todo un año de libros – 2017

Repasar el año es un ejercicio necesario solo desde el punto de vista de poder seguir avanzando, de constatar ese avance y de mantener esa vista hacia adelante, siempre viviendo el presente. Hay muchas maneras de hacerlo y de todas se puede aprender. En el ejercicio saludable que esto representa, hay una parte con la que disfruto mucho. El repaso a los libros leídos durante el año, rememorando, recordando los momentos de disfrute, constatando el fracaso de algún título y apuntando algún otro, irremediable consecuencia de lo leído.

Cuarenta y nueve libros entre narrativa y ensayo con géneros de todo tipo, desde novela a cuentos, pasando por literatura epistolar. Diecisiete mujeres y treinta hombres. Una escritora, Virginia Woolf, de quien he leído cuatro obras. Autores y autoras de Inglaterra, Estados Unidos, Euskal Herria, Irlanda, Alemania, Grecia, Estado español, Noruega, Austria, Francia, Italia y Japón, mucho Japón. Vivos y muertos. Y entre todas las obras, seis que me han causado, por diferentes causas, un placer máximo, llegando, incluso, con alguno de ellos, al éxtasis.

Hay títulos que han estado y siguen estando en la mesilla de noche, de esos que los coges y los dejas, de los que lees poco a poco, a sorbos y de los que necesitan que cada frase pose tranquilamente. Ahí siguen y continúo con la Iliada de Homero, los Sonetos de Shakespeare, un ensayo filosófico de Châtelet, una guía literaria de Berthoud y un ensayo sobre nuestro futuro como planeta de Dion. Quizás 2018 vea el final de sus páginas o, quién sabe, sea testigo de su relectura.

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Estos son los libros que he leído y terminado en este 2017:

Hygge, de Louisa Thomsen Brits. ♥♥♥

La meditación y el arte de la jardinería, de Ark Redwood. ♥♥♥♥

Mi Londres, de Simonetta Agnello Hornby. ♥♥♥

Los casos de Horace Rumpole, abogado, de John Mortimer. ♥♥♥

Stoner, de John Williams. ♥♥♥

Nosotros en la noche, de Kent Haruf. ♥♥♥♥

Los búfalos de Broken Heart, de Dan O’Brien. ♥♥♥♥

Leer es un riesgo, de Alfonso Berardinelli. ♥♥♥

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Un cuarto propio, de Virginia Woolf. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Sin rumbo por las calles, una aventura londinense, de Virginia Woolf. ♥♥♥♥

Mansfield Park, de Jane Austen. ♥♥♥♥

Las aventuras agrícolas de un cockney, de Virginia Woolf. ♥♥♥♥

El eterno viaje: cómo vivir con Homero, de Adam Nicolson. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Londres, de Virginia Woolf. ♥♥♥♥

Drácula, de Bram Stoker. ♥♥♥♥

Zorba el griego, de Nikos Kazantzakis. ♥♥♥♥

Claudio Monteverdi. “Lamento della Ninfa”, de Ramón Andrés.♥♥♥

La amiga estupenda, de Elena Ferrante. ♥♥♥♥

El amigo del desierto, de Pablo d’Ors.♥♥♥♥

Siddhartha, de Hermann Hesse.♥♥♥♥

Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness.♥♥♥♥

La luz de los lejanos faros, de Carlos García Gual. ♥♥♥♥

Siempre. La leyenda de la pecosa de ojos verdes, de Jairo Berbel. ♥♥

La tierra de los abetos puntiagudos, de Sarah Orne Jewett. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Hôzuki, la librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki. ♥♥♥

Cartas de una pionera, de Elinore Pruitt Stewart.♥♥♥♥

Verde agua, de Marisa Madieri. ♥♥♥♥

Un lugar pagano, de Edna O’Brien. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Kes, de Barry Hines. ♥♥♥♥

Entre todas las mujeres, de John McGahern. ♥♥♥

Medio planeta, de Edward O. Wilson. ♥♥♥♥

Entusiasmo, de Pablo d’Ors. ♥♥♥♥

El silencio en la era del ruido, de Erling Kagge. ♥♥♥

Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell. ♥♥♥♥

Banzai, de Zofia Fabjanowska-Micyk. ♥♥♥

El club de los gourmets, de Junichiro Tanizaki. ♥♥♥♥

Amistad, de Saneatsu Mushanokoji. ♥♥♥

Cerezos en la oscuridad, de Higuchi Ichiyō. ♥♥♥♥

Algo que brilla como el mar, de Hiromi Kawakami. ♥♥♥♥

Musashino, de Doppo Kunikida. ♥♥♥♥

Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero, de Eduardo Gil Bera. ♥♥♥♥

