de nuevo, sentado

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De nuevo, una vez más, decido sentarme, coger el cojín, ese zafu abandonado hace algunos meses, y sentarme sobre él. Cruzo las piernas, las rodillas se quejan por la posición, les falta práctica, pongo derecha la espalda, apoyo mi mano izquierda sobre la derecha, con las palmas hacia arriba, inclino la barbilla hacia mi pecho, cierro los ojos y comienzo con unas respiraciones profundas para ir dejando que la respiración normal vaya haciéndose cargo del momento. ¡Ya está! Inspiro y espiro. En menos de un minuto mi cabeza ya se ha ido con unos cuantos pensamientos. Vuelvo. Se me va. Sonrío y vuelvo otra vez. Poco a poco. Y con eso me basta por hoy, para volver a la costumbre. Cuando termino la sentada, agradezco el momento y me doy cuenta que, simplemente con esos pocos más de diez minutos sentado y respirando, la serenidad asoma por la puerta de mi habitación. Mañana más.

soltando amarras

Pasadas las navidades, por fin, acepté que había llegado a un límite. No seguramente al límite, ni mucho menos, pero sí a un límite en el que no estaba a gusto. Había engordado en los últimos meses cerca de diez kilos y me sentía pesado, cansado y sin ganas y eso a los 43 años era una llamada de atención en toda regla. Mi trabajo estresante, con decenas de reuniones y decisiones que tomar, con la presión de lo que haces o no haces, de si lo haces bien o si lo haces mal, y parte de un grupo humano que a veces me sorprende que aguante las embestidas de la jungla. La casa llena de cosas cada vez más inservibles, la economía personal muchas veces malgastada en tonterías y los fines de semana sin disfrutarlos apenas. Eso era en enero.

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A día de hoy me sorprendo de cómo han cambiado las cosas en mes y medio. He adelgazado casi seis kilos con la ayuda de una dietista, depurando mi cuerpo y empezando a habituarle a una alimentación sana. No es que estuviese gordo, pero la dietista me informó que estaba en sobrepeso I, que es donde empiezan los problemas. Pues ahí sigo, con tesón, llevando una dieta lo más alegre que puedo. Voy recuperando energía. El trabajo sigue con el mismo volumen, pero estoy aprendiendo a priorizar, delegar y decir no. Empiezo a estar más atento de las personas que de los proyectos. Sin personas no hay proyectos. Así de fácil. En la casa ha habido un vuelco importante. Después de tirar, vender y reciclar muchas cosas, me he acostumbrado a limpiar diariamente, y los fines de semana un poco más a fondo, y la casa empieza a ser un espacio en el que estar a gusto, sin miedo a pisar algo, romper cualquier tito. No es que viviese en una pocilga, ni mucho menos, pero había demasiadas cosas fuera de su lugar. Empiezo a estar enamorado del minimalismo. Y reconozco que es el comienzo en este proceso de vivir con solo lo necesario. Los fines de semana aprovecho para leer, pasear, escuchar música, descansar, ir al cine, conversar con los amigos y amigas, estar con mi hermana y hermano y vivir la belleza del descubrimiento diario que hace mi sobrino de 8 meses.

Y llevo 45 días seguidos sentándome en el zafú. A las mañanas y muchos días por la noche. Unos días con más acierto y otros con menos. Siendo consciente, serenando y sintiendo que soy uno, mente y cuerpo, unido a otros.

Esto es marzo y aquí estoy, soltando amarras. Siendo.

preparándome

En esta semana larga que llevo “meditando” resulta que me sentaba en mi cojín y en unos segundos tomaba la postura, entornaba los ojos y le daba al temporizador para que me avisase pasados los 5 minutos… Sí, la verdad es que suena un poco mecánico, pero necesito ir poco a poco cogiendo el hábito. Para mi en estos momentos es un logro el simple hecho de dedicar 5 minutos a estar en silencio intentando ser consciente de mi respiración y procurando no pensar, solo ser.

¡Nadie me había dicho que para meditar, como para todo en esta vida, es necesario hacer una preparación! Tampoco, lo reconozco, le había dedicado mucho tiempo a pensarlo. Lo más que hacía era coger el cojín y a veces encender un palo de incienso y poco más. Si lo pienso, inconscientemente algo ya preparaba…

Según Miquel Barber para meditar hay que prepararse en tres aspectos: entorno, cuerpo y mente.

Hay que preparar el entorno en donde se vaya a meditar, aunque, en principio, es posible meditar en cualquier lugar. Si lo haces en casa se puede acondicionar el sitio mediante la luz suave, el olor a incienso, una vela, una alfombra, lo que sea para inducir a la calma, que es lo que necesitamos para poder meditar. Por lo tanto, un entorno en calma.

El cuerpo tiene que prepararse también ya que, aunque la meditación es una actividad principalmente mental, cuerpo y mente van unidos y están vinculados por la energía. Para poder meditar bien, es necesario tomar una buena postura con el cuerpo, ya sea sentados en el suelo, sobre un cojín, un pequeño banco o un zafú, incluso sentados en una silla, con la única condición de que los pies o las rodillas toquen el suelo, estén en contacto con la tierra, ya que eso da estabilidad. La columna debe estar abierta y recta, como si un hilo nos tirase hacia arriba desde la coronilla y pudiésemos descansar la columna sin temor a caer. Para las manos hay diferentes formas, bien sea abiertas hacia arriba, apoyadas en las rodillas o formando el mudra del vacío, esto es, con las palmas hacia arriba, la mano derecha sobre la izquierda y los dedos pulgares tocándose ligeramente, formando un círculo de energía. Yo utilizo este mudra. Los brazos ligeramente separados del tronco y los ojos, bien cerrados, o bien ligeramente entornados. La cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, como si  nos tirasen de la coronilla. La lengua apoyada en el paladar superior, con la punta tocando la parte trasera de los dientes superiores. La verdad es que parece complicado, pero con la práctica dicen que sale automáticamente. Habrá que perseverar, entonces.

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La mente debe estar en calma. ¿Cómo conseguimos eso en nuestro día a día, después de la jornada de trabajo o con las pequeñas o grandes preocupaciones que podamos tener? Parece ser que hacer un ejercicio de respiración es clave para calmar la mente. El ejercicio consiste en concentrarse en la respiración, en la inspiración y la espiración, contando hasta 21 veces. Tras este ejercicio seguro que la mente está mejor dispuesta para un momento de meditación.

Yo, poco a poco, iré practicando y preparándome. De todos modos, seguro que hay muchas formas de prepararse para una meditación. Si alguien lee esto y quiere compartir cómo lo hace, le doy la bienvenida y le invito a compartirlo.