo, se interrumpió a partir del año 36, con el golpe militar fascista. Es en ese año 1936 cuando Etxepare, republicano e iruindarra de pro, fue fusilado, como tantos otros, en el comienzo de la barbarie. Esa fue, desgraciadamente, la primera exclusión del txupinazo en esta ciudad. Pero esta historia, dramática como muchas otras que se han vivido aquí, no se encuentra en la historiografía oficial porque el Régimen se encargó de esconderla totalmente. En la mayoría de libros y páginas Web leeremos que los “creadores” del txupinazo fueron Ilundain y Pérez Salazar, a la sazón, miembros del franquismo en la ciudad, vencedores a base de cunetas y terror. Es entonces cuando se decidió trasladar el acto al balcón del Ayuntamiento.

El txupinazo debe volver a tener un concepto más popular que el que ahora mismo tiene y esto lo tienen que acordar todos los grupos presentes en el Ayuntamiento, o por lo menos, los grupos que apuestan por un cambio en las formas y en el contenido que dé lugar a un nuevo modelo de ciudad. Esa es el quid de la cuestión. Y para ello hay muchas fórmulas. Simplemente con acordar un Reglamento que trate sobre la representación oficial del Ayuntamiento, los honores y reconocimientos o el propio protocolo a seguir en diferentes momentos, quedaría todos resuelto. En estos momentos el problema reside en la voluntad de quien gobierna para decidir este tipo de cosas, y la voluntad de UPN la conocemos y la sufrimos constantemente.

Hay que poner fin a la exclusión en Iruñea.

Artículo para colaboración con Ahotsa.info