La tumba del tejedor, de Seumas O’Kelly. ♥♥♥♥

El lector, de Bernhard Schlink. ♥♥♥♥

Clásicos para la vida, de Nuccio Ordine. ♥♥♥♥

El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono. ♥ ♥ ♥ ♥ ♥

Invierno en Viena, de Petra Hartlieb. ♥♥♥

El grillo del hogar, de Charles Dickens. ♥♥♥♥

Historias de la palma de la mano, de Yasunari Kawabata. ♥♥♥

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guía para la vida

La escuela debe siempre plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un especialista.

Albert Einstein

Pero la escuela, y también la universidad, deberían sobre todo educar a las nuevas generaciones para la herejía, animándolas a tomar decisiones contrarias a la ortodoxia dominante.

La verdad es que leer a Nuccio Ordine, filósofo, pensador y profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria, es un soplo de cultura a la que, desgraciadamente en estos tiempos, no estamos acostumbrados. Podríamos decir que es un inconformista en esta época y un convencido de que la cultura podría cambiar el mundo. ¿Cómo? Ordine es de los que piensan que una persona cultivada en la cultura desarrolla, no solo una capacidad de pensamiento, razonamiento y decisión, si no, también, otros valores que muchas veces echamos en falta en esta sociedad, como son la solidaridad, la igualdad, el respeto, la alternativa al consumismo y al dinero, la libertad y el antifanatismo.

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En el anterior libro nos hablaba de La utilidad de lo inútil, refiriéndose a la cultura clásica, la literatura, la poesía, la música, desterradas de los planes de estudio en toda Europa. Ordine señalaba que la universidad debe ser un espacio de desarrollo personal e intelectual y no una fábrica de títulos destinados a un mercado laboral al servicio de los intereses del poder establecido. En el nuevo libro publicado por Acantilado, Clásicos para la vida, señala en uno de los capítulos si es realmente inútil todo aquello que no nos reporta un beneficio (económico). Y en esta idea ahonda el prefacio, pequeño manifiesto por el que ya solo esta obra es de obligada lectura. Escuela, papel del profesorado, curiosidad de la persona, profesionalización, negocio empresarial, burocratización, recortes, son algunos de los conceptos con los que el profesor italiano desarrolla esta primera parte del libro.

La segunda parte son pequeños capítulos que en su día fue publicando semanalmente en una columna de Sette, el semanario del Corriere della Sera. En ella hace un recorrido por fragmentos de diversos libros de cincuenta autores más o menos clásicos que le han ayudado en la vida. A través de Saint-Exupéry, Shakespeare, Platón, Yourcenar, Mann, Goethe, Zweig, Dickens, Montaigne, Flaubert, Pessoa o Kavafis, hace un recorrido por valores que toda persona debería tener. Ordine, lejos de pretender establecer un canon literario-filosófico, solo aspira a ofrecer pistas, balizas a navegantes para quienes, definitivamente, el dinero no lo es todo.Empresa difícil en este mundo, desde luego, pero creo, sinceramente, que ha sido gracias a personas que han resistido en otras épocas, por lo que la humanidad, a pesar de todo, ha seguido avanzando. Otra cosa es el prcio que estamos pagando. Por eso, obras como las de Nuccio Ordine son tan necesarias de leer, releer, rebatir, reflexionar y compartir. Porque es bueno pararse a pensar en lo que estamos haciendo y a dónde estamos llevando el mundo. Con un poco de suerte para quien lo lea, será el comienzo de un viaje por unos autores que a pesar del transcurrir del tiempo siguen enseñándonos que el pensamiento individual y colectivo es necesario alimentar, a riesgo de que, en un descuido, nos engulla el pensamiento único.

En definitiva un libro que debería leer todo el mundo, sobre todo los que alguna vez han sentido alguna vez que este mundo no va como debiera ir. Ojalá sea todo el mundo.

El propio Nuccio Ordine nos explica mucho mejor todo esto (tiene subtítulos en castellano):

ilustraciones que cuentan historias

¿Cuál es la razón por la que compras una edición concreta de un título de libro? Es decir, si hay más de una edición de un mismo título para comprar (algo que puede suceder con los clásicos o con los títulos que son reeditados), ¿qué determina la compra? ¿El precio? ¿La editorial? ¿El año de edición? ¿La tapa del libro? ¿La traducción? En mi caso, lo admito, normalmente me lanzo por los editados más recientemente o, en el caso de los clásicos, por la mejor traducción (evidentemente entonces tengo que buscar en Internet cuáles y de qué año son las traducciones realizadas del título en cuestión). A este respecto, en más de una ocasión, antes de fijarme en el detalle de la traducción, existía el peligro de comprar un título con una traducción antigua, en ocasiones (por ejemplo con Shakespeare, Dickens, Austen y otros grandes autores, por lo general, anglosajones) con traducciones del siglo XIX. Esto de las traducciones lo aprendí gracias a los antiguos libreros de El Parnasillo. En otros momentos, si me puedo permitir el lujo, la edición elegida es de tapa dura, grande y en ocasiones ilustrada. Tengo ya unos cuantos libros clásicos que contienen unas ilustraciones de morirte de gusto y entre todas ellas destacan los ilustrados por el madrileño, Fernando Vicente, habitual de Babelia.

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Las ilustraciones de Vicente se caracterizan porque son realizadas sobre papel o lienzo, normalmente en caballete y utilizando lápiz, acuarela y acrílicos. Destaca la utilización de personajes humanos en toda su obra. Lo bueno de su obra es que, no solo es complementaria a la narración que ilustra, si no que en muchas ocasiones es un elemento imprescindible para llegar al fondo de la misma. El caso es que hace poco estuvo en Iruñea para participar en el VIII Salón del Cómic, ofreciendo una charla en el Civicán y exponiendo en el Condestable su trabajo para la obra de Bram Stoker, Drácula, una muestra que estará hasta el día 28 de septiembre y que de ninguna manera quiero perdérmela.

Y va entonces la amiga Deborahlibros y nos prepara una firma de sus libros en su tienda. Y yo, que para estas cosas no me importa ser un poco friki, decidí irme para allí con uno de los libros que tenía con sus ilustraciones, El hombre que pudo reinar, de Rudyard Kipling (película maravillosa, actores estupendos, cuento extraordinario, dibujos para morirte) y como sabía que había hecho un trabajo para uno de los clásicos que quería leer, Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, pues se lo pedí a la librera y tras arduo trabajo me lo consiguió y me hice con él. El libro es para cogerlo y empezar a acariciarlo sin descanso. Así que allí estaba, en la fila, con mis dos libros para que me los firmase y joder, en la mesa de al lado, con varios de sus libros en venta, vi uno que me miraba insistentemente. Lo juro. Me decía claramente que me lo tenía que llevar. Así que lo cogí, me maravillé con la edición, me estremecí con los dibujos y lo pagué haciendo cálculos para no comprar más libros en unas cuantas semanas (no creo que lo logre). Así que volví a la fila con el tercer título, Diez días que sacudieron el mundo, de John Reed, que lo leeré para octubre, celebrando el centenario de la Revolución rusa.

Fernando Vicente, aparte de un profesional con un gusto exquisito, es una persona amable, simpática, que me firmó los tres libros a la manera que solo puede hacerlo un ilustrador. En cada uno de ellos me hizo un dibujo, empleando lápiz, rotuladores y acuarela. Utilizó el tiempo necesario para hacerlos, sin prisas, como se hacen las cosas bien hechas. Lo mejor de todo fue poder hablar con él sobre su obra, los matices que lograron sus dibujos en el cuento de El hombre que pudo reinar. Es una gozada poder hablar de eso con alguien cuyo trabajo admiras. Dibujos y firma con dedicatoria. Impagable. En la mesa quedaron otras joyas como Drácula, Poeta en Nueva York o Estudio en escarlata. Otro día será.

Si queréis saber más de él, os recomiendo que os paseéis por su página web, o su Instagram o seguirle en Twitter. Yo mientras tanto os dejo con diez de sus trabajos para que os maravilléis. A mi ya me tiene enamorado. Muchas gracias, eskerrik asko a Deborahlibros por darnos la oportunidad de poder charlar con Fernando Vicente.

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la precuela de una guerra entre rosas blancas y rojas

ENRIQUE VI, PARTE I

INTRODUCCIÓN

Comenzamos este recorrido por la obra del genial William Shakespeare con una obra que podría haber sido la primera escrita, aunque hay quien la señala como posterior. Enrique VI, parte I, es el comienzo de una trilogía dedicada al último de los monarcas Lancaster, formada por las otras dos partes, la II y la III. Hay quien la trilogía la convierte en tetralogía uniendo a estas tres obras una cuarta, la de Ricardo III, siendo las cuatro obras un maravilloso relato literario de la Guerra de las Dos Rosas.

Según Bloom, la obra fue escrita entre 1589 y 1590 y se trata de la pieza más ambiciosa de las tres partes, que incluye magníficas escenas de batallas entre Francia e Inglaterra y contiene emocionantes duelos cuerpo a cuerpo. Obtuvo, desde su estreno en el Rose Theatre, un gran éxito, pues en aquella época las obras con trama histórica era muy bien aceptadas por el gran público. En cuanto a su autoría, tradicionalmente se pensaba que Shakespeare no la había escrito en su totalidad e incluso hay quien dice que el primer acto fue escrito por Thomas Nash. Los análisis informáticos de pautas lingüísticas apuntan a que, aunque Shakespeare escribió la segunda parte de Enrique VI y casi toda la tercera, solo fue autor de fragmentos de la primera. Finalmente, en los últimos cincuenta años los críticos han redescubierto en la obra parte del entusiasmo y la agudeza política que debió embelesar al público en su estreno.

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EL ARGUMENTO

Acaba de morir Enrique V y estando todo quisqui en el funeral estalla una disputa al llegar las noticias de las derrotas inglesas en Francia. De hecho, en tierras francesas lord Talbot queda atónito al ver cómo sus tropas caen frente a un ejército comandado por una mujer, ¡oh cielos! La señora de armas tomas es Juana de Arco, que en la obra se llama Juana Pucela. Poco después Talbot toma Orleans por sorpresa y el delfín Carlos culpa a Juana de eso por unas profecías que había hecho. Es mejor estar callada. En la siguiente escena contemplamos el comienzo de la enemistad entre las casas de York y Lancaster al arrancar Ricardo Plantagenet y Suffolk rosas de colores diferentes simbolizando su rivalidad. Como sabemos los York usan la rosa blanca como emblema y los Lancaster la roja. Los hooligans de cada equipo la van a armar. Enrique, que ya está más crecidito, ruega a sus tíos que se tranquilicen, que la están armando en Londres. En la coronación de Enrique en París se arma la de Dios es Cristo otra vez a cuenta de las familias de las rosas de diferente color. A todo esto Juana es apresada y la queman por bruja entre fuertes gritos e insultos (como para quedarse callada estaba el tema). En la última escena de esta primera parte Suffolk conspira para controlar a Enrique diciéndole que debería casarse con Margarita de Anjou, una aristócrata de tomo y lomo que por lo visto estaba bastante buena.

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EL PERSONAJE

El personaje indiscutible de esta primera parte es, al decir de muchos, incluso para alguno lo único memorable, Juana Puncela-Juana de Arco. Juana es en algunas escenas tosca y desagradable y en otras encarna la valentía y la franqueza. Aunque no es el mejor personaje de Shakespeare, quizás en ese momento todavía no tenía la capacidad para ello, es verdad que siendo un personaje  a veces desconcertante, tiene pasajes bastante memorables. ¿Por qué no debería ser a la vez una mala mujer y una guía político-militar genial? Ejemplos de esas contradicciones tenemos muchos… Se alza con un encanto particular ante su oponente el valeroso y aburrido Talbot. ¿de qué importa que Juana venza en la cama o en el campo de batalla? Los juicios morales nunca han tenido gran protagonismo en las obras shakespeareanas y en esta ocasión, si es que aparecen, es como prejuicios nacionales. Un personaje femenino que satiriza a la perfección la vanagloria militar y la masculinidad. Quizás por eso nunca ha tenido muchos seguidores este personaje, cuando posiblemente estamos asistiendo al primer esbozo de la humanidad de Falstaff.

FUENTES

  • Nuevas crónicas de Inglaterra y Francia, de Robert Fabyan, 1516.
  • La unión de las dos nobles e ilustres familias de Lancaster y York, de Edward Hall, 1545.
  • Las Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda, de Raphael Holinshed, 1587.

CRONOLOGÍA

  • 1592. La obra tiene un gran éxito cuando se representa por vez primera en el Rose Theatre (que nombre tan apropiado).
  • 1738. La primera representación documentada de la obra tras la muerte de Shakespeare se ofrece en el Covent Garden de Londres. Se añaden varias escenas de danza.
  • 1873. Enrique VI, parte I, se representa en Viena.
  • 1906. El director británico Frank Benson pone en escena las tres obras sobre Enrique VI sin cambiar ninguna. Es la primera vez que se hace desde la década de 1590.
  • 1990. El director Michael Bogdanov estrena la película de las tres obras sobre Enrique VI, que se graban en noches consecutivas en el Grand Theatre de Swansea.

Tenemos dos semanas largas para leer la obra. Versiones hay unas cuantas, aunque soy de los que prefiero las traducciones contemporáneas. Yo utilizaré el tercer volumen que Penguin Clásicos ha editado de sus obras completas, en este caso dedicado a los dramas históricos y en edición de Andreu Jaume. Anteriormente esta misma colección fue editada en Debolsillo.


Una obra para quienes gustan de hacer guerras de las de antes, con espadas y caballos, para quien quiera conocer una parte de la historia de Inglaterra de forma diferente, para quienes piensan que es lo mismo un Ricardo que un Enrique y para quienes quieran disfrutar con una mujer restando importancia a la masculinidad y la fuerza militar.

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el bardo Shakespeare desde Iruñea

Yo soy de los que descubrí a Shakespeare a través del cine, en una adolescencia y juventud en donde las historias del bardo inglés me llamaban poderosamente la atención. Naturalmente había estudiado a Shakespeare, sabía de qué iban un puñado de sus obras, pero no lo entendía. Aquel modelo de educación que se basaba en aprender de memoria los títulos de diez obras, dejó de lado la lectura y comprensión de las mismas. Pero el cine llegó en mi ayuda. El Hamlet protagonizado por Mel Gibson o Mucho ruido y pocas nueces, de Kenneth Branagh marcaron, en gran medida, mi afición a las obras de William Shakespeare. Más tarde vinieron El sueño de una noche de verano, con una maravillosa Michelle Pfeiffer como Titania y el descubrimiento de otras películas que, definitivamente, me convirtieron en un seguidor shakespeareano de su literatura.

Creo que la primera obra que leí fue Romeo y Julieta y desde entonces la he leído unas cuantas veces. El monólogo de Mercucio, que adelanta su propia tragedia, es una parte en la que, en cada relectura, descubro nuevos acentos. Esa original dulzura que está presente en toda la primera parte, llegó al fondo de mi ser desde el primer momento. Tras la tragedia de los dos amantes vinieron el resto, Hamlet que en su locura es el único que se atreve a decir la verdad, la avaricia del mercader de Venecia, el amor-odio entre Beatriz y Benedicto en Mucho ruido y pocas nueces o el fantástico cuento que es El sueño de una noche de verano. Casi he completado las obras de Shakespeare, varias de ellas releyéndolas, y sigo descubriendo frases, palabras, personajes, caracteres, leyendas, enseñanzas y significados. No creo que me canse jamás de leer a Shakespeare y en cuanto tengo ocasión me hago con una edición de alguna de sus obras o de algún libro sobre el autor.

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Este año se cumplen los 400 años de su muerte, el 23 de abril (el 3 de mayo según el calendario gregoriano vigente en la actualidad) y se me ha ocurrido que voy a releer toda la obra de Shakespeare, mes a mes. Evidentemente tardaré más de un año, pero no tengo prisa. La lectura, en estos tiempos, es algo que se hace, normalmente, en la intimidad, a solas o acompañado, pero casi siempre, a no ser que leas en voz alta, para ti mismo o misma. El caso es que podría hacer este recorrido shakespeareano yo solo, pero si a alguien le apetece acompañarme en este viaje estaré en cantado. Así, a modo de club de lectura, podremos leer y estudiar cada una de las obras de William Shakespeare. El esquema que propongo es sencillo:

  1. La última semana de cada mes haré una entrada que sirva de introducción a la obra. Contexto histórico, fuentes literarias, momento de la vida de Shakespeare en que la escribió, ediciones y traducciones disponibles (la lectura será de las traducciones al castellano), etc.
  2. Las dos primeras semanas será el tiempo que emplee o empleemos en leer la obra. Es un tiempo más que suficiente para leer con tranquilidad cualquier obra de Shakespeare.
  3. La tercera semana aportaré otros enfoques que se hayan hecho de la obra desde diferentes medios artísticos como la música, el ballet, el cine, la televisión, la pintura, la escultura o el cómic, además, evidentemente, del propio teatro.
  4. La cuarta semana servirá para poder hacer el comentario de la obra. Qué me ha parecido, qué es lo que me ha llamado la atención, qué personajes me han sorprendido, cuáles son las frases que me han motivado, etc. Esta será la semana para poder intercambiar esos comentarios, esas críticas con quien haya leído la obra.

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He tenido dudas sobre qué orden llevar en la lectura del canon shakespeareano porque posibilidades hay unas cuantas y cada una de ellas aporta algo diferente. Por orden alfabético, sin ningún orden preestablecido, primero las comedias y después las tragedias o al revés, o quizás alternar comedia con tragedia. Finalmente, dada la vocación de estudio que tiene en parte esta lectura crítica de todo Shakespeare, me he inclinado por leer las obras en el (supuesto) orden de elaboración y escritura de la propia obra. Al respecto existen diferentes cronologías que difieren unas de otras en algunas obras, pero que, en lo esencial, mantienen un orden bastante parecido. Con lo cual el calendario queda de la siguiente manera:

2016

Marzo. Enrique VI, 1ª parte, (1589-1590).

Abril. Enrique VI, 2ª parte, (1590-1591).

Mayo. Enrique VI, 3ª parte, (1590-1591).

Junio. Ricardo III, (1592-1593).

Julio. Los dos hidalgos de Verona, (1592-1593).

Agosto. Venus y Adonis, (1592-1593).

Septiembre. La comedia de los errores, (1593).

Octubre. La violación de Lucrecia, (1593-1594).

Noviembre. Tito Andrónico, (1593-1594).

Diciembre. La doma de la fiera, (1593-1594).

2017

Enero. Trabajos de amor perdidos, (1594-1595).

Febrero. Ricardo II, (1595).

Marzo. El rey Juan, (1594-1596).

Abril. Romeo y Julieta, (1595-1596).

Mayo. Sueño de una noche de verano, (1595-1596).

Junio. El mercader de Venecia, (1596-1597).

Julio. Enrique IV, 1ª parte, (1596-1597).

Agosto. Las alegres comadres de Windsor, (1597).

Septiembre. Enrique IV, 2ª parte, (1598).

Octubre. Mucho ruido y pocas nueces, (1598-1599).

Noviembre. Enrique V, (1599).

Diciembre. Julio César, (1599).

2018

Enero. Como gustéis, (1599).

Febrero. Hamlet, (1600-1601).

Marzo. El Fénix y la tórtola, (1601).

Abril. Noche de Reyes, (1601-1602).

Mayo. Troilo y Crésida, (1601-1602).

Junio. Bien está lo que bien acaba, (1602-1603).

Julio. Medida por medida, (1604).

Agosto. Otelo, (1604).

Septiembre. El rey Lear, (1605).

Octubre. Macbeth, (1606).

Noviembre. Antonio y Cleopatra, (1606).

Diciembre. Coriolano, (1607-1608).

2019

Enero. Timón de Atenas, (1607-1608).

Febrero. Pericles, (1607-1608).

Marzo. Sonetos, (1593-1609).

Abril. Cimbelino, (1609-1610).

Mayo. El cuento de invierno, (1610-1611).

Junio. La tempestad, (1611).

Julio. Elegía fúnebre, (1612).

Agosto. Enrique VIII, (1612-1613).

Septiembre. Los dos nobles caballeros, (1613).

Esta cronología la he tomado de la obra Shakespeare, la invención de lo humano, de Harold Bloom. Anagrama, 2002.

Obras escritas en colaboración, dudosas en su atribución y otros escritos:

Octubre. Faetón, atribuida, (1591).

Noviembre. Tomás Moro, atribuida, (1592).

Diciembre. Arden de Faversham, colaboración, (1592).

2020

Enero. Querellas de una amante, atribuida (1597).

Febrero. El peregrino apasionado, atribuida (1599).

Marzo. La tragedia española, colaboración, (1602).

Abril. Mucedorus, colaboración, (1610).

Mayo. Cardenio, colaboración, atribuida, (1613).

Junio. Epitafio y testamento, (1616).

Bueno, pues este es el plan. Ambicioso, lo acepto. Pero profundamente intenso y que, seguramente, me ofrecerá muy buenos momentos. Si quieres acompañarme en este viaje, en su entero recorrido, o en cualquiera de sus trayectos, aquí tienes tu sitio. Yo, encantado de la compañía. Un paseo siempre es más agradable en compañía y con una buena conversación.

Para recoger todos lo que vaya sucediendo en el camino he abierto este blog en donde se irán ordenando todas las entradas referidas a Shakespeare. Bienvenidas y bienvenidos a Shakespeare desde Iruñea.

ser verdaderamente un dios!

A mis 16 años vi esta película tres días seguidos, lo recuerdo perfectamente. Fueron tres días en donde me emocioné, me llené de fuerza como para comerme el mundo, gocé con la sensibilidad que emanaba cada una de sus escenas y lloré al final de cada una de las sesiones. Tenía 16 años y la película estaba hecha como para mi, o por lo menos eso me creía. La película se llamaba y se llama El club de los poetas muertos.

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Primera película del director australiano Peter Weir que traigo al blog. La cinta, protagonizada por el llorado Robin Williams, marcó una filosofía a mucha gente, con un carpe diem impertérrito en el espíritu de toda la película. “Aprovechad el momento”, nos decía el profesor Keating, mientras los rostros de los antiguos alumnos nos miraban desde las ajadas fotografías. Aprendí que la forma de caminar puede indicarnos el estado de ánimo de una persona, empecé a leer a Shakespeare por culpa de El club de los poetas muertos y quise ir a una universidad que despidiese el día con un gaitero escocés tocando a orillas del lago. La banda sonora es de Maurice Jarre y utiliza, también, bastante música clásica. De hecho, la primera clase de Keating a sus alumnos, comienza con el profesor saliendo de su habitación y recorriendo la clase, para salir al pasillo ante la atónita mirada de sus alumnos. Mientras va andando entre las mesas, silba una melodía que no es otra que la Obertura 1812 de Tchaikovsky.

La escena que quiero comentar transcurre en el campus del elitista colegio, con Keating cargando una red de balones de futbol y seguido por toda la clase. Reparte unos papeles con frases de autoestima, pone a todos los alumnos en fila y se las hace decir entonando según el sentido de las mismas. Para acompañar el experimento pone un vinilo en un tocadiscos y suena una música llena de trompetas y timbales que es, nada más y nada menos, el Allegro de la Suite nº 2 de la Música acuática, HWV 349, de Handel. El último de los alumnos, Charlie, uno de los del club, grita expectante su frase “¡Ser verdaderamente un dios!!!” Veamos la escena:

La historia de esta música es, cuanto menos curiosa. Resulta que Handel pidió, en 1712, permiso a su patrón, el Elector de Hannover, para ir a Londres y poder hacer carrera allí. Con el éxito de sus óperas, Handel iba retrasando cada vez más su regreso y su patrón se fue enfadando cada vez con más motivo. Pero va y en un giro inesperado de los acontecimientos, al Elector de Hannover lo hicieron rey de Inglaterra en 1714 y se convirtió en Jorge I. Os podéis imaginar la cara de Handel cuando se enteró de que el cabreado de su patrón iba a llegar a Londres para ser nombrado rey. En fin, que ya en agosto de 1715, para una “sencilla” fiesta del monarca, en la que iba a subir por el Támesis en una barcaza, desde Whitehall hasta Limehouse para cenar, el compositor creó una música para ser interpretada por 50 músicos en una barcaza que iría al lado de la del rey. Vamos, como la radio del coche, pero a lo grande. A Jorge le encantó la música y al enterarse quién la había compuesto decidió, con buen criterio, que el mejor músico de Inglaterra, alemán como él, merecía el perdón real. Casi seguro que esta historia tiene mucha parte de leyenda, seguramente diseñada desde algún despacho palaciego para hacer ver la bondad de la realeza y su magnanimidad ofreciendo el perdón.

De las tres suites, dos están orquestadas con trompetas y trompas para ser interpretadas en el río y la tercera es más suave, para ser escuchada durante la cena. En 1717 se volvió a interpretar la misma música. De las versiones que existen me quedo con una, que es la de John Gardiner con sus English Baroque Soloists, en una grabación de 1991, para Philips. Es una versión que tiene diez músicos menos de los que cuentan que llevó Handel, pero, la verdad, es que queda bastante animado. Hay otras versiones… Pero no son tan inglesas.

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Os dejo con la grabación del afamado bachiano, en este caso, interpretando a Handel: